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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La construcción judicial de la democracia en América Latina]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Teor&iacute;a y debate </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La construcci&oacute;n judicial de la democracia en Am&eacute;rica Latina<a href="#notas">*</a></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; de Jes&uacute;s Ibarra C&aacute;rdenas*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Estudiante del doctorado en Derecho P&uacute;blico y M&eacute;todo Jur&iacute;dico, Universidad de Alicante. Espa&ntilde;a. </i><a href="mailto:jibarra@hotmail.com">jibarra@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 08 de septiembre de 2005.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 05 de diciembre 2005.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen </b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La existencia de ciertos rasgos autoritarios que afectan a los derechos de participaci&oacute;n pol&iacute;tica y al cumplimiento de los acuerdos democr&aacute;ticos, ha sido motivo de crisis y colapso de varios gobiernos en Am&eacute;rica Latina. La importancia de la funci&oacute;n judicial radica en que siempre y cuando mantenga la "independencia" y la "imparcialidad" como principios que le caracterizan, puede reforzar la cooperaci&oacute;n entre agentes pol&iacute;ticos y sociales por medio de: a) el desarrollo de una cultura jur&iacute;dica de respeto y promoci&oacute;n de los derechos, y b) un poder judicial que establezca una relaci&oacute;n estable entre comportamiento humano y prescripci&oacute;n normativa, es decir, que en la justificaci&oacute;n de sus decisiones articule de manera satisfactoria el c&oacute;digo de valores socialmente construido, y el marco normativo establecido por la regla de reconocimiento del sistema jur&iacute;dico.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Democracia, gobernabilidad, jueces, isonom&iacute;a, argumentaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n </b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un problema que ha generado diversos estudios es el de la "estabilidad" y la "consolidaci&oacute;n" de las democracias latinoamericanas. En las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas han sido 15 los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n que han sufrido alg&uacute;n tipo de crisis de gobernabilidad con la consecuencia del colapso de sus gobiernos (Valenzuela, 2004). Adem&aacute;s de estas dificultades, a&uacute;n se mantienen ciertos rasgos autoritarios que hacen dudar de la vida en democracia de estas sociedades, o cuando menos dejan en muy mala posici&oacute;n la calidad de las nuevas democracias. Este &uacute;ltimo problema se ha convertido en un verdadero reto para los investigadores de la pol&iacute;tica quienes, al dar cuenta de la realidad emp&iacute;rica de las "transiciones a la democracia", ante la necesidad de diferenciar anal&iacute;ticamente peculiaridades de la regi&oacute;n han tenido que formar</font><font face="verdana" size="2">&#151;forzar&#151; nuevos conceptos agregando adjetivos al t&eacute;rmino democracia, creando <i>ox&iacute;morones<sup><a href="#notas">1</a></sup></i> tales como: democracias "delegativas", democracias "tuteladas", democracias "olig&aacute;rquicas", democracias "excluyentes", entre otros.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que sigue se abordar&aacute;n tres puntos. En el primero se describe la problem&aacute;tica objeto de este trabajo, es decir la inestabilidad y la falta de consolidaci&oacute;n en las nuevas democracias; en el segundo apartado se presentan algunas soluciones que proponen los especialistas dedicados a estos temas y, finalmente, en la tercera parte se muestra la importancia de la funci&oacute;n judicial en contextos pol&iacute;ticos y sociales como los latinoamericanos. En este orden de cosas, se destaca la necesidad de: a) un modelo de derecho que incremente la confianza colectiva, donde exista, en palabras de Hannah Arendt (1982: 375), "el reconocimiento rec&iacute;proco de todos los miembros de la sociedad a un derecho general a tener derechos", y b) un poder judicial independiente, que establezca una relaci&oacute;n estable entre comportamiento humano y prescripci&oacute;n normativa, es decir, que en la argumentaci&oacute;n (justificaci&oacute;n) de sus decisiones articule de manera satisfactoria el c&oacute;digo de valores socialmente construido y el marco normativo establecido en el sistema jur&iacute;dico.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Inestabilidad y falta de consolidaci&oacute;n de las democracias latinoamericanas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Am&eacute;rica Latina, la inestabilidad del gobierno y la falta de consolidaci&oacute;n de los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos son dos de los principales obst&aacute;culos que frenan el impulso democratizador en varios pa&iacute;ses que han dejado atr&aacute;s la dictadura. En cuanto a la primera dificultad, en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os (1985&#45;2005) en promedio cada 15 meses se ha interrumpido un gobierno antes de finalizar su periodo constitucional. El <a href="#c1">cuadro 1</a> muestra cronol&oacute;gicamente este fen&oacute;meno.</font>	</p> 	    <p align="center"><a name="c1"></a><img src="../img/revistas/espiral/v12n36/a1c1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las explicaciones a estos problemas son variadas, destacando aquellas que consideran que, a diferencia del parlamentarismo, el marco constitucional del presidencialismo (propio de los pa&iacute;ses latinoamericanos) no estimula pr&aacute;cticas cooperativas y democr&aacute;ticas entre los actores pol&iacute;ticos.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Bajo este enfoque se sostiene que el sistema de gobierno presidencialista es proclive a suscitar conflictos entre el presidente y el Congreso, es poco flexible frente a las crisis y es capaz de generar situaciones de par&aacute;lisis institucional, lo cual afecta seriamente la estabilidad democr&aacute;tica. La principal manifestaci&oacute;n de inestabilidad se observa en la confrontaci&oacute;n entre el jefe del gobierno y la asamblea legislativa, ya sea cuando uno de los poderes desconoce las prerrogativas constitucionales del otro o cuando desaf&iacute;a su autoridad. As&iacute;, el conflicto puede tener como resultado uno de tres escenarios: a) el presidente disuelve el congreso;<sup><a href="#notas">4</a></sup> b) </font><font face="verdana" size="2">el congreso destituye al presidente;<sup><a href="#notas">5</a></sup> c) las fuerzas armadas intervienen desplazando a ambas instituciones para tomar el poder.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, esta visi&oacute;n sobre las crisis presidenciales es cuestionada en un trabajo reciente de An&iacute;bal P&eacute;rezLi&ntilde;an (2003) que aporta datos estad&iacute;sticos poderosos para considerar que "al menos en el corto plazo, el principal desaf&iacute;o para la gobernabilidad latinoamericana no parece estar dado por la pugna entre el ejecutivo y el legislativo, sino por <i>la amenaza del alzamiento popular</i> en un contexto de insatisfacci&oacute;n con el funcionamiento de las nuevas democracias". Su conclusi&oacute;n es que el componente "protesta popular", vinculado a desigualdades sociales generadas por reformas econ&oacute;micas neoliberales y con fuertes elementos de frustraci&oacute;n y anomia, son el detonante que fortalece a las fuerzas de oposici&oacute;n y desencadena la crisis de gobierno (p. 162).