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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ser hombre de verdad en la Ciudad de México: Ni macho ni mandilón]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="4"> Ser hombre de verdad en la Ciudad de M&eacute;xico. Ni macho ni mandil&oacute;n</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Anna M. Fern&aacute;ndez Poncela</font></b><font face="verdana" size="2"></font>*</p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="3"> <b>Matthew Gutmann</b>. M&eacute;xico, Colegio de M&eacute;xico, 2000.</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Docente e investigadora del Departamento de Pol&iacute;tica y Cultura de la UAM&#45;Xochimilco.</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">...la noci&oacute;n que apuesta por una identidad masculina mexicana uniforme y eterna carece totalmente de m&eacute;rito. Lo que se necesita es un an&aacute;lisis revisionista que haga hincapi&eacute; en la complicidad de la antropolog&iacute;a en la creaci&oacute;n de estereotipos como el del macho mexicano. Dar por cierta una forma de masculinidad mexicana o latinoamericana ubicua significa b&aacute;sicamente recurrir al arcaico marco de los rasgos de car&aacute;cter nacional (p. 353).</font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es alentadora la aparici&oacute;n de obras, en los &uacute;ltimos tiempos, con aire fresco y que invitan a la reflexi&oacute;n, sobrepasan la heterodoxia del discurso y creencias, incluso de los dictados de estudios anteriores. La hip&oacute;tesis del pesimismo milenarista sucumbe y la imaginaci&oacute;n a la hora de la investigaci&oacute;n de Feyerabend encuentra adeptos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los textos de Helen Fisher, <i>El primer sexo,y</i> James C. Scott,<i> Los dominados y el arte de la resistencia,</i> ha seguido el de Matthew C.Gutmann, <i>Ser hombre de verdad en la Ciudad de M&eacute;xico. Ni macho ni mandil&oacute;n.</i> As&iacute;, a mi inter&eacute;s y trabajos en torno a las relaciones de g&eacute;nero y a los que versan sobre cultura popular, ha proseguido este libro que a&uacute;na ambos aspectos, creo yo de manera magistral, y que de cierta manera contiene algunas de las directrices te&oacute;ricas que gu&iacute;an las obras antes mencionadas pero aterriz&aacute;ndolas m&aacute;s en la pr&aacute;ctica, adem&aacute;s de aplicarlas a un contexto cercano a m&iacute;: la sociedad mexicana, a&ntilde;os noventa, y en la colonia de al lado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Record&eacute;, por ejemplo, c&oacute;mo un profesor de la Universidad de Barcelona, en sus clases de historia, repite de vez en cuando a su alumnado: "todav&iacute;a existen las clases sociales". Rememor&eacute; c&oacute;mo los centroamericanos de varios pa&iacute;ses insisten en presentarse como potentes sexualmente y generosos procreadores de hijos. Evoqu&eacute; c&oacute;mo las primeras palabras de algunos mexicanos, tras percatarse de mi calidad de extranjera, era el vanagloriarse que "el machismo lo inventamos los mexicanos", antes o despu&eacute;s de los chistes contra gallegos. Y nunca olvidar&eacute; la vez que me perd&iacute; en Santo Domingo en un pesero y que me ofreci&oacute; la oportunidad de presenciar una situaci&oacute;n &#151;una ni&ntilde;a cantaba a su padre una canci&oacute;n en donde se maltrataba a la mujer merecidamente porque era mala&#151; que inspir&oacute; mi libro <i>&iexcl;"Pero vas a estar muy triste y as&iacute; te vas a quedar"! Construcci&oacute;n de g&eacute;nero en la canci&oacute;n popular mexicana,</i> de pr&oacute;xima aparici&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de lo entra&ntilde;able en lo afectivo, la terminolog&iacute;a de mi juventud marxista, el empleo de la conceptualizaci&oacute;n gramsciana, y sobre todo, ese ir contracorriente, romper viejos mitos, enterrar desacertados estereotipos, abrir