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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Esquinas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El abandono de la arrogancia</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Irma Am&eacute;zquita</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto Tecnol&oacute;gico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Guadalajara.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Como en un espejo que refleja los</i>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	<i>movimientos de tu vida,</i>    <br> 	<i>ese r&iacute;o contiene reflejos de m&iacute;...</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Iron Maiden,    <br> 	<i>Hermanos de sangre</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por primera vez concebimos al planeta como una unidad de relaciones. La globalizaci&oacute;n, con sus din&aacute;micas de migraci&oacute;n, hibridaci&oacute;n, flujos, roces e intersecciones, exige un nuevo <i>ethos</i> que la antropolog&iacute;a, en su oficio de encuentro con los otros, puede ayudar a configurar. A trav&eacute;s de un an&aacute;lisis de los relatos de viajeros y los escritos etnogr&aacute;ficos de los primeros antrop&oacute;logos hasta la primera mitad del siglo XX, la cr&iacute;tica Mary Louise Pratt encuentra, bajo la escritura neutra, en apariencia, ciertas observaciones de los estudiosos occidentales que evidencian las consecuencias del colonialismo. Desde luego, los antrop&oacute;logos bajo an&aacute;lisis no se percataron, en el trabajo de campo o en la redacci&oacute;n etnogr&aacute;fica, de dichas implicaciones. Debemos a la perspectiva hist&oacute;rica y al contraste de los an&aacute;lisis textuales la luz sobre estos &aacute;ngulos de reflexi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n8/a8i1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, en su libro de 1940, Los <i>nuer,</i> el antrop&oacute;logo Evans&#45;Pritchard hace un recuento de su viaje al &Aacute;frica en 1930, en el que se deja traslucir su incomodidad ante las lluvias torrenciales, los errores y la negligencia de los empleados de la zona que impiden que cuente con sus provisiones y equipaje:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegu&eacute; a Nuerlandia a principios de 1930. El clima tormentoso impidi&oacute; que mi equipaje se uniera conmigo en Marsella, y debido a errores de los que yo no fui responsable, mis provisiones de comida no fueron enviadas desde Malakal y tampoco se les dijo a mis sirvientes de Zande que fueran a recibirme &#91;...&#93; Cuando llegu&eacute; a Hoahuang, en el Bahr Chazad, los misioneros cat&oacute;licos fueron muy bondadosos. Esper&eacute; por nueve d&iacute;as, junto al r&iacute;o, los portadores que me hab&iacute;an sido prometidos; para el d&eacute;cimo d&iacute;a s&oacute;lo cuatro de ellos hab&iacute;an llegado... En la ma&ntilde;ana siguiente part&iacute; para el pueblo vecino de Pakur, donde mis portadores armaron el pabell&oacute;n y las tiendas en el centro de una llanura sin &aacute;rboles, cerca de algunos hogares, y se negaron a armarlos a la sombra, un poco m&aacute;s lejos. El pr&oacute;ximo d&iacute;a lo consagr&eacute; a erigir mi tienda e intentar persuadir a los nuer... de armar mi morada junto a la vecindad de la sombra y el agua, cosa que ellos se negaron a hacer (cit. en Pratt, 1986, pp. 39&#45;40).</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La aspereza del explorador&#45;aventurero Victoriano que encarna Evans&#45;Pritchard forma parte de una figura que se expone a todo tipo de peligros e incomodidades en nombre de lo que considera una misi&oacute;n nacional m&aacute;s elevada. Parad&oacute;jicamente, escritos como los de Evans&#45;Pritchard expresan las condiciones del trabajo de campo de la antropolog&iacute;a (el car&aacute;cter de los nativos, su hostilidad y des&aacute;nimo, su clima pavoroso) como un impedimento a esta tarea y no como parte de las implicaciones del trabajo de campo en s&iacute;, sin prestar atenci&oacute;n a las condiciones de explotaci&oacute;n, saqueo y exterminio en las que viv&iacute;an los sujetos de estudio (Pratt, <i>op. cit.).