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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Justicia constitucional y esfera de lo indecidible en Luigi Ferrajoli]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Justicia constitucional y esfera de lo indecidible en Luigi Ferrajoli</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Adri&aacute;n Renter&iacute;a*</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador de Filosof&iacute;a del Derecho, Universidad de Insubria, Facultad de Jurisprudencia (Como, Italia).</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1. Aquello que es indecidible</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alguien ha dicho que en la vida de un estudioso, aun en presencia de una rica bibliograf&iacute;a, es posible identificar un &uacute;nico libro, un &uacute;nico argumento, que viene retomado una y otra vez y, paso a paso, llevado a sus extremas consecuencias. Afirmar lo anterior de la obra de un estudioso del perfil intelectual de Luigi Ferrajoli pudiera, a primera vista, parecer una excesiva simplificaci&oacute;n dado que su producci&oacute;n cient&iacute;fica se desarrolla en el arco de casi 40 a&ntilde;os. Si vemos bien, sin embargo, en la opera ferrajoliana se puede identificar un hilo conductor ideal que, desde sus primeros ensayos hasta el grandioso esfuerzo que est&aacute; detr&aacute;s de su monumental libro ya anunciado<sup><a href="#notas">1</a></sup>, se desarrolla en directrices que de alguna manera est&aacute;n ya contenidas en sus primeros trabajos. Es en este sentido, en efecto, que sus reflexiones quiz&aacute; m&aacute;s recientes sobre la ciudadan&iacute;a, la democracia y sobre los derechos fundamentales, deben ser consideradas como conclusiones, acaso no definitivas, de un complejo edificio conceptual que, en un sentido lato y extremadamente sumario, podr&iacute;amos llamar liberal&#45;democr&aacute;tico. Acerca de una de estas "conclusiones" quisiera detenerme en modo particular, tratando de precisar y desarrollar un aspecto particular que Ferrajoli hace objeto solamente de un breve examen.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, en este escrito, quisiera referirme solamente al pensamiento de Ferrajoli acerca de la noci&oacute;n de derechos fundamentales<sup><a href="#notas">2 </a></sup>dada la importancia intr&iacute;nseca de este argumento y, en segundo lugar, por el clamor que en Italia, pero no s&oacute;lo ah&iacute;, sus escritos al respecto han suscitado. Mi inter&eacute;s, sin embargo, no se encamina en la direcci&oacute;n de cumplir un esfuerzo por individualizar posibles contradicciones y/o para indicar soluciones a problemas no resueltos en el discurso que Ferrajoli ha desarrollado con respecto a los derechos fundamentales durante estos a&ntilde;os. En esta direcci&oacute;n, en efecto, se han ya movido estudiosos de valor y de diversa proveniencia disciplinaria, de Jori a Guastini, pasando por Bovero, Vitale, Pintore, Zolo, Bonanate, Baccelli. Ellos han subrayado algunas dificultades de la teor&iacute;a de Ferrajoli sobre los derechos fundamentales, a veces oblig&aacute;ndole a "ajustar la mira" sobre puntos importantes, o bien, dando lugar a r&eacute;plicas decididas; por ejemplo (Jori, Guastini, Zolo), haciendo observaciones cr&iacute;ticas acerca del supuesto car&aacute;cter <i>te&oacute;rico</i> o <i>formal</i> y el uso del cuantificador universal 'todos' de la definici&oacute;n de Ferrajoli de los derechos fundamentales, o bien pregunt&aacute;ndose si su constitucionalismo (sustancial y no s&oacute;lo formal) no termine por pretender dar respuesta a la pregunta acerca de la mejor forma de gobierno (Vitale), o bien, por devorar, mediante un constitucionalismo insaciable, la democracia procedural (Pintore), o por "vaciar" este aspecto de la democracia que, o es procedural o no es tal (Bovero). Y, a&uacute;n m&aacute;s, se han preguntado acerca del car&aacute;cter fundador de la definici&oacute;n de derechos fundamentales en relaci&oacute;n con las cuatro principales tesis de la teoria de la democracia ferrajoliana (Baccelli, Vitale, Jori, Zolo) y sobre la relaci&oacute;n entre derechos fundamentales y ciudadan&iacute;a (Zolo, Bonanate). Estos relieves cr&iacute;ticos, y otros m&aacute;s, han sido ya tomados en cuenta por Ferrajoli y, repito, a algunos ha dado respuesta esclareciendo su pensamiento y a otros ha rebatido de manera m&aacute;s bien contundente.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Por todo ello no me ha parecido oportuno tratar de efectuar una lectura cr&iacute;tica del pensamiento ferrajoliano ni tampoco tratar de reconstruir el debate desde sus or&iacute;genes hasta sus articulaciones cr&iacute;ticas y relativas respuestas.<a href="#notas"><sup>4</sup></a></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De particular inter&eacute;s, adem&aacute;s de ser menos explorado por quienes han analizado los escritos de Ferrajoli, me ha parecido un aspecto que tal vez &eacute;l mismo no desarrolla en manera completa, limit&aacute;ndose a una breve menci&oacute;n. Este aspecto concierne a aquella esfera que en la construccion constitucionalista de Ferrajoli es representada por los derechos fundamentales, es decir, con sus palabras, "la <i>esfera de lo indecidible:</i> del <i>no decidible que,</i> o sea, de las prohibiciones correspondientes a los derechos de libertad, y del <i>no decidible que no,</i> o sea, de las obligaciones p&uacute;blicas correspondientes a los derechos sociales".<sup><a href="#notas">5</a></sup> Me ocupar&eacute;, en otras palabras, s&oacute;lo de la relaci&oacute;n entre derechos fundamentales y democracia as&iacute; como la entiende Ferrajoli, lo que significa, en consecuencia, entrar de lleno en las tesis del constitucionalismo r&iacute;gido.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2. Los derechos fundamentales en Ferrajoli</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de continuar es necesario reconstruir, de manera sumaria, la concepci&oacute;n de Ferrajoli acerca de los derechos fundamentales, as&iacute; como explicitar, tambi&eacute;n en forma breve, las relaciones entre &eacute;stos y su noci&oacute;n de democracia. Es del todo evidente, para evitar malentendidos, que me limito a evidenciar el pensamiento ferrajolino, sin ninguna menci&oacute;n a sus puntos cr&iacute;ticos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Ferrajoli "son 'derechos fundamentales' todos aquellos derechos subjetivos que corresponden a 'todos' los seres humanos en cuanto dotados del <i>estatus</i> de personas, o de ciudadanos o de personas capaces de actuar; entendiendo por 'derecho subjetivo' cualquier expectativa positiva (a prestaciones) o negativa (a no lesiones) adscrita a un sujeto por una norma jur&iacute;dica positiva como presupuesto de su idoneidad a ser titular de situaciones jur&iacute;dicas y/o autor de los que constituyen su ejercicio".<sup><a href="#notas">6</a></sup> Esta definici&oacute;n (que es te&oacute;rica y formal) de 'derechos fundamentales' permite a Ferrajoli fundar cuatro tesis que &eacute;l considera parte esencial de una teor&iacute;a de la democracia sustancial. La primera tesis se refiere a la diferencia entre derechos fundamentales y derechos patrimoniales; la segunda es que los derechos fundamentales configuran la base de lo que Ferrajoli llama 'democracia sustancial', en oposici&oacute;n a la mera democracia pol&iacute;tica o formal; la tercera concierne a las relaciones entre la naturaleza supranacional de los derechos fundamentales y el concepto de ciudadan&iacute;a; la cuarta tesis, para terminar, se refiere a las relaciones entre los derechos fundamentales y sus garant&iacute;as primarias y secundarias.