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este asunto, la insatisfacci&oacute;n en el funcionamiento de las nuevas democracias, tiene que ver con el segundo obst&aacute;culo al impulso democratizador, el que se refiere a su falta de consolidaci&oacute;n. En este sentido, aunque son sustanciales muchos de los avances, como la reducci&oacute;n significativa de pr&aacute;cticas electorales fraudulentas, el aumento de competencia pol&iacute;tica, el menor grado de injerencia militar en la vida p&uacute;blica, o el aumento de la participaci&oacute;n ciudadana y de la expresi&oacute;n de nuevos intereses, a&uacute;n persisten problemas de fondo, tales como la condici&oacute;n de pobreza estructural (exclu</font><font face="verdana" size="2">si&oacute;n, desigualdad, marginaci&oacute;n) producto de la inequitativa distribuci&oacute;n de la riqueza social; el insuficiente crecimiento econ&oacute;mico y las formas ineficientes del capitalismo latinoamericano; fen&oacute;menos como la corrupci&oacute;n, el clientelismo, el centralismo, el presidencialismo con amplios m&aacute;rgenes de discrecionalidad, sistemas de partidos d&eacute;biles o ineficientes, el crecimiento desmedido del narcotr&aacute;fico y las nuevas manifestaciones de la violencia y el desorden social.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Todo este c&uacute;mulo de situaciones afectan lo que hoy d&iacute;a se ha denominado como "calidad de la democracia".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este nuevo concepto alude al conjunto de propiedades que permiten juzgar el <i>valor</i> de una democracia en su funcionamiento. Entre otros criterios, destacan el Estado de derecho, la participaci&oacute;n, la competitividad, la rendici&oacute;n de cuentas, la reciprocidad, y el acercamiento a los ideales de libertad e igualdad propios de la democracia.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste con las democracias de calidad o institucionalizadas, en varios de los pa&iacute;ses incluidos en el <a href="#c1">cuadro 1</a> se tienen <i>democracias delegativas.</i> Con el t&eacute;rmino "delegativas" Guillermo O'Donnell se refiere a reg&iacute;menes que llevan a cabo elecciones libres, tienen un sistema de partidos competitivo, existe libertad de expresi&oacute;n y asociaci&oacute;n, entre otros derechos fundamentales, sin embargo, no existen instituciones de responsabilidad y rendici&oacute;n de cuentas. Los ciudadanos, por medio del sufragio, "delegan a otros tomar decisiones en su nombre", decisiones que pueden incluso vulnerar el derecho preestablecido, limitadas &uacute;nicamente por las condiciones pol&iacute;ticas del medio. Este tipo de democracias son intr&iacute;nsecamente hostiles a la creaci&oacute;n y estabilidad de instituciones pol&iacute;ticas, a los patrones de representaci&oacute;n de las democracias consolidadas, y a la supervisi&oacute;n entre agencias del gobierno por lo que, consecuentemente, el as&iacute; llamado gobierno de la ley s&oacute;lo se respeta parcial o m&iacute;nimamente (O'Donnell, 1994: 59&#45;62).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Algunas propuestas de soluci&oacute;n</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajos sobre inestabilidad y consolidaci&oacute;n democr&aacute;tica han proliferado desde finales del siglo pasado; sin embargo, las democracias realmente existentes no parecen haber mejorado mucho. En general, las soluciones propuestas por los especialistas se pueden agrupar en dos bandos. Un primer grupo (Camp, 1996; Diamond, 1997; Dom&iacute;nguez y Lowentahl, 1996; Hartlyn y Valenzuela, 1998; Huntington, 1994; Lijphart, 1987; Linz y Stepan, 1996; Linz y Valenzuela, 1994; Mainwaring y Shugart, 1997; Marvall y Przeworsky, 2003; Sartori, 1994; Shugart y Carey, 1992; Stotzky, 1993) considera que el problema se genera ante una deficiente "ingenier&iacute;a constitucional" en el sistema pol&iacute;tico, lo que provoca tensiones y din&aacute;micas no cooperativas entre las fuerzas pol&iacute;ticas, por lo que las dificultades terminar&iacute;an si se realizaran los ajustes necesarios en el dise&ntilde;o institucional del r&eacute;gimen a efectos de encontrar cimientos m&aacute;s fuertes para la construcci&oacute;n de sistemas democr&aacute;ticos viables; entre otras alternativas, algunos de estos te&oacute;ricos proponen sustituir los sistemas de gobierno presidenciales por los de tipo parlamentario o semipresidencialista. Un segundo grupo de propuestas de soluci&oacute;n afirma que la democracia debe consolidarse desde abajo o por la acci&oacute;n de movimientos sociales, con ayuda, quiz&aacute;s, de grupos internacionales comprometidos con sus causas (Cleary, 1997; Farer, 1996; Foweraker y Landman, 2000; Garret&oacute;n, 1994; Jelin, 1996; Putnam, 1993; Tarrow, 1997).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que corresponde al <i>primer grupo de propuestas,</i> existe un sorprendente consenso entre los polit&oacute;logos dedicados al tema sobre la estrategia general a seguir para vencer las herencias autoritarias tan arraigadas en la regi&oacute;n. Consideran que el primer paso es transitar a una democracia limitada &#151;mediante pactos entre &eacute;lites&#151;, de modo que los actores relevantes no opten por competir fuera de las reglas; logrado este objetivo, se inicia un lento y largo proceso de institucionalizaci&oacute;n del Estado de derecho. La clave del proceso consiste en encontrar "las formas de dise&ntilde;o de las instituciones a fin de incrementar las posibilidades de consolidar las nuevas democracias" (Mainwaring y Shugart, 1997: 2). Bajo esta perspectiva, la transici&oacute;n a la democracia ser&aacute; exitosa si se satisfacen dos condiciones: "1. El desmantelamiento del antiguo aparato del poder autoritario, y 2. Las nuevas fuerzas pol&iacute;ticas optan por unas instituciones democr&aacute;ticas como marco en el cual competir&aacute;n por la realizaci&oacute;n de sus intereses" (Przeworsky, 1988: 63).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las principales limitaciones de este enfoque son dos: la primera es que su foco de atenci&oacute;n se reduce a c&oacute;mo optimizar el dise&ntilde;o institucional para obtener los mismos resultados que las democracias consolidadas, olvidando tomar en cuenta las condiciones singulares de cada caso. Muchos de estos estudios no s&oacute;lo ignoran el contexto social de toda norma eficaz sino que, adem&aacute;s, no consideran las condiciones bajo las cuales los modelos institucionales despliegan sus mejores efectos; ingenuamente conf&iacute;an en las consecuencias de las instituciones sobre el mundo. En otras palabras, su debilidad radica en suponer que existe una concordancia razonable entre norma y conducta, en pensar que las instituciones determinan el comportamiento de las personas, lo que no sucede regularmente, y menos a&uacute;n en las comunidades latinoamericanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda limitaci&oacute;n est&aacute; en el car&aacute;cter elitista, en cuanto a que los &uacute;nicos actores que se consideran relevantes </font><font face="verdana" size="2">son las fuerzas pol&iacute;ticas con capacidad de acci&oacute;n e influencia; se olvidan del ciudadano, quien parece tener importancia &uacute;nicamente durante las elecciones. Por ejemplo: "La democracia es posible cuando las pertinentes fuerzas pol&iacute;ticas pueden encontrar instituciones que otorguen una garant&iacute;a razonable de que sus intereses no ser&aacute;n afectados de manera sumamente adversa en el curso de la competencia democr&aacute;tica" (Przerworsky, 1988: 64). Bajo esta visi&oacute;n, se sostiene que las transiciones m&aacute;s exitosas son las que se basan en "pactos fundacionales", esto es, acuerdos expl&iacute;citos &#151;no necesariamente p&uacute;blicos&#151; entre los actores contendientes, quienes definen las reglas de gobernabilidad sobre la base de garant&iacute;as mutuas para los intereses de ellos mismos. Estos pactos son "mecanismos antidemocr&aacute;ticos negociados por las &eacute;lites para crear un contrato socioecon&oacute;mico y pol&iacute;tico que neutralice la emergencia de las masas mientras se delinea el grado en el cual los actores pueden participar del poder o ejercerlo en el futuro" (Karl, 1996: 34).