</i></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n8/a8i2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contrastemos este texto con otro: en 1969, en plena carrera armamentista y con una conciencia agudizada sobre los problemas ecol&oacute;gicos y sociales de todo el globo, cuando las cosmovisiones modernas evidenciaban su desgaste (los "ismos" y las utop&iacute;as) y se reconoc&iacute;a en la historia de las civilizaciones una tendencia inexorable al declive, Margaret Mead, en su libro <i>Cultura y compromiso,</i> se inscribe en el grupo de hombres y mujeres preocupados por la salvaci&oacute;n planetaria, y escribe a favor de un modelo global de cooperaci&oacute;n mutua, alejado de la "suma cero" (concepto de la teor&iacute;a de juegos que expresa que, en un sistema, la ganancia de un elemento conlleva su p&eacute;rdida para alguien m&aacute;s), favorecedor de un equilibrio generado por una "entrop&iacute;a negativa" en la que las concentraciones de informaci&oacute;n invierten la tendencia hacia la desorganizaci&oacute;n y el caos (Mead, 1997, p. 30). El ejercicio que permitir&aacute; al hombre semejante inversi&oacute;n de la entrop&iacute;a estar&iacute;a basado en la <i>comprensi&oacute;n</i> amplia del universo y de los otros que viven en &eacute;l. Mead, antropologa de profesi&oacute;n, escrib&iacute;a esto luego de treinta a&ntilde;os de carrera y podr&iacute;a corresponder al estereotipo cultivado por los medios del antrop&oacute;logo como amante de la naturaleza y preocupado por los nativos. Sin embargo, comp&aacute;rese esto con la visi&oacute;n escrita 29 a&ntilde;os atr&aacute;s por Evans&#45;Pritchard, antrop&oacute;logo tambi&eacute;n, y fiel exponente de una antropolog&iacute;a m&aacute;s temprana. Evans&#45;Pritchard no es un modelo del occidental colonizador y desde&ntilde;oso. Son de hecho, trabajos como el suyo sobre los nuer, y la misma labor antropol&oacute;gica en sus continuos encuentros con el Otro los que propiciaron el cambio de actitud que cristaliza de forma tan clara en las palabras de Mead.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Geertz opinaba que si se sabe lo que un antrop&oacute;logo piensa sobre lo que es un salvaje, ya se tiene la clave de su obra, y si se sabe lo que piensa sobre s&iacute; mismo, podremos adivinar el tipo de cosas que dir&aacute; sobre la tribu que estudia (Geertz, 1997:287). Del mismo modo, al estudiar en retrospectiva el cuerpo de investigaciones de varias generaciones de antrop&oacute;logos, tendremos la clave de la antropolog&iacute;a. Nacida dentro del funcionalismo, buscaba encontrar las leyes generales del comportamiento humano a trav&eacute;s del estudio de un Otro ex&oacute;tico y primitivo. La antropolog&iacute;a ha aprendido mucho desde entonces. Ha reelaborado su pasado m&iacute;tico (&eacute;ste es uno de sus aprendizajes: los civilizados estudiosos europeos tampoco est&aacute;n libres de mitos en la construcci&oacute;n de su historia) y se ha percatado de que mirar al otro implica mirarse uno mismo. La postura arrogante que manifiesta de manera inconsciente un Evans&#45;Pritchard que observa al otro con desd&eacute;n y a distancia, as&iacute; como el convencimiento de la superioridad y el avance frente al otro primitivo y "atrasado", han tenido que abandonarse a costa de un gran esfuerzo y no sin cierta resistencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;ste podr&iacute;a ser un resumen de un ejercicio de reelaboraci&oacute;n hist&oacute;rica ejercido con autocr&iacute;tica por el mismo Occidente:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace cinco siglos un pu&ntilde;ado de pueblos relativamente atrasados de la Europa occidental sal&iacute;an de un largo letargo cient&iacute;fico y cultural. Impulsaban vigorosamente su comercio, multiplicaban los avances cient&iacute;ficos y los aplicaban en una serie de innovaciones tecnol&oacute;gicas que les permitieron ejercer muy pronto el dominio sobre otras regiones del mundo y, m&aacute;s tarde, sobre todo el globo. Miraron atr&aacute;s y buscaron en su pasado las razones para el fen&oacute;meno de su poder&iacute;o, al que pronto calificaron de "superioridad" frente a los otros pueblos. Autoproclamados herederos de la cultura grecorromana por un lado y, por otro, poseedores de la cosmovisi&oacute;n judeocristiana, que implica la sensaci&oacute;n de vivir una historia lineal, fijada de antemano por leyes divinas, y marcados con la convicci&oacute;n de ser los "elegidos", los habitantes de estos pueblos se tomaron como medida de todas las cosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pronto, el uso y la pr&aacute;ctica dominante de la ciencia relegaron las cuestiones m&aacute;s visibles de las implicaciones religiosas y sociales en las acciones de estos hombres, e impusieron sus propias visiones, cuya fuerza y aparente universalidad ocultaba muchas veces su origen.