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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los riesgos epidémicos actuales desde una perspectiva geográfica]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Some decades ago the international community thought that many of the scourges which have plagued human beings throughout history and have influenced seriously the demographic resources on our planet could be eradicated. In spite of the important victory over smallpox, which was declared eradicated in 1980, some of the most injurious plagues like cholera, malaria, tuberculosis or yellow fever have experienced a resurgence lately and at the same time new ones like AIDS have arisen. All this calls into question the dominant paradigm about infectious diseases. In this article this new situation is analysed taking into account the documentation produced in the field of geography.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los riesgos epid&eacute;micos actuales desde una perspectiva geogr&aacute;fica<a href="#notas">*</a></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Antonio Buj Buj</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Barcelona</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace algunas d&eacute;cadas la comunidad internacional crey&oacute; que se pod&iacute;an erradicar algunas de las plagas que han azotado a la humanidad y que a lo largo de la historia han incidido gravemente en los recursos demogr&aacute;ficos del planeta. A pesar del importante &eacute;xito logrado frente a la viruela, declarada erradicada en 1980, en los &uacute;ltimos decenios parecen haberse recrudecido algunas de las epidemias m&aacute;s da&ntilde;inas, como el c&oacute;lera, la malaria, la tuberculosis o la fiebre amarilla, al tiempo que han aparecido otras, como el sida, que han puesto en cuesti&oacute;n el paradigma hasta ahora dominante sobre las enfermedades infecciosas. En este art&iacute;culo se analiza la nueva situaci&oacute;n desde el punto de vista de la documentaci&oacute;n producida en el campo de la geograf&iacute;a.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Some decades ago the international community thought that many of the scourges which have plagued human beings throughout history and have influenced seriously the demographic resources on our planet could be eradicated. In spite of the important victory over smallpox, which was declared eradicated in 1980, some of the most injurious plagues like cholera, malaria, tuberculosis or yellow fever have experienced a resurgence lately and at the same time new ones like AIDS have arisen. All this calls into question the dominant paradigm about infectious diseases. In this article this new situation is analysed taking into account the documentation produced in the field of geography.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este &uacute;ltimo decenio del siglo XX, la aparici&oacute;n de brotes de peste bub&oacute;nica, c&oacute;lera, malaria, tuberculosis, fiebre amarilla o difteria en algunos pa&iacute;ses que parec&iacute;an haber erradicado esas enfermedades apenas hace 20 a&ntilde;os, han dado alas a las tesis pesimistas sobre el estado de salud de la poblaci&oacute;n mundial. Algunas de esas epidemias, como la peste o el c&oacute;lera, se han convertido en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os en aut&eacute;nticas pesadillas para muchos pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo del sudeste asi&aacute;tico y sudamericanos. La malaria, que en los a&ntilde;os sesenta se cre&iacute;a erradicada, ha vuelto con fuerza y se calcula que entre 300 y 500 millones de personas pueden haberla contra&iacute;do, de manera especial en &Aacute;frica, sudeste asi&aacute;tico y regi&oacute;n amaz&oacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una nueva epidemia, la del sida, el ejemplo con m&aacute;s impacto medi&aacute;tico de las llamadas enfermedades emergentes, es decir, las que son consecuencia de g&eacute;rmenes pat&oacute;genos nuevos, ha venido a ennegrecer todav&iacute;a m&aacute;s el panorama sanitario mundial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que s&iacute; es un dato objetivo es que, en total, las enfermedades infecciosas est&aacute;n causando la muerte anual de m&aacute;s de 17 millones de personas, seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (Buj,1997).<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto contrasta con la imagen optimista que se transmiti&oacute; hace algunas d&eacute;cadas, desde la ciencia y desde las organizaciones sanitarias, sobre esas enfermedades, expresada, entre otros, por el premio Nobel de Medicina de 1960, Sir Mcfarlane Burnet, al escribir que</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pa&iacute;ses civilizados del mundo han eliminado ya todas las enfermedades pestilenciales, la peste misma, el c&oacute;lera, el tifus, la viruela, el paludismo y la fiebre amarilla. La disenter&iacute;a infantil, la escarlatina y la difteria, que fueron origen de la mayor parte de la mortalidad infantil en el siglo XIX, son ahora raras y, en general, extremadamente benignas (Burnet y White, 1982).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A ese aparente triunfo hab&iacute;an contribuido tanto las medidas de higiene personal como la separaci&oacute;n entre los hombres y los transmisores de las infecciones, y especialmente el descubrimiento de los antibi&oacute;ticos y el desarrollo de las vacunas hace ahora medio siglo. No obstante, Burnet y White, advert&iacute;an ya, de manera premonitoria, que ninguna de las grandes plagas hab&iacute;a sido a&uacute;n erradicada a escala global y "en el supuesto de que la civilizaci&oacute;n se viniera abajo" y no se pudiera mantener el entramado de la sanidad p&uacute;blica, no tardar&iacute;an en volver, causando estragos en nuestro superpoblado planeta. La enfermedad infecciosa, remachaban, pod&iacute;a permanecer casi invisible pero, en potencia, era a&uacute;n tan importante como siempre lo hab&iacute;a sido.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo lo expresado hasta aqu&iacute;, el objetivo del presente art&iacute;culo consiste, en primer lugar, en exponer, mediante la aportaci&oacute;n de datos significativos, especialmente de los organismos internacionales, la situaci&oacute;n de los riesgos epid&eacute;micos de la actualidad desde una perspectiva geogr&aacute;fica, y confirmar o no lo que ya se denomina el retorno de las plagas, el regreso de las epidemias, entre otras expresiones, t&eacute;rminos que tratan de sintetizar en pocas palabras la nueva situaci&oacute;n sanitaria mundial sobre las enfermedades epid&eacute;micas.<sup><a href="#notas">2</a></sup> En este apartado, junto con la informaci&oacute;n general sobre buena parte de las epidemias que en la actualidad est&aacute;n planteando problemas, se distingue entre las denominadas enfermedades emergentes, es decir, las de aparici&oacute;n reciente, como el sida, y las reemergentes, como la malaria, o sea las epidemias que despu&eacute;s de un periodo de tiempo bajo control, han vuelto con bastante o gran intensidad. Aunque estas dos categor&iacute;as son las m&aacute;s pr&aacute;cticas de cara a nuestro estudio, las establecidas por Massimo Livi Bacci a partir de la forma de transmisi&oacute;n y de "entrada" en el cuerpo humano de las enfermedades epid&eacute;micas nos parecen esclarecedoras y ayudan tambi&eacute;n a centrar el problema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Livi Bacci, uno de los m&aacute;ximos especialistas sobre la poblaci&oacute;n mundial, establece cuatro categor&iacute;as, la primera de las cuales comprende las enfermedades del aparato digestivo que se transmiten por v&iacute;a fecal a trav&eacute;s de la contaminaci&oacute;n, generalmente del agua, y la posterior ingesti&oacute;n de alimentos contaminados. Las fiebres tifoideas y paratifoideas, disenter&iacute;a, diarrea y c&oacute;lera son las enfermedades y las causas de muerte m&aacute;s frecuentes y graves. La segunda afecta</font></p>      <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...a las enfermedades que se transmiten por el aparato respiratorio y por el aire: la emisi&oacute;n de part&iacute;culas infectadas (al toser o estornudar, pero tambi&eacute;n al hablar) que pasan de persona a persona: viruela, difteria, tuberculosis, sarampi&oacute;n, gripe e incluso la variedad menos com&uacute;n, pero m&aacute;s letal, de la peste, la neum&oacute;nica, pertenecen a este grupo. La tercera v&iacute;a es el aparato reproductor (s&iacute;filis, otras enfermedades ven&eacute;reas, actualmente tambi&eacute;n el sida). Una cuarta categor&iacute;a de enfermedades no pasa por las naturales "puertas de entrada" del organismo, sino a trav&eacute;s de la sangre o de los tejidos, mediante mordeduras o picaduras de animales (pulgas, piojos, garrapatas, mosquitos), que transfieren los microbios de un humano a otro o de un animal &#151;que constituye el reservorio de microbios (como la rata en el caso de la peste)&#151; a un ser humano (Livi Bacci, 1999: 69).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por nuestra parte, pretendemos establecer las causas del retorno de las plagas, en realidad nuevas s&oacute;lo en apariencia, pues cuando se hurga en el pasado se comprueba que la explicaci&oacute;n de fondo tiene mucho que ver con viejos problemas. Esto nos obligar&aacute; a un acercamiento al problema desde la interdisciplinariedad, pues se nos plantear&aacute;n cuestiones m&eacute;dicas y biol&oacute;gicas, pero tambi&eacute;n otras con un marcado car&aacute;cter social, sean hist&oacute;ricas, geogr&aacute;ficas, pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas, medi&aacute;ticas e incluso religiosas, como tendremos ocasi&oacute;n de ver. A continuaci&oacute;n, se tratar&aacute;n de extraer las conclusiones pertinentes. Por &uacute;ltimo, debemos advertir que la bibliograf&iacute;a m&eacute;dica sobre el tema que vamos a estudiar es extremadamente amplia y que en el marco de este trabajo nos vamos a interesar de manera especial por la dise&ntilde;ada desde el campo de la geograf&iacute;a, y que en conjunto est&aacute; configurando una nueva visi&oacute;n, que bien podemos catalogar como nuevo paradigma sobre las enfermedades infecciosas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El regreso de las plagas, una realidad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para conocer lo que tanto en los ambientes m&aacute;s especializados como en los medios de comunicaci&oacute;n se adjetiva ya como el regreso de las epidemias, lo mejor es recurrir a los informes que nos ofrece la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), por cierto, una instituci&oacute;n que, como otras incluidas en el sistema de Naciones Unidas, est&aacute; sufriendo graves problemas de organizaci&oacute;n y financiaci&oacute;n. En efecto, tal como ha denunciado recientemente su nueva directora general Gro Harlem, y aunque esto nos lleve ya a las conclusiones, el presupuesto regular de la organizaci&oacute;n ha disminuido, en t&eacute;rminos reales, m&aacute;s de 20 por ciento en los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os (El Pa&iacute;s Semanal, 1999). Por lo que se refiere a los datos estad&iacute;sticos, los informes de la OMS no presentan una situaci&oacute;n especialmente halag&uuml;e&ntilde;a sobre el estado de la salud mundial, siendo especialmente preocupante el balance sobre las enfermedades infecciosas y epid&eacute;micas (World Health Organization, 1998).<sup><a href="#notas">3</a></sup> Por el lado positivo, el &uacute;ltimo informe de la organizaci&oacute;n se&ntilde;ala que se han mejorado las expectativas de vida de la poblaci&oacute;n mundial, pues se ha pasado de una esperanza de vida de 48 a&ntilde;os, en 1955, a 66 a&ntilde;os en nuestra d&eacute;cada; que se han producido mejoras en la salud general como consecuencia del desarrollo de programas de control de las aguas, de mejoras de la higiene personal, o que se han establecido y extendido los servicios nacionales de salud; que se han llevado a cabo grandes avances en el desarrollo de vacunas o en otros campos de la investigaci&oacute;n m&eacute;dica, en el diagn&oacute;stico y en el tratamiento de la enfermedad, o en los programas de rehabilitaci&oacute;n; o que tambi&eacute;n se han producido importantes progresos en la lucha contra determinadas enfermedades infecciosas, como la poliomielitis, la lepra o la enfermedad de Chagas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lucha sistem&aacute;tica contra la primera de esas infecciones, la poliomielitis, una enfermedad de origen v&iacute;rico, causante de miles de lisiados en los pa&iacute;ses industrializados hace poco m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas, comenz&oacute; en 1955 con la introducci&oacute;n de una vacuna eficaz, que provoc&oacute; la eliminaci&oacute;n gradual de la enfermedad en buena parte del mundo. En el mismo sentido, desde que en 1988 se promovi&oacute; la campa&ntilde;a de erradicaci&oacute;n global de la enfermedad, los casos registrados de la enfermedad han ca&iacute;do 90 por ciento; la epidemia ha desaparecido en Am&eacute;rica y est&aacute; desapareciendo en la regi&oacute;n oeste del Pac&iacute;fico. No obstante, el virus de la polio permanece arraigado en el subcontinente indio y la plaga es end&eacute;mica en el oeste y centro de &Aacute;frica y en algunos pa&iacute;ses del Oriente Medio. Otra de aquellas enfermedades, la lepra, causada por el <i>Mycobacterium leprae,</i> ha sido aparentemente controlada, gracias a los programas de la OMS; en 1997 la plaga afectaba aproximadamente a un mill&oacute;n de personas, cuando en 1985 los casos registrados eran de 5.4 millones. La introducci&oacute;n de la llamada terapia de combinaci&oacute;n o terapia multidroga ha transformado radicalmente el panorama contra la enfermedad. De todas maneras, para unos ochenta pa&iacute;ses sigue representando un problema sanitario importante. Incluso en Europa se han seguido registrando casos, contabiliz&aacute;ndose casi ocho mil en 1993. Esta enfermedad se ceba en las clases socioecon&oacute;micamente menos favorecidas. Su erradicaci&oacute;n, sin embargo, est&aacute; amenazada a causa de determinadas pol&iacute;ticas sanitarias; en muchos pa&iacute;ses subdesarrollados la lepra no es considerada una cuesti&oacute;n de primer orden al estar afectados por problemas sanitarios todav&iacute;a m&aacute;s sangrantes. Por otro lado, y a pesar de los avances realizados en su combate, la enfermedad de Chagas o tripanosomiasis americana, una enfermedad causada por el par&aacute;sito <i>Tripanosoma cruzi,</i> cuyo vector es un insecto denominado vinchuca, sigue afectando a unos 18 millones de personas entre M&eacute;xico y Argentina al ser end&eacute;mica en 21 pa&iacute;ses; en 1997 todav&iacute;a se cobr&oacute; 45 000 vidas. El pa&iacute;s con el mayor n&uacute;mero de infectados es Bolivia, con m&aacute;s de 40 por ciento de su poblaci&oacute;n portadora del mal. La prevalencia de esta plaga en ese pa&iacute;s tiene una explicaci&oacute;n marcadamente social; se debe a las condiciones socioecon&oacute;micas marcadas por la pobreza y la precariedad que presentan las viviendas de la mayor parte de la poblaci&oacute;n rural (Gonz&aacute;lez Calero, 1995: 18&#45;19).