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El descuidar al ciudadano no ser&iacute;a m&aacute;s que un olvido &#151;poco democr&aacute;tico&#151;, pero tal vez explicable si no tuviera influencia alguna en el proceso pol&iacute;tico de cambio. Sin embargo, la realidad es m&aacute;s compleja. Como se mencion&oacute; en el apartado anterior, An&iacute;bal P&eacute;rez&#45;Li&ntilde;an muestra la influencia determinante de los movimientos ciudadanos en la estabilidad de los gobiernos: "la protesta popular, ha remplazado a la intervenci&oacute;n militar como el principal factor extra&#45;institucional que detona el surgimiento (o define la resoluci&oacute;n) de las crisis presidenciales". La importancia de la "variable ciudadano" se hizo notar en el mes de junio en Bolivia con la renuncia del presidente Carlos Mesa, o poco despu&eacute;s en Ecuador con la ca&iacute;da del presidente Lucio Guti&eacute;rrez; en ese mismo pa&iacute;s fue determinante en el 2000 y en 1997, en Argentina en 2001, en Paraguay en 1999, en Venezuela y Guatemala en 1993 o en Brasil en 1992; en todos estos casos la movilizaci&oacute;n popular (el golpe de calle) </font><font face="verdana" size="2">contra el presidente fortaleci&oacute; a la oposici&oacute;n en el congreso, la que prevaleci&oacute; en la disputa con el ejecutivo. &Eacute;stos son s&oacute;lo algunos de los problemas de estos enfoques en el tema de la inestabilidad; a&uacute;n quedar&iacute;a por discutir la cuesti&oacute;n de la calidad de la democracia en estos escenarios de "pactos fundacionales".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al <i>segundo grupo de propuestas</i> de soluci&oacute;n, el n&uacute;cleo de su defensa son los derechos humanos, y sus argumentos van en el sentido de lograr que las demandas de los movimientos sociales sean incorporadas a la agenda pol&iacute;tica y despu&eacute;s al orden normativo; conf&iacute;an en que los derechos humanos son el instrumento para terminar con la herencia autoritaria del pasado y consolidar la democracia. Mientras las corrientes de las transiciones v&iacute;a &eacute;lites subraya la importancia de cambiar las leyes para cambiar las conductas, las posturas de los movimientos sociales se concentran en c&oacute;mo los ciudadanos y los grupos de presi&oacute;n social pueden movilizarse para exigir que las reglas que ampl&iacute;an y desarrollan la democracia sean obedecidas. Sus tesis siguen de cerca eventos como la Revoluci&oacute;n francesa, la Independencia estadounidense, o el movimiento de los derechos civiles en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os sesenta, que muestran la fuerza de la acci&oacute;n colectiva para desafiar a las &eacute;lites y lograr cambios sociales favorables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque la postura de la reforma democr&aacute;tica por la v&iacute;a movimientos sociales promete m&aacute;s que la de transici&oacute;n v&iacute;a &eacute;lites en cuanto a calidad democr&aacute;tica, su problema es que no explica la manera de vincular los derechos legislados con los asuntos cotidianos de los ciudadanos. Esta corriente da cuenta de la exigencia de transformar a la sociedad por medio del respeto y la inclusi&oacute;n de derechos; no obstante, despu&eacute;s de que se incorporan sus demandas al orden jur&iacute;dico, &iquest;c&oacute;mo es posible hacerlas efectivas? &iquest;Qu&eacute; garant&iacute;as existen en caso de incumplimiento? La cuesti&oacute;n relevante est&aacute; en que los derechos que los movimientos sociales aspiran a </font><font face="verdana" size="2">conquistar s&oacute;lo pueden ser garantizados institucionalmente mediante decisiones judiciales independientes que establezcan una relaci&oacute;n estable entre comportamiento humano y prescripci&oacute;n normativa. Los fines y objetivos plasmados en constituciones y leyes s&oacute;lo pueden solucionar problemas reales si hay un sistema judicial que funcione. De ah&iacute; la importancia de la jurisdicci&oacute;n, tema poco abordado por los investigadores de movimientos sociales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que resulta un lugar com&uacute;n en los trabajos de ambas posiciones es que un componente necesario para el reforzamiento de las democracias de la regi&oacute;n es un Estado de derecho fuerte capaz de erradicar conductas propias del pasado autoritario. La diferencia entre uno y otro grupo de propuestas radica en la forma de llegar a &eacute;l.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La importancia de la funci&oacute;n judicial</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute; quedan claros dos problemas a resolver en varios de los pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica: a) la gobernabilidad constitucional, necesaria para superar la inestabilidad propia de los gobiernos de la regi&oacute;n, y b) la calidad de las nuevas democracias, imprescindible para hacer posible la libertad e igualdad de los ciudadanos mediante pr&aacute;cticas leg&iacute;timas y justificadas de sujetos e instituciones p&uacute;blicas. Una parte de la soluci&oacute;n a ambas dificultades se encuentra en el sistema judicial, en su capacidad para hacer efectivo el Estado de derecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de lo que se ha explicado, en las democracias consolidadas se observa una din&aacute;mica pol&iacute;tica distinta, el <i>imperio de la ley</i> existe porque "no hay actores pol&iacute;ticos y sociales significativos que intenten lograr sus objetivos por medios ilegales, inconstitucionales o antidemocr&aacute;ticos" (Diamond, 1997: XIX). En Am&eacute;rica Latina en cambio, como lo ha argumentado Guillermo O'Donnell, las democracias de la regi&oacute;n son delegativas "basadas en la premisa de que </font><font face="verdana" size="2">quien gana la elecci&oacute;n presidencial queda facultado para hacer lo que mejor le convenga, limitado s&oacute;lo por las duras realidades de poder existentes y por el factor temporal del ejercicio del gobierno (O'Donnell, 1994: 59). Las democracias delegativas, como el propio O'Donnell observa, son la continuaci&oacute;n de la antigua forma de caudillismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que no se puede perder de vista es que en el escenario actual, donde se ha generalizado la ausencia de confianza entre los actores pol&iacute;ticos y sociales &#151;y en consecuencia donde se dan situaciones que llevan a interacciones como las modeladas en el llamado "dilema del prisionero"&#151;,<sup><a href="#notas">9</a></sup> la pr&aacute;ctica judicial que desarrollan los jueces, por sus caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas y definitorias de "independencia" e </font><font face="verdana" size="2">"imparcialidad",<sup><a href="#notas">10</a></sup> tiene la capacidad de vincular los logros de movimientos pol&iacute;ticos y sociales (incluidos en el ordenamiento jur&iacute;dico) de la historia moderna con la cotidianidad de la vida p&uacute;blica; esto resulta fundamental para cambiar las realidades de las sociedades descritas y no caer en el conformismo de rendirse a ellas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema judicial, por su ubicaci&oacute;n en el dise&ntilde;o de las instituciones del Estado, puede ser un instrumento de directa intervenci&oacute;n y participaci&oacute;n de los ciudadanos, quienes por conducto de la jurisdicci&oacute;n est&aacute;n en posibilidad de hacer sentir sus voces y obtener resultados que de otra forma ser&iacute;an del todo imposibles. As&iacute;, los jueces resultan ser los destinatarios de nuevas demandas sociales, o de aquellas que no alcanzaron un lugar en los espacios representativos de gobierno; su papel ya no es &uacute;nicamente salvaguardar la certeza del derecho, sino tambi&eacute;n desplegar su capacidad para responder a demandas y reivindicaciones sociales. Este protagonismo de los jueces no puede verse como un fen&oacute;meno de "activismo judicial" o de "politizaci&oacute;n de la justicia", sino como un <i>elemento corrector</i> del sistema pol&iacute;tico democr&aacute;tico, que debe operar cuando se afectan derechos fundamentales, o cuando las instituciones p&uacute;blicas excluyen intereses leg&iacute;timos previstos en el ordenamiento jur&iacute;dico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pregunta ahora es &iquest;qu&eacute; modelo de sistema judicial? La respuesta inmediata ser&iacute;a: un sistema judicial distinto al que se tiene; uno que no perpet&uacute;e el <i>statu quo.