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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Stephen Breyer, <i>Making Our Democracy Work, A Judge's View</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mario Melgar Adalid*</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Nueva York, Alfred A. Konp, 2010, 270 pp.</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stephen Breyer es un juez asociado (ministro) de la Suprema Corte de los Estados Unidos que se ha caracterizado por ser un juez comprometido ideol&oacute;gica y socialmente. Sobresalen en &eacute;l sus caracter&iacute;sticas personales, sus cualidades acad&eacute;micas, su quehacer judicial y su independencia de criterio. Es integrante del ala liberal de la Suprema Corte, aun en minor&iacute;a frente a los conservadores que han dominado en los &uacute;ltimos lustros. Breyer es un juez abierto no s&oacute;lo a las tendencias, movimientos de avanzada y corrientes en boga en los Estados Unidos. Breyer, sale de su pa&iacute;s, participa regularmente en reuniones acad&eacute;micas y en congresos judiciales internacionales que congregan a jueces de los tribunales supremos del mundo. <i>Making our Democracy Work A Judge's View</i> no es el primer texto que Breyer pone a consideraci&oacute;n del p&uacute;blico lector. El juez Breyer ha tenido la disciplina de producir textos sobre su quehacer jurisdiccional que enriquecen la cultura jur&iacute;dica de las escuelas de derecho y que son motivo de an&aacute;lisis y debate en los terrenos pol&iacute;tico y acad&eacute;mico.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre otras obras, producto de su pluma &aacute;gil y simple, sobresale <i>Active Liberty, Interpreting our Democratic Constitution,</i> en el que present&oacute; sistematizadamente sus puntos de vista sobre teor&iacute;a jur&iacute;dica, a partir de la idea de que el Poder Judicial debe resolver las controversias con la finalidad de animar la participaci&oacute;n democr&aacute;tica en las decisiones gubernamentales. Propuso en este libro una innovadora forma de interpretar las leyes para desentra&ntilde;ar el esp&iacute;ritu que anim&oacute; al legislador. En su libro anterior, Breyer afirma que los esfuerzos constitucionales para crear instituciones pol&iacute;ticas no significan nada sin la participaci&oacute;n del pueblo en las decisiones de la vida pol&iacute;tica. De igual manera el prop&oacute;sito constitucional de asegurar una democracia constitucional funcional poco representa, si el p&uacute;blico simplemente ignora las interpretaciones de la Constituci&oacute;n que no son de su agrado.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora Stephen Breyer presenta <i>Making our Democracy Work, A Judge's View,</i> en el que describe el camino recorrido por la Suprema Corte de Estados Unidos para lograr la aceptaci&oacute;n popular. Adem&aacute;s, explica como se ha logrado que las resoluciones sean aceptadas con fuerza de ley. Breyer, en este texto, se ocupa de revelar de donde proviene el poder de la revisi&oacute;n judicial, en tanto que la Constituci&oacute;n de los Estados Unidos no dice nada respecto a la facultad de anular definitivamente normas que violan la Constituci&oacute;n. Compara lo que sucede en Canad&aacute;, donde la Corte Suprema de ese pa&iacute;s puede anular una ley por considerarla inconstitucional, pero esa no es necesariamente la &uacute;ltima palabra. La legislatura puede en ciertos casos, sin necesidad de reformar la Constituci&oacute;n, restaurar la legislaci&oacute;n impugnada, como tambi&eacute;n se puede hacer en Gran Breta&ntilde;a o en Nueva Zelanda. Refiere la pr&aacute;ctica de estos pa&iacute;ses en los que si un tribunal no puede conciliar consistentemente una ley con la carta de derechos, puede formular una "declaraci&oacute;n de incompatibilidad", lo que no necesariamente invalida la legislaci&oacute;n. Al formular tal declaraci&oacute;n, depender&aacute; del Parlamento decidir si reforma o desecha la legislaci&oacute;n que adolece, seg&uacute;n la decisi&oacute;n judicial, de constitucionalidad por haber violado derechos ciudadanos. El Parlamento puede dejar la ley en su lugar inalterada independientemente de la decisi&oacute;n judicial.