<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1405-0218</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Isonomía]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Isonomía]]></abbrev-journal-title>
<issn>1405-0218</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Tecnológico Autónomo de México; Fontamara]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1405-02182010000200007</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reseña sobre el libro de Jorge Malem: El error judicial y la formación de los jueces]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Barcelo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rafael Ramis]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universitat Pompeu Fabra  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Barcelona ]]></addr-line>
<country>España</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>10</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>10</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<numero>33</numero>
<fpage>171</fpage>
<lpage>184</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1405-02182010000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1405-02182010000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1405-02182010000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Rese&ntilde;a sobre el libro de Jorge Malem. El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rafael Ramis Barcelo</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universitat Pompeu Fabra, Barcelona.</i> &lt;<a href="mailto:rafael.ramis@upf.edu">rafael.ramis@upf.edu</a>&gt;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 01/03/2009    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Aceptaci&oacute;n: 05/08/2010</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya hace a&ntilde;os que se vienen proponiendo alternativas al modelo de juez decimon&oacute;nico, criticando asimismo su formaci&oacute;n memor&iacute;stica y poco pr&aacute;ctica. Tal vez Espa&ntilde;a sea uno de los pa&iacute;ses que ha conservado con mayor pureza el juez decimon&oacute;nico, seleccionado por la habilidad para memorizar y "cantar" los temas en las oposiciones que dan luego acceso al cargo. Eso no sucede en tal medida en el resto de pa&iacute;ses europeos, ni tampoco en algunos pa&iacute;ses latinoamericanos, en los que la selecci&oacute;n judicial se elabora a partir de criterios que premian la capacidad anal&iacute;tica y el conocimiento no necesariamente memor&iacute;stico del derecho. Se pueden contar por decenas los art&iacute;culos que han aparecido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os cuestionando el modelo del juez napole&oacute;nico, criticando su falta de preparaci&oacute;n, de recursos materiales, de efectividad... No voy a repetir aqu&iacute; lo que se ha subrayado desde muchos &aacute;mbitos y por plumas mucho m&aacute;s competentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que s&iacute; me gustar&iacute;a destacar es que la gran mayor&iacute;a de las cr&iacute;ticas pretenden cambiar el modelo de juez decimon&oacute;nico, boca de la ley, en el que el juez simplemente aplica el derecho mediante un sencillo silogismo. En la &eacute;poca en la que se duda acerca de la soluci&oacute;n &uacute;nica para cada caso concreto o que puedan existir soluciones comunes para los "casos dif&iacute;ciles", el profesor Jorge F. Malem, catedr&aacute;tico de Filosof&iacute;a del Derecho de la Universidad Pompeu Fabra, escribe una obra para dar un aliento cr&iacute;tico al sistema judicial establecido en el siglo XIX sobre las bases de los te&oacute;ricos dieciochescos.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se tuviera que dibujar muy brevemente el juez que Malem alienta, estar&iacute;a cortado bajo un patr&oacute;n estrictamente legalista, formalista, alejado de la realidad social, ejecutor del poder legislativo... Este juez encajar&iacute;a perfectamente en el modelo "napole&oacute;nico", t&iacute;pico del continente europeo, no del &aacute;mbito anglosaj&oacute;n. De hecho, el actual sistema espa&ntilde;ol, y el de la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses hispanoamericanos, no tiene un problema infraestructura! ni sigue un mal esquema conceptual, sino que la mayor dificultad se encuentra en la inadecuada formaci&oacute;n de los jueces. As&iacute; pues, el autor remarca que el problema no reside en el modelo, sino en su realizaci&oacute;n pr&aacute;ctica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jorge Malem no hace una cr&iacute;tica de fondo del sistema judicial, sino que considera &#45;dicho, por ahora, muy brevemente&#45; que los jueces no han alcanzado todav&iacute;a el ideal ilustrado, que se tradujo &#45;mal que bien&#45;en el siglo XIX. Para el autor, sigue siendo v&aacute;lida la idea que ten&iacute;an los primeros positivistas acerca del poder judicial, pues la impartici&oacute;n de justicia jurisdiccional es una tarea bastante cercana a la labor cient&iacute;fica, y en la que destacan, como herramientas b&aacute;sicas, el estudio del lenguaje y de la l&oacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute;s, este libro de Jorge Malem hubiese pasado algo m&aacute;s inadvertido en la &eacute;poca en la que exist&iacute;a una mayor unanimidad acerca de la metodolog&iacute;a y de la funci&oacute;n del juez. Sin embargo, al escribirlo en 2008 adquiere una nueva dimensi&oacute;n, pues frente a las ideas renovadoras que se basan en la discrecionalidad, o en la flexibilidad del derecho y, por ende, en un mayor decisionismo... Malem muestra una gran confianza en que la correcta formaci&oacute;n del juez puede, por una parte, evitar el error judicial y, por otra, dotar de unidad a los fallos judiciales. Lo m&aacute;s importante para el autor es decidir conforme a derecho, hacerlo motivadamente y evitar errores.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra est&aacute; dividida en tres partes: "La motivaci&oacute;n de las decisiones judiciales", "El error judicial" y "La formaci&oacute;n profesional del juez". Dedicar&eacute; un apartado a cada una de ellas siguiendo el mismo orden expositivo del profesor Malem, de manera que puedan seguirse con facilidad los principales argumentos del libro. El &uacute;ltimo de los apartados del presente escrito es una valoraci&oacute;n de la obra en conjunto, atendiendo fundamentalmente al problema principal del libro: cu&aacute;l es el modelo de juez que defiende Jorge Malem, y cu&aacute;les son las razones aducidas para ello, as&iacute; como las posibles alternativas descartadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Motivar y justificar</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Malem parte de un esquema en el que el juez tiene una labor interpretativa que consiste en atribuir significado a los textos dotados de autoridad.