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los progresos m&aacute;s espectaculares en la lucha que sostiene la humanidad contra las plagas se produjo frente a la viruela, declarada erradicada en 1980, despu&eacute;s de una campa&ntilde;a iniciada en 1967 consistente en una vacunaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la poblaci&oacute;n de los m&aacute;s de 30 pa&iacute;ses en donde la enfermedad era end&eacute;mica. Sin embargo, de manera inquietante, en los dos &uacute;ltimos decenios se han producido espor&aacute;dicas epidemias de una enfermedad cl&iacute;nicamente similar a la viruela, bautizada como viruela del mono, la m&aacute;s grave de las cuales tuvo lugar en el curso 1996&#45;1997 en el centro de &Aacute;frica. Pero, sintetizando, a pesar de este aparente progreso y los llevados a cabo en la lucha contra la poliomielitis, la lepra o la enfermedad de Chagas, se sabe que tres de cada cuatro personas en los pa&iacute;ses menos desarrollados siguen muriendo hoy antes de los 50 a&ntilde;os al tiempo que se producen m&aacute;s de 10 millones de muertes infantiles, la mayor parte causadas por el sarampi&oacute;n, la malaria, las neumon&iacute;as y las diarreas combinadas con malnutrici&oacute;n. El sarampi&oacute;n mata anualmente a m&aacute;s de un mill&oacute;n de ni&ntilde;os por falta de vacunas, sobre todo en pa&iacute;ses africanos, las infecciones respiratorias a casi otro mill&oacute;n m&aacute;s y la malaria aproximadamente 700 000. Otras enfermedades t&iacute;picamente infantiles siguen siendo importantes; el t&eacute;tanos se cobr&oacute; 275 000 vidas en 1997, y la difteria hab&iacute;a afectado en 1994 a unas 50 000 personas, 141 por ciento m&aacute;s que cuatro a&ntilde;os antes. Esta &uacute;ltima enfermedad resurgi&oacute; especialmente en los inicios de la d&eacute;cada de 1990 en los dominios de la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. M&aacute;s de 90 por ciento de los casos registrados en el quinquenio 1990&#45;1995 se produjeron en esos pa&iacute;ses como consecuencia del declive de la inmunizaci&oacute;n masiva, seg&uacute;n ha denunciado la OMS (Shkolnikov, 1995).<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que respecta a las cifras globales de 1997, el informe de ese organismo estima que en ese a&ntilde;o murieron 50 millones de personas, de las cuales un tercio perecieron como consecuencia de enfermedades infecciosas y parasitarias, tales como las relacionadas con problemas respiratorios agudos, tuberculosis, diarreas, sida y malaria. Su distribuci&oacute;n mundial presenta no obstante un marcado contraste; mientras en los pa&iacute;ses desarrollados esas muertes representaron uno por ciento del total, en el resto significaron 43 por ciento, una situaci&oacute;n que apenas se ha modificado desde 1985.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Por su letalidad se destacan la tuberculosis con casi tres millones de muertes; las distintas formas de diarrea, incluyendo la disenter&iacute;a, con dos millones y medio; el sida con 2 300 000 muertes; y la malaria con unas cifras de entre 1 500 000 y 2 700 000 personas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tuberculosis, tambi&eacute;n denominada tisis y peste blanca, una enfermedad que ha acompa&ntilde;ado a la humanidad a trav&eacute;s de los tiempos y era hasta principios del siglo XX, la principal causa de muerte en Europa occidental, sigue causando estragos en los pa&iacute;ses menos desarrollados y est&aacute; aumentando en Estados Unidos, Europa occidental y zonas de la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica.</font></p>    	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La enfermedad, cuyo agente transmisor m&aacute;s importante es el <i>Mycobacterium tuberculosis,</i> se extendi&oacute; de manera masiva durante el siglo XIX como consecuencia de la formaci&oacute;n de barrios marginales, la pobreza, la alimentaci&oacute;n deficiente y de unas condiciones higi&eacute;nicas insuficientes impuestas por el naciente capitalismo (Humphreys, 1977).<sup><a href="#notas">6</a></sup> A mediados del siglo XX, en los pa&iacute;ses desarrollados con un nivel sanitario ya elevado, la enfermedad empez&oacute; a ser contenida, e incluso los sanatorios de tuberculosos comenzaron a cerrar sus puertas (Wilson, 1990). Sin embargo, los casos registrados en la d&eacute;cada de los noventa en Estados Unidos o en Europa occidental se duplicaron respecto a la anterior y pasaron a ser de varios cientos de miles anualmente; por otro lado, en los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo y subdesarrollados siguieron siendo millones las personas infectadas, especialmente en algunas zonas del sudeste asi&aacute;tico y del sur de &Aacute;frica. Por todo ello, la OMS declar&oacute;, en 1993, que la lucha contra la tuberculosis, una enfermedad contra la que existen estrategias m&eacute;dicas para su curaci&oacute;n, era una emergencia con car&aacute;cter global. Seg&uacute;n esa instituci&oacute;n, las causas de su aparici&oacute;n se deb&iacute;an buscar en la desorganizaci&oacute;n sanitaria de muchos pa&iacute;ses generada en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la malaria o paludismo, cuyos agentes causales son par&aacute;sitos unicelulares, los <i>Plasmodium,</i> transmitidos por la picadura de la hembra del mosquito anopheles, sabemos que permanece como una de las mayores amenazas entre las enfermedades infecciosas, a pesar de que se aspir&oacute; a erradicarla en los decenios pasados (Johnson, 1993). En 1954 murieron 2.5 millones de personas en todo el mundo a causa de la plaga, entre una poblaci&oacute;n infestada de 250 millones; en 1997 el n&uacute;mero de muertes que provoc&oacute; oscil&oacute; entre 1.5 y 2.7 millones, principalmente ni&ntilde;os menores de cinco a&ntilde;os, entre una poblaci&oacute;n mal&aacute;rica de entre 300 y 500 millones de personas. 90 por ciento de los casos est&aacute;n ubicados en &Aacute;frica tropical, pero la enfermedad es end&eacute;mica en casi 100 pa&iacute;ses africanos, latinoamericanos y asi&aacute;ticos; y en total m&aacute;s de 2000 millones de personas est&aacute;n en situaci&oacute;n de riesgo, aproximadamente 40 por ciento de la poblaci&oacute;n del planeta (Schweinfurth, 1989: 241&#45;258; Curto de Casa, 1992: 6567 y Yamazaki, 1992: 32&#45;37). Los males de esta plaga no se acaban con las v&iacute;ctimas mortales; la malaria representa un serio impacto econ&oacute;mico tanto por los costes de su medicaci&oacute;n como por las p&eacute;rdidas que ocasiona en las econom&iacute;as de los pa&iacute;ses afectados. S&oacute;lo en &Aacute;frica las p&eacute;rdidas directas, es decir, las de los costes del tratamiento antimal&aacute;rico, se elevaron a m&aacute;s de 2000 millones de d&oacute;lares en 1997. En Latinoam&eacute;rica, m&aacute;s que por su incidencia demogr&aacute;fica, la malaria tiene un considerable impacto social y econ&oacute;mico (Prothero, 1995a: 357&#45;365). Otro elemento a tener en cuenta es el hecho del incremento del n&uacute;mero de casos registrados entre los turistas y los individuos de negocios de pa&iacute;ses libres de la enfermedad, lo que no es de extra&ntilde;ar pues se calcula que unos 30 millones de personas de esos pa&iacute;ses van cada a&ntilde;o a otros donde la malaria es end&eacute;mica (World Healt Organization, 1998: 95). En 1993, m&aacute;s de 8 000 europeos contrajeron la enfermedad, de los cuales murieron m&aacute;s de 300. En cuanto al desarrollo de la vacuna antimal&aacute;rica, las primeras tentativas se sit&uacute;an en los a&ntilde;os treinta del siglo XX; en fechas muy recientes, el colombiano Manuel Elkin Patarroyo ha creado una nueva vacuna sint&eacute;tica, pero de momento es s&oacute;lo una luz de esperanza, al ser su puesta en pr&aacute;ctica m&aacute;s compleja de lo que se supuso en un principio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En general, el m&aacute;ximo organismo mundial de la salud ha reconocido las numerosas deficiencias que se han dado y se siguen dando en el combate contra la mayor&iacute;a de las enfermedades infecciosas. No debemos tampoco olvidar plagas como la hepatitis B o el dengue, con cientos de miles de muertes anuales, o la enfermedad del sue&ntilde;o, la fiebre amarilla y el c&oacute;lera, con varias decenas de miles de defunciones (World Healt Organization, 1998: 44&#45;45). Por ejemplo, el c&oacute;lera, provocado por la bacteria <i>Vibrio cholerae,</i> ha alcanzado en a&ntilde;os recientes el rango de epidemia desde el sudeste de Asia hasta el Mediterr&aacute;neo oriental, &Aacute;frica occidental y algunas zonas de Latinoam&eacute;rica. En &Aacute;frica, la plaga se ha extendido ampliamente y de manera frecuente desde 1970, en especial como consecuencia de situaciones de desorganizaci&oacute;n social.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En realidad, el c&oacute;lera es end&eacute;mico en casi un centenar de pa&iacute;ses de todo el mundo, extendi&eacute;ndose por todos los continentes. El contagio se produce por la ingesti&oacute;n de agua y alimentos contaminados, sobre todo moluscos y pescados. Las diarreas bruscas ocasionan la p&eacute;rdida de peso corporal en el infectado, y en algunos casos los pacientes pueden alcanzar en 24 horas 50 por ciento de su peso, ocasionando la muerte por deshidrataci&oacute;n. De este modo, la tasa de mortalidad, que con tratamiento suele ser de uno por ciento, puede alcanzar, si la enfermedad no se trata, 70 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los dos &uacute;ltimos siglos se padecieron una serie de implacables epidemias de c&oacute;lera que se propagaron por todo el mundo; es posible que en nuestros d&iacute;as estemos asistiendo a otra pandemia de la enfermedad. En 1991 el c&oacute;lera volvi&oacute; a emerger, despu&eacute;s de casi un siglo, en Am&eacute;rica del Sur; procedente de Per&uacute; se propag&oacute; desde finales de enero de ese a&ntilde;o por toda Sudam&eacute;rica, Centroam&eacute;rica y M&eacute;xico.<sup><a href="#notas">8</a></sup> En todo el continente, hasta finales de 1993, contrajeron el c&oacute;lera aproximadamente un mill&oacute;n de personas, de las que fallecieron m&aacute;s de 9000 (Guthmann, 1995: 419&#45;427). Adem&aacute;s de las muertes, la econom&iacute;a de algunos pa&iacute;ses se resinti&oacute;; por ejemplo, en Per&uacute; afect&oacute; a la exportaci&oacute;n de pescado, al comercio de alimentos y a la industria tur&iacute;stica. Un nuevo agente de la enfermedad, el <i>Vibrio cholerae</i> 0139, fue identificado en India en 1992; en los meses posteriores &eacute;ste caus&oacute; la muerte a varios miles de personas. En 1993 se hab&iacute;a propagado a China, Malasia, Nepal, Pakist&aacute;n y Sri Lanka. Al a&ntilde;o siguiente, seg&uacute;n la OMS, la plaga brot&oacute; en 94 pa&iacute;ses, y en 1995 se produjeron centenares de casos en varias regiones del sur de Ucrania, pa&iacute;s con graves problemas en la depuraci&oacute;n de las aguas de sus r&iacute;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra enfermedad epid&eacute;mica ya mencionada, la fiebre amarilla, una infecci&oacute;n causada por un virus transmitido por la picadura de un mosquito, generalmente el <i>Aedes aegypti,</i> provoca todav&iacute;a unas 30 000 muertes cada a&ntilde;o. Seg&uacute;n los expertos el origen de la fiebre amarilla debe situarse en &Aacute;frica central, y algunos historiadores han se&ntilde;alado que habr&iacute;a llegado a Am&eacute;rica propiciada por el tr&aacute;fico de esclavos. Durante los siglos XVIII y XIX, la epidemia asol&oacute; las ciudades portuarias de Estados Unidos; por ejemplo, en el verano de 1793 muri&oacute; una d&eacute;cima parte de la poblaci&oacute;n de la ciudad de Filadelfia por culpa de la fiebre. Por otro lado, debido a que no existe un tratamiento efectivo contra la enfermedad, desde hace varios decenios, especialmente desde 1980, se est&aacute; produciendo un dram&aacute;tico resurgimiento de la misma en &Aacute;frica y en el continente americano, siendo end&eacute;mica en 34 pa&iacute;ses del primer continente, entre ellos los 14 m&aacute;s pobres del planeta (Kurz, 1990: 46&#45;54). Nigeria es considerada el centro neur&aacute;lgico de la plaga, pues est&aacute; afectado casi todo el pa&iacute;s. De igual manera, en Per&uacute; tuvo lugar, en 1995, la mayor epidemia ocurrida en el continente americano desde 1950.