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n8/a8i3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hab&iacute;a un orden universal que se expresaba en leyes inmutables, cognoscibles para el hombre. La ciencia se hab&iacute;a revelado como el camino m&aacute;s id&oacute;neo para aprehenderlas, as&iacute; que cualquier intento de un conocimiento sistematizado y v&aacute;lido ten&iacute;a que asemejarse a las ciencias f&iacute;sicas, al pensamiento cartesiano que hab&iacute;a representado un cisma respecto a la filosof&iacute;a anterior. El nacimiento de las ciencias sociales est&aacute; marcado por el esfuerzo consciente de ganar legitimidad al imitar al canon de la ciencia pura: la f&iacute;sica de Newton. La faceta desconocida de Newton como alquimista que intercambiaba recetas para transformar el hierro en cobre y su &aacute;nimo monote&iacute;sta por encontrar las leyes puras tras las apariencias de la materia en el sentido plat&oacute;nico (Gonz&aacute;lez de Alba, 1998:225&#45;238) explican mejor su concepci&oacute;n del espacio y el tiempo absolutos, muy &uacute;tiles para sistematizar y explicar la mec&aacute;nica celeste y los fen&oacute;menos dispersos de la f&iacute;sica en su momento, pero que fueron tambi&eacute;n los supuestos asumidos y naturalizados al interior de las nacientes ciencias sociales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La antropolog&iacute;a, originalmente un estudio&#45;inventario de los pueblos que desaparecer&iacute;an luego de las fuerzas "modernizadoras" europeas, fue desarroll&aacute;ndose, y en el juego de repartici&oacute;n de la realidad, se apropi&oacute; de la parcela "sociedades for&aacute;neas". Si la trilog&iacute;a econom&iacute;a&#45;pol&iacute;tica&#45;sociolog&iacute;a estudiaba los fen&oacute;menos al interior de los florecientes Estados&#45;naci&oacute;n, la antropolog&iacute;a se encargar&iacute;a de dar cuenta sobre los pueblos "primitivos", aquellos con un Estado d&eacute;bil o inexistente. Cuando la biolog&iacute;a evolucionista impuso sus concepciones y &eacute;stas fueron extrapoladas al campo social, la antropolog&iacute;a sirvi&oacute; despu&eacute;s para elaborar retratos sobre los pueblos que representaban estadios congelados en el desarrollo de las sociedades. En esta visi&oacute;n, la Historia, con may&uacute;scula, registraba la evoluci&oacute;n de los pueblos de Europa; la antropolog&iacute;a permit&iacute;a revisar <i>in situ</i> c&oacute;mo hab&iacute;an sido antes del desarrollo de la civilizaci&oacute;n. El "salvaje inocente" era la expresi&oacute;n viva de la propia infancia social perdida en la bruma de los tiempos prehist&oacute;ricos. Estudiarlo era aprender un poco m&aacute;s de nosotros mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durkheim, padre de la sociolog&iacute;a y del funcionalismo, influy&oacute; en toda una generaci&oacute;n de funcionalistas en varias disciplinas que buscaron descubrir las leyes que rigen los sistemas sociales de valores, normas y reglas, los elementos culturales que condicionan la acci&oacute;n social. Pronto, estos valores, normas y reglas se convirtieron en la definici&oacute;n aceptada de cultura y los elementos m&aacute;s importantes para su explicaci&oacute;n. Malinowsky, el padre de la antropolog&iacute;a moderna, impuso como m&eacute;todo &uacute;nico la <i>observaci&oacute;n participante:</i> el trabajo de campo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro del funcionalismo, sin embargo, los antrop&oacute;logos empezaron a percatarse de que los pueblos tomaban como cosa natural elementos socialmente construidos. Margaret Mead, por ejemplo, se&ntilde;al&oacute; que las supuestas diferencias gen&eacute;ricas biol&oacute;gicas son construidas. Los estudios etnometodol&oacute;gicos, que emparentan a la sociolog&iacute;a con la antropolog&iacute;a al estudiar fen&oacute;menos de las propias sociedades de los investigadores, daban ya el paso l&oacute;gico, que era el reconsiderar elementos que d&aacute;bamos por sentados como construcciones sociales. Las creencias extraordinarias de los otros nos permit&iacute;an enterarnos de la "caprichosidad" de las nuestras. El estudio de otros pueblos permit&iacute;a hacer un estudio cr&iacute;tico de la propia cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La concepci&oacute;n de "leyes" o "estructuras" subyacentes a toda organizaci&oacute;n humana