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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La pertenencia no es un lujo: <i>Procesos de ciudadan&iacute;a cultural dentro de una sociedad multicultural</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Renato Rosaldo*</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad de Stanford</i>.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo siguiente arguye que la ciudadan&iacute;a puede verse como un proceso cultural en el sentido de que los marginados y excluidos tienen una visi&oacute;n particular de lo que ser&iacute;a la pertenencia y hay que considerar esa visi&oacute;n al renegociar el contrato nacional con tales grupos. El caso que se discute es el de los chicanos en Estados Unidos y los movimientos sociales en busca de derechos civiles, tanto como problemas de la frontera y de discriminaci&oacute;n racial.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para empezar quisiera indicar que este ensayo se ubica dentro de la realidad social de Estados Unidos. Me ubico adem&aacute;s en un proyecto comparativo, desarrollado por un equipo de intelectuales latinos, profesores y estudiantes, en el cual investigamos una serie de procesos sociales que en su conjunto llamamos ciudadan&iacute;a cultural. La investigaci&oacute;n se est&aacute; desarrollando simult&aacute;neamente en los estados de California, Nueva York y Texas. Una parte de la investigaci&oacute;n que se realiza en el estado de California se desarrolla en Los Angeles, y la otra parte en el norte del estado, en San Jos&eacute; que es donde yo participo (Rosaldo y Flores 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los vocablos que definen nuestro trabajo, "ciudadan&iacute;a" y "cultural", voy a abordar primero el tema de la ciudadan&iacute;a para continuar despu&eacute;s con el de la cultura (Rosaldo 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se dice que la ciudadan&iacute;a es un concepto universal, por lo menos dentro de las fronteras de un Estado&#45;naci&oacute;n. Pero dir&iacute;a yo que es universal s&oacute;lo de manera formal, en los documentos. No quiero menospreciar la importancia de los documentos (m&aacute;s que todo para los que no los tienen, los indocumentados), sino que busco ampliar el sentido del concepto de la ciudadan&iacute;a porque en la pr&aacute;ctica, en lo sustantivo, sobre todo en sus or&iacute;genes a fines del siglo XVIII (el siglo de las luces), "ciudadan&iacute;a" es un concepto no solamente universal, sino tambi&eacute;n excluyente. Y con esto quiero decir que ha sido parte de un proceso de diferenciaci&oacute;n de los hombres privilegiados respecto de los dem&aacute;s. En Francia, por ejemplo, quienes se reun&iacute;an en el espacio p&uacute;blico paradigm&aacute;tico, o sea, en la plaza p&uacute;blica, eran aparentemente todos iguales, eran <i>les citoyens,</i> los ciudadanos. Algunos pensadores actuales proponen que deber&iacute;amos volver a la plaza p&uacute;blica, a la situaci&oacute;n de <i>citoyens</i> donde supuestamente </font><font face="verdana" size="2">todos somos iguales, y adoptar ese modelo de "ciudadan&iacute;a" ahora, a fines del siglo XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay as&iacute; quienes afirman que no hab&iacute;a distinci&oacute;n entre los ciudadanos y que estas reuniones en plazas p&uacute;blicas eran un paso democr&aacute;tico, especialmente si las comparamos con la tiran&iacute;a de las distinciones excesivas de la aristocracia y de la monarqu&iacute;a. &Eacute;ste s&iacute; fue un gran paso democr&aacute;tico, pero el modelo de la plaza p&uacute;blica no es un fin, no es una soluci&oacute;n para nosotros a fines del siglo XX, sino que es apenas un punto de partida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para muchos, la plaza p&uacute;blica, esto de estar cuerpo a cuerpo, cara a cara en un espacio p&uacute;blico dentro de la sociedad civil, era una soluci&oacute;n.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Para m&iacute; es solamente un punto de partida, especialmente si pensamos en las desigualdades sutiles que se pueden dar dentro de una reuni&oacute;n en la plaza p&uacute;blica. Esto lo demuestran muy claramente investigaciones socioling&uuml;&iacute;sticas realizadas en Estados Unidos. Pensemos tan s&oacute;lo en las diferencias de g&eacute;nero: &iquest;Qui&eacute;n tiene derecho de hablar en la plaza?, &iquest;qui&eacute;n habla m&aacute;s?, &iquest;a qui&eacute;n se le puede interrumpir? (la palabra se interrumpe mucho m&aacute;s a las mujeres que a los hombres en los espacios p&uacute;blicos). En las ciudades hay que pensar en ir m&aacute;s all&aacute; de lo que es la simple presencia en la plaza p&uacute;blica. Hay que pensar, por ejemplo, en las distinciones que se inscriben en el cuerpo como es el caso del "g&eacute;nero" que acabo de mencionar. En el momento en que entra en la plaza una mujer, surgen la diferencia y su pareja, la desigualdad. Es dif&iacute;cil esconder la diferencia de g&eacute;nero, y seg&uacute;n las normas bajo las cuales todav&iacute;a vivimos, en el momento en que entra una mujer a la plaza p&uacute;blica, surge el problema de la inequidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora vayamos de Francia a Estados Unidos. En Estados Unidos, el