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que se refiere a la peste, catalogada hist&oacute;ricamente por muchos autores como la peor de las plagas, y causada por el bacilo <i>Yersinia pestis,</i> hab&iacute;a reducido su amenaza de manera especial en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas gracias al impacto de los antibi&oacute;ticos, los insecticidas y las nuevas medidas de control, pero todav&iacute;a se siguen produciendo epidemias c&iacute;clicas en &Aacute;frica, Am&eacute;rica y Asia. En 1992 la peste se present&oacute; en Estados Unidos, con 19 casos y dos muertos, as&iacute; como en Brasil, Per&uacute;, China, Mongolia, Birmania, Vietnam, Madagascar y en la actual Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, antiguo Zaire. En este &uacute;ltimo pa&iacute;s murieron al a&ntilde;o siguiente 70 de las 267 personas infectadas. En 1994 la plaga rebrot&oacute; de manera espectacular en la ciudad india de Surat. La estad&iacute;stica oficial habl&oacute; de m&aacute;s de 6 000 posibles casos, 272 diagnosticados y 56 muertes.<sup><a href="#notas">9</a></sup> En general, los expertos han advertido que estamos ante una renovada propagaci&oacute;n de la plaga: en 1981 s&oacute;lo se registraron 200 casos en todo el mundo; en 1994 llegaron casi a 3000 (Gratz, 1997: 71&#45;84). Adem&aacute;s, estas cifras posiblemente no est&eacute;n ajustadas, debiendo ocultar una incidencia muy superior. Los especialistas se&ntilde;alan, una vez m&aacute;s, que no es dif&iacute;cil que se produzcan nuevas epidemias en pa&iacute;ses donde gran parte de la poblaci&oacute;n vive hacinada y bajo condiciones higi&eacute;nicas m&iacute;nimas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si todas las epidemias a las que nos hemos referido hasta aqu&iacute; forman parte de las denominadas reemergentes, es decir, las que siendo en su mayor&iacute;a seculares han vuelto a plantear graves problemas, existe un grupo de nuevas plagas, denominadas emergentes, que plantean interrogantes sobre el concepto mismo de plaga manejado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Las dos d&eacute;cadas m&aacute;s recientes han visto la aparici&oacute;n de por lo menos unas 30 nuevas patolog&iacute;as altamente contagiosas, siendo el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del temible sida, el que ha provocado un impacto medi&aacute;tico m&aacute;s intenso en la comunidad internacional, por la sencilla raz&oacute;n de que pas&oacute; a afectar gravemente a los pa&iacute;ses ricos.<sup><a href="#notas">10</a></sup> La lista de otras nuevas epidemias incluye la legionelosis, identificada hacia 1976 despu&eacute;s de una convenci&oacute;n de legionarios americanos celebrada en Filadelfia, y que provoc&oacute; extra&ntilde;as neumon&iacute;as a 182 individuos, de los cuales fallecieron 29. Despu&eacute;s de varios meses de investigaci&oacute;n, los cient&iacute;ficos encontraron la causa: la <i>Legionella pneumophila,</i> una bacteria del agua contaminada y de los sistemas de aire acondicionado. Los especialistas calculan que cada a&ntilde;o mueren por culpa de la enfermedad s&oacute;lo en Estados Unidos m&aacute;s de 2000 personas. Otra plaga, la denominada <i>borreliosis de Lyme,</i> tambi&eacute;n puede estar relacionada, al igual que la enfermedad del legionario, con el cambio en los h&aacute;bitos de vida. El agente causal de la enfermedad es la <i>Espiroqueta borrelia burgdorferi,</i> siendo los corzos y los ciervos el reservorio natural de las garrapatas infectadas de borrelia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La enfermedad se manifiesta por numerosos s&iacute;ntomas, que van desde lesiones expansivas de la piel e hinchazones hasta meningitis y demencia. Los cient&iacute;ficos han dado una explicaci&oacute;n plausible sobre la propagaci&oacute;n de la enfermedad en Estados Unidos. Desde el cambio de siglo, se reforestaron amplias &aacute;reas de suelo agr&iacute;cola en la costa este de ese pa&iacute;s. La agricultura emigr&oacute; al medio oeste, donde se inici&oacute; el cultivo de extensos territorios. Las zonas reforestadas de la costa este constitu&iacute;an un entorno ideal para corzos y ciervos. Paralelamente, la gente empez&oacute; a mudarse al campo, sobre todo a esas &aacute;reas reforestadas en torno a las ciudades. Hombres, ciervos y garrapatas pasaron a vivir tan cerca unos de otros, que la enfermedad de <i>Lyme</i> tambi&eacute;n lleg&oacute; al hombre.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cient&iacute;ficos reconocen cada a&ntilde;o nuevas cepas o familias de los agentes v&iacute;ricos. Entre &eacute;stos debe mencionarse uno de la familia de los virus de <i>Hantaan,</i> identificado en 1993 en Norteam&eacute;rica y causante de diversas muertes, pero cuyo agente desencadenante sigue siendo desconocido. Hasta ese momento los hantavirus eran conocidos por ser los agentes causales de la fiebre hemorr&aacute;gica con s&iacute;ndrome renal y que en Europa presenta una forma menos grave. Otros de los virus m&aacute;s peligrosos descubiertos recientemente son los de <i>Marburg</i> y los de <i>&Eacute;bola,</i> encuadrados en la familia de los filovirus. Del primero, con manifestaciones cl&iacute;nicas consistentes en fiebre alta, erupci&oacute;n cut&aacute;nea y linfadenopat&iacute;as seguidas de hemorragias en los &oacute;rganos internos, se desconoce hasta el momento su reservorio natural. Otro causante de fiebres hemorr&aacute;gicas, el virus de <i>&Eacute;bola,</i> ha estado confinado hasta ahora en los pa&iacute;ses de &Aacute;frica tropical. Esta enfermedad fue identificada en 1976 en la regi&oacute;n de Yambuku, en la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. Entre ese a&ntilde;o y 1979 aparecieron tambi&eacute;n brotes epid&eacute;micos de <i>&Eacute;bola</i> en el sur del Sud&aacute;n. A&ntilde;os despu&eacute;s, ya en 1994, el virus apareci&oacute; de nuevo en la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, concretamente en la ciudad de Kikwit, 500 kil&oacute;metros al este de la capital, Kinshasa. Seg&uacute;n datos de la OMS, hasta junio de ese a&ntilde;o se infectaron 315 personas, de las que 244 fallecieron a causa de hemorragias internas y externas. El n&uacute;mero de defunciones alcanz&oacute;, pues, 77 por ciento.<sup><a href="#notas">11</a></sup> En a&ntilde;os recientes ha reaparecido, asimismo, la fiebre del Rift Valley, causada por un virus aislado en 1931 en esa regi&oacute;n de Kenia y que desde hace poco tiempo ha hecho su reaparici&oacute;n en Egipto. Hacia finales de 1997 la OMS investigaba tambi&eacute;n una extensa epidemia de la enfermedad en el nordeste de Kenia y en Somalia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras patolog&iacute;as nuevas est&aacute;n relacionadas con el Hespevirus HHV&#45;6 causante del exantema s&uacute;bito, el parvovirus B&#45;19 causante del eritema infeccioso, el virus <i>Equinus morbillivirus,</i> causante de la neumon&iacute;a equina y humana, y los virus de <i>Mapucho, Lassa, Junin, Amapari, Paran&aacute;, Pichinde</i> o <i>Tacaribe.</i> Junto a estas nuevas plagas hay que hacer observar la existencia de lo que algunos especialistas han denominado agentes v&iacute;ricos misteriosos, virus "poco convencionales" o de "estructuras similares a los virus", causantes, entre otras, de la encefalopat&iacute;a espongiforme bovina (EBB), tambi&eacute;n llamada enfermedad de las vacas locas, enfermedad de kuru o de Creutzfeldt&#45;Jakob.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que se refiere al sida, debemos se&ntilde;alar que se trata de una plaga emergente pero con una enorme incidencia en todo el mundo.<sup><a href="#notas">12</a></sup> Hasta el presente se calcula que ha causado ya m&aacute;s de 11 millones de muertes. La enfermedad, cuyo agente causal es el denominado virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), fue desconocida como tal hasta 1981. De momento se sabe que hay dos retrovirus que pueden provocar el sida en el ser humano. Se trata del VIH&#45;1 y del VIH&#45;2, este &uacute;ltimo descubierto en 1986. Los s&iacute;ntomas del segundo parecen ser m&aacute;s leves. Seg&uacute;n algunas teor&iacute;as, la enfermedad podr&iacute;a proceder de &Aacute;frica a partir del virus de inmunodeficiencia de los simios, que es muy similar. El sida no es otra cosa que el paulatino desmoronamiento del sistema inmunol&oacute;gico. Los pacientes se infectan por agentes oportunistas, relativamente inofensivos para personas con el sistema inmunol&oacute;gico intacto. Muchos desarrollan un sarcoma de Kaposi y, a menudo, se presenta una encefalitis. Los afectados se mueren, en sentido estricto, por un tumor, por infecciones bacterianas o v&iacute;ricas, por hongos o por par&aacute;sitos, pero no de sida. El contagio se produce por contactos sexuales sin protecci&oacute;n adecuada con portadores del virus o por transfusiones de sangre contaminada. Las mujeres con el VIH pueden tambi&eacute;n transmitir la enfermedad a sus hijos durante el embarazo. Tras la primoinfecci&oacute;n y en un plazo diferente en cada caso, que puede ir de pocos meses a 10 a&ntilde;os, los virus destruyen el sistema inmunol&oacute;gico de la persona, provoc&aacute;ndole tumores malignos y un sinf&iacute;n de enfermedades infecciosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El virus del sida es un pasajero invisible que usa el cuerpo humano como veh&iacute;culo despu&eacute;s del periodo de incubaci&oacute;n. Durante ese tiempo, el VIH puede ser transmitido por un infectado sin s&iacute;ntomas individuales a otras personas, las cuales ser&aacute;n los veh&iacute;culos para la expansi&oacute;n posterior de la plaga. Adem&aacute;s, el virus puede mutar en el interior de los portadores cambiando algunas de sus caracter&iacute;sticas. Esa inestabilidad forma parte de la complejidad del VIH, lo que provoca que el desarrollo de nuevas terapias o vacunas sea extremadamente dif&iacute;cil. Hasta el d&iacute;a de hoy no ha sido posible elaborar una, y de momento se aplica la denominada terapia de combinaci&oacute;n, en la que se emplean distintos principios activos anti&#45;VIH (Baltimore, 1998: 182&#45;198).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el &uacute;ltimo registro de la OMS, 2.3 millones de personas murieron en 1997 por culpa del sida y exist&iacute;a una clara tendencia al crecimiento, estim&aacute;ndose que para 2000 unos 40 millones de personas convivir&aacute;n con la enfermedad (Bongaarts 1996: 21&#45;45). Seg&uacute;n aquel organismo internacional, el sida, en t&eacute;rminos de morbilidad emergente, representa el mayor desaf&iacute;o sanitario mundial al afectar gravemente a las mujeres, los ni&ntilde;os y las familias. Para algunos pa&iacute;ses la enfermedad est&aacute; representando un retroceso de d&eacute;cadas en cuanto a la esperanza de vida: por ejemplo, en Botswana, con 25&#45;30 por ciento de la poblaci&oacute;n adulta infestada con el VIH, la esperanza de vida est&aacute; bajando a los niveles de hace casi cuatro d&eacute;cadas. Igualmente, la poblaci&oacute;n nacida en Zimbabwe en la d&eacute;cada de 1990 va a ver reducida su esperanza de vida en unos 10 a&ntilde;os. Otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n subsahariana sufren los mismos males; en varios de ellos, uno de cada cinco individuos es portador del VIH (Miller, 1991: 8&#45;11). En otras partes del planeta, de manera especial en Asia y en el oeste del Pac&iacute;fico, la expansi&oacute;n de la enfermedad est&aacute; siendo dram&aacute;tica (Brown, 1994: 15 y Chin, 1995: 15). Los pa&iacute;ses m&aacute;s afectados incluyen especialmente a India, Camboya, Birmania y Tailandia. En este &uacute;ltimo pa&iacute;s el n&uacute;mero de infectados se ha disparado, calcul&aacute;ndose en 750 000 las personas enfermas. Por otro lado, en algunos pa&iacute;ses del este de Europa, la infecci&oacute;n del VIH, como consecuencia del alto consumo de drogas, ha provocado una gran expansi&oacute;n de la enfermedad. Es el caso de Ucrania y pa&iacute;ses vecinos. En cambio, en Latinoam&eacute;rica y el Caribe, con altos &iacute;ndices de infecci&oacute;n, se ha registrado, de manera especial en Brasil, un cierto retroceso en la mortalidad, al igual que en Norteam&eacute;rica, como consecuencia del uso de la terapia antiretroviral (Mertens, 1997: 220&#45;229). En los pa&iacute;ses del occidente de Europa la incidencia anual de nuevos casos de sida ha empezado a declinar (World Health Organization, 1998: 93&#45;94). En estos pa&iacute;ses, parad&oacute;jicamente, el sida est&aacute; empezando a ser visto como una enfermedad restringida a los pa&iacute;ses menos desarrollados; esta displicencia, denuncia la OMS, es una raz&oacute;n m&aacute;s de la persistencia de la enfermedad, pues provoca que se baje la vigilancia ante la enfermedad y que los agentes infecciosos act&uacute;en m&aacute;s f&aacute;cilmente.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que se&ntilde;alar tambi&eacute;n que el sida ha abierto un fuerte debate &eacute;tico sobre la enfermedad y su incidencia social (Arrizabalaga, 1995: 81&#45;96). Algunos especialistas nos recuerdan, por ejemplo, que aunque</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...m&aacute;s del noventa por ciento de la gente infectada viva en pa&iacute;ses subdesarrollados, bastante m&aacute;s del noventa por ciento del dinero destinado a tratamiento y prevenci&oacute;n se gasta en los pa&iacute;ses industrializados. Esta disparidad explica por qu&eacute; las nuevas terapias para doblegar al VIH, que cuestan m&aacute;s de un mill&oacute;n de pesetas al a&ntilde;o por paciente, no han tenido repercusiones en los pa&iacute;ses subdesarrollados, pa&iacute;ses que carecen de lejos de las infraestructuras y de la solvencia necesaria para proporcionar las medicinas (Mann, 1998: 58 y Beardsley, 1998: 84&#45;85).