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<publisher-name><![CDATA[Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades]]></publisher-name>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Interpretaciones sobre la violencia mexicana: alcances y l&iacute;mites</b></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel &Aacute;ngel Vite P&eacute;rez*</b></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor en Sociolog&iacute;a por la Universidad de Alicante, Espa&ntilde;a</i>. <a href="mailto:miguelviteperez@yahoo.com.mx">miguelviteperez@yahoo.com.mx</a></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, la violencia se convirti&oacute; en el tema central de la agenda gubernamental en el momento en que se decidi&oacute; su criminalizaci&oacute;n, es decir, cuando se utiliz&oacute; la fuerza armada para su combate, identificando al narcotr&aacute;fico como la actividad ilegal principal que hab&iacute;a causado distorsiones en el ejercicio estatal respecto a su funci&oacute;n de seguridad p&uacute;blica; es decir, cuando se identific&oacute; que algunos agentes encargados de la seguridad p&uacute;blica, en el plano local y regional, hab&iacute;an desarrollado fuertes v&iacute;nculos con los negocios il&iacute;citos del narcotr&aacute;fico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal motivo, la prioridad del gobierno federal, al menos en el sexenio presidencial de Felipe Calder&oacute;n Hinojosa (2006&#45;2012), fue la "recuperaci&oacute;n" del control de la seguridad p&uacute;blica en los territorios que consider&oacute; que estaban en "manos" de las mafias de los estupefacientes, a trav&eacute;s de la detenci&oacute;n de los principales participantes del negocio ilegal y el castigo a sus aliados, que se desempe&ntilde;an en alg&uacute;n nivel de la autoridad y en los cuerpos polic&iacute;acos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva, la violencia mexicana es vista como un problema de seguridad nacional, pero sin considerar que es un problema complejo que va m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito de polic&iacute;as y de la existencia de aliados como lo son las autoridades corruptas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia es parte de las relaciones sociales y se reproduce en contextos diversos, lo que permite analizarla desde un enfoque multidisciplinario, donde las conclusiones muestran que la violencia no necesariamente da como resultado la muerte o la desaparici&oacute;n de sus protagonistas directos o indirectos, sino que se ha transformado en un mecanismo de organizaci&oacute;n y desorganizaci&oacute;n de la vida p&uacute;blica y privada del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El miedo y el temor, considerados como dos resultados subjetivos de la violencia, en realidad han ayudado a generar una creencia colectiva de que la vida y el patrimonio personal est&aacute;n amenazados ante la incapacidad del Estado para controlar la expansi&oacute;n de las actividades il&iacute;citas, que posteriormente se podr&iacute;an convertir en criminales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el libro coordinado por Arteaga Botello muestra el acierto de tener como eje tem&aacute;tico la violencia en M&eacute;xico y, al mismo tiempo, considerar algunas de sus manifestaciones a trav&eacute;s de las diversas colaboraciones que lo integran, recuperando la idea de que la violencia no es un problema derivado del conflicto emanado de lo legal y lo ilegal, sino que se ha vuelto parte de la reproducci&oacute;n de las relaciones sociales, manifestadas a trav&eacute;s de las creencias en la vida cotidiana (la cultura), las pr&aacute;ctica sociales, las negociaciones y la necesidad o urgencia de vincular la vigilancia con el problema de la seguridad p&uacute;blica de parte del Estado y de algunos grupos sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal motivo, en la primera colaboraci&oacute;n, escrita por la antrop&oacute;loga Elena Azaola, se analiza la violencia de hoy como un hecho social que tiene fuertes lazos con las violencias de siempre, lo que obliga a preguntarse: &iquest;Cu&aacute;les son las violencias de siempre? La respuesta es la siguiente: las que no tienen como causa directa las actividades de la delincuencia organizada; sin embargo, son las violencias que han sido toleradas e ignoradas, que en la coyuntura actual de combate al crimen organizado a causa del narcotr&aacute;fico han contribuido al aumento de la violencia, junto con la descomposici&oacute;n de las instituciones de seguridad p&uacute;blica, adem&aacute;s de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y sociales que no han disminuido la desigualdad social en el pa&iacute;s (pp. 26&#45;27).