documento fundamental en lo que a la ciudadan&iacute;a se refiere es la Constituci&oacute;n Nacional. Y la Constituci&oacute;n Nacional desde el comienzo ha otorgado derechos universales a los ciudadanos. Desde un principio se plante&oacute; que quienes son ciudadanos, son todos iguales, y la condici&oacute;n de su igualdad es su semejanza. Son iguales porque son iguales de g&eacute;nero, de idioma, de cultura, y &eacute;sa es la condici&oacute;n de su igualdad, todos son lo mismo, todos son semejantes. La cuesti&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en este universo parece ser un asunto muy sencillo: O tienes documentos, o no los tienes; o eres ciudadano o no lo eres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al principio, la Constituci&oacute;n de Estados Unidos &#151;bajo el nombre de la ciudadan&iacute;a universal&#151; plante&oacute; que los ciudadanos son hombres blancos y due&ntilde;os de propiedad. Este planteamiento, desde luego, se puede leer al rev&eacute;s: que la Constituci&oacute;n en sus or&iacute;genes excluye a los hombres que no tienen propiedad, o sea, que hay una divisi&oacute;n de clases; excluye a las mujeres, que no tienen el derecho de votar; y excluye a todos los "no blancos", es decir, a quienes denominamos "personas de color" (africano&#45;americanos, ind&iacute;genas, chicanos, y asi&aacute;tico&#45;americanos). Esta exclusi&oacute;n se hace entonces sobre la base de discriminaci&oacute;n de clase, de g&eacute;nero y discriminaci&oacute;n racial; y lo que producen estas exclusiones a largo plazo es una serie de luchas, de movimientos sociales y largas tradiciones disidentes que a&uacute;n no terminan: la lucha por los derechos ciudadanos. Es decir, la lucha por el derecho social de ser ciudadanos no de segunda, sino de primera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este caso empleo el concepto de la ciudadan&iacute;a en el sentido en que se usa en la vida cotidiana. Al hablar de an&aacute;lisis conceptual a trav&eacute;s del vern&aacute;culo, el idioma ordinario <i>(ordinary language),</i> se debe de citar al fil&oacute;sofo Ludwig Wittgenstein. En el aspecto metodol&oacute;gico se debe de nombrar el an&aacute;lisis cultural y antropol&oacute;gico de la familia de palabras del vern&aacute;culo relacionadas con las ideas de ciudadan&iacute;a de primera y de segunda. Pero me adelanto y me desv&iacute;o hacia la cultura. Volvamos por el momento al tema de la ciudadan&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las luchas por la ciudadan&iacute;a han logrado mucho, pero falta tambi&eacute;n a&uacute;n mucho por lograr. Hay que ver estas luchas como largas tradiciones disidentes dentro de Estados Unidos. La lucha por el sufragio de la mujer (que por cierto no se logr&oacute; sino hasta 1919) fue el primer paso en un proceso hist&oacute;rico cuya etapa actual es el feminismo contempor&aacute;neo. En esta etapa actual, lo que el feminismo se plantea es que si las mujeres tienen el derecho de votar, &iquest;c&oacute;mo es posible que en muchas ocasiones no se les escuche? Tambi&eacute;n se dio el movimiento en contra de la esclavitud y la herencia de ese movimiento son los movimientos por los derechos civiles, incluyendo el movimiento chicano, el movimiento de los ind&iacute;genas de Estados Unidos, y ahora el creciente movimiento de los asi&aacute;tico&#45;americanos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante acordarnos de estas tradiciones disidentes porque nos confieren legitimidad en el presente. Pocas personas en Estados Unidos quisieran volver a la esclavitud como instituci&oacute;n social. Hay pocos que dir&iacute;an que no se debe dar el derecho de voto a la mujer. Es evidente que estos dos conceptos son obsoletos en Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las exclusiones de la Constituci&oacute;n han producido movimientos sociales que tienen una continuidad desde el siglo XIX hasta fines del siglo XX. Los analistas sociales Stuart Hall y David Held (1989) han comentado sobre la nueva pol&iacute;tica de la ciudadan&iacute;a que ellos definen en relaci&oacute;n con la pertenencia. Hall y Held preguntan, "&iquest;qui&eacute;n pertenece? &iquest;Y qu&eacute; significa la pertenencia en la pr&aacute;ctica? ... Las cuestiones del ser miembro o no &#151;qui&eacute;n pertenece y qui&eacute;n no pertenece&#151; son el punto de partida de la pol&iacute;tica de la ciudadan&iacute;a. Es imposible delinear la historia del concepto sin tropezar con los intentos sucesivos de restringir la ciudadan&iacute;a a ciertos grupos y excluir a otros (1989: 175)".</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/desacatos/n3/a4f1.