</i> El <i>statu </i></font><font face="verdana" size="2"><i>quo</i> ha sido perpetuado en muchos pa&iacute;ses por un derecho que hasta nuestros d&iacute;as tiene el efecto de disolver en el sistema jur&iacute;dico aquellos impulsos tendentes a cambiar el equilibrio de fuerzas en la sociedad. La manera de hacerlo es formando una gran brecha entre la ley escrita y la realidad social, lo cual explica que los ordenamientos jur&iacute;dicos sean pol&iacute;ticamente democr&aacute;ticos y socialmente justos, pero la realidad siga en su estado original. Basta dar seguimiento hist&oacute;rico a los resultados de la Revoluci&oacute;n mexicana, de la Revoluci&oacute;n cubana, o a la Constituci&oacute;n de Hait&iacute; de 1801 que, en su art&iacute;culo 3, dec&iacute;a: "La servidumbre ha sido abolida para siempre. Todos los hombres nacen, viven y mueren libres", y comparar estos discursos y su consecuente legislaci&oacute;n con la exclusi&oacute;n social y la desigualdad econ&oacute;mica de la regi&oacute;n. Es entonces cuando aparecen otras categor&iacute;as de an&aacute;lisis como las "reglas no escritas", las "facultades metaconstitucionales", o los "poderes de hecho" que explican estas situaciones. Mediante la <i>obligaci&oacute;n legal de la obediencia,</i> se han legitimado relaciones de desigualdad y dominaci&oacute;n; es por ello que la mayor&iacute;a de los movimientos sociales se quedan en reformas a la constituci&oacute;n o son utilizados para destituir presidentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo este modelo, el sistema judicial y las reglas de derecho (en palabras de Habermas) son razones para la <i>acci&oacute;n estrat&eacute;gica</i> y no para la <i>acci&oacute;n comunicativa,</i> es decir, la gu&iacute;a de conducta que promueven entre los actores pol&iacute;ticos y sociales est&aacute; dirigida: a) a la maximizaci&oacute;n de las utilidades individuales frente a generales o colectivas; b) a racionalizar o legitimar moralmente todo tipo de acciones con resultados favorables al inter&eacute;s propio, y c) a la necesidad de desarrollar habilidades racionales para defender los bienes propios, as&iacute; como para evaluar y seleccionar la mejor "estrategia" para obtenerlos. No hace falta explicar las consecuencias negativas para la gobernabilidad constitucional y para la calidad de cualquier democracia sometida a esta din&aacute;mica </font><font face="verdana" size="2">social basada en la "racionalidad" del dilema del prisionero y no en la imparcialidad del di&aacute;logo racional. Este diagn&oacute;stico desolador queda reforzado por una cita que O'Donnell (1998: 12) incluye en uno de sus trabajos:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Am&eacute;rica Latina hay una larga tradici&oacute;n de ignorar la ley o, al reconocerla, de torcerla a favor del poderoso y para la represi&oacute;n o contenci&oacute;n del d&eacute;bil. &#91;...&#93; primero, la obediencia voluntaria de la ley es algo que s&oacute;lo practican los idiotas y, segundo, que estar sometido a la ley no significa ser portador de derechos exigibles sino m&aacute;s bien una clara se&ntilde;al de debilidad social.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se observa, parece que en la acci&oacute;n pol&iacute;tica y en la interacci&oacute;n social existen poderosas razones para desconfiar de la conveniencia de la cooperaci&oacute;n, ya que en el corto plazo los comportamientos ego&iacute;stas y no cooperativos son los que en la mayor&iacute;a de las ocasiones resultan exitosos; hip&oacute;tesis que tal vez podr&iacute;a explicar la inestabilidad de la regi&oacute;n y la falta de consolidaci&oacute;n de las nuevas democracias. Pero si las decisiones judiciales y, en general, el derecho, son part&iacute;cipes de este estado de cosas, deber&iacute;amos preguntarnos si existe un modelo de derecho y de pr&aacute;ctica judicial diferente que tenga la capacidad de romper esa din&aacute;mica y en consecuencia vincular los logros de movimientos sociales &#151;que incluso est&aacute;n legislados y constitucionalizados&#151; con la problem&aacute;tica social. La cuesti&oacute;n est&aacute; en saber si es posible dar vigencia a los ordenamientos jur&iacute;dicos existentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es aqu&iacute; donde cobran relevancia propuestas que desde hace tiempo en el tema de democracia sostienen autores como Carlos Nino (1992), J&uuml;rgen Habermas (1998) o Ernesto Garz&oacute;n (1999), entre otros, quienes apuestan por un modelo de derecho con <i>capacidad de justificaci&oacute;n</i> de las decisiones p&uacute;blicas. Visto bajo este enfoque, "s&oacute;lo pueden pretender legitimidad aquellas regulaciones normativas y formas de acci&oacute;n a las que todos los posibles afectados pudieren </font><font face="verdana" size="2">prestar su asentimiento como participantes en discursos racionales" (Habermas, 1998: 172).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El modelo de derecho: modificar la acci&oacute;n pol&iacute;tica incrementando la confianza colectiva</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta l&iacute;nea de pensamiento, Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s ha propuesto lo que considera dos condiciones necesarias y conjuntamente quiz&aacute;s suficientes para la vigencia de un orden jur&iacute;dico como el que prescriben las constituciones latinoamericanas: a) la aceptaci&oacute;n del texto constitucional desde una perspectiva que, siguiendo la terminolog&iacute;a de Herbert L. A. Hart, puede ser llamada "punto de vista interno", y b) la existencia de una sociedad homog&eacute;nea en el sentido de que cada uno de sus miembros tenga la posibilidad de acceder a la satisfacci&oacute;n de sus necesidades b&aacute;sicas </font><font face="verdana" size="2">(Garz&oacute;n, 1999: 133&#45;157).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera condici&oacute;n necesaria evitar&iacute;a que aquellos que detentan el poder vean en el ordenamiento jur&iacute;dico un instrumento de dominaci&oacute;n o medio para obtener sus objetivos personales. Esto ser&iacute;a posible mostrando que la adhesi&oacute;n a las normas representa beneficios a largo plazo, sobre todo considerando que en el nuevo escenario de competencia pol&iacute;tica nadie puede apropiarse indefinidamente del ejercicio del poder. De esta forma se modifica el concepto de racionalidad individual, pasando paulatinamente de un enfoque no cooperativo a otro que s&iacute; lo es. La segunda condici&oacute;n coloca en un plano de igualdad a los miembros de una democracia, los posiciona como ciudadanos y no s&oacute;lo como integrantes de la comunidad. Se trata de generar el escenario apto para hacer posible la pr&aacute;ctica democr&aacute;tica, desde luego tomando en cuenta las graves carencias econ&oacute;micas de la regi&oacute;n. Siguiendo con las ideas de Ernesto Garz&oacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que importa es el reconocimiento jur&iacute;dico de la dignidad individual de cada cual como sujeto aut&oacute;nomo que tiene un derecho a igual consideraci&oacute;n y respeto &#91;...