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Estas cuatro tesis, a su vez, conforman la base de la idea de Ferrajoli sobre el constitucionalismo actual, que se ha configurarado a partir de la generalizaci&oacute;n de las constituciones r&iacute;gidas y de la sujeci&oacute;n de los Estados a las convenciones internacionales sobre derechos humanos "como un nuevo paradigma, fruto de una profunda mutaci&oacute;n interna del paradigma paleoiuspositivista".<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les son los elementos distintivos del paradigma que Ferrajoli llama 'paleoiuspositivista'? Para iniciar, tal paradigma es la base de la acepci&oacute;n cl&aacute;sica del positivismo jur&iacute;dico, es decir, la idea del monopolio de la producci&oacute;n y aplicaci&oacute;n del derecho por parte del Estado y, adem&aacute;s, contribuye a configurar su postulado fundamental: el principio de legalidad formal, o de mera legalidad, como condici&oacute;n necesaria para la separaci&oacute;n entre derecho y moral. En tal sentido, la progresiva afirmaci&oacute;n del paradigma paleoiuspositivista constituye un decidido paso hacia adelante en la teor&iacute;a del derecho, pues contiene impl&iacute;citamente el principio de la omnipotencia del legislador, que se viene as&iacute; a oponer al paradigma del derecho premoderno, en el que no se distingu&iacute;a el derecho como es del derecho como se quiere que sea, entre derecho y moral: ahora, por el contrario, es derecho aquello que el legislador "dice". Con las palabras de Ferrajoli: "el postulado del positivismo jur&iacute;dico cl&aacute;sico es en efecto el principio de <i>legalidad formal</i> o, si se desea, de <i>mera legalidad,</i> como metanorma de reconocimiento de las normas vigentes. Con base en tal postulado, una norma jur&iacute;dica, cualquiera que sea su contenido, existe y es v&aacute;lida en raz&oacute;n &uacute;nicamente de la forma de su producci&oacute;n".<sup><a href="#notas">9</a></sup> &Eacute;l es muy claro al respecto: "La afirmaci&oacute;n &#91;del principio de legalidad formal&#93;, como sabemos, ha provocado una vuelta completa del paradigma con respecto al derecho premoderno: la separaci&oacute;n entre derecho y moral, es decir entre validez y justicia, en raz&oacute;n del car&aacute;cter completamente artificial y convencional del derecho existente. La juridicidad de una norma no depende m&aacute;s, en el derecho moderno, de su &iacute;ntrinseca justicia o racionalidad, sino s&oacute;lo de su positividad, o sea, del hecho de haber sido 'puesta' por una autoridad competente en las formas previstas para su producci&oacute;n".<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero si el principio de legalidad formal (o mera legalidad) hab&iacute;a proporcionado las bases para que se afirmase el paradigma que se coloca en la base del iuspositivismo cl&aacute;sico, a su vez el constitucionalismo moderno constituye el marco te&oacute;rico en el que se viene a desarrollar aquella que Ferrajoli llama una segunda revoluci&oacute;n, es decir, una mutaci&oacute;n interna del mismo paradigma iuspositivista. No podr&iacute;a decirlo en manera mejor que con las mismas palabras de Ferrajoli: "si la primera revoluci&oacute;n se hab&iacute;a expresado en el consolidarse de la omnipotencia del legislador, o sea del principio de mera legalidad (o de legalidad formal) como norma de reconocimiento de la existencia de las normas, esta segunda revoluci&oacute;n se ha cumplido con el afirmarse de lo que podemos llamar el principio de <i>estricta legalidad</i> (o de <i>legalidad sustancial):</i> es decir, con la sujeci&oacute;n de las leyes a los v&iacute;nculos no solo formales sino tambi&eacute;n sustanciales impuestos por los principios y por los derechos fundamentales expresos por las constituciones".<sup><a href="#notas">11</a></sup> He aqu&iacute; evidente, entonces, el nexo entre las tesis ferrajolianas acerca del constitucionalismo y las tesis, que derivan de su definici&oacute;n de 'derechos fundamentales', que est&aacute;n en su base; este nexo es quiz&aacute; m&aacute;s evidente, a mi juicio, con la lectura paralela de la segunda y cuarta tesis y el constitucionalismo de Ferrajoli.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veamos la segunda tesis. "&iquest;En qu&eacute; sentido &#151;se pregunta Ferrajoli&#151;los derechos fundamentales expresan la dimensi&oacute;n que he llamado 'sustancial' de la democracia, en oposici&oacute;n a la dimensi&oacute;n 'pol&iacute;tica' o 'formal'? &iquest;Y en qu&eacute; sentido ellos incorporan valores <i>apriori</i> y m&aacute;s importantes con respecto a la democracia pol&iacute;tica?".<sup><a href="#notas">12</a></sup> La respuestas a estas preguntas, para Ferrajoli, se articula en dos direcciones: la primera es una respuesta de alguna manera <i>a posteriori,</i> y tiene que ver con el plano material, del contenido de los derechos fundamentales; la segunda, quiz&aacute; de mayor relevancia, deriva del car&aacute;cter formal de la definici&oacute;n, es decir del hecho de que los derechos fundamentales son universales e indisponibles, y de la noci&oacute;n de igualdad conectada con ellos. Ferrajoli sostiene que "la forma universal, inalienable, indisponible y constitucional de estos derechos se revela en otras palabras como la t&eacute;cnica &#151;o garant&iacute;a&#151; de tutela de lo que en el pacto constitucional viene considerado 'fundamental': o sea, aquellas necesidades sustanciales cuya satisfacci&oacute;n es condici&oacute;n de la convivencia civil y raz&oacute;n y causa del artificio que es el Estado".<sup><a href="#notas">13</a></sup> La cuarta tesis, por otro lado, es utilizada por Ferrajoli para establecer una distinci&oacute;n, al mismo tiempo banal y revolucionaria, entre los derechos y sus garant&iacute;as, para contestar las afirmaciones de matriz realista de quienes niegan los primeros (tanto de derecho interno como de derecho internacional) en raz&oacute;n de la mera ausencia de las segundas (las garant&iacute;as). Existen, seg&uacute;n Ferrajoli, cuando menos dos razones que desaconsejan la confusi&oacute;n entre derechos y garant&iacute;as, que genera el no&#45;reconocimiento de los primeros cuando faltan las segundas. Una es la desvalorizaci&oacute;n, en el plano jur&iacute;dico, de dos de las mayores conquistas del constitucionalismo del siglo xix: la internacionalizaci&oacute;n de los derechos fundamentales y la constitucionalizaci&oacute;n de los derechos sociales, que se reducir&iacute;an, dado que en general no se les dota de adecuadas garant&iacute;as, a meras proclamaciones ret&oacute;ricas.<sup><a href="#notas">14</a></sup> La otra, m&aacute;s importante, concierne la naturaleza positiva y din&aacute;mica del derecho, opuesta a la moral y a los sistemas de derecho natural, que son por naturaleza est&aacute;ticos. Contrariamente a lo que sucede en los sistemas normativos est&aacute;ticos, observa Ferrajoli, en los sistemas din&aacute;micos como el derecho "la existencia o la inexistencia de una situaci&oacute;n jur&iacute;dica, o sea de una obligaci&oacute;n o de una prohibici&oacute;n o de un permiso o de una expectativa jur&iacute;dica, depende de la existencia de una norma jur&iacute;dica que la prevea, la cual, a su vez, no se deduce de la existencia de otras normas, sino que se induce, como <i>hecho emp&iacute;rico,</i> del acto de su producci&oacute;n".<sup><a href="#notas">15</a></sup> Lo que significa, en otras palabras, la posible presencia en el derecho de antinomias y lagunas, es decir, la presencia eventual de normas contradictorias y la ausencia de criterios adecuados para resolverlas y, asimismo, la ausencia de obligaciones y prohibiciones relativas a un derecho establecido mediante una norma jur&iacute;dica y de la obligaci&oacute;n de aplicar la sanci&oacute;n cuando se violen tales obligaciones y prohibiciones que son, por decirlo as&iacute;, de primer grado.