era ya insuficiente para explicarse la diversidad. Adem&aacute;s, la creciente interdisciplinariedad entre las ciencias sociales oblig&oacute; a los antrop&oacute;logos a proveerse de otras fuentes. La hermen&eacute;utica, a trav&eacute;s principalmente de Geertz, y gracias a su &eacute;nfasis en el car&aacute;cter simb&oacute;lico de la cultura humana, proporcion&oacute; otra acepci&oacute;n del quehacer antropol&oacute;gico: ya no se aspiraba a descubrir las leyes del comportamiento humano, sino a interpretar las creencias de los otros. Los alumnos de Geertz llevaron su trabajo interpretativo a la conclusi&oacute;n de que las formas culturales, en tanto maneras de interpretar la realidad, son formas de conocimiento hist&oacute;ricamente construido, con un momento y un lugar de dominio, como la misma ciencia antropol&oacute;gica. Las palabras y los conceptos "cient&iacute;ficos" ocultan y <i>naturalizan</i> construcciones hist&oacute;ricas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este fugaz recorrido sirve para situar la historia de una arrogancia, de una mirada desde las alturas de una presunta superioridad, que, a fuerza de insistir en mirar al otro, comienza a percatarse de la ridiculez de sus pretensiones. A partir de la fatuidad de querer descubrir y dominar las leyes de la urdimbre de la realidad humana, se ha asumido una actitud de humilde interpretaci&oacute;n, que aspira a no tergiversar demasiado lo que el otro ya ha representado para s&iacute; mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, la historia de la antropolog&iacute;a puede ser vista a trav&eacute;s del lente del enfrentamiento con el Otro, como un doloroso tr&aacute;nsito de la arrogancia a la conciencia de compartir un destino com&uacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo se dio ese tr&aacute;nsito?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Margaret Mead (1997:24) relata que cuando el antrop&oacute;logo Rhoda Metraux introdujo la cinta de grabaci&oacute;n en una tribu de Nueva Guinea, sus miembros se convirtieron en cr&iacute;ticos expertos de su propia m&uacute;sica. Al escuchar las cintas de sus ejecuciones, tuvieron a su alcance una nueva serie de datos que les serv&iacute;an para conocerse mejor. La tecnolog&iacute;a les permit&iacute;a observarse como lo habr&iacute;a hecho alg&uacute;n otro. Este desdoblamiento les dio autorreflexi&oacute;n y el &aacute;nimo de perfeccionarse; les confiri&oacute; una nueva conciencia. El antrop&oacute;logo se percata de s&iacute; mismo cuando contrasta sus estudios del Otro con su propio grupo y su propio ser. La tarea de entender una lengua, el aspecto de la cultura identificado desde hace m&aacute;s tiempo como un elemento desglosable de la herencia del hombre, ha sido equiparada (Mead, 1997: 61) con la tarea de entender la totalidad de una cultura. Los antrop&oacute;logos comenzaron a verse a s&iacute; mismos como traductores, como int&eacute;rpretes de las significaciones que otros les dan a la realidad y a sus vidas. Nos dice Geertz (1997: 20) que si uno desea comprender lo que es una ciencia, tiene que poner atenci&oacute;n a lo que hacen los que la practican, y lo que se hace en antropolog&iacute;a es etnograf&iacute;a, descripci&oacute;n densa, que no es otra cosa que una hermen&eacute;utica doble: interpretaci&oacute;n de interpretaciones. Para la escuela interpretativa, la antropolog&iacute;a no es una ciencia explicativa que a trav&eacute;s de leyes suministre respuestas a nuestras preguntas m&aacute;s profundas, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones que busca "darnos acceso a respuestas dadas por otros, que guardaban otras ovejas en otros valles, y as&iacute; permitirnos incluirlas en el registro consultable de lo que ha dicho el hombre" (Geertz, 1997:40).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n8/a8i4.jpg" target="_blank">Ocosocuautla, Chiapas; Agust&iacute;n Estrada</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Aug&eacute;, la antropolog&iacute;a est&aacute; apuntalada por un trinomio: la experiencia de la pluralidad, de la alteridad y de la identidad. La reflexi&oacute;n sobre la alteridad precede y permite cualquier definici&oacute;n de identidad (Aug&eacute;, 1995: 83); el lenguaje que permite pensar la alteridad es <i>ambiguo,</i> pues a trav&eacute;s de la relaci&oacute;n, de la influencia y de la implicaci&oacute;n se puede pensar en el otro como una entidad con una tercera cualidad que s&oacute;lo acepta esta doble