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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ensayos sobre la relaci&oacute;n entre la filosof&iacute;a y las ciencias</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jorge Ram&iacute;rez Plascencia*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#45;Investigador, Departamento de Estudios Sociourbanos, Centro</i> <i>Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fernando Leal publica libros fuera de lo com&uacute;n. Su <i>Di&aacute;logo sobre el bien,</i> aparecido en el 2007 (tambi&eacute;n bajo el sello editorial de la Universidad de Guadalajara), es una larga meditaci&oacute;n filos&oacute;fica aparentemente reservada a discutir cuestiones de &eacute;tica, pero que termina siendo un recorrido deslumbrante por algunos temas candentes de la filosof&iacute;a y las ciencias contempor&aacute;neas al hilo de una conversaci&oacute;n amena y a veces jocosa entre dos personajes ficticios. Este nuevo texto no es menos dif&iacute;cil de encasillar en alg&uacute;n &aacute;rea o debate intelectual. Bajo el t&iacute;tulo austero de <i>Ensayos sobre la relaci&oacute;n entre la filosof&iacute;a y las ciencias,</i> pareciera que se nos ofrece un conjunto de reflexiones &aacute;ridas y abstractas sobre la naturaleza de la ciencia, su l&oacute;gica o sus fines. Nada m&aacute;s lejano. Para sorpresa de quien se asome siquiera a su &iacute;ndice, el libro contiene una serie de disertaciones sobre una amplia variedad de temas. Su autor se pronuncia con toda autoridad sobre Voltaire y su relaci&oacute;n con Pascal; reconstruye en t&eacute;rminos de l&oacute;gica formal un argumento de Descartes para mostrar una v&iacute;a de an&aacute;lisis del discurso; les revela a los noveles estudiantes de sociolog&iacute;a el universo intelectual que los aguarda; participa en un homenaje a Cervantes; reflexiona sobre la naturaleza de la filosof&iacute;a; se pregunta sobre c&oacute;mo se debe ense&ntilde;ar a los ni&ntilde;os en la escuela; presenta un programa ambicioso para la filosof&iacute;a cr&iacute;tica; explora las relaciones entre la &eacute;tica y la pol&iacute;tica; narra su experiencia con, y su amor por, los libros, etc&eacute;tera.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta amplia variedad de an&aacute;lisis surgi&oacute; al correr de los a&ntilde;os y a resultas del inter&eacute;s de auditorios diversos por escuchar lo que un fil&oacute;sofo &#151;reputado de brillante, por lo dem&aacute;s&#151; ten&iacute;a que decir al respecto. En efecto, el libro se compone de veinte escritos, casi todos ellos surgidos en su origen como conferencias que fueron pronunciadas en distintas ocasiones y a lo largo de trece a&ntilde;os. Durante este tiempo, el fil&oacute;sofo, como nos advierte el autor, fue solicitado con apremio para hablar ante diversos p&uacute;blicos deseosos de escucharlo: historiadores, bibliotecarios, neurocient&iacute;ficos, psicoanalistas, educadores, estudiantes de sociolog&iacute;a y filosof&iacute;a, ling&uuml;istas, literatos y, por supuesto, colegas fil&oacute;sofos. Este asedio de p&uacute;blicos tan variopintos explicar&iacute;a por qu&eacute; el fil&oacute;sofo &#151;que, en principio, como nos dice el autor parafraseando a Ortega y Gasset, est&aacute; "en un rinc&oacute;n sin molestar a nadie"&#151; fue conminado a ocuparse de tal riqueza de t&oacute;picos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto, sin embargo, que un libro tan singular s&oacute;lo habr&iacute;a podido surgir de una mente asimismo fuera de lo com&uacute;n. Fernando Leal parece haber le&iacute;do todo, saberlo todo. Fil&oacute;sofo por vocaci&oacute;n, fue educado en estas lides, pero tambi&eacute;n en ling&uuml;&iacute;stica y filolog&iacute;a, a la usanza del sistema educativo alem&aacute;n, en el que se form&oacute;. Profesor de larga trayectoria en la formaci&oacute;n de cient&iacute;ficos sociales, su conocimiento tambi&eacute;n abarca la metodolog&iacute;a de la investigaci&oacute;n, las ciencias cognitivas, la sociolog&iacute;a y la econom&iacute;a. Esta inclinaci&oacute;n por conocer lo m&aacute;s posible el vasto saber sobre el hombre, que honra bien la frase de Terencio: <i>Homo sum, humani nihil a me alienum puto</i> ("soy hombre; nada de lo humano me es ajeno"), convierten al autor en una <i>rara avis</i> dentro del mundo de la filosof&iacute;a, ya conquistado por la especializaci&oacute;n disciplinar. Su ambici&oacute;n intelectual y erudici&oacute;n nos hacen recordar a