<sup><a href="#notas">16</a></sup> Bajo esta &oacute;ptica, en el derecho fundamental a la integridad f&iacute;sica nosotros podemos distinguir la dimensi&oacute;n de sus garant&iacute;as primarias (o de sus lagunas primarias si faltasen) que consisten en la prohibici&oacute;n, establecida mediante normas jur&iacute;dicas positivas, de atentar contra la vida de nuestros semejantes, y la dimensi&oacute;n de sus garant&iacute;as secundarias (o de las lagunas secundarias si faltasen) relativa a la obligaci&oacute;n de los &oacute;rganos predispuestos a la aplicaci&oacute;n de la ley de conminar las relativas sanciones a quienes violen lo que disponen las garant&iacute;as primarias.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la existencia de las garant&iacute;as &#151;primarias y secundarias&#151; relativas a todos los derechos fundamentales no se da por descontada en un sistema din&aacute;mico como el derecho, pues, como se ha visto, ellas dependen de un preciso acto de voluntad, de una expresa estipulaci&oacute;n por parte de un &oacute;rgano autorizado a producir normas positivas. Puede suceder, como de hecho sucede con algunos derechos sociales y con los que pertenecen al derecho internacional, que efectivamente falten sus garant&iacute;as sin que esta inexistencia, en la tesis de Ferrajoli, determine la inexistencias de los relativos derechos.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. Democracia sustancial y justicia constitucional</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Regresemos ahora a lo que se dec&iacute;a antes sobre los derechos fundamentales como principio que pone en acto la "ca&iacute;da" del paradigma iuspositivista y que genera el nuevo paradigma constitucionalista. Por el hecho de que ellos se confieran <i>ex lege</i> por su rango constitucional, por su car&aacute;cter igualitario, universal e indisponible, se sigue que los derechos fundamentales est&aacute;n connotados sustancialmente y que, a su vez, imprimen un signo distintivo al estado de derecho y a la democracia constitucional. Los derechos fundamentales son, entonces, sustanciales, relativos no solamente a la forma de su producci&oacute;n sino tambi&eacute;n a su contenido. La forma de su producci&oacute;n hab&iacute;a sido puesta a "salvo" cuando se afirm&oacute; el paradigma iuspositivista contra el paradigma del derecho premoderno, mientras ahora la sustancia se re&#45;introduce a partir del reconocimiento de los principios y de los derechos fundamentales establecidos en las constituciones, es decir, como un requisito para comprender mejor la esfera de las garant&iacute;as. Si antes una norma jur&iacute;dica era v&aacute;lida si respetaba los requisitos de competencia y de procedimiento, ahora estos requisitos son suficientes s&oacute;lo para fundar el vigor, la vigencia, mientras que la validez vera y propia depende de su contenido o, mejor dicho, de la relaci&oacute;n de ella con las normas de grado superior, en un nexo que se reproduce en todos los grados del ordenamiento. La esfera contenut&iacute;stico&#45;material del constitucionalismo de Ferrajoli tiene que ver entonces tambi&eacute;n con una dimensi&oacute;n sustancial de la democracia, en la que las decisiones de los poderes p&uacute;blicos est&aacute;n subordinadas, en raz&oacute;n de su contenido, a la constituci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, estableciendo un nexo entre el concepto de democracia sustancial y la misma definici&oacute;n de los derechos fundamentales, Ferrajoli configura en modo extremadamente convincente un marco en cuyo interior encuentra plena justificaci&oacute;n la existencia de un &oacute;rgano supraordenado al poder del legislador. Tal &oacute;rgano no es otra cosa que un Tribunal Superior (Corte Constitucional, Tribunal Constitucional); como sabemos, una instituci&oacute;n de ese tipo se puede, a vario t&iacute;tulo, identificar en las reflexiones del Abad Siey&eacute;s y en su <i>Jury constitutionnaire</i><sup><a href="#notas">17</a></sup> Pero es bien sabido tambi&eacute;n que s&oacute;lo con Kelsen y "su obra m&aacute;s amada"<sup><a href="#notas">18</a></sup>, o sea sus, tesis acerca del control de constitucionalidad acogido en la Constituci&oacute;n austriaca de 1920, se viene a determinar en todo su alcance un modelo de justicia constitucional "continental", despu&eacute;s adoptado en todas las constituciones europeas despu&eacute;s de la Segunda guerra mundial y diferente del modelo difuso estadounidense.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las caracter&iacute;sticas del modelo kelseniano de justicia constitucional son bien conocidas y por ello no es el caso ahora detenerse en ellas en modo exhaustivo.<sup><a href="#notas">19</a></sup> Es suficiente, para los fines que se persiguen, subrayar el papel del modelo &#151;coherente, entre otras cosas, con la visi&oacute;n nomodin&aacute;mica kelseniana&#151; como &oacute;rgano encargado de controlar el funcionamiento del &oacute;rgano legislativo, precisamente mediante el parang&oacute;n del producto de tal actividad con la constituci&oacute;n. En esta &oacute;ptica, la novedad de la propuesta de Ferrajoli se articula, a mi juicio, en dos puntos fundamentales. El primero de ellos consiste en acentuar el l&iacute;mite representado por los derechos fundamenales reconocidos en la constituci&oacute;n a la actividad del legislador, de hecho substray&eacute;ndoles de las decisiones de las mayor&iacute;as pol&iacute;ticas; se trata, evidentemente, de la esfera de lo que <i>no es l&iacute;cito decidir,</i> es decir, de un aspecto particular del &aacute;mbito m&aacute;s general de la esfera de lo indecidible. El segundo punto se refiere, siempre tomando como punto de comparaci&oacute;n los derechos fundamenales, no tanto a lo que el legislador no puede decidir en raz&oacute;n del l&iacute;mite de dichos derechos, sino, m&aacute;s bien, a lo que <i>el legislador debe decidir</i> con base en los mismos derechos. Com&uacute;n a los dos puntos es el hecho de que configuran un constitucionalismo r&iacute;gido y, sobre todo, su corolario l&oacute;gico: un Tribunal constitucional.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. Lo que el legislador no debe decidir</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre el primero de los puntos no hay nada que decir. Ferrajoli recupera en su tesis de la democracia sustancial el aspecto de la indisponibilidad de los derechos fundamentales en relaci&oacute;n a la pol&iacute;tica &#151;presente ya de alguna manera en el modelo kelseniano&#151;<sup><a href="#notas">20</a></sup> y tambi&eacute;n de alguna manera parte de la idea, ampliamente difundida, del Estado constitucional de derecho. Si bien para algunos estudiosos el de Kelsen es a&uacute;n un modelo en el que la democracia, "por cuanto corregida mediante la introducci&oacute;n de un control de constitucionalidad, segu&iacute;a ... siendo una <i>democracia legislativa, o parlamentaria",</i><sup><a href="#notas">21</a></sup> en realidad para &eacute;l estamos ya de frente a un n&uacute;cleo indisponible para la esfera de la pol&iacute;tica, que se puede asimilar a la definici&oacute;n de derechos fundamentales y a la noci&oacute;n de democracia sustancial de Ferrajoli. Dice Kelsen, en efecto, "cuando proclama la igualdad de los ciudadanos de frente a la ley, la libertad de opini&oacute;n, la libertad de conciencia, la inviolabilidad de la propiedad en su forma habitual de un derecho subjetivo a la igualdad, a la libertad, a la propiedad, etc. que se garantiza a los individuos, la constituci&oacute;n dispone, en fondo, que las leyes no s&oacute;lo deber&aacute;n ser elaboradas en el modo establecido por ella, sino que tambi&eacute;n que no deber&aacute;n contener disposiciones que atenten a la igualdad, a la libertad, a la propiedad, etc.". Esta enunciaci&oacute;n se refleja &#151;si bien en forma un tanto t&iacute;mida&#151; ya en el art&iacute;culo 144 de la Constituci&oacute;n austr&iacute;aca, donde se establece que la Corte Constitucional se expresa sobre las denuncias de quienes consideran que sus propios derechos, garantizados constitucionalmente, han sido violados. &Eacute;ste, en efecto, constituye uno de los puntos centrales de la noci&oacute;n kelseniana de constituci&oacute;n, no s&oacute;lo como "una regla de procedimiento sino tambi&eacute;n &#91;como&#93; una regla sustancial; de modo que una ley puede ser inconstitucional ya sea a causa de una irregularidad procedimental relativa a su formaci&oacute;n, ya sea tambi&eacute;n a causa de un contenido contrario a los principios o a las directivas formuladas por el constituyente, cuando supera los l&iacute;mites prefijados".