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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Cuántos votos necesita la democracia? La participación electoral en México, 1961-2006]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Cu&aacute;ntos votos necesita la democracia? La participaci&oacute;n electoral en M&eacute;xico,</b> <b>1961&#45;2006</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jorge Alonso*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p> 	    <p><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador de la Universidad de Guadalajara y CIESAS&#45;Occidente.</i></font></p>     <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro resulta de un complejo y novedoso proyecto de investigaci&oacute;n que no s&oacute;lo es un importante avance en la forma en que se realizan las investigaciones electorales, sino que abre nuevas puertas en esta tem&aacute;tica. Se trata de un estudio meticuloso, serio y original. No cae en los cajones de m&aacute;s de lo mismo, sino que crea un nuevo espacio en las formas de examinar las elecciones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se realiza un seguimiento con apoyos hist&oacute;ricos y geogr&aacute;ficos de la participaci&oacute;n electoral en M&eacute;xico en la segunda mitad del siglo XX y los inicios del siglo XXI. Este libro contiene una profunda revisi&oacute;n te&oacute;rica acerca del sufragio en diversos reg&iacute;menes pol&iacute;ticos. El primer cap&iacute;tulo est&aacute; dedicado a explorar el significado del voto en las democracias posibles. Se destaca que la existencia de elecciones regulares no basta para que un r&eacute;gimen sea considerado como una democracia electoral. Para que un r&eacute;gimen tenga legitimidad debe haber participaci&oacute;n como votantes del mayor n&uacute;mero posible de ciudadanos. Se ahonda en los planteamientos sobre todo de Bobbio y de Dahl para examinar la calidad de la democracia. En di&aacute;logo con estos y otros autores se da seguimiento a los cuestionamientos que buscan para qu&eacute; sirven los votos y hasta d&oacute;nde las elecciones facilitan realizar ajustes entre una sociedad cambiante y un conjunto de instituciones y reglas para distribuir el poder pol&iacute;tico. Se recuerda que las reglas electorales permiten la circulaci&oacute;n de las elites sin violencia. La autora advierte que la pregunta de cu&aacute;ntos votos se requieren para la legitimidad habr&iacute;a que responderla teniendo en cuenta factores estructurales, legales y pol&iacute;ticos, y atendiendo a sus propios contextos. Recuerda que el sufragio se fue ampliando gracias a muchas luchas c&iacute;vicas. Plantea la hip&oacute;tesis de que en M&eacute;xico la alta participaci&oacute;n en ciertas entidades y en ciertos periodos hist&oacute;ricos responde a din&aacute;micas diferentes donde una votaci&oacute;n abundante no ten&iacute;a que ver con el inter&eacute;s de los ciudadanos por participar en las elecciones, sino con elites pol&iacute;ticas capaces de movilizar bases sociales de apoyo electoral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro es muy rico en el planteamiento y discusi&oacute;n de muchas hip&oacute;tesis. Una de ellas resalta que la participaci&oacute;n ciudadana en el plano electoral tiene que ver con el significado pol&iacute;tico del voto. En un r&eacute;gimen autoritario sirve para justificar el ejercicio del poder y para desalentar a las elites opositoras. Participar en las elecciones es un acto que requiere significados construidos cultural y pol&iacute;ticamente. Los ciudadanos se mostrar&aacute;n interesados en votar en funci&oacute;n del significado que le den al voto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una investigaci&oacute;n sobre la participaci&oacute;n y la abstenci&oacute;n electorales deber&iacute;a partir, se nos recalca, de la consideraci&oacute;n del tipo de r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Adem&aacute;s de ubicar bien el marco legal que define las reglas electorales, hay que ver el sistema de partidos. Tambi&eacute;n tendr&iacute;a que dilucidar si el sufragio es un acto pol&iacute;tico individual o colectivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para esclarecer el fen&oacute;meno complejo de la participaci&oacute;n de los ciudadanos, el libro se basa en las tendencias estad&iacute;sticas electorales en diversas coyunturas; va dando cuenta de los cambios electorales a lo largo de m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas y va precisando las modificaciones en el sistema de partidos. Se llama la atenci&oacute;n sobre que los promedios en las cifras nacionales electorales encubren realidades locales muy diversas. Los datos m&aacute;s antiguos provienen de la base de datos electorales que pacientemente la autora fue construyendo con base en las actas del Colegio Electoral en el Congreso. Los datos de 1991 a 2006 provienen de los datos oficiales del IFE.