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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Democracia y Globalizaci&oacute;n II</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Las presuposiciones normativas de la democracia</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>James Buchanan</b></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 02/06/2006    <br> Aceptaci&oacute;n: 12/07/2006</font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>1.</b></i> <b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En febrero de 2002, dict&eacute; la Conferencia Passmore en la Australian National University, bajo el t&iacute;tulo "El liberalismo cl&aacute;sico y la perfectibilidad del hombre", recogiendo deliberadamente en mi t&iacute;tulo el del libro de J. Passmore publicado en 1970. En aquella conferencia, intent&eacute; identificar las diversas caracter&iacute;sticas de comportamiento que debe poseer la ciudadan&iacute;a de una comunidad pol&iacute;tica o, por lo menos, una porci&oacute;n sustancial de ella, a fin de que un orden liberal cl&aacute;sico pueda surgir y seguir siendo viable. Y defin&iacute; el orden liberal en t&eacute;rminos de una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica bajo la forma de una democracia constitucional y de una organizaci&oacute;n econ&oacute;mica basada en mecanismos operativos de mercado relativamente libres del control pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concentr&eacute; la atenci&oacute;n en cuatro caracter&iacute;sticas diferentes: la autonom&iacute;a individual, la reciprocidad del respeto interpersonal, un m&iacute;nimo de entendimiento y, finalmente, la disposici&oacute;n a defender este orden frente a sus enemigos potenciales. Deseo aqu&iacute; ampliar algunos de los argumentos de la Conferencia Passmore, examinando m&aacute;s de cerca las actitudes o conjuntos de actitudes evaluativas o normativas frente a las realidades emp&iacute;ricas que describen los comportamientos personales, a diferencia de aquellas realidades mismas, especialmente tal como suelen ser presentadas por la "ciencia" moderna. Sugiero que el orden democr&aacute;tico liberal depende cr&iacute;ticamente tambi&eacute;n de un conjunto indispensable de presuposiciones normativas respecto a las caracter&iacute;sticas de los participantes en ese orden; presuposiciones que deben ser incluidas como el "n&uacute;cleo duro", por as&iacute; decirlo, en toda discusi&oacute;n de reforma de las estructuras institucionales de las sociedades existentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al menos indirectamente, revisar&eacute; as&iacute; la discusi&oacute;n secular &#151;que vincular&eacute; con los nombres de Plat&oacute;n y Adam Smith&#151; acerca de la posible igualdad o desigualdad de los seres humanos en aspectos que pueden ser relevantes para la organizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica. Sin embargo, mi &eacute;nfasis estar&aacute; puesto en las actitudes que se adoptan cuando examinamos o leemos los datos de la realidad, m&aacute;s que en las caracter&iacute;sticas particulares de los datos mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de seguir avanzando es necesario "despejar la mesa", por as&iacute; decirlo, identificando los par&aacute;metros de la "pol&iacute;tica" que estamos considerando. Previo al an&aacute;lisis de las presuposiciones normativas de la democracia, debemos ponernos de acuerdo acerca de qu&eacute; es y qu&eacute; no es la "pol&iacute;tica", sin que importe que la actividad de la pol&iacute;tica sea o no "democr&aacute;tica". Aqu&iacute; supondr&eacute; simplemente que la pol&iacute;tica es la forma institucional por medio de la cual los individuos intentan alcanzar sus objetivos a trav&eacute;s de la acci&oacute;n conjunta o colectiva, a diferencia de acciones aisladas o privadas. De acuerdo con mi conceptualizaci&oacute;n, no es y no puede ser considerada como un proceso que aspire al descubrimiento de alg&uacute;n "bien" o "verdad" que exista independientemente de la evaluaci&oacute;n individual. El idealismo ingenuo, que caracterizara durantre siglos buena parte de la "teor&iacute;a pol&iacute;tica", debe ser exorcizado definitiva y totalmente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se aceptase la concepci&oacute;n idealista de la pol&iacute;tica, si la actividad pol&iacute;tica consistiese en la b&uacute;squeda permanente de alg&uacute;n "bien" que