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Sin embargo, no se trata de una labor "hermen&eacute;utica", entendida desde el prisma filos&oacute;fico, sino m&aacute;s bien "selectiva", pues el an&aacute;lisis ling&uuml;&iacute;stico de los textos dotados de autoridad est&aacute; tan orientado hacia la verdadera interpretaci&oacute;n del significado, como en la correcta sistematizaci&oacute;n normativa. Malem establece la divisi&oacute;n cl&aacute;sica entre justificaci&oacute;n interna y externa, y para la externa sigue, con bastantes matices, el esquema positivista de Hart.<sup><a href="#nota">4</a></sup> La sistematizaci&oacute;n requiere tres elementos: el problema que se quiere resolver jur&iacute;dicamente, las disposiciones jur&iacute;dicas y las reglas de inferencia.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la justificaci&oacute;n externa de las premisas normativas, Malem sigue esquem&aacute;ticamente la clasificaci&oacute;n de Atienza y Ruiz Ma&ntilde;ero expuesta en <i>Las piezas del derecho,</i> para poder probar las dificultades inherentes a las operaciones jur&iacute;dicas de car&aacute;cter normativo.<sup><a href="#nota">6</a></sup> En cuanto a las premisas f&aacute;cticas, el profesor argentino exige que los enunciados f&aacute;cticos sobre los hechos sean verdaderos. Para &eacute;l, "el juez debe tratar de alcanzar el ideal de que todos los enunciados f&aacute;cticos que formula en los hechos probados de las sentencias sean verdaderos, aun con las limitaciones propias establecidas con las reglas jur&iacute;dicas procesales o sustanciales".<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ideal de verdad "como correspondencia" es asumido de forma dogm&aacute;tica. Para Malem existe, en l&iacute;neas generales, una correspondencia entre los hechos y su conocimiento objetivo. Por ello, no duda en admitir que la justificaci&oacute;n externa tiene que asumir el "m&eacute;todo cient&iacute;fico". Respecto de &eacute;ste, Malem sigue las tesis de Bunge y de Moulines.<sup><a href="#nota">8</a></sup> As&iacute; pues, los jueces deben formular una o varias hip&oacute;tesis para reconstruir los hechos, aunque resulte muy problem&aacute;tico "inventar" las hip&oacute;tesis, y el autor analiza el porqu&eacute; de estas dificultades. Si se admite el criterio de verdad como correspondencia, se puede pensar que las nociones de prueba y de verdad no son equivalentes. Malem toma como referencia a Taruffo<sup><a href="#nota">9</a></sup> y a Jordi Ferrer,<sup><a href="#nota">10</a></sup> y acepta que el juez debe abrazar el ideal de verdad y "debe tener la pretensi&oacute;n de que los enunciados f&aacute;cticos que formula sean verdaderos".<sup><a href="#nota">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El profesor argentino no esconde que se trata de una exigencia, pero la considera el camino m&aacute;s genuino para que exista una correcta justificaci&oacute;n externa de car&aacute;cter f&aacute;ctico. Esta tesis fuerte, asumida dogm&aacute;ticamente, tiene muchos problemas y fuertes detractores. Sin embargo, prefiere seguir adelante con ella, pasando a la calificaci&oacute;n jur&iacute;dica, que estar&iacute;a ligada con la justificaci&oacute;n interna. La calificaci&oacute;n de los hechos probados es, para Malem, una actividad meramente l&oacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En definitiva, para Malem justificar y motivar son, en el &aacute;mbito judicial, acciones sin&oacute;nimas. A falta de criterios claros por parte del legislador, el autor aboga por una serie de tesis propias del positivismo jur&iacute;dico, de manera que los jueces puedan seguir una misma pauta y resolver de modo similar.<sup><a href="#nota">12</a></sup> Estos criterios desembocan en la siguiente posici&oacute;n: la motivaci&oacute;n de la sentencia judicial, a diferencia de lo que suced&iacute;a en el Antiguo R&eacute;gimen,<sup><a href="#nota">13</a></sup> es una labor t&eacute;cnica, de modo que si se siguen correctamente los pasos propuestos puede llegarse a una sentencia motivada conforme a la verdad y al cumplimiento del deber constitucional de motivaci&oacute;n de las decisiones judiciales.<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este primer cap&iacute;tulo no tiene casi ning&uacute;n elemento discordante con el positivismo jur&iacute;dico, pues asume los mismos dogmas de esta corriente, y los expone con orden y claridad. La exposici&oacute;n, sin embargo, permite entrever cu&aacute;l es la preocupaci&oacute;n que subyace en el pensamiento de Jorge Malem: la discrecionalidad judicial y la formaci&oacute;n del juez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el profesor argentino, el mayor problema del mundo judicial estriba en la falta de uniformidad de los criterios para operar jur&iacute;dicamente. Malem sabe que sus presunciones dogm&aacute;ticas acerca de la verdad como correspondencia y del conocimiento de la verdad a trav&eacute;s de las pruebas tienen graves problemas en el orden ontol&oacute;gico y epistemol&oacute;gico. Tal y como lo interpreto, no reconocer la subjetividad del conocimiento es, en buena parte, no aceptar la racionalidad kantiana y asentarse en las categor&iacute;as del objetivismo aristot&eacute;lico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a no decirlo expl&iacute;citamente, creo que Malem acepta y es muy consciente de la subjetividad en el conocimiento y, precisamente porque la admite, necesita un contrapeso epist&eacute;mico para que el conocimiento no sea completamente subjetivo. Es decir: ya que el juez, como cualquier otra persona, conoce s&oacute;lo el fen&oacute;meno y ya tiene una visi&oacute;n "sesgada" y reduccionista del hecho, hay que marcarle r&aacute;pidamente una serie de pautas epistemol&oacute;gicas, de manera que opere &#45;en cuanto a la decisi&oacute;n jur&iacute;dica&#45; en un marco de decisi&oacute;n m&iacute;nimo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se podr&iacute;a se&ntilde;alar que Malem desconf&iacute;a de los jueces o, mejor dicho, desconf&iacute;a de la libertad del juez para decidir. En efecto, el libro de Malem est&aacute; encaminado a combatir y a reducir al m&aacute;ximo el margen de decisi&oacute;n del juez. El profesor argentino formula la ficci&oacute;n de que el juez "conoce" realmente los hechos, y que, por tanto, si sigue la metodolog&iacute;a adecuada, puede llegar a la verdad. Si no lo hace, es que se ha equivocado, es decir, ha cometido un error.