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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article is devoted to the employment analysis in indigenous zones. First of all, it deals with the participation level in economic activities of the population according to their social and demographic characteristics that are related to such participation, like sex, age, level of education and the person's place at the household. The domestic duties are considered as well as the work production for own consumption that let survive the indigenous families. On fact reveled is that the infant work is not marginal and there are analized the causes for not attending school. Further, the structural aspects of the labor force in the indigenous zones are depicted in order to know the main activities performed and under which status are done. Some labor conditions are described, such as the absence of labor and social benefits and the low income obtained, regardless that they work full days. Finally, looking overall the analyzed aspects, it becomes clear the marginality among the indigenous groups, but also the analysis suggests some ways to depict policies to improve such condition.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Empleo en zonas ind&iacute;genas</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mercedes Pedrero Nieto<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se analiza la situaci&oacute;n del empleo en zonas ind&iacute;genas. En primer t&eacute;rmino se aborda el grado de participaci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica de acuerdo con sus caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas, las cuales determinan o influyen en la participaci&oacute;n, como son el sexo, la edad, la escolaridad y el lugar que se ocupa en la familia; tambi&eacute;n se considera al trabajo dom&eacute;stico como parte de la producci&oacute;n para el autoconsumo del hogar, como uno de los elementos que permiten su supervivencia. Destaca el hecho de que la participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n infantil en actividades econ&oacute;micas no es marginal y se analizan las causas de la inasistencia escolar. Posteriormente se tratan aspectos estructurales de la mano de obra para conocer cu&aacute;les son las actividades econ&oacute;micas que desempe&ntilde;an y de qu&eacute; manera lo hacen. Se describen algunas condiciones de trabajo bajo las cuales los ind&iacute;genas realizan su actividad econ&oacute;mica, como es la ausencia de prestaciones sociales derivadas de su trabajo y las retribuciones sumamente bajas que reciben, a pesar de trabajar jornadas completas. Por &uacute;ltimo, se concluye con una visi&oacute;n de conjunto de todos estos elementos que en parte explica su permanencia entre los grupos m&aacute;s marginados del pa&iacute;s, pero tambi&eacute;n puede servir para vislumbrar algunos caminos que sugieran pol&iacute;ticas orientadas a mejorar su condici&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article is devoted to the employment analysis in indigenous zones. First of all, it deals with the participation level in economic activities of the population according to their social and demographic characteristics that are related to such participation, like sex, age, level of education and the person's place at the household. The domestic duties are considered as well as the work production for own consumption that let survive the indigenous families. On fact reveled is that the infant work is not marginal and there are analized the causes for not attending school. Further, the structural aspects of the labor force in the indigenous zones are depicted in order to know the main activities performed and under which status are done. Some labor conditions are described, such as the absence of labor and social benefits and the low income obtained, regardless that they work full days. Finally, looking overall the analyzed aspects, it becomes clear the marginality among the indigenous groups, but also the analysis suggests some ways to depict policies to improve such condition.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo se analiza la situaci&oacute;n del empleo en zonas ind&iacute;genas en tres secciones, despu&eacute;s de una breve rese&ntilde;a general de la situaci&oacute;n del empleo en el pa&iacute;s y de precisar la cobertura poblacional del estudio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera secci&oacute;n se aborda el grado de participaci&oacute;n de las personas en la actividad econ&oacute;mica de acuerdo con las caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas que determinan o influyen en la participaci&oacute;n, como son el sexo, la edad, la escolaridad y el lugar que se ocupa en la familia. Posteriormente se tratan aspectos estructurales de la mano de obra para conocer cu&aacute;les son las actividades econ&oacute;micas que desempe&ntilde;an y de qu&eacute; manera lo hacen. Se describen algunas condiciones de trabajo bajo las cuales los ind&iacute;genas realizan su actividad econ&oacute;mica y las retribuciones que reciben. Por &uacute;ltimo, se concluye con una visi&oacute;n de conjunto de todos estos elementos que en parte explica su permanencia entre los grupos m&aacute;s marginados del pa&iacute;s, pero tambi&eacute;n puede servir para vislumbrar algunos caminos que sugieran pol&iacute;ticas orientadas a mejorar su condici&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Panorama general del empleo en M&eacute;xico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El equilibrio del mercado de trabajo exige que el crecimiento de la demanda de fuerza de trabajo sea equivalente al crecimiento de la oferta de la misma. Por lo tanto, si la demanda es menor a la oferta las condiciones de la ocupaci&oacute;n se deterioran, disminuyendo el n&uacute;mero de empleos y/o empeorando las condiciones de trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa de crecimiento de la demanda de fuerza de trabajo es igual a la tasa de crecimiento del producto menos la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo; y la tasa de crecimiento de la oferta de fuerza de trabajo es igual a la tasa de crecimiento demogr&aacute;fica de la poblaci&oacute;n en edad de trabajar, m&aacute;s la tasa de crecimiento de la participaci&oacute;n en actividades econ&oacute;micas de esa poblaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo se han presentado estos fen&oacute;menos en la realidad mexicana durante la d&eacute;cada de 1990? El crecimiento del producto fue poco significativo debido al escaso dinamismo de la demanda interna ocasionado por el deterioro de salarios que tuvo un efecto negativo sobre el empleo; al estar muy deprimido el poder de compra de la poblaci&oacute;n se demandaron menos art&iacute;culos de consumo y, en consecuencia, la producci&oacute;n se redujo. A lo anterior se sum&oacute; el fen&oacute;meno de importaci&oacute;n indiscriminada de productos de muy baja calidad, por lo que bienes de consumo baratos importados sustituyeron a productos nacionales provocando desempleo entre quienes produc&iacute;an tales art&iacute;culos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, se esperaba que la demanda de trabajadores aumentara al intensificarse el intercambio internacional en el campo econ&oacute;mico de los &uacute;ltimos lustros y al incrementarse la demanda externa de productos obtenidos con baja productividad. Eso habr&iacute;a sucedido si el cambio en la estructura de la producci&oacute;n hubiera sido a favor de los bienes intensivos en trabajo, en los cuales M&eacute;xico tiene una ventaja comparativa. Por otro lado, se supondr&iacute;a que al promover la ca&iacute;da en el salario deber&iacute;a haber una tendencia a utilizar tecnolog&iacute;as intensivas en trabajo, haciendo de esta manera m&aacute;s rentables las tecnolog&iacute;as poco intensivas en capital y en las que la productividad del trabajo es m&aacute;s baja que el promedio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero en realidad la productividad aument&oacute; para hacerle frente a la competitividad internacional con una &oacute;ptica ajena a la creaci&oacute;n de empleos: que el mismo producto se pudiera producir con menos gente. Esta situaci&oacute;n se podr&iacute;a haber compensado si se hubiera producido m&aacute;s; sin embargo, adem&aacute;s del poco dinamismo del consumo interno, un rasgo notable de la nueva din&aacute;mica del sector externo fue el que las importaciones de insumos asociados a la exportaci&oacute;n se duplicaron cada dos a&ntilde;os, hasta llegar a representar una quinta parte de la producci&oacute;n nacional. De esta manera, una proporci&oacute;n importante del reciente dinamismo exportador se vincul&oacute; cada vez m&aacute;s a la compra de insumos en el exterior (Cardero, 1999: 16). Si el coeficiente de importaciones no se hubiera elevado tanto como lo hizo se habr&iacute;a podido aplicar una pol&iacute;tica econ&oacute;mica m&aacute;s expansiva, que hubiera permitido alcanzar un mayor ritmo de crecimiento de la producci&oacute;n y del empleo (L&oacute;pez, 1999: 11), pero se debilitaron los eslabonamientos productivos intersectoriales, y, por consiguiente, se redujo el efecto multiplicador de los componentes aut&oacute;nomos de la demanda agregada sobre la producci&oacute;n y el empleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;nica expansi&oacute;n ha estado en la industria maquiladora de exportaci&oacute;n, la cual tiene poco eslabonamiento con otros sectores de la econom&iacute;a nacional y es vulnerable por su dependencia de otros pa&iacute;ses; lo positivo es que generan puestos de trabajo, aunque temporales, inexistentes en otras modalidades. Lo preocupante es que su fomento desv&iacute;a recursos nacionales que podr&iacute;an servir para empleos menos vulnerables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la oferta de fuerza de trabajo, el crecimiento demogr&aacute;fico de la poblaci&oacute;n en edad de trabajar ha sido acelerado debido a la relativamente reciente reducci&oacute;n de la fecundidad. Las personas que ahora est&aacute;n en edad de trabajar provienen de las generaciones con la m&aacute;s alta tasa de crecimiento. Por otra parte, las tasas de participaci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica se han incrementado debido a dos fen&oacute;menos: el aumento secular de la participaci&oacute;n femenina en todas las esferas de la vida fuera del hogar, y el hecho de que m&aacute;s miembros de la familia tienen que trabajar para completar el presupuesto familiar frente al deterioro salarial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, el crecimiento de la oferta de fuerza de trabajo es m&aacute;s elevado que el de la demanda de trabajadores por las empresas; por lo tanto, proliferan las ocupaciones que pueden desempe&ntilde;ar las personas con sus propios recursos. Al cerrar las puertas a una parte de la poblaci&oacute;n en determinadas fuentes de trabajo, &eacute;sta debe buscar alternativas para sobrevivir &#151;incluso recurriendo al autoempleo&#151;, lo cual genera un efecto sobre la recomposici&oacute;n de toda la fuerza de trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En particular, se observa una contracci&oacute;n en el sector agropecuario en t&eacute;rminos porcentuales. En la d&eacute;cada de 1990, al cambiar el art&iacute;culo 27 de la Constituci&oacute;n y permitir la venta de tierras ejidales, tambi&eacute;n se modificaron los mecanismos de acceso al cr&eacute;dito y se redujeron los apoyos a los productores, a la vez que se privatiz&oacute; la infraestructura que apoyaba al sector en materia de almacenamiento y distribuci&oacute;n de productos agr&iacute;colas. Aunque el patr&oacute;n de cultivos no se modific&oacute; significativamente desde mediados de la d&eacute;cada de 1980 hasta 1997, Barr&oacute;n encontr&oacute; que la importancia de las exportaciones agr&iacute;colas se ha incrementado paulatinamente; mientras que en 1988 representaron 5 por ciento del total de exportaciones de mercanc&iacute;as, en 1997 ascendieron a 10.1 por ciento. Sin embargo, el saldo de la balanza de pagos agropecuaria no ha logrado ser positivo en t&eacute;rminos de valor a pesar de que, en t&eacute;rminos de volumen, M&eacute;xico exporta m&aacute;s de lo que importa (Barr&oacute;n, 1999: 25). La explicaci&oacute;n puede estar en la composici&oacute;n de cultivos y sus precios, ya que el meollo del problema est&aacute; en qui&eacute;n fija los precios de cada producto; de hecho, la participaci&oacute;n de M&eacute;xico en el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canad&aacute; no signific&oacute; mejor&iacute;a para el pa&iacute;s; por el contrario, se han deteriorado sus t&eacute;rminos de intercambio, lo que ha sido acompa&ntilde;ado por la ca&iacute;da en los salarios reales de los jornaleros (Barr&oacute;n, 1999, 28&#45;29).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente al crecimiento de otros sectores, estos cambios significaron la reducci&oacute;n de la importancia relativa del sector agropecuario, pero en t&eacute;rminos de tasa de crecimiento s&iacute; present&oacute; una tasa positiva, aunque baja, de 1.6 debido fundamentalmente al aumento de la participaci&oacute;n femenina, ya que su tasa de crecimiento fue 7.9 frente a la masculina de 0.6 por ciento. Esto, seg&uacute;n Barr&oacute;n, se debe a la presencia de asalariadas en todo lo largo y ancho del pa&iacute;s en los cultivos de exportaci&oacute;n, intensivos en mano de obra, donde la presencia de mujeres es importante (Barr&oacute;n, 1999: 31).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La industria de transformaci&oacute;n creci&oacute; ligeramente en t&eacute;rminos proporcionales, su tasa de crecimiento (4.3) fue superior a la tasa de la poblaci&oacute;n ocupada (3.4). </font><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n aumentaron el comercio y los servicios con tasas superiores al 4 por ciento (4.9 y 4.7, respectivamente). No se presentaron diferencias por sexo tan agudas como en la agricultura, la tasa de crecimiento del comercio fue superior para las mujeres y en los servicios fueron los hombres quienes tuvieron ventaja.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sector de servicios, dentro de su gran heterogeneidad, comprende muchas actividades de refugio a las que recurre la poblaci&oacute;n para autoemplearse frente a los problemas del desajuste estructural; algo similar sucede con el comercio a peque&ntilde;a escala.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda el panorama general es sombr&iacute;o. Para la mayor&iacute;a de los trabajadores los cambios econ&oacute;micos fueron acompa&ntilde;ados por un deterioro en la calidad de los empleos: con salarios reales m&aacute;s bajos, sin ning&uacute;n tipo de prestaci&oacute;n, jornadas de trabajo m&aacute;s largas y aumento de quienes se autoemplean frente a la falta de demanda de fuerza de trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n del empleo ind&iacute;gena se enmarca en un panorama generalizado de precariedad del mercado de trabajo, agravado por ubicarse principalmente en el sector m&aacute;s rezagado, el de la agricultura. Los ind&iacute;genas est&aacute;n marginados en cuanto al acceso a factores productivos, aislados y sin poder de negociaci&oacute;n sobre los precios de sus productos, falta de cr&eacute;ditos, insumos caros, etc. Esto demanda un diagn&oacute;stico de su situaci&oacute;n espec&iacute;fica para conocer cu&aacute;les son sus posibilidades de mejorar su condici&oacute;n actual, en particular en el &aacute;rea del empleo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Universo de referencia</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1997 se realiz&oacute; la Encuesta Nacional de Empleo en Zonas Ind&iacute;genas 1997 (ENEZI, 1997)<sup><a href="#nota">1</a></sup> para obtener informaci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas del empleo espec&iacute;ficamente en 10 zonas del pa&iacute;s con mayor concentraci&oacute;n de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. En t&eacute;rminos conceptuales, la encuesta es comparable con la Encuesta Nacional de Empleo 1997 (ENE, 1997), con un m&oacute;dulo adicional para captar empleo infantil. Estas fuentes de informaci&oacute;n estad&iacute;stica son las que fundamentalmente se utilizan en este art&iacute;culo; en algunas ocasiones se usan cuadros que ya fueron publicados, en otras se presentan indicadores calculados a partir de los archivos originales disponibles en forma magn&eacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El esquema de muestreo utilizado en la encuesta parti&oacute; de los datos del Conteo de 1995 para la identificaci&oacute;n de las 10 regiones con mayor concentraci&oacute;n ind&iacute;gena, y dentro de cada regi&oacute;n se seleccionaron las localidades cuya proporci&oacute;n de hablantes de lengua ind&iacute;gena era por lo menos de 30 por ciento. La poblaci&oacute;n seleccionada rebas&oacute; tales expectativas, ya que s&oacute;lo 16 por ciento de la poblaci&oacute;n mayor de cinco a&ntilde;os no hablaba alguna lengua ind&iacute;gena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, se puede afirmar que la cobertura de la ENEZI comprende las zonas de predominio ind&iacute;gena; no obstante, debemos estar conscientes que no cubre una parte importante de ind&iacute;genas que, de hecho, se encuentran en casi todos los estados del territorio mexicano, pero que est&aacute;n inmersos en otras econom&iacute;as regionales. La ENEZI abarc&oacute; a un total de 3 709 579 personas, que corresponde a 3.9 por ciento de la poblaci&oacute;n nacional estimada en la ENE de 1997. Otros autores han tratado la dificultad de cuantificar de manera precisa al total de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena; para ese a&ntilde;o las estimaciones de Luz Mar&iacute;a Vald&eacute;s est&aacute;n en un rango entre 9.4 y 9.6 millones &#151;cifras coherentes con las estimaciones del Instituto Nacional Indigenista INI), de 8.7 en 1990 y de Conapo, de 9.17 en 1995 (instituciones que han propuesto diferentes metodolog&iacute;as para estimar a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena)&#151; y una tasa de crecimiento anual de 2 por ciento, que corresponde a una proporci&oacute;n entre 10.0 y 10.2 por ciento de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena respecto a la nacional (Vald&eacute;s, 2001).