existir&iacute;a independientemente de la creaci&oacute;n individual de valores, habr&iacute;a entonces pocos argumentos justificantes de las estructuras democr&aacute;ticas. En ese caso, existir&iacute;a una tendencia nececesaria a dejar la conducci&oacute;n de dicha b&uacute;squeda en manos de expertos. En esta visi&oacute;n b&aacute;sicamente plat&oacute;nica, queda poco espacio para la democracia. En cambio, si no existen valores trascendentes y las personas tienen que crear sus propios valores, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;an considerarse los de algunas personas m&aacute;s importantes que los de otras? En esta concepci&oacute;n existe una necesaria tendencia inicial a la igualdad natural; &eacute;ste fue el argumento que Adam Smith adopt&oacute; para enmarcar sus ideas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el an&aacute;lisis que sigue, el punto de partida ser&aacute; la inclinaci&oacute;n smi&#45;thiana hacia la presunci&oacute;n de la igualdad natural.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2. Autonom&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Son las personas capaces de autogobernarse? &iquest;O son, como los ni&ntilde;os, incapaces de tomar decisiones que respondan a su propio inter&eacute;s? Y, lo que es muy importante, &iquest;desean realmente poder elegir libremente?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; plante&eacute; las preguntas centrales en mi Conferencia Passmore. Aqu&iacute; las presentar&eacute; de manera diferente. Cuando pensamos acerca de las estructuras de gobierno, acerca de la reforma y del dise&ntilde;o constitucional, &iquest;deber&iacute;amos suponer que las personas son capaces de autogobernarse? Es decir, &iquest;deber&iacute;amos otorgarle a la "democracia" una genuina posibilidad de realizaci&oacute;n? &iquest;o deber&iacute;amos, m&aacute;s bien, preservar solamente los "atav&iacute;os" del proceso democr&aacute;tico (derecho a voto, elecciones peri&oacute;dicas, representaci&oacute;n parlamentaria, refer&eacute;ndums) que reconocemos como algo m&aacute;s que sonn&iacute;feros, susceptibles de ser manipulados y controlados por quienes verdaderamente saben qu&eacute; es lo mejor para cada cual en una comunidad pol&iacute;tica?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mis propias respuestas est&aacute;n ya impl&iacute;citas en la forma como planteo las preguntas. Deber&iacute;amos, por lo menos, ser honestos con nosotros mismos y, cuando utilizamos la palabra "democracia", deber&iacute;amos s&oacute;lo referirnos a dise&ntilde;os en los cuales los participantes en el cuerpo pol&iacute;tico detentan la autoridad soberana suprema. Esta soberan&iacute;a significa que, en su calidad de ciudadanos, las personas que act&uacute;an colectivamente tienen poder para decidir definitivamente c&oacute;mo habr&aacute;n de ser gobernados y qu&eacute;, exactamente, har&aacute;n, individual y colectivamente. En este &uacute;ltimo nivel de elecci&oacute;n, la delegaci&oacute;n ya no tiene sentido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Supongamos, sin embargo, que las personas no desean ser soberanas. &iquest;Qu&eacute; sucede si todos, o al menos una parte sustancial de los participantes, desean vivir en una situaci&oacute;n de dependencia, ser dirigidos y controlados por otras personas o por agencias impersonales, o hasta por fuerzas externas, que les proporcionar&iacute;an sustento y socorro? Supongamos, m&aacute;s a&uacute;n, que las personas parecen ser incapaces de realizar las elecciones m&aacute;s simples, incluso aqu&eacute;llas que se refieren a su bienestar personal. &iquest;Qu&eacute; sucede si, otra vez consider&aacute;ndolo emp&iacute;ricamente, las personas realmente no saben qu&eacute; es lo que ellas mismas desean? En estas circunstancias, el argumento epist&eacute;mico que puede invocarse para defender la autonom&iacute;a individual, ya sea a trav&eacute;s de las instituciones de la econom&iacute;a de mercado o de la democracia pol&iacute;tica, parece desmoronarse.