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No sucede lo mismo en sistemas jur&iacute;dicos como el de Estados Unidos. Sin embargo, el punto clave es si en un sistema democr&aacute;tico, como se precia de ser el estadounidense, en que los pilares son la representaci&oacute;n pol&iacute;tica y la responsabilidad de los funcionarios electos, es v&aacute;lido que las decisiones de unos cuantos jueces que no son electos democr&aacute;ticamente, que son ejemplarmente independientes y est&aacute;n institucionalmente aislados del impacto directo de la opini&oacute;n p&uacute;blica, definan cuestiones de orden p&uacute;blico. No obstante, Breyer aborda en su libro la cuesti&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica que juega un papel tan definitorio en las democracias. Si bien los jueces asociados de la Suprema Corte son electos de por vida, eso no garantiza que sean inmunes a las corrientes de la opini&oacute;n p&uacute;blica, a la presi&oacute;n de los medios y de las instituciones acad&eacute;micas que siempre est&aacute;n atentas al quehacer judicial.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica a los jueces y particularmente a sus decisiones data, dice Breyer, desde los d&iacute;as en que se fund&oacute; ese pa&iacute;s, lo que es bueno para afianzar la democracia. Los jueces leen los peri&oacute;dicos, revisan las cr&iacute;ticas acad&eacute;micas a sus decisiones y estudian los memos que los apremian a decidir en un sentido o en otro. Los Jueces, dice Breyer, se dan cuenta que pueden equivocarse y por ello es que la Suprema Corte reconsidera decisiones previas que invalida con nuevas determinaciones. &iquest;Qu&eacute; tanto afecta a la actuaci&oacute;n judicial y a la independencia de los jueces la presi&oacute;n de los medios y de la opini&oacute;n p&uacute;blica? Breyer da respuestas a esta y otras interrogantes en su nuevo libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Breyer algunas decisiones deben tomarse de manera antidemocr&aacute;tica. Explica, por ejemplo, lo que ocurre en el juicio penal de un acusado que es impopular para la opini&oacute;n p&uacute;blica. A pesar de lo que el p&uacute;blico piense del acusado y de lo grave que haya sido la falta cometida, se le tienen que respetar sus derechos. Tales derechos espec&iacute;ficos pueden ir en contra del sentir de las mayor&iacute;as, lo que no impide que se respeten, pues el sistema constitucional y democr&aacute;tico &#151;afirma Breyer&#151; no es una democracia mayoritaria pura, sino una democracia mayoritaria que tiene l&iacute;mites fijados por la estructura constitucional y por derechos que la Constituci&oacute;n garantiza a las personas f&iacute;sicas y a las minor&iacute;as, muchas veces aun en contra de la voluntad o los deseos mayoritarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las decisiones que toma la Suprema Corte son de tal manera relevantes para la vida pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y social que es indispensable conocer la manera en que la aplicaci&oacute;n de la revisi&oacute;n judicial impacta a una sociedad. Como muestra, dice Breyer, la Suprema Corte ha resuelto recomponer los distritos electorales lo que ha modificado el resultado de las elecciones; ha tomado decisiones en acciones afirmativas que limita criterios raciales para asignar estudiantes a una determinada escuela secundaria o para aumentar la diversidad racial, o ha formulado determinaciones sobre abortos que han anulado leyes que imped&iacute;an a las mujeres lograr la pr&aacute;ctica de un aborto, o ha decidido sobre rezos en las escuelas, o establecido los criterios para las detenciones y revisiones polic&iacute;acas que modificaron la manera en que operaba la polic&iacute;a en ese pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Breyer identifica algunas respuestas que justifican el papel de la Suprema Corte para asegurar un sistema democr&aacute;tico funcional. La libertad de expresi&oacute;n garantizada por resoluciones judiciales permite a los votantes ejercer su derecho a elegir de manera informada y democr&aacute;tica. Esta libertad