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El error: tipos y problemas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la metodolog&iacute;a de las ciencias sociales suele distinguirse entre el error sistem&aacute;tico y el aleatorio. Los soci&oacute;logos aluden frecuentemente a los problemas de operacionalizaci&oacute;n, que ser&iacute;an, en la labor judicial, los equivalentes a la de la calificaci&oacute;n del hecho jur&iacute;dico. En la calificaci&oacute;n sociol&oacute;gica se pueden dar errores de car&aacute;cter sistem&aacute;tico y aleatorio de los siguientes tipos: de selecci&oacute;n, de observaci&oacute;n y de tratamiento de los datos.<sup><a href="#nota">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parece que el profesor Malem se propone &#45;en el segundo cap&iacute;tulo&#45; abordar la ambiciosa tarea de dar cuenta de los errores judiciales t&iacute;picos, en una clasificaci&oacute;n tan deudora de la gen&eacute;rica metodolog&iacute;a de las ciencias sociales como de la m&aacute;s espec&iacute;fica teor&iacute;a del derecho. Despu&eacute;s de un estudio del concepto de "error judicial", Jorge Malem propone una clasificaci&oacute;n tipol&oacute;gica de los errores judiciales y otra de las fuentes y las causas del error judicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto de la definici&oacute;n de "error judicial" hay que recalcar que el autor acepta tanto el error de hecho como de derecho.<a href="#nota"><sup>16</sup></a> Malem expone que</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...en un sentido amplio se podr&iacute;a aducir que para que haya un error judicial es necesario que exista una respuesta, o varias respuestas, correcta(s) para un determinado problema jur&iacute;dico. Adem&aacute;s, es necesario que un caso resuelto por un juez o tribunal en ejercicio de su potestad jurisdiccional, no sea subsumido en alguna de esas respuestas correctas. Estas dos condiciones parecen ser necesarias y suficientes.<sup><a href="#nota">17</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el derecho espa&ntilde;ol no todo error judicial es indemnizable. En cuanto a &eacute;ste, Malem parte de la definici&oacute;n de Valeriano Hern&aacute;ndez Mart&iacute;n: "Es un error judicial la equivocaci&oacute;n crasa y palmaria cometida por un juez, Magistrado o sala de Magistrados en el ejercicio de funciones jurisdiccionales, siempre que dicha equivocaci&oacute;n haya alcanzado firmeza y no sea debido a culpa del perjudicado y haya causado da&ntilde;os efectivos, evaluables e individualizables".<sup><a href="#nota">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Malem, sin embargo, tiene en mente el error judicial en sentido amplio. En su clasificaci&oacute;n que, pese a no ser exhaustiva, agota casi toda la tipolog&iacute;a, el autor divide los errores en ocho tipos.<sup><a href="#nota">19</a></sup> Los primeros son los que se producen en la justificaci&oacute;n interna de una decisi&oacute;n judicial. Los segundos son los que se producen en el encabezamiento de las sentencias, que pueden ser, a su vez, de cinco clases: por incluir indebidamente a quienes no pod&iacute;an formar parte del litigio, por excluir a los que deber&iacute;an formar parte del litigio o por considerar respecto al objeto de la causa algo m&aacute;s, menos o distinto de lo reclamado. El tercer tipo se refiere a los errores en el fundamento del derecho, que pueden ser, a su vez, errores en la interpretaci&oacute;n y en la aplicaci&oacute;n del derecho. Los cinco errores restantes se producen en el fundamento de hecho, en la construcci&oacute;n de las hip&oacute;tesis f&aacute;cticas y en la valoraci&oacute;n de las pruebas, en la calificaci&oacute;n, en el fallo y en la ausencia de motivaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos estos ser&iacute;an errores de selecci&oacute;n, de observaci&oacute;n y de tratamiento de los datos; por otra parte, las fuentes y causas del error judicial se dividir&iacute;an, seg&uacute;n Malem, en atribuibles y no atribuibles al juez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, el profesor argentino salva los distintos casos de error tanto voluntarios como involuntarios, e integra a los que se producen en las diferentes etapas jurisdiccionales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este cap&iacute;tulo es central en el desarrollo del libro y es tambi&eacute;n el m&aacute;s elaborado, con ejemplos del todo pertinentes y bien expuestos. Sin embargo, por su car&aacute;cter t&eacute;cnico es el que refleja menos la posici&oacute;n te&oacute;rica del autor. En las &uacute;ltimas p&aacute;ginas pueden encontrarse, a&uacute;n as&iacute;, afirmaciones como la siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la idea de que el juez pueda cometer errores debido a su propia falibilidad humana o a su propia incapacidad t&eacute;cnica o moral no ha de suponer olvidar que el ideal de un juez profesional es que no cometa errores. Si una de las facetas de un buen quehacer profesional es el cumplimiento de las reglas y de las t&eacute;cnicas que constituyen su oficio, un mal t&eacute;cnico nunca ser&iacute;a un buen profesional. O presentado de otra manera, un juez que cometiera numerosos errores ser&iacute;a un mal t&eacute;cnico en la tarea de juzgar y de hacer ejecutar lo juzgado, es decir, un mal profesional, que es lo mismo que decir un mal juez.<sup><a href="#nota">20</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Malem considera que el juez es un profesional y un t&eacute;cnico del derecho. Sus errores pueden ser provocados por sus carencias o por causas ajenas a &eacute;l. Conocedor de la falibilidad del mundo, el profesor argentino propugna el m&aacute;ximo cuidado para evitar los errores que puedan ser ocasionados por el juez. Para combatirlos, es necesario que el juez tenga una formaci&oacute;n adecuada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La formaci&oacute;n del juez</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo con mayor carga ideol&oacute;gica es el tercero, dedicado a la formaci&oacute;n del juez&#45;profesional, t&eacute;cnico del derecho. Malem destaca la formaci&oacute;n que deber&iacute;a tener el juez en materia de derecho, hechos, l&oacute;gica, cuestiones ling&uuml;&iacute;sticas y conocimiento de la realidad. Cada de estas competencias viene a perfilar el instrumental necesario para que el juez sea un buen profesional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero de los conocimientos que debe tener un juez seg&uacute;n el autor es el del derecho. La expresi&oacute;n "conocer el derecho" es ambigua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ocasiones significa conocer textos, mientras que en otras supone conocer el significado de esos textos. Y la cuesti&oacute;n se complica si se piensa que el juez espa&ntilde;ol debe ser un juez constitucional, capaz de operar tambi&eacute;n con normas transnacionales. El juez debe saber en todo momento qu&eacute; derecho es el aplicable al caso concreto, y debe solucionarlo, evitando las lagunas y las ambig&uuml;edades. Si se enfrenta a un supuesto valorativo, deber&iacute;a solucionarlo abri&eacute;ndose a la realidad social, o realizando &eacute;l mismo su valoraci&oacute;n, sin tener en cuenta los usos sociales.