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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Lo que el viento a Ju&aacute;rez</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Julia Preciado Zamora*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Jaime Olveda (coordinador). <i>Los obispados de M&eacute;xico frente a la Reforma Liberal.</i> El Colegio de Jalisco, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Universidad Aut&oacute;noma "Benito Ju&aacute;rez" de Oaxaca, 2007, 397 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Historiadora y profesora investigadora del CIESAS unidad Occidente.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Ju&aacute;rez saliendo del seminario", un grabado en madera de Francisco Toledo, es la imagen de la portada de esta obra conjunta, que de entrada sugiere la orientaci&oacute;n que tendr&aacute; el contenido de <i>Los obispados de M&eacute;xico frente a la Reforma Liberal,</i> coordinada por Jaime Olveda. El resto de la portada lo conforma un fondo negro, que recuerda la gastada levita de Benito Ju&aacute;rez: atav&iacute;o con el que la historia oficial lo visti&oacute;, aunque la ocasi&oacute;n no siempre lo requiriera. Este tomo forma parte de la "Colecci&oacute;n Bicentenario del Natalicio de Benito Ju&aacute;rez, 1806&#45;2006", iniciativa de investigadores de la Universidad Aut&oacute;noma "Benito Ju&aacute;rez" de Oaxaca, de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana y de El Colegio de Jalisco. El logotipo de la colecci&oacute;n es uno de los otros s&iacute;mbolos con los que se identifica tenazmente a Ju&aacute;rez: la m&iacute;tica diligencia que en muchas ocasiones sirvi&oacute; de palacio de gobierno port&aacute;til, pues recorri&oacute; caminos maltrechos cargando a la "familia enferma" por buena parte del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La diligencia de Ju&aacute;rez, desde la portada, nos introduce ingeniosamente a la idea de que a trav&eacute;s de las p&aacute;ginas de este libro visitaremos la mitad del siglo XIX, observ&aacute;ndolo desde diez focos diferentes de M&eacute;xico. La diligencia inicia el recorrido en la Ciudad de M&eacute;xico. Desde ah&iacute; leemos sobre "Una ruptura anunciada: los catolicismos encontrados del gobierno liberal y el arzobispo Garza y Ballesteros" de Brian Connaughton. Lo anterior, para despu&eacute;s llegar al occidente de M&eacute;xico, en donde nos encontramos con "El poder y la raz&oacute;n. El Episcopado y el Cabildo Eclesi&aacute;stico de Michoac&aacute;n ante las leyes de Reforma" de Juvenal Jaramillo M. De Morelia a la Perla de Occidente s&oacute;lo hay un paso. En "El obispo y el clero disidente de Guadalajara durante la Reforma Liberal", Jaime Olveda nos presenta la situaci&oacute;n en toda la zona del arzobispado de Guadalajara. Hay que partir rumbo al noroeste para llegar a "Zacatecas: un obispado en ciernes. Clero y sociedad en la Reforma" de Alma Dorantes Gonz&aacute;lez. Despu&eacute;s regresamos al centro con "La Di&oacute;cesis de Puebla en la &eacute;poca de la Reforma" de Alicia Tecuanhuey Sandoval.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De nuevo la diligencia parte hacia el noroeste para encontrarse "Entre el gozo y el enojo. La di&oacute;cesis de San Luis Potos&iacute; de 1854 a 1861". El veh&iacute;culo cruzar&aacute; el pa&iacute;s hasta llegar al cap&iacute;tulo "'No se absuelva mientras no retracten...' Iglesia y Reforma en el Obispado de Oaxaca, 1856&#45;1887" de Daniela Traffano. Pero el palacio de gobierno m&oacute;vil habr&aacute; de regresar y dirigirse a "El obispado de Durango ante las Leyes de Reforma, 1854&#45;1861" de Jos&eacute; de la Cruz Pacheco Rojas. Desde la di&oacute;cesis de Linares, tambi&eacute;n en el noreste, que comprend&iacute;a Coahuila, Nuevo Le&oacute;n y Tamaulipas, damos con "La Di&oacute;cesis de Linares y la Reforma Liberal, 1854&#45;1864" de Manuel Ceballos Ram&iacute;rez. La &uacute;ltima escala es en el norte, y antes de concluir nuestro azaroso viaje, nos encontramos con "La Reforma en Sonora: &eacute;lites pol&iacute;ticas y eclesi&aacute;sticas" de Dora Elvia