permite que se conozcan y difundan puntos de vista distintos y en ocasiones opuestos. Por otra parte, la garant&iacute;a de Igualdad ante la Ley, tambi&eacute;n contenida en sentencias de la Suprema Corte, asegura que el gobierno brinde un trato igualitario a todos los ciudadanos requisito indispensable del sistema democr&aacute;tico. Algunas personas, considera Breyer, encuentran en la multiplicidad de actores y de autoridades tal dispersi&oacute;n que es necesario que exista un &aacute;rbitro para las eventuales disputas y controversias que tengan entre s&iacute; los &oacute;rganos del poder. Si bien se pueden encontrar respuestas que justifiquen la funci&oacute;n judicial al nivel de la Suprema Corte, subsiste la necesidad de explicar porque la Corte tiene la facultad de desentra&ntilde;ar en la Constituci&oacute;n la palabra "libertad" para encontrar derechos que no necesariamente tienen que ver con la democracia o con la protecci&oacute;n de las minor&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las preguntas que formula Breyer a lo largo del texto no dejan de ser sugerentes: &iquest;Por qu&eacute; ese documento (la Constituci&oacute;n) le permite a la Corte asumir que tiene el poder de anular una ley por resultar contraria a la Constituci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; significa exactamente la revisi&oacute;n judicial? Es claro que se trata del poder de la Suprema Corte para anular una ley que resulta incompatible con la Constituci&oacute;n en un caso particular, pero &iquest;significa tambi&eacute;n que el Congreso o el presidente deben estar de acuerdo necesariamente con lo resuelto por la Corte? &iquest;Ser&aacute; que otras instituciones tienen una obligaci&oacute;n independiente de determinar si una ley es consistente con la Constituci&oacute;n. &iquest;Podr&iacute;an esas instituciones p&uacute;blicas y privadas ignorar lo que la Corte resuelva? Estas preguntas no tuvieron cabal respuesta sino hasta la mitad del siglo XX. Antes de eso hab&iacute;a un mar de ambig&uuml;edades. No obstante la gran cuesti&oacute;n es si el pueblo aceptar&aacute; como v&aacute;lida la soluci&oacute;n de la Suprema Corte en un caso de inter&eacute;s general. &iquest;Ser&aacute; que el cuerpo colegiado inofensivo, t&eacute;cnica y comparativamente sin poder, como lo describieron Hamilton e Iredell, puede lograr que el pueblo acepte una decisi&oacute;n importante, aun cuando considere que la misma est&aacute; equivocada? Dice Breyer que los fundadores de los Estados Unidos no dieron la respuesta, pero esa Naci&oacute;n ha clamado por ella a lo largo de su historia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Breyer da un paseo jur&iacute;dico hist&oacute;rico para contestar esta interrogante. Las reflexiones sobre la relevancia de Marbury <i>vs.</i> Madison est&aacute;n naturalmente contenidas en el libro. En Marbury, el juez Marshall estableci&oacute; la autoridad de la Suprema Corte para invalidar leyes que entraran en conflicto con la Constituci&oacute;n. Para hacerlo &#151;en ello su genialidad&#151; pudo sobreponerse a los obst&aacute;culos pol&iacute;ticos e institucionales de mayor orden. No obstante la relevancia de Marbury, la Suprema Corte no volvi&oacute; a ejercer el poder de invalidar una Ley del Congreso sino hasta el famoso caso del esclavo Dred Scott, casi cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde al considerar que el Compromiso de Missouri resultaba inconstitucional y por tanto Scott deber&iacute;a permanecer como esclavo. La raz&oacute;n de por qu&eacute; tuvieron que pasar tantos a&ntilde;os entre las dos sentencias, dice Breyer, pudo haber sido el temor de que el Congreso, el presidente o el pueblo no cumplieran con las decisiones de la Suprema Corte. La historia fue, seg&uacute;n Breyer, la que fue moldeando el sentir del pueblo, el Congreso y el presidente respecto de las decisiones del alto tribunal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de ellas fue la de los indios cherokee que obtuvieron una sentencia favorable de la Suprema Corte, misma que no fue cumplida por las autoridades a quienes estaba dirigida la resoluci&oacute;n. Al inicio del siglo