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo fundamental para Hall y Held es que ha habido una expansi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y de la base sobre la cual se piden derechos, una base reivindicativa de la ciudadan&iacute;a que, seg&uacute;n ellos, empez&oacute; con cuestiones de clase y se ha ampliado con derechos de g&eacute;nero, derechos sobre los factores raciales, derechos de la sexualidad, derechos ecol&oacute;gicos, derechos de ancianos y derechos de la juventud. Si bien para estos autores la expansi&oacute;n de los derechos es un fen&oacute;meno cuantitativo, yo dir&iacute;a que tambi&eacute;n es una expansi&oacute;n cualitativa, que introduce un cambio cualitativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos identificar dos ejes de cambio. El primero se refiere a la redistribuci&oacute;n. Este primer eje es de clase, tiene que ver con los recursos econ&oacute;micos y, sobre todo, con las luchas de clase. El segundo es la dimensi&oacute;n de reconocimiento. Se refiere a los factores culturales de reconocimiento; por ejemplo, los derechos de los homosexuales a ser ciudadanos de primera. Una manera de hacer patente esta segunda dimensi&oacute;n es que si se resolvieran los problemas de clase &#151;aquellos relacionados con los problemas de recursos econ&oacute;micos&#151; se ver&iacute;a que habr&iacute;a problemas todav&iacute;a. Persistir&iacute;an problemas que no se resuelven solamente a partir de los recursos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expansi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a implica no solamente la relaci&oacute;n Estado&#45;ciudadano, sino tambi&eacute;n la relaci&oacute;n ciudadano&#45;ciudadano. Con esto me refiero a la participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en los grupos sociales (pueden ser grupos de vecindad, de barrio, de la pol&iacute;tica que se haga donde se trabaja; puede ser cualquier grupo as&iacute;, sin que intervenga el Estado), donde se busca un reconocimiento al sentido de pertenencia, y la reivindicaci&oacute;n de derechos en el sentido sustancial y no formal. Y aqu&iacute; hay un problema que hay que se&ntilde;alar, que es el de la legitimidad del Estado. Cuando el Estado no es leg&iacute;timo, estos movimientos disidentes de ciudadanos pueden tener otras formas diferentes a las que se&ntilde;alamos antes, y por este motivo debemos ser cuidadosos cuando pretendamos traducir algunos de estos conceptos a situaciones en ciertos Estados de Latinoam&eacute;rica <i>(Consumidores y ciudadanos</i> de N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini (1995) es un comienzo significativo de esta discusi&oacute;n en M&eacute;xico).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el Estado reconoce derechos pero no invierte recursos, entonces los derechos son solamente formales y no sustanciales. Por ejemplo, los pol&iacute;ticos c&iacute;nicos de California dicen que deber&iacute;amos tener acci&oacute;n afirmativa sobre la base del concepto de clase social, y no de g&eacute;nero o de factores raciales; sin embargo, cuando los pobres reclaman su derecho a entrar a la Universidad de California son admitidos, pero sin que se les canalicen recursos para la comida, la vivienda y la matr&iacute;cula, que sube m&aacute;s y m&aacute;s de un a&ntilde;o a otro. &Eacute;ste es pues un "derecho c&iacute;nico", es un derecho sin contenido, es un "derecho formal". Es como si hubieran otorgado a los m&aacute;s pobres el derecho (sin darles recursos econ&oacute;micos), o de comer en el Hilton o de comer debajo del puente &#151;ellos tienen el derecho de escoger (ver Hall y Held 1989: 178). Deber&iacute;an poner el dinero a respaldar sus palabras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto nos lleva a la segunda parte de la definici&oacute;n de ciudadan&iacute;a cultural, pasando del concepto de "ciudadan&iacute;a", que es el que hemos discutido hasta ahora, al aspecto "cultural". Empleo el concepto de la cultura en el sentido de la mediatizaci&oacute;n de la conducta humana, el significado situado desde el punto de vista del actor social. La conducta humana se mediatiza por percepciones de la realidad social. Distingo este sentido de cultura, como procesos de mediatizaci&oacute;n, del sentido de configuraciones o patrones que se usan al hablar de la cultura chicana, la italiana, la urbana, en que se asume que existe una serie de controles y normas. A mi parecer, hay que ver la identidad cultural desde una perspectiva hist&oacute;rica, como un proceso y no como un hecho acabado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando hablamos de ciudadan&iacute;a cultural se hace necesario conocer las aspiraciones leg&iacute;timas de los grupos subordinados. En ese sentido, yo cuestionar&iacute;a el concepto de "bien com&uacute;n" y por este motivo, dir&iacute;a que la "ciudadan&iacute;a cultural" no es "cultura ciudadana". Cuando se escuchan estos conceptos, uno debe preguntarse: &iquest;Qui&eacute;n tiene la autoridad de decir lo que es el "bien com&uacute;n"?, &iquest;de definir los c&oacute;digos del "espacio p&uacute;blico"?, &iquest;de establecer qu&eacute; es la "sociedad civil"? Hay que estar atento y dilucidar desde qu&eacute; punto de vista se est&aacute; haciendo un an&aacute;lisis determinado en el cual se est&aacute;n usando estos conceptos, y debemos preguntarnos entonces, &iquest;qui&eacute;nes pertenecen al grupo que ostenta ese punto de vista? &iquest;Qui&eacute;nes son y qui&eacute;nes no son los constituyentes del "nosotros" de que se habla?