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo se profundiza en la participaci&oacute;n y en la abstenci&oacute;n. La autora considera que la participaci&oacute;n electoral es el fruto de procesos pol&iacute;ticos diversos. Se propone analizar tanto las diversas dimensiones de la participaci&oacute;n y del abstencionismo, como de sus posibles causas nunca un&iacute;vocas. Emprende la tarea de aclarar problemas metodol&oacute;gicos poco discutidos. Resalta la relaci&oacute;n entre votos emitidos (v&aacute;lidos y anulados) y los ciudadanos como potenciales votantes. Reconoce la dificultad de establecer con precisi&oacute;n una categor&iacute;a de votantes potenciales. Se introduce en las oportunidades que los nuevos adelantos tecnol&oacute;gicos han ofrecido a los ciudadanos. Considera que la electoral es la principal v&iacute;a de participaci&oacute;n para la mayor parte de los ciudadanos. Precisa c&oacute;mo el derecho a votar est&aacute; condicionado por requisitos administrativos. Tambi&eacute;n el contexto institucional influye en el nivel de la participaci&oacute;n electoral. Vuelve sobre el tema de que es imposible ver al individuo pol&iacute;tico desvinculado del contexto social y cultural. Tiene en cuenta que hay investigaciones que han tratado de develar qui&eacute;nes votan m&aacute;s con informaci&oacute;n proveniente de encuestas, pero plantea que esto no ha permitido encontrar tendencias generales que posibiliten identificar variables que sean realmente determinantes del voto, pues las encuestas suelen sacar al individuo del grupo en el que est&aacute; inmerso y hacen abstracci&oacute;n de las influencias. Apunta que la participaci&oacute;n tiene condicionantes socioestructurales y pol&iacute;ticos, y recuerda que en M&eacute;xico los sectores marginados no participan menos en lo electoral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro aporta elementos desde las perspectivas geogr&aacute;fica e hist&oacute;rica. Establece una discusi&oacute;n con el informe del PNUD sobre la democracia en Am&eacute;rica Latina del 2004, aunque habr&iacute;a que llevar la discusi&oacute;n m&aacute;s all&aacute;, pues no se puede apreciar dicho informe desde la perspectiva meramente electoral. La autora llama la atenci&oacute;n sobre el asunto de que la apat&iacute;a ciudadana depende tambi&eacute;n de la oferta de los actores pol&iacute;ticos. Otro elemento a tener en cuenta es que no todas las elecciones son iguales para los votantes, pues &eacute;stos tienen comportamiento diverso ante elecciones presidenciales, legislativas y municipales. Los partidos han ido mutando, cosa que influye en el elemento de la identificaci&oacute;n partidista. Otra cuesti&oacute;n nada desde&ntilde;able es el hecho de que las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas presentadas por la televisi&oacute;n influyen en la vida diaria de los votantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de examinar y calibrar varios estudios y posiciones te&oacute;ricas, la autora sostiene que es m&aacute;s probable encontrar una explicaci&oacute;n de los ciclos de altas y bajas de la participaci&oacute;n en las condiciones pol&iacute;ticas en que se desarrollan los procesos electorales, que en los factores estructurales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este libro se acota la participaci&oacute;n electoral a la relaci&oacute;n entre las personas que s&iacute; votaron y las que no lo hicieron. El abstencionismo deber&iacute;a entenderse como el acto voluntario de no votar. Al respecto se hacen muchas precisiones, como la dificultad de saber cu&aacute;ntos votantes potenciales voluntariamente dejaron de votar. Si cuantificar a los votantes potenciales resulta dif&iacute;cil, establecer indicadores cuantitativos y cualitativos para las diversas dimensiones del voto es algo m&aacute;s complejo. En el libro se examina la expresi&oacute;n m&aacute;s directa de la participaci&oacute;n: el n&uacute;mero de votos y el n&uacute;mero de votantes potenciales, tomando en cuenta a los ciudadanos en edad de votar y a los ciudadanos registrados para votar en el padr&oacute;n o listado electoral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los factores que determinan el grado de participaci&oacute;n electoral o el abstencionismo