<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El m&eacute;rito de Ferrajoli sobre este argumento es haber recuperado, evidenci&aacute;ndolo en forma neta e inequ&iacute;voca y articul&aacute;ndolo clararamente en su teor&iacute;a del constitucionalismo como nuevo paradigma del derecho, el principio de la indisponibilidad de los derechos fundamentales. Este principio, a mi parecer, hab&iacute;a ya sido individuado por Kelsen, si bien no lo hubiese desarrollado suficientemente, siendo tal vez &eacute;l prisionero de su misma teor&iacute;a del derecho.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De cualquier manera, es quiz&aacute; s&oacute;lo con el constitucionalismo de la segunda posguerra, como dice Ferrajoli<sup><a href="#notas">23</a></sup> &#151;y con &eacute;l autores como Fioravanti&#151;, que se concibe "la constituci&oacute;n como el lugar en el que se enunciaban los principios fundamentales y los grandes valores que caracterizaban el tipo de democracia que se quer&iacute;a construir, colocando los unos y los otros, en su objetividad, en una zona antecedente a la asociaci&oacute;n pol&iacute;tica y su ley positiva, casi reproduciendo aquel modelo iusnaturalista que el mismo Kelsen siempre hab&iacute;a, coherentemente, contestado".<sup><a href="#notas">24</a></sup> De alguna manera, en efecto, el modelo de justicia constitucional de Kelsen no es otra cosa que una consecuencia l&oacute;gica de la <i>Stufenbau</i> del ordenamiento jur&iacute;dico, donde s&oacute;lo la norma fundamental y los actos de ejecuci&oacute;n material no son, al mismo tiempo, aplicaci&oacute;n y creaci&oacute;n de derecho. De acuerdo con esto, la legislaci&oacute;n constituye, coherentemente, aplicaci&oacute;n de la constituci&oacute;n,<sup><a href="#notas">25</a></sup> mientras que con respecto al reglamento y otros actos subordinados a la ley ordinaria constituye creaci&oacute;n. Pero la aplicaci&oacute;n as&iacute; como la creaci&oacute;n del derecho son comunes a todo grado del ordenamiento, exclu&iacute;das la norma fundamental y los actos ejecutivos, de consecuencia que nace, en relaci&oacute;n con la primera (la creaci&oacute;n del derecho), un problema de regularidad, es decir de correspondencia entre un grado interior y un grado superior del ordenamiento.<sup><a href="#notas">26</a></sup> Esta regularidad, como se ha dicho, constituye un aspecto com&uacute;n a todos los momentos, a lo largo de todo el ordenamiento, a trav&eacute;s de los cuales el derecho se concretiza: no s&oacute;lo de la ley en relaci&oacute;n con la constituci&oacute;n, sino tambi&eacute;n del reglamento respecto de la ley, de la sentencia en relaci&oacute;n con el reglamento, de la ejecuci&oacute;n y del acto administrativo en relaci&oacute;n con la sentencia. La no exclusividad, que es del todo conforme con la doctrina de la <i>Stufenbau</i> kelseniana, de la relaci&oacute;n de regularidad (o, mejor, de conformidad) entre ley y constituci&oacute;n, viene de esta manera, a mi juicio, a "esconder" un aspecto relevante de la indisponibilidad de los derechos fundamentales, contribuyendo a generar una especio de equ&iacute;voco que consiste en considerar la justicia constitucional como una estrategia adecuada s&oacute;lo para resolver el problema de la coherencia del ordenamiento. Distinguiendo as&iacute; este modelo "concentrado" de justicia constitucional del as&iacute; llamado modelo "difuso" presente en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica, que nace precisamente de una exigencia de tutela de los derechos de los ciudadanos norteamericanos.<sup><a href="#notas">27</a></sup> Un fruto de este equ&iacute;voco, grave en el plano pol&iacute;tico no menos que en el jur&iacute;dico, es, por ejemplo, la generalizaci&oacute;n de una concepci&oacute;n de la justicia constitucional como un instituto jur&iacute;dico sin nexo alguno con la esfera de los derechos fundamentales, de alguna manera como si tuviera s&oacute;lo el fin abstracto de vigilar sobre la constituci&oacute;n. En efecto, tambi&eacute;n con particular referencia a la Corte Constitucional italiana, se ha afirmado que ella no nace como una jurisdicci&oacute;n de la libertad y de los derechos fundamentales, sino que tiene en su base m&aacute;s bien una t&iacute;pica preocupaci&oacute;n iuspositivista por la mera coherencia del ordenamiento.<sup><a href="#notas">28</a></sup> Bajo esta &oacute;ptica, se reserva, a la actividad de la justicia constitucional un espacio meramente residual, secundario, del todo contingente, muy cercano al que se le asignaba, en buena parte de la discusi&oacute;n desarrollada a finales del siglo XIX, a la justicia administrativa.<sup><a href="#notas">29</a></sup></font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me parece, por el contrario, que Ferrajoli va mucho m&aacute;s alla de esto, retomando las se&ntilde;ales de Kelsen al respecto para llegar a colocar la esfera de los derechos fundamentales en el centro de su noci&oacute;n de justicia constitucional como n&uacute;cleo de la indisponibilidad de &eacute;stos en relaci&oacute;n al poder pol&iacute;tico, si bien sin disminuir la funci&oacute;n de los Tribunales constitucionales como garant&iacute;a de coherencia; a ellos, por ejemplo, se les destina la tarea de "escoger" entre los dos extremos de la antinomia que resulta cuando el legislador emana leyes contrarias a la constituci&oacute;n, asegurando la preeminencia de &eacute;sta. Para Ferrajoli, como se ha dicho, la correspondencia de la ley con la constituci&oacute;n se resuelve en una comparaci&oacute;n que se desarrolla tanto en el plano de la forma (el qui&eacute;n y el c&oacute;mo) cuanto en el plano del contenido (el qu&eacute;); esta correspondencia sustancial, no menos que la formal, configura en Ferrajoli su teor&iacute;a de la democracia sustancial y el constitucionalismo r&iacute;gido del Estado de derecho, precisamente en raz&oacute;n de que coloca la constituci&oacute;n al reparo de los asaltos de las contingentes mayor&iacute;as parlamentarias, las cuales deben tomar en consideraci&oacute;n no s&oacute;lo la forma sino tambi&eacute;n el contenido de las leyes que emanan, visto que sobre su actividad vigila un Tribunal Constitucional.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; un tanto parad&oacute;jicamente, es en la dimensi&oacute;n sustancial de la democracia que se pueden producir algunas dificultades para la intuici&oacute;n de Ferrajoli, pues este tipo de control de constitucionalidad, contrariamente al que se refiere a la dimensi&oacute;n formal, contiene el "germen" insidioso de la discrecionalidad. En efecto, el control de correspondencia formal (del qui&eacute;n y del c&oacute;mo) pudiera resolverse a final de cuentas en una mera actividad emp&iacute;rico&#45;cognoscitiva, expresada mediante un enunciado descriptivo verofuncional. Mientras que, viceversa, el control material, sustancial, no consiste absolutamente en una fr&iacute;a comparaci&oacute;n entre hechos emp&iacute;ricos reconducibles a un enunciado que podemos calificar como verdadero o falso; al contrario, este control plantea en toda su problematicidad la cuesti&oacute;n, central en el derecho, de la interpretaci&oacute;n. No es casual, en efecto, que la doctrina constitucionalista, en particular modo la que tiene como objeto particular la justicia constitucional, se ha puesto desde hace ya tiempo el interrogativo de si las sentencias de los Tribunales constitucionales tienen como objeto disposiciones o normas.