&#93; Este reconocimiento requiere, desde luego, la existencia de las condiciones que hagan posible la pr&aacute;ctica de ese derecho.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegamos as&iacute; a un primer elemento del Estado de derecho que puede reforzar las fr&aacute;giles democracias latinoamericanas: la promoci&oacute;n de una cultura jur&iacute;dica de respeto y promoci&oacute;n de los derechos. Esta idea no es nada nueva en las teor&iacute;as de la democracia; lo extra&ntilde;o es que en la actualidad se haya olvidado con tanta facilidad. Seg&uacute;n algunos recuentos hist&oacute;ricos, la <i>isonom&iacute;a</i> es incluso un concepto m&aacute;s antiguo que el de democracia y tiene como exigencia la igualdad de todos en la vida p&uacute;blica. Pero no en el sentido formal de igualdad frente a la ley, sino de igualdad a trav&eacute;s de la ley, es decir, entendida como "paridad participativa" de todos en la comunidad pol&iacute;tica (Fraser, 2005: 67&#45;84); noci&oacute;n que se fundamenta en el principio de <i>igual valor moral de las personas</i> en la interacci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta interpretaci&oacute;n de la <i>isonom&iacute;a</i> le adjudica al individuo el estatus de ciudadano por el s&oacute;lo hecho de pertenecer a una comunidad, y lo distingue de aquellos que no pueden demandarse rec&iacute;procamente justicia, que est&aacute;n imposibilitados para reivindicar demandas, y que tampoco pueden intervenir sobre c&oacute;mo deben ser juzgadas tales reivindicaciones en t&eacute;rminos morales; la <i>isonom&iacute;a</i> dota al ciudadano de su atributo b&aacute;sico: la pertenencia activa al orden social. Hannah Arendt es una de las autoras contempor&aacute;neas que en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica recupera esta tradici&oacute;n y muestra que "el reconocimiento rec&iacute;proco de todos los miembros de la sociedad a un derecho general a tener derechos" (1982: 375) es condici&oacute;n necesaria para la existencia de cualquier comunidad organizada &#151;y civilizada&#151;. Sus reflexiones son contundentes y muestran la fragilidad de la convivencia humana sin el elemento de <i>isonom&iacute;a.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pr&aacute;ctica judicial: equilibrio entre prescripci&oacute;n normativa y comportamiento humano</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Continuando con esto, en 1992 Bruce Ackerman se lamentaba de que despu&eacute;s de 1989, los pa&iacute;ses de Europa oriental hubieran desaprovechado la <i>oportunidad revolucionaria</i> para hacer una constituci&oacute;n: "pronto ese momento se disolver&aacute; en el torbellino del oportunismo mezquino y de estrechos intereses que surgir&aacute;n a partir de la nueva estructura de poder". Al mismo tiempo reflexionaba lo siguiente: "Si los pol&iacute;ticos revolucionarios no tratan de construir una s&oacute;lida base de apoyo en el pueblo para la constituci&oacute;n &iquest;Hay alg&uacute;n otro grupo que pueda emprender esa tarea? El candidato m&aacute;s probable es el poder judicial" (Ackerman, 1992: 99). Su confianza en la judicatura se basa en dos caracter&iacute;sticas ya mencionadas: a) el sistema judicial es la instituci&oacute;n que vincula directamente el orden jur&iacute;dico con la soluci&oacute;n de problemas de los ciudadanos, y b) los jueces pueden ser &uacute;tiles, de un modo realista, como guardianes de las constituciones liberales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, despu&eacute;s de explicar la importancia de la funci&oacute;n judicial, y abogar por un modelo de derecho que promueva la confianza colectiva y la <i>isonom&iacute;a,</i> la pregunta que sigue sin respuesta es el modelo de sistema judicial que debe aplicarlo, su cualidad definitoria; hilando m&aacute;s fino respecto a las inquietudes de este trabajo: &iquest;qu&eacute; puede aportar la pr&aacute;ctica judicial para alcanzar la estabilidad y la consolidaci&oacute;n de las nuevas democracias?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se acepta como una de las causas de la problem&aacute;tica la l&oacute;gica de la racionalidad del dilema del prisionero entre las fuerzas pol&iacute;ticas y la sociedad en general, entonces la pr&aacute;ctica judicial en pa&iacute;ses en transici&oacute;n a la democracia debe ser considerada no s&oacute;lo como un medio de soluci&oacute;n de controversias, sino como una instituci&oacute;n dirigida a incrementar los niveles de confianza en el espacio p&uacute;blico. La intenci&oacute;n es que las decisiones judiciales ayuden a generar un </font><font face="verdana" size="2">espacio de competencia pol&iacute;tica mediante el uso de recursos racionales; este marco institucional debe tener la capacidad de estimular en los actores la cooperaci&oacute;n necesaria para aceptar las restricciones que les imponen las reglas. Por tanto, la pr&aacute;ctica judicial debe articular de manera exitosa el c&oacute;digo de valores y principios socialmente construido, y el marco normativo establecido en el sistema jur&iacute;dico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una decisi&oacute;n judicial no debe ser considerada valiosa s&oacute;lo por su capacidad de imponer un nuevo estado de cosas, porque entonces estar&iacute;a dirigida b&aacute;sicamente a lograr conductas de acatamiento que no servir&aacute;n al prop&oacute;sito de crear confianza; en consecuencia, no podr&iacute;a ser eficaz como gu&iacute;a interna de conducta. Si las autoridades judiciales no se preocupan por influir en el cambio de la cultura jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tica de una sociedad, entonces, siempre que el c&aacute;lculo de utilidades as&iacute; se lo aconseje, los actores pol&iacute;ticos estar&iacute;an dispuestos a seguir las reglas &uacute;nicamente con base en una actitud de acatamiento derivada del temor a la sanci&oacute;n o anulaci&oacute;n o, en su caso, estar&aacute;n igualmente dispuestos a violarlas si conviene mejor a sus intereses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante tomar en consideraci&oacute;n que estos buenos deseos sobre el papel de la judicatura, en el caso de democracias en transici&oacute;n, pueden toparse con algunas dificultades institucionales. Existe el riesgo de judicializar la pol&iacute;tica frustrando la actividad parlamentaria, o tambi&eacute;n de politizar la actividad jurisdiccional y con ello transformar la selecci&oacute;n de los jueces (en palabras de Ackerman) en un <i>juego de futbolpol&iacute;tico.