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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Acompañando a un adicto en recuperación]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Testimonios</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"> &nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"> <b>Acompa&ntilde;ando a un adicto en recuperaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"> &nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"> <b>Tending a Recovering Adict</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Un familiar an&oacute;nimo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"> &nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"> <b>1</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&eacute; cuantos a&ntilde;os viv&iacute; con la ansiedad, el desasosiego y el temor como acompa&ntilde;ante. Ten&iacute;a tanto miedo a que mi hijo muriera por su adicci&oacute;n al alcohol (y que mucho despu&eacute;s supe que &eacute;sa hab&iacute;a sido s&oacute;lo el inicio de otras adicciones). Fueron muchos a&ntilde;os y el desgaste emocional fue enorme. Cuando no llegaba en la noche, cuando llegaba y lo ol&iacute;a y abrazaba y &eacute;l lloraba como beb&eacute;, cuando me hablaba por tel&eacute;fono a altas horas de la madrugada para decirme que lo hab&iacute;an asaltado, o le hab&iacute;an robado el coche o hab&iacute;a chocado. Cuando me dec&iacute;a que no pasaba nada, que yo exageraba, que &eacute;l estaba bien, que s&oacute;lo hab&iacute;a tomado unas copitas con los cuates. Y no me atrev&iacute;a a hablar con nadie sobre el asunto; es incre&iacute;ble, sabiendo que la cosa estaba tan mal no quer&iacute;a adem&aacute;s arriesgar la reputaci&oacute;n de mi hijo. S&oacute;lo una vez habl&eacute; con un muy buen amigo jesuita. Me dijo que no era mi culpa, que &eacute;l era un adulto joven que hab&iacute;a decidido ese camino y que &eacute;l deb&iacute;a encontrar la salida a su problema; insisti&oacute; mucho en que no me culpara y buscara desapegarme y ayudarlo cuando &eacute;l lo pidiera, si lo ped&iacute;a. Pero yo s&iacute; me culpaba. Estaba divorciada, no hab&iacute;a habido un padre en la casa desde que &eacute;l ten&iacute;a 10 a&ntilde;os, era muy d&eacute;bil para sostener mis reglas de convivencia y mi hijo muy inteligente para manipularme. Sent&iacute;a que no pod&iacute;a ser madre y padre y a la vez trabajar y llevar toda la carga dom&eacute;stica. Aunque unos a&ntilde;os despu&eacute;s ya no compartimos la vivienda, el miedo no se me quit&oacute;. No me funcion&oacute; muy bien aquello de &quot;ojos que no ven coraz&oacute;n que no siente&quot;; mi coraz&oacute;n sent&iacute;a, aun a miles de kil&oacute;metros de distancia, cuando decid&iacute; poner m&aacute;s distancia, en realidad, huyendo. Mi bolsillo tambi&eacute;n se resent&iacute;a, pues con su tarjeta bancaria adicional empez&oacute; a pedir &quot;prestado&quot; cada vez m&aacute;s. Y yo pagaba pensando que as&iacute; no har&iacute;a peores cosas. No s&eacute; cu&aacute;ntos a&ntilde;os pasaron, pero fueron muchos. Lo ve&iacute;a a menudo, para comprobar que estuviera &quot;bien&quot;, es decir, vivo. Cuando me result&oacute; insoportable ver sus grandes ojeras, su desempleo, su salud f&iacute;sica minada, las cajas de pastillas para dormir, y que se quedara en la cama sin levantarse m&aacute;s que para ir al ba&ntilde;o, fui a pedir ayuda e informaci&oacute;n con los expertos; yo hab&iacute;a llegado a mi l&iacute;mite. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"> <img src="/img/revistas/desacatos/n29/a10f1.jpg" alt=""></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"> <b>2</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera pl&aacute;tica de orientaci&oacute;n que recib&iacute; en una cl&iacute;nica especializada en el tratamiento de las adicciones aprend&iacute; mucho y supe que lo que yo dec&iacute;a conocer acerca de las adicciones eran meras superficialidades. Mi hijo ten&iacute;a una enfermedad, una adicci&oacute;n qu&iacute;mica, una dependencia a sustancias; una enfermedad que es cr&oacute;nica y, por tanto, incurable, progresiva y mortal, por ello hay que detener el