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hace falta decir que a la mayor&iacute;a de las epidemias analizadas en este trabajo se les puede aplicar esta reflexi&oacute;n, y que como afirma Luc Montagnier: para el sida es necesaria una toma de conciencia de nuestra responsabilidad global en el tiempo y en el espacio para llevar a cabo pol&iacute;ticas preventivas y de investigaci&oacute;n en la lucha por controlar, detener y erradicar a los elementos pat&oacute;genos que las provocan.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reconociendo la importancia de estas premisas, aunque apuntando que la erradicaci&oacute;n es una meta en muchos casos ut&oacute;pica, vamos a pasar a analizar las causas que han podido provocar lo que ya se puede denunciar como el retorno de las plagas. Para comprender las causas de la nueva situaci&oacute;n es imprescindible deshacer una madeja con m&uacute;ltiples hebras, algunas de las cuales ya las hemos insinuado y otras explicitado; desde las estrictamente biol&oacute;gicas, como la mutaci&oacute;n de los elementos pat&oacute;genos, a las claramente sociales, como el debilitamiento de las estructuras sanitarias en algunos pa&iacute;ses. Esta realidad caleidosc&oacute;pica, al juntarse elementos de microbiolog&iacute;a junto a otros factores de clara responsabilidad social, creemos que s&oacute;lo pueden ser analizados desde una perspectiva interdisciplinaria, tal como reconocieron Sir Macfarlane Burnet y David O. White al escribir que la historia natural de la enfermedad infecciosa ha de estudiarse sobre un fondo hist&oacute;rico y debe discutirse en t&eacute;rminos de un cambio continuo.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El viejo problema de las nuevas plagas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La edad de oro de la bacteriolog&iacute;a comenz&oacute; en la d&eacute;cada de 1880, cuando gracias, especialmente, al genio de Louis Pasteur y de Robert Koch se reconoci&oacute; el origen bacteriano de las enfermedades infecciosas; sin embargo, fue a partir de los a&ntilde;os treinta del siglo XX cuando se realizaron los progresos decisivos en lo que a ese conocimiento se refiere, gracias a la puesta en marcha de procedimientos de cultivo celular que permitieron el an&aacute;lisis cuidadoso de su ciclo multiplicador; adem&aacute;s, la invenci&oacute;n del microsc&oacute;pico electr&oacute;nico permiti&oacute; observarlo directamente. Gracias a estos avances cient&iacute;fico&#45;t&eacute;cnicos se supo que en todos los tipos de organismos vivos existen formas par&aacute;sitas y semipar&aacute;sitas, pero que las productoras de las enfermedades infecciosas se limitan pr&aacute;cticamente a tres grandes grupos: bacterias, protozoos y virus. Hay que mencionar tambi&eacute;n que existen otros dos grupos de par&aacute;sitos, los gusanos y los hongos, que son capaces de provocar en el hombre enfermedades con caracter&iacute;sticas generales muy semejantes, aunque pocas de ellas son de mayor importancia fuera de los pa&iacute;ses tropicales. Asimismo, sabemos que en los climas templados la casi totalidad de las enfermedades infecciosas est&aacute;n producidas por bacterias o virus, y son bastante raras las infecciones ocasionadas por protozoos. Llegados a este punto, quiz&aacute; no sea balad&iacute; recordar que si bien el conocimiento cient&iacute;fico de los microorganismos tiene s&oacute;lo 100 a&ntilde;os, uno de los agentes causantes de las epidemias, las bacterias, fue la forma de vida dominante sobre la Tierra durante unos 3 000 millones de a&ntilde;os, el tiempo que les sirvi&oacute; para adaptarse a su futura existencia parasitaria en la que aprendieron a nutrirse de otras criaturas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Similares observaciones, con muy ligeras correcciones, se pueden hacer sobre los virus y otros elementos pat&oacute;genos para el g&eacute;nero humano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cierto es que, tal como impl&iacute;citamente ya se ha se&ntilde;alado, los distintos microorganismos siguen emergiendo con nuevas y viejas formas, causando epidemias en algunos casos. Por ejemplo, las bacterias se dividen muy r&aacute;pidamente; algunas pueden hacerlo aproximadamente cada 20 minutos, de modo que, en principio, varios miles de millones de bacterias individuales pueden ser generadas desde una &uacute;nica c&eacute;lula en menos de un d&iacute;a. Teniendo en cuenta que el n&uacute;mero de mutaciones est&aacute; relacionado con la divisi&oacute;n celular, la posibilidad de que aparezcan cepas nuevas es muy elevada. Algunos expertos han se&ntilde;alado, asimismo, que los nuevos virus proceden de mutaciones o de recombinaciones; es decir, de transformaciones del c&oacute;digo gen&eacute;tico de agentes ya existentes. El riesgo de este tipo de cambios es que el nuevo agente se convierta en una cepa peligrosa. Como consecuencia de esto, algunos microbios han aprendido a enga&ntilde;arnos cambiando sus estructuras moleculares, los llamados ant&iacute;genos, que nuestras defensas reconocen; as&iacute;, por ejemplo, la malaria y la enfermedad del sue&ntilde;o son producidas por g&eacute;rmenes muy escurridizos por su capacidad para cambiar r&aacute;pidamente sus ant&iacute;genos. Entre las infecciones m&aacute;s peligrosas est&aacute; el sida, que puede modificar su estructura molecular incluso cuando est&aacute; dentro de un mismo paciente, enga&ntilde;ando y destruyendo finalmente su sistema inmunitario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a ese dinamismo, la respuesta defensiva humana desde el punto de vista biol&oacute;gico es lenta, realizada a trav&eacute;s de la selecci&oacute;n natural, que cambia nuestras frecuencias gen&eacute;ticas de una generaci&oacute;n a otra. Como se puede deducir, nosotros y nuestros pat&oacute;genos estamos encerrados en una misma escala de competici&oacute;n evolutiva, con la selecci&oacute;n natural desempe&ntilde;ando el papel de &aacute;rbitro. Las enfermedades son solamente un ejemplo paralelo al de la humanidad, de evoluci&oacute;n en marcha; los microbios simplemente se adaptan por selecci&oacute;n natural a los nuevos hu&eacute;spedes y vectores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En l&iacute;nea con esas ideas, algunos autores est&aacute;n hablando tambi&eacute;n de la historia evolutiva de las especies como una historia de acoplamiento estructural y de coevoluci&oacute;n; es decir, de un proceso resultante de la evoluci&oacute;n de los organismos vivos con la de su entorno, lo que desde la ecolog&iacute;a se ha definido como proceso de sucesi&oacute;n general operando en el conjunto de la biosfera (Margalef, 1992: 252). Este acoplamiento, con el consiguiente proceso de creatividad evolutiva de los distintos microorganismos, en especial de las bacterias gracias a una red global de intercambio de sus rasgos hereditarios m&aacute;s que a la mutaci&oacute;n aleatoria, ha de tener importantes consecuencias para la humanidad, seg&uacute;n han se&ntilde;alado los bi&oacute;logos Lynn Margulis y Dorion Sagan, en t&eacute;rminos, por ejemplo, de salud, a saber: la celeridad con que la resistencia a los f&aacute;rmacos se propaga en las comunidades bacterianas; lo que seg&uacute;n estos autores es una prueba espectacular de su red de comunicaciones. Las bacterias son capaces de adaptarse a los cambios medioambientales en pocos a&ntilde;os, mientras que organismos mayores necesitan milenios de adaptaci&oacute;n evolutiva (Capra, 1998: 240).<sup><a href="#notas">13</a></sup> Hay que se&ntilde;alar tambi&eacute;n que aunque tendemos a asociar a las bacterias con la enfermedad, en realidad son vitales para la supervivencia de animales y plantas, ya que participan activamente en el ciclo de la vida mediante la descomposici&oacute;n de la materia org&aacute;nica, la fermentaci&oacute;n o la fijaci&oacute;n del nitr&oacute;geno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo lo dicho hasta aqu&iacute;, a la hora de plantear las responsabilidades sobre el retorno de las plagas quiz&aacute; debamos distinguir entre una causalidad propiamente biol&oacute;gica y otra humana o social. En el primer caso se debe contar con la imposibilidad material de erradicar todos los reservorios de las viejas epidemias, a pesar del aparente &eacute;xito logrado con la viruela; igualmente, se ha se&ntilde;alado que van apareciendo nuevas cepas de viejas plagas, como la de la tuberculosis, o bien las que han sido calificadas como emergentes. Al plantear la causalidad biol&oacute;gica la hemos acompa&ntilde;ado con el vocablo quiz&aacute;, pues, si bien la sucesi&oacute;n ecol&oacute;gica es inevitable y con ella la evoluci&oacute;n de los elementos pat&oacute;genos, ya nadie discute que el hombre, especialmente desde la Revoluci&oacute;n Industrial, se ha convertido en el agente con m&aacute;s responsabilidades frente a la naturaleza,<sup><a href="#notas">14</a></sup> por la sencilla raz&oacute;n de que tiene m&aacute;s poder que cualquier otro ser en el planeta, y que al transformar las condiciones de vida de muchos de los microorganismos ha provocado y sigue provocando procesos de desestabilizaci&oacute;n sobre los mismos (Krause, 1992: 1073&#45;1078). En casos concretos, la transformaci&oacute;n del entorno puede contribuir a la multiplicaci&oacute;n y propagaci&oacute;n de nuevos agentes pat&oacute;genos. Bajo condiciones favorables pueden aparecer cuadros cl&iacute;nicos absolutamente desconocidos. Pensemos, por ejemplo, en la penetraci&oacute;n del hombre en territorios anteriormente despoblados, alterando los ecosistemas existentes y entrando en contacto con animales portadores de virus pat&oacute;genos. Otros ataques ecol&oacute;gicos, como las talas de bosques o el drenaje de pantanos, pueden contribuir igualmente a la expansi&oacute;n de enfermedades hasta ese momento poco comunes. Todo esto nos lleva a plantear el papel del hombre como agente geogr&aacute;fico y como responsable del retorno de las plagas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes, sin embargo, debemos contemplar las plagas a la luz de la historia, marcadas por una intensa coevoluci&oacute;n junto a la humanidad, como vamos a ver a continuaci&oacute;n, en especial a partir de los animales domesticados por el hombre, lo que nos reafirmar&aacute; en su causalidad social. En este sentido, un destacado profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Los Angeles, Jared Diamond, ha escrito que los principales elementos mort&iacute;feros para la humanidad en nuestra historia reciente &#151;la viruela, la gripe, la tuberculosis, la malaria, la peste, el sarampi&oacute;n y el c&oacute;lera&#151; son enfermedades contagiosas que evolucionaron a partir de las enfermedades de los animales, aun cuando la mayor&iacute;a de los microbios responsables de nuestras enfermedades epid&eacute;micas est&eacute;n parad&oacute;jicamente casi limitados ahora a los seres humanos (Diamond, 1998: 225 y McKeown, 1990: 317). Paralelamente, continuaba, dado que las enfermedades han sido los causantes del mayor n&uacute;mero de muertes entre los seres humanos, han debido de ser tambi&eacute;n factores decisivos de la historia. Nos recuerda asimismo que algunos de los ejemplos m&aacute;s sombr&iacute;os del papel de los g&eacute;rmenes en la historia se encuentran en la conquista europea de Am&eacute;rica, que comenz&oacute; con el viaje de Col&oacute;n en 1492 (Crosby, 1988: 351 y 1993: 214); que una de las mayores epidemias de la historia de la humanidad fue una gripe que mat&oacute; a 21 millones de personas al t&eacute;rmino de la Primera Guerra Mundial (Echeverri, 1993: 195); o que la llamada "muerte negra", la peste bub&oacute;nica, mat&oacute; a la cuarta parte de la poblaci&oacute;n de Europa entre 1346 y 1353, con proporciones de muerte que llegaban hasta 70 por ciento en algunas ciudades.<sup><a href="#notas">15</a></sup> Esta misma enfermedad todav&iacute;a mat&oacute; alrededor de 12 millones de personas en India entre 1898 y 1923. Jared Diamond escribe que estas enfermedades s&oacute;lo pudieron aparecer con la acumulaci&oacute;n de poblaciones humanas numerosas y densas, o con el paso a la Historia, en palabras de William McNeill. Esta acumulaci&oacute;n comenz&oacute; con el nacimiento de la agricultura hace unos 10 000 a&ntilde;os y se aceler&oacute; con la aparici&oacute;n de las ciudades. Una raz&oacute;n b&aacute;sica para que se produzca este fen&oacute;meno es que</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agricultura mantiene densidades de poblaci&oacute;n humana mucho m&aacute;s altas que la forma de vida de los cazadores&#45;recolectores: por t&eacute;rmino medio, entre 10 y 100 veces m&aacute;s alta. Adem&aacute;s, los cazadores&#45;recolectores cambian con frecuencia de campamento y dejan tras ellos sus montones de heces con microbios y larvas de gusanos acumulados. Pero los agricultores son sedentarios y viven en medio de sus propios sistemas sanitarios, por lo que proporcionan a los microbios un camino corto del cuerpo de una persona al agua potable de otra (Diamond, 1998: 235).