</i> Otro riesgo ser&iacute;a que la falta de independencia y de imparcialidad estimulara la racionalidad del dilema del prisionero entre los actores pol&iacute;ticos, o tambi&eacute;n la existencia de jueces poco comprometidos con los principios constitucionales. En este sentido, considerando las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas y sociales de cada regi&oacute;n, tomando en cuenta las singularidades de los casos, y no siendo deterministas como </font><font face="verdana" size="2">las propuestas criticadas anteriormente, resulta oportuno proponer ciertos arreglos institucionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ernesto Garz&oacute;n (2003: 27&#45;46) afirma que los problemas se&ntilde;alados en el p&aacute;rrafo anterior no son imposibilidades institucionales si se siguen algunas de sus recomendaciones: a) la adopci&oacute;n de un paradigma material en la interpretaci&oacute;n de los principios constitucionales, especialmente de aquellos vinculados con la igualdad, es decir la no discriminaci&oacute;n o exclusi&oacute;n social; ello promueve confiabilidad en la funci&oacute;n judicial y consolida la confianza en las instituciones proclamadamente democr&aacute;ticas; b) el control de la calidad democr&aacute;tica ha de limitarse a aquellas cuestiones vinculadas con los principios b&aacute;sicos del sistema, es decir, no debe intervenir en aquellas que constitucionalmente est&aacute;n libradas a la negociaci&oacute;n y el compromiso de los partidos pol&iacute;ticos que integran el parlamento; c) el poder judicial puede asumir estas tareas si, y s&oacute;lo si, no depende en sus decisiones de imposiciones pol&iacute;ticas, por lo que en la elecci&oacute;n de sus miembros se debe buscar un m&eacute;todo que garantice su independencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mismo sentido, considerando casos exitosos como el espa&ntilde;ol o el alem&aacute;n, Ackerman sugiere tres propuestas para el caso de los jueces de Tribunales Constitucionales: 1. La especializaci&oacute;n de la judicatura, que aportar&iacute;a dos ventajas: una jur&iacute;dica en el sentido de que "libera a los jueces del dogmatismo imperante de la tradici&oacute;n del <i>civil law</i> y les permite reflexionar de un modo autoconsciente sobre los valores liberales en el curso de la adjudicaci&oacute;n"; la otra ventaja es pol&iacute;tica y se refiere a que la especializaci&oacute;n "estimula la selecci&oacute;n de jueces que no est&eacute;n manchados por una asociaci&oacute;n estrecha con el viejo r&eacute;gimen". 2. En cuanto a las reglas de elecci&oacute;n, un periodo determinado, con la aprobaci&oacute;n de dos tercios del parlamento, sin posibilidad de reelecci&oacute;n, y no de por vida. 3. Una jurisdicci&oacute;n amplia en la que tengan acceso los ciudadanos y no s&oacute;lo actores </font><font face="verdana" size="2">pol&iacute;ticos. Desde luego, todas estas opciones son discutibles y deben aplicarse seg&uacute;n el contexto sociopol&iacute;tico de cada pa&iacute;s; lo importante es garantizar una pr&aacute;ctica judicial independiente que tenga la capacidad de adjudicar un modelo de derecho funcional para la estabilidad y la consolidaci&oacute;n de las fr&aacute;giles democracias.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os la inestabilidad (crisis de gobernabilidad) en varios pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina no parece ser consecuencia de la deficiente "ingenier&iacute;a constitucional" de los sistemas de gobierno presidenciales. La experiencia en estas situaciones aporta datos relevantes que llevan a pensar que bajo condiciones de debilidad institucional, el factor determinante del surgimiento o la resoluci&oacute;n de la crisis del r&eacute;gimen es la protesta popular de ciudadanos inconformes con la <i>calidad de sus democracias.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la falta de consolidaci&oacute;n, en tanto no se valoren de forma integral los procedimientos (qu&eacute; vemos), los resultados (qu&eacute; se hace) y los contenidos (soluciones desde la igualdad y la solidaridad) del ejercicio de los gobiernos democr&aacute;ticos, entonces "la no rendici&oacute;n de cuentas, la ausencia de responsabilidad, y la falta de libertad e igualdad social", ser&aacute;n caracter&iacute;sticas definitorias y degenerativas de las fr&aacute;giles democracias latinoamericanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La importancia de la funci&oacute;n judicial en el contexto de estos problemas, radica en que siempre y cuando los jueces mantengan la "independencia" y la "imparcialidad" como principios que los caracterizan, tienen la capacidad de cambiar las realidades de las sociedades latinoamericanas. Ello al hacer efectivo &#151;con la fuerza del derecho&#151; el respeto a los derechos humanos, y al establecer un Estado de derecho que refuerce la cooperaci&oacute;n entre agentes pol&iacute;ticos y sociales en las nuevas democracias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para que eso sea posible, es necesario que la funci&oacute;n judicial est&eacute; enmarcada en un <i>modelo de derecho</i> que promueva la confianza colectiva y la "isonom&iacute;a" entre los miembros de la sociedad, as&iacute; como tambi&eacute;n que genere una <i>pr&aacute;ctica judicial</i> que mantenga una relaci&oacute;n estable entre comportamiento humano y prescripci&oacute;n normativa, es decir, que en la argumentaci&oacute;n (justificaci&oacute;n) de sus decisiones articule de manera satisfactoria el c&oacute;digo de valores socialmente construido, y el marco normativo establecido en el sistema jur&iacute;dico.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ackerman, Bruce, <i>The future of liberal revolution,</i> New Heaven, Yale University Press, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300518&pid=S1665-0565200600020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aguil&oacute;, Joseph, "De nuevo sobre 'independencia e imparcialidad de los jueces y argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica'", <i>Jueces para la Democracia. Informaci&oacute;n y Debate,</i> n&uacute;m. 46, Madrid, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300520&pid=S1665-0565200600020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arendt, Hannah, <i>Los or&iacute;genes del totalitarismo 2,</i> Madrid, Alianza Editorial, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300522&pid=S1665-0565200600020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Camp, Roderic Ai (ed.), <i>Democracy in Latin America: Patterns and Cycles,</i> Wilmington, Scholarly Resources Inc., 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300524&pid=S1665-0565200600020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cansino, C&eacute;sar, y &Aacute;ngel Serme&ntilde;o, "Am&eacute;rica Latina: una democracia toda por hacerse", <i>Metapol&iacute;tica,</i> vol. 1, n&uacute;m. 4, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300526&pid=S1665-0565200600020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cleary, Edward L., <i>The struggle for human rights in Latin America,</i> Westport, Praeger, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300528&pid=S1665-0565200600020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Collier, David, y Steven Levitsky, "Democracy with adjectives: conceptual innovation in comparative research", <i>World of Politics,</i> vol. 49, n&uacute;m. 3, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300530&pid=S1665-0565200600020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diamond, Larry (ed.), <i>Consolidating the third wave democracies,</i> Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300532&pid=S1665-0565200600020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diamond, Larry, y Leonardo Morlino, "An Overview", <i>Journal of Democracy,</i> vol. 15, n&uacute;m. 4, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300534&pid=S1665-0565200600020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dom&iacute;nguez, Jorge, y Abraham F. Lowental, <i>Constructing democratic governance: M&eacute;xico, Central America, and the Caribbean in the 1990s,</i> Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300536&pid=S1665-0565200600020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Farer, Tom, <i>Beyond sovereignty: collectively defending democracy in the Americas,</i> Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300538&pid=S1665-0565200600020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foweraker, Joe y Todd Landman, <i>Citizenship rights and social movements: a comparative and statistical analysis,</i> Oxford, Oxford University