consumo. Su origen es multifactorial (gen&eacute;tico en cuanto a la propensi&oacute;n, psicol&oacute;gico, familiar, cultural por la amplia permisividad social en el uso del alcohol). Los enfermos, en la fase cr&iacute;tica, experimentan una p&eacute;rdida de control, justifican su consumo a trav&eacute;s de la negaci&oacute;n, la minimizaci&oacute;n, la racionalizaci&oacute;n y la transferencia (echar la culpa a otros), tienen actitudes fanfarronas, conductas agresivas, pueden tener periodos de abstinencia completa y todo el cuadro influye en un cambio en las costumbres familiares y sus patrones de relaci&oacute;n. Fue muy doloroso escuchar que el adicto es una persona que tiene el alma rota. No puede expresar bien el amor que tiene y es capaz de herir y agredir a quienes m&aacute;s quiere, sin quererlo. El adicto se autodestruye; algo, que &eacute;l tiene que averiguar, le rompi&oacute; el coraz&oacute;n y la autoestima. Su condici&oacute;n es de dolor, resentimiento, miedo y soledad. No puede procesar su vida normalmente y compensa como puede. Pero resulta que la familia del adicto tambi&eacute;n se enferma; tiene sentimientos de enojo, frustraci&oacute;n, culpa, verg&uuml;enza, que pueden convertirse en conductas facilitadoras hacia el adicto, como pueden ser la sobreprotecci&oacute;n, la complicidad, la indiferencia, el rega&ntilde;o, la agresi&oacute;n, la evasi&oacute;n, el control, la recompensa, la victimizaci&oacute;n. Esa primera pl&aacute;tica me afect&oacute; enormemente. Cada descripci&oacute;n de casos que hac&iacute;a el m&eacute;dico orientador me provocaba un intenso dolor; pod&iacute;a identificar a mi hijo en las etapas de adicci&oacute;n recorridas, en los comportamientos, en las respuestas m&iacute;as. Y las explicaciones y la informaci&oacute;n me hicieron ver qu&eacute; poco sab&iacute;a yo del asunto y qu&eacute; enorme era el problema de las adicciones en M&eacute;xico. La cantidad de sustancias que existen y lo generalizado de su consumo, los efectos sobre las personas, representan un problema social may&uacute;sculo. El tratamiento se dirige al manejo m&eacute;dico de la desintoxicaci&oacute;n y a tratar el esp&iacute;ritu del enfermo mediante el programa constante de los Doce Pasos y los grupos de autoayuda AA. Usando la informaci&oacute;n y el miedo trat&eacute; de convencer a mi hijo de que se internara. Pero no acept&oacute; la primera invitaci&oacute;n. Ello se logr&oacute; meses despu&eacute;s con un trabajo llamado de &quot;intervenci&oacute;n&quot;, que se hace cuando existe negaci&oacute;n absoluta del adicto y en una reuni&oacute;n cuidadosamente planeada con personas allegadas se le convence, con informaci&oacute;n y emoci&oacute;n, de la imperiosa necesidad de que reciba ayuda y tratamiento. Literalmente, se le dej&oacute; caer &quot;una ola de amor&quot;. Con su aceptaci&oacute;n, se inici&oacute; su internamiento por cinco semanas; comenz&oacute; el tratamiento m&eacute;dico y espiritual para &eacute;l y el tratamiento para la familia. Mi desasosiego se alejaba por primera vez en a&ntilde;os. &#91;<a href="/img/revistas/desacatos/n29/a10f2.jpg" target="_blank">Foto</a>&#93; </font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"> <b>3</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No sab&iacute;a lo que era un grupo de autoayuda hasta que me vi literalmente inmersa en uno; los familiares de los adictos internos constituimos un grupo. Nuestros parientes hab&iacute;an iniciado su trabajo de recuperaci&oacute;n e igual har&iacute;amos nosotros. Hab&iacute;amos madres, en menor n&uacute;mero padres, hermano(a)s, esposa(o)s, t&iacute;as, primas. Con las pl&aacute;ticas de los terapeutas y nuestras respuestas e interrogantes, empezaron a desfilar todas las vivencias que, en mayor o menor grado, hab&iacute;amos experimentado todos. Yo sent&iacute; mucho amor, mucha solidaridad en cada paso que se daba y las l&aacute;grimas no paraban de fluir, por horas. Desde que empezaban las reuniones con nuestras presentaciones, &quot;soy fulana(o) de tal y me siento &hellip;&quot; (y aqu&iacute; ven&iacute;an las palabras que mejor describ&iacute;an nuestro sentimiento) y la oraci&oacute;n de la