fil&oacute;sofos como Kant &#151;con quien siente una especial afinidad intelectual&#151;, Hegel, Comte, Collingwood, Peirce y, en Hispanoam&eacute;rica, a fil&oacute;sofos como Ortega y Gasset y Jos&eacute; Gaos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se divide en cuatro partes, cada una compuesta de m&aacute;s o menos cinco ensayos. La primera parte es program&aacute;tica, como su t&iacute;tulo lo indica. Leal plantea en los textos reunidos ah&iacute; un acercamiento a su modo de entender la filosof&iacute;a, algo que se ampl&iacute;a y se vuelve m&aacute;s t&eacute;cnico en la parte segunda, de &iacute;ndole m&aacute;s hist&oacute;rica. Esta disciplina ha sido desde sus inicios, afirma el autor, una aspiraci&oacute;n a la sabidur&iacute;a. Los fil&oacute;sofos son herederos y continuadores de tradiciones sapienciales propias de toda comunidad humana, por las cuales se atienden interrogantes pr&aacute;cticos acerca de la vida. Pero tambi&eacute;n la filosof&iacute;a ha sido una empresa de saber semejante a la ciencia, un intento de ordenar el conocimiento, de sistematizarlo y aumentar su rigor conceptual. Debemos considerarla, nos sugiere, como un proyecto en permanente tensi&oacute;n entre ciencia y sabidur&iacute;a, entre la aspiraci&oacute;n a cierto estado espiritual propio del sabio y el imperativo de rigor propio del cient&iacute;fico. Conviene tener presente esta "tensi&oacute;n" que para el autor constituye la "mism&iacute;sima vida filos&oacute;fica", pues ayuda a entender no s&oacute;lo la trayectoria profesional de quien escribi&oacute; el libro &#151;con un pie en la ciencia y el otro en la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica pura&#151; y la peculiar composici&oacute;n del texto, sino el programa que se esboza en varios de sus cap&iacute;tulos (particularmente en los cap&iacute;tulos VII y VIII).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, el autor es partidario y continuador de una tradici&oacute;n de filosof&iacute;a cr&iacute;tica que se remonta a Jakob Friedrich Fries, disc&iacute;pulo temprano de Kant, y que luego fue continuada por Ernst Friedrich Apelt, Leonard Nelson, Grete Henry&#45;Hermann y Paul Branton. Se trata de una tarea filos&oacute;fico&#45;cient&iacute;fica, necesariamente interdisciplinaria y abierta al avance del conocimiento. Lo que de ello resulta no es una filosof&iacute;a que ofrezca o pretenda ofrecer una visi&oacute;n del mundo que trascienda, o se mantenga indiferente, a los resultados de la ciencia, tan cara a las tradiciones acad&eacute;micas de la Europa continental. Tampoco se reduce a un tipo de filosof&iacute;a que se interprete como una mera actividad de an&aacute;lisis, sea del conocimiento o lenguajes ordinarios, al modo de la tradici&oacute;n anal&iacute;tica inglesa. El prop&oacute;sito es alentar un saber que cumpla una funci&oacute;n epist&eacute;mica, en tanto razona a partir de los avances cient&iacute;ficos y extrae cuidadosamente las conclusiones que se derivan de ellos. Leal (cap. VII, p. 171) tiene en mente un tipo h&iacute;brido de pensador, si cabe la expresi&oacute;n, que ha aparecido a lo largo de los siglos de la mano de los que bien pueden considerarse cient&iacute;ficos filosofantes (como, entre muchos otros, Bernard, Poincar&eacute;, Pareto, Einstein, Keynes), o fil&oacute;sofos que realizan aportaciones a la ciencia (como Fodor, Dennett, Churchland, Elster, Trout y, por supuesto, el propio autor, de nuevo entre varios m&aacute;s).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es esto un derrotero que el fil&oacute;sofo vislumbra en el horizonte y deja que una generaci&oacute;n por venir se haga cargo. La fecundidad de un enfoque de esta naturaleza, que se propone expresamente tender puentes entre las dos culturas a las que se refer&iacute;a hace tiempo C. P. Snow, se ofrece a lo largo del libro a trav&eacute;s de numerosos ejemplos. Precisamente, el cap&iacute;tulo VIII y toda la parte tercera del libro muestra la clase de reflexi&oacute;n que surge cuando la filosof&iacute;a deja de ignorar a la ciencia o busca ingenuamente superarla. Al examinar c&oacute;mo Kant conceb&iacute;a el espacio, qu&eacute; sea el problema del libre albedr&iacute;o, c&oacute;mo debe estudiarse el desarrollo moral, qu&eacute; puede significar una filosof&iacute;a de la educaci&oacute;n especial o qu&eacute; v&iacute;nculo cabe observar entre &eacute;tica y pol&iacute;tica, el autor ora aclara c&oacute;mo se presenta cada cuesti&oacute;n a la luz de la