Press, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300540&pid=S1665-0565200600020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fraser, Nancy, (2005) "Redefiniendo el concepto de justicia en un mundo globalizado", <i>Anales de la C&aacute;tedra Francisco Su&aacute;rez,</i> IVR 2005, Law and Justice in a global society, Granada, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300542&pid=S1665-0565200600020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garret&oacute;n, Manuel Antonio, "Human rights in processes of democratization", <i>Journal of Latin American Studies, </i>n&uacute;m. 26, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300544&pid=S1665-0565200600020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garz&oacute;n Valdez, Ernesto, <i>Derecho y democracia en Am&eacute;rica Latina,</i> Granada, Anales de la C&aacute;tedra Francisco Su&aacute;rez 33, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300546&pid=S1665-0565200600020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "El papel del Poder Judicial en la transici&oacute;n democr&aacute;tica", <i>Isonom&iacute;a,</i> n&uacute;m. 18, M&eacute;xico, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300548&pid=S1665-0565200600020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J&uuml;rgen, <i>Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado democr&aacute;tico de derecho en t&eacute;rminos de la teor&iacute;a del discurso,</i> Madrid, Trotta, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300550&pid=S1665-0565200600020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hartlyn, Jonathan, y Arturo Valenzuela, "Democracy in Latin America since 1930", en Leslie Bethel (ed.), <i>Latin Americans politics and society since 1930,</i> Cambridge, Cambridge University Press, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300552&pid=S1665-0565200600020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huntington, Samuel P., <i>La tercera ola de la democratizaci&oacute;n a finales del siglo</i> <i>XX,</i> Barcelona, Paid&oacute;s, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300554&pid=S1665-0565200600020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jelin, Elizabeth, <i>Citizenship revisited: solidarity, responsibility and rights,</i> en Elizabeth Jelin y Eric Hershberg (eds.), <i>Constructing democracy: human rights, citizenship, and society in Latin America,</i> Boulder, Westview Press, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300556&pid=S1665-0565200600020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Karl, Terry Lynn, <i>Dilemmas of democratization in Latin America,</i> en Roderic Ai Camp (ed.), <i>Democracy in Latin America: Patterns and cycles,</i> Wilmington, Scholarly Resources Inc., 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300558&pid=S1665-0565200600020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lijphart, Arend, Democracies: Patterns of mayoritarian and consensus government in twenty&#45;one countries, New Haven/London, Yale University Press, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300560&pid=S1665-0565200600020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Linz, Juan, "The perils of presidentialism", <i>Journal of democracy,</i> vol. 1, n&uacute;m. 1, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300562&pid=S1665-0565200600020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Linz, Juan y Alfred Stepan, (1996) <i>Problems of democratic transition and consolidation, South America, and Post&#45;Communist Europe,</i> Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300564&pid=S1665-0565200600020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Linz, Juan y Arturo Valenzuela, <i>The failure of presidential democracy,</i> Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300566&pid=S1665-0565200600020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mainwaring, Scott, y Mattehew Shugart, <i>Presidentialism and democracy in Latin America,</i> Nueva York, Cambridge University Press, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300568&pid=S1665-0565200600020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maravall, Jos&eacute; Mar&iacute;a, y Adam Przeworsky, <i>Democracy and the Rule of Law,</i> Cambridge, Cambridge University Press, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300570&pid=S1665-0565200600020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'donnell, Guillermo, "Delegative democracy", <i>Journal of Democracy,</i> vol. 5, n&uacute;m. 1, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300572&pid=S1665-0565200600020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Illusions about Consolidation", <i>Journal of Democracy, </i>vol. 7, n&uacute;m. 2, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300574&pid=S1665-0565200600020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</i>, <i>Polyarchies and the (un)rule of law in Latin America, </i>Estudio/Working Paper 1998/125, Madrid, Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales de la Fundaci&oacute;n Juan March, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300576&pid=S1665-0565200600020000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;rez&#45;Li&ntilde;an, An&iacute;bal S., "Pugna de poderes y crisis de gobernabilidad: &iquest;Hacia un nuevo presidencialismo?", <i>Latin American Research Review,</i> vol. 38, n&uacute;m. 3, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300578&pid=S1665-0565200600020000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Przeworsky, Adam, "Democracy as a contingent outcome of conflicts", en Jon Elster y Rune Slagstad, <i>Constitutionalism and democracy, studies in rationality and social change,</i> Cambridge, Cambridge University Press, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300580&pid=S1665-0565200600020000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Putnam, Robert D., <i>Making democracy work: civic traditions in modern Italy,</i> Princeton, Princeton University Press, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300582&pid=S1665-0565200600020000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori, Giovanni, <i>Ingenier&iacute;a constitucional comparada. Una investigaci&oacute;n de estructuras, incentivos y resultados,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300584&pid=S1665-0565200600020000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shugart, Mattehew, y John M. Carey, <i>Presidents and assemblies. Constitutional design and electoral dynamics,</i> Cambridge, Cambridge University Press, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300586&pid=S1665-0565200600020000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stotzky, Irwin P. (comp.), <i>Transitions to democracy in Latin America: The Role of the Judiciary,</i> Boulder, Westview Press, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300588&pid=S1665-0565200600020000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tarrow, Sidney, <i>El poder en movimiento: los movimientos sociales, la acci&oacute;n colectiva y la pol&iacute;tica,</i> Madrid, Alianza Editorial, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300590&pid=S1665-0565200600020000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Valenzuela, Arturo, "Latin American presidencies interrupted", <i>Journal of Democracy,</i> vol. 15, n&uacute;m. 4, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300592&pid=S1665-0565200600020000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas </b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>*</sup> Agradezco la lectura cuidadosa y las observaciones a este trabajo de Josep Aguil&oacute;, Manuel Atienza, Juan A. P&eacute;rez Lled&oacute;, Victoria Roca, &Aacute;ngeles R&oacute;denas, Juan Ruiz Manero y Alfonso Ruiz Miguel.