son m&uacute;ltiples. No obstante, una investigaci&oacute;n concreta tiene que hacer expl&iacute;cito el criterio utilizado para medir la participaci&oacute;n; es decir, si se hace referencia a la totalidad de los ciudadanos, a los ciudadanos inscritos en el padr&oacute;n, si se toman en cuenta los votos nulos, etc. La discusi&oacute;n va conduciendo a constatar que existen mayores diferencias en el criterio para definir a los votantes potenciales, pues su n&uacute;mero es incierto dado que no se conoce el n&uacute;mero de ciudadanos (con derecho a voto o registrados en el padr&oacute;n) que el d&iacute;a de la elecci&oacute;n se encuentran en el lugar donde les corresponde votar y pueden acudir libremente a las urnas, sin ning&uacute;n obst&aacute;culo ajeno a su voluntad (como una enfermedad o un accidente, etc.). La autora nos dice que se suelen tomar en cuenta todos los votos emitidos sin importar si fueron v&aacute;lidos o no. Aclara que se tendr&iacute;an que dejar de lado los votos anulados en instancias jurisdiccionales porque no dependen de la voluntad ciudadana. Se dice que abstencionista es el ciudadano que no participa en lo electoral. Pero la autora advierte que no hay una referencia clara para establecer la diferencia entre votantes voluntarios y no&#45;votantes involuntarios. Hace ver c&oacute;mo la no participaci&oacute;n no est&aacute; ajena al resultado, pues la ausencia de electores puede favorecer a unos partidos y perjudicar a otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez aclaradas las posiciones te&oacute;ricas y definidos los t&eacute;rminos, el libro pasa en el cap&iacute;tulo tercero a la medici&oacute;n de la participaci&oacute;n electoral. Hay un loable escr&uacute;pulo en para ir afrontando todas las dificultades. As&iacute;, se abordan los problemas para medir dicha participaci&oacute;n desde perspectivas legales, institucionales y estad&iacute;sticas. Se subraya el aspecto destacado que tiene lo institucional para explicar la participaci&oacute;n, pues &eacute;sta aumenta o disminuye de acuerdo a las reglas que definen el derecho de votar. Esto obliga a examinar el marco institucional mexicano. Se ven el padr&oacute;n electoral y el concepto de votos v&aacute;lidos, cuyas definiciones han ido variando con el tiempo. Se tienen en cuenta la votaci&oacute;n total v&aacute;lida, los datos censales y la cifra de los ciudadanos registrados. Se estudian los votos v&aacute;lidos en las elecciones federales que se han desarrollado desde 1961 hasta 2006 y se relacionan con los ciudadanos en edad de votar y con las personas inscritas en el padr&oacute;n electoral. Se distinguen las elecciones legislativas cuando van junto con las presidenciales, de las que se presentan solas. En las elecciones presidenciales y las legislativas que van aparejadas el n&uacute;mero de votantes es casi igual. No obstante, en 1982 las elecciones presidenciales tuvieron m&aacute;s votantes que las de diputados. El promedio de participaci&oacute;n en todo ese periodo en las elecciones legislativas respecto del padr&oacute;n es de 58.5%; pero si se tienen en cuenta a los ciudadanos en edad de votar baja a 53%. En el caso de las elecciones presidenciales, en el primer caso es de 64.8% y en el segundo de 60.4%. Al comparar esta participaci&oacute;n con la que existe en otros pa&iacute;ses como Estados Unidos y Suiza la autora pone en cuesti&oacute;n que se hable de desencanto de la democracia o de apat&iacute;a ciudadana en pa&iacute;ses con niveles de participaci&oacute;n cercanos o superiores a 60% de la poblaci&oacute;n en edad de votar, cuando las democracias consolidadas desde hace d&eacute;cadas tienen niveles de participaci&oacute;n inferiores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo cuarto se examina la relaci&oacute;n entre la participaci&oacute;n electoral y las modificaciones hist&oacute;ricas en el r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Se describe lo que puede considerarse como un largo proceso de democratizaci&oacute;n. Se relacionan los patrones de la votaci&oacute;n por medio de las elecciones federales tanto a nivel nacional como en las 32 entidades de la Rep&uacute;blica. Se recuerda que el acto de votar puede tener diferentes significados culturales y que las consecuencias difieren dependiendo del r&eacute;gimen pol&iacute;tico. El libro hace ver c&oacute;mo las elecciones y la participaci&oacute;n de los ciudadanos han ido adquiriendo diversos significados a lo largo de cuatro d&eacute;cadas y media. Se focalizan importantes luchas c&iacute;vicas en pos de reformas electorales. Se destaca que las