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Precisamente en tales circunstancias el fil&oacute;sofo con aspiraciones cient&iacute;ficas debe, primero, hacer frente a la realidad y tener el valor de dar lo que podr&iacute;amos llamar un "salto normativo", desde aquello que parece observarse emp&iacute;ricamente hacia aquello que s&oacute;lo puede imaginarse como posible. Tiene entonces que surgir una presunci&oacute;n consciente de que las personas son potencialmente capaces de enfrentar alternativas como electores aut&oacute;nomos. Se podr&iacute;a invocar la potencialidad humana, a diferencia de su actualidad, para surgerir que, si bien es cierto que no puede esperarse que los hombres y las mujeres se conviertan en &aacute;ngeles, s&iacute; es posible imaginar que pueden ampliar sus capacidades m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de cualquier descripci&oacute;n cient&iacute;fica actual de su comportamiento real.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ni los datos cient&iacute;ficos sobre el comportamiento ni las encuestas de actitudes pueden proporcionar las bases para inferencias sobre una justificaci&oacute;n &uacute;ltima del orden democr&aacute;tico&#45;liberal. El cient&iacute;fico del comportamiento social puede, en el mejor de los casos, observar lo que existe, algo que, a su vez, depende del marco institucional. No puede determinar emp&iacute;ricamente el comportamiento que podr&iacute;a surgir bajo estructuras institucionales alternativas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El salto normativo al que me refiero es, efectivamente, un genuino "salto de fe" en el potencial humano. Sin esta fe en la autonom&iacute;a de las personas, entendida de una forma amplia de modo tal que abarque a todos los miembros adultos de la red de interacci&oacute;n social, ning&uacute;n argumento justificativo en favor de la democracia como principio de organizaci&oacute;n del orden pol&iacute;tico podr&iacute;a sostenerse. En ausencia de esta presuposici&oacute;n normativa, la tarea obvia frente a las incapacidades observadas o supuestas por parte de algunas personas consiste en hacer las distinciones apropiadas entre los potenciales gobernantes y gobernados, es decir, en la elecci&oacute;n de los miembros de la &eacute;lite.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contradicci&oacute;n impl&iacute;cita en las democracias occidentales de bienestar se manifiesta claramente cuando nos enfrentamos con las cuestiones aqu&iacute; planteadas. La universalidad del derecho a voto parece incorporar la presuposici&oacute;n normativa de que todas las personas son realmente capaces de participar en el proceso pol&iacute;tico. Al mismo tiempo, y especialmente a lo largo del siglo pasado, un porcentaje cada vez m&aacute;s grande de la poblaci&oacute;n lleg&oacute; a depender para su sustento econ&oacute;mico, total o parcialmente, de la colectividad, del Estado. Parece tener poco o ning&uacute;n sentido para las personas involucradas pensar que la situaci&oacute;n de dependencia en que se encuentran es un estigma que deber&iacute;a ser evitado dentro de lo posible. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a esperarse que tales personas consideraran que la colectividad es otra cosa que una entidad que se presta a la explotaci&oacute;n, un medio para lograr transferencias de los otros miembros de la comunidad pol&iacute;tica? Pero, &iquest;es viable la democracia cuando las personas utilizan sus instrumentos como medios para explotar a otros?</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. Reciprocidad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es esencial que aquellos miembros del cuerpo pol&iacute;tico que se encuentran en una relaci&oacute;n de dependencia con la colectividad no consideren expl&iacute;citamente que las transferencias reflejan la explotaci&oacute;n exitosa de otros a trav&eacute;s del ejercicio del derecho al voto. Es igualmente importante que los perdedores netos en los procesos de transferencia de las democracias de bienestar no se consideren a s&iacute; mismos como abiertamente explotados. La democracia como forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica no es viable si se la conceptualiza primariamente como la "pol&iacute;tica de conflictos distributivos".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez m&aacute;s, hay que distinguir entre lo que se observa, a veces de manera ingenua, y la interpretaci&oacute;n de lo observado. vale aqu&iacute; la conocida met&aacute;fora del vaso medio lleno o medio vac&iacute;o. Gran parte del proceso pol&iacute;tico en las democracias modernas de bienestar parece, en verdad, reflejar la penosa producci&oacute;n de resultados entre diferentes grupos de presi&oacute;n, cada uno de los cuales intenta explotar la autoridad coactiva de las agencias de gobierno. &iquest;Es acaso posible &#45;podr&iacute;a preguntar un cr&iacute;tico esc&eacute;ptico&#45; interpretar de otra manera la pol&iacute;tica?