<sup><a href="#nota">21</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La "formaci&oacute;n en materia de hechos" responde a la necesidad de que el juez conozca la realidad f&aacute;ctica, y los mecanismos necesarios para operar con la prueba, es decir, debe poder afrontar los problemas de las especialidades de cada uno de los jueces: si un juez es especialista en derecho penal econ&oacute;mico, debe conocer correctamente el sistema banc&aacute;rio, contabilidad... Es lo que Malem denomina la "ciencia privada" del juez.<sup><a href="#nota">22</a></sup> Otro aspecto que el autor trata separadamente es el conocimiento de la realidad, que se parece mucho al de la "formaci&oacute;n en materia de hechos". De facto, podr&iacute;a decirse que &eacute;sta es un subtipo de aqu&eacute;lla.<sup><a href="#nota">23</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para la aplicaci&oacute;n del derecho es necesario que el juez est&eacute; bien formado en l&oacute;gica, sobre todo en lo tocante a la "l&oacute;gica de enunciados" y "l&oacute;gica de predicados",<sup><a href="#nota">24</a></sup> un elemento imprescindible para universalizar lo que hasta hace poco se hab&iacute;a denominado el silogismo judicial.<sup><a href="#nota">25</a></sup> Un tema importante tambi&eacute;n es el de las falacias, mentado por Malem, aunque no desarrollado.<sup><a href="#nota">26</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el autor hace menci&oacute;n a la necesidad de un conocimiento ling&uuml;&iacute;stico adecuado para evitar que los jueces se expresen de un modo incorrecto y para que puedan interpretar de forma correcta los textos escritos. Las preocupaciones ling&uuml;&iacute;sticas del autor no se deben a la necesidad de un cierto preciosismo est&eacute;tico, sino que se entienden como una necesidad en pos de la claridad y de la precisi&oacute;n que Malem insiste en insertar en el mandato constitucional del deber de motivaci&oacute;n de las decisiones judiciales.<sup><a href="#nota">27</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de unas sucintas consideraciones finales, Malem juzga que si un juez posee estos conocimientos incurrir&aacute; en menor medida en un error imputable por su parte, y podr&aacute; argumentar correctamente conforme al criterio de verdad como correspondencia y motivar adecuadamente las sentencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El modelo de juez propuesto</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La propuesta de Jorge Malem responde de forma coherente al paradigma positivista y t&eacute;cnico del juez. &Eacute;sta es su apuesta en la &eacute;poca del "derecho motorizado", de los continuos cambios y del relativismo. A mi entender esta propuesta representa un extremo congruente en la concepci&oacute;n del modelo judicial. Frente a los embistes de una posici&oacute;n no positivista, Malem prefiere concebir el juez como un t&eacute;cnico competente en una serie de temas que aseguren una respuesta adecuada y similar a las mismas controversias jur&iacute;dicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El juez que propone el profesor argentino se encuentra a la vez alejado y cercano con respecto del modelo dworkiniano. Si para Dworkin existen casos dif&iacute;ciles que requieren la presencia de un juez H&eacute;rcules,<sup><a href="#nota">28</a></sup> para Malem no se necesita un juez H&eacute;rcules", pues esos "casos dif&iacute;ciles" pueden convertirse en m&aacute;s sencillos si se opera con la ficci&oacute;n de la verdad &uacute;nica como correspondencia, y si se siguen con atenci&oacute;n las pautas anteriormente enumeradas. Pero por otro lado, un juez provisto de la formaci&oacute;n y de las habilidades que Malem exige, debe ser una persona muy capaz y rigurosa, aunque no s&eacute; si su labor puede calificarse de "herc&uacute;lea".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo principal es que el juez est&eacute; sujeto a la Constituci&oacute;n, d&eacute; una respuesta a las partes conforme a derecho, que lo haga motivadamente, y que, en definitiva, la libertad de elecci&oacute;n del juez sea m&iacute;nima. El autor prefiere, en &uacute;ltima instancia, otorgar mayor peso a la universalidad de las decisiones judiciales que al caso concreto, y conf&iacute;a, por as&iacute; decirlo, en la "intr&iacute;nseca" moralidad de la seguridad jur&iacute;dica en l&iacute;nea con la moral interna del derecho defendida por Lon Fuller en <i>The Morality of Law</i><sup><a href="#nota">29</a></sup> un sistema en el que los jueces tengan la m&iacute;nima discrecionalidad y en el que todos est&eacute;n formados de forma muy parecida, de modo que la soluci&oacute;n, para casos an&aacute;logos, var&iacute;e muy poco. A trav&eacute;s de esta tesis el profesor Malem presenta un sistema judicial homog&eacute;neo, que ofrece garant&iacute;as no tanto por la <i>auctoritasde</i> sus jueces, sino por el de su sometimiento a las leyes y por su uniformidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno podr&iacute;a pensar que este modelo, basado en un &uacute;nico criterio de verdad en materia de hechos, es algo ingenuo. El autor es consciente de que no existe este &uacute;nico criterio, y as&iacute; lo expresa en el libro.<sup><a href="#nota">30</a></sup> Si se toma la perspectiva del autor atendiendo a sus escritos precedentes, es indudable que Jorge Malem es un especialista en la formaci&oacute;n del juez y que su principal inter&eacute;s se encuentra, sin duda, en acotar las dimensiones moral y jurisdiccional del juez.<sup><a href="#nota">31</a></sup> En el mundo hispanohablante, &eacute;l es uno de los autores que con m&aacute;s fortuna se ha enfrentado al problema de la corrupci&oacute;n como fen&oacute;meno jur&iacute;dico.<sup><a href="#nota">32</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y por ello, precisamente, despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os de comparar diferentes modelos de juez, de incursionar en el estudio de su vida privada o de la importancia del calado moral de los jueces, Malem defiende abiertamente el modelo "ilustrado" de juez y cumplidor escrupuloso de la legalidad. Las voces de los jueces est&aacute;n obligadas a cantar una misma melod&iacute;a al un&iacute;sono. Bien sabe Malem que los jueces difieren mucho entre s&iacute; por su formaci&oacute;n, experiencia, ideolog&iacute;a... En vez de buscar la analog&iacute;a, Malem prefiere que todos ellos, tras pasar por la misma formaci&oacute;n, canten la misma melod&iacute;a, bien sean tenores, bar&iacute;tonos, bajos o formas mixtas. Se trata, en definitiva, de un extremo, que obliga a los jueces a un gran esfuerzo que limita sus aptitudes individuales en pos de un resultado compartido y objetivo.