XIX se dio un conflicto entre los indios cherokee y sus vecinos asentados en el estado de Georgia. Los indios eran propietarios de tierras, rocas, minerales que los blancos codiciaban y que aquellos no estaban dispuestos a cederles. Los cherokee se hab&iacute;an asentado en el norte del estado de Georgia antes que los georgianos. Hab&iacute;an transitado de su actividad casi n&oacute;mada, como cazadores y pescadores, a la m&aacute;s estable y sedentaria vida de granjeros y peque&ntilde;os propietarios. Hab&iacute;an desarrollado un alfabeto propio, ten&iacute;an una imprenta y hab&iacute;an fundado la capital de New Echota. Hab&iacute;an adoptado una Constituci&oacute;n pol&iacute;tica bajo el liderazgo de John Ross, el gran jefe de la tribu. Cuando se iniciaron los intentos por desplazarlos al Oeste, le anunciaron firmemente al presidente Monroe que no estaban dispuestos a ceder un &aacute;pice de sus tierras. Sab&iacute;an y as&iacute; lo comunicaron al gobierno que no eran extranjeros en su propia tierra y que no reconocer&iacute;an la soberan&iacute;a de ning&uacute;n estado dentro de su propio territorio. En 1829 se encontr&oacute; oro en terrenos de los cherokee y los georgianos decidieron romper el estado de tregua y empezaron a explotar las minas. La Legislatura de Georgia expidi&oacute; leyes para anular las expedidas por los cherokee, adem&aacute;s prohibirles a &eacute;stos reunirse en asamblea. Adem&aacute;s sometieron a arresto a quien se opusiera a la movilizaci&oacute;n de los cherokee al Oeste. Los georgianos encontraron un apoyo en el presidente Andrew Jackson que se abstuvo de mandar tropas para obligar al cumplimiento de los derechos contenidos en las leyes de los indios y urgi&oacute; a los cherokee a que se mudaran al Oeste. El Congreso de los Estados Unidos, salvo algunas voces aisladas que refiere Breyer, apoy&oacute; al presidente Jackson y expidi&oacute; una ley para trasladar a los indios a otro sitio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cherokee pelearon durante la Independencia al lado de los ingleses y al terminar la guerra firmaron tratados con los nuevos Estados Unidos. En estos tratados el nuevo pa&iacute;s los oblig&oacute; a proteger sus tierras y garantizarles sus fronteras. Breyer recuerda el art&iacute;culo VI de la Constituci&oacute;n que establece que no solamente la Constituci&oacute;n, sino las leyes que de ella emanen y los tratados celebrados bajo la autoridad de los Estados Unidos son la ley suprema del pa&iacute;s y los jueces de todos los estados quedan sujetos a sus disposiciones, independientemente de lo que digan las leyes de los estados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Breyer se&ntilde;ala que a pesar de tratarse de un caso incontrovertible, las mismas circunstancias pol&iacute;ticas que hab&iacute;an determinado fincar sus esperanzas en la ley, hac&iacute;an entonces dif&iacute;cil su aplicaci&oacute;n. Los georgianos no los proteger&iacute;an, a la mayor&iacute;a en el Congreso no les interesaba el asunto y Andrew Jackson el presidente, se hab&iacute;a negado a aplicar el tratado. No le qued&oacute; a los cherokee otro camino que el de la Suprema Corte. Despu&eacute;s de varias escaramuzas jurisdiccionales en las cortes del Estado de Georgia adversas a la tribu, se elev&oacute; el caso a la Suprema Corte en Cherokee Nation <i>vs.</i> Georgia. En un primer intento la Suprema Corte sobresey&oacute; el caso por considerar que la jurisdicci&oacute;n original de la Corte comprend&iacute;a exclusivamente aquellos asuntos en que un Estado sea parte y el caso comprenda a otro Estado, a un ciudadano de otro Estado o a un Estado extranjero. La tribu cherokee seg&uacute;n la Suprema Corte era una "Naci&oacute;n dom&eacute;stica y dependiente". Seg&uacute;n Breyer esto dejo encantados a los georgianos. William Wirt, quien hab&iacute;a sido abogado general de los Estados Unidos, represent&oacute; a la tribu ante la Suprema Corte de manera ejemplar. Incansable encontr&oacute; la litis. Seg&uacute;n la ley del estado de Georgia todas las personas blancas que residieran dentro de los l&iacute;mites de la naci&oacute;n cherokee deber&iacute;an hacer el