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Necesitamos una movilidad, una posici&oacute;n cambiante de un punto de vista a otro. Con mucha frecuencia se da el caso de estudios, aun de gente aparentemente muy progresista, que toman el punto de vista de los funcionarios legales del pueblo. Si el analista apoya, o al menos busca entender a los grupos subordinados, hay que enfocar en sus puntos de vista sus maneras de comprender el mundo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, si pensamos imponer una prueba de entrada a la ciudadan&iacute;a, y vamos a ponernos de acuerdo en una prueba para las normas de la igualdad, &iquest;qu&eacute; pasar&iacute;a si la prueba fuera levantar peso? &iquest;A qui&eacute;n favorece como grupo? A los hombres, claro. Propongamos otra prueba: a ver qui&eacute;n puede agarrarse las manos por la espalda, una por arriba del hombro y la otra por debajo (yo no puedo), pero si se hiciera la prueba de entrada de esta forma, arrojar&iacute;a otro resultado. &iquest;Qui&eacute;n decide cu&aacute;les son las normas?<sup><a href="#nota">2</a></sup> &iquest;Cu&aacute;les son las condiciones de la prueba? Y para m&iacute; sobre todo, viviendo la situaci&oacute;n desde el punto de vista de los chicanos, la "cultura ciudadana" quiere decir que te ves obligado a conformarte a las normas del grupo anglosaj&oacute;n dominante, las normas del <i>"English only".</i> O sea, t&uacute; puedes ser ciudadano si dejas de ser quien eres. Desde esta perspectiva se aceptan mujeres en este grupo s&oacute;lo si se portan como si fueran hombres, y &eacute;ste fue el caso de las famosas mujeres "sargentas" de los a&ntilde;os cincuenta, que pagaban con su propio ser el precio de entrada a los grupos dominados por hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto se puede decir de otra forma: si no hay manera de lograr el reconocimiento de mis leg&iacute;timas aspiraciones o demandas, no entro en la plaza p&uacute;blica. No entro en la sociedad civil, no me conformo a la cultura ciudadana. La cultura ciudadana tiene que renegociar sus normas. Pero el problema aqu&iacute; es que si no eres miembro de los grupos privilegiados, es muy evidente que hay problema, pero si eres miembro del grupo privilegiado, es invisible el problema, uno no se da cuenta porque no se oyen las voces disidentes, porque &eacute;stas no entran en la plaza p&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si los grupos privilegiados quieren que entremos los chicanos en la cultura c&iacute;vica, hay que renegociar las normas, los c&oacute;digos que reinaban antes. Veamos por ejemplo el concepto de "urbanidad" o <i>"civility"</i> en la plaza p&uacute;blica y la cuesti&oacute;n del respeto: Si en el nombre de la "urbanidad" o <i>"civility"</i> no me respetan a m&iacute;, me es imposible participar. Es en este contexto donde se entienden muchas de las demandas de la comunidad chicana como la educaci&oacute;n biling&uuml;e, el trato decente hacia los inmigrantes, movimientos en contra de la brutalidad policiaca, la multiculturalidad y otros asuntos que estudia Jos&eacute; Manuel Valenzuela en su valioso libro <i>El color de las sombras</i> (1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se habla de la multiculturalidad y no se abarca el concepto de la desigualdad se deslinda hacia el concepto que se da en Disneylandia, la multiculturalidad de distintos sabores donde se supone que todos somos iguales y que cada quien puede escoger el sabor que prefiere. Cuando se estudia la diversidad desde el punto de vista de las zonas fronterizas &#151;lo que Mary Louise Pratt llama zonas de contacto&#151; se pregunta &iquest;cu&aacute;les son las fronteras de intercambio social?, y &iquest;cu&aacute;les son las que no se cruzan porque est&aacute;n vigiladas por la migra?</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/desacatos/n3/a4f2.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, desde una &oacute;ptica se puede pensar en la familia burguesa nuclear como una entidad social homog&eacute;nea. Desde la perspectiva de las fronteras, en cambio, sobresale una serie de diferencias dentro de la familia: diferencias de g&eacute;nero, diferencias de generaci&oacute;n, diferencias de edad entre los hermanos, diferencias de quien tiene acceso sexual leg&iacute;timo al otro. La familia emp&iacute;rica es la misma, pero la perspectiva anal&iacute;tica cambia. La solidaridad familiar, tal como es o no es, abarca igualmente las semejanzas y las diferencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso actual de los chicanos dentro de Estados Unidos ilumina los temas que hemos abordado, sobre todo los procesos de grupos dominantes que excluyen o marginan (en muchos casos sin darse cuenta de las consecuencias) a los grupos subordinados. En Estados Unidos se pone en duda la ciudadan&iacute;a de los chicanos haciendo alusi&oacute;n a los nuevos integrantes, aquellos que se dice son ilegales, los "reci&eacute;n llegados", y la ciudadan&iacute;a de todos los latinos es cuestionada a partir de que todos somos percibidos con algo (&iquest;una mancha?) de ilegal, algo que nos confiere una falta de pertenencia. Siempre vivimos con ese estigma, una especie de signo de interrogaci&oacute;n, un cuestionamiento encima de la espalda... la "espalda mojada" tal vez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es preciso por eso aclarar dos cosas fundamentales: En primer lugar, los trabajadores indocumentados, los "reci&eacute;n llegados", pagan impuestos igual que todos los ciudadanos. Adem&aacute;s de eso, deber&iacute;an merecer derechos humanos en el trato, y no los derechos que reciben en Riverside: las golpizas. En general, adem&aacute;s, los trabajadores indocumentados no son ilegales en el sentido de no obedecer las leyes. Los trabajadores indocumentados en general obedecen las leyes a&uacute;n m&aacute;s que los ciudadanos, porque saben que el castigo que llevar&aacute;n al no conformarse a la ley ser&aacute; la deportaci&oacute;n. O sea que, en cierto sentido, son m&aacute;s legales que los "legales".