reglas de la competencia electoral han ido teniendo repercusiones en el desarrollo de los partidos. Se recuerdan las &eacute;pocas en las que tanto el padr&oacute;n como el c&oacute;mputo de votos sufr&iacute;an graves manipulaciones. La autora tipifica cuatro periodos: el del partido hegem&oacute;nico, que va de 1961 a 1976; el del partido predominante, que corre de 1979 a 1988; el de liberalizaci&oacute;n contradictoria, que abarca de 1991 a 1994; y el de la transici&oacute;n, que comprende de 1997 a 2006. Se examinan las cifras del padr&oacute;n, de la lista nominal de electores y la participaci&oacute;n en elecciones. Uno de los hallazgos de la investigaci&oacute;n es que los momentos del cambio electoral no siempre coinciden con el cambio institucional, pese a su relaci&oacute;n. Se acota que las cifras de alta participaci&oacute;n en 1991 y 1994 no deber&iacute;an interpretarse como una respuesta a los incentivos de la reforma de 1989. Otro elemento fundamental en la discusi&oacute;n es que las reformas han sido consecuencia de las exigencias planteadas por nuevas fuerzas pol&iacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo quinto se escudri&ntilde;a la participaci&oacute;n electoral que se da en los estados durante las elecciones federales. Se mapea la distribuci&oacute;n de la participaci&oacute;n electoral. Se estudia la correlaci&oacute;n local entre las elecciones presidenciales y las legislativas federales concurrentes de 1964 a 2006, y tambi&eacute;n la participaci&oacute;n en las elecciones presidenciales estado por estado. Se ve que las variaciones en la participaci&oacute;n entre entidades pudieran tener explicaci&oacute;n en coyunturas pol&iacute;ticas locales. Pero a partir de 1988 se detecta una mayor homogeneidad en las tendencias de participaci&oacute;n en todas las entidades, m&aacute;s all&aacute; de sus variantes locales. Se describen los ciclos de alta y de baja participaci&oacute;n. Pero un abordaje de largo tiempo lleva a percibir la existencia de una tendencia m&aacute;s bien horizontal que no se corresponde con la imagen de creciente abstencionismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro est&aacute; apoyado en gran cantidad de cuadros, gr&aacute;ficos y mapas. Aparece que en algunos contextos la participaci&oacute;n electoral puede implicar resistencias de las fuerzas pol&iacute;ticas del antiguo r&eacute;gimen frente al cambio pol&iacute;tico. Los datos tambi&eacute;n llevan a constatar que la participaci&oacute;n electoral depende de la din&aacute;mica pol&iacute;tica, sea como forma de apoyo al r&eacute;gimen o como forma de competir por el poder pol&iacute;tico. En 1976 hubo falta de competencia; en 1988 hubo exceso de competencia inesperada; en 1994 se dio la reacci&oacute;n gubernamental para no perder la presidencia. La competencia electoral tambi&eacute;n ha sido catalizador de participaci&oacute;n. El libro mide la competitividad en las elecciones, y las distancias relativas entre partidos ganadores y partidos en segundo sitio. La autora plantea una f&oacute;rmula para construir y medir un &iacute;ndice de competencia ponderado. En el libro se va correlacionando competencia y participaci&oacute;n entidad por entidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo sexto el libro profundiza en las tendencias locales en cuanto a la din&aacute;mica de la participaci&oacute;n electoral. Se utilizan variables estad&iacute;sticas b&aacute;sicas como promedio de la participaci&oacute;n, la desviaci&oacute;n est&aacute;ndar y la tendencia hist&oacute;rica. Las entidades se clasificaron con un an&aacute;lisis de conglomerados estad&iacute;sticos que permiti&oacute; distinguir a la autora las tendencias en el largo plazo. Se muestra en cu&aacute;les entidades se ha incrementado la participaci&oacute;n y en cu&aacute;les ha disminuido. El m&eacute;todo que se utiliza para describir y clasificar el comportamiento electoral parte de indicadores estad&iacute;sticos para llegar a un valor promedio de la serie de mediciones en el tiempo, a la dispersi&oacute;n respecto del valor central y a la tendencia hist&oacute;rica (positiva o negativa). Una de las hip&oacute;tesis plantea que en las elecciones recientes el proceso de democratizaci&oacute;n est&aacute; modificando la din&aacute;mica de movilizaci&oacute;n electoral tradicional donde la mayor participaci&oacute;n era signo de control pol&iacute;tico. Ahora se apunta a una participaci&oacute;n distinta que otorga a los votos valor decisorio en manos de los ciudadanos. Uno de los hallazgos destacados es que no hay relaci&oacute;n entre las caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas de las entidades y la participaci&oacute;n electoral alta o baja en las mismas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo s&eacute;ptimo indaga el nexo entre la participaci&oacute;n electoral y la urbanizaci&oacute;n. Se avanza en la discusi&oacute;n de la conceptualizaci&oacute;n sobre urbanizaci&oacute;n y sobre marginaci&oacute;n. Salta a la vista que en todas las elecciones Chihuahua tiene menor participaci&oacute;n que estados como Quer&eacute;taro. La autora apunta que se deben examinar las coyunturas pol&iacute;ticas y las caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas en cada entidad. Este cap&iacute;tulo emprende un an&aacute;lisis sistem&aacute;tico de dichas caracter&iacute;sticas en cada entidad relacion&aacute;ndolas con la participaci&oacute;n electoral. Se hace un cuidadoso seguimiento de la correlaci&oacute;n entre participaci&oacute;n y marginaci&oacute;n por entidad. Dado que se encuentra que hay participaci&oacute;n baja tanto en entidades de mayor marginaci&oacute;n como en las que la marginaci&oacute;n es baja, se concluye que no existe relaci&oacute;n evidente entre participaci&oacute;n electoral y caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas. Por los datos ofrecidos se resalta que la marginaci&oacute;n ya no es el espacio pol&iacute;tico de la movilizaci&oacute;n probablemente inducida, y que la participaci&oacute;n m&aacute;s intensa se produce en espacios urbanos donde el control pol&iacute;tico es menor y crece la pluralidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto al crecimiento de la votaci&oacute;n y del padr&oacute;n, en el cap&iacute;tulo octavo se utiliza otro m&eacute;todo que permiti&oacute; detectar poca relaci&oacute;n entre el crecimiento en el padr&oacute;n y de los ciudadanos en edad de votar, as&iacute; como entre el incremento de los votos y el crecimiento del padr&oacute;n. Se vio que al avanzar la pluralidad, la participaci&oacute;n se vuelve m&aacute;s regular en todo el pa&iacute;s. El padr&oacute;n puede crecer con ritmos distintos al del incremento de los ciudadanos en edad de votar y al de votantes reales. Puede haber crecimiento de la poblaci&oacute;n en edad de votar y, en n&uacute;meros reales, disminuci&oacute;n del padr&oacute;n o de los votantes. Una cuesti&oacute;n fundamental es que la credencial para votar no s&oacute;lo sirve para acudir a las urnas, se trata de un documento oficial de identificaci&oacute;n que los ciudadanos utilizan para m&uacute;ltiples fines. En este estudio se da un paso hacia espacios menores, como son las secciones electorales. Como para las secciones no hay datos censales, se hizo la relaci&oacute;n entre votos y padr&oacute;n. De 1994 a 2000 el n&uacute;mero de ciudadanos inscritos en el padr&oacute;n no se reflej&oacute; en una mayor asistencia a las urnas. Dado que el crecimiento del registro ciudadano es muy irregular, se aconseja estudiar la participaci&oacute;n como la relaci&oacute;n porcentual entre votos y ciudadanos. Teniendo en cuenta que los datos de poblaci&oacute;n en edad de votar no pueden ser calculados para todas las unidades geogr&aacute;ficas donde se realizan las elecciones (distritos y secciones), se recomienda hacer el estudio de la participaci&oacute;n electoral desde la perspectiva de los incrementos porcentuales de una elecci&oacute;n a la siguiente. La autora insiste en que las series de largo tiempo del padr&oacute;n refutan las apreciaciones del desencanto ciudadano ante lo electoral. El libro enfatiza que en las elecciones presidenciales de 2000 y de 2006 no hay p&eacute;rdida de votos respecto de las elecciones de los a&ntilde;os setenta. Lo que s&iacute; se puede mostrar es una tendencia a la baja en elecciones legislativas intermedias. Si se analizan las elecciones presidenciales por secci&oacute;n, entre 1994 y 2006 se encuentra que la votaci&oacute;n crece poco, pero de forma regular en todo el pa&iacute;s; aunque s&iacute; hubo pocas secciones con un comportamiento que se podr&iacute;a llamar an&oacute;malo. Otra cuesti&oacute;n es que el padr&oacute;n crece m&aacute;s r&aacute;pido que la poblaci&oacute;n por razones ajenas al inter&eacute;s de los ciudadanos por votar; no crece por incentivos pol&iacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las conclusiones la autora recapitula las diferentes t&eacute;cnicas empleadas en cada uno de los cap&iacute;tulos y las principales tendencias. Se trata de una visi&oacute;n de largo plazo. Recalca que siempre hay que tener presente que el sufragio adquiere significados diversos seg&uacute;n