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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>La Decena Tr&aacute;gica</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Servando Ortoll*</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#45;investigador del Instituto de Investigaciones Culturales&#45;Museo de la Universidad Aut&oacute;noma de Baja California, campus Mexicali.</i> <a href="mailto:servando.ortoll@gmail.com">servando.ortoll@gmail.com</a></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A veces uno se pregunta mediante qu&eacute; artilugios ciertos libros se publican. &iquest;Tienen las editoriales cada d&iacute;a peores dictaminadores? &iquest;Piensan que por tratarse de un tema de moda un libro circular&aacute; bien entre los acr&iacute;ticos lectores mexicanos? &iquest;O conoce el autor a personas clave dentro la empresa editorial que apost&oacute; por el manuscrito? Posiblemente una combinaci&oacute;n de estas y otras circunstancias llev&oacute; al Grupo Planeta a publicar la obra que rese&ntilde;o, bajo el sello de Editorial Diana. Agrego que en el campo de la mercadotecnia editorial siempre aparecen temas que por su pertinencia conmemorativa llevan a los agentes a buscar autores dispuestos a tratarlos, por espinosos o sencillos que parezcan. Estos agentes siempre encuentran a historiadores, o a aprendices del oficio, convencidos de que son capaces de lidiar con cualquier tema que se les presente. Son m&aacute;s los aprendices que se aprestan a probar su suerte, es verdad. Pero lo es tambi&eacute;n que los historiadores de oficio no escapan con facilidad a la tentaci&oacute;n de una casa editorial que promete grandes dividendos y una distribuci&oacute;n que jam&aacute;s alcanzar&iacute;a una editorial universitaria.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados var&iacute;an, pero entre m&aacute;s complejo sea el tema por su naturaleza, m&aacute;s dificultades encontrar&aacute;n los historiadores, y quienes se inician como historiadores, para  salvar los escollos que impiden encontrar materiales confiables en qu&eacute; basarse; sintetizar los hechos rese&ntilde;ados, e imaginar la mejor manera de presentarlos frente a un p&uacute;blico poco versado en el tema. El problema para cualquier historiador de oficio que se atreva a participar en una de estas aventuras es c&oacute;mo presentar un tema serio y bien documentado ante un p&uacute;blico amplio: &iquest;cita materiales in&eacute;ditos?, &iquest;coloca o elimina las notas al calce?, &iquest;escribe una "novela hist&oacute;rica" o, como ahora la llama Paco Ignacio Taibo II, una "historia narrativa"?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para m&iacute; es evidencia del poco respeto que tienen las editoriales comerciales hacia los lectores de la historia nacional el que contraten a historiadores poco experimentados para que escriban sobre temas espinosos. En particular, porque el resultado difiere de la apariencia: <i>La Decena Tr&aacute;gica</i> de Jos&eacute; Manuel Villalpando es una obra hist&oacute;rica seria en cuanto a su aspecto, pero <i>light</i> en lo sustantivo. Como alguien apenas iniciado en el campo de la historia, Villalpando enreda al lector por sus afirmaciones poco fundamentadas, que brotan desde que uno abre la primera p&aacute;gina de su libro. No voy m&aacute;s lejos. Me detuvo su primer p&aacute;rrafo: "Este peque&ntilde;o libro es una narraci&oacute;n basada <i>en las fuentes directas que existen</i> de los sucesos ocurridos en el mes de febrero de 1913 en la Ciudad de M&eacute;xico" (p. 9, las cursivas son m&iacute;as). &iquest;Qu&eacute; querr&iacute;a decir exactamente Villalpando por "las fuentes directas que existen" de los sucesos sobre los que escribe? &iquest;Qu&eacute; significan para &eacute;l las "fuentes directas"?