<sup><a href="#notas">30</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Establecer, entonces, que una ley del parlamento es (o no es) inconstitucional en raz&oacute;n de su contenido (del qu&eacute;), constituye un problema interpretativo que, como tal, a menos de no asumir una postura formalista al respecto, puede determinar el inconveniente de que nos encontremos de frente a una actividad que no es de mero acertamiento sino de voluntad. Cierto, se tratar&iacute;a, en consecuencia, de un problema que se podr&iacute;a resolver &#151;o al menos circunscribir&#151; mediante indicaciones de <i>legal drafting,</i> para establecer condiciones de limitar lo m&aacute;s posible la incerteza que puede nacer de la comparaci&oacute;n entre dos contenidos que han sido expresados mediante el lenguaje (la ley y la Constituci&oacute;n).</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5. Lo que el legislador debe decidir</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrajoli, por otra parte, va a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; cuando establece que este control de correspondencia sustancial (complementario del control meramente formal) no s&oacute;lo se desarrolla en el plano de lo que no es l&iacute;cito decidir por parte del legislador: &eacute;l afirma en efecto otro plano de la esfera m&aacute;s general de lo no decidible, o sea, el plano de lo que no es l&iacute;cito no decidir. Si el primer plano ve la funci&oacute;n del &oacute;rgano de la justicia constitucional como una actividad puramente <i>negativa,</i> de expulsi&oacute;n de la ley que contrasta con la constituci&oacute;n, este segundo plano se resuelve en una propuesta de actividad <i>positiva,</i> mediante la cual se puede indicar al legislador <i>cual</i> ley emanar para actuar los principios de la constituci&oacute;n y los derechos fundamentales establecidos en ella. Pero existe una diferencia relevante entre estos dos tipos de actividad que va mucho m&aacute;s all&aacute; del simple hecho de ser una <i>negativa</i> y la otra <i>positiva</i> y que es oportuno ahora evidenciar.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, la primera actividad, la <i>negativa,</i> que tiene por objeto el campo de lo que no es l&iacute;cito decidir, consiste de alg&uacute;n modo en un acto constitutivo, en el sentido de que declarar la inconstitucionalidad de una ley equivale a hacerla ineficaz.<sup><a href="#notas">31</a></sup> Por lo menos este es el sentido que Kelsen atribuye a su modelo, cuando sostiene que "si se desea una eficaz garant&iacute;a de la constituci&oacute;n es necesario que el acto sometido al control del tribunal constitucional, en el caso de que se reconozca como irregular, se anule directamente por este &uacute;ltimo. La decisi&oacute;n, aunque se refiera a normas generales &#151;y este es el caso principal&#151; debe poseer fuerza de anulamiento"<sup><a href="#notas">32</a></sup> Naturalmente no es que las palabras de Kelsen sean definitivas a este respecto: &eacute;l mismo en varias ocasiones subraya el hecho de que no deben existir soluciones uniformes para todas las constituciones.<sup><a href="#notas">33</a></sup> En efecto, sobre este argumento alguien ha sostenido, siguiendo las huellas de algunas categor&iacute;as conceptuales presentes en el derecho procesal, que las decisiones adoptadas por los Tribunales constitucionales, en modo especial en la experiencia italiana, tienen el car&aacute;cter de un mero acertamiento.<sup><a href="#notas">34</a></sup> Es verdad, como se dec&iacute;a, que la p&eacute;rdida de eficacia es un efecto que se sigue de la sentencia de inconstitucionalidad, pero tambi&eacute;n es verdad que tal efecto, al menos en el ordenamiento italiano, se instituye en el ordenamiento constitucional y como resultado de la actividad del tribunal. A &eacute;ste, de consecuencia, se le precluye "cualquier determinaci&oacute;n relativa a la suerte del acto legislativo que se declare inconstitucional".<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen sin duda dificultades objetivas acerca de la ineficacia inmediata de una ley declarada inconstitucional. Se trata, en primer lugar, de una cuesti&oacute;n de publicidad, en el sentido simple de hacer del conocimiento p&uacute;blico la sentencia de inconstitucionalidad, algo no muy sencillo; en efecto, un n&uacute;mero del Diario Oficial de la Federaci&oacute;n (o cualquier otro nombre que se d&eacute; al &oacute;rgano oficial donde se hacen p&uacute;blicos los actos del Estado) tiene como objeto medidas "viejas", tomadas en d&iacute;as anteriores. Pero no es &eacute;sta la dificultad mayor, pues en realidad, si vemos bien, este aspecto es com&uacute;n a las decisiones emanadas en la sede legislativa<sup><a href="#notas">36</a></sup>. Mucho m&aacute;s arduo, por el contrario, es considerar inmediatamente constitutiva una sentencia de inconstitucionalidad, fundamental para el funcionamiento del Estado, que se origina en un &oacute;rgano que se considera parte del poder judicial<sup><a href="#notas">37</a></sup> pero cuya actividad, dada su naturaleza no pol&iacute;tico&#45;representativa, quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s oportuno calificar como de mero acertamiento. A la base de todo esto, evidentemente se pone una m&aacute;s que leg&iacute;tima preocupaci&oacute;n acerca de la separaci&oacute;n entre los poderes del Estado, ya examinada en su momento por Kelsen y declarada como inexistente por considerar a los Tribunales constitucionales como &oacute;rganos del poder legislativo y no del poder judicial. La diferencia entre la funci&oacute;n jurisdiccional y la funci&oacute;n legislativa &#151;sostiene Kelsen&#151; consiste sobre todo en el hecho de que &eacute;sta crea normas generales mientras aqu&eacute;lla crea s&oacute;lo normas individuales. Ahora, anular una ley significa crear una norma general, siendo, por decirlo as&iacute;, una formaci&oacute;n de signo negativo, y de consecuncia una funci&oacute;n legislativa. Y un tribunal que tiene el poder de anular las leyes es de consecuencia &oacute;rgano del poder legislativo".<sup><a href="#notas">38</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es un hecho, a pesar de todo, que a la sentencia de inconstitucionalidad de una ley sigue, como efecto mediato o inmediato, su ineficacia: el car&aacute;cter mediato o inmediato constituye un mero aspecto contingente, relativo al modo espec&iacute;fico en que se articulan las diversas constituciones cuando se dotan de un tribunal constitucional.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diferente en parte (quiz&aacute; s&oacute;lo m&aacute;s acentuada en relaci&oacute;n con sus puntos problem&aacute;ticos) es la situaci&oacute;n por lo que respecta a la actividad <i>positiva</i> de los tribunales constitucionales, es decir, el campo de lo que no es l&iacute;cito no decidir por el legislador, siendo que la constituci&oacute;n, seg&uacute;n el modo de ver de Ferrajoli, establece <i>aquello que debe ser.