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, de acuerdo con las estimaciones m&aacute;s autorizadas sobre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, la cobertura de la ENEZI es del 39.5 por ciento de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena nacional. Esto podr&iacute;a sugerir la conveniencia de tratar al universo completo a partir del Censo de 1990 o del Conteo de Poblaci&oacute;n de 1995, que son las otras fuentes alternativas de informaci&oacute;n estad&iacute;stica existentes; sin embargo, las limitaciones y la falta de comparabilidad en el campo del empleo de tales fuentes y el panorama espec&iacute;fico que puede proporcionar la ENEZI &#151;tanto por su marco conceptual como por el dise&ntilde;o de la muestra, cuyo objetivo fue captar a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y sus condiciones de empleo&#151; nos llevan a elegirla para este estudio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las 10 regiones se definieron en t&eacute;rminos geogr&aacute;ficos que no corresponden a l&iacute;mites pol&iacute;tico&#45;administrativos de las entidades federativas. Los municipios que conforman algunas regiones pertenecen a m&aacute;s de un estado; por otra parte, tres de ellas se encuentran en el estado de Oaxaca. En total se identificaron 41 lenguas ind&iacute;genas diferentes, ya que en algunas regiones se hablan varias. Los nombres de las regiones y las proporciones de poblaci&oacute;n que ellas absorben del total del universo estudiado son: Istmo, con 15 municipios de Oaxaca, 173 302 personas que representan 7.2 por ciento de la poblaci&oacute;n del conjunto de las 10 zonas; Papaloapan, con 12 municipios de Oaxaca y 130 137 personas que comprenden 5.4 por ciento; Mixteca, tambi&eacute;n con 15 municipios de Oaxaca y 121 717 personas que representan 5.0 por ciento; Tarahumara, en Chihuahua con 10 municipios y 50 118 personas, o sea 2.1 por ciento; Huichol, en la cual participan tres entidades con un municipio de Durango, dos de Jalisco y tres de Nayarit, el conjunto contiene 1.2 por ciento de la poblaci&oacute;n (28 485 personas); Sierra Norte de Puebla, con 211 396 personas en 15 municipios de Puebla, representando 8.8 por ciento de la poblaci&oacute;n del conjunto de las 10 regiones; Huasteca, con 476 199 en tres estados, cinco municipios de Hidalgo, siete de Veracruz y tres de San Luis Potos&iacute;, y un porcentaje de 19.7 que es el segundo m&aacute;s alto en las 10 regiones. La N&aacute;huatl&#45;Tlapaneco&#45;Mixteco&#45;Amuzgo de Guerrero, con 202 928 habitantes en 15 municipios de Guerrero con 8.4 por ciento; Chiapas, con 379 714 en 14 municipios que representan 15.7 por ciento de la poblaci&oacute;n; finalmente la zona que contiene el mayor porcentaje, 26.5 por ciento, m&aacute;s de una cuarta parte de la poblaci&oacute;n del universo de estudio, es la denominada Pen&iacute;nsula, con 639 559 en un municipio de Campeche y 14 de Yucat&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la publicaci&oacute;n de la ENEZI se presenta un cuadro con algunos datos generales, pero en los documentos disponibles no se especifica si cada una de las regiones es un dominio de estudio en s&iacute; misma, de tal forma que permitiera obtener algunas inferencias que fueran estad&iacute;sticamente significativas para las regiones en lo individual; por ello, s&oacute;lo se presenta su poblaci&oacute;n total, todo lo dem&aacute;s se analiza en forma global.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente, si se contara con el tiempo y los recursos necesarios se podr&iacute;a evaluar la comparabilidad en la captaci&oacute;n del empleo y delimitar, a partir de los archivos magn&eacute;ticos originales del Conteo de 1995 y del Censo de 2000, a toda la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena subdividida en las zonas que abarc&oacute; la ENEZI y el resto de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena no comprendida en dicha encuesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la encuesta tambi&eacute;n se busc&oacute; no restringir la pertenencia &eacute;tnica a la lengua materna, por lo tanto se interrog&oacute; sobre la autoidentificaci&oacute;n como ind&iacute;gena de las personas encuestadas. Con estos criterios podemos identificar cuatro grupos: a) quienes hablan alguna lengua ind&iacute;gena y se consideran ind&iacute;genas (81.34 por ciento entre la poblaci&oacute;n de 12 a&ntilde;os o mayores); b) quienes no hablan alguna lengua ind&iacute;gena y no se consideran ind&iacute;genas (8.29 por ciento); c) quienes s&iacute; hablan alguna lengua ind&iacute;gena, pero no se consideran ind&iacute;genas (4.86 por ciento), y d) quienes no hablan alguna lengua ind&iacute;gena y se consideran ind&iacute;genas (5.51 por ciento).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para las dos primeras categor&iacute;as no hay duda sobre su pertenencia, en la cuarta impera su autodefinici&oacute;n. S&oacute;lo la tercera es en apariencia contradictoria y es la de menor cuant&iacute;a. Excepcionalmente puede tratarse de personas cuyo origen no sea ind&iacute;gena y hayan aprendido alguna lengua sin que sea la materna. Sin embargo, es muy probable que la lengua materna de la mayor&iacute;a de ellas sea la lengua ind&iacute;gena y al continuar viviendo en una zona ind&iacute;gena dif&iacute;cilmente han dejado de ser ind&iacute;genas, aunque no lo reconozcan. No puede dejar de considerarse que hubiese una mala interpretaci&oacute;n de la pregunta, quiz&aacute; no de traducci&oacute;n, ya que a la mayor&iacute;a de los entrevistados (95 por ciento) se les interrog&oacute; en su lengua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el an&aacute;lisis que aqu&iacute; se presenta s&oacute;lo se har&aacute; distinci&oacute;n entre dos categor&iacute;as porque la representatividad estad&iacute;stica de cada una no permite el desglose para otras variables. As&iacute;, cuando se se&ntilde;alan diferencias entre poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y no ind&iacute;gena se debe tener presente que en esta &uacute;ltima categor&iacute;a se incluyen s&oacute;lo a quienes estaban en la situaci&oacute;n del inciso b (quienes no hablan una lengua ind&iacute;gena y no se consideran ind&iacute;genas); en la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena se incluyen las otras tres categor&iacute;as, que hablan una lengua ind&iacute;gena y/o se consideran ind&iacute;genas. De acuerdo con estos criterios, del total de poblaci&oacute;n de 12 a&ntilde;os y m&aacute;s que habita en las 10 zonas ind&iacute;genas consideradas, 91.71 por ciento result&oacute; ser ind&iacute;gena. En las tres secciones siguientes se entra de lleno al an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n del empleo ind&iacute;gena en el universo aqu&iacute; definido.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Grado de participaci&oacute;n en actividades econ&oacute;micas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La poblaci&oacute;n ind&iacute;gena ocupada en la semana de referencia ascendi&oacute; a 1 485 885 personas, que corresponde a 1 029 905 hombres y a 455 980 mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las zonas rurales, donde predominan las actividades agropecuarias, la incorporaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n masculina a la actividad econ&oacute;mica es temprana y el retiro es en edades avanzadas porque trabajan hasta que alguna incapacidad se los impide o hasta la muerte. Se puede establecer un paralelismo entre el trabajo agropecuario y el dom&eacute;stico; en el caso de las mujeres se inicia a edad temprana y hasta que la salud lo permite, aunque dicho trabajo no es remunerado se considera fundamental para la supervivencia de la poblaci&oacute;n campesina, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diferencias de g&eacute;nero en la participaci&oacute;n econ&oacute;mica se presentan pr&aacute;cticamente en toda sociedad, los pueblos ind&iacute;genas no son la excepci&oacute;n, hay diferencias tanto en el grado de participaci&oacute;n como en el tipo de actividades que desarrollan, por ello es necesario analizar por separado el desempe&ntilde;o de los hombres y de las mujeres. Tambi&eacute;n hay diferencias por edad, en particular interesa analizar el trabajo infantil, m&aacute;s com&uacute;n entre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena que en otros contextos nacionales. Por lo tanto, se presenta primero a partir de los 12 a&ntilde;os la participaci&oacute;n masculina por edad, despu&eacute;s la femenina y, por &uacute;ltimo, la infantil, tambi&eacute;n diferenciada por sexo; m&aacute;s adelante se toman otras caracter&iacute;sticas como la escolaridad, el estado civil y el parentesco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Participaci&oacute;n por edad</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Expresada la actividad econ&oacute;mica en t&eacute;rminos de tasas netas,<sup><a href="#nota">2</a></sup> tenemos que la tasa masculina para las zonas ind&iacute;genas alcanza 86.8 por ciento y es a&uacute;n superada por los ind&iacute;genas de dichas zonas con una tasa de 87.8 por ciento. Estas tasas son superiores a la tasa nacional de 78.27 por ciento, as&iacute; como para el conjunto de las localidades con m&aacute;s de 100 mil habitantes, de 75.61 por ciento; para las &aacute;reas con menos de 100 mil habitantes la tasa llega a 80.55. Si se observan las tasas de participaci&oacute;n masculina por edad en la <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>, se corrobora lo antes dicho respecto a la participaci&oacute;n en edades extremas, y se observa que entre los 25 y los 45 a&ntilde;os pr&aacute;cticamente no hay diferencia entre las tasas de participaci&oacute;n masculinas de las zonas ind&iacute;genas y las nacionales, y tampoco con las &aacute;reas menos urbanizadas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a6g1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actividad femenina se deber&iacute;a analizar con una perspectiva m&aacute;s amplia que la obligada a trav&eacute;s del esquema propuesto por las recomendaciones internacionales. En primer lugar, cabe se&ntilde;alar que las actividades dom&eacute;sticas realizadas para el autoconsumo familiar no se consideran econ&oacute;micas en las delimitaciones conceptuales dictadas por la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT). Adem&aacute;s, la propia mujer no concibe como econ&oacute;micas una serie de tareas porque ella misma no puede separar los distintos tipos de trabajo que realiza. Es el caso de muchas labores agropecuarias confundidas con dom&eacute;sticas, aun cuando en algunos marcos conceptuales s&iacute; se acepten como econ&oacute;micas; entre ellas est&aacute;n las labores de beneficio de productos agropecuarios &#151;que las recomendaciones para las Cuentas Nacionales de 1993 ya las considera econ&oacute;micas (no la OIT) aunque se desarrollen en el &aacute;mbito dom&eacute;stico para el autoconsumo&#151;, como el desgranar, secar semillas, la producci&oacute;n av&iacute;cola, etc. Tambi&eacute;n es el caso de labores como recolectar le&ntilde;a o acarrear agua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa registrada de actividad econ&oacute;mica femenina &#151;bajo el marco conceptual de la OIT&#151; de la poblaci&oacute;n mayor de 12 a&ntilde;os para el promedio nacional es de 36.81 por ciento; para el conjunto de las localidades de m&aacute;s de 100 mil habitantes es de 40.07 por ciento, lo que refleja el mayor registro de la actividad econ&oacute;mica femenina en zonas urbanas. En las &aacute;reas con menos de 100 mil habitantes es de 33.96; con esta diferencia se esperar&iacute;a que en las zonas ind&iacute;genas fuera a&uacute;n inferior a &eacute;stas, ya que habitan en zonas m&aacute;s rurales, pero es superior, alcanzando el 37.69 por ciento, la cual es casi id&eacute;ntica a la nacional y a la tasa de las no ind&iacute;genas, de 37.36 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tasas por edad son similares en las edades centrales &#151;de 30 a 45 a&ntilde;os&#151; a las de las &aacute;reas menos urbanizadas, pero en las edades extremas en las zonas ind&iacute;genas las tasas femeninas son superiores (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>). Al compararse con el conjunto nacional tambi&eacute;n se observa mayor participaci&oacute;n entre las ind&iacute;genas ni&ntilde;as y las adultas mayores de 50 a&ntilde;os, pero entre los 20 y los 44 a&ntilde;os la participaci&oacute;n de las mujeres en zonas ind&iacute;genas es m&aacute;s baja que la participaci&oacute;n de las mujeres urbanas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a6g2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las razones que explican la alta participaci&oacute;n femenina en zonas ind&iacute;genas pueden ser m&uacute;ltiples: la compensaci&oacute;n ante la emigraci&oacute;n masculina; la b&uacute;squeda de recursos monetarios complementarios de varios miembros de la familia para integrar el presupuesto familiar; los patrones culturales de algunos grupos ind&iacute;genas en los cuales las mujeres han tenido tradicionalmente un papel destacado en la econom&iacute;a familiar, o todas estas causas a la vez y otras m&aacute;s, pero ciertamente se requiere de investigaci&oacute;n de campo o quiz&aacute; una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica de trabajos antropol&oacute;gicos ya realizados que pueda arrojar luz al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, cabe preguntarse si la composici&oacute;n demogr&aacute;fica de la poblaci&oacute;n en zonas ind&iacute;genas es diferente a la poblaci&oacute;n nacional de manera que favorezca o limite los indicadores de participaci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica. Ponderaciones elevadas en grupos de poblaci&oacute;n que tuvieran mayor propensi&oacute;n a la actividad econ&oacute;mica arrojar&iacute;an indicadores de mayor nivel de participaci&oacute;n, o podr&iacute;a ser lo contrario, esto es, que mientras la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena tenga mayor concentraci&oacute;n en grupos de baja participaci&oacute;n tendr&aacute; como resultado indicadores m&aacute;s bajos. Entre los aspectos a considerar est&aacute; la composici&oacute;n por sexo, edad, parentesco y estado civil.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a composici&oacute;n por edad hay diferencias en la base de la pir&aacute;mide poblacional, la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena es m&aacute;s joven porque la fecundidad es m&aacute;s elevada. El n&uacute;mero promedio de hijos nacidos vivos por mujer en las zonas ind&iacute;genas es de 3.06, en este promedio tiene un peso importante la fecundidad ind&iacute;gena que es de 3.74 hijos, frente a las no ind&iacute;genas de 2.76; en el promedio nacional el n&uacute;mero de hijos nacidos vivos es de 2.62, 2.21 en las &aacute;reas m&aacute;s urbanizadas y 2.98 en el conjunto de localidades con menos de 100 mil habitantes. Cabe se&ntilde;alar que el mayor n&uacute;mero de hijos de las ind&iacute;genas seguramente est&aacute; m&aacute;s que compensado por la mayor mortalidad infantil de este grupo poblacional. Por desgracia no se cuenta con informaci&oacute;n para el mismo dominio de estudio que nos permita conocer el n&uacute;mero de hijos sobrevivientes a la edad de 5 a&ntilde;os. De cualquier manera, en este caso las diferencias en fecundidad y mortalidad infantil no afectan la medici&oacute;n de la participaci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica, pues las mayores diferencias se dan en la base de la pir&aacute;mide cuando a&uacute;n no se ha alcanzado la edad de trabajar, porque cabe recordar que se considera a la poblaci&oacute;n a partir de los 12 a&ntilde;os al comparar la actividad econ&oacute;mica de estas zonas con la del conjunto nacional. Sin embargo, la migraci&oacute;n s&iacute; puede alterar significativamente la composici&oacute;n por sexo y edad en la poblaci&oacute;n mayor de 12 a&ntilde;os y alterar las tasas netas de actividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para conocer los efectos en la estructura por edad existe una t&eacute;cnica demogr&aacute;fica<sup><a href="#nota">3</a></sup> que nos permite saber si la estructura por edad afecta a favor o en contra a la tasa de participaci&oacute;n. Si la tasa tipificada es mayor que la original quiere decir que la estructura por edad desfavorece al indicador tasa global; por el contrario, si la tipificada es menor que la original quiere decir que su estructura por edad favorece un &iacute;ndice mayor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al observar en el <a href="#c1">cuadro 1</a> las tasas de participaci&oacute;n originales de la poblaci&oacute;n masculina, vemos que en las en &aacute;reas m&aacute;s urbanizadas las tasas son m&aacute;s bajas que el promedio nacional en 3.4 por ciento. Por el contrario, en las menos urbanizadas supera al nacional en 2.9 por ciento, y en las zonas ind&iacute;genas la diferencia es a&uacute;n mayor, super&aacute;ndola en 10.9 por ciento. Al tipificar se observa que las diferencias se agudizan: en las &aacute;reas m&aacute;s urbanizadas la estructura por edad favorece a una tasa mayor porque recibe inmigrantes en edad de trabajar procedentes de las zonas rurales, por ello la diferencia negativa respecto a la nacional casi se duplica, llegando a 6.7; el impacto de la emigraci&oacute;n en las otras &aacute;reas es desfavorable, y es a&uacute;n mayor el perjuicio de la salida de trabajadores en las zonas ind&iacute;genas, donde la tasa sin la emigraci&oacute;n ser&iacute;a un 12.6 por ciento superior.