el contexto en el que los votos son emitidos. Hist&oacute;ricamente se puede apreciar que una elevada participaci&oacute;n no necesariamente implica una fortaleza democr&aacute;tica, pues puede haber mecanismos de autoafirmaci&oacute;n de un r&eacute;gimen determinado. L&iacute;deres locales, promotores de votos, pueden emigrar de un partido a otro en una especie de racionalidad clientelar. Es evidente que no todos los votos pueden tener la misma fuerza transformadora en vistas al avance de la democracia. Otra cuesti&oacute;n relevante es que el abstencionismo no puede verse como pol&iacute;ticamente neutro. Si en unas &eacute;pocas el padr&oacute;n ha estado muy por debajo de la poblaci&oacute;n en edad de votar, hay otras en las que ha sobreasado a los votantes potenciales. Tambi&eacute;n hay un crecimiento irreal del listado nominal porque no ha sido debidamente depurado. Medida la participaci&oacute;n como la relaci&oacute;n de los votos v&aacute;lidos respecto al padr&oacute;n, las tendencias son negativas; pero si la relaci&oacute;n es entre votos v&aacute;lidos y ciudadanos en edad de votar, se puede poner en cuesti&oacute;n la tesis de que en M&eacute;xico la participaci&oacute;n electoral va en declive.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora anota que el concepto de ciudadanos en edad de votar (votantes potenciales) tambi&eacute;n tiene problemas por la migraci&oacute;n interna e internacional. Un importante dato encontrado es que, cuando concurren elecciones presidenciales y legislativas, ambas siguen las mismas tendencias. Comparadas las elecciones presidenciales con las llamadas elecciones legislativas intermedias, se encuentran din&aacute;micas diferentes. En las elecciones presidenciales hay altas y bajas pero la tendencia predominante es a estar 10 puntos arriba de 50%. No obstante en el estudio se recalca que las elecciones de 1988 fueron una excepci&oacute;n, pues aunque hubo intensa competencia, fueron las &uacute;nicas con una p&eacute;rdida de votos en t&eacute;rminos absolutos y relativos respecto de elecciones intermedias anteriores. En cambio las elecciones de 1982 y de 1994, sin intensa competencia, fueron de alta participaci&oacute;n. En las elecciones legislativas intermedias resalta que las de 1979 y 2003, pese a una mayor pluralidad y competencia, tuvieron menor participaci&oacute;n. Se presume intervenci&oacute;n gubernamental, al menos para desalentar la participaci&oacute;n. Aunque las caracter&iacute;sticas institucionales del r&eacute;gimen electoral son importantes, no se puede trazar una l&iacute;nea directa entre reformas electorales y su impacto en el comportamiento; porque a veces esas reformas anteceden a los cambios en el sistema de partidos, y a veces son consecuencia de conflictos no resueltos en la arena electoral o por la presi&oacute;n de fuerzas emergentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora considera que la periodizaci&oacute;n del r&eacute;gimen pol&iacute;tico es una herramienta conceptual &uacute;til para el estudio electoral. En la etapa de liberalizaci&oacute;n contradictoria prevalecen niveles de participaci&oacute;n muy bajos en 1988 y muy altos en 1991 y 1994. El estudio de la geograf&iacute;a electoral permite describir las din&aacute;micas pol&iacute;ticas distintas a nivel estatal que se integran en un proceso nacional. En unas entidades la participaci&oacute;n tiene que ver con movilizaci&oacute;n ciudadana y en otras depende de esfuerzos del poder para conservar su hegemon&iacute;a. Hay entidades que a lo largo de todo el periodo estudiado se colocan en los niveles m&aacute;s altos, y otras en los niveles m&aacute;s bajos. Se destaca la hip&oacute;tesis de que en la medida en que se ha debilitado el partido hegem&oacute;nico, han aumentado las diferencias pol&iacute;ticas entre las entidades porque se han debilitado los mecanismos de control electoral; pero en todas las elecciones (tanto presidenciales como legislativas) las tendencias nacionales se vuelven m&aacute;s regulares despu&eacute;s de 1988. La investigaci&oacute;n concluye que no se aprecia un perfil definido que permita identificar la relaci&oacute;n entre caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas de las entidades y un mayor abstencionismo o mayor participaci&oacute;n. Hay elevada participaci&oacute;n en estados con pluralismo y competitividad pero tambi&eacute;n en los que esto no ocurre. Se identificaron din&aacute;micas nacionales que se imponen a las diferencias locales. Antes la variabilidad en el nivel de participaci&oacute;n era muy superior, pero esto en a&ntilde;os recientes