<sup><a href="#nota">33</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este juez "ilustrado", educado para servir a la ley, es un modelo sumamente abstracto y te&oacute;rico, como lo es tambi&eacute;n el modelo kantiano de justicia, tal vez la m&aacute;xima expresi&oacute;n msfilos&oacute;fica de la justicia ilustrada. Malem propugna un juez legalista, que pase por encima de consideraciones hist&oacute;ricas y sociol&oacute;gicas, que sea capaz de aplicar en cada caso la ley del momento. Sobre este modelo &#45;m&aacute;s incluso que sobre el de Hegel, mucho m&aacute;s histoncista y sociol&oacute;gico&#45; se edifica el positivismo jur&iacute;dico, que toma y radicaliza este paradigma legalista como un modo de combatir la arbitrariedad judicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema, como ya se sabe, no se encuentra en la dimensi&oacute;n formal de la expresi&oacute;n judicial, sino en el acto de impartir justicia". Malem, al igual que Kelsen, valora el estricto cumplimiento del principio de legalidad, haciendo mayor hincapi&eacute; en su dimensi&oacute;n formal que en la material. El problema de la justicia, planteado desde Arist&oacute;teles tiene una dimensi&oacute;n distributiva, conmutativa y retributiva. Es la <i>epi quieia</i> la encargada de reconducir la teor&iacute;a con la adecuaci&oacute;n a cada caso.<sup><a href="#nota">34</a></sup> El modelo aristot&eacute;lico pretende el imperio del "sentido com&uacute;n", tal y como lo acu&ntilde;&oacute; &#45;a principios del siglo XX&#45; Paul Vinogradoff.<sup><a href="#nota">35</a></sup> En un sentido opuesto, para Malem, el juez no necesita este "sentido com&uacute;n", y no puede corregir con la equidad los desajustes posibles de cada caso. Al contrario, en vez de "sentido com&uacute;n" Malem apela a una suerte de "direcci&oacute;n com&uacute;n" en tanto que camino unitario que deben recorrer conjuntamente todos los jueces.<sup><a href="#nota">36</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el modelo hist&oacute;rico de la equidad judicial se sit&uacute;a en un lugar muy alejado de la perspectiva de Malem, en las ant&iacute;podas queda ya la "equidad ruda" de ciertos legos romanos, griegos o altomedievales, que deb&iacute;an dirimir &#45;por petici&oacute;n de las partes&#45; sus controversias, as&iacute; como tambi&eacute;n de la justicia composicional o vindicatoria, tanto en la Antig&uuml;edad como en los actuales m&eacute;todos alternativos para la soluci&oacute;n de conflictos.<sup><a href="#nota">37</a></sup> El profesor argentino se refiere siempre a un modelo constitucional y positivista, en el que el imperio de la ley est&aacute; por encima de los casos particulares, e incluso de la satisfacci&oacute;n de las partes.<sup><a href="#nota">38</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al tratar de reducir la discrecionalidad y la adaptaci&oacute;n del juez al caso concreto, se desarrolla al m&aacute;ximo un modelo positivista ecl&eacute;ctico (deudor en muchas ocasiones de Hart, a veces de Kelsen, e incluso con alguna concesi&oacute;n a Dworkin), que trata el problema judicial desde la Academia y desde la teor&iacute;a del derecho, y para el debate intelectual de la misma Academia. En efecto, el inter&eacute;s por los problemas te&oacute;ricos le lleva no s&oacute;lo a soslayar el problema de la justicia material o de las condiciones materiales donde los jueces ejercen la jurisdicci&oacute;n, sino tambi&eacute;n la explicaci&oacute;n de la propia realidad judicial. Malem, ciertamente toma en muchas ocasiones ejemplos de errores judiciales, extra&iacute;dos de la propia actividad jusridiccional, pero no se cuestiona por qu&eacute; dichos errores se cometieron. En el libro no aparecen reflejados los problemas que tienen efectivamente los jueces para juzgar, sino m&aacute;s bien los errores en los que incurren por mor de su discrecionalidad y falta de preparaci&oacute;n, y en ocasiones por un defectuoso dise&ntilde;o institucional.<sup><a href="#nota">39</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este modelo, corrector de la realidad cotidiana, tiene que preterir por fuerza cualquier estudio de sociolog&iacute;a del derecho, que arroja datos que en muchos casos tiende a exculpar o relativizar la culpabilidad del juez de estos "errores".<sup><a href="#nota">40</a></sup> Al profesor Malem no le interesa estudiar la realidad emp&iacute;rica de los jueces espa&ntilde;oles o hispanoamericanos: su cometido te&oacute;rico y su verdadera preocupaci&oacute;n es que la selecci&oacute;n y la formaci&oacute;n de los jueces ha sido y es bastante imperfecta, y ofrece ciertas pautas para corregirla.<sup><a href="#nota">41</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute;s uno de los l&iacute;mites voluntarios m&aacute;s evidentes del libro sea el sociol&oacute;gico, pues el autor decide autolimitarse en este tema, pese a que concede una gran importancia al conocimiento de la realidad f&aacute;ctica en la cual el juez est&aacute; inmerso. Desde la sociolog&iacute;a del derecho m&aacute;s "emp&iacute;rica" podr&iacute;a afirmarse, sin embargo, que la mayor&iacute;a de los errores judiciales se producen por causas no imputables a los mismos jueces (lo que el autor denomina, como se ha dicho ya, "errores no atribuibles"), sino a la estructura y funci&oacute;n de las oficinas judiciales, de los juzgados... es decir, por culpa de la consabida "falta de medios". &Eacute;ste es un tema que, sin embargo, no interesa a Malem, preocupado exclusivamente en la figura del juez. Frente a los escritos &#45;de tono hasta esperp&eacute;ntico&#45; que describe con mordaz pluma Alejandro Nieto,<sup><a href="#nota">42</a></sup> Malem se muestra grave e implacablemente riguroso: prefiere dibujar un juez modelo &#45;un arquetipo ideal&#45; a caracterizar de nuevo los problemas de la justicia espa&ntilde;ola o hispanoamericana, a vueltas siempre con una realidad compleja y poli&eacute;drica. Si autores como Nieto o Perfecto Andr&eacute;s ponen &eacute;nfasis en los problemas estructurales e ideol&oacute;gicos en la labor judicial,<sup><a href="#nota">43</a></sup> Malem prefiere huir de una realidad de corrupci&oacute;n, arbitrariedad, ignorancia y politizaci&oacute;n judicial que ha estudiado detenidamente con anterioridad, y proponer el modelo dieciochesco y decimon&oacute;nico como ideal a&uacute;n no consumado, con las salvedades interpretativas a las que se ajusta el marco de la actual justicia constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A costa de sacrificar