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, la autora relaciona las violencias toleradas e ignoradas, desde un punto de vista emp&iacute;rico, con el aumento de las tasas de homicidio por habitante, que en la d&eacute;cada de los noventa del siglo XX fueron m&aacute;s altas en M&eacute;xico que las de los Estados Unidos, lo que proviene, seg&uacute;n Azaola, de un aumento de la violencia en las familias y las instituciones; en otras palabras, la violencia que afecta a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, j&oacute;venes, mujeres, adultos mayores, el suicido, la violencia autoinfligida, lo sexual, conflictos de origen &eacute;tnico, pol&iacute;tico y religioso, la pobreza, el hambre, la exclusi&oacute;n social (p.32).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las violencias toleradas e ignoradas son violencias normales porque surgen todos los d&iacute;as en comparaci&oacute;n con las violencias extraordinarias (visualizadas como patol&oacute;gicas), pero lo que est&aacute; mostrando la autora es la existencia de una violencia estructural que se deriva de las insuficiencias de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y sociales, que en mayor o menor medida tienen manifestaciones particulares como las que enumera, es decir, violencia como agresi&oacute;n y como asesinato individualizado (p. 34).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia "normal" presente en la sociedad mexicana deber&iacute;a de ser estudiada a trav&eacute;s de sus manifestaciones particulares, lo que necesariamente llevar&iacute;a al acad&eacute;mico a no perder de vista que esta violencia es parte de las relaciones sociales y que en determinadas coyunturas es confundida con la violencia que promueve el Estado, cuando a trav&eacute;s de sus pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se han criminalizado a los grupos que se dedican a lo ilegal, utilizando los m&eacute;todos de la violencia directa como la muerte, la desaparici&oacute;n, la detenci&oacute;n arbitraria, las falsas acusaciones, etc&eacute;tera (v&eacute;ase Cretttiez, 2009).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, se podr&iacute;a comprender por qu&eacute; las pol&iacute;ticas estatales de los &uacute;ltimos tres sexenios, que han buscado contener la violencia generada por el crimen organizado, en realidad la han exacerbado: en otras palabras, no se ha contenido la violencia, sino que ha aumentado. La respuesta es que han sido pol&iacute;ticas de "combate", de "guerra", de "rendici&oacute;n incondicional" o de "exterminio" de los que la criminalizaci&oacute;n estatal ha clasificado como enemigos del orden social o de la llamada "paz p&uacute;blica" (v&eacute;ase N&uacute;&ntilde;ez Albarr&aacute;n, 2012, pp. 42&#45;43).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que no est&aacute; presente en el art&iacute;culo de Elena Azaola es un an&aacute;lisis de las transformaciones que ha sufrido la instituci&oacute;n de seguridad p&uacute;blica y de justicia a ra&iacute;z de que el castigo a la ilegalidad ha justificado el surgimiento de nuevas maneras de criminalizaci&oacute;n de alguna parte del universo de las actividades ilegales, lo que ha incluido el uso de la violencia derivada de las fuerzas armadas estatales (Garland, 2007, pp. 62&#45;63).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, en la segunda colaboraci&oacute;n, el antrop&oacute;logo Juan Luis Ram&iacute;rez Torres estudia la violencia como un vac&iacute;o de sentido que ha dado como resultado un culto generalizado entre algunos grupos sociales pobres hacia la Santa Muerte (pp. 61&#45;96).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto ha sido posible porque la religiosidad popular ha combinado el credo cristiano con otras creencias m&iacute;sticas, sobre todo en coyunturas donde ha aparecido un sinsentido, un vac&iacute;o de significado, que el individuo intenta cubrir a trav&eacute;s del manto de la Santa Muerte (p. 62).