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a6c1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el caso femenino la situaci&oacute;n es similar al masculino; esto es, en las &aacute;reas m&aacute;s urbanizadas la tasa de actividad se ve favorecida por la estructura por edad y en las otras &aacute;reas hace que las tasas netas sean m&aacute;s bajas. As&iacute;, aparentemente en las zonas urbanas la tasa es mayor 8.9 por ciento respecto a la nacional, compensada, aunque en menor medida por una diferencia relativa negativa de 7.7 por ciento en las &aacute;reas menos urbanizadas. Sin embargo, cuando se elimina el efecto de la estructura por edad la diferencia relativa de la tasa de zonas m&aacute;s urbanizadas se reduce a 2.4 por ciento, pero la de &aacute;reas menos urbanizadas se agudiza, llegando a 8.7 con signo negativo. En las zonas ind&iacute;genas se observa que la diferencia respecto a la tasa de las &aacute;reas m&aacute;s urbanizadas pr&aacute;cticamente desaparece, 38.7 frente a 38.2 por ciento, al utilizar la misma estructura por edad, resulta que las mujeres ind&iacute;genas trabajan en una proporci&oacute;n similar a las que viven en las &aacute;reas m&aacute;s urbanas, pero la emigraci&oacute;n hace que aparentemente su participaci&oacute;n sea m&aacute;s baja (40.07 <i>vs</i> 37.69 por ciento), las diferencias relativas en ambos casos respecto al nacional son 2.4 y 3.9 por ciento, respectivamente. Sin embargo, en las &aacute;reas menos urbanizadas la diferencia negativa es un poco mayor. En el caso de las tasas tipificadas, indican que los inmigrantes favorecen ligeramente a su nivel de participaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay grandes diferencias en la relaci&oacute;n de masculinidad en las zonas ind&iacute;genas respecto al conjunto nacional, si bien en las zonas ind&iacute;genas es m&aacute;s equilibrada con 49.37 por ciento de hombres y el 50.63 de mujeres; en el conjunto nacional la proporci&oacute;n de hombres es de 47.82 por ciento frente a 52.18 de mujeres. De cualquier manera, al ser m&aacute;s alta la participaci&oacute;n econ&oacute;mica masculina la tasa neta de ambos sexos se favorecer&iacute;a en las zonas ind&iacute;genas, aunque ya vimos que el peso de los migrantes en edades activas desfavorece a la poblaci&oacute;n de ambos sexos en estas zonas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El trabajo infantil</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la ENE&#45;1997 s&oacute;lo se recaba informaci&oacute;n para la actividad econ&oacute;mica de la poblaci&oacute;n a partir de los 12 a&ntilde;os de edad, pero en la ENEZI&#45;1997 el m&oacute;dulo infantil se obtiene a partir de los seis a&ntilde;os y abarca hasta los 14; esto nos permite saber que el 16 por ciento de los ni&ntilde;os de sexo masculino entre seis y 11 a&ntilde;os realizan actividades econ&oacute;micas y que entre los 12 y 14 a&ntilde;os la mitad de los ni&ntilde;os trabajan (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g3"></a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a6g3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre la temporalidad del trabajo, s&oacute;lo se tiene informaci&oacute;n por meses trabajados para los menores entre seis y 11 a&ntilde;os en el m&oacute;dulo infantil de la ENEZI; para los de 12 a 14 a&ntilde;os en la ENE s&oacute;lo se identifica si trabajan todo el a&ntilde;o o temporalmente. 65 por ciento de los ni&ntilde;os labora 12 meses al a&ntilde;o, 22 por ciento lo hace de seis a 11 meses, los dem&aacute;s menos de seis meses; 67 por ciento en forma permanente y 31 por ciento de manera temporal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los hombres de 12 a 14 a&ntilde;os se sabe que 84 por ciento trabaja todo el a&ntilde;o; del resto, 14 por ciento lo hace por temporadas, y s&oacute;lo por excepci&oacute;n 2 por ciento. Entre la poblaci&oacute;n masculina mayor de 15 a&ntilde;os la temporalidad del trabajo es similar en las zonas ind&iacute;genas y en las &aacute;reas menos urbanizadas; en las primeras, 95 por ciento labora todo el a&ntilde;o y en las segundas 94 por ciento. La proporci&oacute;n de quienes dicen que s&oacute;lo lo hacen de vez en cuando es casi inexistente, pues no llega ni a uno por ciento; los restantes, 4 y 5 por ciento, respectivamente, restante, s&oacute;lo trabajan unos meses al a&ntilde;o. As&iacute; que el mito de grandes temporadas de tiempo muerto en el campo no se registra en la poblaci&oacute;n masculina; entre las mujeres es m&aacute;s frecuente el trabajo estacional, como veremos despu&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s adelante se analiza el tiempo de trabajo indicado en horas a la semana para demostrar que la contribuci&oacute;n de los menores no es marginal y s&iacute; limita su asistencia a la escuela.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre el trabajo infantil femenino tenemos que 9.6 por ciento de las ni&ntilde;as entre seis y 11 a&ntilde;os se dedica a alguna actividad econ&oacute;mica; es decir, de cada 10&nbsp;ni&ntilde;as, una ya est&aacute; contribuyendo a la econom&iacute;a familiar. De las ni&ntilde;as cuya edad est&aacute; comprendida entre los 12 y los 14 a&ntilde;os su proporci&oacute;n es de 21.6, o sea que de cada cinco, una desempe&ntilde;a alguna actividad econ&oacute;mica. Al analizar la temporalidad de su trabajo vemos que no es ocasional. 73 por ciento de las ni&ntilde;as entre seis y 11 a&ntilde;os que trabajan lo hace todo el a&ntilde;o, y 14 por ciento de seis a 11&nbsp;meses, las dem&aacute;s, 13 por ciento, laboran menos de seis meses. Para las ocupadas de 12 a 14 a&ntilde;os, 82 por ciento trabaja todo el a&ntilde;o, s&oacute;lo 18 por ciento restante lo hace por temporadas. Entre las mujeres ind&iacute;genas mayores de 15 a&ntilde;os el trabajo temporal abarca 13 por ciento, mientras que en el conjunto de las localidades con menos de 100 mil habitantes se registra 8 por ciento y en el trabajo ocasional s&oacute;lo llega uno por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La representatividad de la muestra imposibilita trabajar con detalle cada edad, por lo que las proporciones presentadas en cada grupo de edad expresan un promedio. No obstante, se puede observar que la proporci&oacute;n de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que se incorporan a las actividades econ&oacute;micas aumenta con la edad de manera continua; desde los seis a&ntilde;os ya se registra una proporci&oacute;n de activos cercana a 5 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La incorporaci&oacute;n temprana al trabajo implica tanto aspectos positivos como negativos, todo depende de la forma e intensidad con que se desarrolle. Es casi imposible que una persona que no haya nacido en el campo se dedique a actividades agropecuarias; los conocimientos y valores adquiridos en el seno de la unidad productiva son dif&iacute;ciles de obtener en la escuela. Por el contrario, la transici&oacute;n hacia otros sectores es m&aacute;s f&aacute;cil. En este sentido, el trabajo infantil en el campo es el semillero, para que sigan existiendo trabajadores agropecuarios; es decir, el trabajo infantil s&oacute;lo se justifica como una estrategia de formaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n. Sin embargo, cuando las tareas implican largas jornadas de trabajo a costa de su asistencia escolar y un fuerte desgaste, no s&oacute;lo es un problema de justicia social para el menor, significa que su vida la inicia con desventajas que dif&iacute;cilmente podr&aacute; superar, justo en un mundo que cada d&iacute;a demanda mayor capacidad de adaptaci&oacute;n y aprendizaje ante la diversificaci&oacute;n de las actividades econ&oacute;micas y los cambios tecnol&oacute;gicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, es necesario conocer la escolaridad alcanzada y su relaci&oacute;n con la participaci&oacute;n econ&oacute;mica, porque el trabajo en edad temprana tanto de hombres como de mujeres inhibe la asistencia a centros educativos o reduce su rendimiento acad&eacute;mico; por otra parte, en el caso de la poblaci&oacute;n femenina, la mayor escolaridad conlleva una tasa de participaci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica m&aacute;s elevada en edades adultas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La escolaridad (en cuanto a n&uacute;mero de a&ntilde;os) ha mejorado en todo el pa&iacute;s, incluyendo las zonas ind&iacute;genas, y esto se deduce al comparar grupos de edad, porque el cambio generacional es sistem&aacute;tico; la instrucci&oacute;n es mayor entre las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes que cuando se han alcanzado edades adultas, ya que a partir de cierta edad generalmente se deja de asistir a la escuela. Esto se observa tanto en hombres como en mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la incorporaci&oacute;n de los ni&ntilde;os ind&iacute;genas al sistema educativo es tard&iacute;a, como lo indica la alta proporci&oacute;n de ni&ntilde;os entre seis y 11 a&ntilde;os sin escolaridad (35.2 por ciento). La proporci&oacute;n sin escolaridad del grupo con edades entre 12 y 14 a&ntilde;os es 7.7 por ciento. Pero, a juzgar por los datos sobre asistencia escolar, no deber&iacute;a ser tan alto el porcentaje de "sin instrucci&oacute;n", pues la mayor&iacute;a de los menores asiste a la escuela, el 89 por ciento de los que tienen entre seis y 11 a&ntilde;os y el 86 por ciento de los de edades comprendidas entre los 12 y los 14 a&ntilde;os. Quiz&aacute; el alto porcentaje del primer grupo sin instrucci&oacute;n se debe a que a&uacute;n no ha concluido un a&ntilde;o de primaria y lo est&aacute; cursando.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os y de las ni&ntilde;as asisten a la escuela, no deber&iacute;a quedar uno solo sin hacerlo. Hay diferencias de g&eacute;nero y por condici&oacute;n de actividad, esto es, si desempe&ntilde;an una actividad econ&oacute;mica o no lo hacen. Entre los no ocupados, la diferencia s&oacute;lo es de 1.6 puntos porcentuales a favor de las mujeres; 87.2 por ciento de los ni&ntilde;os asiste frente a 88.8 por ciento de las ni&ntilde;as. Sin embargo, en el grupo de 12 a 14 a&ntilde;os la diferencia se revierte y alcanza los 18 puntos porcentuales a favor de los hombres, 97 de los ni&ntilde;os asiste frente a 78.9 de las ni&ntilde;as. Entre los ocupados de seis a 11 a&ntilde;os, 14 por ciento de las ni&ntilde;as no asiste frente a 9 por ciento de los ni&ntilde;os; entre los 12 y los 14 a&ntilde;os las diferencias se agudizan, las proporciones correspondientes de quienes no asisten representan 45 por ciento de las mujeres frente a 25 por ciento de los hombres. Esto indica que la subestimaci&oacute;n sobre la importancia de la educaci&oacute;n de las mujeres prevalece.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, es interesante analizar las causas de inasistencia porque, como veremos, no s&oacute;lo est&aacute; el hecho de que menos ni&ntilde;os asistan a la escuela, sino en los motivos de inasistencia, especialmente entre los ocupados, para los cuales las diferencias son m&aacute;s amplias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La falta de escuelas afecta de manera similar a ni&ntilde;as y ni&ntilde;os peque&ntilde;os, lo cual es l&oacute;gico ya que el desplazamiento a otra localidad representa, adem&aacute;s de una gran esfuerzo f&iacute;sico y econ&oacute;mico, un alto riesgo para ambos; este es un problema en las localidades con asentamientos humanos dispersos. En el caso de la poblaci&oacute;n entre los 12 y los 14 a&ntilde;os de edad, la inasistencia femenina a la escuela por este hecho se triplica respecto a la de los hombres (3.89 <i>vs</i> 1.20 por ciento); aunque f&iacute;sicamente las distancias sean iguales para ellos y ellas, es probable que cualitativamente para las jovencitas est&eacute; presente otro riesgo: el de ser violadas si tienen que cruzar caminando a campo traviesa entre su casa y la escuela. &Eacute;sta tambi&eacute;n puede ser la raz&oacute;n por la que la causa registrada como "no se lo permiten" sea muy superior en contra de las mujeres (0.44 <i>vs</i> 1.26 por ciento para los de seis a 11 a&ntilde;os y de 1.36 <i>vs</i> 4.31 por ciento para los de 12 a 14 a&ntilde;os), o puede ser que siga imperando el criterio de que a las mujeres no les hace falta ir a la escuela porque se van a dedicar de por vida al hogar; adem&aacute;s, ya en esas edades tempranas su trabajo dom&eacute;stico es de gran utilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, particularmente en situaciones de pobreza extrema como sucede con la mayor&iacute;a de los ind&iacute;genas, la disyuntiva de no poder mandar a la escuela a todos los hijos puede llevar a que opten por favorecer a los hijos varones; aunque no deber&iacute;an existir diferencias entre hombres y mujeres, ya que unos y otras provienen de hogares semejantes en cuanto a pobreza. Sin embargo, la proporci&oacute;n de mujeres que se&ntilde;ala la falta de dinero como la causa de su inasistencia es dos veces y media superior (1.8 para hombres <i>vs</i> 4.4 por ciento para mujeres), en el caso de los peque&ntilde;os, entre los 12 y los 14 a&ntilde;os las proporciones son mayores (7.3 <i>vs</i> 11.8 por ciento), si bien la diferencia relativa es menor. En el mismo sentido est&aacute;n las proporciones respecto al trabajo como causa de inasistencia escolar, especialmente en actividades econ&oacute;micas (0.9 <i>vs</i> 1.7 por ciento para los de seis a 11 a&ntilde;os y 4.7 <i>vs</i> 10.4 por ciento para los de 12 a 14 a&ntilde;os), pero tambi&eacute;n tiene su significado el trabajo dom&eacute;stico, en particular entre las mayorcitas (0.0 <i>vs</i> 0.8 y 0.2 <i>vs</i> 2.8 por ciento, respectivamente). En s&iacute;ntesis, las diferencias por g&eacute;nero pueden deberse a los diferentes riesgos que las mujeres corren o al trabajo dom&eacute;stico que ellas realizan, el cual es necesario para la supervivencia de la familia. Por &uacute;ltimo, entre las causas registradas est&aacute; "no le gusta" (1.8 y 1.7 por ciento para los peque&ntilde;os y 1.4 <i>vs</i> 3 por ciento entre los de 12 a 14 a&ntilde;os), lo cual puede ser un reflejo de que en algunas escuelas existan conflictos que hacen desagradable asistir a ellas. Estos problemas que habr&iacute;a que atender, tambi&eacute;n pueden estar ocultando otros, como falta de inter&eacute;s, o incluso la ense&ntilde;anza en una lengua diferente a la materna o la presencia de alguna discapacidad que requiera ense&ntilde;anza especial no atendida. La discapacidad como tal no se registr&oacute; como causa significativa de inasistencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, aunque la situaci&oacute;n est&aacute; mejorando entre los j&oacute;venes ind&iacute;genas, a&uacute;n hay rezagos en los a&ntilde;os de escolaridad que cubrir. Otro asunto que no es posible abordar en este documento es la calidad y la pertinencia de lo que se ense&ntilde;a; lo cual deber&iacute;a ser motivo de otro estudio. El rezago es m&aacute;s significativo entre las mujeres, sobre las cuales todav&iacute;a imperan criterios basados en concepciones culturales de g&eacute;nero, en particular cuando no hay recursos para mandar a todos los hijos y las hijas a la escuela; si hay que elegir, los favorecidos son los varones. Todo esto no es nuevo &#151;incluso en el pasado era peor&#151; y se refleja en la escolaridad alcanzada en el momento de la encuesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Escolaridad</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las desventajas de los ind&iacute;genas en general respecto al contexto nacional son evidentes. No es raro que tengan escolaridad baja porque han tenido que trabajar desde edades tempranas. La proporci&oacute;n de poblaci&oacute;n de 12 a&ntilde;os y m&aacute;s sin escolaridad en zonas ind&iacute;genas sobrepasa al promedio nacional, incluso respecto a las &aacute;reas menos urbanizadas la diferencia es de 19 puntos porcentuales (29.2 <i>vs</i> 10.2). Las desventajas son mayores para las mujeres, cuyo porcentaje sin escolaridad es m&aacute;s de una tercera parte (36.4 por ciento); para los hombres tambi&eacute;n es elevado, aunque en menor proporci&oacute;n (21.9 por ciento). En el promedio nacional, las mujeres sin escolaridad alcanzan 11.7 por ciento y los hombres 8.8 por ciento; en el conjunto de localidades con menos de 100 mil habitantes los porcentajes son de 16.7 para las mujeres y 13.4 para los hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Evidentemente, los porcentajes m&aacute;s bajos en los niveles