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, debemos comprender lo que una joven poeta chicana indicaba cuando escribi&oacute;: "No cruc&eacute; la frontera, la frontera me cruz&oacute; a m&iacute;". Es decir, que muchos de quienes hoy son chicanos viv&iacute;an dentro del territorio estadounidense antes de que fuera territorio nacional de Estados Unidos. Y m&aacute;s a&uacute;n, en zonas como Florida y Nuevo M&eacute;xico, los chicanos viv&iacute;an dentro de lo que hoy es territorio estadounidense aun antes de que se establecieran las primeras poblaciones de anglosajones dentro de lo que hoy son las fronteras de Estados Unidos. As&iacute; es que las poblaciones con una mezcla de espa&ntilde;oles, ind&iacute;genas y mestizos se formaron antes de la poblaci&oacute;n que siempre dicen que es la primera, la de Jamestown a principios del siglo XVII. Por eso podemos afirmar que la presencia chicana dentro de Estados Unidos no es una novedad, no es algo nuevo; es algo fundamental que existe desde los or&iacute;genes de lo que es Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de los latinos dentro de Estados Unidos no es necesariamente una historia de migraci&oacute;n, ni mucho menos de migraci&oacute;n ilegal. Lo que migr&oacute;, como dijo la poeta joven, fue la frontera y no la gente. Pero muchos angloamericanos, aun africano&#45;americanos, tienen esa impresi&oacute;n. Sin embargo, es muy dif&iacute;cil que se haga visible la historia, la presencia continua de los latinos dentro de lo que es hoy Estados Unidos. Me parece, como ya dije, que presentar de una manera sensacionalista a trav&eacute;s de los medios masivos a los trabajadores indocumentados como inmigrantes ilegales es una forma ideol&oacute;gica de poner en duda la ciudadan&iacute;a de todo latino dentro de Estados Unidos, y de dividirnos entre nosotros y de dividir al pueblo estadounidense en grupos raciales, donde casi no hay manera de cruzar la l&iacute;nea entre los grupos y crear lo que se sabe que es una relaci&oacute;n de dominaci&oacute;n y subordinaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y as&iacute; es c&oacute;mo, a mi parecer, a trav&eacute;s de los planteamientos de pol&iacute;ticos c&iacute;nicos se puede entender lo que es la resoluci&oacute;n 187. Es una t&aacute;ctica de la extrema derecha para dividir al pueblo racialmente y para dividir en su interior al pueblo chicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno se pregunta en este momento: &iquest;Por qu&eacute; renegociar el contrato nacional? Yo creo que esta renegociaci&oacute;n se hace necesaria por ser parte del largo proceso de cambio social que en un momento se plasm&oacute; en la Constituci&oacute;n Nacional y que ha seguido en forma de lucha y de nuevos movimientos sociales. El contrato nacional siempre est&aacute;, y deber&iacute;a estar en un proceso de renegociaci&oacute;n, de un lado, por largos procesos de cambio, y de otro lado, porque en cada nueva generaci&oacute;n emergen nuevos actores sociopol&iacute;ticos. Pero adem&aacute;s, en Estados Unidos pasamos por un momento peligroso, en el que la represi&oacute;n aumenta por parte de grupos fundamentalistas de extrema derecha, los que en lugar de entregarnos un golpe de estado s&oacute;lo nos otorgaron la telenovela de "M&oacute;nica en la Casa Blanca".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A manera de resumen prolongado, quisiera concretar los temas ya elaborados a trav&eacute;s de una serie de ejemplos que llamar&eacute; tarjetas postales, y lo que implican para la investigaci&oacute;n de la pertenencia y del derecho a la identidad cultural.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Primera tarjeta postal</b></i></font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La definici&oacute;n ideol&oacute;gica de lo p&uacute;blico y lo privado</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Richard Rodr&iacute;guez, en <i>Hunger of Memory,</i> la primera obra que public&oacute;, opina que el espa&ntilde;ol es un idioma dom&eacute;stico; que el espa&ntilde;ol sirve para las emociones, pero no sirve para el pensamiento; sirve para la vida familiar, pero no sirve para la vida p&uacute;blica. Podr&iacute;amos decir que, en opini&oacute;n de Rodr&iacute;guez, el espacio de la cultura racial, de la cultura &eacute;tnica, dentro de Estados Unidos, se define dentro del espacio dom&eacute;stico. Las percepciones de Rodr&iacute;guez &#151;dir&iacute;a que &eacute;l no tiene la culpa&#151; son un resultado de la ideolog&iacute;a que se impone sobre &eacute;l. La ideolog&iacute;a segregacionista de supremac&iacute;a blanca se articula a trav&eacute;s de lo que dice Rodr&iacute;guez. La culpa no la tiene el idioma ni el mismo autor. Si el idioma no entra a la vida p&uacute;blica es por una serie de prohibiciones, algunas jur&iacute;dico&#45;legales y otras no formales. Es evidente en M&eacute;xico, si no en la vida cotidiana de la juventud de Rodr&iacute;guez en Sacramento, California, que el espa&ntilde;ol como idioma puede entrar al coraz&oacute;n, pero que tambi&eacute;n puede entrar al cerebro y a la vida p&uacute;blica.