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo interesante del tema es que el vac&iacute;o es una manifestaci&oacute;n de debilidad de los lazos sociales, en otras palabras, de la disoluci&oacute;n de la solidaridad social, que condena al individuo al abandono al extinguirse el grupo, la comunidad, es decir, al perderse el sentido de pertenencia y hasta la identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la anterior interpretaci&oacute;n, Ram&iacute;rez Torres establece que el culto a la Santa Muerte en realidad llena el vac&iacute;o sin sentido dejado por los viejos sistemas simb&oacute;licos de creencias religiosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a la relaci&oacute;n entre la violencia y el culto a la Santa Muerte? La posible respuesta es que la violencia ha destruido el sentido, ha creado un vac&iacute;o semi&oacute;tico que ha sido cubierto de manera parcial por medio de dicho culto. Sobre todo, que la violencia es le&iacute;da como la causa de la disoluci&oacute;n de los lazos sociales, creando una sensaci&oacute;n de miedo e incertidumbre (p. 73).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero si existe una fealdad en el cuerpo cadav&eacute;rico de la imagen, &iquest;c&oacute;mo puede "llenar" un vac&iacute;o existencial, es decir, construir un sentido entre los que practican su culto? El autor responde "&#91;...&#93; sobre cada despojo sobre la Tierra, regularmente brota la nueva vida. S&oacute;lo basta la belleza de la Esperanza" (p. 92). Al parecer todo radica en la interpretaci&oacute;n que cada creyente pueda elaborar sobre un esqueleto sin carne, el cual puede ser cubierto por sus propios pensamientos y sentimientos, por el vestido o el adorno, lo que es una expresi&oacute;n de la b&uacute;squeda de su conversi&oacute;n en el lazo de uni&oacute;n entre creyentes para construir una nueva comunidad con nuevos horizontes y esperanzas (pp. 93&#45;94).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, el culto a la Santa Muerte no es una manifestaci&oacute;n de la violencia, sino de la b&uacute;squeda de integraci&oacute;n social, afectada por un entorno de destrucci&oacute;n de la seguridad institucional convertida en inseguridad p&uacute;blica (Vega Zayas, 2010, pp. 19&#45;63).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer art&iacute;culo fue escrito por el antrop&oacute;logo Salvador Maldonado Aranda (pp. 97&#45;130) y la preocupaci&oacute;n central que le permiti&oacute; argumentar sobre la construcci&oacute;n de un orden particular, bajo el dominio del narcotr&aacute;fico, fue la manera en que los miembros de una comunidad michoacana negocian la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su experiencia de campo le permiti&oacute; reconstruir las nuevas pr&aacute;cticas sociales, que por ejemplo en la localidad rural El Capul&iacute;n, localizada en el estado de Michoac&aacute;n, surgieron a ra&iacute;z de un orden social establecido por Los Caballeros Templarios y que fue tolerado y aceptado, aunque con algunas resistencias, lo que les permiti&oacute; negociar la producci&oacute;n y consumo de drogas entre los miembros de la comunidad (pp. 97&#45;100).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que se debe destacar de esta contribuci&oacute;n es el estudio de la violencia en el medio rural, sobre todo porque el autor considera que el narcotr&aacute;fico es parte de la historia de formaci&oacute;n de identidades regionales, pero en los l&iacute;mites del estado, donde se concentra el cultivo de droga vegetal y sint&eacute;tica (p. 101).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, la lucha por el control del narcotr&aacute;fico se vincula con la lucha pol&iacute;tica y las luchas agrarias, y con el mantenimiento de identidades y hasta con el control territorial. En este contexto, los c&aacute;rteles de la droga en Michoac&aacute;n han construido sus propios c&oacute;digos. Por ejemplo, La Familia Michoacana fue un c&aacute;rtel que desafi&oacute; el proyecto pol&iacute;tico y cultural del Estado, organizado con los poderes regionales institucionales, a trav&eacute;s de un fanatismo religioso transmitido por medio de sus narcomensajes, reclutamiento y adiestramiento (p. 102).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero el desaf&iacute;o, seg&uacute;n Maldonado Aranda, que ha representado para el Estado mexicano La Familia Michoacana, ha sido su legitimidad al velar por la seguridad y lograr desplazarlo de tareas de orden social como recaudaci&oacute;n de cuotas, funciones de gobierno, etc&eacute;tera (pp. 102&#45;103).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia del narcotr&aacute;fico ha obligado a la poblaci&oacute;n a construir estrategias para evitarla, tolerarla, negociarla o enfrentarla, lo que depende tambi&eacute;n del estrato socioecon&oacute;mico, lugar de residencia y de los lazos de protecci&oacute;n (p. 105).