espacios, traer aire fresco, limpiar de telara&ntilde;as los an&aacute;lisis sociales y desempolvar contradicciones reales, est&aacute;n los materiales que Gutmann nos ofrece para probar sus resultados. La informaci&oacute;n y datos, los testimonios y explicaciones en boca de los propios protagonistas, sumado esto a sus disquisiciones te&oacute;ricas e interpretaciones emp&iacute;ricas, de gran riqueza, agudeza y profundidad, son una excelente combinaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;ala en su introducci&oacute;n: "Por lo menos, llegu&eacute; finalmente a la conclusi&oacute;n de que muchas de las im&aacute;genes que los antrop&oacute;logos han ido creando sobre los hombres mexicanos de la clase trabajadora est&aacute;n equivocadas y son da&ntilde;inas. Por ejemplo, mientras que el 'hombre mexicano t&iacute;pico' era representado a menudo como un macho mujeriego y bebedor, esa imagen pasaba por alto, en gran medida, las actividades relacionadas con la paternidad en la vida de millones de hombres mexicanos. Resultaba obvio que era necesario hacer un nuevo an&aacute;lisis de la masculinidad y la modernidad en M&eacute;xico" (p. 21). Y es que como se&ntilde;ala ya en su &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, "como actores sociales, los hombres y las mujeres tienen que lidiar con libretos y escenarios que no escogieron. Sin embargo, lo que hacen creativamente dentro de estas restricciones sociales y culturales, as&iacute; como la originalidad con que representan sus papeles, no es algo predestinado. Hay espacio para maniobrar y este mismo espacio es el que ha ocupado sobre todo nuestra atenci&oacute;n en este estudio: los padres alcoh&oacute;licos que mecen a los beb&eacute;s para que se duerman; las madres que les pegan a sus hijos; los ni&ntilde;os que compiten con sus hermanas para ir por las tortillas; los hombres j&oacute;venes que se drogan con cemento y procrean ni&ntilde;os a los que nunca conocer&aacute;n, y las madres y los padres que est&aacute;n decididos a no educar a sus hijos para ser machos mexicanos" (p. 349).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se&ntilde;ala, siguiendo a Marx, las identidades son abstracciones pero determinadas hist&oacute;ricamente, y como  &eacute;l mismo a&ntilde;ade m&aacute;s adelante, no s&oacute;lo la cultura crea hombres y mujeres, sino que &eacute;stos a su vez crean a la primera. Por ello, parte de la intenci&oacute;n de romper im&aacute;genes creadas, identidades asignadas para adentrarse en "qu&eacute; significa ser hombre para los hombres y mujeres que viven en la colonia popular Santo Domingo de la Ciudad de M&eacute;xico", puntualiza desde la primera frase del primer cap&iacute;tulo. Entiende la identidad masculina como lo que los hombres dicen y hacen para ser hombres, teniendo en cuenta tambi&eacute;n las perspectivas femeninas sobre el asunto, cuesti&oacute;n &eacute;sta muy importante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ello se vale de concepciones tales como la creatividad y capacidad del cambio, el pluralismo de convicciones contradictorias y la diversidad intra&#45;cultural. Y de conceptos claves en su obra: la conciencia contradictoria gramsciana entre el entendimiento, identidades y pr&aacute;cticas populares transformadoras y las dominantes, producto de la reproducci&oacute;n de la conciencia heredada. Unas y otras, es obvio que conviven, pero la identidad de g&eacute;nero es un producto y manifestaci&oacute;n de culturas en movimiento, de un proceso, por eso es cambiante. Y es que la brisa del cambio, cuando no la tempestad del mismo nunca dejan de sonar o rugir a lo largo de las p&aacute;ginas de este libro. Cambio en el enfoque, novedad en el estudio, diversidad en las teor&iacute;as, y transformaci&oacute;n en la aplicaci&oacute;n de las t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n, incluso en la presentaci&oacute;n del redactado final y el