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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La industria peronista, 1946-1955: políticas públicas y cambio estructural]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Claudio Belini, <i>La industria peronista, 1946&#150;1955: pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y cambio estructural</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hern&aacute;n Gonz&aacute;lez Bollo*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Buenos Aires, EDHASA, 2009, 220 pp</b>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Instituto de Estudios Hist&oacute;ricos y Sociales&#150;CONICET</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El derrotero de la industria argentina est&aacute; dominado por expectativas frustradas y una recurrente evaluaci&oacute;n negativa sobre sus resultados a largo plazo, en especial respecto de su capacidad para desarrollarse de forma aut&oacute;noma, a pesar de la dotaci&oacute;n de los recursos humanos y naturales. Frente a una agricultura y una ganader&iacute;a competitivas en el mercado internacional, la actividad secundaria dej&oacute; de ser un ap&eacute;ndice de ambas para formar parte de la agenda pol&iacute;tica. Si ello ocurri&oacute; t&iacute;midamente en los a&ntilde;os veinte, en la d&eacute;cada siguiente el parque industrial preexistente se vio beneficiado por el h&iacute;brido de pol&iacute;tica econ&oacute;mica que inclu&iacute;a medidas cambiarias, fiscales y monetarias para reactivar la econom&iacute;a. Lo cierto es que a principios de los cuarenta la inversi&oacute;n p&uacute;blica aceler&oacute; la industrializaci&oacute;n nativa (que lideraba un incipiente intercambio comercial de bienes no tradicionales), al punto que super&oacute; a las actividades primarias. Mientras, la segunda guerra mundial profundiz&oacute; el debate sobre el papel de la entera rama secundaria en la inmediata posguerra. Las herramientas de gesti&oacute;n p&uacute;blica creadas por el conservadurismo en la <i>d&eacute;cada infame </i>(1930&#150;1943) fueron heredadas por la elite peronista, conformando la plataforma desde la cual esta apost&oacute; a una industrializaci&oacute;n basada en el crecimiento del mercado interno y la planificaci&oacute;n de metas productivas. Claudio Belini da cuenta de que detr&aacute;s de tales metas se articul&oacute; una trama compuesta por organismos p&uacute;blicos, pol&iacute;ticas e incentivos sectoriales. Ella estaba en constante interacci&oacute;n con una amplia variedad de intereses empresariales, inmersa en un contexto pol&iacute;tico y econ&oacute;mico cambiante.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante las cl&aacute;sicas referencias a las pol&iacute;ticas globales (Consejo Nacional de Posguerra, Primer y Segundo Plan Quinquenal), junto con las reconstrucciones de climas de ideas (crisis de posguerra, doctrina de Defensa Nacional, difusi&oacute;n del <i>New Deal</i>), la originalidad de la investigaci&oacute;n de Belini reside en profundizar el an&aacute;lisis desagregado por sectores fabriles. De esta manera, enfatiza en los prop&oacute;sitos iniciales y la puesta en marcha de programas puntuales (sin olvidar los problemas derivados de tales iniciativas), para evaluar el impacto productivo y laboral. La obra tiene como eje transversal el uso de la categor&iacute;a <i>autonom&iacute;a enraizada</i>, desarrollada por Peter Evans, una alternativa viable a la categor&iacute;a <i>autonom&iacute;a relativa </i>(cuya consecuencia metodol&oacute;gica es la concepci&oacute;n de un Estado nacional aislado de la sociedad), a fin de definir las relaciones entre las burocracias y los empresarios mediante fluidos canales de comunicaci&oacute;n para negociar metas y reformular objetivos. El autor matiza la visi&oacute;n can&oacute;nica, pues descarta que estemos frente