juramento de respetar las leyes de Georgia. Samuel Worchester, un misionero de Nueva Inglaterra se neg&oacute; a hacer el juramento. El gobernador orden&oacute; la detenci&oacute;n de Worchester y un tribunal determin&oacute; que hab&iacute;a violado la ley, por lo que le impuso una pena de cuatro a&ntilde;os de trabajos forzados. La Ley Judicial de 1789, le dio facultades a la Suprema Corte para resolver aquellos asuntos en que un tribunal estatal no hubiera atendido la queja de una de las partes. En este caso, una ley penal de un estado resultaba violatoria de una ley federal que la Constituci&oacute;n hab&iacute;a fijado como "suprema". De tal manera que el abogado de los cherokee apel&oacute; ante la Suprema Corte el caso de Worchester, sobre la base de que la aplicaci&oacute;n de ley penal de Georgia en territorio cherokee, resultaba violatoria de los tratados celebrados por Estados Unidos que son ley suprema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Corte vot&oacute; en favor de Worchester 5 a 1 (entonces la Suprema Corte de Estados Unidos estaba integrada &uacute;nicamente por seis Jueces Asociados). La decisi&oacute;n de la Corte fue elaborada por el juez Marshall, quien dejo claro que ni Inglaterra ni los Estados Unidos cancelaron la independencia de los cherokee. Finalmente, la resoluci&oacute;n establec&iacute;a que los georgianos no pod&iacute;an ingresar al territorio de la tribu sin su consentimiento y las leyes del estado de Georgia no eran aplicables en territorio cherokee. El misionero qued&oacute; libre en t&eacute;rminos de la resoluci&oacute;n, pero las autoridades del Estado se negaron a cumplir con la determinaci&oacute;n de la Suprema Corte. El juez estatal se neg&oacute; a liberar a Samuel Worchester, despu&eacute;s el gobernador le comunic&oacute; a la legislatura estatal que enfrentar&iacute;a la "usurpaci&oacute;n del poder federal con la m&aacute;s inmediata y determinante resistencia". El gobierno del presidente Jackson no apoy&oacute; el cumplimiento de la resoluci&oacute;n judicial. Se lleg&oacute; al extremo de que el secretario de Guerra manifest&oacute; que el presidente despu&eacute;s de "maduras consideraciones" estimaba que las legislaturas estatales ten&iacute;an el derecho de aplicar sus leyes a todas las personas que se encontraran dentro de su jurisdicci&oacute;n, incluidas las tribus de indios. Por ello el presidente se abstuvo de intervenir para dar cumplimiento a la resoluci&oacute;n de la Suprema Corte. Por el contrario, el presidente intervino al enviar tropas federales al estado de Georgia para desalojar a los indios cherokee. A pesar de las protestas de 17 mil indios, el gobierno federal los desaloj&oacute; en una acci&oacute;n que se conoce como la "Ruta de las Lagrimas" por la muerte de tantos y tantos cherokee en su penoso trayecto desde Georgia hasta el estado de Oklahoma, donde actualmente viven sus descendientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Breyer compara esta decisi&oacute;n incumplida de la Suprema Corte con otra decisi&oacute;n desgraciadamente cumplida. Se trata del infame caso de Dred Scott que describe con detalle en un amplio cap&iacute;tulo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de una larga batalla en los tribunales, el caso de Dred Scott, un esclavo que se pretend&iacute;a fuera liberado por haber sido trasladado por sus amos a territorios libres de esclavitud, lleg&oacute; en apelaci&oacute;n a la Suprema Corte. El status legal de los esclavos era un asunto de vital importancia para los Estados Unidos. Los estados del sur tem&iacute;an que los nuevos estados, si optaban por la prohibici&oacute;n de la esclavitud, apoyar&iacute;an un Congreso que eventualmente pudiera abolirla. Se trataba de que la Suprema Corte estableciera que las personas ten&iacute;an un derecho a poseer esclavos aun en los territorios abolicionistas. El norte naturalmente deseaba cancelar la oprobiosa instituci&oacute;n de la esclavitud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En marzo de 1857, cuando Buchanan ya era presidente de los Estados Unidos, la Suprema Corte resolvi&oacute;, despu&eacute;s de una larga espera, el caso que