</i> Para entendernos, estamos aqu&iacute; en el terreno de los llamados derechos sociales, que consisten <i>grosso modo</i> en lo que Ferrajoli denomina "expectativas positivas", relativas no a la simple ausencia de obst&aacute;culos sino, por el contrario, a la presencia objetiva de determinadas condiciones que hagan posible, por ejemplo, el goce efectivo de un derecho fundamental como el derecho a la salud. Puede suceder, en efecto, que un determinado ordenamiento instituya en su propia constitici&oacute;n este derecho extendi&eacute;ndolo a todos los ciudadanos, pero que falten las leyes secundarias (ley ordinaria, decreto, reglamento) relativas; es decir se determina una situaci&oacute;n en la que un derecho se establece constitucionalmente pero en la pr&aacute;ctica no se le hace efectivo. De la falta de garant&iacute;as de un derecho, que Ferrajoli distingue en garant&iacute;as primarias y garant&iacute;as secundarias, no se deduce la inexistencia del derecho mismo,<sup><a href="#notas">39</a></sup> de manera que con su tesis acerca de la democracia sustancial con una constituci&oacute;n r&iacute;gida, se viene a generar un problema de plenitud del ordenamiento, el cual se articula en dos direcciones: una relativa a las lagunas primarias, o sea la falta de obligaciones y prohibiciones en que consisten las garant&iacute;as primarias, y la otra relativa a las lagunas secundarias, es decir a la ausencia de los &oacute;rganos encargados de sancionar (o reparar) las violaciones contenidas en las garant&iacute;as primarias. Es del todo evidente que el uso del t&eacute;rmino 'laguna' en Ferrajoli asume un significado que va m&aacute;s all&aacute; del que com&uacute;nmente se acoge en la doctrina, seg&uacute;n el cual, laguna es aquella circunstancia concreta cuya soluci&oacute;n no est&aacute; prevista por norma jur&iacute;dica alguna. En el contexto de los derechos fundamentales, en efecto, Ferrajoli utiliza este vocablo para referirse a la falta de una o m&aacute;s normas, mas no en relaci&oacute;n a una circunstancia concreta que necesita una soluci&oacute;n jur&iacute;dica, sino para evidenciar como esta ausencia se debe a la comparaci&oacute;n de un hecho emp&iacute;rico con el contenido de una circunstancia abstracta de nivel constitucional. No entro ahora en el detalle de la operaci&oacute;n redefinitoria de Ferrajoli, si bien, de cualquier modo, veo con extrema simpat&iacute;a su resultado final, o sea, la exhortaci&oacute;n en el plano metate&oacute;rico dirigida a legisladores y juristas &#151;te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos&#151; a tomar en serio las palabras del derecho y a concretizar la constituci&oacute;n.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ferrajoli, entonces, si no me equivoco, la actividad de un tribunal (o corte) constitucional se articula en dos principales actividades: la <i>negativa,</i> de substracci&oacute;n de la esfera de los derechos fundamentales a la acci&oacute;n de la mayor&iacute;a pol&iacute;tica, distinguiendo entre validez formal (o vigor) y validez sustancial (o validez vera y propia), anulando las leyes cuyo contenido contraste con la constituci&oacute;n, y la <i>positiva,</i> que consiste en colmar las lagunas primarias y secundarias que resulten de la comparaci&oacute;n entre los derechos fundamentales reconocidos en la constituci&oacute;n y la realidad que los individuos viven. Ferrajoli, a decir verdad, no entra en los detalles, al menos en el ensayo que aqu&iacute; se examina, de las posibles dificultades de estas dos modalidades de intervenci&oacute;n, empe&ntilde;ado como est&aacute; en un discurso que tiene finalidades diferentes. Sobre la primera de ellas, la <i>negativa,</i> no me parece que haya mucho m&aacute;s que agregar, dado todo lo que ya se ha dicho poco antes, y sobre todo de frente a una copiosa literatura ya existente al respecto. Es sobre la segunda de las dos modalidades, la <i>positiva,</i> donde se concentran quiz&aacute; las mayores dificultades, de orden no solo t&eacute;cnico&#45;jur&iacute;dico sino tambi&eacute;n, y sobre todo, de naturaleza pol&iacute;tica, y es sobre este punto que tal vez se puede intentar un desarrollo cr&iacute;tico.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>6. Juez constitucional y Parlamento</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde una perspectiva t&eacute;cnico&#45;jur&iacute;dica, emerge un primer problema relativo a las modalidades mediante las cuales un tribunal constitucional puede colmar las lagunas, en el sentido que se ha evidenciado. Se pueden, tal vez, individuar dos alternativas al respecto. En primer lugar el tribunal constitucional puede enviar invitaciones (o recomendaciones, exhortaciones u &oacute;rdenes, etc.) al legislador para que proceda a emanar las leyes que hagan justiciable el derecho enunciado en la constituci&oacute;n; o bien, en segundo lugar, el tribunal podr&iacute;a sostituir al legislador, confiriendo a sus propios actos (de juez constitucional) las caracter&iacute;sticas que posee las legislaci&oacute;n. Sobre la primera v&iacute;a, inmediatamente nos confrontamos con una actitud de pol&iacute;tica del derecho quiz&aacute; com&uacute;n a muchos estudiosos que, a cuanto me resulta, es sostenida en modo expl&iacute;cito por pocos; por ejemplo, Riccardo Guastini sostiene que "en los sistemas jur&iacute;dicos modernos el legislador no puede ser obligado a legiferar". "Cierto &#151;agrega Guastini&#151; si la constituci&oacute;n es r&iacute;gida &#91;...&#93;, el juez constitucional puede anular toda ley que viole un derecho social. Pero ning&uacute;n juez puede anular la inexistencia de una ley (es decir una ley inexistente). La omisi&oacute;n de proveer, por parte del legislador, carece de toda sanci&oacute;n".<sup><a href="#notas">40</a></sup> Guastini, creo, capta el punto cr&iacute;tico impl&iacute;cito en la propuesta ferrajoliana: &iquest;c&oacute;mo puede el juez constitucional, en efecto, obligar el legislador a colmar una laguna con la emanaci&oacute;n de las garant&iacute;as primarias y secundarias necesarias para hacer justiciable un derecho? &iquest;Cu&aacute;les caracter&iacute;sticas debe poseer una medida aoptada por el juez constitucional para hacer que la laguna sea colmada? El punto crucial, en efecto, reside en el hecho de desear o no que el juez constitucional intervenga sobre este "vac&iacute;o", esta laguna, esta no existencia de una ley. Si se desea dotar al juez constitucional de un poder normativo (o paranormativo) en modo de hacer vinculante su decisi&oacute;n en relaci&oacute;n al legislador, una soluci&oacute;n se puede encontrar, si bien encontrar su lugar adecuado en el marco de la arquitectura constitucional no sea nada sencillo. Por ejemplo, hipotizo, cuando se individue una laguna en el sentido en que se ha hablado, se indica al legislador que debe colmarla, estableciendo un l&iacute;mite temporal<sup><a href="#notas">41</a></sup> despu&eacute;s del cual, si no se ha emanado la ley, se pueda imaginar una sanci&oacute;n como la desaparici&oacute;n de poderes o la p&eacute;rdida del curul de los miembros de la respectiva Comisi&oacute;n parlamentaria.<sup><a href="#notas">42</a></sup> Sabemos bien, por otra parte, que la resistencia por parte del legislador a hacer efectiva la constituci&oacute;n es todo menos que una remota posibilidad: en el caso espec&iacute;fico italiano, para la misma creaci&oacute;n efectiva de la Corte constitucional y otros organismos previstos en la Constituci&oacute;n de 1948, se tuvo que superar el obt&aacute;culo de la conocida distinci&oacute;n acerca de las disposiciones constitucionales que ve&iacute;a unas como preceptos veros y propios y otros como meros programas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tenemos, por otro lado, la segunda alternativa: atribuir a las medidas del juez constitucional las mismas caracter&iacute;sticas de las decisiones del legislador, es decir, dotarles de fuerza normativa cuando exista resistencia por parte de &eacute;ste. Sostener, para oponerse a una estrategia de este tipo, que no existe un ordenamiento donde &eacute;sto ha sido realizado, es falaz, pues del ser no podemos deducir el deber ser, como es bien sabido. Ello no significa, entonces, que no habi&eacute;ndose tomado esta v&iacute;a, por razones que se pueden comprender, no se pueda hacer. Solo que, de consecuencia, el punto crucial deviene ya no meramente t&eacute;cnico&#45;jur&iacute;dico sino m&aacute;s bien pol&iacute;tico, tanto en general como de pol&iacute;tica constitucional en modo particular. La principal raz&oacute;n que est&aacute; a la base de un rechazo de una opci&oacute;n de esta naturaleza es el hecho de considerar que el tribunal constitucional forma parte del poder judicial y que sus decisiones, si se asimilaran a las de la legislaci&oacute;n vera y propia, contrastar&iacute;an con el principio cl&aacute;sico de la separaci&oacute;n de poderes. Y, adem&aacute;s, se tratar&iacute;a de un &oacute;rgano no representativo que se opondr&iacute;a a otro, &eacute;ste si democr&aacute;ticamente electo. Es algo que, si no desde un punto de vista estrictamente jur&iacute;dico, desde una perspectiva pol&iacute;tica parecer&iacute;a colocarse fuera de las concepciones corrientes acerca del funcionamento de las modernas democracias.