la sociolog&iacute;a judicial y con la ficci&oacute;n de que la justicia material se logre a partir de la justicia formal, Malem postula de nuevo para el siglo XXI el modelo de juez constitucional fraguado a caballo entre el XVIII y el XIX. Que este paradigma permanezca vivo en nuestros d&iacute;as alienta un debate entre los partidarios de su completa consumaci&oacute;n y los que quieren acabar con &eacute;l. En esta perenne disputa ha tomado partido claramente por la primera opci&oacute;n, un hecho que demuestra firmeza y gran convicci&oacute;n en una &eacute;poca de relativismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, un libro de lectura grata en la que el autor, despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os de estudio sobre el tema, define las l&iacute;neas maestras de una ideal selecci&oacute;n y formaci&oacute;n de los jueces. En &eacute;pocas de crisis del modelo judicial, Malem muestra un camino te&oacute;rico que, por su coherencia y por su elaborada justificaci&oacute;n, puede arrojar luz en muchos de los debates contempor&aacute;neos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> J. F. Malem Se&ntilde;a, <i>El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces,</i> Barcelona, Gedisa, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777777&pid=S1405-0218201000020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Ibid.,</i> p. 23.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> p. 34.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;H. L. A. Hart, <i>El concepto de Derecho,</i> Buenos Aires, Abeledo&#45;Perrot, 1963.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777781&pid=S1405-0218201000020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;C. Alchourr&oacute;n y E. Bulygin, <i>Introducci&oacute;n a la metodolog&iacute;a de las ciencias jur&iacute;dicas y sociales,</i> Buenos Aires, Astrea, 1974, p. 113 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777783&pid=S1405-0218201000020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;M. Atienza y J. Ruiz Ma&ntilde;ero, <i>Las piezas del derecho. Teor&iacute;a de los enunciados jur&iacute;dicos,</i> Barcelona, Ariel, 2004, pp. 3 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777785&pid=S1405-0218201000020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup><i>&nbsp;El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces,</i> p. 57.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> p. 58 y ss.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> M. Taruffo, <i>La prueba de los hechos,</i> Madrid, Trotta, 2002, pp. 62&#45;69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777789&pid=S1405-0218201000020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;J. Ferrer Beltran, <i>Prueba y verdad en el derecho,</i> Madrid, Marcial Pons, 2003, esencialmente pp. 28&#45;35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777791&pid=S1405-0218201000020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup><i>&nbsp;El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces,</i> p. 73.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> p. 31.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;M. Ortells Ramos, "Origen hist&oacute;rico del deber de motivar las sentencias", en <i>Revista de Derecho Procesal Iberoamericano, 4, 1977,</i> p. 899 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777795&pid=S1405-0218201000020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;En contra, A. Nieto, <i>El arbitrio judicial,</i> Barcelona, Ariel, 2000, p. 39 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777797&pid=S1405-0218201000020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->, y m&aacute;s recientemente M. E. Salas, "&iquest;Qu&eacute; significa fundamentar una sentencia? O del arte de redactar fallos judiciales sin <i>enga&ntilde;arse</i> a si mismo y a la comunidad jur&iacute;dica", en <i>Cuadernos Electr&oacute;nicos de Filosof&iacute;a del Derecho,</i> n&uacute;m. 13, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777798&pid=S1405-0218201000020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> P. Corbetta: <i>Metodolog&iacute;a y t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n social,</i> Madrid, McGrawHill, 2007, pp. 95&#45;98.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777800&pid=S1405-0218201000020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup><i>&nbsp;El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces,</i> p. 104.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> p. 101.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup>&nbsp;Citado en <i>ibid,</i> p. 104.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> p. 109 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> <i>Ibid.,</i> pp. 201</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> pp. 217&#45;218.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> 221.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> <i>Ibid</i>., p. 220 y ss.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup>&nbsp;J. J. Moreso, <i>L&oacute;gica, argumentaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n del derecho,</i> Barcelona, UOC, 2006, p. 47 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777810&pid=S1405-0218201000020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup>&nbsp;Una cr&iacute;tica puede verse en A. Nieto, <i>El arbitrio Judicial,</i> Editorial Ariel Derecho, Barcelona, 2000, pp. 39&#45;40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777812&pid=S1405-0218201000020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> "Puesto que el sistema pol&iacute;tico ha decidido que las sentencias se deducen de razonamientos l&oacute;gicos, no es prudente abrir las puertas de la bodega para dejar que salgan los fantasmas de la irracionalidad o las alima&ntilde;as del decisionismo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup><i>&nbsp;El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces,</i> pp. 225&#45;230.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> pp. 234&#45;236.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup>&nbsp;R. Dworkin, <i>Los derechos en serio,</i> Barcelona, Ariel, 1987, pp. 146&#45;189.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777816&pid=S1405-0218201000020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp;R. Garc&iacute;a Manrique, <i>El valor de la seguridad jur&iacute;dica,</i> M&eacute;xico, Fontamara, 2007, pp. 202 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777818&pid=S1405-0218201000020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup><i>&nbsp;El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces,</i> p. 222. "El juez debe saber, adem&aacute;s, que no existe un &uacute;nico concepto de verdad y que de la adopci&oacute;n de uno de ellos genera numerosas consecuencias para su labor, aunque en este libro se haya defendido que el concepto verdad m&aacute;s &uacute;til para cumplir con la labor judicial sea el de verdad como correspondencia".