a una pol&iacute;tica industrial, originalmente con fines aut&aacute;rquicos. En realidad, las crisis de la balanza comercial (1949) y la escasez de d&oacute;lares (1952) obraron a favor de la profundizaci&oacute;n del proteccionismo, a trav&eacute;s de permisos previos de cambio, cuotas de importaci&oacute;n, etc. Por otra parte, Belini relativiza la visi&oacute;n normativa que impone la utilizaci&oacute;n del t&eacute;rmino <i>pol&iacute;tica industrial</i>, si bien reconoce que el peronismo impuso en definitiva el giro copernicano a favor del sector secundario. La promoci&oacute;n del crecimiento manufacturero supuso un amplio repertorio de instrumentos: cr&eacute;ditos, controles sobre las importaciones, tipos de cambio diferenciales, reg&iacute;menes de promoci&oacute;n sectorial, en medio del deterioro de las reservas monetarias y las desconfianzas mutuas entre las autoridades financieras nativas y el capital extranjero. Dicha promoci&oacute;n refleja un orden de prioridades con objetivos excesivamente optimistas &#151;dando por sentada la potencialidad expansiva del mercado interno&#151; que otorgaban cierto poder de decisi&oacute;n a las burocracias en medio de los continuos conflictos entre los grupos que compon&iacute;an la elite en el poder (din&aacute;mica pol&iacute;tica a la que, por otra parte, no escaparon). El autor analiza seis ramas industriales, en este orden: siderurgia, automotriz, maquinaria agr&iacute;cola, artefactos para el hogar, textil y cemento. El orden de presentaci&oacute;n que sigue el autor no es explicado: &iquest;por qu&eacute; deben alinearse al principio dos actividades capital&#150;intensivas (flamantes part&iacute;cipes de las ambiciosas metas de los planes justicialistas) y al final otras dos trabajo&#150;intensivas (con antecedentes previos)?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay duda de que, en sinton&iacute;a con las tendencias internacionales, en la Argentina de la segunda posguerra cobraba forma una sociodicea que cohesionaba a industriales, a militares y a administradores gubernamentales: todos estaban convencidos de que la creciente expansi&oacute;n del sector sider&uacute;rgico era &iacute;ndice inequ&iacute;voco de progreso econ&oacute;mico. Una prioridad que, dados los grandes recursos que se pon&iacute;an en juego, empalmaba perfectamente con el sentido program&aacute;tico de toda planificaci&oacute;n indicativa. La tesis del enraizamiento le permite a Belini probar la exitosa puesta en marcha del mecanismo de enlace entre empresarios laminadores, el Estado y los consumidores industriales, y explicar el notable logro alcanzado por ese sector metal&uacute;rgico. En cambio, las m&uacute;ltiples circunstancias que llevaron a las postergaciones y a los retardos en la concreci&oacute;n de una planta integrada, revelan otras relaciones de fuerza en el seno del r&eacute;gimen peronista. El celo nacionalista de las legislaturas, defensoras del control estatal del plan sider&uacute;rgico, contrasta con la mayor flexibilidad de los militares, los cuales, por otra parte, no obtuvieron todo lo que demandaron al poder ejecutivo. No son menos frustradas las expectativas puestas en la industria automotriz. Aqu&iacute; el autor pone de relieve su adscripci&oacute;n a la l&iacute;nea de estudios que resalta la distancia entre discursos y resultados. El optimismo desmedido hizo vaticinar a las m&aacute;ximas autoridades pol&iacute;ticas que una familia obrera podr&iacute;a comprar un autom&oacute;vil y que se exportar&iacute;an en un tercer plan. Al igual que en la siderurgia, en la reconstrucci&oacute;n que realiza Belini es clara la variedad de condicionantes que implica instalar plantas ensambladoras y f&aacute;bricas de carrocer&iacute;as o crear una red auxiliar de productores de repuestos. En fin, un punto llamativo del an&aacute;lisis de ambas ramas capital&#150;intensivas es que se ven empa&ntilde;adas por maniobras varias veces millonarias, preludio de la dram&aacute;tica evaporaci&oacute;n de reservas en divisas. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La maquinaria agr&iacute;cola y los artefactos para el hogar se&ntilde;alan dos avances de la industrializaci&oacute;n peronista. Sobre la primera rama, Belini destaca una paradoja, que originalmente fue considerada como un insumo importado gracias al alto precio del intercambio de bienes agr&iacute;colas. Luego, su promoci&oacute;n industrial fue al calor del objetivo de mecanizar el sector primario y, finalmente, form&oacute; parte de una pol&iacute;tica sectorial. La misma supuso la organizaci&oacute;n de otra comisi&oacute;n consultiva entre funcionarios, industriales e intereses agr&iacute;colas para alentar la especializaci&oacute;n productiva. No obstante, convivi&oacute; con la necesidad de importar los bienes de capital para facilitar el aumento de las exportaciones primarias. A pesar de esta tensi&oacute;n, la motorizaci&oacute;n agr&iacute;cola justicialista no result&oacute; m&aacute;s problem&aacute;tica de la que la sucedi&oacute;. No menos exitosa fue la industria de artefactos para el hogar. La investigaci&oacute;n destaca dicho logro como resultado de la redistribuci&oacute;n del ingreso y del est&iacute;mulo de la demanda interna. Pese a la falta de apoyo del cr&eacute;dito oficial, el libro da cuenta de otros incentivos, como los tipos de cambio m&uacute;ltiples (que alientan la progresiva fabricaci&oacute;n local de componentes m&aacute;s complejos), la creaci&oacute;n de un servicio p&uacute;blico como Gas del Estado (cuya columna vertebral fue el gasoducto Comodoro </font><font face="verdana" size="2">Rivadavia&#150;Buenos Aires) y un creativo sistema de pago en cuotas de los mismos fabricantes (se&ntilde;al inequ&iacute;voca de la existencia de una demanda &aacute;vida e insatisfecha). A esta altura de la investigaci&oacute;n surge un rasgo distintivo del Estado peronista, el de un <i>Estado informado </i>mediante la elaboraci&oacute;n de informes sectoriales, cuya ruptura con el pasado es la r&aacute;pida conversi&oacute;n del diagn&oacute;stico en insumo para reorientar los programas oficiales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las ramas textil y de cemento cierran esta investigaci&oacute;n. La primera, integrada por las subramas de algod&oacute;n, lana y ray&oacute;n, no tuvo una evoluci&oacute;n homog&eacute;nea. Su producci&oacute;n se hab&iacute;a consolidado durante la guerra y ten&iacute;a pautados claros objetivos en el Primer Plan Quinquenal (1947&#150;1951), cumplidos con &eacute;xito por la primera y la &uacute;ltima de las subramas. Sin embargo, la producci&oacute;n textil debi&oacute; sobrellevar el control de precios, como todo bien de consumo masivo, y el fortalecimiento de la capacidad negociadora del sindicato. Del an&aacute;lisis desagregado de la pol&iacute;tica crediticia y laboral surge una trama tan compleja como los cambios intrarrama: quejas pol&iacute;ticas sobre la rentabilidad empresaria, pero generoso apoyo financiero a tasa negativa; huelgas de trabajadores, apoyo pol&iacute;tico a la patronal e intervenci&oacute;n de la Asociaci&oacute;n Obrera Textil por la Confederaci&oacute;n General de Trabajo. De todas maneras, el autor aclara que los subsidios y las presiones sobre los costos son apenas dos aspectos para juzgar una organizaci&oacute;n productiva que, progresivamente liderada por la industria del algod&oacute;n, era desatendida por los mismos empresarios. Finalmente, el caso de la industria del cemento es parad&oacute;jico, pues el amplio programa de obras p&uacute;blicas del primer plan permitir&iacute;a deducir que estaba pautada la producci&oacute;n y la ampliaci&oacute;n de la capacidad instalada. No s&oacute;lo no