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>7. &iquest;Un juez constitucional que legisla?</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El punto crucial, pol&iacute;tico y no jur&iacute;dico, es entonces si los tribunales deban ser considerados como una expresion del poder judicial o bien del poder legislativo. Para Kelsen, como se dec&iacute;a antes, a&uacute;n con algunas oscilaciones, los tribunales constitucionales formar parte del poder legislativo ya que as&iacute; como la funci&oacute;n legislativa crea normas generales, as&iacute;, del mismo modo, la del juez constitucional, a&uacute;n si nos limitamos a considerar s&oacute;lo su aspecto negativo de declarar la nulidad de una ley, posee car&aacute;cter de generalidad dado que en ambos casos estamos en presencia de una validez <i>erga omnes.</i> De manera que, viendo con atenci&oacute;n, si desde el punto de vista del principio de la <i>separaci&oacute;n</i> de poderes pudi&eacute;ramos considerarla una invasi&oacute;n de competencias, es tambi&eacute;n cierto que podemos ver la cuesti&oacute;n, desde el punto de vista de principio de la <i>divisi&oacute;n</i> de poderes, como una integraci&oacute;n en dos niveles del poder legislativo con los tribunales constitucionales, que entra en juego s&oacute;lo cuando el legislador ordinario se demuestra incapaz o reticente para hacer efectiva la Constituci&oacute;n. Pero ello, como se dec&iacute;a antes, no es ya una pura cuesti&oacute;n jur&iacute;dica, sino que forma parte de la esfera &#151;diferente si bien no desconectada de la otra&#151; de la pol&iacute;tica en general y de la pol&iacute;tica del derecho y de la Constituci&oacute;n en modo particular. Se tratar&iacute;a, evidentemente, de transitar de una tradici&oacute;n donde se considera al tribunal constitucional como un legislador negativo (si no es que se le ve como parte del poder judicial) a una concepci&oacute;n en la que se le considera como un legislador positivo, con todas las virtudes y defectos que eso comporta.<sup><a href="#notas">43</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A decir verdad, la doctrina constitucionalista desde hace tiempo ha tomado conciencia de que la imagen del juez constitucional s&oacute;lo como legislador negativo constituye una ficci&oacute;n que sirve s&oacute;lo para ocultar lo que no nos agrada de cuanto sucede en la praxis concreta. Me refiero a lo que subyace a la calificaci&oacute;n de "manipuladoras" de las decisiones de los tribunales constitucionales cuyo fin es modificar el alcance normativo de los textos de ley, y en manera particular, de aquellas que "pretender valer positivamente, para innovar el ordenamiento a trav&eacute;s de la introducci&oacute;n de normas diversas de aquellas expresas con anterioridad o que se pueden recabar de los textos".<sup><a href="#notas">44</a></sup> Entre &eacute;stas, las as&iacute; llamadas "aditivas", es decir las que se adoptan en presencia de disposiciones de ley con un alcance normativo m&aacute;s restringido de lo que uno se espera viendo a la Constituci&oacute;n, mediante las cuales se pretende introducir en el ordenamiento un contenido normativo que colme este "vac&iacute;o";<sup><a href="#notas">45</a></sup> ellas reflejan, sin lugar a dudas, esta imagen "positiva" del juez constitucional. Examinando las sentencias aditivas y tambi&eacute;n las sostitutivas, aunque sean un tanto diferentes, algunos estudiosos concluyen que estamos en presencia de una ampliaci&oacute;n de los poderes del juez constitucional que debemos rechazar, pues "pretendiendo introducir algo en el ordenamiento desarrollan una funci&oacute;n sustancialmente paralegislativa, sustitutiva de la del parlamento y ajena a las funciones del tribunal constitucional".<sup><a href="#notas">46</a></sup> A esta observaci&oacute;n cr&iacute;tica de la funci&oacute;n positiva, otros estudiosos replican minimizando el alcance de la actividad aditiva, sosteniendo que la norma que se agrega ya est&aacute; contenida en el ordenamiento; se trata, luego, de una legislaci&oacute;n, para decirla con la expresi&oacute;n utilizada por su creador, "a rimas obligadas" dado que el juez constitucional no se inventa nada que no est&aacute; ya latente en el sistema normativo vigente.<sup><a href="#notas">47</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>8. &iquest;C&oacute;mo concluir?</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a de Ferrajoli acerca de los derechos fundamentales como v&iacute;nculo y l&iacute;mite no est&aacute;, en consecuencia, suspendida en el vac&iacute;o;<sup><a href="#notas">48</a></sup> por el contrario, &eacute;l presenta en modo articulado, insert&aacute;ndola en un marco general del todo coherente, una percepci&oacute;n ya presente en la doctrina constitucionalista italiana y subraya en modo claro los t&eacute;rminos, los presupuestos y los resultados de la contraposici&oacute;n que se genera acerca de una presunta funci&oacute;n positiva del juez constitucional. En este sentido, &eacute;l contribuye tambi&eacute;n a extender a los terrenos de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y de la teor&iacute;a del derecho un debate cuya importancia es del todo evidente. Adem&aacute;s, a partir de un panorama en el que no se limita a considerar las sentencias aditivas, las cuales derivan de cualquier manera &#151;como su nombre lo indica&#151; de una norma que recoge s&oacute;lo parcialmente lo que prescribe la Constituci&oacute;n, &eacute;l va m&aacute;s all&aacute;, poniendo en evidencia a&uacute;n el caso en el que falte del todo tal norma. Nos encontramos, luego, con una perspectiva en la que el car&aacute;cter positivo de la actividad del juez constitucional se considera normativo en su sentido m&aacute;s amplio. En este sentido, a decir verdad, Ferrajoli no desarrolla de manera exhaustiva aquello que de todos modos parece estar impl&iacute;cito en su construcci&oacute;n y que por ende contribuye a hacer m&aacute;s necesario un debate articulado y amplio, no s&oacute;lo con respecto a lo que el legislador no debe decidir sino tambi&eacute;n, sobre todo, con respecto a lo que debe decidir. De este &uacute;ltimo aspecto ya ha sido evidenciado su car&aacute;cter problem&aacute;tico, por ejemplo, por de Anna Pintore, quien individua un posible riesgo en la noci&oacute;n ferrajoliana de democracia sustancial precisamente porque incorpora "una referencia a contenidos (en realidad a un completo cat&aacute;logo de derechos civiles, pol&iacute;ticos, sociales y de libertad)" y que por ello termina "por alejarse notablemente del significado lexical de la expresi&oacute;n 'democracia', que hist&oacute;ricamente ha siempre incorporado una referencia al 'qui&eacute;n' y al 'c&oacute;mo' decidir, y no al 'qu&eacute; cosa' decidir &#91;...&#93;".