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ese modo, ambas manifestaciones de la cultura humana, es decir, la agricultura en paralelo a la ganader&iacute;a y la urbanizaci&oacute;n, fueron un aut&eacute;ntico fil&oacute;n para los microbios, a las que hubo que a&ntilde;adir el comercio, con el posterior desarrollo de rutas comerciales mundiales, que "en la &eacute;poca romana un&iacute;an efectivamente las poblaciones de Europa, Asia y el norte de &Aacute;frica, un gigantesco criadero para los microbios" (Diamond, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante se&ntilde;alar tambi&eacute;n que Diamond establece cuatro etapas en la evoluci&oacute;n de estas enfermedades humanas especializadas a partir de un precursor animal, en lo que podr&iacute;amos denominar su genealog&iacute;a. La primera queda ilustrada por decenas de enfermedades que de vez en cuando contraemos directamente de nuestras mascotas y animales dom&eacute;sticos, entre las que se encuentran la brucelosis o fiebre de Malta de las vacas, la leptospirosis de los perros o la psittacosis de las gallinas, entre otras, aunque al encontrarse estos microbios en una fase temprana de su evoluci&oacute;n hacia pat&oacute;genos humanos especializados, no se transmiten directamente de una persona a otra e incluso su transferencia desde los animales sigue siendo poco habitual. En una segunda etapa, un antiguo pat&oacute;geno animal evoluciona hasta el punto en que se transmite directamente entre las personas y causa epidemia, pero &eacute;sta desaparece por alguna raz&oacute;n, como ser curada por la medicina moderna o ser detenida cuando toda la poblaci&oacute;n ha sido infectada ya y, bien se ha inmunizado, bien ha muerto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diamond pone los ejemplos de la fiebre de Fort Bragg, una enfermedad leptospiral que irrumpi&oacute; en Estados Unidos en 1942 y no tard&oacute; en desaparecer, o bien la "enfermedad del sudor inglesa", que azot&oacute; y aterroriz&oacute; a Europa a finales del siglo XV y mitad del XVI. Una tercera fase en la evoluci&oacute;n de nuestras principales enfermedades est&aacute; representada por antiguos pat&oacute;genos animales que se establecieron en el ser humano, que no han desaparecido, y que pueden llegar a convertirse a&uacute;n, o no, en importantes factores de mortandad de la humanidad. Ejemplos a citar ser&iacute;an la fiebre de Lassa, causada por un virus derivado probablemente de los roedores, la fiebre de <i>Lyme,</i> causada por una espiroqueta que se adquiere mediante el mordisco de garrapatas transportadas por ratones y ciervos, o el emergente sida, derivado de virus de los monos y documentado por vez primera en seres humanos hacia 1959. La &uacute;ltima etapa de esta evoluci&oacute;n est&aacute; representada por las grandes enfermedades epid&eacute;micas, ya antiguas y circunscritas al ser humano. Estas enfermedades deben de ser los supervivientes evolutivos de muchos otros pat&oacute;genos, g&eacute;rmenes desarrollados a partir de la prolongada intimidad del g&eacute;nero humano, especialmente con los animales dom&eacute;sticos, que intentaron dar el salto a nosotros desde los animales, la mayor&iacute;a de los cuales fracasaron.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegados a este punto, es decir, aceptando que los organismos generadores de patolog&iacute;as, sean virus, bacterias o protozoos, est&aacute;n participando en el mismo proceso de coevoluci&oacute;n junto al hombre y sabiendo que a lo largo de la historia las relaciones mutuas han sido extremadamente complejas, con derrotas parciales en ambos bandos, y con el convencimiento de que esa dial&eacute;ctica va a continuar en el futuro, nos queda por analizar las razones, que bien podemos catalogar de coyunturales desde el punto de vista hist&oacute;rico, del retorno de las plagas. Razones que, ya podemos afirmar por anticipando, son marcadamente de naturaleza social, es decir, dependientes de decisiones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas o culturales, entre otras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, yendo de las explicaciones generales a las particulares, debemos recordar una vez m&aacute;s las dificultades presupuestarias de la OMS en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas; es decir, de la organizaci&oacute;n que tiene la responsabilidad de la pol&iacute;tica sanitaria mundial. La causa aparente hay que buscarla en la crisis econ&oacute;mica de mediados de la d&eacute;cada de 1970, despu&eacute;s de una &eacute;poca de casi tres decenios de crecimiento econ&oacute;mico sostenido, aunque desigual a escala mundial. La causa real debe buscarse en el hecho de que los Estados, en especial algunos de los m&aacute;s ricos, dejaran de aportar recursos econ&oacute;micos a la OMS y a otras organizaciones supranacionales (ONU, Unesco o FAO). Las consecuencias no se hicieron esperar y se produjeron graves restricciones en los presupuestos sanitarios de muchos pa&iacute;ses, con ajustes estructurales de reducci&oacute;n de gasto p&uacute;blico por la aplicaci&oacute;n de pol&iacute;ticas neoliberales a temas como la salud, la educaci&oacute;n, la vivienda o la alimentaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">16</a></sup> Al mismo tiempo, el m&aacute;ximo organismo internacional de la salud ha indicado, una vez m&aacute;s, que las causas de la permanencia de, por ejemplo, la poliomielitis, residen en estructuras sanitarias debilitadas o destruidas como consecuencia de conflictos internos, lo que hace que la poblaci&oacute;n infantil permanezca sin vacunar (World Health Organization, 1998: 65).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">O que la reaparici&oacute;n de la tuberculosis debe buscarse en la desorganizaci&oacute;n sanitaria de muchos pa&iacute;ses en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas, aunque en el caso de esta enfermedad tampoco es ajeno a su rebrote la aparici&oacute;n de nuevas cepas de la enfermedad, especialmente las relacionadas con los virus del sida, resistentes a las drogas tradicionales. Precisamente, respecto a la tuberculosis, diversos autores la han comparado con un term&oacute;metro que marca la calidad de vida de una sociedad; diversos factores sociales, como la falta de vivienda, pobreza, mala alimentaci&oacute;n, dependencia a determinados productos t&oacute;xicos, entre otros, son los grandes aliados de la enfermedad y los que determinan su prevalencia. Igualmente, hay que apuntar tambi&eacute;n que los cambios habidos en la Europa del este han sido reconocidos como de gran trascendencia para la sanidad a escala no s&oacute;lo regional sino mundial, al haber alterado los sistemas sanitarios cuando menos organizados (Ellman, 1994: 329&#45;355 y Field, 1995: 1469&#45;1478).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n de desorganizaci&oacute;n sanitaria, de la que el retorno de las epidemias es una consecuencia, tanto a escala planetaria como regional, se puede agudizar en el futuro si la imparable globalizaci&oacute;n, uno de los conceptos t&oacute;tem de nuestros d&iacute;as, se lleva a cabo atendiendo s&oacute;lo a los criterios neoliberales; as&iacute;, se ha denunciado ya que bajo la &eacute;gida de ese concepto est&aacute; escondida tambi&eacute;n la idea de la destrucci&oacute;n del Estado del bienestar y, seg&uacute;n algunos, de la misma democracia.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Una globalizaci&oacute;n que tambi&eacute;n es entendida por otros autores como una fuente de inmensas posibilidades para la historia de la humanidad, una vez analizada su dimensi&oacute;n hist&oacute;rica, al ser vista como un proceso de viejas ra&iacute;ces, o bien si se reinterpretan de forma optimista los datos socioecon&oacute;micos a escala mundial y regional. Estas tesis ponen tambi&eacute;n un &eacute;nfasis especial en la urgencia de olvidar el tema del imperialismo y de empezar a hablar de las condiciones locales del desarrollo y del atraso, de manera especial cuando se analizan las situaciones de pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo, como los iberoamericanos (Capel, 1998: 3&#45;22 y Braudel, s/f). Sea como fuere, lo cierto es que la mundializaci&oacute;n es una promotora expl&iacute;cita de las plagas al universalizar el intercambio de individuos y mercanc&iacute;as, y con &eacute;l el riesgo de contagio de los elementos pat&oacute;genos; los modernos medios de comunicaci&oacute;n hacen posible que aqu&eacute;llos o sus vectores viajen por todo el planeta y se conviertan en elementos de una aut&eacute;ntica globalizaci&oacute;n sanitaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pensemos, por ejemplo, en el turismo de masas al que algunos cient&iacute;ficos apuntan como una de las causas del resurgimiento de ciertas plagas; o en las migraciones econ&oacute;micas o pol&iacute;ticas, se&ntilde;aladas como favorecedoras de la transmisi&oacute;n de otras, en especial cuando ha habido guerras o conflictos armados de por medio. Seg&uacute;n el informe de la OMS, s&oacute;lo en 1993 hubo m&aacute;s de 18 millones de desplazamientos forzados. No menos verdad es que la globalizaci&oacute;n ha creado tambi&eacute;n un nuevo marco de sensibilizaci&oacute;n, tanto cient&iacute;fica como &eacute;tica, frente a problemas que antes se padec&iacute;an en espacios acotados e incapaces de dar soluciones efectivas a cuestiones como las plagas, un mal ciertamente universal. Las respuestas, por tanto, deber&aacute;n superar tambi&eacute;n las fronteras, ya sean regionales o nacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, la intensa pauperizaci&oacute;n de una parte considerable de la poblaci&oacute;n mundial debe verse, objetivamente, como una de las primeras causas del retorno de las plagas (Prothero, 1995b: 411&#45;414; Mhlanga, 1996: 183&#45;214 y Kloos, 1991: 36&#45;43). Entre otras consecuencias, eso provoca que en estos momentos la mitad de la poblaci&oacute;n mundial no tenga acceso a los medicamentos m&aacute;s importantes. Una poblaci&oacute;n que, por otra parte, sigue incrementando sus efectivos, aunque m&aacute;s moderadamente que lo previsto hace apenas una d&eacute;cada. Seg&uacute;n la OMS, la poblaci&oacute;n de 1955 era de unos 2 800 millones de personas, y de 5 800 millones en 1977. Hacia 2025 se estima que habr&aacute; 8 000 millones de individuos, la mayor&iacute;a viviendo en zonas urbanas, o mejor dicho en zonas suburbiales. As&iacute;, el n&uacute;mero de ciudades de m&aacute;s de un mill&oacute;n de habitantes pas&oacute; de 90; en 1955; a 178; en 1975; y a 324, en 1995, increment&aacute;ndose el hacinamiento, la precariedad en la vivienda y los problemas en la depuraci&oacute;n de las aguas. Por tanto, no es raro que la creciente urbanizaci&oacute;n de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se haya relacionado con el incremento de la incidencia de enfermedades como el c&oacute;lera, peste o sida (Konde, 1991: 13&#45;18; Miller, s/f: 8&#45;11 y Rodier, 1995: 755&#45;759), o tambi&eacute;n con otras, como el dengue o la fiebre de dengue hemorr&aacute;gica. Los casos de estas &uacute;ltimas se han registrado en m&aacute;s de 100 pa&iacute;ses; por ejemplo, en 1996 se produjo una severa epidemia de dengue en 27 pa&iacute;ses de Am&eacute;rica (Torres, 1997: 19&#45;27) y del sudeste de Asia, y de fiebre de dengue hemorr&aacute;gica en Brasil, Cuba, India y Sri Lanka.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto a esas situaciones de injusticia, cuando no de violaci&oacute;n de los derechos humanos como factores desencadenantes de la situaci&oacute;n sanitaria actual (Beyrer, 1998: 84&#45;97), otros factores que se apuntan como influyentes en el retorno de las plagas est&aacute;n relacionados con los cambios ambientales y ecol&oacute;gicos (Hagget, 1994: 91&#45;104), especialmente los procesos de deforestaci&oacute;n y reforestaci&oacute;n, los cambios hidr&aacute;ulicos, las sequ&iacute;as (Prothero, 1994: 657&#45;664) o las lluvias torrenciales, entre otros desastres naturales (Dory, 1990: 177&#45;185). Tambi&eacute;n ha empezado a apuntarse al cambio clim&aacute;tico como otro factor a tener en cuenta en lo que se refiere a la extensi&oacute;n de determinadas enfermedades epid&eacute;micas, en especial la malaria, dengue, fiebre amarilla o c&oacute;lera, a zonas hasta ahora v&iacute;rgenes a las mismas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De especial significaci&oacute;n, al haber sido comprobado repetidamente, han tenido hist&oacute;ricamente y siguen teniendo las calamidades naturales. En fechas muy recientes se ha padecido un ejemplo bien dram&aacute;tico. A finales de octubre de 1998 el hurac&aacute;n Mitch asol&oacute; varios pa&iacute;ses centroamericanos, dejando decenas de miles de muertes y provocando una fuerte crisis sanitaria en sus territorios al repuntar el c&oacute;lera, el dengue y la leptospirosis. Cuatro a&ntilde;os antes, en septiembre de 1994, se desat&oacute; la peste en Surat, India. Su g&eacute;nesis tuvo mucho que ver con otra calamidad natural ocurrida un a&ntilde;o antes, un terremoto que mat&oacute; a m&aacute;s de 20 000 personas en el centro de ese pa&iacute;s y expuls&oacute; de la selva enjambres de ratas salvajes llenas de pulgas portadoras de la temible bacteria <i>Yersinia pestis.</i> Los roedores asaltaron m&aacute;s de cincuenta aldeas del distrito de Bid y llevaron consigo a las pulgas; cuando las ratas murieron a causa de la peste, las pulgas atacaron a la poblaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Situaciones como &eacute;sta se han repetido hist&oacute;ricamente y se seguir&aacute;n repitiendo, pues las calamidades naturales generan muertes, da&ntilde;os materiales y desorganizaci&oacute;n social entre otros males, al arrasar con vidas humanas y bienes materiales o sociales, aunque todo ello tambi&eacute;n depende de su intensidad y de los medios de amortiguaci&oacute;n de la sociedad que sufre sus ataques.<sup><a href="#notas">18</a></sup> En esa situaci&oacute;n, los microbios encuentran m&aacute;s facilidades para invadir y atacar al cuerpo humano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese sentido, Eric L. Jones ha mostrado las graves implicaciones que para el desarrollo de las sociedades han tenido hist&oacute;ricamente las calamidades naturales, entre las cuales habr&iacute;a que incluir a las plagas que aqu&iacute; estamos analizando. Aqu&eacute;llas gravaron a unas econom&iacute;as m&aacute;s que a otras con gastos generales en t&eacute;rminos de p&eacute;rdidas, da&ntilde;os y desorganizaci&oacute;n. Jones ha apuntado tambi&eacute;n que el control de las cat&aacute;strofes a escala nacional fue una de las m&aacute;s significativas acciones de los gobiernos europeos desde el siglo XVIII. Entre &eacute;stas se inclu&iacute;an la imposici&oacute;n de cuarentenas para frenar la difusi&oacute;n de enfermedades epid&eacute;micas entre los seres humanos o el establecimiento de cordones sanitarios para impedir los desplazamientos del ganado infectado. Este efecto modernizador de la acci&oacute;n estatal por el control de las calamidades, junto a la "notable haza&ntilde;a de cercenar el poder arbitrario, eliminando as&iacute; riesgos e incertidumbres, alentando la inversi&oacute;n productiva y promoviendo el crecimiento", explicar&iacute;an lo que Jones ha llamado el milagro europeo, resultado tanto de las fuerzas que promovieron el desarrollo como consecuencia de la eliminaci&oacute;n de sus impedimentos (Jones, 1990: 327; Livi Bacci, 1998: 66&#45;95 y Cipolla, 1993: 198). Igualmente, al objeto de extraer m&aacute;s conclusiones, cabe hacer alguna reflexi&oacute;n sobre otras respuestas a las calamidades en general, y a las plagas y epidemias en particular, ilustrativas asimismo de la complejidad y dificultad a la hora de articular soluciones.