estilo del lenguaje empleado en el mismo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Queda claro que el machismo y el macho, su significado estereotipado, es un lastre cultural y social del cual no se puede f&aacute;cilmente uno desprender, en todo caso se ha de depositar en alguien, como los protagonistas de su estudio hacen: los sectores populares, los habitantes del campo, las generaciones anteriores. Eso s&iacute;, los que se toman en serio responder las preguntas sobre el tema, nunca son as&iacute;. Los que no, se autoidentifican sin problemas, porque no van a romperle la imagen al gringo... Tal vez los hombres no son tan cari&ntilde;osos con sus hijos ni tan cercanos a las tareas dom&eacute;sticas como algunos expresaron, pero como se&ntilde;ala Gutmann, no hay enga&ntilde;os: "En lo referente a los quehaceres dom&eacute;sticos realizados por los hombres de Santo Domingo, en mis intentos por distinguir entre dichos y hechos, me enfrent&eacute; a menudo no s&oacute;lo con el problema m&aacute;s directo de que los hombres no hac&iacute;an todo lo que dec&iacute;an, sino con la enigm&aacute;tica cuesti&oacute;n de por qu&eacute; los hombres (y con frecuencia las mujeres) procuraban convencerme de que ellos participaban m&aacute;s en las tareas que sol&iacute;an considerarse como femeninas, es decir, resultaba significativo analizar las palabras de mis amigos y no s&oacute;lo tomarlas como contrapunto de sus acciones, pues incluso los hombres de Santo Domingo que participan relativamente poco en los asuntos dom&eacute;sticos, con frecuencia hacen comentarios acerca de lo mucho que est&aacute;n cambiando las cosas en cuanto a los quehaceres del hogar. Quiz&aacute; porque le estaban explicando la situaci&oacute;n a un estadounidense, muchos hombres describ&iacute;an los cambios en t&eacute;rminos de "as&iacute; sol&iacute;an ser las cosas en M&eacute;xico para los hombres". Sus palabras dejaban claro que vivir en la ciudad de M&eacute;xico en la actualidad significa participar, en mayor o menor grado, y de buena gana o no, en los debates contempor&aacute;neos sobre temas que llevan impl&iacute;citamente significados de g&eacute;nero, como el quehacer dom&eacute;stico" (p. 224).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo caso, la sinceridad del autor es inusual, y bien merece un aplauso: "En ocasiones, quiz&aacute;, se comportaron como cre&iacute;an que un antrop&oacute;logo esperar&iacute;a que lo hicieran", confiesa en una ocasi&oacute;n, porque ya est&aacute; bien de dictar c&aacute;tedra desde la ficticia posici&oacute;n elevada de la sapiencia acad&eacute;mica objetiva y distante. Tambi&eacute;n tiene la franqueza al mostrar su desagrado provocado por algunas situaciones donde se vio directamente involucrado, como cuando unos borrachos se instalaron una madrugada frente a su departamento, o cuando le presentaron a un grupo de hombres "machos" y ante sus comentarios que denigraban a las mujeres.</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="../img/revistas/desacatos/n6/a11f1.jpg" target="_blank">Foto 1</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra cuesti&oacute;n loable es que cuando la realidad no se transforma, por lo menos hay que tener la perspicacia de profundizar m&aacute;s en las explicaciones existentes al respecto a veces tan simplistas, esencialistas y planas. "El incremento de la violencia dom&eacute;stica de Santo Domingo no indica que los hombres hispanohablantes, en todo tiempo y lugar, tengan ciertas pr&aacute;cticas culturales que est&aacute;n muy arraigadas, sino m&aacute;s bien que en la actualidad las relaciones de g&eacute;nero han experimentado un desarraigo cultural mediante un proceso sumamente conflictivo. Para muchos hombres ha sido muy dif&iacute;cil asimilar la independencia de las mujeres y algunos intentan evitar asumir la responsabilidad de sus acciones violentas culpando de sus arranques al 'sistema machista mexicano'" (p. 312). Aunque el autor no lo menciona: para eso sirven los estereotipos, justifican y legitiman socialmente, en este caso las acciones de los hombres particulares contra las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras cuestiones acertadas son el entretejimiento del yo como narrador en primera persona, que si bien le reduce la apariencia de objetividad y demuestra cierta tendencia a la subjetividad a trav&eacute;s del propio involucramiento, por otra parte, le genera mayor veracidad y realismo a sus exposiciones.