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como historiador pienso de inmediato en lo que llamamos "fuentes primarias". Esto es, las que produjo un testigo presencial, o al menos un contempor&aacute;neo de los hechos que relata, hayan sido o no publicadas. No hay m&aacute;s que saltar a la p&aacute;gina 101 de <i>La Decena Tr&aacute;gica</i> para encontrar que esas "fuentes directas", con una salvedad, no provienen de testigos oculares. Tampoco se trata de fuentes "imparciales" o de fuentes que aporten visiones rivales de los eventos. De las diez fuentes con las que cuenta esta obra (sin que su autor se basara adicionalmente en trabajo de archivo o hemerogr&aacute;fico alguno) dos las public&oacute; el INEHRM (Instituto Nacional de Estudios Hist&oacute;ricos sobre la Revoluci&oacute;n Mexicana), un organismo que desde hace d&eacute;cadas produce versiones oficialistas de la historia; mientras que dos m&aacute;s las public&oacute; la Comisi&oacute;n Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revoluci&oacute;n Mexicana. Lo anterior significa que el 40 por ciento de la peque&ntilde;&iacute;sima bibliograf&iacute;a que utiliz&oacute; Villalpando (&iquest;necesito decir que el n&uacute;mero de publicaciones sobre el tema sobrepasa en mucho las diez obras que menciona el autor?) proviene de fuentes gubernamentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tan solo esa cantidad de vol&uacute;menes oficialistas bastar&iacute;a para influir en el pensar de cualquiera. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s decir de sus otras fuentes? Tres son supuestas memorias o autobiograf&iacute;as (la de Rodolfo Reyes, la de Manuel M&aacute;rquez Sterling y la de Victoriano Huerta); una publicaci&oacute;n adicional es la biograf&iacute;a de Pedro Lascur&aacute;in que toca de manera tangencial los eventos de febrero de 1913; otra, la de Alfonso Taracena, se basa en peri&oacute;dicos de la &eacute;poca y habla tambi&eacute;n de manera superficial sobre la Decena Tr&aacute;gica. Quedan dos libros para llegar a la decena (tr&aacute;gica, tambi&eacute;n, por lo escasa y parcial): una compilaci&oacute;n de documentos de la &eacute;poca inclinada a favor de Francisco I. Madero y por tanto en contra de Huerta, y <i>La Decena Tr&aacute;gica</i> de Juan Manuel Torrea, el &uacute;nico libro, de todos los citados, que posiblemente contenga materiales interesantes. Un onceavo libro, no incluido en la bibliograf&iacute;a <i>(La ciudadela de fuego,</i> publicado entre otros organismos por el INHERM) provey&oacute; las fotos interiores. Sin pies de p&aacute;gina o notas al calce en la obra, Villalpando deja al lector con la duda sobre si lo que afirma se fundamenta en fuentes confiables o se debe a sus "interpelaciones y adaptaciones personales" (p. 9).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con una bibliograf&iacute;a repetitiva y oficialista y sin trabajo de archivo o hemerogr&aacute;fico alguno, un autor con la parca experiencia historiogr&aacute;fica de Jos&eacute; Manuel Villalpando no aporta muchos datos novedosos (o exactos) en torno a lo ya repetido tantas veces desde la historia oficial. Una excepci&oacute;n es lo que Villalpando narra en torno a si Huerta orden&oacute; el asesinato de Madero. Seg&uacute;n la versi&oacute;n que el autor maneja, y que ha circulado por escrito desde 1914, Huerta se opuso al asesinato de Madero. Esta versi&oacute;n, que se han negado a aceptar quienes defienden y diseminan la postura carrancista de la historia, la public&oacute; primero Edward I. Bell (por un tiempo due&ntilde;o de los peri&oacute;dicos <i>La Prensa</i> y <i>The Daily Mexican</i> de la ciudad de M&eacute;xico) y, posteriormente, la esposa del encargado de negocios de la embajada norteamericana, Edith O'Shaughnessy.