de poca escolaridad se compensan con proporciones en los niveles m&aacute;s altos. Para alcanzar una escolaridad superior se debe contar con la edad suficiente para terminar los cursos. Los hombres, en el grupo de 35 a 39 a&ntilde;os del conjunto nacional, son quienes se encuentran en la proporci&oacute;n m&aacute;s alta de escolaridad superior (profesional media o superior) y alcanzan 21.6 por ciento. A partir de ah&iacute;, la proporci&oacute;n con ese nivel de escolaridad se reduce en forma sistem&aacute;tica hasta llegar a 3.6 por ciento en el grupo mayor de 65 a&ntilde;os. Entre los hombres ind&iacute;genas la proporci&oacute;n m&aacute;s alta con escolaridad superior se localiza entre los 30 y los 34 a&ntilde;os y s&oacute;lo llega a 5.1 por ciento; en el grupo extremo de mayor edad no alcanza ni uno por ciento (0.6 por ciento). Entre las mujeres, tanto en el conjunto nacional como en las zonas ind&iacute;genas, el m&aacute;ximo grado de escolaridad se alcanza entre los 22 y los 24 a&ntilde;os; la proporci&oacute;n que cursa el nivel superior en el conjunto nacional es 17.6 por ciento, mientras que 3.1 por ciento de las mujeres ind&iacute;genas apenas logra ese nivel. En la edad extrema, desde los 60 a&ntilde;os, las mujeres profesionales de nivel medio o superior representan en el conjunto nacional 1.3 por ciento, mientras que en las zonas ind&iacute;genas no se encuentra ninguna. Estos datos aunque indican que la situaci&oacute;n en t&eacute;rminos de a&ntilde;os de estudio en hombres y mujeres est&aacute; mejorando, tambi&eacute;n ponen de manifiesto que persiste la segregaci&oacute;n de g&eacute;nero, obviamente en contra de las mujeres; pero a&uacute;n mayor en perjuicio de los ind&iacute;genas y particularmente de las ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda el grado de escolaridad impacta en las formas de inserci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica tanto de hombres como de mujeres. En el caso de los primeros, su participaci&oacute;n siempre es elevada porque siguen siendo los principales proveedores de los recursos econ&oacute;micos del hogar. Su participaci&oacute;n diferencial por escolaridad no es muy contrastante, los niveles son m&aacute;s bajos entre los que a&uacute;n est&aacute;n estudiando, pero en general es elevada. En las zonas ind&iacute;genas la tasa de quienes no cuentan con escolaridad es de 94 por ciento y mucho menor entre los que tienen escolaridad media superior o superior, que es de 77 por ciento. Los rangos en los otros dominios no presentan tal contraste. En las &aacute;reas menos urbanizadas, la tasa m&aacute;s elevada es para los que no tienen escolaridad con 82 por ciento y de 78 para los que tienen educaci&oacute;n media superior o superior. En el conjunto nacional, el orden de las tasas es inverso: quienes no tienen escolaridad presentan una tasa de 79 por ciento y en el extremo superior la tasa es de 80; esto se puede deber a que los mercados de trabajo en las zonas m&aacute;s urbanizadas son m&aacute;s restrictivos para aquellos que no tienen escolaridad y quienes tienen alta escolaridad pueden trabajar por su cuenta hasta edades m&aacute;s avanzadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las mujeres hay un mayor impacto de la escolaridad en la participaci&oacute;n econ&oacute;mica que las obliga a conciliar su rol dom&eacute;stico con la actividad econ&oacute;mica que desarrollan. La escolaridad m&aacute;s elevada hace que aumente su propensi&oacute;n a ser econ&oacute;micamente activas; es probable que, en este caso, el acceso a empleos mejor remunerados les permita delegar parte del trabajo dom&eacute;stico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En &aacute;reas menos urbanizadas, las mujeres con escolaridad media superior o superior tienen una tasa de participaci&oacute;n en actividades econ&oacute;micas de 45 por ciento; para quienes no tienen escolaridad la tasa es de 30 por ciento. En el conjunto nacional para las de mayor escolaridad la participaci&oacute;n es m&aacute;s alta con una tasa de 50 por ciento y para quienes no tienen instrucci&oacute;n, la proporci&oacute;n es la misma que en las zonas menos urbanas. En general, en las zonas ind&iacute;genas la participaci&oacute;n de las mujeres es m&aacute;s alta que la registrada en los otros &aacute;mbitos; entre aquellas sin escolaridad la tasa de participaci&oacute;n es de 38 por ciento y las que tienen un grado de escolaridad medio superior o superior alcanza el 53 por ciento. Asimismo, entre las mujeres es evidente el peso que tienen las responsabilidades familiares al observar las diferencias de participaci&oacute;n en actividades econ&oacute;micas seg&uacute;n el lugar que ocupan en el hogar, tanto por el parentesco que tienen con el jefe del hogar como por su estado civil.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Parentesco y estado civil</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las zonas ind&iacute;genas no hay grandes diferencias en la distribuci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y la que no lo es, por estado civil y parentesco. La jefatura de los hogares es predominantemente masculina, abarca 91 por ciento; su contraparte es de 9 por ciento de los hogares encabezados por una mujer. S&oacute;lo 0.4 de hombres declar&oacute; ser c&oacute;nyuge de la jefa de hogar, lo cual indica que s&iacute; existe una pareja conyugal y que s&oacute;lo excepcionalmente se reconoce a la mujer como jefa de hogar; la mayor&iacute;a de &eacute;stas encabezan hogares monoparentales, o sea que no tienen c&oacute;nyuge. En los hogares con jefatura masculina la proporci&oacute;n de hijos es superior a la de hijas; esto indica que los hombres permanecen m&aacute;s tiempo en la casa paterna, sea porque las mujeres emigran m&aacute;s o al casarse muy j&oacute;venes se van a la casa de los suegros, en tanto que los hijos hombres al casarse, con frecuencia llevan a su c&oacute;nyuge a la casa paterna. El parentesco en que predominan las mujeres es de c&oacute;nyuge, los otros parentescos en los que tambi&eacute;n es superior la presencia femenina es como ascendientes (madres o suegras), descendientes (nietas), hermanas y otros parientes que comprende a las nueras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la participaci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica por estado civil se observa que el lugar que guarda la mujer en el hogar influye en su participaci&oacute;n. Las mujeres jefas de hogar tienen una participaci&oacute;n de 51 por ciento, muy superior a la tasa promedio femenina que es de 37 por ciento, o sea que buena parte de estas mujeres jefas son las responsables econ&oacute;micas de su familia. Las c&oacute;nyuges y las hijas tienen tasas similares a la del promedio femenino (38 y 36 por ciento, respectivamente).</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, seguramente debido    a la edad, las madres o suegras &#151;por edad avanzada&#151; y las nietas &#151;por    j&oacute;venes&#151; tienen tasas menores al promedio; esto es, las mujeres    que se relacionan con el jefe como ascendientes tienen una tasa de participaci&oacute;n    de 21 por ciento y las nietas de 30 por ciento. El conjunto de las mujeres con    otros parentescos tiene una tasa de 35 por ciento que debe incluir t&iacute;as    mayores que a falta de hijos, los sobrinos las acogen en su hogar. Las hermanas    y las hu&eacute;spedes de edades adultas tienen tasas m&aacute;s elevadas que    el promedio, lo cual indica que reciben apoyo para tener donde vivir, pero en    buena proporci&oacute;n deben colaborar con recursos econ&oacute;micos al presupuesto    familiar (53 y 49 por ciento, respectivamente). Este comportamiento por parentesco    es coherente con el de las tasas de participaci&oacute;n econ&oacute;mica por    estado civil, las m&aacute;s elevadas corresponden a las de mujeres divorciadas    o separadas seguidas de las que viven en uni&oacute;n libre (78, 70 y 44 por    ciento, respectivamente). Las mujeres que pueden ser m&aacute;s dependientes    presentan tasas un poco m&aacute;s bajas, lo que puede ser porque cuentan con    marido, padre o hijos que les alleguen su sustento econ&oacute;mico, esto es,    las casadas con 35 por ciento, las solteras y las viudas coinciden con 36 por    ciento; pero seguramente corresponden con trabajo dom&eacute;stico para el bienestar    del hogar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Horas trabajadas</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un panorama m&aacute;s preciso del grado de participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n al bienestar material se puede obtener a partir del an&aacute;lisis de las horas dedicadas al trabajo, no s&oacute;lo el tiempo dedicado a las actividades econ&oacute;micas sino tambi&eacute;n al trabajo dom&eacute;stico. Este &uacute;ltimo, hasta &eacute;pocas muy recientes, se hab&iacute;a desde&ntilde;ado; finalmente, en las recomendaciones de 1993 de las Naciones Unidas para el Sistema de Cuentas Nacionales, se reconoce la necesidad de cuantificar las actividades productivas destinadas al autoconsumo e incluso imputarles un valor econ&oacute;mico para entender la din&aacute;mica de las poblaciones que fincan su bienestar en gran medida fuera del mercado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este caso s&oacute;lo abordaremos el tiempo dedicado a las diferentes actividades, pero no es posible en este cap&iacute;tulo considerar el valor, lo cual ser&iacute;a importante para futuras investigaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <a href="../img/revistas/pp/v8n31/a6c2.jpg" target="_blank">cuadro 2</a> se presentan las horas promedio que en la semana de referencia le dedicaron a las distintas actividades. En igualdad de circunstancias el tiempo que las mujeres le dedican al trabajo dom&eacute;stico siempre es superior respecto al de los hombres; o sea, si se comparan mujeres con hombres ocupados o mujeres con hombres no ocupados. Esto sucede en zonas urbanas y rurales, as&iacute; como en zonas ind&iacute;genas y dentro de ellas en la poblaci&oacute;n definida como ind&iacute;gena. Lo contrario sucede con el trabajo econ&oacute;mico, donde los hombres superan a las mujeres, con excepci&oacute;n del trabajo infantil, que en zonas ind&iacute;genas el femenino llega a superar al masculino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo dom&eacute;stico de las mujeres mayores de 12 a&ntilde;os no ocupadas en actividades econ&oacute;micas constituye una jornada semanal completa de m&aacute;s de 38 horas, en el caso de los hombres no ocupados es aproximadamente una hora y cuarto diaria. Por otra parte, los hombres mayores de 12 a&ntilde;os ocupados trabajan en promedio m&aacute;s de 43 horas a la semana en actividades econ&oacute;micas, por lo que no les queda mucho tiempo para otras actividades, incluido el trabajo dom&eacute;stico. Sin embargo, al considerar el tiempo promedio dedicado a todo tipo de trabajo &#151;esto es sumando el trabajo econ&oacute;mico y el dom&eacute;stico&#151; siempre las horas promedio trabajadas por las mujeres supera al de los hombres en m&aacute;s de 10 horas a la semana.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las horas promedio dedicadas al trabajo dom&eacute;stico entre los no ocupados son mayores al de los ocupados, excepto en el caso de los ni&ntilde;os y de las ni&ntilde;as que habitan en las zonas ind&iacute;genas; lo anterior quiz&aacute; indique que los menores que se ven obligados a trabajar son quienes viven en extrema pobreza y deben colaborar en todos los &aacute;mbitos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las zonas ind&iacute;genas, el n&uacute;mero de horas econ&oacute;micas promedio es menor que el promedio nacional, tanto en el conjunto de localidades con m&aacute;s de 100 mil habitantes como en el conjunto menos urbanizado. La diferencia a la semana es de cuatro horas en el caso de los hombres y entre seis y siete horas para las mujeres, lo cual debe ser resultado de la diferente estructura del empleo en las distintas zonas. Las actividades comerciales o de servicios son las que tienen jornadas m&aacute;s largas; por lo tanto, el promedio es superior en aquellas que tienen una mayor concentraci&oacute;n en tales actividades, pero en las zonas ind&iacute;genas son poco representativas. En la secci&oacute;n dedicada a las condiciones de trabajo se retomar&aacute; el tema de la jornada laboral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de pasar a considerar los aspectos estructurales de la mano de obra es necesario hacer un comentario sobre el desempleo, porque con frecuencia se mencionan sus &iacute;ndices sin conocer sus limitaciones; no tratarlo parecer&iacute;a una omisi&oacute;n. Cabe se&ntilde;alar que si el an&aacute;lisis de los indicadores de desempleo en el conjunto de la poblaci&oacute;n nacional tiene poco significado, para la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena tiene a&uacute;n menos sentido, dada la pobreza que los agobia y debido a que, en buena medida, sus actividades econ&oacute;micas son desarrolladas al margen de la compra&#45;venta de fuerza de trabajo. De hecho, estudiar el desempleo s&oacute;lo es &uacute;til para determinados sectores de la poblaci&oacute;n que pueden dedicarse exclusivamente a buscar empleo, condici&oacute;n exigida por la definici&oacute;n internacional de desempleo; se trata de personas que tienen recursos para poder sobrevivir alg&uacute;n tiempo sin tener que trabajar, por lo general gracias al apoyo familiar o incluso a sus ahorros.<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ambos sexos, las tasas de desempleo en el promedio nacional son 2.6 por ciento; para hombres 2.2 y para mujeres 3.4; en las zonas ind&iacute;genas las tasas son de 0.6, 0.4 y 1.0 por ciento, respectivamente. Sin embargo, estos datos no reflejan los problemas de empleo que tiene la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, por lo que es necesario abordar otros elementos, como son las condiciones de trabajo imperantes, lo cual se ver&aacute; al final, despu&eacute;s de ver en la pr&oacute;xima secci&oacute;n los aspectos estructurales m&aacute;s relevantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos generales, lo que podemos concluir en esta secci&oacute;n es que en las zonas ind&iacute;genas la participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n masculina es superior a la registrada en el conjunto nacional, en el &aacute;mbito de las localidades con m&aacute;s de 100 mil habitantes, as&iacute; como en el conjunto de localidades menores de ese l&iacute;mite. En el caso de la poblaci&oacute;n femenina sucede algo semejante, a diferencia de que su tasa neta tipificada es muy similar a la de las &aacute;reas m&aacute;s urbanizadas. Las diferencias ser&iacute;an mayores si tuvieran la misma composici&oacute;n por edad, porque la emigraci&oacute;n de personas de zonas ind&iacute;genas en las edades de mayor participaci&oacute;n afecta negativamente las tasas en su lugar de origen. En las zonas ind&iacute;genas, la participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en edades extremas es superior; los hombres trabajan desde ni&ntilde;os hasta el fin de sus d&iacute;as; las mujeres ind&iacute;genas tambi&eacute;n presentan tasas m&aacute;s altas en edades extremas; sin embargo, participan menos en actividades econ&oacute;micas que los hombres debido a sus responsabilidades familiares y a que su contribuci&oacute;n al bienestar de la familia es m&aacute;s que compensada a trav&eacute;s del trabajo dom&eacute;stico. El trabajo infantil no es secundario, tanto por el n&uacute;mero de horas que trabajan cotidianamente como porque la mayor&iacute;a trabaja todo el a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo en edades tempranas inhibe la asistencia escolar como lo revela el rezago educativo en edades adultas. En la actualidad casi todos los ni&ntilde;os asisten a la escuela, pero a&uacute;n hay quienes no lo hacen y aparentemente su incorporaci&oacute;n al sistema educativo es reciente; el rezago entre los adultos no tiene v&iacute;as para ser superado. En particular, las mujeres desde muy j&oacute;venes se encuentran m&aacute;s imposibilitadas para continuar sus estudios por factores de g&eacute;nero que pesan sobre ellas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Aspectos estructurales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las cifras sobre actividad econ&oacute;mica de una poblaci&oacute;n son un p&aacute;lido reflejo de lo que en realidad es el esfuerzo individual y colectivo que realiza para poder sobrevivir y de la gran riqueza del quehacer de los seres humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En particular, entre los pueblos ind&iacute;genas cobran especial importancia aquellas actividades que les permiten mantener su cohesi&oacute;n cultural. Estas actividades adicionales escapan al registro estad&iacute;stico empleado en las encuestas masivas que utilizan criterios uniformes y definen s&oacute;lo una actividad como la principal. Bajo esta perspectiva, si no se hace un esfuerzo espec&iacute;fico para captar toda la gama de actividades que puede realizar una persona, es com&uacute;n encontrar que la mayor&iacute;a de los hombres son s&oacute;lo agricultores y las mujeres, amas de casa; ello no es faltar a la verdad, es muy probable que lo sean, pero adicionalmente realizan otras actividades tanto o m&aacute;s importantes desde el punto de vista econ&oacute;mico y social que los roles antes aludidos. Por ejemplo: parteras, ceramistas, m&uacute;sicos, etc&eacute;tera. Un caso ilustrativo de lo anterior es el pueblo Mixe, donde la m&uacute;sica es muy importante en su cultura y a la cual mucha gente le dedica gran cantidad de tiempo y recursos; sin embargo, siempre se registra la agricultura como actividad principal (Nahmad, 1967). Captar toda la gama de actividades requiere otro tipo de enfoque, sea etnogr&aacute;fico o antropol&oacute;gico, no obstante, su car&aacute;cter cualitativo tiene otras limitaciones como la cobertura. La perspectiva estad&iacute;stica general presenta s&oacute;lo un panorama global que permite conocer la estructura econ&oacute;mica dominante y es la que aqu&iacute; se presenta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Rama de actividad</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cierto es que el espacio natural de trabajo preponderante para la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena ha sido por siglos la agricultura. Actividad indudablemente noble pero abandonada por la pol&iacute;tica econ&oacute;mica nacional durante varias d&eacute;cadas, provocando baja rentabilidad al extraerle sus excedentes y limitando as&iacute; su inversi&oacute;n. Los ind&iacute;genas han permanecido en la agricultura hasta la actualidad. Incluso, para mantenerse en ella y conservar su identidad, tuvieron que desplazarse a tierras menos codiciadas, evidentemente menos productivas &#151;quiz&aacute; por ser menos f&eacute;rtiles o con otros problemas, como encontrarse lejos de los centros comerciales hegem&oacute;nicos&#151;, lo cual ha implicado mayores costos de transporte, producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n o depender de acaparadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el pa&iacute;s, 24 por ciento de la poblaci&oacute;n ocupada se dedica a actividades agropecuarias. En las zonas menos urbanizadas constituye 44 por ciento, incluso para la poblaci&oacute;n masculina en esas &aacute;reas es la actividad mayoritaria (52 por ciento). Entre la poblaci&oacute;n ocupada femenina representa una cuarta parte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las zonas ind&iacute;genas dos terceras partes de la poblaci&oacute;n ocupada total se dedican a las actividades agropecuarias: tres de cada cuatro hombres trabajan en las labores del campo; entre las mujeres la proporci&oacute;n es menor, pero casi llega a ser la mitad (47.4 por ciento). En n&uacute;meros absolutos estamos hablando de 991 430 trabajadores cuya actividad principal en la semana de referencia en el segundo trimestre de 1997 era la agropecuaria, de los cuales 774 891 eran hombres y 216 539 mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe precisar que estas cifras se refieren a la actividad que los encuestados consideran como la principal desempe&ntilde;ada en la semana previa a la entrevista. As&iacute;, si una persona realiz&oacute; dos o m&aacute;s actividades &#151;por ejemplo, la venta de alg&uacute;n producto o la producci&oacute;n de alguna artesan&iacute;a&#151; adem&aacute;s de la agricultura, pero no consider&oacute; a esta &uacute;ltima como la principal, en los resultados no aparece dicha actividad. Adem&aacute;s, por la estacionalidad del trabajo agropecuario, es posible que en la semana previa a la entrevista no se realizara ninguna actividad en el campo, sin que eso signifique que tal actividad no sea importante en todo el ciclo productivo. Por estas dos razones se procedi&oacute; a considerar un periodo de referencia m&aacute;s amplio con el objetivo de captar la actividad agropecuaria (seis meses previos a la entrevista). Los resultados muestran que el volumen de trabajadores agropecuarios se incrementa 14 por ciento para ambos sexos; el aumento es mayor entre las mujeres que entre los hombres (33 por ciento frente a 9 por ciento). En n&uacute;meros absolutos se tiene un total de 1 130 107, es decir, 138 677 personas adicionales, conformadas por 68 266 hombres y 70 411 mujeres. O sea que en las estaciones pico de siembra, cosecha y de algunas labores culturales intensivas se incorpora fuerza de trabajo adicional, especialmente femenina, que no se capta cuando se toma como periodo de referencia una semana. Para distinguir a los trabajadores captados con este criterio m&aacute;s amplio en cuanto a temporalidad se les ha denominado "sujetos agropecuarios", si no se hace esta precisi&oacute;n se trata de lo captado con referencia a la semana previa a la entrevista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los sujetos agropecuarios se les puede distinguir de acuerdo con la tenencia de la tierra: los que disponen de ella, que se han denominado productores, constituyen 48 por ciento; 52 por ciento lo conforman los trabajadores. 96 por ciento de los productores son hombres. Dentro de los productores se distinguen tres categor&iacute;as: a) los propietarios, quienes adem&aacute;s de tener peque&ntilde;a propiedad pueden poseer tierras ejidales o comunales; b) los ejidatarios o comuneros, y c) otro grupo que comprende a ocupantes, aparceros, arrendatarios y productores pecuarios sin tierra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">71.4 por ciento corresponde al grupo de ejidatarios y comuneros; 20.3 por ciento al de propietarios y el restante 8.3 se distribuye en las categor&iacute;as del &uacute;ltimo grupo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los trabajadores predominan los familiares no remunerados que alcanzan 87 por ciento y s&oacute;lo 13 por ciento es de trabajadores pagados, o sea un conjunto compuesto por jornaleros, peones, operarios o empleados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los productores, &uacute;nicamente 18 por ciento llega a pagar jornadas de trabajo. De &eacute;stos, al a&ntilde;o, 34 por ciento contrat&oacute; 20 jornadas o menos. 4.4 por ciento contrat&oacute; entre 201 y 300 jornadas, que ser&iacute;a el equivalente a tener un trabajador de tiempo completo durante un a&ntilde;o; y s&oacute;lo 6.4 por ciento contrat&oacute; 301 jornadas o m&aacute;s. Es decir, en estas zonas el trabajo asalariado que se genera es m&iacute;nimo; los jornaleros ind&iacute;genas emigran hacia cultivos comerciales en zonas no ind&iacute;genas, en algunos casos incluso se identifican grupos &eacute;tnicos espec&iacute;ficos que se especializan en determinados cultivos, como es el caso de los mixtecos con el jitomate en San Quint&iacute;n, Baja California (Barr&oacute;n, 1997: 53).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">38 por ciento de los productores no contrat&oacute; mano de obra, trabaj&oacute; solo. El otro 62 por ciento ocup&oacute; trabajadores, de ellos 80 por ciento no percibi&oacute; salario, 6 por ciento fue pagado con trabajo, esto es, recibi&oacute; ayuda de vecinos y amigos a cambio de su colaboraci&oacute;n posterior, lo que en algunas zonas se denomina "mano vuelta"; 1.3 por ciento recibi&oacute; como pago producto o dinero y 12.5 por ciento comprendi&oacute; la combinaci&oacute;n de las anteriores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como resultado de la segregaci&oacute;n y dominaci&oacute;n actual, la mayor parte de la producci&oacute;n ind&iacute;gena se lleva a cabo de manera artesanal, con baja productividad y sin apoyo t&eacute;cnico o crediticio. Adem&aacute;s, es poco valorada en t&eacute;rminos econ&oacute;micos, a pesar de que hoy en d&iacute;a a&uacute;n podemos amueblar nuestra casa y abastecernos de todo tipo de utensilios de uso cotidiano; no son meros art&iacute;culos decorativos o <i>souvenirs.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n, en ocasiones, su precaria econom&iacute;a los obliga a usar materia prima de muy baja calidad, aun cuando la elaboraci&oacute;n implique gran cantidad de tiempo de trabajo especializado y art&iacute;stico; &eacute;ste es un aspecto que se podr&iacute;a atender a trav&eacute;s de apoyos reales de cr&eacute;dito, t&eacute;cnicos, administrativos y de comercializaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el empleo nacional el conjunto de las industrias de transformaci&oacute;n representa 16 por ciento entre la poblaci&oacute;n masculina y 18 entre la femenina. En las &aacute;reas menos urbanizadas las proporciones respectivas son 11 para hombres y entre las mujeres se conserva 18 por ciento. En las zonas ind&iacute;genas la diferencia se agudiza, ya que entre los hombres s&oacute;lo es 6 por ciento y entre las mujeres llega a 23 por ciento; no debe olvidarse que el predominio y registro &uacute;nico de la actividad agropecuaria en la poblaci&oacute;n masculina le deja poco espacio a otras actividades. Si se considera al conjunto de personas ocupadas en las industrias de transformaci&oacute;n en las zonas ind&iacute;genas vemos que la proporci&oacute;n de mujeres es 64 por ciento y, por lo tanto, 36 por ciento restante es de hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al analizar con detalle las actividades de transformaci&oacute;n que desempe&ntilde;an las mujeres, se observa que las de mayor frecuencia son la fabricaci&oacute;n de prendas de vestir (35 por ciento) y la fabricaci&oacute;n de textiles (24 por ciento), prevaleciendo la utilizaci&oacute;n del telar de cintura; es decir, la importancia de los textiles, tanto en la elaboraci&oacute;n de los materiales b&aacute;sicos como de prendas en las zonas ind&iacute;genas, significa casi 60 por ciento del empleo manufacturero femenino. El tercer grupo, de acuerdo con su importancia, es la producci&oacute;n de alimentos, con 23 por ciento. No debe olvidarse que en este rubro se considera desde la elaboraci&oacute;n de tortillas y pan, hasta actividades como las que realizan los tablajeros o matanceros; no se consideran en &eacute;ste, actividades clasificadas como servicios, tal es el caso del comercio, la preparaci&oacute;n directa de alimentos para el consumidor o aquellas que acompa&ntilde;an el servicio de comida. La fabricaci&oacute;n de productos en el ramo de madera, palma y papel ocupa el cuarto lugar con 12 por ciento y, finalmente, la rama que abarca la cer&aacute;mica es la menos importante en t&eacute;rminos relativos (3.4 por ciento de las trabajadoras en transformaci&oacute;n). Es probable que esto se deba a un problema del sistema de clasificaci&oacute;n &#151;que esta rama quede oculta en otro rubro o haya sido considerada como actividad secundaria despu&eacute;s de la agricultura o del trabajo dom&eacute;stico&#151; o bien al tama&ntilde;o de la muestra, ya que en algunas zonas como Michoac&aacute;n y Oaxaca por citar s&oacute;lo algunos ejemplos, la producci&oacute;n de cer&aacute;mica en zonas ind&iacute;genas con estilos propios es muy importante (el barro negro, la cer&aacute;mica verde con sus hermosas pi&ntilde;as vidriadas, la cer&aacute;mica de Patamba, etc&eacute;tera).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El empleo masculino en transformaci&oacute;n, adem&aacute;s de absorber a un n&uacute;mero menor de trabajadores, presenta una composici&oacute;n diferente. Aunque la proporci&oacute;n mayor tambi&eacute;n se encuentra en la fabricaci&oacute;n de prendas de vestir con 29 por ciento, la fabricaci&oacute;n de textiles s&oacute;lo alcanza 8 por ciento; en cambio la fabricaci&oacute;n de productos en el ramo de madera, palma y papel absorbe a tantos trabajadores como la fabricaci&oacute;n de productos alimenticios (m&aacute;s de 20 por ciento en cada caso). El resto del trabajo manufacturero masculino se divide entre las industrias met&aacute;licas, de vidrio, cer&aacute;mica, cuero y calzado que, en conjunto, suman 21 por ciento, cada una con una proporci&oacute;n cercana a 7 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras actividades importantes son las del comercio, particularmente al menudeo. Las proporciones son para el &aacute;mbito nacional 17 por ciento, 13 para la poblaci&oacute;n masculina y 24 para la femenina. En las zonas ind&iacute;genas en t&eacute;rminos proporcionales tienen menos peso, por la preponderancia de la agricultura; el conjunto de la poblaci&oacute;n ocupada total es 8 por ciento, entre las mujeres llega a 15 y entre los hombres s&oacute;lo alcanza 5 por ciento. Esto quiz&aacute; se deba a que parte de su producci&oacute;n es de autoconsumo y para el mercado local o porque la venden en forma directa a los acaparadores. Pero tambi&eacute;n, muy probablemente, estas cifras no contabilizan a los productores cuando ellos mismos comercializan sus productos, ya que la referencia estad&iacute;stica se refiere s&oacute;lo a la actividad principal que, como vimos en los p&aacute;rrafos anteriores, es la producci&oacute;n agropecuaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los servicios forman parte de un conjunto heterog&eacute;neo. Entre ellos es importante destacar el lugar que ocupa el rubro de servicios calificados como los de salud y los educativos. Estos servicios, en las zonas ind&iacute;genas, s&oacute;lo absorben 3.9 por ciento del empleo total, en el caso de los hombres 3.3 y en el de las mujeres 5.3 por ciento. En el conjunto nacional, las proporciones son 8.7 por ciento para ambos sexos; 6 por ciento para hombres y 14 para el empleo femenino. En las &aacute;reas menos urbanizadas, las proporciones son 4.5 por ciento para hombres y 10.4 para mujeres. En este rubro es evidente la falta de dotaci&oacute;n de estos servicios en general, pero en particular en las zonas ind&iacute;genas. Esta escasez constituye un aspecto m&aacute;s de su marginaci&oacute;n, ya que el acceso a estos servicios tendr&iacute;a un impacto positivo para el bienestar de los pueblos indios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El servicio dom&eacute;stico pagado, tanto en el conjunto nacional como en las &aacute;reas menos urbanizadas, alcanza 11 por ciento; en las zonas ind&iacute;genas es 3 por ciento, pero dentro del empleo femenino representa 8 por ciento. Llama la atenci&oacute;n esta proporci&oacute;n porque en M&eacute;xico esta actividad obedece a condiciones de disparidad en la distribuci&oacute;n del ingreso. En las zonas ind&iacute;genas es importante profundizar sobre este aspecto, porque si bien sabemos que la marginaci&oacute;n de la mujer ind&iacute;gena hace ya que est&eacute; sobrerepresentada en esta ocupaci&oacute;n, que es de las menos reconocidas en nuestra sociedad, en general se ubican en grandes ciudades y no parece l&oacute;gico pensar que se trata de trabajadoras que se trasladen diariamente a una gran ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las otras ramas que tienen representatividad estad&iacute;stica para los hombres son: la construcci&oacute;n, que absorbe 4.2 por ciento del empleo masculino; los servicios de reparaci&oacute;n, donde se encuentra 1.9 por ciento, y la administraci&oacute;n p&uacute;blica con 1.7 por ciento. Por &uacute;ltimo, en transportes se encuentra uno por ciento de los hombres ocupados. En todas estas actividades la participaci&oacute;n de las mujeres es m&iacute;nima; s&oacute;lo en la administraci&oacute;n p&uacute;blica alcanza 0.7 por ciento, pero en las otra no llega ni a medio punto porcentual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las actividades espec&iacute;ficas que realizan los menores se derivan de las unidades econ&oacute;micas familiares. Como veremos m&aacute;s adelante, se concentran en la categor&iacute;a de familiares no remunerados; por lo tanto, sus actividades se encuentran principalmente en las mismas que sus padres y sus madres, o sea las agropecuarias, de transformaci&oacute;n y el comercio; en el caso de las mujeres adem&aacute;s se dedican al servicio dom&eacute;stico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe destacar que los menores se concentran a&uacute;n m&aacute;s que los adultos en actividades agropecuarias. En el conjunto de mayores de 12 a&ntilde;os, 67 por ciento se ubica en este sector, en el caso de los hombres supera al 75 por ciento y entre mujeres es 47 por ciento; en el caso de los ni&ntilde;os entre seis y 11 a&ntilde;os, llega a 90 por ciento y entre los de 12 a 14 es de 88 por ciento; las proporciones correspondientes a las ni&ntilde;as son 78 y 64 por ciento. En las otras actividades la participaci&oacute;n de los menores es m&aacute;s baja con excepci&oacute;n de las trabajadoras dom&eacute;sticas de 12 a 14 a&ntilde;os, cuya proporci&oacute;n, cercana al 8 por ciento, es similar al conjunto de las mujeres de 12 y m&aacute;s a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Ocupaci&oacute;n principal</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En general, cuando los procesos productivos no tienen una divisi&oacute;n t&eacute;cnica del trabajo sofisticada, la ocupaci&oacute;n espec&iacute;fica que desempe&ntilde;a la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa depende directamente de la actividad desarrollada, por lo tanto no es raro que la ocupaci&oacute;n predominante entre los hombres sea la de agricultores, que constituye tres cuartas partes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las ocupaciones restantes se encuentra el 13 por ciento de obreros o artesanos, quienes &#151;adem&aacute;s de ejecutar el proceso central, por ejemplo de tejido&#151; realizan todas las actividades que integran su actividad, desde recolectar o seleccionar la materia prima, hasta te&ntilde;ir, pintar, hornear, crear los dise&ntilde;os art&iacute;sticos, etc. Esto es muy diferente en los procesos modernos de la industria de transformaci&oacute;n en los que los trabajadores no s&oacute;lo se especializan en una parte del proceso de transformaci&oacute;n sino en una tarea espec&iacute;fica, en muchas ocasiones se reduce a movimientos autom&aacute;ticos, y m&aacute;s recientemente a interpretar diagramas y digitalizar c&oacute;digos; por otra parte, las empresas industriales subcontratan una gran gama de servicios especializados, como limpieza, dise&ntilde;o industrial, selecci&oacute;n de personal, mercadotecnia, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4 por ciento son comerciantes y s&oacute;lo 2 por ciento maestros, proporci&oacute;n similar a la de los trabajadores en servicios personales y dom&eacute;sticos; un poco m&aacute;s baja es la de trabajadores administrativos, 1.7 por ciento. Por &uacute;ltimo, est&aacute;n los trabajadores no manuales que no forman parte de los grupos anteriores y constituyen 1.4 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las mujeres la composici&oacute;n es diferente al tener menos peso la actividad agr&iacute;cola. De cualquier manera, las agricultoras constituyen el grupo mayoritario con 47.2 por ciento. La siguiente ocupaci&oacute;n por su preponderancia es la de obreras o artesanas con 23.5 por ciento, congruente con el peso que tiene su presencia en las actividades de transformaci&oacute;n. 13.2 por ciento corresponde a las comerciantes. En servicios personales y dom&eacute;sticos suman 9.5 por ciento. Las maestras absorben 3.8 por ciento del empleo femenino. Las empleadas administrativas suman 1.6 por ciento y otras trabajadoras no manuales representan 1.3 por ciento (v&eacute;ase a Castilla y Torres, <i>Las mujeres en las maquilas yucatecas,</i> en art&iacute;culos complementarios).