negaci&oacute;n: no es ni buena ni mala. El objeto de la antropolog&iacute;a es el estudio de lo simb&oacute;lico o la cuesti&oacute;n del sentido, y en su an&aacute;lisis se manifiesta el hecho de que la identificaci&oacute;n supone el establecimiento de una relaci&oacute;n, la noci&oacute;n de que las alteridades son relativas a aquello que las define (como el sexo o la edad) pero no a aquello que las trasciende (el planeta, la humanidad). El estudio de la alteridad conlleva a la conciencia de la pluralidad. El otro es constitutivo de toda identidad individual, pero cuando la l&oacute;gica de la identidad predomina sobre la l&oacute;gica de la alteridad, como en el odio racial, los movimientos fundamentalistas y otros movimientos de fragmentaci&oacute;n opuestos a las tendencias globalizadoras, desemboca en la imposibilidad de concebir al otro como un otro verdadero (aquel que ni es semejante a m&iacute;, ni diferente de m&iacute; y que est&aacute; relacionado conmigo) (Aug&eacute;, 1995: 85&#45;87).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este tipo de reflexiones al interior de la antropolog&iacute;a fueron posibles luego de exhaustivas revisiones cr&iacute;ticas. Grossberg (1993:9) identifica en Descartes el origen de la diferencia como modeladora de la identidad. El fil&oacute;sofo privilegi&oacute; a la conciencia como la mediaci&oacute;n entre el individuo y la realidad, hizo a la identificaci&oacute;n de la subjetividad dependiente de la <i>temporalidad y,</i> al omitir a la locura del reino de la raz&oacute;n, permiti&oacute; que esta exclusi&oacute;n constituyera la posibilidad y la identidad de la raz&oacute;n misma. La <i>exclusi&oacute;n</i> de la filosof&iacute;a moderna no se queda en el discurso, sino que se ejerce en forma espacial y material en pr&aacute;cticas reales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cuestionamientos hacia pr&aacute;cticas y concepciones hist&oacute;ricas que modelan comportamientos culturales en la actualidad no se quedan ah&iacute; sino que sacuden los cimientos de las mismas ciencias que los engendran. Para Carey (1989: 62&#45;65), la falla de las ciencias sociales radica en que &eacute;stas no han sabido conversar con sus "sujetos", sino que les imponen significados, y esto <i>no es un buen terreno intelectual para una democracia eficaz.</i> La ciencia social as&iacute; entendida, con su visi&oacute;n de s&iacute; misma como el &uacute;nico logro cultural ver&iacute;dico, no nos ha permitido el estudio de la amplia variedad de formas culturales a trav&eacute;s de las cuales se crea la realidad. La cultura debe ser vista, primero, como un conjunto de pr&aacute;cticas, una forma de actividad humana, un proceso donde la realidad se crea, se mantiene y se transforma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A estos trabajos revisionistas han contribuido el fen&oacute;meno de transdisciplinariedad dentro de las ciencias sociales, el ingreso a la discusi&oacute;n de investigadores provenientes de antiguos territorios colonizados y la mundializaci&oacute;n del planeta. Los habitantes de los pueblos colonizados fueron los primeros en vivir (y padecer) el enfrentamiento con el otro. Los colonizadores, persuadidos de ser los portadores de un modelo de civilizaci&oacute;n universal, s&oacute;lo vieron en la otredad una forma primitiva o atrasada de su propia identidad y su relaci&oacute;n con el mundo no se vio modificada, aunque la antropolog&iacute;a haya sido uno de los primeros campos en verse sacudido por su creciente conciencia de la alteridad. Pero actualmente, con la aceleraci&oacute;n de la historia, el encogimiento espacial y el aislamiento individual, el descubrimiento del otro nos es com&uacute;n a todos (Aug&eacute;, 1995:137&#45;138). El otro ya no nos resulta ajeno, si bien su proximidad lo vuelve m&aacute;s temible. M&aacute;s a&uacute;n: ante la pluralidad de voces, nos percatamos que somos el otro de alguien m&aacute;s. En el caso de Latinoam&eacute;rica, este descubrimiento no es nuevo, tenemos la ventaja de haber convivido en &oacute;rdenes sociales heterog&eacute;neos fundados desde el colonialismo (Pratt, 1986:30).