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup>&nbsp;J. F. Malem, "&iquest;Pueden las malas personas ser buenos jueces?", en <i>Doxa: Cuadernos de Filosof&iacute;a del Derecho,</i> n&uacute;m. 24, 2001, pp. 379&#45;406.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777821&pid=S1405-0218201000020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup>&nbsp;J. F. Malem, "La vida privada de los jueces", en C. Monereo Atienza y J. Calvo Gonz&aacute;lez (coord.), <i>Filosof&iacute;a Jur&iacute;dica y siglo XXI. ocho panoramas tem&aacute;ticos,</i> 2005, pp. 167&#45;182;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777823&pid=S1405-0218201000020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "Funci&oacute;n jurisdiccional e incentivo para la corrupci&oacute;n de los jueces", en V. Zapatero G&oacute;mez (coord.), <i>Ho rizontes de la filosof&iacute;a del derecho: homenaje a Luis Garc&iacute;a San Miguel,</i> Madrid, Vol. 1, 2002, pp. 175&#45;190;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777824&pid=S1405-0218201000020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> J. J. Orozco Henriquez, R. V&aacute;zquez y J. F. Malem (comp.), <i>La funci&oacute;n judicial: &eacute;tica y democracia,</i> Barcelona, Gedisa, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777825&pid=S1405-0218201000020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup>&nbsp;En contra, P. Andr&eacute;s Ib&aacute;&ntilde;ez, "El juez", en L. M. D&iacute;az&#45;Picazo (coord.), <i>El oficio de jurista,</i> Madrid, Siglo XXI, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777827&pid=S1405-0218201000020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> "Es, o deber&iacute;a ser bastante obvio que el t&oacute;pico juez con pretensiones de 'boca de la ley', si nunca ha sido real, hoy es absolutamente impensable. A pesar de todo, hay quienes, quiz&aacute; por miedo a estimular el temido 'activismo judicial', siguen reiterando la propuesta de ese supuesto <i>tipo ideal</i>como paradigma de referencia", pp. 165&#45;166.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup>&nbsp;I. Englard, <i>Corrective and Distributive Justice: From Aristotle to Modern Times,</i> Oxford, Oxford University Press, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777829&pid=S1405-0218201000020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup>&nbsp;P. Vinogradoff, <i>Common&#45;Sense in Law,</i> The Lawbook Echange Ltd. Clarke, New Jersey, 2006 &#91;1923&#93;, cap. VIII.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777831&pid=S1405-0218201000020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup>&nbsp;Alejado del modelo que propone Malem, puede verse la obra de A. Kronman, <i>The Lost Lawyer: Failing Ideais of the Legal Profession,</i> Harvard University Press, 1993, defiende el modelo de juez como poseedor de un "practical wisdom".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup>&nbsp;I. Temadas Saborit, <i>Justicia vindicatoria: de la ofensa e indefensi&oacute;n a la imprecaci&oacute;n y el or&aacute;culo, la vindicta y el tali&oacute;n, la ordal&iacute;a y el juramento, la composici&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n,</i> Madrid, CSIC, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777834&pid=S1405-0218201000020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup><i>&nbsp;El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces,</i> pp. 12 y ss.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> pp. 92 y ss.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup>&nbsp;V&eacute;ase, por ejemplo, R. Cotterell, <i>Introducci&oacute;n a la sociolog&iacute;a del derecho,</i> Barcelona, Ariel, 1991, pp. 171&#45;208.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777838&pid=S1405-0218201000020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup><i>&nbsp;El error judicial y la formaci&oacute;n de los jueces,</i> pp. 191 &#45;206.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup>&nbsp;Por ejemplo, A. Nieto, <i>El desgobierno Judicial,</i> Madrid, Trotta, 2005 o el epistolario con T.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777841&pid=S1405-0218201000020000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> R. Fern&aacute;ndez, <i>El derecho y el rev&eacute;s,</i> Editorial Ariel, Barcelona 1998, pp. 40&#45;41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777842&pid=S1405-0218201000020000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> En &eacute;l escribe Nieto: "...El proceso se desenvuelve como un duelo sin sentido, como un gasto social y un fraude personal absolutamente convencionales; los abogados aparecen como profesionales ego&iacute;stas, mitad ignorantes mitad tramposos &#91;...&#93;; los profesores act&uacute;an como embaucadores y falsos profetas; y, en fin, la sentencia termina siendo una burla resultado del azar o del capricho del juez".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup>&nbsp;V&eacute;ase, entre otros, P. Andr&eacute;s Ib&aacute;&ntilde;ez, "Derecho y justicia en el siglo XXI: m&aacute;s dif&iacute;cil todav&iacute;a", en <i>Jueces para la Democracia,</i> n&uacute;m. 48, 2003, pp. 27&#45;40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4777844&pid=S1405-0218201000020000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Malem Seña]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. F.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El error judicial y la formación de los jueces]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gedisa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hart]]></surname>
<given-names><![CDATA[H. L. A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El concepto de Derecho]]></source>
<year>1963</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Abeledo-Perrot]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Alchourrón]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Bulygin]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Introducción a la metodología de las ciencias jurídicas y sociales]]></source>
<year>1974</year>
<page-range>113 y ss</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Astrea]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Atienza]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Ruiz Mañero]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Las piezas del derecho. Teoría de los enunciados jurídicos]]></source>
<year>2004</year>
<page-range>3 y ss</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ariel]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Taruffo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La prueba de los hechos]]></source>