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior significa una generalizaci&oacute;n de la violencia directa en las localidades rurales y de la costa michoacana, manifestada como un desplazamiento forzado de familias hacia las ciudades; sin embargo, seg&uacute;n el autor, es un tipo de violencia no s&oacute;lo generada por el narcotr&aacute;fico sino por la fuerza armada del Estado (p. 109).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, las clases media y alta han enfrentado la violencia directa a trav&eacute;s de la movilidad residencial a otras urbes "&#91;...&#93; fen&oacute;meno conocido como desplazamiento forzado o interno" (p. 113). Este hecho tiene consecuencias porque se abandona y se pierde el patrimonio, que en el medio rural es la base de la reproducci&oacute;n de las familias, lo cual ser&iacute;a otra manera de empobrecimiento; sin embargo, para algunas familias es mejor conservar su patrimonio conviviendo con los grupos del narcotr&aacute;fico, mientras que para otros ser&iacute;a mejor la opci&oacute;n del pago de cuotas para esquivar la extorsi&oacute;n y el secuestro (p. 116).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, para las comunidades ind&iacute;genas, como por ejemplo el pueblo de Cher&aacute;n en la Meseta Tarasca de Michoac&aacute;n, la violencia del narcotr&aacute;fico y de la delincuencia en general ha sido hist&oacute;rica, sobre todo por la explotaci&oacute;n mercantil de sus recursos forestales, lo que conlleva a la usurpaci&oacute;n de sus terrenos comunales (pp. 116&#45;117).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia directa tiene como causa, seg&uacute;n Maldonado Aranda, la violencia estructural derivada de la ausencia de pol&iacute;ticas sociales y de desarrollo de parte del Estado para las poblaciones rurales, que favorecieron a partir de la d&eacute;cada de los ochenta del siglo XX el cultivo y tr&aacute;fico de droga en los poblados rurales del sur de Michoac&aacute;n. En otras palabras, se ha transformado en causa del empobrecimiento de una parte de las clases medias, cuya opci&oacute;n para evitarlo ha sido dedicarse al "lavado" del dinero ilegal (p. 127).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, existe un orden local articulado a las actividades legales e ilegales, lo que ha obligado a la poblaci&oacute;n a negociar la violencia o a evadiarla mediante la movilidad residencial o la b&uacute;squeda de la protecci&oacute;n del crimen organizado, lo que evidencia tambi&eacute;n que el Estado mexicano a trav&eacute;s de sus instituciones act&uacute;a como los grupos criminales: despojando a las poblaciones rurales e ind&iacute;genas de sus recursos (p. 128).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta contribuci&oacute;n tiene como acierto la articulaci&oacute;n de la violencia directa y la violencia estructural a trav&eacute;s de una reconstrucci&oacute;n de las experiencias de algunos de los miembros de las diferentes comunidades rurales michoacanas cuando conviven con la violencia ejercida por los narcotraficantes y los aparatos de seguridad del Estado (Mastrogiovanni, 2014, p. 34).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para el autor la violencia que sufre M&eacute;xico ha sido provocada por el Estado y por el crimen organizado, dejando de lado los otros tipos de violencia; por tal motivo, es el Estado y su abandono social lo que ha provocado que los grupos criminales hayan impuesto su orden social en las localidades rurales, que son las que m&aacute;s han sufrido los efectos negativos de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas neoliberales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuarta contribuci&oacute;n es de Mar&iacute;a Eugenia Su&aacute;rez de Garay, que desde un punto de vista antropol&oacute;gico interpreta las violencias policiales en M&eacute;xico (pp. 131&#45;159).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las polic&iacute;as mexicanas, seg&uacute;n Su&aacute;rez de Graray, han adquirido una importancia debido a un contexto caracterizado por la criminalidad y la inseguridad, acompa&ntilde;ado de altos niveles de violencia e ilegalidad. Por ese motivo, los mandos militares ocupan las secretar&iacute;as de seguridad p&uacute;blica de doce estados del pa&iacute;s (p. 134).