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gutmann deja claro al respecto: "As&iacute;, mi estilo de entrevistar era m&aacute;s el de una conversaci&oacute;n informal que el de una inquisici&oacute;n. No s&oacute;lo planteaba preguntas, sino que daba mi opini&oacute;n" (p. 63), justifica el autor desde las primeras p&aacute;ginas. Y con gusto se permite el lujo de llevar y traer an&eacute;cdotas de su vivencia en M&eacute;xico, en distintos &aacute;mbitos y con diferentes sectores, todas ellas de contrapunto para profundizar su objeto de estudio: ser hombres en Santo Domingo. Como el acad&eacute;mico del c&oacute;ctel en San Jer&oacute;nimo que llev&oacute; a tantas interpretaciones de clase, la foto de Jos&eacute; Enr&iacute;quez en el Centro Hist&oacute;rico que tantos comentarios dis&iacute;miles y contradictorios produjo, etc&eacute;tera. Eso s&iacute;, a veces la utilizaci&oacute;n de la ingenuidad gringa &#151;me dijo, me cont&oacute;&#151; a la que &eacute;l alude espec&iacute;ficamente en una ocasi&oacute;n como estrategia de acercamiento y conocimiento del otro. Es el caso de cuando ve junto a unos amigos pasar un coche de boda, y bromean sobre el tema, puede ser un arma de doble filo, pues sus informantes le siguen el juego, y bien pudiera ser que, en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n dijeran lo que &eacute;l quer&iacute;a o&iacute;r, o lo que ellos consideraban que deb&iacute;an de decir. Pero en esto el antrop&oacute;logo es consciente, es dif&iacute;cil evitar tales situaciones tan comunes en el ejercicio de investigaci&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que tambi&eacute;n es indudable, es que "mi presencia en Santo Domingo afect&oacute;, sin duda alguna, el modo en que algunos de mis amigos se sent&iacute;an y se comportaban en relaci&oacute;n con su funci&oacute;n de hombres en la pr&aacute;ctica de ser padres y en el trabajo dom&eacute;stico, y quiz&aacute;s provoqu&eacute; que se plantearan nuevas preguntas sobre la masculinidad en general. Yo tambi&eacute;n he quedado 'manchado' por mi investigaci&oacute;n en la colonia, en el sentido de que mi propia comprensi&oacute;n de g&eacute;nero, sexualidad y ser padre ha sido alterada por las percepciones e ilusiones de mucha gente en Santo Domingo" (p. 350), en ese viaje de ida y vuelta hacia el otro que es la antropolog&iacute;a, o que debe ser, a modo de un juego de espejos, donde las descripciones densas y los gui&ntilde;os de Geertz se abren paso.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Machismo lo es todo y no es nada, como queda claro en estas p&aacute;ginas, es un fantasma que recorre el mundo: es tarjeta de presentaci&oacute;n para algunos, autojustificaci&oacute;n para otros, es broma en ocasiones, en otras reivindicaci&oacute;n de identidad, pero en todo caso, si todav&iacute;a se usa como concepto y se pronuncia como palabra, por alguna cosa ser&aacute;. Lo que hay que buscar y es la tarea principal tras leer esta magn&iacute;fica obra es: cu&aacute;l es su funcionalidad social actual, pues ya sabemos en antropolog&iacute;a que lo que a veces juzgamos a la ligera de arca&iacute;smos se refuncionalizan y est&aacute;n vivos en el discurso o en la pr&aacute;ctica con alg&uacute;n objetivo concreto. Como se&ntilde;ala el autor de este libro: "Los estereotipos sobre el machismo constituyen los ingredientes cr&iacute;ticos en el capital simb&oacute;lico empleado por los mexicanos comunes y corrientes. Aun habiendo sido denigrado verbalmente por muchos, el machismo es considerado en M&eacute;xico como una parte constitutiva del patrimonio nacional" (p. 57).