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Situaci&oacute;n en el trabajo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera clasificaci&oacute;n disponible para analizar a la poblaci&oacute;n activa es la situaci&oacute;n en el trabajo, la cual indica de alguna manera la organizaci&oacute;n del trabajo en las unidades productivas. Las categor&iacute;as en las que se clasifica la poblaci&oacute;n ocupada son: patrones, trabajadores por cuenta propia, miembros de una cooperativa de producci&oacute;n, trabajadores a destajo, asalariados y trabajadores que no reciben remuneraci&oacute;n, entre ellos los familiares. Las tres primeras categor&iacute;as indican que son propietarios de unidades productivas o trabajadores independientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ser patrones deben contratar al menos a un trabajador, aunque tambi&eacute;n pueden trabajar con ellos familiares sin remuneraci&oacute;n. Los trabajadores por cuenta propia trabajan solos o pueden auxiliarse &uacute;nicamente de familiares no remunerados. A los cooperativistas los define el r&eacute;gimen de propiedad de la unidad de producci&oacute;n y pueden auxiliarse de familiares o personal contratado. El resto se trata de trabajadores subordinados dependientes de alguna de las tres &uacute;ltimas categor&iacute;as, entre las cuales est&aacute;n los trabajadores a destajo, los asalariados y los trabajadores no remunerados. La clasificaci&oacute;n particular de los sujetos agropecuarios, que comprende a todos los que realizaron alg&uacute;n tipo de trabajo agropecuario en los seis meses previos a la entrevista, est&aacute; ligada a la tenencia de la tierra, como ya se vio con anterioridad en la secci&oacute;n referida a la rama de actividad. En esta secci&oacute;n el an&aacute;lisis se refiere al trabajo principal de la semana de referencia, o sea la previa a la de la entrevista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera caracter&iacute;stica sobre situaci&oacute;n en el trabajo que cabe destacar entre los trabajadores en las zonas ind&iacute;genas es la elevada proporci&oacute;n en la categor&iacute;a de familiares no remunerados, que constituye una tercera parte del total de trabajadores de ambos sexos; entre las mujeres es a&uacute;n m&aacute;s elevada, su proporci&oacute;n es m&aacute;s de la mitad (53 por ciento), la de los hombres es una cuarta parte. En el promedio nacional la proporci&oacute;n de trabajadores sin pago es 13 por ciento, en las &aacute;reas menos urbanizadas llega a 19 por ciento, o sea por debajo de lo encontrado en las zonas ind&iacute;genas. Las diferencias por sexo est&aacute;n en el mismo sentido que en las zonas ind&iacute;genas; mayor proporci&oacute;n de no remunerados entre las mujeres, 18 por ciento en el promedio nacional y 27 en las &aacute;reas menos urbanizadas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">97 por ciento de los menores entre seis y 11 a&ntilde;os son trabajadores no remunerados. Los trabajadores por cuenta propia son cercanos a uno por ciento, los contratados s&oacute;lo son 1.5 por ciento. Entre los de 12 a 14 a&ntilde;os existe una proporci&oacute;n mayor de contratados, 8 por ciento, pero sigue dominando la categor&iacute;a de no remunerados (90 por ciento). Tambi&eacute;n hay un poco m&aacute;s de trabajadores por su cuenta, constituyen 2 por ciento. Sin embargo, es evidente que la mayor&iacute;a trabaja para el jefe del hogar y en menor escala para otro miembro del mismo. En primer t&eacute;rmino est&aacute; el padre, le sigue la madre y en tercer lugar est&aacute; el abuelo. Sorprende que haya entre los de seis y 11 a&ntilde;os alguien que trabaja para el esposo, lo cual querr&iacute;a decir que hay matrimonio de infantes seg&uacute;n esta informaci&oacute;n, o tal vez fue una mala interpretaci&oacute;n de la pregunta y los entrevistados se refer&iacute;an a que trabajaban para el esposo de la madre, pero esto ser&iacute;a tema de una investigaci&oacute;n espec&iacute;fica y de m&aacute;s cuidado en pr&oacute;ximos levantamientos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con frecuencia se ha argumentado que la propiedad de los medios de producci&oacute;n garantiza el trabajo y en buenas condiciones. Esto conducir&iacute;a a que los trabajadores de las zonas ind&iacute;genas se encontraran en una situaci&oacute;n ventajosa, ya que 45 por ciento de ellos integran las categor&iacute;as que indican ser propietarios de medios productivos, o sea el conjunto conformado por patrones, trabajadores por cuenta propia y cooperativistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los hombres, m&aacute;s de la mitad son propietarios (540 107 de 1 027 970). No obstante, cabe se&ntilde;alar que la gran mayor&iacute;a de este grupo est&aacute; constituido por trabajadores por cuenta propia, con 94.2 por ciento del total de propietarios (508 984); patrones, con 5.8 por ciento (311 223) y cooperativistas que son pr&aacute;cticamente inexistentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de las mujeres la proporci&oacute;n de propietarias es de 28 por ciento; es mayoritario el grupo de trabajadoras subordinadas, ya que suman 72 por ciento. Casi todas las propietarias son trabajadoras por cuenta propia, su proporci&oacute;n alcanza 98 por ciento y s&oacute;lo 1.2 por ciento son patronas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De lo anterior se deduce que la mayor&iacute;a de los trabajadores de las zonas ind&iacute;genas cuenta b&aacute;sicamente s&oacute;lo con su fuerza de trabajo, herramientas sencillas y poca tierra. La calidad de la tierra a la que han tenido acceso los pueblos indios ha sido con frecuencia de baja productividad debido a la persecuci&oacute;n, despojo y marginaci&oacute;n que han sufrido por siglos, y entre los campesinos la mujer est&aacute; a&uacute;n m&aacute;s marginada, pues la propiedad de la tierra por muchos a&ntilde;os estuvo reservada en forma exclusiva a los hombres. El resultado negativo que todo esto tiene sobre otras condiciones de trabajo se demuestra en la siguiente secci&oacute;n. Mientras tanto, es posible afirmar que m&aacute;s que pensar que la condici&oacute;n de ser propietario denote una situaci&oacute;n ventajosa, indica, por su n&uacute;mero, la existencia de una gran pulverizaci&oacute;n de las unidades productivas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se observan diferencias en la distribuci&oacute;n de los trabajadores seg&uacute;n su situaci&oacute;n en el trabajo por sectores. Los hombres que ten&iacute;an como actividad principal la agricultura, la semana previa a la entrevista, son en su mayor&iacute;a propietarios, con 59 por ciento (sumando a los que se desempe&ntilde;an por cuenta propia y a los patrones); hay 41 por ciento de trabajadores subordinados y entre las mujeres la concentraci&oacute;n en este grupo es a&uacute;n mayor, constituido por familiares no remuneradas principalmente. Para los varones, la categor&iacute;a de familiares no remunerados entre los subordinados tambi&eacute;n es importante, porque los asalariados s&oacute;lo alcanzan 7 por ciento de los trabajadores agropecuarios. En actividades de transformaci&oacute;n las proporciones para hombres son 39 por ciento de propietarios y 56 de subordinados. Entre las mujeres las proporciones se presentan en sentido inverso, predominan las propietarias o las trabajadoras independientes, constituyendo 65 por ciento; con seguridad se trata de mujeres que desarrollan su actividad artesanal en casa, altern&aacute;ndola con los quehaceres dom&eacute;sticos. Del total de trabajadoras ocupadas en actividades de transformaci&oacute;n, las subordinadas representan 35 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el comercio no hay mucha diferencia entre hombres y mujeres, ya que los propietarios conforman 44 y 46 por ciento, respectivamente; por lo tanto, los subordinados est&aacute;n alrededor de 55 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los transportes y las reparaciones s&oacute;lo son significativas para los hombres, entre ellos 41 por ciento es de propietarios y 59 para subordinados; lo que indicar&iacute;a que en buena medida los transportistas regionales operan su propio veh&iacute;culo. En reparaciones las proporciones son 47 <i>vs</i> 53 por ciento. En cambio, los servicios dom&eacute;sticos no son significativos para los hombres. Entre las trabajadoras dom&eacute;sticas predominan las trabajadoras subordinadas con 79 por ciento, las otras son trabajadoras por cuenta propia (21 por ciento).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, las actividades que realizan necesariamente de manera subordinada tanto hombres como mujeres, sobre todo como asalariados, son la administraci&oacute;n p&uacute;blica y los servicios calificados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, la estructura econ&oacute;mica de las zonas ind&iacute;genas est&aacute; dominada por la agricultura minifundista, con trabajadores involucrados de forma directa en la producci&oacute;n con una divisi&oacute;n del trabajo poco sofisticada. La preponderancia de la actividad agropecuaria entre los hombres les deja poco espacio para realizar otras. Entre las mujeres la agricultura tambi&eacute;n es predominante, pero algo m&aacute;s de la mitad se dedica a otras actividades; las manufacturas seguidas del comercio son las que m&aacute;s destacan. Las manufacturas abarcan 23 por ciento del empleo femenino, una quinta parte del cual comprende a la industria alimenticia tradicional para consumo local e inmediato (tortiller&iacute;as y panader&iacute;as principalmente) con pocas posibilidades de desarrollarse para trascender a mercados de regiones m&aacute;s amplias. Sin embargo, el potencial de la industria de los textiles, el cuero, el vestido y la alfarer&iacute;a son campos en los cuales se pueden adoptar medidas de fomento para la adquisici&oacute;n de insumos de calidad y para que su producci&oacute;n llegue a los mercados nacionales e internacionales, lo cual constituye la base para mejorar sus condiciones de trabajo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Condiciones de trabajo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras secciones de este cap&iacute;tulo se se&ntilde;al&oacute; la importancia de abordar las condiciones de trabajo; tambi&eacute;n se mencionaron las limitaciones de los &iacute;ndices de desempleo que son poco ilustrativos para calificar la situaci&oacute;n laboral en una poblaci&oacute;n que debe trabajar bajo cualquier condici&oacute;n para sobrevivir, porque las personas no cuentan con recursos para dedicarse exclusivamente a buscar empleo, como lo exige la definici&oacute;n del desempleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante considerar las condiciones de trabajo porque de ellas se derivan de manera fundamental las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n, ya que la mayor&iacute;a s&oacute;lo cuenta con su trabajo para allegarse los satisfactores b&aacute;sicos para &eacute;l (o ella) y sus dependientes econ&oacute;micos. Las condiciones de vida son las que determinan primordialmente la din&aacute;mica demogr&aacute;fica: de las condiciones precarias depende la propensi&oacute;n a una mortalidad prematura; tambi&eacute;n motivan la emigraci&oacute;n por la b&uacute;squeda de mejores oportunidades de empleo y la respuesta compleja de la fecundidad est&aacute; ligada tanto a fen&oacute;menos demogr&aacute;ficos b&aacute;sicos como a factores sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las condiciones de trabajo que se pueden estudiar con la informaci&oacute;n disponible est&aacute;n el tipo de lugar en el que se trabaja y el acceso a prestaciones que, de alguna manera, indican la precariedad o formalidad de los establecimientos o unidades econ&oacute;micas donde se desempe&ntilde;a el trabajo. Por otra parte, se encuentran la jornada laboral y los ingresos obtenidos por el trabajo que si bien est&aacute;n ligados a los dos primeros, tambi&eacute;n pueden mostrar diferencias entre trabajadores de una misma unidad productiva en funci&oacute;n del g&eacute;nero, la edad, la capacitaci&oacute;n y la pertenencia a determinado grupo &eacute;tnico, entre otros factores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Lugar de trabajo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al lugar de trabajo, m&aacute;s de 80 por ciento de la poblaci&oacute;n ocupada en las zonas ind&iacute;genas trabaja en un lugar precario (que comprende la parcela, el propio domicilio, o la calle).<sup><a href="#nota">7</a></sup> S&oacute;lo 10 por ciento labora en establecimientos formales. Si separamos a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de la no ind&iacute;gena se observa mayor concentraci&oacute;n de los ind&iacute;genas en lugares definidos como precarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La poblaci&oacute;n no ind&iacute;gena se distribuye en iguales proporciones entre los precarios y los establecimientos formales, con 40 por ciento en cada una de estas categor&iacute;as. Cabe recordar que los formales abarcan los espacios de la administraci&oacute;n p&uacute;blica y en general aqu&eacute;llos que proporcionan servicios p&uacute;blicos educativos y de salud. Quienes laboran en un lugar de trabajo de tipo medio abarcan 20 por ciento y comprende tiendas de abarrotes, tiendas de pueblo (que incluso tienen una gama de productos m&aacute;s amplia que las urbanas), talleres, transportistas con veh&iacute;culo automotor, es decir, aquellos que cuentan con cierto capital para desempe&ntilde;ar su actividad econ&oacute;mica. Una vez m&aacute;s se corrobora la mejor situaci&oacute;n relativa de los denominados ladinos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distribuci&oacute;n del conjunto nacional por lugar de trabajo es cercana a la de los no ind&iacute;genas, aunque con una proporci&oacute;n ligeramente mayor en el promedio nacional con 42.7 por ciento en la categor&iacute;a de los precarios frente a 39.2 entre los no ind&iacute;genas; por lo tanto, en las otras categor&iacute;as las proporciones del promedio nacional son menores. En las zonas m&aacute;s urbanizadas, m&aacute;s de la mitad de los trabajadores laboran en establecimientos grandes o formales, una cuarta parte en precarios y una quinta en los medianos. La poblaci&oacute;n en las zonas menos urbanizadas est&aacute; en desventaja respecto al conjunto nacional, pero comparativamente con los ind&iacute;genas tiene una proporci&oacute;n menor en la categor&iacute;a de precarios, algo por abajo de 60 por ciento, mientras que en las zonas ind&iacute;genas los trabajadores se concentran en esta categor&iacute;a con 83 por ciento. A&uacute;n en estas zonas, como ya se mencion&oacute;, existen diferencias entre los ind&iacute;genas y los no ind&iacute;genas, entre los primeros se agudiza su concentraci&oacute;n en los locales precarios, alcanzando 87 por ciento, en tanto que en la poblaci&oacute;n no ind&iacute;gena la proporci&oacute;n es de 39 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tipo de lugar de trabajo est&aacute; relacionado en forma directa con el n&uacute;mero de trabajadores que labora en el mismo establecimiento, unidad productiva o instituci&oacute;n. Cabe se&ntilde;alar que lo importante es la filiaci&oacute;n en el caso de una instituci&oacute;n, es decir, se puede tratar de una escuelita con tres maestros, pero pertenecen a una instituci&oacute;n de m&aacute;s de 50 trabajadores, o sea la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las &aacute;reas menos urbanizadas, dos terceras partes de las unidades econ&oacute;micas cuentan con un m&aacute;ximo de cinco trabajadores y en las m&aacute;s urbanizadas, 44 por ciento. En el conjunto nacional la proporci&oacute;n es alrededor de 57 por ciento. En el otro extremo, en la categor&iacute;a donde se agrupan los que trabajan en establecimientos con m&aacute;s de 50 trabajadores &#151;como era de esperarse&#151; la mayor proporci&oacute;n se encuentra en las &aacute;reas