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto se hace necesario llevar a cabo una <i>comprensi&oacute;n constitucional</i> o, con otras palabras, asumir una <i>forma de pensar constitucional.</i> De lo contrario, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a interpretarse el observado proceso real de transferencia como una parte del intercambio pol&iacute;tico en que la democracia tiene b&aacute;sicamente que consistir? Est&eacute;n o no expl&iacute;citamente constitucionalizadas, es necesario que tanto los aparentes ganadores netos como los aparentes perdedores netos conciban las transferencias que describen las operaciones fiscales de las democracias de bienestar como si lo estuvieran. Las transferencias de bienestar tienen que ser evaluadas desde una perspectiva en cierto modo rawlsiana, en la cual el individuo se coloca, normativamente, en una situaci&oacute;n parecida a la de la posici&oacute;n originaria, sin identificaci&oacute;n espec&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta forma de pensar permite que la totalidad del sistema de transferencias en las democracias de bienestar sea considerada como un elemento del conjunto m&aacute;s amplio de intercambios rec&iacute;procos entre las personas, que caracterizan la continuada construcci&oacute;n de la constituci&oacute;n misma de la sociedad pol&iacute;tica. Desde este punto de vista, o con esta presuposici&oacute;n de reciprocidad, la explotaci&oacute;n de un grupo o una coalici&oacute;n por parte de otro simplemente no forma parte de la estructura pol&iacute;tica. Claramente tal interpretaci&oacute;n pone l&iacute;mites eficaces a la operaci&oacute;n de la pol&iacute;tica distributiva observada. Pero, la presuposici&oacute;n de reciprocidad en el sentido constitucional permite una considerable tolerancia en la evaluaci&oacute;n &uacute;ltima de la realidad pol&iacute;tica observada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presuposici&oacute;n de reciprocidad tiene que extenderse tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de la pol&iacute;tica propiamente dicha y ser aplicada al funcionamiento de la econom&iacute;a de mercado, complemento necesario de la democracia en un orden liberal. El mercado, en tanto forma de organizaci&oacute;n, habr&aacute; de funcionar bien s&oacute;lo si se supone que los participantes est&aacute;n motivados por el autointer&eacute;s, pero dentro del marco de la disciplina impuesta por el respeto mutuo de las partes intercambiantes. un orden de mercado en el cual las personas negociaran entre s&iacute; estrictamente en t&eacute;rminos de su autointer&eacute;s oportunista no ser&iacute;a ni eficaz ni aceptablemente justo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, una vez m&aacute;s y de la misma manera que en el caso de la demo cracia pol&iacute;tica, los intercambios en el mercado, tal como son observados, tienen que ser interpretados bajo la presuposici&oacute;n de la reciprocidad, aun cuando se den violaciones manifiestas de la norma. El comportamiento oportunista, que a menudo puede parecer que es el propio de los intercambios mercantiles, no deber&iacute;a ser interpretado como lo normal. Las "leyes e instituciones" necesarias, mencionadas por Adam Smith, incluyen no solamente reglas formales y convenciones informales, sino tambi&eacute;n la &eacute;tica institucionalizada del respeto mutuo o la reciprocidad. Y aqu&iacute; hay que subrayar que, aun cuando emp&iacute;ricamente parezca que una &eacute;tica tal est&aacute; ausente en amplias &aacute;reas de las relaciones mercantiles, hay que presuponer que la reciprocidad est&aacute; presente como una restricci&oacute;n fundamental.