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n8/a8i5.jpg" target="_blank">Tultitl&aacute;n, Estado de M&eacute;xico; Agust&iacute;n Estrada</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, hace falta enunciar para su pr&aacute;ctica una nueva cultura global que permita asimilar las diferencias. Ulf Hannerz propone una figura renovada del cosmopolita, pero no en su acepci&oacute;n de la complacencia de un individuo de la metr&oacute;poli para el que es seguro encontrar la infraestructura que imita su estatus a dondequiera que vaya, sino un cosmopolitismo m&aacute;s genuino que haga frente a las nuevas realidades, el cual consiste en una posici&oacute;n, una orientaci&oacute;n hacia la diversidad misma, un deseo de encontrarse con el Otro, una postura intelectual y est&eacute;tica de apertura hacia experiencias culturales divergentes, una b&uacute;squeda gozosa de contrastes y no de uniformidad (Hannerz, 1992:84&#45;85). La entrega a la cultura ajena de un verdadero cosmopolita implica la autonom&iacute;a personal frente a la propia cultura, lo que lo vuelve inherentemente cr&iacute;tico. Hasta ahora, el desplazamiento entre culturas territoriales ha sido involuntario o accidental y se ha constituido en semillero de odios y rencores. El cosmopolita se diferencia del inmigrante o del asimilado cultural por la voluntad y el deseo conscientes de adaptaci&oacute;n, y la habilidad para manejarse en distintos entornos. No es un nativo de todos los &aacute;mbitos, pero tampoco un extranjero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ser humano es la &uacute;nica especie sobre el planeta que ha hecho de la no&#45;especializaci&oacute;n su estrategia para la supervivencia. Hasta ahora lo ha conseguido. Pero un proyecto de "modernizaci&oacute;n" que busque una creciente homogeneidad de comportamientos, una difusi&oacute;n de actitudes y pareceres similares que busque borrar las pluralidades, forzar&iacute;a a la humanidad a un solo camino, complejo, si se quiere, pero sin alternativas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n8/a8i6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro peligro es la relativizaci&oacute;n absoluta, la ausencia de referentes. Ser&iacute;a un error descartar al proyecto moderno como instrumento del pensamiento ahora que comenzamos a descubrir los defectos y excesos en que incurr&iacute;an sus defensores. Como se&ntilde;alaba Geertz, ha sido desde <i>adentro</i> del quehacer de las ciencias sociales que han podido observarse estos fallos: "Los modelos que los antrop&oacute;logos elaboraron para justificar su paso desde las verdades locales a las visiones generales fueron en verdad los responsables de socavar toda la empresa antropol&oacute;gica en mayor medida que cuanto fueron capaces de urdir sus cr&iacute;ticos..." (Geertz, 1997: 33). No debe confundirse la arrogancia de la meta progresista y exclu&#45;yente con el m&eacute;todo cr&iacute;tico, que no se elimina a s&iacute; mismo del escudri&ntilde;amiento y aspira a perfeccionarse a trav&eacute;s de generaciones de estudiosos que rebaten las concepciones anquilosadas de sus mayores, quienes buscan nuevos significados que articulen acciones para una &uacute;til visi&oacute;n del mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, Boaventura de Sousa Santos propone una nueva concepci&oacute;n de conocimiento, que implique una trayectoria distinta al conocimiento que aspira al control, a la regulaci&oacute;n: "Todo conocimiento implica una trayectoria, una progresi&oacute;n de un punto de estado A, de&#45;108 <b><i>i</i></b> signado como ignorancia, a un punto de estado B, designado como <i>saber &#91;...&#93;</i> El conocimiento&#45;regulador traz&oacute; una trayectoria entre un estado de ignorancia llamado <i>caos</i> a un estado de saber llamado <i>orden &#91;...&#93;</i> El conocimiento&#45;emancipador traza una trayectoria entre un estado de <i>ignorancia</i> que designo como <i>colonialismo</i> a un estado de <i>saber</i> que designo como <i>solidaridad"</i> (p. 78). Para conseguirlo, De Sousa Santos se&ntilde;ala la necesidad de una segunda ruptura epistemol&oacute;gica. La primera permiti&oacute; diferenciar a la ciencia del sentido com&uacute;n; la segunda deber&aacute; transformar al conocimiento cient&iacute;fico en un nuevo sentido <i>com&uacute;n,</i> abandonar la concepci&oacute;n de la ciencia como un conocimiento aut&oacute;nomo, aislado, superior y transformarlo en un sentido compartido, nuevo, emancipador (De Sousa Santos, 2000:107).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n8/a8i7.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un d&iacute;a, quiz&aacute;, vendr&aacute; un signo de otro planeta. Y, por un efecto de solidaridad cuyos mecanismos ha estudiado el etn&oacute;logo en peque&ntilde;a escala, el conjunto del espacio terrestre se convertir&aacute; en un lugar. Ser terrestre significar&aacute; algo. Mientras esperamos que esto ocurra, no es seguro que basten las amenazas que pesan sobre el entorno (Aug&eacute;, 1993:122).