Enr&iacute;quez Lic&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son cinco mujeres y cinco hombres los autores de este libro. Es decir, existe equidad de g&eacute;nero en la obra, justo en el bicentenario del natalicio de Benito Ju&aacute;rez. Celebraci&oacute;n que pas&oacute; inadvertida, seg&uacute;n nos lo explica Jaime Olveda, desde su introducci&oacute;n: "Fue tanto el desinter&eacute;s que &#91;se extendi&oacute;&#93; en la mayor&iacute;a de las entidades y municipios", que "no se formaron comisiones para promover actos celebrativos &#91;sic&#93;, mesas redondas, congresos o cualquier otra actividad destinada a ampliar el conocimiento sobre el papel que desempe&ntilde;&oacute; este personaje central en la historia de M&eacute;xico", y remata Olveda: "las autoridades tampoco destinaron recursos para publicar trabajos in&eacute;ditos que hicieran nuevos replanteamientos o colecciones de documentos que sirvieran de base a futuras investigaciones" (p. 11).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; significa el desinter&eacute;s que mostraron las autoridades al negarse a rememorar a Ju&aacute;rez a trav&eacute;s de festejos y de apoyos a nuevas investigaciones? &iquest;Tendr&aacute; que ver con la historia oficial tejida en torno a este personaje, y con que a las autoridades inquiete que alg&uacute;n imprudente cambie el "rostro" del benem&eacute;rito? Tal vez su historia no necesite siquiera retocarse. Pero s&iacute; urg&iacute;a recobrar las fuentes documentales abandonadas en los viejos anaqueles eclesi&aacute;sticos y que ahora vemos que arrojan luces sobre las Leyes de Reforma. Luces, si bien difusas, que permiten conocer la otra cara del conflicto, es decir, la que labr&oacute; la Iglesia. Considero &eacute;sta una de las aportaciones clave del libro que rese&ntilde;o: introducir en las p&aacute;ginas de la historiograf&iacute;a nacional fuentes de informaci&oacute;n que durante m&aacute;s de un siglo permanecieron menospreciadas. A prop&oacute;sito de las fuentes, &eacute;stas aparecen en las notas al calce. All&iacute; se citan los documentos y bibliograf&iacute;a en corto, lo que obliga al lector a consultar la bibliograf&iacute;a general al final del libro, si quiere conocer las referencias completas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su mayor&iacute;a, los autores examinaron los archivos eclesi&aacute;sticos y analizaron cartas pastorales de los obispos y actas de cabildos eclesi&aacute;sticos, a la par de rescatar los impresos de la &eacute;poca. Los hechos que relatan estas fuentes de informaci&oacute;n muestran c&oacute;mo los dirigentes eclesi&aacute;sticos &#151;cada uno a la cabeza de lo que me atrevo a llamar un "obispado&#45;naci&oacute;n", dada la relativa autonom&iacute;a de cada una de esas unidades episcopales que a lo sumo conformaban una confederaci&oacute;n y que como tales no lograron presentar un frente unido a las embestidas de Ju&aacute;rez&#151; respondieron de diferente manera ante las leyes liberales. Hablo de la Ley sobre Administraci&oacute;n de Justicia o Ley Ju&aacute;rez, promulgada el 23 de noviembre de 1855; de la Ley de Desamortizaci&oacute;n de Fincas R&uacute;sticas y Urbanas o Ley Lerdo, del 25 de junio de 1856; de la Constituci&oacute;n promulgada el 5 de febrero de 1857. De la Ley sobre Obvenciones Parroquiales o Ley Iglesias, promulgada el 11 de abril de 1857. En cuanto a las Leyes de Reforma, &eacute;stas cobijaban la Ley sobre la Nacionalizaci&oacute;n de los Bienes Eclesi&aacute;sticos, publicada el 12 de junio de 1859; la Ley que establec&iacute;a el Registro Civil, del 28 de julio de 1859; la Ley que secularizaba los cementerios del 31 de julio de 1859, y la Ley que suprim&iacute;a los d&iacute;as festivos de &iacute;ndole religiosa, difundida el 11 de agosto de 1859.