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras palabras, coroneles y capitanes realizan labores de vigilancia en municipios y ciudades donde se han agudizado las disputas violentas entre los c&aacute;rteles de la droga.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La militarizaci&oacute;n de los mandos de seguridad p&uacute;blica es una consecuencia de la crisis de los cuerpos polic&iacute;acos expresada como una falta de profesionalismo que garantice los derechos y las libertades de los ciudadanos. Esta falta de profesionalidad es resultado de un desorden institucional que ha favorecido la vulnerabilidad de los polic&iacute;as, llamada por la autora "subjetividad sojuzgada", donde la impunidad, el delito y la corrupci&oacute;n son parte de la debilidad de las instituciones encargadas de la seguridad p&uacute;blica (pp. 136&#45;137).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema policial mexicano ejerce un poder punitivo al margen de cualquier legalidad y control institucional. Su intervenci&oacute;n es m&aacute;s reactiva y de choque; en otras palabras, genera un tipo de violencia institucional ilegal (p. 137).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dichas aseveraciones obligan a preguntarse lo siguiente: &iquest;la violencia policial es consecuencia de un dise&ntilde;o institucional deficiente que se caracteriza por la ausencia de profesionalismo y que no ayuda a crear una nueva subjetividad policial? Para la autora s&iacute;. Se necesita, en consecuencia, un nuevo dise&ntilde;o institucional policial que ayude a transformar la funci&oacute;n policial en una carrera institucionalizada, es decir, acorde con los ordenamientos legales (p. 139).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la autora destaca que la profesionalizaci&oacute;n de la polic&iacute;a mexicana no significa depuraci&oacute;n o purga policial porque la causa de la degradaci&oacute;n policial se localiza en su decadencia institucional (p. 144).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, la soluci&oacute;n a la violencia policial pasa por la transformaci&oacute;n de las instituciones policiales, lo que abarca cambios doctrinarios, adecuaciones culturales, cambios administrativos para que deje de lado el siguiente paradigma:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; de la seguridad p&uacute;blica que suele buscar la defensa del Estado, bajo la l&oacute;gica del orden p&uacute;blico, y la persecuci&oacute;n del delincuente, adoptando el paradigma de la seguridad ciudadana que repone en el plano conceptual y pr&aacute;ctico, el inter&eacute;s y las preocupaciones ciudadanas como referente sustancial para los estados &#91;...&#93; (p. 156).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n mi punto de vista, el an&aacute;lisis muestra la urgencia de un cambio institucional en la fuerza policial porque la polic&iacute;a es quien tiene una relaci&oacute;n directa con los hechos de violencia que afectan a los ciudadanos y a quien estos &uacute;ltimos responsabilizan de no actuar para detener las acciones violentas del crimen organizado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;ltima colaboraci&oacute;n es del soci&oacute;logo y coordinador del libro, Nelson Arteaga Botello, donde relaciona el tema de la vigilancia con la violencia. Sobre todo que la vigilancia considerada como control social, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, se volvi&oacute; r&aacute;pidamente parte de los temas de seguridad p&uacute;blica por el uso de la tecnolog&iacute;a como un mecanismo para vigilar los comportamientos sociales en los espacios p&uacute;blicos ante la amenaza real o ficticia de la violencia criminal, tecnolog&iacute;a que posteriormente fue convertida en un peligro para la seguridad nacional (Bauman y Lyon, 2013, p. 7&#45;16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, Arteaga Botello subraya que la violencia en Am&eacute;rica Latina es parte de la configuraci&oacute;n de los Estados&#45;naci&oacute;n, que se mantiene como un componente esencial de las relaciones sociales porque existe un acceso de parte de los diferentes actores a los medios para producirla y dirigirla contra determinados objetivos (p. 162).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor tambi&eacute;n destaca que la vigilancia y la criminalidad en M&eacute;xico se puede estudiar a trav&eacute;s de tres sistemas de vigilancia: la ejercida por las organizaciones criminales, la desarrollada por las instituciones estatales encargadas de la seguridad p&uacute;blica, y por los grupos sociales organizados para garantizar su propia seguridad (pp. 163&#45;164).