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, sobre la plaga de peste de Surat se pudo leer en la prensa que tras una semana de epidemia las basuras y los cad&aacute;veres segu&iacute;an en las calles. Los responsables municipales eran conscientes del riesgo, pero casi todos los barrenderos de la ciudad la hab&iacute;an abandonado tratando de salvar sus vidas. El problema ten&iacute;a fuertes connotaciones culturales y religiosas pues, se ha escrito,</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...si los barrenderos son harijans (hijos de Dios, tal como denomin&oacute; Gandhi a la casta intocable), &iquest;pueden otras castas ser barrenderos? Exterminar a las ratas, o las pulgas, tampoco fue tarea f&aacute;cil. Surat tiene una ampl&iacute;sima poblaci&oacute;n jainista, y los jainistas tratan de no matar a ning&uacute;n ser vivo (El Pa&iacute;s, 2 octubre 1994).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las autoridades locales tuvieron que traerse a un centenar de miembros de la tribu irula de Tamil Nad&uacute;, en el sudeste indio, acostumbrados a cazar ratas porque forman parte de su dieta tradicional.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por contraste, la concepci&oacute;n antropoc&eacute;ntrica del mundo occidental, la idea de que la naturaleza est&aacute; el servicio del hombre, ha hecho que hist&oacute;ricamente la visi&oacute;n sobre el medio ambiente haya sido bien distinta. En general, se ha establecido que esa idea, ciertamente arrogante, tiene un origen tan antiguo como nuestra civilizaci&oacute;n, sea en la l&iacute;nea estoica de la filosof&iacute;a griega o bien en la de la tradici&oacute;n judeocristiana. De un modo o de otro, lo cierto es que hist&oacute;ricamente se han intentado crear mecanismos para luchar contra un medio visto casi siempre como adverso y hostil (Glacken, 1996: 165). Por &uacute;ltimo, cabe decir que estas reflexiones no pretenden emitir juicios de valor sobre culturas contempor&aacute;neas diferentes, sino contrastar respuestas ante problemas similares. Todos sabemos que en la cultura occidental se han dado, y se siguen dando, respuestas irracionales frente a las calamidades naturales; pensemos en los exorcismos, en los procesos contra los animales da&ntilde;inos o en los votos religiosos, pruebas videntes de un ideario fatalista, a veces incluso dominante. Simplemente queremos afirmar la complejidad de la realidad social en la que suelen convivir las m&aacute;s variadas actitudes y respuestas frente a problemas parecidos o similares.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace pocos decenios la humanidad crey&oacute; que pod&iacute;a acabar con las plagas o por lo menos ponerlas bajo control; sin embargo, lo que se reconoce como el retorno de las plagas, de manera especial por culpa de la pandemia universal del sida, pero tambi&eacute;n de la tuberculosis, la malaria o el c&oacute;lera, ha roto aquella feliz previsi&oacute;n. Posiblemente esa creencia, la de que era posible combatir, controlar o erradicar esas plagas, ha debido de existir en otros momentos de la historia de la humanidad o por lo menos en la civilizaci&oacute;n occidental &#151;aqu&iacute; se debe pensar en el movimiento ilustrado, g&eacute;nesis del higienismo ochocentista&#151; y de manera especial a finales del siglo XIX, sobre todo con el nacimiento de la microbiolog&iacute;a. Esta disciplina, la base sobre la que se fund&oacute; la lucha contra las epidemias en el siglo XX, fue, asimismo, consecuencia de decisiones anteriores de car&aacute;cter filantr&oacute;pico, cient&iacute;fico o simplemente por miedo social. Igualmente, la salud p&uacute;blica, considerada un fen&oacute;meno transnacional, es decir, superadora de las fronteras pol&iacute;ticas &#151;y qu&eacute; mejor problema que el de las plagas para ponerla en pr&aacute;ctica&#151;, empez&oacute; a tenerse en cuenta hacia mediados del siglo XIX; en 1851 tuvo lugar en Par&iacute;s la primera conferencia sanitaria internacional. El siguiente paso en la misma direcci&oacute;n fue la firma del convenio de Roma de 1907, con la creaci&oacute;n del Office International d'Hygi&eacute;ne Publique, con el objeto de obtener informaci&oacute;n general sobre la salud p&uacute;blica de sus Estados miembros y en especial sobre las enfermedades infecciosas. Algunos progresos importantes se consiguieron gracias a ese esp&iacute;ritu positivista, de manera especial en la lucha contra la fiebre amarilla, el c&oacute;lera, la malaria y la tuberculosis. Entre sus logros cabe incluir el de la estandarizaci&oacute;n biol&oacute;gica o la puesta en marcha de los fundamentos de la higiene industrial y de la construcci&oacute;n y administraci&oacute;n de hospitales con nuevos patrones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente pelda&ntilde;o organizativo de verdadera trascendencia para mejorar la salud mundial se produjo despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, bajo el paraguas de la Organizaci&oacute;n de Naciones Unidas, dando lugar a la fundaci&oacute;n, en abril de 1948, de la OMS. Esos a&ntilde;os fueron de consolidaci&oacute;n de una medicina basada en los antibi&oacute;ticos y en un esp&iacute;ritu sanitarista, de reafirmaci&oacute;n de una filosof&iacute;a m&eacute;dica apoyada en la idea del dominio de la civilizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica occidental. Las luces de la misma han sido de gran intensidad; sin duda, se puede afirmar que en ninguna &eacute;poca de la historia la humanidad ha conseguido parecido &eacute;xito ecobiol&oacute;gico frente a algunos de sus m&aacute;s temibles enemigos, los microbios. Las sombras, en lo que se refiere al retorno de las plagas, no las provocan tanto los microbios como los hombres mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las certidumbres del conocimiento, del que la obra hist&oacute;rica ya citada de Eric L. Jones es un ejemplo magn&iacute;fico, ha llevado a este &uacute;ltimo apartado y nos va a obligar a hacer las &uacute;ltimas precisiones. La conclusi&oacute;n fundamental deber&iacute;a ser que las enfermedades epid&eacute;micas no son atributos ineludibles de la condici&oacute;n humana sino, en parte, resultado de decisiones de naturaleza social. Hay que exceptuar, l&oacute;gicamente, el hecho en s&iacute; de la evoluci&oacute;n de los propios agentes pat&oacute;genos, de la que ya hemos hablado, y en la que tampoco est&aacute; excluida la mano del hombre. Sin duda, en el futuro aparecer&aacute;n nuevos elementos de peligro, ya que siempre que el hombre transforma de manera dr&aacute;stica su entorno, corre el riesgo de estar creando condiciones de vida favorables para el desarrollo de nuevos enemigos procedentes del mundo de los microorganismos. Por ejemplo, la <i>Legionella</i> es tan o m&aacute;s antigua que la misma humanidad; sin embargo, la legionelosis o enfermedad del legionario s&oacute;lo ha aparecido con nuestros modernos h&aacute;bitos de vida al convertir al microbio en un agente pat&oacute;geno. Otras epidemias de las denominadas emergentes, con una g&eacute;nesis similar, ya han sido nombradas en el apartado uno. O pensemos una vez m&aacute;s en las plagas reemergentes, como la peste, con sus inmensos reservorios incontrolados existentes en las madrigueras de roedores de Asia central, &Aacute;frica o Am&eacute;rica. O en la viruela, que nos obliga a plantearnos algunas preguntas; esta enfermedad aparentemente ha sido erradicada, pero como hay infecciones v&iacute;ricas de otros animales estrechamente relacionadas con ella, como la del mono, tambi&eacute;n existentes en el camello, la cabra o el b&uacute;falo, es dif&iacute;cil creer que el virus de la viruela humana, u otros susceptibles de transformarse en &eacute;l, hayan desaparecido para siempre de los reservorios animales de donde suponemos que salieron en un principio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;sos y otros ejemplos se pueden poner, el m&aacute;s llamativo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido el sida. En este sentido, una cuesti&oacute;n importante es el hecho de que las drogas contra los par&aacute;sitos, utilizadas en estos &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os, posiblemente no tendr&aacute;n el mismo relieve en el futuro, pues los microorganismos causantes de la neumon&iacute;a, la tuberculosis o la malaria, entre otras, son cada vez m&aacute;s resistentes a las m&aacute;s poderosas medicinas. No obstante, hay que se&ntilde;alar que este problema posiblemente s&oacute;lo tenga soluci&oacute;n, aunque siempre con fecha de caducidad, en el marco de la investigaci&oacute;n microbiol&oacute;gica, en el laboratorio. Y &eacute;ste requiere medios humanos y materiales, l&oacute;gicamente. Lo que no todos los gobiernos parecen estar dispuestos a dar. Por otro lado, frente al concepto de erradicaci&oacute;n de la enfermedad infecciosa quiz&aacute; sea m&aacute;s &uacute;til pensar en la idea de su control, pues incluso su aparente desaparici&oacute;n no es garant&iacute;a de que se haya ido para siempre. Todas estas ideas deben ser enlazadas con las que hacen referencia expl&iacute;cita a la responsabilidad social frente a las plagas. Una responsabilidad que debe ser asumida en primer lugar por los Estados y organismos internacionales, con la tarea de llevar a cabo una clara funci&oacute;n correctora y redistributiva. No valen componendas como las acciones de las denominadas organizaciones humanitarias (ONG), en el fondo una privatizaci&oacute;n encubierta de la sanidad y de otras obligaciones de los Estados. El objetivo debe ser corregir los problemas desde la ra&iacute;z. Uno de ellos: las brechas entre el <i>status</i> sanitario de los pa&iacute;ses ricos y el de los pobres, y tambi&eacute;n las brechas en el interior de cada pa&iacute;s, tanto en un caso como en otro tan anchas como hace medio siglo, con la tendencia a agrandarse todav&iacute;a m&aacute;s seg&uacute;n la OMS. Esta instituci&oacute;n est&aacute; reclamando que la salud sea considerada un problema global, como un componente esencial del proceso de continua globalizaci&oacute;n mundial, que sea incluida en los mismos t&eacute;rminos que lo es el comercio, los servicios, la inversi&oacute;n extranjera o el mercado de capitales. La experiencia demuestra, adem&aacute;s, que la reducci&oacute;n de los gastos en la lucha contra las enfermedades infecciosas provoca el retorno de las mismas, particularmente teniendo en cuenta el proceso de globalizaci&oacute;n de los riesgos que est&aacute; generando el tr&aacute;nsito universal de personas y mercanc&iacute;as. Hay que recalcar, una vez m&aacute;s, que la amenaza de las enfermedades infecciosas no est&aacute; limitada al Tercer Mundo ni mucho menos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco hay que desde&ntilde;ar la importancia de otros factores, como el estudio de los impactos ecol&oacute;gicos sobre las plagas, las cuestiones relacionadas con su percepci&oacute;n o la educaci&oacute;n para la salud, entre otras cuestiones. Por ejemplo, el control de algunas enfermedades como el sida, se&ntilde;ala la OMS, depende, en primer lugar, del reconocimiento de la escala de la amenaza y del compromiso pol&iacute;tico para contrarrestarlas, pero un aspecto clave de los programas nacionales contra la enfermedad debe ser la intervenci&oacute;n dirigida a la educaci&oacute;n sexual, el uso de m&eacute;todos seguros en la pr&aacute;ctica del sexo o la creaci&oacute;n de las condiciones para facilitar un cambio de actitud frente a la enfermedad. Lo que parece a todas luces dif&iacute;cil de entender, a tenor de los conocimientos cient&iacute;ficos actuales, es que &eacute;sta y otras enfermedades de las ya mencionadas est&eacute;n condicionando gravemente la marcha demogr&aacute;fica de la humanidad. A lo que parece, la ONU ha empezado a revisar dr&aacute;sticamente sus previsiones de crecimiento demogr&aacute;fico para el siglo XXI. En especial, el sida puede acabar provocando, seg&uacute;n los expertos, una verdadera revoluci&oacute;n en el campo de las tendencias demogr&aacute;ficas; en &Aacute;frica se est&aacute; reduciendo la esperanza de vida en unos 20 a&ntilde;os por culpa de la enfermedad. Y no es de extra&ntilde;ar, seg&uacute;n la OMS, que en este continente la inversi&oacute;n en sanidad est&eacute; cesando virtualmente. En los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos, incluso en Europa, la segregaci&oacute;n sanitaria no ha hecho m&aacute;s que aumentar en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pol&iacute;ticas que a corto y medio plazos s&oacute;lo pueden traer m&aacute;s sombras y m&aacute;s desastres colectivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luca Cavalli&#45;Sforza ha denunciado esta pol&iacute;tica suicida al se&ntilde;alar que en estos momentos est&aacute;n funcionando a escala mundial todos los frenos del antiguo r&eacute;gimen demogr&aacute;fico; una epidemia que todav&iacute;a no hemos logrado controlar, el sida, una malnutrici&oacute;n extrema que asola a m&aacute;s de 1000 millones de personas, y un n&uacute;mero inaudito de guerras civiles y religiosas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARRIZABALAGA, Jon, 1995, La construcci&oacute;n de la sida: de la "pesta dels gais" a la malaltia dels "altres", in <i>Actes de les III Trobades d 'Historia de la Ciencia i de la T&eacute;cnica als Pa&iacute;sos Catalans,</i> Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625342&pid=S1405-7425200100030001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AZNAREZ, Mal&eacute;n, 1998, "El retorno de una epidemia medieval", en <i>El Pa&iacute;s,</i> 27 y 28 mayo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BALTIMORE, D. &amp; Heilman, C., 1998, "Vacunas contra el VIH: dificultades y perspectivas", en <i>Investigaci&oacute;n y Ciencia,</i> n&uacute;m. 264.