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una figura protag&oacute;nica fue la del arzobispo de M&eacute;xico, L&aacute;zaro de la Garza y Ballesteros, que pareciera que luchaba en solitario contra las Leyes de Reforma. Brian Connaughton reconstruy&oacute; el genio y figura del arzobispo, y demostr&oacute; que De la Garza y Ballesteros hab&iacute;a tallado una larga tradici&oacute;n seg&uacute;n la cual "desconoc&iacute;a jur&iacute;dicamente cualquier pretensi&oacute;n o fundamento legal del gobierno" que "tuviera que ver con la afectaci&oacute;n de los bienes eclesi&aacute;sticos". Garza y Ballesteros escribi&oacute; en 1859 cinco cartas pastorales en las que refutaba las Leyes de Reforma. Una vez que Ju&aacute;rez triunf&oacute; en 1861, eligi&oacute; entre los obispos que expuls&oacute; del pa&iacute;s al arzobispo de M&eacute;xico, quien muri&oacute; en Barcelona un a&ntilde;o m&aacute;s tarde.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste, en el obispado de Michoac&aacute;n, el obispo Clemente de Jes&uacute;s Mungu&iacute;a, junto con el Cabildo Metropolitano, resisti&oacute; y argument&oacute; en contra de las Leyes de Reforma. En el caso michoacano, seg&uacute;n lo presenta Juvenal Jaramillo, el Cabildo Metropolitano particip&oacute; activamente a trav&eacute;s de los can&oacute;nigos Jos&eacute; Guadalupe Romero y Manuel Camacho. El Cabildo apoy&oacute; al obispo, pero tambi&eacute;n hizo p&uacute;blica su propia posici&oacute;n. En varias ocasiones, los argumentos del obispo y el Cabildo michoacano coincidieron con la postura del arzobispo de M&eacute;xico Garza y Ballesteros. El obispo de Michoac&aacute;n tambi&eacute;n prob&oacute; el destierro a partir del 10 de septiembre de 1856, aunque s&oacute;lo fuera hasta el vecino estado de Guanajuato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jaime Olveda, a su vez, reconstruye el contexto local en el que se insert&oacute; un grupo de j&oacute;venes liberales tapat&iacute;os, todos profesionistas. En bloque, ellos apoyaron el Plan de Ayutla (1854). El obispo de Guadalajara, Pedro Espinoza y D&aacute;valos, reaccion&oacute; de inmediato a la amenaza liberal. Pero antes enfrent&oacute; problemas al seno de la curia eclesi&aacute;stica, pues contrario a lo que se cree, varios sacerdotes coincidieron con la doctrina liberal. Tanto as&iacute;, que cuestionaron la autoridad del obispo, quien se inconform&oacute;, a trav&eacute;s de la tinta y el papel, con cada una de las leyes que se iban publicando, a&ntilde;o con a&ntilde;o. Pedro Espinoza y D&aacute;valos batall&oacute; contra sacerdotes liberales como Juan Jos&eacute; Caserta, quien desoy&oacute; el llamado del obispo cuando prohibi&oacute; que se jurara lealtad a la Constituci&oacute;n de 1857.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jaime Olveda encontr&oacute; que al interior del Episcopado nacional las opiniones de los obispos corr&iacute;an paralelas (que no necesariamente unidas) respecto a su desaprobaci&oacute;n de las Leyes de Reforma. En 1859, por ejemplo, seis obispos firmaron una <i>Manifestaci&oacute;n</i> que condenaba dichas leyes. Pero los seis obispos a su vez formaban dos grupos separados, unidos por las opiniones y una vieja amistad: el primer grupo lo conformaban Pedro Espinoza y D&aacute;valos, de Guadalajara, Pedro Barajas, de San Luis Potos&iacute;, y Francisco de Paula Verea, de Linares. En el otro grupo participaban Clemente de Jes&uacute;s Mungu&iacute;a, de Michoac&aacute;n, Antonio de Labastida y D&aacute;valos, arzobispo de M&eacute;xico, y Francisco Serrano, representante de la di&oacute;cesis de Puebla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zacatecas pertenec&iacute;a en lo eclesi&aacute;stico a la di&oacute;cesis de Guadalajara. Alma Dorantes parte del surgimiento de la doctrina liberal, que en lo estricto estaba ligada al romanticismo. La autora identifica a varios sacerdotes que simpatizaron con la causa liberal, en abierta oposici&oacute;n al obispo de Guadalajara Pedro Espinoza y D&aacute;valos, quien prohibi&oacute; al clero y a los fieles acatar las leyes contrarias a la Iglesia. Los sacerdotes liberales, quiz&aacute; no deba extra&ntilde;arnos, eran "prol&iacute;ficos escritores en los a&ntilde;os de la Reforma". Su presencia, que fulgur&oacute; "en el alto y bajo clero, entre los presb&iacute;teros diocesanos y los presb&iacute;teros regulares" (p.141), muestra c&oacute;mo el liberalismo irrumpi&oacute; en las huestes eclesi&aacute;sticas. Dos sacerdotes fueron m&aacute;s all&aacute; de empu&ntilde;ar la pluma: Ram&oacute;n Valenzuela y Francisco de Campa se convirtieron en capellanes del ej&eacute;rcito que combati&oacute; a los conservadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alma Dorantes traslad&oacute; tambi&eacute;n su estudio a los fieles. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; con la gente com&uacute;n que viv&iacute;a entre dos posturas contrarias? Los zacatecanos tendieron a "acomodar sus propios intereses con la ley civil y con las &oacute;rdenes emitidas por la autoridad religiosa &#91;...&#93; la Reforma los coloc&oacute; frente a una realidad in&eacute;dita: la de cumplir con Dios o con el C&eacute;sar" (p. 132).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los obispos se les conoce por sus palabras escritas. Pelagio Antonio Labastida, obispo de Puebla, se retrat&oacute; en sus cartas pastorales. A trav&eacute;s del discurso escrito del obispo, Alicia Tecuanhuey retoca el car&aacute;cter tolerante y moderado del prelado. Antonio Labastida pens&oacute; que lo m&aacute;s importante era colaborar con las autoridades civiles. El obispo cuid&oacute; que en sus letras no se trasluciera la desobediencia a las leyes. Sin embargo, la fuerza de sus palabras impresas no contuvo el levantamiento armado del sacerdote de Zacapoaxtla, Francisco Ortega y Garc&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guardia nacional liquid&oacute; el levantamiento, a tres meses de iniciado. La moraleja fue dura para el obispado de Puebla (y un aviso para las otras di&oacute;cesis): "el clero fue castigado con la intervenci&oacute;n de los bienes de la di&oacute;cesis de Puebla, a fin de impedir que la naci&oacute;n volviera a sufrir otra guerra con car&aacute;cter religioso" (p. 181). El obispo se inconform&oacute; ante lo que resolvi&oacute; Ignacio Comonfort. Y si bien mantuvo el estilo moderado en sus cartas por cierto tiempo, no tard&oacute; en perder la compostura. Labastida alz&oacute; su pluma contra las autoridades civiles, cuando la mesura se mostr&oacute; infructuosa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luz Carregha Lamadrid reconstruy&oacute; los pormenores que llevaron a la erecci&oacute;n de la di&oacute;cesis de San Luis Potos&iacute; en 1854. Pero tambi&eacute;n analiz&oacute; la reacci&oacute;n del primer obispo, Pedro Barajas, ante las Leyes de Reforma. San Luis Potos&iacute; fue escenario en el que se decidir&iacute;a la derrota o la victoria de los dos bandos encarados. La permanencia de Pedro Barajas en su di&oacute;cesis estuvo a merced del grupo en el poder: el obispo enfrent&oacute; tres destierros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igual que varios mitrados, Pedro Barajas tambi&eacute;n enarbol&oacute; la palabra escrita en defensa de la Iglesia. En su segunda carta pastoral, publicada en 1855, mostr&oacute; sin met&aacute;foras desobediencia a la autoridad civil. Pedro Barajas us&oacute; s&oacute;lo los medios que le estaban permitidos para oponerse a las Leyes de Reforma: las cartas pastorales. Recorri&oacute; el papel en blanco una y otra vez, que a la saz&oacute;n se convirti&oacute; en su campo de batalla, para objetar las leyes de ese tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Daniela Traffano document&oacute; la respuesta que provocaron las Leyes de Reforma en la vida cotidiana de p&aacute;rrocos y feligreses en Oaxaca. Los oaxaque&ntilde;os, especialmente quienes desempe&ntilde;aban cargos p&uacute;blicos, se vieron frente a una encrucijada: "al acto de jurar la Constituci&oacute;n, la Iglesia contrapuso otro acto p&uacute;blico: la retractaci&oacute;n, que adquir&iacute;a valor s&oacute;lo y cuando fuera notificada a las autoridades 'adversarias'" (p. 236). Los feligreses optaron por jurar la Constituci&oacute;n con la anuencia de la Iglesia, que aguardaba la retractaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Jos&eacute; Agust&iacute;n Dom&iacute;nguez, obispo de Oaxaca, hizo gala de prudencia frente a la implantaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n. Dom&iacute;nguez muri&oacute; en 