serenidad que dec&iacute;amos en voz alta, &quot;Dios, (o lo que para cada uno es dios) conc&eacute;deme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar aquellas que s&iacute; puedo; sabidur&iacute;a para distinguir la diferencia&quot;, todo el ambiente era de sentimientos, m&aacute;s que de racionalizaciones. Los problemas de comunicaci&oacute;n en las familias, los comportamientos codependientes cuando los hab&iacute;a, las culpas, la verg&uuml;enza, &quot;&iquest;Quieres salvar a otro? S&aacute;lvate primero&quot;. Los enfermos en recuperaci&oacute;n participaban con sus familiares en algunas actividades. Para muchos, estoy segura, era la primera vez que realmente nos sent&aacute;bamos a mirarnos, a decirnos cosas guardadas, a expresar nuestros sentimientos alrededor de la adicci&oacute;n. En un ejercicio mi hijo y yo nos sentamos frente a frente, rodillas contra rodillas y tomados de la mano para decirnos, cada uno en su turno y escuchando con el alma, qu&eacute; dolor hab&iacute;amos sentido, cu&aacute;l da&ntilde;o hab&iacute;amos causado y qu&eacute; nos agradec&iacute;amos mutuamente. La energ&iacute;a entre nuestros dos seres era inaudita y las l&aacute;grimas, incontables. &iquest;Cu&aacute;ndo antes nos hab&iacute;amos podido decir mi hijo y yo esas cosas? Y los otros hijos y los hermanos y los c&oacute;nyuges. Los sollozos, los <I>kleenex</I>, los suspiros llenaban el gran cuarto. En otras sesiones conjuntas, familiares con adictos, escuchamos historias de adictos en recuperaci&oacute;n que nos romp&iacute;an el alma; no era posible tanto dolor, y, sin embargo, lo hab&iacute;an sufrido y lo hab&iacute;an superado, o mejor dicho, lo estaban superando d&iacute;a con d&iacute;a. Las catarsis a veces alcanzaban cimas, en emoci&oacute;n, en l&aacute;grimas, que nunca antes pens&eacute; podr&iacute;a yo expresar en p&uacute;blico. Como cuando formamos un gran c&iacute;rculo y quemamos simb&oacute;licamente conductas impropias, o dibujamos nuestros miedos, tristezas, arrepentimientos y triunfos y nos abraz&aacute;bamos en cada cierre de sesi&oacute;n. En grupos m&aacute;s peque&ntilde;os funcionamos como reuni&oacute;n de AA y comprob&eacute; c&oacute;mo puede ser efectiva la ayuda mutua y c&oacute;mo se quita la pena de hablar frente a personas casi desconocidas sobre eventos y comportamientos muy personales. En privado, con el terapeuta familiar, mi hijo y yo discutimos, con la mayor honestidad de la que fuimos capaces, la cuesti&oacute;n de los l&iacute;mites, los resentimientos, el futuro deseado. Nuestras l&aacute;grimas y nuestros abrazos, que permit&iacute;an sentir los latidos de los corazones, fueron el acompa&ntilde;amiento habitual en esas sesiones. De esas semanas yo guardo no s&oacute;lo un aprendizaje fundamental, sino el sentimiento de amor maternal m&aacute;s grande que he llegado a experimentar. Y tambi&eacute;n hasta d&oacute;nde soy capaz de vivir mi vida y ser responsable de m&iacute; para poder establecer una nueva relaci&oacute;n con mi hijo. Yo sigo con mi recuperaci&oacute;n al igual que &eacute;l, quien felizmente contin&uacute;a sobrio y viviendo su programa de Doce Pasos. D&iacute;a con d&iacute;a continuamos con nuestro propio proceso. No todos los adictos que se internaron en la &eacute;poca en que lo hizo mi hijo siguen as&iacute;; infelizmente hubo varias reca&iacute;das que, quiero suponer, estar&aacute;n tratando de superar. Yo, como madre, en caso de una reca&iacute;da de &eacute;l podr&eacute; ofrecerle ayuda s&oacute;lo si me la solicita. Tambi&eacute;n sigo aprendiendo a no girar al ritmo de su vida y a evitar mis reca&iacute;das volviendo a ejercer conductas err&oacute;neas en la relaci&oacute;n con un adicto en recuperaci&oacute;n. El tratamiento no resulta igual para todos; realmente hay que ser fuerte, hay que tener mucha fe, hay que ser humilde, hay que tener valor para cambiar. D&iacute;a por d&iacute;a. Soy una madre que siente tranquilidad. &#91;<a href="/img/revistas/desacatos/n29/a10f3.jpg" target="_blank">Foto</a>&#93; </font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">M&eacute;xico, 2008.</font></p>      ]]></body>
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