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625345&pid=S1405-7425200100030001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BEARDSLEY, T., 1998, "Dilemas &eacute;ticos", en <i>Investigaci&oacute;n y Ciencia,</i> septiembre n&uacute;m. 264.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625347&pid=S1405-7425200100030001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BECK, Ulrich Beck, 1998, <i>&iquest;Qu&eacute; es la globalizaci&oacute;n? Falacias del globalismo, respuestas a la globalizaci&oacute;n,</i> editorial Paid&oacute;s, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625349&pid=S1405-7425200100030001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BEYRER, C., 1998, "Burma and Cambodia: human rights, social disruption, and the spread of HIV/aids", in <i>Health and Human Rights,</i> vol. 2, n&uacute;m. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625351&pid=S1405-7425200100030001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BONGAARTS, J., 1996, "Global trends in aids mortality", in <i>Population and Development Review,</i> vol. 22, n&uacute;m. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625353&pid=S1405-7425200100030001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BRAUDEL, Fernand, s/f, <i>Civilisationmat&eacute;rielle, &eacute;conomie et capitalisme, XVe&#45;XVIIIe si&eacute;cle,</i> 3. Le temps du monde, Armand Colin, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625355&pid=S1405-7425200100030001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BROWN, T. &amp; Xenos, P., 1994, "Aids in Asia: the gathering storm", in <i>Asia Pacific Issues,</i> n&uacute;m. 16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625357&pid=S1405-7425200100030001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUJ, Antonio, 1996, <i>El Estado y el control de plagas agr&iacute;colas. La lucha contra la langosta en la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea,</i> Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentaci&oacute;n, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625359&pid=S1405-7425200100030001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUJ, Antonio, 1997, "Los desastres naturales y la geograf&iacute;a contempor&aacute;nea", en <i>Estudios Geogr&aacute;ficos,</i> octubre&#45;diciembre, vol. LVIII, n&uacute;m. 229.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625361&pid=S1405-7425200100030001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BURNET, Macfarlane and David O. White, 1982, <i>Historia natural de la enfermedad infecciosa,</i> Alianza Universidad, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625363&pid=S1405-7425200100030001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CAPEL, Horacio, 1998, "Algunas preguntas y reflexiones sobre globalizaci&oacute;n y crecimiento end&oacute;geno", en <i>Trimestre Geogr&aacute;fico,</i> XV Congreso Colombiano de Geograf&iacute;a, agosto, n&uacute;m. 17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625365&pid=S1405-7425200100030001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CAPRA, Fritjof, 1998, <i>La trama de la vida. Una nueva perspectiva de los sistemas vivos,</i> Anagrama, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625367&pid=S1405-7425200100030001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CARRI&Oacute;N, Ignacio <i>et al.,</i> 1995, "&Eacute;bola mata de nuevo", en <i>El Pa&iacute;s,</i> domingo, 21 mayo 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625369&pid=S1405-7425200100030001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CASTELLS, Manuel, 1998, <i>La era de la informaci&oacute;n. Econom&iacute;a, sociedad y cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625371&pid=S1405-7425200100030001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CIPOLLA, Carlo M., 1993, <i>Contra un enemigo mortal e invisible,</i> Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625373&pid=S1405-7425200100030001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CLIFF, A.D. &amp; Smallman&#45;Raynor, M.R., 1992, "The aids pandemic: global geographical patterns and local spatial processes", in <i>The Geographical Journal,</i> julio, vol. 158, n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625375&pid=S1405-7425200100030001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CROSBY, Alfred W., 1988, <i>Imperialismo ecol&oacute;gico. La expansi&oacute;n biol&oacute;gica de Europa, 900&#45;1900,</i> editorial Cr&iacute;tica, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625377&pid=S1405-7425200100030001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CROSBY, Alfred W., 1993, <i>Germs, seeds &amp; animals. Studies in Ecological History,</i> M.E. Sharpe, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625379&pid=S1405-7425200100030001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CUETO, Marcos, 1997, <i>El regreso de las epidemias. Salud y sociedad en el Per&uacute; del siglo XX,</i> Instituto de Estudios Peruanos, Lima.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625381&pid=S1405-7425200100030001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CURTO de Casa, Susana &amp; Rolando Boffi, 1992, "Malaria reinfestation on the northern border of Argentina", in <i>GeoJournal,</i> vol. 26, num. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625383&pid=S1405-7425200100030001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CHIN, J., 1995, "Scenarios for the aids epidemic in Asia. Asia", in <i>Pacific Population Research Reports,</i> n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625385&pid=S1405-7425200100030001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DIAMOND, Jared, 1998, Armas, g&eacute;rmenes y acero. La sociedad humana y sus destinos, editorial Debate, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625387&pid=S1405-7425200100030001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DIESFELD, H.J., 1997, "Malaria auf dem Vormarsch? Die Epidemiologie der Malaria, 100 Jahre nach der Aufklarung ihrer Ubertragung", in <i>Geographische Rundschau,</i> vol. 49, n&uacute;m. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625389&pid=S1405-7425200100030001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DORY, D., 1990, "Catastrophes et sant&eacute; dans le tiers&#45;monde, une approche g&eacute;ographique", dans <i>Bulletin Association de G&eacute;ographes Frangais,</i> n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625391&pid=S1405-7425200100030001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ECHEVERRI D&aacute;vila, Beatriz, 1993, La gripe espa&ntilde;ola. La pandemia de 1918&#45;1919, CIS&#45;Siglo XXI, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625393&pid=S1405-7425200100030001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ELLMAN, M., 1994, "The increase in death and disease under "katastroika", in <i>Cambridge Journal of Economics,</i> vol. 18, n&uacute;m. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625395&pid=S1405-7425200100030001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">EL PA&Iacute;S SEMANAL, Domingo 10 enero 1999, n&uacute;m. 1163.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625397&pid=S1405-7425200100030001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FIELD, M. G., 1995, "The health crisis in the former Soviet Union: a report from the "post&#45;war" zone", in <i>Social Science &amp; Medicine,</i> vol. 41, n&uacute;m. 11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625399&pid=S1405-7425200100030001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GLACKEN, Clarence J., 1996, <i>Huellas en la playa de Rodas. Naturaleza y pensamiento occidental desde la Antig&uuml;edad hasta el siglo XVIII,</i> ediciones del Serbal, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625401&pid=S1405-7425200100030001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">GONZ&Aacute;LEZ Calero, C&eacute;sar, 1995, "Chagas. El mal de los pobres", en <i>El Pa&iacute;s,</i> domingo, 26 marzo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GOULD, Peter &amp;Joseph Kabel, 1990, "La epidemia de sida desde una perspectiva geogr&aacute;fica", en <i>Geo Cr&iacute;tica,</i> septiembre, n&uacute;m. 89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625404&pid=S1405-7425200100030001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GOULD, Peter, 1993, <i>The slow plague: a geography of the aids pandemic,</i> Oxford, Gran Breta&ntilde;a&#45;Cambridge, Estados Unidos: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625406&pid=S1405-7425200100030001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GRATZ, N.G., 1997, "The burden of rodent&#45;borne disease in Africa south of the Sahara", dans <i>Belgian Journal of Zoology,</i> n&uacute;m. 127.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625408&pid=S1405-7425200100030001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GUTHMANN, J. P., 1995, "Epidemic cholera in Latin America: spread and routes of transmission", in <i>Journal of Tropical Medicine &amp; Hygiene,</i> vol. 98, n&uacute;m. 6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625410&pid=S1405-7425200100030001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HAGGET, Peter., 1994, "Geographical aspects ofthe emergence of infectious diseases", in <i>Geografiska Annaler,</i> vol. 76&#45;B, n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625412&pid=S1405-7425200100030001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HATCH, D.L. <i>et al.,</i> 1994, "Epidemic cholera during refugee resettlement in Malawi", in <i>International Journal of Epidemiology,</i> vol. 23, n&uacute;m. 6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625414&pid=S1405-7425200100030001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HUMPHREYS, Margaret, 1997, "The tuberculosis: the consumption and civilization", in Kenneth F. Kiple, <i>Plague, pox and pestilence. Disease in history,</i> Weidenfeld &amp; Nicolson, London.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625416&pid=S1405-7425200100030001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">JOHNSON, Marguerite., 1993, "Malaria: it's back", in <i>Time,</i> 31 mayo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JONES, Eric L., 1990, <i>El milagro europeo. Entorno, econom&iacute;a y geopol&iacute;tica en la historia de Europa y Asia,</i> Alianza Universidad, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625419&pid=S1405-7425200100030001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KARLEN, Arno, 1995, <i>Plague's progress. A social history of man and disease,</i> Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625421&pid=S1405-7425200100030001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KLOOS, H. &amp; Zein, Z.A., 1991, "Aids and other STDs in Ethiopia: historical, social and epidemiologicals aspects", in <i>African Urban Quarterly,</i> vol. 6, n&uacute;m. 1&#45;2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625423&pid=S1405-7425200100030001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KONDE&#45;Lule, J.K., 1991, "The effects of urbanization on the spread of aids in Africa", in <i>African Urban Quarterly,</i> vol. 6, n&uacute;m. 1&#45;2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625425&pid=S1405-7425200100030001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KRAUSE, R.M., 1992, "The origin of plagues: old and new", <i>Science,</i> vol. 257, n&uacute;m. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625427&pid=S1405-7425200100030001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KURZ, X., 1990, "The yellow fever epidemic in western Mali, September&#45;November 1987: why did epidemiological surveillance fail?", in <i>Disasters,</i> vol. 14, n&uacute;m. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625429&pid=S1405-7425200100030001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LA SOCIEDAD red, 1998, Alianza Editorial, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625431&pid=S1405-7425200100030001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LIVI Bacci, Massimo, 1999, <i>Historia de la poblaci&oacute;n europea,</i> Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625433&pid=S1405-7425200100030001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MANN, J.M. &amp; Tarantola, D.J.M., 1998, "Panor&aacute;mica del sida en 1998", en <i>Investigaci&oacute;n y Ciencia,</i> septiembre, n&uacute;m. 264.