hab&iacute;a previsiones para la rama, sino que hab&iacute;a estado estancada durante la guerra. Estas peculiaridades, m&aacute;s el riguroso control oficial de la estructura de costos, se&ntilde;alan que los incentivos sectoriales fueron creados para atender la voraz demanda de la obra p&uacute;blica, lo que prolong&oacute; el estado vegetativo de la capacidad productiva y su tard&iacute;a recuperaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, a lo largo del texto surge un componente crucial, entre la planificaci&oacute;n indicativa (o la falta de ella) y los vasos comunicantes Estado&#150;intereses productivos. Me refiero a la cuesti&oacute;n de la disponibilidad de los datos sociolaborales y econ&oacute;micos en tiempo real y en series anuales. El peronismo declam&oacute; sobre la falta de un empadronamiento de la poblaci&oacute;n y de un registro simult&aacute;neo de las actividades econ&oacute;micas, que luego de muchos obst&aacute;culos concret&oacute; en el cuarto censo nacional, en el oto&ntilde;o de 1947 (ya estaba en ejecuci&oacute;n el Primer Plan Quinquenal). El desfase es notable si observamos que las cifras finales estar&aacute;n disponibles a fines de la d&eacute;cada de los cuarenta. En realidad, la flamante planificaci&oacute;n indicativa se recostaba sobre la estad&iacute;stica industrial bienal, organizada desde 1935; los informes sociolaborales anuales del Departamento Nacional del Trabajo&#150;Secretar&iacute;a de Trabajo, organizada desde 1937, y el cuarto censo escolar de abril de 1943, que inclu&iacute;a datos de ingresos y vivienda de familias con hijos de hasta 21 a&ntilde;os. Es decir, las fuentes iniciales concentradas por el Consejo Nacional de Posguerra y disponibles por el peronismo eran una estimaci&oacute;n muy aproximada de la composici&oacute;n de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa, destrezas e inserci&oacute;n en el mercado laboral urbano. De todas maneras, esto supone un sesgo en la visi&oacute;n de la econom&iacute;a argentina de entonces. Sesgo que se contrapone al desarrollado entonces por el Banco Central, que ten&iacute;a disponible una estimaci&oacute;n de la renta nacional desde el punto de vista monetario y desagregado por actividades, de 1935&#150;1945 (1946), discretamente marginada por el nuevo centro de decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Las referencias de dicha estimaci&oacute;n eran los trabajos de James Meade y Richard Stone, en Gran Breta&ntilde;a, y Simon Kuznets, en Estados Unidos, puntos de partida de la planificaci&oacute;n de la guerra total y de su exitoso desenlace. No est&aacute; de m&aacute;s aclarar que John Hopkins, contratado por la Fundaci&oacute;n Armour, consideraba excesivas las sumas y los agregados estimados por el Banco Central. Mientras, el peronismo pudo aducir que faltaban estad&iacute;sticas confiables y computaba talleres de menos de diez obreros como parte integral de la industrializaci&oacute;n en marcha. Igualmente, fue capaz de levantar otras dos estad&iacute;sticas industriales (1948 y 1950) y un censo comercial, industrial y minero (1954), que permitieron a la Secretar&iacute;a de Asuntos Econ&oacute;micos retomar la sabia estimaci&oacute;n sectorial de la renta nacional, esta vez, desde 1935 hasta 1954 (1955).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Detr&aacute;s de estos laberintos contables, en realidad, emerge un primer plan con una amplia y gen&eacute;rica definici&oacute;n de objetivos, y un segundo plan con fluidos contactos en el &aacute;mbito de las c&aacute;maras empresariales. Si ahora podemos juzgar esto, es posible gracias al an&aacute;lisis desagregado de Claudio Belini, que coloca en un nuevo umbral el debate sobre el perfil y el desempe&ntilde;o de la econom&iacute;a peronista.</font></p>      ]]></body>
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