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Segunda tarjeta postal</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El significado de la violencia fronteriza</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Busco combinar lo cultural con lo material y en este sentido juntar los dos lados del arco. Lo real se puede entender como teatro. Un espect&aacute;culo popular del momento en Estados Unidos es el teatro de la l&iacute;nea. A veces, cuando pensamos en ritos, pensamos en algo que se parece a un rito cl&aacute;sico, pensamos en las formas simb&oacute;licas, por ejemplo, la ceremonia de una boda. Pero el rito de la frontera, la manera en que se construye la violencia en la frontera, es material a la vez que simb&oacute;lica. El objetivo en la investigaci&oacute;n deber&iacute;a ser ver las dos cosas a la vez. No perder de vista lo violento, lo material, ni perder de vista a la vez lo simb&oacute;lico, el significado. Las nuevas t&eacute;cnicas de violencia ofrecen procesos violentos hacia los mexicanos que llegan, casi siempre sin armas y s&oacute;lo en busca de ganarse la vida. El riesgo que corren es real; la posibilidad de muerte es evidente. Pero lo principal para los pol&iacute;ticos estadounidenses es el teatro que ofrecen al p&uacute;blico (es decir, a los votantes) con sus invocaciones de la guerra en Vietnam (el nuevo DMZ &#151;<i>DeMilitarized Zone</i>&#151; por ejemplo). Lo que quieren poner en escena es la vulnerabilidad de los ciudadanos estadounidenses frente al riesgo de los "ilegales" mexicanos, y la bondad del gobierno nacional que tiene los medios para proteger al pueblo frente a los invasores morenos del sur.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Tercera tarjeta postal</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciudadan&iacute;a como voto</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El voto es el derecho fundamental del ciudadano. Pero en las resoluciones estatales, el voto ofrece la oportunidad de expresar los prejuicios. Yo creo que la iniciativa de ley 187 fue expresi&oacute;n de la supremac&iacute;a blanca. Y la iniciativa para las elecciones de noviembre de 1996 a la que nombran c&iacute;nicamente <i>"California Civil Rights Initiative"</i> es una iniciativa en contra de los derechos civiles, manipulada por pol&iacute;ticos que acent&uacute;an divisiones raciales. Esto requiere de un an&aacute;lisis simb&oacute;lico, cultural. Es evidente que la propuesta manifiesta una violencia muy profunda en contra de nosotros los chicanos y la gente de color en general. Expresa tambi&eacute;n una violencia en contra de las mujeres en el sentido de matar carreras, las posibilidades de mejorar las condiciones socio&#45;econ&oacute;micas. Esta violencia, sin embargo, requiere de un an&aacute;lisis que vaya m&aacute;s all&aacute; del supuesto "c&aacute;lculo racional" del votante, al cual aluden muchos polit&oacute;logos. El an&aacute;lisis debe incluir el aspecto cultural. Porque cuando se vota, lo que se expresa es m&aacute;s que lo "racional", se expresa tambi&eacute;n la "psique", los prejuicios profundos.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Cuarta tarjeta postal</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puntos de vista</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos percatarnos de que existen, para una situaci&oacute;n definida, distintos puntos de vista, y el punto de vista en el que debemos hacer &eacute;nfasis particular en el an&aacute;lisis social debe ser el de los grupos subordinados, porque es menos visible que el punto de vista de los grupos dominantes. Hay que tomar en cuenta, por lo tanto, ambos puntos de vista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La poeta chicana Lorna Dee Cervantes expresa esta idea de los "puntos de vista" a trav&eacute;s de su poema con el t&iacute;tulo siguiente:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un poema para un hombre blanco que me pregunt&oacute;, c&oacute;mo pod&iacute;a yo, una mujer inteligente, que hab&iacute;a le&iacute;do mucho, c&oacute;mo pod&iacute;a creer que hab&iacute;a una guerra entre los grupos raciales en Estados Unidos.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la &oacute;ptica de una perspectiva la poeta dice:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En mi tierra no hay distinciones, la pol&iacute;tica de la opresi&oacute;n se termin&oacute; hace a&ntilde;os...</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">y sigue as&iacute;, dentro del punto de vista del privilegio. Luego ella asume una perspectiva muy diferente y dice:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo creo en la revoluci&oacute;n, porque donde quiera se ven cruces que se est&aacute;n quemando, hay soldados en cada esquina, hay soldados en las escuelas, que est&aacute;n tirando balas, las balas que est&aacute;n tirando las est&aacute;n tirando hacia m&iacute;, y no hacia ti.