1859 y la di&oacute;cesis qued&oacute; en manos de un vicario general. Jos&eacute; Mar&iacute;a Covarrubias y Mej&iacute;a se convirti&oacute; en obispo de Oaxaca en 1861. Covarrubias lleg&oacute; a Oaxaca hasta 1865, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de su nombramiento. Al margen de la respuesta de los dirigentes eclesi&aacute;sticos de Oaxaca a las Leyes de Reforma, los oaxaque&ntilde;os supieron negociar: jurar y retractarse, respectivamente, frente a los dirigentes civiles y eclesi&aacute;sticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la di&oacute;cesis de Durango, dirigida por el obispo Jos&eacute; Antonio Laureano L&oacute;pez de Zubir&iacute;a y Escalante, la guerra entre liberales y conservadores locales salta a la vista. El conflicto que las Leyes de Reforma provocaron en el &aacute;mbito nacional, se combin&oacute; con las pugnas existentes entre los grupos provinciales. En el art&iacute;culo de Jos&eacute; de la Cruz Pacheco y Rojas, la postura del obispo L&oacute;pez de Zubir&iacute;a se confunde con la del clero en general. Una clerec&iacute;a que se ali&oacute;, seg&uacute;n el autor, con "las bandas de asaltantes que asolaban los pueblos y ciudades".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manuel Cevallos Ram&iacute;rez estableci&oacute; que Francisco de Paula y Verea, obispo de Linares, se opuso a las Leyes de Reforma. Las condiciones regionales determinaron que el gobierno local respondiera a la Iglesia reaccionaria encarcelando al obispo y a sus sacerdotes. Sin embargo, tiempo despu&eacute;s, De Paula y Verea acatar&iacute;a sin reservas las disposiciones del gobierno civil, justo en aquellos d&iacute;as en que la mayor&iacute;a de los obispos rechazaba con vehemencia las Leyes de Reforma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sonora rompe con lo sucedido en las diferentes regiones del pa&iacute;s. Dora Elvia Enr&iacute;quez Lic&oacute;n demuestra que en Sonora la Iglesia y el gobierno civil caminaron de la mano, adem&aacute;s de colaborar en la "tarea de moldear a la sociedad". Las caracter&iacute;sticas de la di&oacute;cesis y de la regi&oacute;n contribuyeron a que la respuesta a las Leyes de Reforma fuera dis&iacute;mil. Escaseaban los recursos materiales de la Iglesia en Sonora; tambi&eacute;n faltaban sacerdotes para atender la dilatada di&oacute;cesis que abarcaba los ahora estados de Sonora y Sinaloa. De igual manera, la Iglesia en Sonora se encargaba de educar a los habitantes, pues el gobierno civil carec&iacute;a de escuelas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al obispo de Sonora, Pedro Loza y Pardav&eacute;, que a&ntilde;os despu&eacute;s lo ser&iacute;a de Guadalajara, lo respetaban las autoridades del gobierno en turno, al grado de tenerlo al d&iacute;a con los cambios dentro de la administraci&oacute;n civil. En Sonora, puede intuirse por lo que digo, no se dio una clara divisi&oacute;n entre liberales y conservadores. M&aacute;s bien los tibios liberales "necesitaban sumarse a la tendencia pol&iacute;tica dominante a nivel nacional porque estaban convencidos de que, para sobrevivir como entidad libre y aut&oacute;noma en un contexto fronterizo, Sonora necesitaba sumarse a la naci&oacute;n" (p. 363).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el lector llega a la &uacute;ltima etapa de este viaje <i>sui generis,</i> comprende que fueron muchas, las guerras de Reforma. Sus leyes se experimentaron de diferente (si no es que de rival) manera en cada una de las regiones. Las personalidades pol&eacute;micas o moderadas de los obispos y sus cabildos, la postura liberal o conservadora de los sacerdotes, las estrategias de los fieles y de los ciudadanos, prestos a acomodarse a lo que dictaban los dos poderes en conflicto, para no olvidar las geograf&iacute;as de nuestra naci&oacute;n, fueron factores que, sumados de manera disim&eacute;trica, hicieron que cada obispado&#45;naci&oacute;n viviera su propia reforma liberal, y respondiera acorde a como &eacute;sta afectara sus profanos intereses terrenales.</font></p>      ]]></body>
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