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. Implicaciones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las dos secciones precedentes, he sugerido que el orden liberal, que incluye la democracia pol&iacute;tica y la econom&iacute;a de mercado, tiene que estar basado en dos presuposiciones normativas: primero, que todas las personas son capaces de hacer sus propias elecciones y que prefieren ser aut&oacute;nomas; segundo, que la mayor&iacute;a de las personas, si no todas, entran en relaciones con las dem&aacute;s sobre la base de negociaciones justas, de reciprocidad y respeto mutuo. He sugerido tambi&eacute;n que, desde ciertas perspectivas, la realidad que se observa en la pol&iacute;tica y en la econom&iacute;a no parece ajustarse a estas presuposiciones. Mi argumento es que, no obstante ello y dejando de lado lo que pueda observarse, tenemos que proceder &#45;dentro de ciertos l&iacute;mites, por supuesto&#45; como si las presuposiciones estuvieran satisfechas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les son las implicaciones espec&iacute;ficas de esta postura para el conjunto de aspectos implicados en el dise&ntilde;o, reforma y cambio institucional&#45;constitucional? Me he referido ya a una instituci&oacute;n, el sufragio universal, que efectivamente debe estar basado en la aceptaci&oacute;n "como si" de la primera de estas dos presuposiciones. Un segundo complejo de instituciones, resumido bajo la r&uacute;brica del "gobierno de la ley", es quiz&aacute;s una implicaci&oacute;n menos evidente de la presuposici&oacute;n normativa seg&uacute;n la cual todas las personas son capaces de y desean autonom&iacute;a. Pues, &iquest;qu&eacute; podr&iacute;a significar el principio de "igualdad ante la ley" si, en alg&uacute;n sentido b&aacute;sico, las personas sometidas a la ley fueran consideradas "desiguales"?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una ley discriminatoria que incluya una clasificaci&oacute;n previa de las personas sometidas a su potencial fuerza coactiva viola claramente el precepto normativo. Esta implicaci&oacute;n es ampliamente aceptada. Por ejemplo, las distinciones entre las personas por razones de sexo, raza o religi&oacute;n son consideradas como "fuera de los l&iacute;mites" de un orden democr&aacute;tico. Sin embargo, son mucho menos entendidas las implicaciones para el funcionamiento de la pol&iacute;tica mayoritaria. El principio de generalidad, o no discriminaci&oacute;n, vale para todos los aspectos de la intervenci&oacute;n colectiva en las vidas individuales, mucho m&aacute;s de aqu&eacute;llos incluidos en las leyes entendidas en un sentido estricto.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Es quiz&aacute;s algo sorprendente que se haya reconocido poco o nada que los programas discriminatorios de gastos gubernamentales que apuntan a beneficiar a miembros de grupos clasificados seg&uacute;n caracter&iacute;sticas arbitrarias, aunque aparentemente plausibles, tiene que ser considerados como apartamientos manifiestos de la norma democr&aacute;tica b&aacute;sica. &iquest;Cu&aacute;l puede ser la justificaci&oacute;n "democr&aacute;tica" de programas que destinan subsidios o transferencias a grupos profesionales u ocupacionales particulares, a regiones especificadas, a productores o consumidores de determinados bienes y servicios? Ciertamente no es posible invocar una correspondencia, ingenuamente aplicada, entre "regla de la mayor&iacute;a" y "democracia" para legitimar una manifiesta discriminaci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ya lo se&ntilde;alara, las transferencias distributivas, sean o no discriminatorias en el sentido mencionado, pueden convertirse en elementos de una democracia efectiva s&oacute;lo si se las trata como si b&aacute;sicamente fueran de naturaleza constitucional. La implicaci&oacute;n institucional es clara. En la medida de lo posible, los programas que constituyen un tratamiento diferenciado de los miembros o grupos de la comunidad pol&iacute;tica tienen que estar expl&iacute;citamente constitucionalizados. Es decir, tales programas deben ser llevados a cabo como una parte de las reglas operativas dentro de las cuales se desenvuelve la pol&iacute;tica ordinaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las implicaciones de la segunda presuposici&oacute;n aqu&iacute; identificada no son tan f&aacute;cilmente evidentes. A fin de que la democracia pol&iacute;tica sea eficaz o que la econom&iacute;a de mercado funcione bien, las personas deben llevar a cabo las interacciones con las dem&aacute;s bajo cierta presunci&oacute;n de reciprocidad. Sin embargo, tal presunci&oacute;n puede surgir de un contexto cultural que no es f&aacute;cilmente susceptible de una reforma constructiva. F. A. Hayek, especialmente en sus &uacute;ltimos trabajos, subray&oacute; el hecho de que a trav&eacute;s de un proceso m&aacute;s bien misterioso de evoluci&oacute;n cultural las personas adquirir&iacute;an la disposici&oacute;n de tratar a los extra&ntilde;os desde una perspectiva de reciprocidad, movi&eacute;ndose