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La versi&oacute;n de Bell, basada seguramente en informaci&oacute;n de individuos que estuvieron presentes en el encuentro en el que se decidi&oacute; la suerte y muerte de Madero, describe una reuni&oacute;n en la que en efecto participaron generales y civiles (entre ellos Rodolfo Reyes, hijo del general rebelde Bernardo Reyes, quien cay&oacute; bajo las balas de las tropas leales a Madero, apostadas en Palacio) y en la que se encontraba Huerta. Seg&uacute;n Bell, fue el 17 de febrero, es decir <i>antes</i> de que Huerta fuera presidente provisional, que tuvo lugar la reuni&oacute;n en la que se decidi&oacute; la vida de cuatro hombres: Francisco I. Madero; Jos&eacute; Mar&iacute;a Pino Su&aacute;rez; Adolfo Bass&oacute; (el intendente de Palacio que supuestamente dio el tiro de gracia al general Reyes), y Gustavo Madero, hermano del presidente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huerta, atestigua Bell, fue el &uacute;nico de los miembros de la reuni&oacute;n que se opuso a la muerte de Madero: no porque el general fuera un "hombre compasivo, que retrocediera ante el derramamiento de sangre, &#91;o&#93; gobernara sus actos por un fino sentido de propiedad, dispuesto a perder el mundo entero por un ideal de derecho". Para Bell el general:</font>	</p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">era enteramente capaz de sentir y ceder a impulsos vengativos, pero era juicioso &#91;...&#93;. Contra ninguno de los cuatro hombres &#91;Madero presidente, Pino Su&aacute;rez, Bass&oacute; y Gustavo Madero&#93; Huerta sustentaba suficiente animadversi&oacute;n personal en este momento &#91;17 de febrero&#93; como para justificar incluso un arranque de ira.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero Huerta estaba solo entre un grupo de hombres poderosos que clamaba la vida de Madero. Seg&uacute;n el periodista Bell:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">la combinaci&oacute;n D&iacute;az&#45;Mondrag&oacute;n&#45;Reyes&#45;De la Barra, conforme se encontraba representada en la reuni&oacute;n &#91;del 17 de febrero&#93; se mostraba s&oacute;lida a favor de la muerte de Madero y Huerta se encontr&oacute; aislado a favor de la vida de &#91;este&#93; hombre.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villalpando, sin citar fuente alguna y casi al final de su obra, escribe arriesgada y descabelladamente (con varios errores importantes: entre otros que, como vimos, la suerte de Madero se decidi&oacute; <i>antes</i> de que Huerta fuera presidente):</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presidente Huerta &#91;sic&#93; se hallaba reunido con sus ministros; estaban tambi&eacute;n presentes los generales F&eacute;lix D&iacute;az y Aureliano Blanquet, quien hab&iacute;a sido nombrado comandante militar de la plaza. Al plantearse el asunto de la situaci&oacute;n de los prisioneros &#91;Madero y Pino Su&aacute;rez&#93;, el ministro de Justicia, Rodolfo Reyes, deseando vengar a su padre, manifest&oacute; que era necesaria la muerte de Madero y de Pino Su&aacute;rez para evitar una contrarrevoluci&oacute;n. Todos los ministros, salvo uno, opinaban de la misma manera, pero el presidente Huerta &#91;sic&#93; no estaba de acuerdo: su honor quedar&iacute;a comprometido, puesto que hab&iacute;a ofrecido respetarles la vida. Fingiendo otras ocupaciones, Huerta abandon&oacute; la sesi&oacute;n y entonces el general Blanquet dijo:</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;Si todos estamos de acuerdo en que es necesario matar a Madero y a Pino Su&aacute;rez, hay que hacerlo a espaldas del presidente, &#91;sic&#93; simulando una fuga de los prisioneros, puesto que la salud de la Rep&uacute;blica exige esas dos vidas (pp. 89&#45;90).