filosof&iacute;a y de la ciencia, ora se aprovecha de la primera para indicarle a la segunda qu&eacute; sesgos comete (as&iacute;, por ejemplo, para estudiar el desarrollo moral), ora usa la segunda para disolver o replantear ideas ya inviables de la primera. En este movimiento de "ilustraci&oacute;n mutua" lo que se decanta paso a paso es una manera m&aacute;s precisa de enfocar un problema, de olvidarse de &eacute;l o de declarar que a&uacute;n no sabemos lo suficiente. Al hacer esto, los caminos de la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica se desbrozan, la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica deja de ser el eterno comentario de lo que dijeron o quisieron decir los grandes fil&oacute;sofos y se gana un poco de m&aacute;s claridad sobre cuestiones fundamentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La parte cuarta del libro, como por lo dem&aacute;s los cap&iacute;tulos I y V, son de solaz para el lector. Quien escribe es el fil&oacute;sofo encari&ntilde;ado con la cultura y deseoso de transmitir su fascinaci&oacute;n por la filosof&iacute;a, por los antiguos, por los libros y, por qu&eacute; no, por el propio Don Quijote y Sancho Panza, personajes sobre los que versa el cap&iacute;tulo final del libro. Son textos emotivos e inspiradores, escritos para animar a auditorios particulares a emprender con enjundia el estudio del pasado, apreciar los libros, adentrarse en la filosof&iacute;a o tomar en serio el estudio de la sociolog&iacute;a. A los historiadores les dice: "No perdamos nunca la obsesi&oacute;n por los antiguos"; a los estudiantes de sociolog&iacute;a les recomienda: "Lean, discutan, debatan todo. El mundo, literalmente, est&aacute; a sus pies"; a los que aprender&aacute;n filosof&iacute;a les previene: "Ser fil&oacute;sofo puede ser impecunioso y propio de gente desocupada; pero f&aacute;cil no es"; o se congratula de perderse en el mundo de los libros: "Al contrario: morir en el laberinto, buscando otro libro, otra referencia, otra revelaci&oacute;n, es lo mejor que le puede pasar al acad&eacute;mico". Ante tama&ntilde;os exhortos, hay que imaginar que ninguno de los escuchas originales, como tampoco ning&uacute;n lector, qued&oacute; ni quedar&aacute; indiferente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es un m&eacute;rito menor de este trabajo su claridad. Los textos est&aacute;n escritos por un pedagogo natural. Ah&iacute; donde otros autores usan frases incomprensibles para no dar las explicaciones requeridas, Leal ofrece en cambio una argumentaci&oacute;n paciente, detallada y di&aacute;fana. En esto se aleja este texto de muchos libros de filosof&iacute;a al uso, en los que se suele confundir oscuridad verbal con profundidad intelectual. Sus p&aacute;ginas, al contrario, han sido escritas por alguien que cultiva la precisi&oacute;n y la claridad no como un modo opcional para expresar las ideas, sino como la &uacute;nica v&iacute;a para hacerlas valer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien, como dijimos, los veinte textos reunidos aqu&iacute; fueron originalmente disertaciones orales, han sido reescritos, afinados o ampliados en alguna medida. Por consiguiente, las licencias que en ocasiones se permite un orador para hacerse m&aacute;s grato al o&iacute;do del auditorio y que no pocas veces van en detrimento de la argumentaci&oacute;n, casi han desaparecido de este libro. Son ensayos pensados ya en el auditorio fr&iacute;o, silencioso y algo esc&eacute;ptico que forman todos los lectores posibles. Este nuevo destinatario de lo que, en principio, como afirma divertidamente el autor, fueron <i>flatus vocis,</i> le agrega un nuevo valor al texto, al hacerse los an&aacute;lisis m&aacute;s finos y actuales. Sorprende mucho, en este sentido, el extenso e informado manejo de nuevas fuentes documentales. Pr&aacute;cticamente para cada tema que aborda, Fernando Leal muestra las discusiones m&aacute;s recientes, basadas en la revisi&oacute;n de la literatura al d&iacute;a y pertinente, escrita en cualquiera de los muchos idiomas que domina (antiguos y modernos).</font></p>      	    <p align="justify">&nbsp;</p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>      	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fernando Leal Carretero (2008), <i>Ensayos sobre la relaci&oacute;n entre la filosof&iacute;a y las ciencias,</i> Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 461pp.</font></p>      ]]></body>
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