as&iacute; m&aacute;s all&aacute; de la herencia gen&eacute;tica que permite s&oacute;lo la reciprocidad tribal en los intercambios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, desde aqu&iacute; se pueden delinear sugerencias para reformas institucionales. El tradicional ideal americano del "melting pot", en el que diversos grupos &eacute;tnicos y culturales de inmigrantes se asimilan a trav&eacute;s de un lenguaje y de experiencias sociales comunes, tiende a promover la norma de la reciprocidad generalizada. En cambio, ciertas actitudes modernas que tienden a animar el mantenimiento de identidades culturales separadas contradicen esta norma. La democracia, en tanto estructura pol&iacute;tica, fracasa en la medida en que las agencias de gobierno son consideradas como recursos para promover los intereses de determinados grupos a expensas de otros. Y los mercados, en tanto generadores eficientes de los valores deseados por los participantes, fracasan tambi&eacute;n si, con anterioridad a cada transacci&oacute;n, las personas tienen que identificar a la parte contratante recurriendo a alguna caracter&iacute;stica discriminatoria.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5. Conclusi&oacute;n: Las restricciones de la realidad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la reuni&oacute;n del <i>Tampere Club</i> de 2002, la atenci&oacute;n y la investigaci&oacute;n se centraron en el "futuro de la democracia". Aqu&iacute;, he intentado identificar las presuposiciones normativas que deber&iacute;an ser tenidas en cuenta en discusiones fecundas acerca de ese futuro. Sin ellas, tendremos dificultades para formular argumentos justificativos de las instituciones correspondientes. Pero con estas presuposiciones, actuamos con la esperanza de que los seres humanos son capaces de satisfacer los requisitos formulados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las actitudes implicadas en las presuposiciones aqui identificadas no deben ser extendidas ingenuamente de forma tal que deban aplicarse al comportamiento de <i>todas</i> las personas de la comunidad pol&iacute;tica. El dise&ntilde;o institucional&#45;constitucional deber&iacute;a prever desviaciones de las pautas normativas por parte de subconjuntos de los participantes y habr&iacute;a que incorporar a la estructura protecciones que limiten los da&ntilde;os que puedan imponer a los dem&aacute;s quienes se aparten de estas pautas. No hay que dar oportunidad para que las personas que o bien son incapaces de actuar aut&oacute;nomamente o bien no desean seguir siendo aut&oacute;nomas puedan ser conducidas, como reba&ntilde;os, por demagogos que, a trav&eacute;s de las agencias gubernamentales, puedan subvertir el propio orden liberal. El argumento de la separaci&oacute;n de poderes en el gobierno se basa, en parte, en el reconocimiento de este peligro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera similar, hay que aceptar el hecho de que algunos participantes, ya sea en el orden pol&iacute;tico o en el mercantil, no respetan las normas de reciprocidad. Y en los arreglos institucionales hay que incorporar protecciones frente a la indebida explotaci&oacute;n por parte de tales oportunistas. un medio a trav&eacute;s del cual esto puede lograrse son las garant&iacute;as legales&#45;constitucionales que permiten entrar y salir libremente tanto de los mercados pol&iacute;ticos como de los econ&oacute;micos. Mientras las persona conserven opciones de salida a un coste razonablemente bajo, la extensi&oacute;n de la explotaci&oacute;n queda fuertemente limitada. En el plano de lo pol&iacute;tico, la implicaci&oacute;n es que, all&iacute; donde ello sea posible, hay que establecer estructuras federales de gobierno y, dentro de las unidades particulares, deber&iacute;a estar abierto el ingreso a la competencia electoral, con una periodicidad electoral garantizada. En el &aacute;mbito de lo econ&oacute;mico, deber&iacute;a estar legalmente sancionada la protecci&oacute;n para ingresar y salir de todos los mercados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, las salvagardias constitucional&#45;institucionales adecuadamente dise&ntilde;adas en contra de las desviaciones de las normas pueden ser eficaces s&oacute;lo en contextos en donde el porcentaje de participantes dispuestos a violar las normas de autonom&iacute;a y reciprocidad permanece relativamente reducido. La falta generalizada o extendida de las personas de