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tr&aacute;nsito no es f&aacute;cil. Para Cari Sagan, "la ciencia moderna ha supuesto un viaje a lo desconocido, con una lecci&oacute;n de humildad aguardando en cada parada. Muchos pasajeros habr&iacute;an preferido quedarse en casa" (1998:23). Otros tripulantes, resentidos por d&eacute;cadas de desprecio y necesidad de ajustarse a par&aacute;metros que revelan ahora toda la carga subjetiva en su pretendida objetividad, echan por la borda cualquier intenci&oacute;n de aproximaci&oacute;n a la verdad. "Toda verdad es relativa", proclaman. Algunos quiz&aacute; equiparan, aliviados, la renuncia de marcos absolutos con el abandono de cualquier tipo de rigor. Pero la modestia requiere grandes dosis de trabajo y esfuerzo constante. La indolencia y la apat&iacute;a, al igual que la incomprensi&oacute;n y el odio, es lo menos que necesita ahora nuestro mundo, si ha de continuar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aug&eacute;, Marc, 1993, <i>Los no&#45;lugares. Espacios del anonimato. Una antropolog&iacute;a de la sobremodernidad,</i> Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649184&pid=S1607-050X200100030000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1995, <i>Hacia una antropolog&iacute;a de los mundos contempor&aacute;neos,</i> Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649186&pid=S1607-050X200100030000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carey, James W., 1989, <i>Communication as culture: essays on media and society,</i> Routledge, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649188&pid=S1607-050X200100030000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Sousa Santos, Boaventura, 2000, <i>A critica da raz&atilde;o indolente. Contra o desperdicio da experiencia,</i> Cortez Editora, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649190&pid=S1607-050X200100030000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Geertz, Clifford, 1997, <i>La interpretaci&oacute;n de las culturas,</i> Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649192&pid=S1607-050X200100030000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonzalez de Alba, Luis, 1998, <i>Los derechos de los malos y la angustia de Kepler,</i> Cal y Arena, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649194&pid=S1607-050X200100030000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grossberg, Lawrence, 1993, "Cultural Studies and/in new worlds", en <i>Critical Studies in Mass Communication,</i> vol. 10, num. 1, marzo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649196&pid=S1607-050X200100030000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hannerz, Ulf, 1992, "Cosmopolitas y locales en la cultura global", en <i>Alteridades,</i> 2 (3).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649198&pid=S1607-050X200100030000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mead, Margaret, 1997, <i>Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional,</i> Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649200&pid=S1607-050X200100030000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pratt, Mary Louise, 1986, "Fieldwork in Common Places", en Clifford, James (ed.), <i>Writing Culture. The Poetics and Politics of Ethnography,</i> University of California Press, Berkeley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649202&pid=S1607-050X200100030000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Introducci&oacute;n de <i>Writing Cultures,</i> ed. James Clifford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649204&pid=S1607-050X200100030000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sagan, Carl, 1998, <i>Un punto azul p&aacute;lido,</i> Planeta, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649206&pid=S1607-050X200100030000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wallerstein, Immanuel, 1996, "La construcci&oacute;n hist&oacute;rica de las ciencias sociales desde el siglo XVIII hasta 1945", en Immanuel Wallerstein (comp.), <i>Abrir las ciencias sociales,</i> Siglo XXI Editores, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2649208&pid=S1607-050X200100030000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
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