ha disminuido. En las elecciones legislativas, aun cuando tiende a disminuir, la variabilidad es mayor en todas las &eacute;pocas. La autora advierte que no se debe descartar la actividad de clientelas pol&iacute;ticas. El estudio de la correlaci&oacute;n entre la participaci&oacute;n por entidad presenta &iacute;ndices de correlaci&oacute;n muy bajos; pero a partir de 1988 hay un cambio de signo pues las entidades con mayor participaci&oacute;n son las de menor &iacute;ndice de marginaci&oacute;n. Despu&eacute;s de 1997 hay mayor participaci&oacute;n en zonas urbanas de baja marginaci&oacute;n. La marginaci&oacute;n ya no es el espacio de movilizaci&oacute;n electoral inducida. Podr&iacute;a ser que el clientelismo se est&eacute; reciclando tanto en lo urbano como en lo rural en un contexto de mayor pluralidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro intencionalmente hace m&aacute;s preguntas de las que responde, pues quiere ser un pelda&ntilde;o para ulteriores investigaciones. Plantea la necesidad de dar pasos en la direcci&oacute;n de lo cualitativo. Se trata de un libro que debe ser atendido por los investigadores e interesados en las cuestiones electorales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para avanzar en la direcci&oacute;n de estudios m&aacute;s cualitativos convendr&iacute;a tener en cuenta otras perspectivas te&oacute;ricas sobre de la democracia, como el libro del experimentado investigador de Princeton Sheldon S. Wolin, <i>Democracy Incorporated: Managed Democracy and the Specter of Inverted Totalitarianism</i> (Princeton, University Press, 2008, del que hay una traducci&oacute;n editada por Katz Editores, en Buenos Aires el mismo a&ntilde;o, con el t&iacute;tulo <i>Democracia, S. A. Democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sheldon ve que algunos de los elementos fundamentales de la democracia no se han materializado, o se mantienen vulnerables; mientas se incrementa la perversi&oacute;n de sus fines. Muestra c&oacute;mo una democracia puede convertirse en sumisa y privatizada; y que las elites disponen de poderosa influencia pol&iacute;tica que va restringiendo la participaci&oacute;n democr&aacute;tica. Se&ntilde;ala que se han hecho estudios para detectar el comportamiento de los votantes, pero que los pol&iacute;ticos consideran &uacute;tiles a los electores mal informados y manipulables. Alude a escritos de Samuel P. Huntington en los que se sostiene que una operaci&oacute;n eficiente de un sistema pol&iacute;tico democr&aacute;tico requiere cierto grado de apat&iacute;a y de falta de compromiso por parte de grupos e individuos. Este tipo de escritos son los que propagan que una baja participaci&oacute;n puede considerarse como algo normal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este investigador de la democracia tambi&eacute;n critica la promoci&oacute;n que se hace de la llamada ciudadan&iacute;a virtual, pues en lugar de que los ciudadanos participen en el poder son invitados a dar opiniones a preguntas dise&ntilde;adas para provocar determinadas respuestas. Los partidos subdividen a los electores en grupos para que los candidatos puedan enfocarse en ellos a la medida de los intereses de la clase pol&iacute;tica. Se promueve una desmovilizaci&oacute;n para evitar que se formen mayor&iacute;as coherentes, y se van construyendo opiniones manipulables. Se quiere una democracia como marca de un producto controlable y comercializable y que los ciudadanos se comporten como compradores. Sheldon puntualiza que en Estados Unidos hay un porcentaje entre la mitad y dos tercios de votantes habilitados que no concurren a las urnas, cosa que permite el manejo del electorado activo. En lugar de un cuerpo ciudadano soberano se promueve una multitud solitaria. Se quiere convertir a la ciudadan&iacute;a en algo que se adapte cada vez menos a las exigencias de una aut&eacute;ntica democracia y que acepte cada vez m&aacute;s las formas dominantes del poder. Los candidatos tienen que acudir ante el poder corporativo para que financie sus campa&ntilde;as y se colocan en deuda con ese poder antes de asumir su cargo. Las contribuciones a las campa&ntilde;as son burdos sobornos. Se perfecciona el arte de moldear el apoyo ciudadano, sin permitir que los ciudadanos gobiernen. Se trata de una democracia domesticada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho investigador especialista en estudios sobre la democracia recalca:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; una elecci&oacute;n, a diferencia del simple acto de votar, se ha convertido en una producci&oacute;n compleja. Como todas las operaciones productivas, est&aacute; en proceso, y requiere supervisi&oacute;n continua m&aacute;s que participaci&oacute;n popular continua. Las elecciones no dirigidas ser&iacute;an la personificaci&oacute;n de la contingencia &#91;...