m&aacute;s urbanizadas, en donde se ubican casi dos quintas partes de todos los trabajadores (39 por ciento), en las &aacute;reas menos urbanizadas la proporci&oacute;n s&oacute;lo llega a 17 por ciento. En las zonas ind&iacute;genas no alcanza 7 por ciento y, seguramente, corresponde en su gran mayor&iacute;a a empleados del sector p&uacute;blico. De nueva cuenta se corrobora la dispersi&oacute;n de las unidades productivas de las zonas ind&iacute;genas, donde m&aacute;s de 80 por ciento de ellas cuenta con un m&aacute;ximo de cinco trabajadores. Las diferencias de g&eacute;nero no son muy agudas en estos aspectos, quiz&aacute; debido a la compensaci&oacute;n que se da por la mayor presencia de mujeres en empleos del sector p&uacute;blico, lo cual hace contrapeso con las unidades productivas unipersonales artesanales en las que predominan tambi&eacute;n las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Prestaciones</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La precariedad de las unidades productivas est&aacute; directamente ligada a la falta de prestaciones; aunque no es privativo de ellas porque aun en los establecimientos muy formales, incluyendo los del gobierno, se les escamotean las prestaciones b&aacute;sicas a gran n&uacute;mero de trabajadores. En las zonas ind&iacute;genas, 92.7 por ciento de la poblaci&oacute;n ocupada no cuenta con ninguna prestaci&oacute;n. El restante 7.2 por ciento de los trabajadores que tiene alguna prestaci&oacute;n cuenta con seguridad social combinada con alguna otra como vacaciones pagadas o aguinaldo; al respecto no hay diferencias entre hombres y mujeres. Entre los que s&iacute; cuentan con alguna prestaci&oacute;n, algo m&aacute;s de 50 por ciento se concentra en la administraci&oacute;n p&uacute;blica; le sigue 30 por ciento de trabajadores que se encuentra en el &aacute;rea de servicios p&uacute;blicos, entre los cuales est&aacute;n los maestros y los trabajadores del sector salud; el resto se encuentra en la generaci&oacute;n de energ&iacute;a el&eacute;ctrica y comunicaciones o transportes, por lo que es probable que tambi&eacute;n sean empleados de gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si comparamos la situaci&oacute;n entre ind&iacute;genas y no ind&iacute;genas de las 10 zonas ind&iacute;genas encontramos que 94.4 de ind&iacute;genas no cuenta con prestaciones; mientras que entre la poblaci&oacute;n no ind&iacute;gena la proporci&oacute;n es de 66.2 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto nacional la poblaci&oacute;n que no cuenta con ninguna prestaci&oacute;n es del orden de 66.6 por ciento. En el conjunto de localidades de 100 mil y m&aacute;s habitantes la proporci&oacute;n es de 50.9 por ciento, y en las de menos de 100 mil, 80.2 por ciento. La poblaci&oacute;n no ind&iacute;gena que vive en zonas ind&iacute;genas est&aacute; en las mismas condiciones que el promedio nacional; es decir, aunque se encuentra en zonas rurales, su situaci&oacute;n es mejor que el conjunto de los que viven en las localidades menores a 100 mil habitantes y muy por arriba de los ind&iacute;genas con quienes comparten las mismas zonas geogr&aacute;ficas. Por otra parte, si se considera la totalidad de trabajadores agropecuarios en el conjunto nacional, se encuentra que la proporci&oacute;n de agricultores sin prestaci&oacute;n alguna alcanza 95 por ciento. Por lo que, m&aacute;s que una discriminaci&oacute;n espec&iacute;fica en contra de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, se trata de una marginaci&oacute;n generalizada para la mayor&iacute;a de los trabajadores del sector agropecuario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe se&ntilde;alar que aun en el contexto m&aacute;s urbanizado hay un rezago importante en cuanto a la cobertura de seguridad social de la poblaci&oacute;n trabajadora mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Ingresos</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la poblaci&oacute;n ocupada que respondi&oacute; a la pregunta sobre ingresos obtenidos por su trabajo,<sup><a href="#nota">8</a></sup> se puede observar &#151;a partir de los ingresos mensuales obtenidos expresados en rangos de salarios m&iacute;nimos&#151; que en el conjunto nacional 16 por ciento no recibe ingresos y que una quinta parte de la poblaci&oacute;n femenina se encuentra en esta situaci&oacute;n. En las &aacute;reas menos urbanizadas, donde predomina el sector primario, la proporci&oacute;n de quienes no reciben ingresos es m&aacute;s elevada. Llega a ser de 29 por ciento entre las mujeres y de 24 por ciento entre los hombres. En las zonas ind&iacute;genas la situaci&oacute;n es m&aacute;s dram&aacute;tica, pues m&aacute;s de una tercera parte del total de los ocupados (34 por ciento) no recibe ingresos; entre las mujeres sobrepasa la mitad (53 por ciento), en el caso de los hombres comprende una cuarta parte. Por otro lado, 14 por ciento del conjunto de ambos sexos declara haber recibido pago en especie; entre los hombres 19 por ciento y entre mujeres cerca de 2 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si consideramos la distribuci&oacute;n acumulada para conocer las proporciones de quienes est&aacute;n por debajo de los &iacute;ndices de pobreza tenemos que quienes reciben menos de un salario m&iacute;nimo, incluyendo a los que no perciben ingreso alguno, constituyen 37 por ciento. Como era de esperarse, si se consideran las diferencias entre hombres y mujeres, ellas presentan mayor concentraci&oacute;n en esta categor&iacute;a, llegando a 48 por ciento; sin embargo, los hombres no est&aacute;n en jauja, ya que la proporci&oacute;n de los que reciben menos de un salario m&iacute;nimo es de 32 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe recordar que el salario ya no garantiza la adquisici&oacute;n de la canasta b&aacute;sica de bienes desde hace varios lustros. Estudiosos de la pobreza como Julio Boltvinik han desarrollado en diversos trabajos metodolog&iacute;as sofisticadas para establecer la l&iacute;nea de la pobreza; aqu&iacute; no es posible replicar alguno de sus m&eacute;todos, pero s&iacute; podemos mencionar que la l&iacute;nea de la pobreza est&aacute; alrededor de 2.5 salarios m&iacute;nimos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, si se observan las proporciones acumuladas de los que reciben hasta dos salarios m&iacute;nimos como m&aacute;ximo se sabe, de manera conservadora, que est&aacute;n en condiciones de pobreza. En el conjunto nacional tenemos que m&aacute;s de dos terceras partes (68 por ciento) de la poblaci&oacute;n de ambos sexos se encuentra en esta situaci&oacute;n. Entre las mujeres la proporci&oacute;n es de 74 por ciento y entre los hombres es de 65 por ciento. En las zonas menos urbanizadas la situaci&oacute;n es m&aacute;s dram&aacute;tica, ya que 52 por ciento o no recibe ingreso o, como m&aacute;ximo, percibe un salario m&iacute;nimo. Si consideramos a quienes reciben un m&aacute;ximo de dos salarios m&iacute;nimos el porcentaje alcanza 79 por ciento, 84 por ciento para las mujeres y 76 para los hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se ha visto a trav&eacute;s de otros indicadores, las zonas ind&iacute;genas est&aacute;n en desventaja aun entre el conjunto de localidades menos urbanizadas; esto se cumple tambi&eacute;n con los ingresos obtenidos: 81 por ciento de la poblaci&oacute;n ocupada en zonas ind&iacute;genas gana un salario m&iacute;nimo como m&aacute;ximo, esta proporci&oacute;n comprende a 14 puntos porcentuales de quienes imputan su ingreso en t&eacute;rminos de ingreso no monetario;<sup><a href="#nota">9</a></sup> en el caso de los hombres es 79 por ciento y en el de las mujeres llega al 88 por ciento. Al considerar el l&iacute;mite de dos salarios m&iacute;nimos como el ingreso m&aacute;ximo que obtienen, la proporci&oacute;n llega a 93 por ciento para ambos sexos; los hombres est&aacute;n s&oacute;lo un punto porcentual por abajo y las mujeres uno por arriba. Es decir, la gran mayor&iacute;a, nueve de cada 10 trabajadores de las zonas ind&iacute;genas reciben menos de dos salarios m&iacute;nimos por lo que viven en condiciones de pobreza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Jornada de trabajo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podr&iacute;a pensarse que los bajos ingresos se deben a las jornadas de trabajo reducidas. No obstante, al analizar la distribuci&oacute;n de horas trabajadas por rangos, lo primero que se observa es que la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n que no trabaj&oacute; en la semana de referencia es alrededor de s&oacute;lo 3 por ciento en los &aacute;mbitos nacionales, en el ind&iacute;gena a&uacute;n es algo m&aacute;s bajo, no llega a 2 por ciento. Las proporciones de los que trabajan menos de 15 horas en las zonas ind&iacute;genas (8.8 por ciento) son similares a las de las zonas menos urbanizadas (8.1 por ciento). Las diferencias m&aacute;s significativas se observan en el rango de m&aacute;s de 48 horas, que es menor en las zonas ind&iacute;genas (25.6 frente a 31.1 por ciento), favoreciendo tanto las proporciones en los rangos de 15 a 34 horas (22.2 por ciento en zona ind&iacute;gena) y de 35 a 48 horas (43.4 por ciento en zona ind&iacute;gena) para compensar la proporci&oacute;n menor en casi 6 puntos porcentuales del rango superior. Con anterioridad se mencion&oacute; que la distribuci&oacute;n sectorial diferente provoca tambi&eacute;n que las jornadas sean distintas, cuando hay una proporci&oacute;n elevada de la poblaci&oacute;n en actividades como el comercio y los servicios al p&uacute;blico, tales como la preparaci&oacute;n de alimentos, las jornadas promedio se elevan; &eacute;ste no es el caso de las zonas ind&iacute;genas. En el apartado correspondiente al grado de participaci&oacute;n, se analiz&oacute; el tiempo promedio dedicado al trabajo econ&oacute;mico y al trabajo dom&eacute;stico. Ah&iacute; se muestra que la jornada de trabajo diferencial no es la causa principal de los bajos ingresos de los ind&iacute;genas, como se ver&aacute; enseguida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Ingresos por hora</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para profundizar en el estudio de los ingresos obtenidos, otra forma de abordar el tema es a trav&eacute;s de &iacute;ndices m&aacute;s sint&eacute;ticos como es el pago por hora trabajada, que permite verificar o rechazar la hip&oacute;tesis de que los bajos ingresos se deben a pocas horas de trabajo involucrado. Para simplificar la exposici&oacute;n, pero se&ntilde;alando los contrastes, s&oacute;lo se comparan las zonas ind&iacute;genas con las zonas urbanas (<a href="#c3">cuadro 3</a>); en otros indicadores ya hemos visto que el conjunto nacional siempre est&aacute; por abajo del urbano y por encima de las zonas menos urbanizadas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a6c3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los indicadores considerados son: el ingreso promedio, la mediana y el pago por hora. En cada caso no se considera la poblaci&oacute;n que no declar&oacute; ingresos. El ingreso promedio de una poblaci&oacute;n determinada, tambi&eacute;n llamada "la media", es la cantidad que resulta al dividir el total de ingresos que recibe el conjunto de todos los ocupados entre el n&uacute;mero total de personas ocupadas. La mediana indica el ingreso m&aacute;ximo que alcanza la mitad de la poblaci&oacute;n, es decir, 50 por ciento de la poblaci&oacute;n gana apenas esa cantidad o menos y el otro 50 por ciento gana m&aacute;s de esa cantidad. Esta medida como indicador de tendencia central es de m&aacute;s dif&iacute;cil interpretaci&oacute;n que el caso del ingreso promedio, pero es mejor porque pocos casos con ingresos altos elevan el promedio. S&oacute;lo cuando la distribuci&oacute;n de una variable es sim&eacute;trica, la media y la mediana coinciden; pero no es el caso de la distribuci&oacute;n del ingreso en M&eacute;xico, sumamente concentrada en pocos hogares, pues s&oacute;lo el 10 por ciento de estos absorbe cerca de 40 por ciento del ingreso total, mientras que la gran mayor&iacute;a de los hogares dispone de un ingreso sumamente bajo. Por lo anterior se presentan ambos indicadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diferencias entre las zonas urbanas y las rurales no s&oacute;lo son dram&aacute;ticas, sino que en las zonas ind&iacute;genas los contrastes son m&aacute;s agudos. El ingreso promedio es casi una cuarta parte en las zonas ind&iacute;genas que en las urbanas; las diferencias son mayores si comparamos a la mediana en las zonas urbanas, 7.7 veces superior al de las ind&iacute;genas (<a href="#c3">cuadro 3</a>).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La media supera a la mediana 55 por ciento en las zonas urbanas y en las zonas ind&iacute;genas llega a 204 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al separar a los trabajadores por sexo, se encuentra que el promedio de 507.56 pesos est&aacute; compuesto de 600 pesos promedio que ganan los hombres frente a 312 que perciben las mujeres; sus respectivas medianas son 250 pesos para hombres y cero para las mujeres. Tal diferencia no se le puede atribuir al hecho de que las mujeres trabajen menos horas a la semana, porque en el ingreso por hora trabajada tambi&eacute;n hay ventaja masculina de 3.34 pesos frente a 2.42 que ganan las mujeres. En cuanto a la mediana del ingreso por hora tenemos que al menos la mitad de las mujeres no recib&iacute;an ingreso alguno y la mitad de los hombres s&oacute;lo alcanz&oacute; un peso con 36 centavos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se considera de manera separada a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de la que no lo es, se observa a&uacute;n mayor polarizaci&oacute;n. Entre los pobres, las m&aacute;s pobres son las mujeres ind&iacute;genas. El ingreso promedio mensual de los hombres ind&iacute;genas es de 543 frente a 1 386 de los no ind&iacute;genas; sus respectivas medianas son 245 y 903 pesos. Los promedios correspondientes para las mujeres son 250 pesos mensuales para las ind&iacute;genas y 1 015 para las no ind&iacute;genas; sus medianas son cero y 640 pesos, respectivamente. Las diferencias tambi&eacute;n se constatan en los ingresos por hora; los hombres ind&iacute;genas ganan 3.01 pesos por hora y los no ind&iacute;genas 7.95; sus medianas correspondientes son 1.21 y 4.16. Las mujeres ind&iacute;genas ganan 2.04 pesos frente a las no ind&iacute;genas que obtienen 6.94; sus medianas son cero pesos frente a 3.33, respectivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos resultados demuestran la condici&oacute;n lacerante en la que viven los ind&iacute;genas mexicanos, lo m&aacute;s probable es que no sorprenda al lector. No obstante, sirven para refutar a quien osare argumentar que su pobreza se debe a que no trabajan, siendo que lo hacen desde peque&ntilde;os hasta edades muy avanzadas y por largas jornadas; aunque parezca incre&iacute;ble, a&uacute;n hay ignorantes que as&iacute; lo estipulan. Adem&aacute;s de los bajos ingresos que reciben, no cuentan con seguridad social o alguna otra prestaci&oacute;n, trabajan en microunidades econ&oacute;micas precarias, sin posibilidades de aumentar su productividad o de negociar mejores t&eacute;rminos de intercambio comercial si se mantiene el mismo marco jur&iacute;dico y las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas que, lejos de considerar las posibilidades de desarrollo de los pueblos indios, los marginan.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones y reflexiones finales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n negativa del mercado de trabajo y la pobreza en el pa&iacute;s no son exclusivas de los pueblos ind&iacute;genas, aunque s&iacute; se exacerban entre ellos y est&aacute;n extendidas a lo largo y ancho del pa&iacute;s; las causas son m&uacute;ltiples, algunas compartidas entre los ind&iacute;genas y los no ind&iacute;genas, como el ser v&iacute;ctimas del rezago del sector agropecuario, el cual fue sacrificado para financiar el proceso de industrializaci&oacute;n y "la modernidad del pa&iacute;s".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las zonas ind&iacute;genas, la participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n masculina es superior a la registrada en el conjunto nacional; en edades extremas tambi&eacute;n es superior en las zonas ind&iacute;genas, trabajan desde ni&ntilde;os hasta el fin de sus d&iacute;as. La emigraci&oacute;n de personas de zonas ind&iacute;genas en edades adultas afecta negativamente las tasas de participaci&oacute;n en su lugar de origen, lo cual es compensado con trabajo infantil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo infantil no es secundario, debido al n&uacute;mero de horas diarias que laboran los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as, y a que la mayor&iacute;a lo hace todo el a&ntilde;o. El trabajo en edades tempranas inhibe la asistencia escolar e hipoteca su futuro, ya que en el mercado laboral siempre estar&aacute;n en desventaja.