<year>2002</year>
<page-range>62-69</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Trotta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ferrer Beltran]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Prueba y verdad en el derecho]]></source>
<year>2003</year>
<page-range>28-35</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Marcial Pons]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ortells Ramos]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Origen histórico del deber de motivar las sentencias]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista de Derecho Procesal Iberoamericano]]></source>
<year>1977</year>
<volume>4</volume>
<page-range>899</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nieto]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El arbitrio judicial]]></source>
<year>2000</year>
<page-range>39 y ss</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ariel]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Salas]]></surname>
<given-names><![CDATA[M. E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Qué significa fundamentar una sentencia? O del arte de redactar fallos judiciales sin engañarse a si mismo y a la comunidad jurídica]]></article-title>
<source><![CDATA[Cuadernos Electrónicos de Filosofía del Derecho]]></source>
<year>2006</year>
<volume>13</volume>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Corbetta]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Metodología y técnicas de investigación social]]></source>
<year>2007</year>
<page-range>95-98</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[McGrawHill]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Moreso]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Lógica, argumentación e interpretación del derecho]]></source>
<year>2006</year>
<page-range>47 y ss</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UOC]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nieto]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El arbitrio Judicial, Editorial Ariel Derecho]]></source>
<year>2000</year>
<page-range>39-40</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dworkin]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los derechos en serio]]></source>
<year>1987</year>
<page-range>146-189</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ariel]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García Manrique]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El valor de la seguridad jurídica]]></source>
<year>2007</year>
<page-range>202 y ss</page-range><publisher-name><![CDATA[Fontamara]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Malem]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. F.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Pueden las malas personas ser buenos jueces?]]></article-title>
<source><![CDATA[Doxa: Cuadernos de Filosofía del Derecho]]></source>
<year>2001</year>
<volume>24</volume>
<page-range>379-406</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Malem]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. F.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La vida privada de los jueces]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Monereo Atienza]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Calvo González]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Filosofía Jurídica y siglo XXI. ocho panoramas temáticos]]></source>
<year>2005</year>
<page-range>167-182</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="">
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Función jurisdiccional e incentivo para la corrupción de los jueces]]></article-title>
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Zapatero Gómez]]></surname>
<given-names><![CDATA[V]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Horizontes de la filosofía del derecho: homenaje a Luis García San Miguel]]></source>
<year>2002</year>
<volume>1</volume>
<page-range>175-190</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Orozco]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. J.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Vázquez]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Malem]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. F.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La función judicial: ética y democracia]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gedisa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Andrés Ibáñez]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El juez]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Díaz-Picazo]]></surname>
<given-names><![CDATA[L. M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El oficio de jurista]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Siglo XXI]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Englard]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Corrective and Distributive Justice: From Aristotle to Modern Times]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Vinogradoff]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Common-Sense in Law]]></article-title>
<source><![CDATA[The Lawbook Echange Ltd]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Clarke^eNew Jersey New Jersey]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Temadas Saborit]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Justicia vindicatoria: de la ofensa e indefensión a la imprecación y el oráculo, la vindicta y el talión, la ordalía y el juramento, la composición y la reconciliación]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CSIC]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cotterell]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Introducción a la sociología del derecho]]></source>
<year>1991</year>
<page-range>171-208</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ariel]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nieto]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El desgobierno Judicial]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Trotta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Fernández]]></surname>
<given-names><![CDATA[T. R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El derecho y el revés]]></source>
<year>1998</year>
<page-range>40-41</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ariel]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Andrés Ibáñez]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Derecho y justicia en el siglo XXI: más difícil todavía]]></article-title>
<source><![CDATA[Jueces para la Democracia]]></source>
<year>2003</year>
<volume>48</volume>
<page-range>27-40</page-range></nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