</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tres ocasiones llama Villalpando "presidente" a Huerta, cuando este supuestamente discuti&oacute; con sus "ministros" lo que habr&iacute;a de acontecer con Madero y Pino Su&aacute;rez. Error cronol&oacute;gico en el que Villalpando se abisma; adem&aacute;s, los datos de la reuni&oacute;n concuerdan a grandes rasgos con el encuentro que Bell afirma que tuvo lugar el 17 de febrero; repito, d&iacute;as antes de que el general consiguiera la presidencia interina. Cito ahora a Edith O'Shaughnessy; para ella, quien conoci&oacute; de cerca a Huerta, este "ni amaba ni odiaba" a los hermanos Madero, y Pino Su&aacute;rez simplemente "no exist&iacute;a para &eacute;l". Seg&uacute;n su versi&oacute;n, el general sab&iacute;a que Madero era incapaz de gobernar, pero esto no significaba que lo deseara muerto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para O'Shaughnessy, y concuerdo con ella, Huerta era tan "astuto" como "para ver que Madero ajusticiado mediante el asesinato tambi&eacute;n representaba una grave amenaza para &eacute;l". Durante la reuni&oacute;n entre militares y civiles en la que discut&iacute;an "la mejor manera de eliminar a Madero", nos dice O'Shaughnessy, "Huerta abruptamente sali&oacute; de la sala" donde se debat&iacute;a la suerte del ex mandatario, y conocemos los resultados de su exabrupto: "Cuando &#91;Huerta&#93; dej&oacute; la suerte de Madero al juicio de otros hombres, tambi&eacute;n dej&oacute; la suya a ellos, lo cual fue su error t&aacute;ctico irreparable, el primer paso hacia su ruina".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lector que ha seguido hasta ahora mi discusi&oacute;n ver&aacute; que concuerdo con Villalpando en este punto; en particular porque, como lo menciona O'Shaughnessy en <i>A Diplomat's Wife in M&eacute;xico,</i> "&Eacute;l &#91;Huerta&#93; insiste siempre en que no asesin&oacute; a Madero". En varias entrevistas que concedi&oacute; a la prensa norteamericana y que consult&eacute;, Huerta asegur&oacute; su inocencia respecto a la muerte de Madero. Ante el <i>Boston Daily Globe,</i> el expresidente provisional, tras afirmar "con vehemencia" que no hab&iacute;a tenido "nada que ver con la muerte de Francisco Madero", declar&oacute; en abril de 1915 que "&eacute;l sab&iacute;a qui&eacute;n fue responsable de la muerte de Madero, pero que se lo guardaba en calidad de 'secreto profesional'". Un reportero del <i>New York Times,</i> presente en la entrevista, repiti&oacute; las palabras de Huerta en cuanto a que este no hab&iacute;a "ejecutado" a Madero; Huerta adem&aacute;s asever&oacute; en esa ocasi&oacute;n que "pronto" se conocer&iacute;a la verdad de lo acontecido. Nunca supimos, y quiz&aacute; nunca conozcamos, la verdad de lo acaecido, porque uno o varios individuos cuya identidad ignoramos, seguramente tergivers&oacute; o tergiversaron los contenidos de las <i>Memorias</i> de Victoriano Huerta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fuera de este punto de coincidencia con Villalpando en cuanto a interpretaci&oacute;n, reporto que el resto de su obra est&aacute; plagado de clich&eacute;s <i>cum</i> expresiones afectadas como "la crema y nata de la nostalgia porfiriana" (p. 75) o "Gustavo A. Madero no entend&iacute;a &#91;...&#93; de razones" (p. 60); de contradicciones (en la p&aacute;gina 52 afirma que "la casa particular del presidente Madero &#91;...&#93; ardi&oacute; 'sin aparente motivo'", pero en un pie de foto con la casa de la familia Madero en el trasfondo, dos p&aacute;ginas adelante, se lee que esta fue "incendiada por sus enemigos", lo que muestra que seguramente s&iacute; existieron motivos para quemarla). La obra est&aacute; llena de leyendas no comprobadas, como el caso de "ciertos artilleros" federales que "deliberadamente descompusieron las miras de sus ca&ntilde;ones &#91;por lo que&#93; sus disparos jam&aacute;s atinaron &#91;en&#93; la Ciudadela"; o de informaci&oacute;n hist&oacute;rica inexacta: Villalpando menciona en demasiadas ocasiones a los "embajadores" de varios pa&iacute;ses cuando el &uacute;nico embajador en M&eacute;xico durante esos a&ntilde;os era Henry Lane Wilson, de Estados Unidos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta obra contiene cuestionables juicios de valor: para Villalpando, Woodrow Wilson, quien por su odio personal