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625435&pid=S1405-7425200100030001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARGALEF, Ram&oacute;n, 1992, <i>Planeta azul, planeta verde,</i> Prensa Cient&iacute;fica, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625437&pid=S1405-7425200100030001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARGULIS y Sagan, 1995, <i>Microcosmos: cuatro mil millones de a&ntilde;os de evoluci&oacute;n desde nuestros ancestros microbianos,</i> Tusquets, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625439&pid=S1405-7425200100030001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McGIRK, Tim, 1994, "Un azote medieval entre rascacielos", en <i>El Pa&iacute;s,</i> 2 octubre. McKEOWN, Thomas, 1990, <i>Los or&iacute;genes de las enfermedades humanas,</i> Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625441&pid=S1405-7425200100030001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McNEILL, William, 1984, <i>Plagas y pueblos,</i> Siglo XXI, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625443&pid=S1405-7425200100030001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McNEILL, William, 1992, <i>The global condition. Conquerors, catastrophes &amp; community,</i> Princeton University Press, New Jersey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625445&pid=S1405-7425200100030001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MERTENS, T.E. &amp; Low&#45;Beer, D., 1997, "&iquest;Hacia d&oacute;nde se encamina la epidemia de infecci&oacute;n por VIH y sida?" en <i>Revista Panamericana de Salud P&uacute;blica,</i> vol. 1, n&uacute;m. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625447&pid=S1405-7425200100030001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MHLANGA, J.D.M., 1996, "Sleeping sickness: perspectives in African tripanosomiasis", in <i>Science Progress,</i> vol. 79, n&uacute;m. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625449&pid=S1405-7425200100030001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MILLER, N., 1991, "Losing the struggle against aids: policy issues in Africa's urban and rural dilemma", in <i>African Urban Quarterly,</i> vol. 6, n&uacute;m. 1&#45;2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625451&pid=S1405-7425200100030001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MONTAGNIER, Luc, 1995, <i>Sobre virus y hombres. La carrera contra el sida,</i> Alianza Editorial, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625453&pid=S1405-7425200100030001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&Aacute;JERA, Rafael, 1997, <i>Sida. Respuestas y orientaciones,</i> Aguilar, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625455&pid=S1405-7425200100030001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NAVARRO, Vicenf, 1998, <i>Neoliberalismo y Estado del bienestar,</i> Ariel, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625457&pid=S1405-7425200100030001000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PASSMORE, John, 1978, <i>La responsabilidad del hombre frente a la naturaleza,</i> Alianza Universidad, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625459&pid=S1405-7425200100030001000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROTHERO, R.M., 1994, "Forced movements of population and health hazards in tropical Africa", in <i>International Journal of Epidemiology,</i> vol. 23, n&uacute;m. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625461&pid=S1405-7425200100030001000059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROTHERO, R.M., 1995a, "Malaria in Latin America: environmental and human factors", in <i>Bulletin of Latin America Research,</i> vol. 14, n&uacute;m. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625463&pid=S1405-7425200100030001000060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROTHERO, R.M., 1995b, "Malaria in the nineties", in <i>Geography,</i> vol. 80, n&uacute;m. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625465&pid=S1405-7425200100030001000061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RODIER, G.R., <i>et al.,</i> 1995, "Recurrence and emergence of infectious diseases in Djibouti City", in <i>Bulletin World Health Organisation,</i> vol. 73, n&uacute;m. 6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625467&pid=S1405-7425200100030001000062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SHKOLNIKOV, Vladimir <i>et al.,</i> 1995, "La crise sanitaire en Russie. I. Tendences r&eacute;centes de l'esp&eacute;rance de vie et des causes de d&eacute;c&eacute;s de 1970 &aacute; 1993", in <i>Population,</i> vol. 50, nums. 4&#45;5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625469&pid=S1405-7425200100030001000063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TORRES, M.I., 1997, "Impact of an outbreak of dengue fever: a case study from rural Puerto Rico", in <i>Human Organization,</i> vol. 56, n&uacute;m. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625471&pid=S1405-7425200100030001000064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">URTEAGA, Luis, 1987, <i>La tierra esquilmada. Las ideas sobre la conservaci&oacute;n de la naturaleza en la cultura espa&ntilde;ola del siglo XVIII,</i> Serbal/CSIC, Barcelona&#45;Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625473&pid=S1405-7425200100030001000065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WILSON, Leonard G., 1990, "The historical decline of tuberculosis in Europe and America: its causes and significance", in <i>Journal of the History of Medicine and Allied Sciences,</i> vol. 45, n&uacute;m. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625475&pid=S1405-7425200100030001000066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WORLD HEALTH ORGANIZATION, 1998, <i>The World Health Report 1998. Live in the 21st century. A vision for all,</i> World Health Organization, Ginebra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625477&pid=S1405-7425200100030001000067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">YAMAZAKI, K., 1994, "Current situation of malaria in Japan and its prevention", in <i>International Journal of Environmental Health Research,</i> vol. 4, n&uacute;m. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5625479&pid=S1405-7425200100030001000068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>*</sup> Este trabajo se ha realizado aprovechando una licencia por estudios, concedida por el Departament d'Ensenyament (Generalitat de Catalunya) para el curso 1998&#45;1999, y que tiene como objetivo principal hacer un trabajo de investigaci&oacute;n pedag&oacute;gica sobre "El retorno de las plagas. El contexto medio ambiental de tres plagas actuales: la langosta, la malaria y el sida".</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Una primera aproximaci&oacute;n a las ideas que se van a plantear aqu&iacute; est&aacute; en Buj, 1997; otros trabajos del autor en esa l&iacute;nea est&aacute;n en la p&aacute;gina web: <a href="http://www.ub.es/geocrit/menu.htm" target="_blank">http://www.ub.es/geocrit/menu.htm</a>.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> V&eacute;anse, por ejemplo, dos trabajos recientes: Cueto, 1997 y Karlen, 1995.</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> V&eacute;ase tambi&eacute;n la p&aacute;gina web de la OMS (<a href="http://www.who.ch" target="_blank">www.who.ch</a>) y de manera especial la versi&oacute;n electr&oacute;nica del semanario <i>Weekly Epidemiological Record/Relev&eacute; &eacute;pid&eacute;miologique hebdomadaire</i> (<a href="www.who.ch/wer/wer home.htm" target="_blank">www.who.ch/wer/wer home.htm</a>).</font></p>         	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> V&eacute;ase tambi&eacute;n el diario El Pa&iacute;s, 21 agosto 1993, dando cuenta de los m&aacute;s de 4 000 afectados y 107 muertos por la difteria en Rusia en ese a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> En el informe de la OMS aparecen los siguientes pa&iacute;ses catalogados como econom&iacute;as de mercado desarrollado: Alemania, Andorra, Australia, Austria, B&eacute;lgica, Canad&aacute;, Dinamarca, Espa&ntilde;a, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Gran Breta&ntilde;a, Grecia, Holanda, Irlanda, Islandia, Italia, Jap&oacute;n, Luxemburgo, M&oacute;naco, Noruega, Nueva Zelanda, Portugal, San Marino, Suecia y Suiza. Los otros pa&iacute;ses est&aacute;n encuadrados en otras categor&iacute;as: econom&iacute;as en transici&oacute;n, en v&iacute;as de desarrollo y en pa&iacute;ses menos desarrollados.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Se trata de una s&iacute;ntesis hist&oacute;rica sobre la enfermedad, acompa&ntilde;ada de una bibliograf&iacute;a seleccionada. La mayor&iacute;a de las plagas que nos interesan aqu&iacute; tienen el mismo tratamiento en la obra editada por K.F. Kiple.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> El c&oacute;lera como consecuencia de asentamientos precarios de poblaci&oacute;n refugiada, en Hatch, 1994, 292&#45;299.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Un estudio detallado sobre la plaga en Per&uacute;, en Cueto, 1997: 173. V&eacute;ase tambi&eacute;n Aznarez, 1998, en los que se apunta a la pobreza y la insalubridad como los causantes de la plaga.</font></p>         	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> El impacto medi&aacute;tico de la plaga puede verse en todos los diarios de finales de setiembre y principios de octubre de 1994. Por ejemplo en McGirk, 1994.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> V&eacute;ase al respecto las diversas p&aacute;ginas web sobre la enfermedad. Adem&aacute;s de la de la OMS ya mencionada o la del Instituto Pasteur (<a href="http://www.pasteur.fr/search/Pasteur&#45;en.htm" target="_blank">www.pasteur.fr/search/Pasteur&#45;en.htm</a>), existen p&aacute;ginas espec&iacute;ficas: Critpath (<a href="http://www.critpath.org" target="_blank">www.critpath.org</a>), Boehringer (<a href="http://www.Boehringer&#45;Ingelheim.es" target="_blank">www.Boehringer&#45;Ingelheim.es</a>), Prous (<a href="http://www.prous.com/ttmsida" target="_blank">www.prous.com/ttmsida</a>) entre otras.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> La dram&aacute;tica situaci&oacute;n que se reflej&oacute; en las zonas afectadas puede verse en Crri&oacute;n <i>et al.,</i> 1995: 1&#45;4.</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> La bibliograf&iacute;a sobre la enfermedad es cuantiosa. V&eacute;ase, por ejemplo, la obra del director del equipo descubridor del virus de la enfermedad, Montagnier, 1995: 255. Tambi&eacute;n N&aacute;jera, 1997: 168. Trabajos m&aacute;s espec&iacute;ficamente geogr&aacute;ficos en Gould, 1990: 55 y Gould, 1993: xvi&#45;228; Cliff, 1992: 182&#45;198.</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Las tesis de Margulis y Sagan en Microcosmos: 4000 millones de a&ntilde;os de evoluci&oacute;n desde nuestros ancestros microbianos.</font></p>         	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Un estudio ya cl&aacute;sico sobre la "rudeza tecnol&oacute;gica de Occidente" y su g&eacute;nesis frente a otras tradiciones ecol&oacute;gico&#45;culturales es el de Passmore, 1978: 237. Desde la geograf&iacute;a son esenciales las obras de Glacken, 1996: 729 y Urteaga, 1987: 221)</font></p>                 <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Una obra, sin duda can&oacute;nica, sobre el impacto de las plagas en las sociedades humanas a lo largo de la historia es la de McNeill, 1984: viii&#45;313. La letra gruesa de las tesis de Diamond, y de otros autores que aparecen aqu&iacute;, es deudora de la obra de McNeill, 1992: 171.</font></p>                 <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Por ejemplo, el Centro de Control y Prevenci&oacute;n de Enfermedades de Atlanta (EEUU), uno de los m&aacute;s importantes del mundo al contar con varios miles de investigadores, dispon&iacute;a recientemente de los mismos recursos econ&oacute;micos que 12 a&ntilde;os antes. (Carri&oacute;n, 1995: 2; Cueto, 1997: 225 y World Health Organization, 1998: 115).</font></p>             	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre la globalizaci&oacute;n y una de sus consecuencias, el denominado Estado m&iacute;nimo est&aacute; en Beck, 1998: 224. La globalizaci&oacute;n como idea neoliberal, justificante de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de reducci&oacute;n del papel del Estado del bienestar est&aacute; en Navarro, 1998: 294, y Castells, 1998: 93 ss.</font></p>                 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> V&eacute;ase Buj, 1996: 348. Esta plaga, la langosta, s&oacute;lo pudo ser controlada en Espa&ntilde;a cuando el Estado dispuso los suficientes medios humanos y materiales para su combate. Hist&oacute;ricamente ha generado hambrunas y ha sido acusada de generar pestilencia y epidemias en general.</font></p>                 	    <p align="justify">&nbsp;</p>                 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor </b></font></p>                 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Antonio Buj Buj.</b> Licenciado en Historia Contempor&aacute;nea y Maestro y Doctor en Geograf&iacute;a Humana por la Universidad de Barcelona en donde se desempe&ntilde;a como investigador. Ha recibido la beca Erasmus de la Universidad de Lisboa y la beca CIRIT de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de Par&iacute;s. Sus temas de investigaci&oacute;n versas sobre la historia contempor&aacute;nea de Espa&ntilde;a, historia de la ciencia, problemas ambientales, riesgos y plagas agr&iacute;colas, epidemias y retorno de plagas. Sus publicaciones m&aacute;s recientes son "Los riesgos epid&eacute;micos actuales desde la perspectiva geogr&aacute;fica" y "El reto de las epidemias en Iberoam&eacute;rica ante el nuevo milenio", ambos publicados en los n&uacute;meros 39 y 45 de la revista electr&oacute;nica <i>Scripta Nova</i> (<a href="http://www.ab.es/geocrit" target="_blank">http://www.ab.es/geocrit</a>) de la Universidad de Barcelona; "La langosta, Riesgo Universal, calamidad regional", en <i>Mundo Cient&iacute;fico</i>, n&uacute;m. 204, 1999, y El retorn de les plagues. <i>El contexti medi ambiental de tres plagues actuals: la llangosta, la m&agrave;laria i la sida</i>, en prensa. </font></p>                 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:abuj1@pie.xtec.es">abuj1@pie.xtec.es</a></font></p>      ]]></body><back>
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