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Personalmente yo me qued&eacute; con la pregunta, si la liberaci&oacute;n de la mujer fue fruto de la licuadora, como afirma do&ntilde;a Angela, qu&eacute; instrumento o hecho ha sido el que ha fraguado la liberaci&oacute;n del hombre o el cambio que al parecer este sector social est&aacute; dando en nuestros d&iacute;as. Y quiz&aacute;s la respuesta est&aacute; en el libro cuando se afirma que las mujeres han sido las iniciadoras y catalizadoras del cambio &#151;su ingreso al trabajo extradom&eacute;stico, la elevaci&oacute;n de sus niveles educativos, la reducci&oacute;n de su natalidad, el movimiento feminista y los movimientos populares, y por qu&eacute; no decirlo, la ruptura de mitos opresores, "hombre macho" y "mujer abnegada" &#151;a lo cual colabora magn&iacute;ficamente esta obra.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la sociedad, la poblaci&oacute;n, los hombres y las mujeres cambian en la pr&aacute;ctica a un ritmo algo m&aacute;s r&aacute;pido que la cultura, las costumbres sociales, los roles y estereotipos de ser hombre y ser mujer que han quedado grabados en la cinematograf&iacute;a mexicana de la &eacute;poca dorada, por poner un claro ejemplo, y por supuesto de relacionarse entre ellos, esto no hay que olvidarlo. Como tambi&eacute;n conviene percatarse que el discurso de la gente s&iacute; parece estar a la altura de las circunstancias y se adapta r&aacute;pidamente a las exigencias del gui&oacute;n en cada situaci&oacute;n dada, como se comprueba en estas p&aacute;ginas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y con la an&eacute;cdota del payaso en la fiesta de Nezahualc&oacute;yotl que Gutmann utiliz&oacute; para finalizar su encuesta "&iquest;Qui&eacute;n manda en casa?", se puede concluir: ".el hecho mismo de que el poder y el control asociados al g&eacute;nero constituyan motivo de bromas y pleitos y sean, adem&aacute;s, una materia leg&iacute;tima para hacer conjeturas, atestigua los cambios que, creo yo, han ocurrido y est&aacute;n por suceder en muchos hogares mexicanos" (p. 249).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor y la obra resumen su mensaje: "En la colonia popular de Santo Domingo, en la ciudad de M&eacute;xico, no est&aacute; claro qu&eacute; es lo que puede significar ser macho ni lo que los hombres  pueden hacer en el futuro. Hoy lo que se sabe y resulta m&aacute;s significativo culturalmente es que, en ese lugar, las identidades y relaciones de g&eacute;nero se caracterizan por la inconsistencia, as&iacute; como por la arrogancia, el idealismo, la manipulaci&oacute;n, la discriminaci&oacute;n, el oportunismo y siempre, siempre, por generosas dosis de sentido del humor. Las identidades masculinas en M&eacute;xico est&aacute;n profundamente marcadas, no s&oacute;lo por el nacionalismo, sino por la clase, la etnicidad, la generaci&oacute;n y otros factores. Los machos mexicanos no est&aacute;n muertos, como no lo est&aacute;n sus contrapartes estadounidenses o rusos; sin embargo, se ha comprobado que cualquier afirmaci&oacute;n que manifieste que la naturaleza de la masculinidad mexicana es uniforme, es decir, que existe un macho mexicano ubicuo, est&aacute; equivocada" (p. 371).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presente rese&ntilde;a viene titulada como el libro, con &aacute;nimos de claridad descriptiva en torno al contenido de la misma, sin embargo, bien hubiera podido titularse en tono m&aacute;s informal y jocoso: <i>"&iquest;Pos si no somos machos qu&eacute; somos". Un gringo creando problemas de identidad a los mexicanos.</i></font></p>      ]]></body>
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