&#93;. Un m&eacute;todo para asegurar el control es hacer una campa&ntilde;a electoral permanente &#91;...&#93;, saturada de propaganda partidaria y acentuada con la sabidur&iacute;a de gur&uacute;s pagados &#91;...&#93;, que produce la clase de lasitud c&iacute;vica de la que se alimenta la democracia dirigida (Sheldon, 2008: 201).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La legitimaci&oacute;n democr&aacute;tica podr&iacute;a definirse como la acci&oacute;n ceremonial y simb&oacute;lica por la cual los ciudadanos invisten al poder de autoridad. En una democracia verdaderamente participativa las elecciones constituir&iacute;an uno solo de los elementos de un proceso de discusi&oacute;n, consulta y compromiso populares. Hoy las elecciones han reemplazado la participaci&oacute;n. Las elecciones son la representaci&oacute;n de una especie de mito original en el cual "el pueblo" designe a quien ha de gobernarlo (Sheldon, 2008: 211).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pueblo no tiene el poder sobre el proceso mismo, no tiene el control. Lo que hay en la actualidad son elecciones extremadamente controladas por las elites. No se quiere un <i>demos</i> activo sino un votante ocasional. El votante es confinado a un sistema de respuesta dise&ntilde;ado por las elites que estimulan a que se emita el voto y a que despu&eacute;s se genere apat&iacute;a. Se moldean votantes s&uacute;bditos. Los partidos se han convertido en m&aacute;quinas para ganar elecciones y no act&uacute;an como agencias para promover la concepci&oacute;n de una buena sociedad; reducen los espacios para los desacuerdos "aceptables", mientras hay cuestiones que no se discuten. En tiempos electorales los partidos salen a movilizar a los votantes, pero luego viene la pol&iacute;tica postelectoral del <i>lob bismo,</i> el pago a los que han contribuido a las campa&ntilde;as, y en este lapso se trata de desmovilizar a los ciudadanos y a ense&ntilde;arles que no deber&iacute;an reflexionar sobre cuestiones que superan su capacidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro de Sheldon se hace ver c&oacute;mo los elementos antidemocr&aacute;ticos se han vuelto sistem&aacute;ticos e integrales. La propiedad de los grandes medios electr&oacute;nicos de comunicaci&oacute;n se ha ido concentrando cada vez m&aacute;s. Esa propiedad implica el control de los contenidos. Hay coberturas extremadamente selectivas. En los debates televisados el pueblo s&oacute;lo es parte del decorado. Hay parcialidad extrema de los medios, que se regodean en una democracia ret&oacute;rica. El objetivo de la democracia dirigida es neutralizar a los ciudadanos. En contrapartida, una verdadera democracia deber&iacute;a tener ver con las condiciones que le permitieran a la gente com&uacute;n mejorar sus vidas convirti&eacute;ndose en seres pol&iacute;ticos y haciendo que el poder est&eacute; atento a sus esperanzas y necesidades. Lo que deb&iacute;a definirse en una pol&iacute;tica democr&aacute;tica es que los hombres y mujeres comunes pudieran reconocer que sus intereses est&aacute;n m&aacute;s protegidos y se desarrollan mejor bajo un r&eacute;gimen cuyas acciones est&eacute;n regidas por principios de comunidad, igualdad e imparcialidad; un r&eacute;gimen en el que "la participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica se convierte en un modo de delimitar y compartir una vida en com&uacute;n" (Sheldon, 2008: 362). Este autor nos dice ir&oacute;nicamente que la democracia no tiene que ver con ir a jugar a los bolos juntos, sino con administrar juntos esos poderes que afectan de manera inmediata y significativa a las vidas y las circunstancias de los otros como de uno mismo. Este tipo de an&aacute;lisis lleva a ver la participaci&oacute;n con contenidos m&aacute;s complejos que el acto de votar.</font></p>      	    <p align="justify">&nbsp;</p>      	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>      	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Silvia G&oacute;mez Tagle (2009), <i>&iquest;Cu&aacute;ntos votos necesita la democracia? La participaci&oacute;n electoral en M&eacute;xico, 1961&#45;2006</i>, M&eacute;xico, IFE, 288 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3327295&pid=S1665-0565201100020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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