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;El <i>ox&iacute;moron</i> es una figura ret&oacute;rica que consiste en el enfrentamiento de dos palabras o frases de significado inverso en donde el adjetivo es contradictorio con el sustantivo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Un cat&aacute;logo amplio que da cuenta del estado de la cuesti&oacute;n y explica las estrategias de investigaci&oacute;n de estos cient&iacute;ficos est&aacute; en un trabajo de David Collier y Steven Levitsky (1997). En el documento discuten ampliamente el problema de la tasa de especificidad que deben poseer los conceptos de democracia elaborados a efectos de la investigaci&oacute;n comparada, y aunque reconocen la necesidad de aumentar la diferenciaci&oacute;n anal&iacute;tica para distinguir particularidades funcionales de diversos gobiernos con elementos democr&aacute;ticos, previenen sobre la confusi&oacute;n que genera la excesiva proliferaci&oacute;n de f&oacute;rmulas conceptuales de subtipos de democracia con "adjetivos".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. En 1990 y en 1994 Juan Linz inicia el debate presentando algunos "peligros del presidencialismo", entre los que se encuentran: a) una estructura de poder dividido que provoca par&aacute;lisis y estancamiento; b) la alta probabilidad de conflicto entre poderes y la falta de mecanismos legales para resolverlo; c) el car&aacute;cter de suma cero de las elecciones presidenciales; d) la rigidez de los mandatos fijos; e) las reglas de no reelecci&oacute;n, y f) la dif&iacute;cil relaci&oacute;n con las fuerzas armadas. A partir de estos rasgos, Linz considera que el presidencialismo, al generar un sistema de doble autoridad democr&aacute;tica &#151;el presidente y los legisladores son elegidos en forma popular e independiente&#151; y descansar en el mandato fijo, no incentiva la cooperaci&oacute;n entre ambas ramas de gobierno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. En lo que toca al poder ejecutivo, hist&oacute;ricamente ha utilizado tres recursos para imponer la clausura de la asamblea legislativa (P&eacute;rez&#45;Li&ntilde;an, 2003: 158&#45;59). El primero ha sido la intervenci&oacute;n militar; Ecuador en el a&ntilde;o 2000 ha sido el &uacute;ltimo caso; antes, el autogolpe peruano en 1992, Uruguay en 1973, Ecuador en 1970, Argentina en 1962 y Honduras en 1954. La alternativa militar es poco recurrida en la actualidad, lo que no supone la neutralidad de las fuerzas armadas en los asuntos pol&iacute;ticos; lo importante es que el control civil se mantiene como la opci&oacute;n m&aacute;s leg&iacute;tima en situaciones de crisis. El segundo recurso del ejecutivo ha sido la elaboraci&oacute;n de normas constitucionales que lo autorizan a disolver al congreso de forma totalmente discrecional, como ejemplo, las constituciones de Paraguay hasta 1992 y la de Chile entre 1980 y 1989. El tercer recurso, utilizado por Hugo Ch&aacute;vez en Venezuela en 1999, es establecer una asamblea constituyente (el primer legislador) y, de esta forma, se disuelven las c&aacute;maras legislativas que hasta ese momento funcionaban, sin necesidad de la intervenci&oacute;n del ej&eacute;rcito o de acudir a poderes discrecionales del presidente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.&nbsp;Para remover de su cargo al presidente, el congreso se ha valido de dos mecanismos: el juicio pol&iacute;tico (Paraguay 1999, Venezuela 1993, Brasil 1992, Panam&aacute; 1955) y la declaraci&oacute;n de incapacidad (Ecuador 1997).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.&nbsp;Este escenario no ha ocurrido en el periodo que nos ocupa. El caso paradigm&aacute;tico es el de Chile, con el golpe de Estado al gobierno de Salvador Allende en 1973. En otros casos ha habido una intervenci&oacute;n temporal de los militares de corto plazo, como en Ecuador 1963, o incluso s&oacute;lo deponen al presidente y permiten que los procedimientos institucionales de sucesi&oacute;n se pongan en funcionamiento; Brasil entre 1946 y 1964 (cf. P&eacute;rez&#45;Li&ntilde;an, 2003: 155&#45;56).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">7.&nbsp;El diagn&oacute;stico m&aacute;s detallado basado en varios trabajos sobre el tema, en Cesar Cansino y &Aacute;ngel Serme&ntilde;o, 1997.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8.&nbsp;Larry Diamond y Leonardo Morlino (2004: 20&#45;31) consideran que las dimensiones de la calidad deben ser vistas desde tres aspectos: procedimientos (qu&eacute; vemos), resultados (qu&eacute; se hace), y contenidos (soluciones desde la igualdad y la solidaridad), aspectos que deben ser aplicados al ejercicio de gobierno para as&iacute; obligar a las autoridades a "la rendici&oacute;n de cuentas, la reciprocidad, libertad e igualdad social".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. La estructura del "dilema del prisionero", tal como fue inicialmente presentada, responde fundamentalmente a un prop&oacute;sito anal&iacute;tico que procura se&ntilde;alar las dificultades para armonizar la racionalidad individual y la colectiva. El dilema del prisionero describe una situaci&oacute;n en la que a dos prisioneros, de quienes se sospecha que son culpables de un crimen, se les aisla en celdas independientes, planteando a cada uno de ellos la posibilidad de que delate al otro. Si s&oacute;lo uno de los dos colabora con el fiscal, el que lo hace es absuelto y se le libera por ser un testigo de la acusaci&oacute;n, mientras que el otro es condenado a 12 a&ntilde;os de c&aacute;rcel. Si por el contrario los dos se delatan mutuamente, se obtienen pruebas que permiten condenar duramente (10 a&ntilde;os) a ambos. Finalmente, si ambos niegan su participaci&oacute;n, son condenados a penas menores (un a&ntilde;o) al ser acusados del delito menos grave del que ya se tienen pruebas suficientes. La tabla de pagos es como sigue (el signo negativo indica los a&ntilde;os de p&eacute;rdida de libertad para el prisionero):</font></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/espiral/v12n36/a1c2.jpg"></p>     <p><font face="verdana" size="2">Como se observa, la decisi&oacute;n m&aacute;s racional (con menor riesgo) es negar la participaci&oacute;n en el crimen y delatar al otro prisionero, y por tanto, asumir una actitud no cooperativa con los intereses que no sean los propios. En este sentido, el modelo del dilema del prisionero expresa claramente las dificultades de un agente cuando desea cooperar. Las dificultades se derivan principalmente de dos situaciones: a) de la desconfianza a ser v&iacute;ctima si se autolimita el propio inter&eacute;s en favor de la colectividad; b) de la ventaja que representa aprovecharse indebidamente de las concesiones de los otros actores.</font></p>     <p><font face="verdana" size="2">10. &iquest;En qu&eacute; consisten el deber de independencia y el de imparcialidad de los jueces? &iquest;Por qu&eacute; esas caracter&iacute;sticas los "cargan" de ciertos poderes a favor de los ciudadanos que no tienen otras agencias de gobierno? No es &eacute;ste el mejor lugar para abordar el tema pero, sirvi&eacute;ndome de las ideas de Josep Aguil&oacute; (2003), provoco al lector a que lo haga: "...el deber de independencia de los jueces tiene su correlato en el derecho de los ciudadanos a ser juzgados desde el derecho, no desde relaciones de poder, juegos de intereses o sistemas de valores extra&ntilde;os al derecho... Independiente e imparcial es el juez que aplica el derecho y lo hace por las razones que el derecho le suministra. Con ello se trata de proteger el derecho de los ciudadanos a ser juzgados desde el derecho y tambi&eacute;n la credibilidad de las decisiones y las razones jur&iacute;dicas".</font></p>      ]]></body><back>
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