hab&iacute;a generado expectaci&oacute;n nacional. La resoluci&oacute;n se&ntilde;al&oacute; que al momento de adoptarse la Constituci&oacute;n, los negros (negroes), fueran o no esclavos, se consideraban como personas de un orden inferior y por ello no pod&iacute;an ser considerados como ciudadanos, en los t&eacute;rminos de una ley del Congreso que autoriza litigios en los que el demandado o el actor son ciudadanos de diferentes estados y que por tanto llevan sus controversias a un tribunal federal. La sentencia se&ntilde;al&oacute; que adem&aacute;s hab&iacute;a otra raz&oacute;n para no considerar al esclavo como ciudadano conforme a tal ley del Congreso y era el caso de que Dred Scott segu&iacute;a siendo esclavo, aun cuando su anterior amo lo hab&iacute;a llevado al Territorio del Noroeste, donde la esclavitud hab&iacute;a sido prohibida por el Compromiso de Missouri. La Suprema Corte de San Luis hab&iacute;a llegado a la misma conclusi&oacute;n, pero con fundamento en el criterio de la legislaci&oacute;n de Missouri que establece que el viaje de un esclavo con su amo a un territorio al norte de la frontera sur de Missouri no lo emancipa cuando regrese a Missouri. No obstante la opini&oacute;n de Taney, el presidente de la Corte se sustent&oacute; en la idea de que el Compromiso de Missouri, con el que el Congreso pretend&iacute;a abolir la esclavitud en los territorios al norte de la frontera sur de Missouri, invad&iacute;a las facultades del Congreso sobre los Territorios. A pesar de que el Compromiso de 1850, hab&iacute;a superado el Compromiso de Missouri, los viajes de Dred Scott, acompa&ntilde;ado de sus amos, a estado y territorios libres, tuvieron efecto antes de 1850, de manera que la validez del Compromiso de Missouri est&aacute; necesariamente ligada a la resoluci&oacute;n del asunto. Taney se&ntilde;al&oacute; que el Congreso tiene la obligaci&oacute;n de permitir que todos los ciudadanos, de todos los estados de la Uni&oacute;n, puedan llevar sus propiedades cuando se trasladen a los territorios, y esto incluye a los surianos que deseen llevar consigo esclavos, considerados &eacute;stos como propiedad, bajo las leyes de los estados del Sur.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sentencia en Dred Scott ha sido analizada profundamente por la academia y por el mismo Poder Judicial. William Rehnquist, juez asociado del ala conservadora, quien fue presidente de la Suprema Corte y como Breyer ha escrito sobre cuestiones judiciales, abord&oacute; el tema y se&ntilde;ala que la Constituci&oacute;n de los Estados Unidos confiere al Congreso la facultad para regular los territorios de los Estados Unidos. La sentencia de Taney, dice Rehnquist, no se sustenta en ninguna disposici&oacute;n constitucional que permitiera determinar que el Compromiso de Missouri quedara fuera de esas atribuciones del Congreso. La opini&oacute;n se basa fundamentalmente en la convicci&oacute;n de la injusticia para los surianos al impedirles traer consigo a sus esclavos, mientras que las personas del norte si pod&iacute;an trasladarse llevando sus propiedades consigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Breyer piensa lo contrario y en su libro da una explicaci&oacute;n did&aacute;ctica del tristemente c&eacute;lebre caso de Dred Scott. Deriva cinco lecciones que pueden aprenderse aun de decisiones como esta que han sido tradicionalmente calificadas como "infames, odiosas, abominables" y otros calificativos. Las lecciones que extrae y que debe leerse, son de orden jur&iacute;dico, pero tambi&eacute;n de pol&iacute;tica judicial.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para cerrar el c&iacute;rculo, Breyer se ocupa de otro episodio pol&iacute;tico&#45;judicial de significaci&oacute;n como fue la intervenci&oacute;n federal para dar cumplimiento al largo proceso de integraci&oacute;n racial que inici&oacute; con la resoluci&oacute;n de la Suprema Corte en Brown <i>vs.