adherir a estas normas, junto con el reconocimiento difundido de que otros tambi&eacute;n violan estas pautas, asegurar&aacute; el fracaso del propio orden liberal, cualesquiera que sean las salvaguardias institucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos admitir que este fracaso est&aacute; siempre dentro del &aacute;mbito de lo posible. La "democracia" o, m&aacute;s generalmente, la "sociedad libre", puede no ser consistente con la realidad emp&iacute;rica de la humanidad. Despu&eacute;s de todo, el sue&ntilde;o de la Ilustraci&oacute;n puede haber sido ilusorio, tal como concluyen John Gray y otros desertores liberales. Y este siglo puede, una vez m&aacute;s, reiterar tragedias similares a las experimentadas en el siglo veinte y en otros siglos anteriores. Mi ex colega Frank Fukuyama puede haberse equivocado cuando hace una d&eacute;cada afirm&oacute; que hab&iacute;amos llegado al "fin de la historia", en el sentido de la lucha dial&eacute;ctica entre el individualismo (que permite la democracia y la econom&iacute;a libre) y el colectivismo. Por mi parte, siento la obligaci&oacute;n moral de dar el necesario salto de fe y pensar y actuar como si las personas pudieran, en verdad, ser individuos libres y responsables.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, no sugiero que debamos presuponer imaginativamente una realidad que no pudiera existir, ni siquiera potencialmente. Nuestro objeto de estudio es el comportamiento de seres humanos que pueden ser influenciados, pero no totalmente determinados por las instituciones que los restringen y por las actitudes que se adopten frente a estas instituciones. No podemos forzar la realidad para que responda a la imagen que nos hacemos de ella. Pero podemos, en tanto cient&iacute;ficos y fil&oacute;sofos sociales, ser obstinados en nuestro rechazo de los resultados de aquellos "cient&iacute;ficos" que, al menos por implicaci&oacute;n, socavan los fundamentos normativos sobre los que se basa el orden civil occidental. Es muy f&aacute;cil asumir una postura plat&oacute;nica y mofarse de la ingenuidad emp&iacute;rica de Thomas Jefferson y Adam Smith. Pero si lo hacemos, corremos grave peligro.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buchanan, James M. 1991: "The Foundations for Normative Individualism" en id., <i>The Economics and the Ethics of Constitutional Order,</i> Ann Arbor: University of Michigan Press, 221&#45;29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762901&pid=S1405-0218200600020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buchanan, James M. y Roger D. Congleton 1988: <i>Politics by Principle Not Interest: Toward Nondiscriminatory Democracy,</i> Nueva York y Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762903&pid=S1405-0218200600020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fukuyama, Francis 1992: <i>The End of History and the Last Man,</i> Nueva York: The Free Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762905&pid=S1405-0218200600020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gray, John 1995: <i>Enlightenment's Wake: Politics and Culture at the Close of the Modern Age,</i> Londres y Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762907&pid=S1405-0218200600020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Passmore, John 1970: <i>The Perfectibility of Man,</i> Nueva York: C. Scribner's Sons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762909&pid=S1405-0218200600020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rae, Douglas 1988: "Epistemic Individualism, Unanimity, and the Ideology of Liberty: <i>The Calculus of Consent</i> Revisited", ponencia presentada en una conferencia del Liberty Fund en Santa Cruz, California, junio de 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762911&pid=S1405-0218200600020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p><font face="verdana" size="2"><a name="notas" id="notas"></a><b>Notas</b></font></p>         <p><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Para una discusi&oacute;n amplia de este argumento, ver Rae (1988) junto con mi respuesta (Buchanan, 1991).</font></p>         <p><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Para una consideraci&oacute;n exhaustiva de la aplicaci&oacute;n y extensi&oacute;n del principio de generalidad a la pol&iacute;tica, ver Buchanan y Congleton (1988).</font></p>      ]]></body><back>
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