a Huerta orden&oacute; la invasi&oacute;n del puerto de Veracruz el 21 de abril de 1914 y con ella la muerte de cientos de veracruzanos, era &iexcl;"un catedr&aacute;tico con ideas &eacute;ticas"! (p. 59). Por &uacute;ltimo, el autor repite, sin aportar pruebas, opiniones escuchadas a otros comentaristas de lo ocurrido durante esos d&iacute;as; como a Enrique Krauze, para no alejarme demasiado. Al igual que a este, a Villalpando lo sorprende que la inexpugnable fortaleza y dep&oacute;sito de armas conocida como la Ciudadela no cayera en manos de los hombres de Madero (con Huerta a la cabeza) cuando lo cierto es que Huerta s&iacute; intent&oacute;, sin &eacute;xito, dar un golpe mortal a la Ciudadela. Fue por ello en gran medida que Huerta opt&oacute; por la opci&oacute;n que le propuso Henry Lane Wilson, quien buscaba por todos los caminos que cesara el bombardeo cotidiano de la ciudad de M&eacute;xico. &iquest;Debo a&ntilde;adir que Villalpando repite acr&iacute;ticamente lo que otros refieren respecto al embajador norteamericano?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus documentos personales y en otras declaraciones p&uacute;blicas, Henry Lane Wilson explica que present&oacute; su propuesta de soluci&oacute;n a un conflicto que no terminaba para detener el derramamiento de sangre; pese a esto, muchos historiadores mexicanos y mexicanistas han perpetuado la versi&oacute;n de Woodrow Wilson (gran manipulador de la historia y de los hechos, por cierto) que afirma que el embajador <i>intervino</i> en los asuntos internos de M&eacute;xico. Es cierto que lo hizo siguiendo las pr&aacute;cticas de esos d&iacute;as, como tambi&eacute;n fue cierta la amenaza de tomar el pa&iacute;s por tropas norteamericanas, un ardid para amedrentar a Madero. Pero no echemos la culpa de todo lo ocurrido a Henry Lane Wilson sin conocer m&aacute;s a fondo c&oacute;mo los acontecimientos fueron sucedi&eacute;ndose. Tiempo es de escuchar su postura: "Despu&eacute;s de que se anunciara a la embajada norteamericana el derrocamiento de Madero para que se trasmitiera &#91;la noticia&#93; al cuerpo diplom&aacute;tico, se desarroll&oacute; inmediatamente una nueva situaci&oacute;n". Y &iquest;en qu&eacute; consisti&oacute; esa "nueva situaci&oacute;n" seg&uacute;n el exembajador?</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos ej&eacute;rcitos hostiles ocupaban la ciudad de M&eacute;xico que hab&iacute;a sido devastada por diez d&iacute;as de bombardeo, durante los cuales las vidas de unas cinco a siete mil personas fueron sacrificadas. En los barrios m&aacute;s pobres de la ciudad, miles de personas pasaban hambre. Los bandidos comenzaban a aparecer por todas partes decididos a saquear. La vida humana no estaba asegurada en lugar alguno. &#91;...&#93; La escasez de alimentos se acrecent&oacute;, y la dificultad de alimentar a un gran n&uacute;mero de gente que depend&iacute;a de la embajada para sus abastos crec&iacute;a hora tras hora. Pareci&oacute; al embajador que su deber era claro e inmediatamente mand&oacute; pedir, bajo su propia responsabilidad, que el general F&eacute;lix D&iacute;az y el general Huerta vinieran a la embajada, como terreno neutral, con el prop&oacute;sito de llegar a arreglos, de ser posible, para cierto cese de hostilidades. Ocho horas despu&eacute;s del derrocamiento de Madero estos generales vinieron a la embajada. El embajador hab&iacute;a conocido a estos hombres solo una vez antes en compa&ntilde;&iacute;a de sus colegas, pero logr&oacute; tras seis horas de discusi&oacute;n &#45;en momentos con un car&aacute;cter altamente irritado&#45; inducir a estos hombres a que aceptaran ceder sus poderes al Congreso. Esto se hizo y al d&iacute;a siguiente la gente de la ciudad de M&eacute;xico reasumi&oacute; sus ocupaciones pac&iacute;ficas.