</i> Board of Education. El env&iacute;o de las tropas federales a una escuela secundaria en Litlle Rock, Arkansas para impedir que las fuerzas sociales y hasta la polic&iacute;a local intervinieran para segregar estudiantes negros que, conforme a la resoluci&oacute;n de la Suprema Corte ten&iacute;an derecho a estudiar en escuelas integradas racialmente. Esta decisi&oacute;n presidencial, seg&uacute;n Breyer, confirma el cambio que sufri&oacute; el sistema pol&iacute;tico de los Estados Unidos desde la decisi&oacute;n de la Suprema Corte, cuya sentencia no pudo ejecutarse en el caso de la tribu cherokee, o bien desde la que confirm&oacute; la inferioridad del esclavo Dred Scott, la chispa de la Guerra Civil, hasta decisiones que no han sido popularmente aceptadas pero ejecutadas hasta sus &uacute;ltimas consecuencias como exige un Estado de derecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La referencia a otras causas ocupan distintos cap&iacute;tulos, como la de Gore <i>vs.</i> Bush que defini&oacute; por un voto la presidencia del pa&iacute;s m&aacute;s poderoso de la tierra, en la que Breyer estuvo con la minor&iacute;a disidente. Esta y otras causas, muchas de ellas en las que el autor fue actor principal hacen de este libro una lectura obligada para quienes tengan inter&eacute;s en el papel de una Suprema Corte que es emblem&aacute;tica en el derecho comparado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Making our Democracy Work</i> es algo m&aacute;s que el t&iacute;tulo del libro m&aacute;s reciente de Stepehen Breyer. Hacer que la democracia trabaje bajo la mirada de un juez es el hilo conductor de su trabajo. Breyer considera que si el p&uacute;blico no entiende al Poder Judicial, tampoco entender&aacute; su papel como protector de la Constituci&oacute;n, si el p&uacute;blico no comprende la necesidad de un Poder Judicial independiente dicha incomprensi&oacute;n debilitar&aacute; al propio Poder Judicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No deja Breyer de mencionar un tema de debate inacabado en Estados Unidos. La elecci&oacute;n popular de los jueces en los sistemas estatales. El electorado puede votar por jueces y puede votar en contra de jueces si las decisiones de &eacute;stos le parecen impopulares a los electores. Puede el electorado por medio de los litigantes hacer campa&ntilde;as de apoyos millonarios a candidatos a puestos judiciales o limitar los plazos para los cu&aacute;les los jueces fueron electos. O bien, refiere Breyer el espeluznante caso de una votaci&oacute;n popular en el estado de Dakota del Norte en que se present&oacute; una iniciativa para encarcelar a jueces que tomaran "decisiones equivocadas". En los sistemas en que los jueces no son electos (como es a nivel federal en Estados Unidos) los electores pueden comunicar a los legisladores que cuando se trata de seleccionar jueces, es la pol&iacute;tica y no la ley lo que importa. Una encuesta practicada en 2000, utilizada por Breyer, consult&oacute; si los jueces deciden con base en la pol&iacute;tica o la ley. Alrededor de dos terceras partes de los encuestados contestaron que en t&eacute;rminos de la ley , cinco a&ntilde;os despu&eacute;s esta cifra cay&oacute; a la mitad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Breyer reconoce que existe incultura c&iacute;vica y desconocimiento sobre la independencia judicial y desinter&eacute;s sobre el papel que ejerce el Poder Judicial en los Estados Unidos. No obstante concluye con un mensaje optimista pues considera que por otro lado existen grupos de la sociedad que desarrollan materiales educativos c&iacute;vicos y apoyan la ense&ntilde;anza del civismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elogia a su ex colega la juez asociada Sandra Day O'Connor, ahora retirada, como la persona que m&aacute;s ha trabajado explicando al p&uacute;blico la necesidad de la educaci&oacute;n c&iacute;vica, incluyendo la educaci&oacute;n sobre la manera c&oacute;mo funcionan las instituciones judiciales. Esta es la raz&oacute;n que da Breyer para haber escrito <i>Making Our Democracy Work, A Judge's View:</i> lograr ense&ntilde;ar algo de la historia constitucional de los Estados Unidos. Una buena raz&oacute;n para leer el libro y aprovechar la experiencia de Stephen Breyer, juez asociado independiente y comprometido.</font></p>      ]]></body>
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