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, que hay una falta de comprensi&oacute;n, hay una diferencia de punto de vista, y &eacute;sta siempre hay que tomarla en cuenta. El privilegio es casi imposible de ver por el que lo goza, porque parece ser que lo que experimenta en la vida cotidiana debe ser universal, o sea, lo que experimentan todos. Pero el privilegio es muy visible para los que no lo experimentan. Y esta diferencia de punto de vista y visibilidad (o no visibilidad) del privilegio crea problemas de di&aacute;logo e inspira procesos democr&aacute;ticos de renegociar los contratos nacionales.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Quinta tarjeta postal</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Procesos de segregaci&oacute;n y el miedo burgu&eacute;s</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para m&iacute;, los centros comerciales son un poco ambiguos porque en &eacute;stos s&iacute; hay segregaci&oacute;n de clase, pero deben tambi&eacute;n tomarse en cuenta las diferencias de edad y de generaci&oacute;n. El centro comercial es un lugar donde se congregan ni&ntilde;os, j&oacute;venes y adultos. Para los j&oacute;venes puede ser un lugar maravilloso. Para los intelectuales, en cambio, la visita al centro comercial es un paseo donde nos sentimos enajenados. Pensamos, "&iexcl;La mercantilizaci&oacute;n de la vida cotidiana es un desastre!". Los j&oacute;venes, en cambio, andan como reyes y reinas del paseo, saludan a todo el mundo. Para ellos es un lugar conocido, seguro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los procesos de segregaci&oacute;n existe un r&eacute;gimen de miedo. Y para m&iacute;, los procesos de segregaci&oacute;n m&aacute;s serios que existen son los de los vecindarios. En los vecindarios hay una homogeneidad de clase y, adem&aacute;s, en Estados Unidos se da homogeneidad racial. Y esta segregaci&oacute;n es algo fundamental que se entiende en relaci&oacute;n con el fen&oacute;meno del miedo: un trabajador indocumentado que cruza la frontera inspira miedo. Pero en este caso no debe confundirse el miedo y la vulnerabilidad del que lo siente. Cuando estudiamos procesos de segregaci&oacute;n no debemos dejar de lado el estudio cultural de las emociones como el miedo y la vulnerabilidad.</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/desacatos/n3/a4f3.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que se busca en el estudio de los procesos urbanos es una manera de ver que incorpore la relaci&oacute;n entre distintos grupos. No hay que ver las cosas desde el punto de vista de grupos aislados, sino de grupos en relaci&oacute;n mutua. Es decir, por ejemplo, no estudiar procesos sociales como "aculturaci&oacute;n" o sea, en una sola direcci&oacute;n, sino como procesos de "transculturaci&oacute;n". Ver los procesos sociales como transculturaci&oacute;n y no asimilaci&oacute;n unidireccional es lo fundamental para m&iacute;, y la aspiraci&oacute;n que tengo es la de comprender el conjunto de las relaciones sociales a distintos niveles y en ese sentido re&#45;escribir el contrato nacional o re&#45;escribir el documento acad&eacute;mico fundamental para la ciudadan&iacute;a, la historia de Estados Unidos.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> <i><b>Sexta tarjeta postal</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pertenencia y una huelga de hambre</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pertenencia no debe ser un lujo. Para los que viven dentro de la plenitud de la pertenencia no la reconocen como tal, es como el aire que se respira sin pensarlo, parece ser lo m&aacute;s natural. Pensemos, por ejemplo, en el caso de Elvira Prieto, una de los cuatro estudiantes que armaron una huelga de hambre en la universidad de Stanford. Ella analiza su participaci&oacute;n en la huelga en un ensayo que escribi&oacute; para el programa de Maestr&iacute;a en Educaci&oacute;n de Harvard. Su participaci&oacute;n en la huelga de hambre se rebas&oacute; en varios factores, incluyendo la pertenencia y la defensa del Centro Chicano. Ella dice:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Centro Chicano cre&oacute; un espacio donde sent&iacute;a que pertenec&iacute;a a Stanford. No era como la mayor&iacute;a de mis clases ni era como los dormitorios estudiantiles, sino que era un lugar donde sab&iacute;a que pod&iacute;a encontrar a otros estudiantes que entend&iacute;an el estr&eacute;s que viv&iacute;a por ser chicana en Stanford; all&iacute; no me ve&iacute;a obligada a narrar la historia de mi vida o explicar el significado de la palabra chicana antes de comenzar a conversar.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero para ella, el don de la pertenencia no se pierde de vista:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos los d&iacute;as me acuerdo de que el hecho de poder estudiar en Harvard me ubica en una posici&oacute;n de privilegio. El promover el cambio social a trav&eacute;s de mi privilegio me obliga a arriesgar todo a favor de los que sufren como sufr&iacute;a antes de estar aqu&iacute;.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ella, la pertenencia es un don fundamental que gan&oacute; a trav&eacute;s de su participaci&oacute;n pol&iacute;tica, y no es ni un lujo ni un privilegio invisible que ha disfrutado desde su nacimiento.