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estructura econ&oacute;mica de las zonas ind&iacute;genas est&aacute; dominada por la agricultura minifundista, con trabajadores involucrados directamente en la producci&oacute;n con una divisi&oacute;n del trabajo poco especializada. La preponderancia de la actividad agropecuaria entre los hombres, absorbe tres cuartas partes del total de ocupados, les deja poco tiempo para otras actividades. Entre las mujeres, la agricultura tambi&eacute;n es predominante, pero algo m&aacute;s de la mitad se dedica a las manufacturas seguidas del comercio; muchas de estas actividades tienen poca posibilidad de desarrollarse para trascender a mercados regionales m&aacute;s amplios. Sin embargo, el potencial de la industria de los textiles, el cuero, el vestido y la alfarer&iacute;a, son campos en los cuales se pueden adoptar medidas de fomento para adquirir insumos de alta calidad, para que su producci&oacute;n llegue a los mercados nacionales e internacionales, lo cual es la base para mejorar sus condiciones de trabajo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las condiciones de trabajo de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena son lacerantes, adem&aacute;s de los baj&iacute;simos ingresos &#151;la mitad de la poblaci&oacute;n gana como m&aacute;ximo un peso por hora trabajada&#151; no cuenta con seguridad social o alguna otra prestaci&oacute;n, trabaja en microunidades econ&oacute;micas precarias, sin posibilidades de aumentar su productividad o tener capacidad para negociar mejores t&eacute;rminos de intercambio comercial dado el marco jur&iacute;dico y las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas existentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los elementos comunes para todos los pobres, a los ind&iacute;genas se les suma la marginaci&oacute;n basada en criterios &eacute;tnicos, en una cultura colonialista dominante. Su resistencia para no perder su identidad ha tenido elevados costos, sin embargo, ha dado frutos. El Estado no logr&oacute; desaparecerlos; por el contrario, su lucha constante ha fructificado en la necesidad de reconocerlos, de aceptarlos como parte de un Estado heterog&eacute;neo. Como lo se&ntilde;ala el fil&oacute;sofo Luis Villoro: "a la idea de derecho a la igualdad habr&iacute;a que a&ntilde;adir el derecho a la diferencia", por lo que propone recuperar al indigenismo como sujeto de sus propias reivindicaciones; esto es que las comunidades ind&iacute;genas sean sujeto de su propia recuperaci&oacute;n dentro del Estado mexicano, y a&ntilde;ade: "Pero esto no lo pueden hacer solos, hay que ser realistas" (Villoro, 2001: 13&#45;15). Efectivamente, en la actualidad nadie deja de ser afectado por la pol&iacute;tica econ&oacute;mica general, por ello se necesita la colaboraci&oacute;n de todos los actores sociales, ind&iacute;genas y mestizos, sin plantearla como ayuda paternalista, como d&aacute;diva, sino como compensaci&oacute;n por los despojos sufridos, con una estrategia sustentable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pueblos ind&iacute;genas son capaces de revertir la espiral que hasta ahora les ha sido adversa y aprovechar sus propias capacidades y ventajas comparativas, internacionalmente reconocidas en cuanto a creatividad art&iacute;stica; adem&aacute;s, sus relaciones familiares "ampliadas" pueden sustentar formas de organizaci&oacute;n de las unidades econ&oacute;micas, con encadenamientos en importantes dividendos econ&oacute;micos, como se ha experimentado en los distritos industriales de Italia en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas (Villavicencio y Casalet, 1995: 198&#45;200). Para aprovechar todo ello es necesario que se tomen algunas medidas, como intercambio comercial justo, redes de comercializaci&oacute;n que eviten el abuso de los acaparadores, apoyos tecnol&oacute;gicos para mejorar su productividad y la calidad de sus productos, cr&eacute;ditos no leoninos para obtener materias primas de calidad y mejorar su infraestructura, asesor&iacute;a administrativa y organizacional de los procesos productivos y tambi&eacute;n en los aspectos contables y de mercadotecnia. Asimismo, es necesario que tengan acceso a servicios p&uacute;blicos de calidad, en particular educativos y de salud, as&iacute; como de transportes. En s&iacute;ntesis, impartici&oacute;n de justicia jur&iacute;dica y social, respetando su diversidad cultural, que es parte de su patrimonio. Pero todo esto requiere de voluntad pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BARR&Oacute;N P&eacute;rez, Antonieta, 1997, "Caracter&iacute;sticas de los mercados de trabajo en los cultivos no tradicionales de exportaci&oacute;n. El caso de las hortalizas de M&eacute;xico", en Antonieta Barr&oacute;n y Emma Lorena Sifuente, (coords.), <i>Mercados de trabajo rurales en M&eacute;xico. Estudios de caso y metodolog&iacute;as,</i> UNAM y Universidad Aut&oacute;noma de Nayarit, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630352&pid=S1405-7425200200010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BARR&Oacute;N P&eacute;rez, Antonieta, 1999, "El empleo femenino en la agricultura y el TLC", cap. II en <i>Impacto del TLC en la mano de obra femenina en M&eacute;xico,</i> Fondo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630354&pid=S1405-7425200200010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CARDERO, M. E., 1999, "Tendencias econ&oacute;micas generales del sector externo y empleo femenino en M&eacute;xico", cap. I, en <i>Impacto del TLC en la mano de obra femenina en M&eacute;xico,</i> Fondo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630356&pid=S1405-7425200200010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&Oacute;PEZ, Julio, 1999, "Evoluci&oacute;n reciente del empleo en M&eacute;xico", en serie <i>Reformas Econ&oacute;micas,</i> n&uacute;m. 29, CEPAL, julio, LCC/L 1218, resumen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630358&pid=S1405-7425200200010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NACIONES UNIDAS, 1968, <i>M&eacute;todos para analizar datos censales sobre las actividades econ&oacute;micas de la poblaci&oacute;n,</i> UNST/SOA/Serie A/47, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630360&pid=S1405-7425200200010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NAHMAD, Salom&oacute;n, 1967, <i>Los Mixes,</i> Instituto Nacional Indigenista.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630362&pid=S1405-7425200200010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PEDRERO Nieto, Mercedes, 2000, "La demograf&iacute;a y los estudios de empleo", en Luz Mar&iacute;a Vald&eacute;s, <i>Poblaci&oacute;n, reto del tercer milenio. Curso interactivo introductorio a la demograf&iacute;a,</i> Coordinaci&oacute;n de Humanidades, UNAM y Porr&uacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630364&pid=S1405-7425200200010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VALD&Eacute;S, Luz Mar&iacute;a, 2001, <i>Din&aacute;mica de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena,</i> del libro del Instituto Nacional Indigenista.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630366&pid=S1405-7425200200010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VILLAVICENCIO, Daniel y M&oacute;nica Casalet, 1995, "Desarrollo tecnol&oacute;gico en las peque&ntilde;as y medianas empresas. Aproximaciones al caso de M&eacute;xico", cap. VIII, en Thomas Calvo y Bernardo M&eacute;ndez Lugo (coords.), <i>Micro y peque&ntilde;a empresa en M&eacute;xico; frente a los retos de la globalizaci&oacute;n,</i> Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630368&pid=S1405-7425200200010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VILLORO, Luis, 2001, "&iquest;El fin del indigenismo?", en recuadro del cap&iacute;tulo 1, <i>Din&aacute;mica de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena,</i> del libro del Instituto Nacional Indigenista.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630370&pid=S1405-7425200200010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Una versi&oacute;n m&aacute;s amplia de este trabajo sumado a los de otros autores ser&aacute; publicado por el Instituto Nacional Indigenista. Instituci&oacute;n que coordin&oacute; su realizaci&oacute;n y cont&oacute; con el apoyo del FNUAP. Para su realizaci&oacute;n cont&oacute; con la colaboraci&oacute;n de Mar&iacute;a Teresa Ruiz Gonz&aacute;lez y Julio Guadarrama. Se agradecen los comentarios de Catherine Menkes, Reina Corona y Leopoldo N&uacute;&ntilde;ez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Proyecto conjunto del Instituto Nacional Indigenista (INI), Instituto Nacional de Estad&iacute;stica, Geograf&iacute;a e Inform&aacute;tica (INEGI), la Secretar&iacute;a de Desarrollo Social (Sedesol), la Secretar&iacute;a del Trabajo y Previsi&oacute;n Social (STPS), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La tasa neta es la proporci&oacute;n de personas activas respecto a la poblaci&oacute;n de 12 a&ntilde;os y m&aacute;s; los 12 a&ntilde;os es la edad m&iacute;nima que se ha considerado para captar la actividad, aunque m&aacute;s adelante consideraremos tambi&eacute;n el trabajo infantil.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> La t&eacute;cnica usada se denomina tipificaci&oacute;n directa, y consiste en aplicarle a una poblaci&oacute;n tipo las tasas que se desean comparar; con esto se estima la poblaci&oacute;n activa que tendr&iacute;a la poblaci&oacute;n estudiada si tuviera la misma distribuci&oacute;n por edades de la poblaci&oacute;n tipo, pero conservando sus tasas de actividad. Aqu&iacute; se us&oacute; como poblaci&oacute;n tipo para los hombres la nacional masculina y para las mujeres la nacional femenina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Parece contradictoria la diferencia entre la elevada asistencia y la proporci&oacute;n sin escolaridad. Podr&iacute;a pensarse que se registra como asistencia la simple inscripci&oacute;n. Otra posible causa podr&iacute;a atribuirse al Programa de Educaci&oacute;n, Salud y Alimentaci&oacute;n (Progresa), que justamente se inici&oacute; en 1997 dirigido a las zonas m&aacute;s marginadas del pa&iacute;s. Sin embargo, es poco probable que las zonas ind&iacute;genas hayan sido cubiertas por &eacute;ste, ya que sus normas de operaci&oacute;n fueron establecidas para localidades con m&aacute;s de 100 habitantes y hasta un m&aacute;ximo de 5 mil, que contaran con centro de salud y escuela. Habr&iacute;a que evaluar si es esto lo que explica la contradicci&oacute;n encontrada en la informaci&oacute;n. De cualquier manera, se debe considerar el problema en el levantamiento de otra encuesta similar para finalmente tener un mejor diagn&oacute;stico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Los cuadros publicados tienen una clasificaci&oacute;n muy agregada, por fortuna la informaci&oacute;n se capt&oacute; de manera m&aacute;s detallada, por ello es factible analizar el parentesco de manera m&aacute;s fina a partir de la base de datos, aunque tambi&eacute;n tiene limitaciones al no distinguir entre relaci&oacute;n consangu&iacute;nea y pol&iacute;tica, por ejemplo en el caso de los ascendientes, entre padres o suegros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> La definici&oacute;n de desempleo abierto est&aacute; dise&ntilde;ada para pa&iacute;ses que cuentan con seguro de desempleo, que evidentemente no es el caso de M&eacute;xico. La definici&oacute;n exige que se cumplan tres condiciones para considerar a una persona desempleada: estar disponible para iniciar un trabajo, estar buscando empleo y no haber estado ocupada en ning&uacute;n tipo de actividad econ&oacute;mica en el periodo de referencia; es claro que esta &uacute;ltima condici&oacute;n no la puede cumplir la poblaci&oacute;n que vive al d&iacute;a. Por otra parte, el buscar trabajo tambi&eacute;n tiene un referente que no corresponde con algunos mercados de trabajo, en espec&iacute;fico algunos rurales; la situaci&oacute;n de los que declaran que van a iniciar un trabajo es similar, por ello en las zonas ind&iacute;genas tambi&eacute;n es un grupo poco significativo. En s&iacute;ntesis, las condiciones de trabajo que aqu&iacute; se analizan consideran s&oacute;lo a los efectivamente ocupados en el periodo de referencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> El lugar de trabajo se capta en la encuesta en 21 rubros, aqu&iacute; se us&oacute; la siguiente agrupaci&oacute;n en tres categor&iacute;as, los n&uacute;meros corresponden a los del cuestionario: Precario: incluye las siguientes categor&iacute;as: 1) en terrenos de cultivo, lancha, bordo, pozas, etc.; 2) ambulante de casa en casa o en la calle; 3) en veh&iacute;culo: bicicleta, triciclo, auto, etc.; excepto servicio de transporte; 4) puesto improvisado en la v&iacute;a p&uacute;blica o en tianguis; 5) en su propio domicilio; 6) en el domicilio del patr&oacute;n o de sus clientes; 8) puesto semifijo en la v&iacute;a p&uacute;blica o en tianguis; 9) otro caso que no cuente con local. Medio: 7) en veh&iacute;culo para transporte de personas o mercanc&iacute;as: taxi, pesero, cami&oacute;n, etc&eacute;tera (s&oacute;lo una unidad); 10) puesto fijo en v&iacute;a p&uacute;blica; 11) local comercial: tienda de abarrotes, ferreter&iacute;a, zapater&iacute;a, expendio de pan, etc.; 12) taller de producci&oacute;n: tortiller&iacute;a, panader&iacute;a, imprenta, carpinter&iacute;a, etc; 13) taller de servicio de reparaci&oacute;n: mec&aacute;nico, el&eacute;ctrico, electr&oacute;nico, etc.; 14) local de servicios: restaurante, fonda, casa de hu&eacute;spedes, bar, etc. Que no son parte de una cadena; establecimiento formal: 15) local de servicios: profesionales, t&eacute;cnicos especializados, personales, educativos, asistenciales, etc.; 16) establecimientos de medianas y grandes dimensiones de producci&oacute;n, construcci&oacute;n y extracci&oacute;n: f&aacute;bricas, minas, pozos petroleros, etc.; 17) establecimientos de medianas y grandes dimensiones comerciales, financieros, transportes, salud, duraci&oacute;n y otros servicios: supermercados, bancos, l&iacute;neas de autobuses, cl&iacute;nicas, escuelas, hoteles, etc.; 18) establecimientos de medianas y grandes dimensiones agropecuarios y pesqueros; 19) oficinas y dependencias administrativas de los gobiernos federal, estatal o municipal; otro: 20) trabaja en Estados Unidos, y 21) otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> La interpretaci&oacute;n de los resultados no se ve afectada por la no respuesta, ya que est&aacute; por abajo de 3 por ciento; de existir sesgos, se sabe que se cargar&iacute;an hacia los altos ingresos que siempre son los menos precisos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> En la nota al cuadro 3.1.23 de la publicaci&oacute;n de la ENEZI se se&ntilde;ala que el rubro no reporta ingresos; incluye a la poblaci&oacute;n ocupada que recibe &uacute;nicamente ingresos no monetarios, entre par&eacute;ntesis aparece autoconsumo. Esta cifra es algo menor a la del cuadro 3.1.22 de la encuesta, que se refiere a formas de pago, en el rubro "la familia consume de lo que produce". Es probable que la diferencia se refiera a la combinaci&oacute;n de formas de pago, por lo tanto, es aceptable que se trate de autoconsumo lo referido en el cuadro 3.2.23. Esto es distinto al pago en especie y la imputaci&oacute;n que se puede hacer. Con frecuencia hay confusiones conceptuales, el pago en especie es cuando a cambio de trabajo se recibe alg&uacute;n producto que se puede comercializar, es el caso de los medieros. Cuando se dice que el trabajador es no remunerado quiere decir que no recibe un pago ni en dinero ni en especie, puede recibir hospedaje, comida, ropa, etc&eacute;tera, en fin, bienes para su propio uso, no transferibles, no comercializables. La producci&oacute;n para autoconsumo se trata de producci&oacute;n que se podr&iacute;a comercializar pero se usa para el consumo propio, el de la familia o de la unidad productiva, a &eacute;sta se le puede imputar el valor que tendr&iacute;a si se vendiera. Dadas las escalas econ&oacute;micas de las zonas ind&iacute;genas que se han evidenciado con los otros indicadores creemos que no se distorsiona la realidad si se le imputa a lo estipulado como autoconsumo en el rango de menos de un salario m&iacute;nimo.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mercedes Pedrero Nieto.</b> Actuaria por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico; Maestra en Demograf&iacute;a por El Colegio de M&eacute;xico y Doctora por la Universidad de Pennsylvania. Fue coordinadora de la Encuesta Nacional de Empleo en el Instituto Nacional de Estad&iacute;stica, Geograf&iacute;a e Inform&aacute;tica de 1978 a 1988; ha impartido docencia en distintas instituciones nacionales y extranjeras; ha sido consultora de diversas agencias de Naciones Unidas en diferentes pa&iacute;ses y recibi&oacute; el Premio Universidad Nacional en el &aacute;rea de investigaci&oacute;n en ciencias sociales en 1998. Es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y del Sistema Nacional de Investigadores; actualmente es investigadora y responsable del programa de posgrado del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM&#45;UNAM). Sus temas de investigaci&oacute;n est&aacute;n enfocados a la demograf&iacute;a, particularmente a distintos aspectos de la mano de obra. Sus m&aacute;s recientes publicaciones son "La clasificaci&oacute;n de la situaci&oacute;n en el trabajo y los estudios de mercados de trabajo: el caso de los trabajadores a domicilio", en <i>Demograf&iacute;a y Desarrollo Urbano,</i> El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico, 2000; <i>M&eacute;xico, Study Case of Informality,</i> Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo, diciembre 2001. </font><font face="verdana" size="2">Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:pedrero@servidor.unam.mx">pedrero@servidor.unam.mx</a></font></p>     ]]></body>
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