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicha tipolog&iacute;a recuerda la metodolog&iacute;a de los tipos ideales dise&ntilde;ada por el soci&oacute;logo alem&aacute;n Max Weber, pero m&aacute;s que eso, rescata su capacidad explicativa para comprender la relaci&oacute;n entre vigilancia y violencia en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia criminal tiene como causa la producci&oacute;n de drogas que se ubica como un asunto derivado de la crisis productiva del campo mexicano, donde las mafias han usado una red compleja de vigilancia que incluye desde censos de comercios hasta sistemas de videovigilancia (pp. 166&#45;167).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras, el Estado mexicano ha legalizado un sistema nacional de seguridad p&uacute;blica acompa&ntilde;ado de una paulatina militarizaci&oacute;n en la misma que ha afectado el ejercicio de los derechos ciudadanos (p. 169).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, la vigilancia social surge ante la urgencia de protecci&oacute;n vecinal o comunal de un entorno peligroso, donde existe una violencia criminal que no ha podido ser erradicada a trav&eacute;s de los medios institucionales; este tipo de vigilancia, sin embargo, reproduce la extralegalidad contra los que han sido considerados como criminales (p. 172).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, la vigilancia y la violencia criminal muestran una desorganizaci&oacute;n de los sistemas de seguridad nacional, lo que ha permitido el surgimiento de nuevas formas de violencia, que en el caso de la violencia social pueden transformar sus demandas de seguridad p&uacute;blica en demandas pol&iacute;ticas y sociales que pueden acelerar el proceso de p&eacute;rdida de legitimidad del Estado mexicano (p. 180).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, considero que la vigilancia estatal mexicana, al desplazarse hacia la seguridad p&uacute;blica, acelerada por la violencia criminal y social, no deja de lado su aspecto punitivo sino que tiende a buscar su profesionalizaci&oacute;n, olvidando que en un contexto de desigualdad social significar&iacute;a el reforzamiento de su capacidad de criminalizaci&oacute;n para castigar a los que ha definido como enemigos del orden social y que se ubican en la amplia franja social de la ilegalidad, donde existe un acceso real a las oportunidades de vida para los pobres que les han sido negadas por las instituciones estatales. Esta consideraci&oacute;n deber&iacute;a de ser tomada por el autor para que su an&aacute;lisis fuera m&aacute;s completo.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bauman, Z. y Lyon, D. (2013). <i>Vigilancia l&iacute;quida.</i> Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3347410&pid=S1665-0565201500020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crettiez, X. (2009). <i>Las formas de la violencia.</i> Buenos Aires: Waldhuter Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3347412&pid=S1665-0565201500020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garland, D. (2007). <i>Crimen y castigo en la modernidad tard&iacute;a.</i> Bogot&aacute;: Siglo del Hombre Editores&#45;Universidad de los Andes&#45;Pontificia Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3347414&pid=S1665-0565201500020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mastrogiovanni, F. (2014). <i>Ni vivos ni muertos. La desaparici&oacute;n</i> <i>forzada en M&eacute;xico como estrategia de terror.</i> M&eacute;xico: Grijalbo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3347416&pid=S1665-0565201500020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&uacute;&ntilde;ez Albarr&aacute;n, E. (2012). <i>La tragedia del calderonismo. Cr&oacute;nica de un sexenio fallido.</i> M&eacute;xico: Grijalbo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3347418&pid=S1665-0565201500020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vega Zayas, J. M. (2010). <i>La seguridad p&uacute;blica en la era moderna y contempor&aacute;nea.</i> M&eacute;xico: Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana Azcapotzalco.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3347420&pid=S1665-0565201500020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nelson Arteaga Botello (coord.). (2013). <i>Violencia en M&eacute;xico. Actores, procesos y discursos.</i> Madrid: Catarata.</font></p>      ]]></body><back>
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