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El embajador norteamericano, es cierto, odiaba a Madero. Pero... &iquest;fue el &uacute;nico en amenazar al presidente mexicano con la invasi&oacute;n de tropas de su pa&iacute;s? Cuando Bernardo J. C&oacute;logan de C&oacute;logan, ministro espa&ntilde;ol, se preparaba a entrevistarse con Madero durante los aciagos d&iacute;as de la Decena Tr&aacute;gica, solicit&oacute; del embajador permiso para recordar a Madero de la invasi&oacute;n inminente de tropas estadounidenses, de no ceder ante las presiones del cuerpo diplom&aacute;tico que le ped&iacute;a que resignara a la presidencia. Lo que sigue forma parte de una carta que escribi&oacute; C&oacute;logan al ministro de Estado espa&ntilde;ol:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mi&eacute;rcoles 12 y el jueves fue dur&iacute;simo e incesante el estruendoso ca&ntilde;oneo. &#91;...&#93; La gravedad de la situaci&oacute;n aumentaba a medida que se difer&iacute;a la toma de la Ciudadela, y decidido a obrar siquiera una vez por mi sola cuenta, lo anunci&eacute; a Mr. Wilson, autoriz&aacute;ndome a usar del argumento de la venida de tropas americanas. &#91;...&#93; esa autorizaci&oacute;n me sirvi&oacute; para presentar desde luego al ministro de Relaciones Exteriores, como despu&eacute;s al presidente y F&eacute;lix  D&iacute;az, el dilema que presentar&iacute;a la venida de marinos americanos: la humillaci&oacute;n y la deshonra, si nada se les hac&iacute;a; un &#91;acorazado&#93; "Maine" de carne y hueso que se les entraba en el pa&iacute;s, si mor&iacute;an algunos aunque fuere apu&ntilde;alados, lo que poco importar&iacute;a, &#91;sic&#93; pero que por de pronto servir&iacute;a para quedarse con el terreno en disputa del Chamizal o la Bah&iacute;a Magdalena, a t&iacute;tulo de garant&iacute;a contra salvajes, &#91;sic&#93; sin perjuicio de alg&uacute;n acaparamiento monetario en las aduanas, aunque lo de una invasi&oacute;n o intervenci&oacute;n verdadera (&iquest;200, 400,000 hombres?) ser&iacute;a cosa de meditarlo e ir despacio.</font></p> </blockquote> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">* * * * *</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Grupo Planeta juzg&oacute; con ligereza cuando solicit&oacute; a Jos&eacute; Manuel Villalpando que desarrollara en una obra de f&aacute;cil digesti&oacute;n el complej&iacute;simo, y a&uacute;n no clarificado por completo, asunto de la Decena Tr&aacute;gica. Villalpando, abogado e historiador y autor de m&aacute;s de 25 obras, seg&uacute;n consta en la solapa, carec&iacute;a de las herramientas para culminar con &eacute;xito la tarea: hablo de que se requiere, adem&aacute;s de ser sintetizador y escritor, buscar en archivos y bibliotecas alejados del parcial y relajado acervo personal. Abundar en la Decena Tr&aacute;gica precisa mucho m&aacute;s que tener buena pluma (la de Villalpando, por lo dem&aacute;s, es de punta roma): requiere de escudri&ntilde;ar documentos en archivos ubicados dentro y m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras. Esto no lo hizo Jos&eacute; Manuel Villalpando y en cambio agreg&oacute; a la extensa lista de obras oficialistas, una m&aacute;s que poco valor aporta a la historiograf&iacute;a mexicana de la revoluci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">[FE DE ERRATAS: En el n&uacute;mero 60, v&oacute;lumen XXI, se public&oacute; la rese&ntilde;a "El fin del poder", escrita por la doctora <b>Laura Loeza Reyes.</b> En el &iacute;ndice, en la contraportada y en las p&aacute;ginas 239 a 244 se agreg&oacute; una vocal al primer apellido  de la autora, de tal manera que este apareci&oacute; err&oacute;neamente como "Loaeza". Sirva la siguiente fe de erratas como enmienda.]</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Manuel Villalpando, 2009, <i>La Decena Tr&aacute;gica,</i> Planeta, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3341679&pid=S1665-0565201400030001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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