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>S&eacute;ptima tarjeta postal</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quetzalc&oacute;atl en San Jos&eacute;, California</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para terminar quisiera presentar una &uacute;ltima postal: Hace cinco a&ntilde;os se inaugur&oacute; una estatua de Quetzalc&oacute;atl en San Jos&eacute;. En este caso hubo protestas muy serias de grupos evang&eacute;licos de extrema derecha. Los grupos evang&eacute;licos ten&iacute;an sus historias de violencia en una serie de confrontaciones en las cl&iacute;nicas del aborto. Me hab&iacute;an pedido que diera, la noche anterior de la inauguraci&oacute;n de la estatua, una ponencia sobre Quetzalc&oacute;atl. Cuando sal&iacute;a de la casa estaba nervios&iacute;simo porque sab&iacute;a que los grupos evang&eacute;licos hab&iacute;an prometido llegar. No quiero que se preocupen demasiado por mi bienestar, as&iacute; es que dir&eacute; de antemano que al llegar al auditorio vi un grupo de militantes chicanos, <i>los"brown berets",</i> y funcionarios del pueblo de San Jos&eacute;, entre ellos el alcalde, as&iacute; como un grupo numeroso de danzantes que hab&iacute;a llegado bajo el liderazgo de una persona de la Ciudad de M&eacute;xico. As&iacute; que cuando llegu&eacute; me sent&iacute; m&aacute;s seguro. Pero volvamos al momento de miedo m&aacute;ximo: al dejar la casa, mi hija Olivia que ten&iacute;a entonces nueve a&ntilde;os me escribi&oacute; r&aacute;pidamente un poema que dice as&iacute;:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acu&eacute;rdate qui&eacute;n, c&oacute;mo,    <br> acu&eacute;rdate de qui&eacute;n eres.     <br> C&oacute;mo llegu&eacute; yo aqu&iacute;,    <br> acu&eacute;rdate de tus descendientes.     <br> Acu&eacute;rdate de tu idioma,     <br> acu&eacute;rdate de qui&eacute;n eres.     <br> Aunque haya prejuicio,    <br> acu&eacute;rdate de qui&eacute;n eres     <br> y de lo que eres.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Acu&eacute;rdate.</font></p> </blockquote> 	    <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Davis, Mike, 1990, <i>City of Quartz: Excavating the Future in Los Angeles,</i> Verso, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638721&pid=S1607-050X200000010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Canclini, N&eacute;stor, 1995, <i>Consumidores y ciudadanos: conflictos multiculturales de la globalizaci&oacute;n,</i> Grijalbo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638723&pid=S1607-050X200000010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hall, Stuart y David Held, 1989, "Citizens and Citizenship" en Stuart Hall y Martin Jacques, <i>New Times: The Changing Face of Politics in the 1990s,</i> Verso, Londres, pp. 173&#45;188.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638725&pid=S1607-050X200000010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pateman, Carole, 1992, "Equality, Difference, Subordination: The politics of Motherhood and Women's Citizenship" en Gisela Bock y Susan James, <i>Beyond Equality and Difference: Citizenship, Feminist Politics, Female Subjectivity,</i> Routledge, Nueva York, pp.17&#45;31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638727&pid=S1607-050X200000010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Prieto, Elvira, 1998, "Project Proposal", manuscrito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638729&pid=S1607-050X200000010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosaldo, Renato, 1997, "Cultural Citizenship, Identity, Multiculturalism" <i>en</i> William Flores y Rina Benmayor (eds.), <i>Latino Cultural Citizenship: Claiming Identity, Space and Rights,</i> Beacon Press, Boston, pp. 27&#45;38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638731&pid=S1607-050X200000010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosaldo, Renato y William Flores, 1997, "Identity, Conflict, and Evolving Latino Communities: Cultural Citizenship in San Jose", en William Flores y Rina Benmayor (eds.), <i>Latino Cultural Citizenship: Claiming Identity, Space and Rights,</i> Beacon Press, Boston, pp. 57&#45;96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638733&pid=S1607-050X200000010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Valenzuela Arce, Jos&eacute; Manuel, 1998, <i>El color de las sombras: chicanos, identidad y racismo, </i>El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638735&pid=S1607-050X200000010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Young, Iris Marion, 1990, <i>Justice and the Politics of Difference,</i>Princeton University Press, Princeton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2638737&pid=S1607-050X200000010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El libro de Mike Davis (1990) ofrece una visi&oacute;n ut&oacute;pica de las plazas p&uacute;blicas en los espacios urbanos. No me opongo a las plazas p&uacute;blicas, sino que no las entiendo como soluci&oacute;n en s&iacute; a las desigualdades de las ciudades multiculturales a fines del siglo XX.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La pregunta de qui&eacute;n tiene el derecho de definir el bien com&uacute;n se ha discutido en la literatura feminista de Estados Unidos. V&eacute;ase, por ejemplo, Pateman (1992) y Young (1990).</font></p>      ]]></body><back>
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