<sup><a href="#notas">49</a></sup> Cr&iacute;tica seria, como se puede ver, a la que Ferrajoli responde con claridad pero que de cualquier modo no parece tener como objeto las implicaciones de la esfera del indecidible y en particular la que ahora estamos examinando: en efecto, a Pintore parece interesarle m&aacute;s que nada la definici&oacute;n ferrajoliana de democracia sustancial, contrapuesta a la de democracia pol&iacute;tico&#45;formal pero sin distinguir en modo neto los dos aspectos de la esfera de lo indecidible.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Focalizar la atenci&oacute;n, como he tratado de hacerlo en este escrito, sobre el elemento "positivo" de la esfera ferrajoliana de lo indecidible (aquello que no es l&iacute;cito no decidir), conduce a algunas consideraciones. En primer lugar, es evidente que en el desarrollo de las tesis de Ferrajoli se ponen en discusi&oacute;n tanto la ra&iacute;z como el papel y la naturaleza misma del juez constitucional: &iquest;su actividad se debe considerar como parte del poder judicial o bien como parte del poder legislativo? Si es una de las instancias del poder judicial, entonces nos conforta la conocida f&oacute;rmula seg&uacute;n la cual los jueces no crean derecho (porque lo encuentran ya hecho) y entonces el juez constitucional no puede tener un papel creativo y tampoco de orientaci&oacute;n para la actividad del legislador. Pero si, por el contrario, se le considera parte del poder legislativo, entonces &eacute;l podr&iacute;a estar legitimado, si no a emanar medidas con valor directamente normativo, cuando menos a "orientar" la actividad del legislador con miras a colmar las lagunas que se generan a partir de la comparaci&oacute;n entre la Constituci&oacute;n y la ley. Los pros y los contra de ambas posiciones son muchos, y a&uacute;n no siendo ahora posible ahondar a fondo en la cuesti&oacute;n, me parece de todos modos &uacute;til subrayar que la respuesta m&aacute;s acreditada, o sea que el juez constitucional forma parte del poder judicial, produce a su vez otros interrogativos. En efecto, si es verdad que el juez en general aplica la ley estableciendo obligaciones y derechos y tambi&eacute;n conminando sanciones, &iquest;cu&aacute;l ley aplica el juez constitucional y cu&aacute;l sanci&oacute;n deriva de su actividad?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, quiz&aacute; no es in&uacute;til reflexionar, en t&eacute;rminos menos problem&aacute;ticos tanto desde un punto de vista te&oacute;rico como desde una perspectiva meramente de pol&iacute;tica del derecho, acerca de uno de los fines menos discutidos de la justicia constitucional ya mencionado anteriormente: su finalidad de solucionar el cl&aacute;sico problema de la coherencia del ordenamiento. No digo nada nuevo, cierto, aseverando que el instituto de justicia constitucional, en la forma que asume en los pa&iacute;ses de tradici&oacute;n continental a partir de la experiencia austriaca, se ha venido configurando como un instrumento que tiende a resolver este problema. En mi parecer, sin embargo, dentro del problema de la coherencia es posible reconocer como ya incluido el problema de las lagunas, o sea, de la plenitud del ordenamiento. Y si &eacute;sto es cierto, entonces desde el punto de vista te&oacute;rico vendr&iacute;a a menos el obst&aacute;culo principal que impide atribuir a la justicia constitucional un car&aacute;cter normativo, positivo, adem&aacute;s de aquel meramente negativo de "expulsi&oacute;n" de una norma anticonstitucional. Se sabe que a pesar de todo, el ordenamiento jur&iacute;dico presenta lagunas, y no solo lagunas por as&iacute; decirlo, de primer nivel, relativas a la inexistencia de la norma para resolver una controversia concreta, sino tambi&eacute;n aquellas lagunas que mediante una peque&ntilde;a forzadura podr&iacute;amos llamar de "segundo nivel", es decir all&aacute; donde, parad&oacute;jicamente, la cuesti&oacute;n no es tanto de ausencia sino de exceso de normas. Ello sucede cuando, para colmar una laguna de primer nivel con una norma de clausura de un tipo u otro, se abre el camino a soluciones diferentes configurando as&iacute; la laguna de segundo nivel. Un ejemplo, parafraseando cr&oacute;nicas relativas a hechos realmente acaecidos, puede hacer m&aacute;s clara la cuesti&oacute;n. Supongamos que dos mujeres establezcan un acuerdo mediante el cual una, que sufre de una malformaci&oacute;n en el &uacute;tero, pague una suma de dinero a la otra para que en el &uacute;tero de &eacute;sta se desarrolle una gravidez a partir de un &oacute;vulo suyo (de la primera) fecundado in vitro: la cl&aacute;sica situaci&oacute;n de la madre surrogada. Una vez terminada la gravidez, la segunda mujer se niega a entregar a la primera el ser que ha venido a la luz, si bien &#151;como es obvio&#151; no le haya transmitido su herencia gen&eacute;tica. La primera mujer, entonces, se dirige a un tribunal pretendiendo una declaraci&oacute;n de validez, jur&iacute;dicamente vinculante, del acuerdo establecido, con la finalidad de obtener que se le entregue su hijo gen&eacute;tico. &iquest;Cu&aacute;l v&iacute;a ha de seguir el juez, en presencia de una laguna (de primer nivel) como &eacute;sta? &Eacute;l tiene, al menos, dos caminos a seguir: darle la raz&oacute;n al actor, la mujer inf&eacute;rtil, interpretando extensivamente la disciplina que regula los contratos entre particulares incluyendo ah&iacute; la controversia, es decir, usando una norma de clausura de naturaleza inclusiva, ordena a la segunda mujer de respetar el acuerdo y de entregar el hijo a la madre gen&eacute;tica; o bien, puede darle la raz&oacute;n al demandado, la segunda mujer, razonando <i>a contrario,</i> utilizando una norma de clausura de car&aacute;cter exclusivo para establecer que en la disciplina relativa a los contratos no ha sido expl&iacute;citamente previsto un acuerdo como el que han establecido las dos mujeres, declar&aacute;ndolo nulo desde el punto de vista jur&iacute;dico y concediendo de ese modo a la segunda mujer el derecho de conservar el hijo, aunque no sea gen&eacute;ticamente suyo. El ejemplo trata una materia muy compleja y no es posible en esta sede evidenciar todos sus aspectos problem&aacute;ticos; pero de cualquier modo parece claro que nos encontramos frente a dos respuestas contradictorias que se han generado ya no a partir de la laguna de primer nivel sino en la de segundo nivel. La laguna de primer nivel, en esta &oacute;ptica, podr&iacute;a ser considerada como una expresi&oacute;n de un problema ya no de falta de normas sino de exceso de normas y, en consecuencia, reconducible a la cuesti&oacute;n de la coherencia del ordenamiento. La laguna de segundo nivel, que nace como consecuencia de la presencia de la laguna de primer nivel, se resuelve ahora, en efecto, en un problema de coherencia y no de plenitud. La acci&oacute;n de un Tribunal constitucional desarrollada en el plano de lo que no es l&iacute;cito no decidir podr&iacute;a, luego, ser vista en realidad como una integraci&oacute;n de la misi&oacute;n que desarrolla en el plano de lo que no es l&iacute;cito decidir, es decir, como expresi&oacute;n diferente de una instituci&oacute;n que tiende a resolver el problema de la coherencia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las conclusiones a las que se llega en este escrito, desarrolladas mediante las observaciones anteriores, se colocan, en cierto sentido, m&aacute;s all&aacute; de la construcci&oacute;n te&oacute;rica que se utiliza como punto de partida. A&uacute;n coloc&aacute;ndose en el &aacute;mbito descriptivo de la teor&iacute;a del derecho, es tambi&eacute;n evidente que a veces ellas "caen" en el terreno de la pol&iacute;tica del derecho y de lo normativo. Parecer&iacute;a entonces que tales observaciones se separan quiz&aacute; demasiado de su terreno original. Pero despu&eacute;s de todo, quiz&aacute; las cosas no est&aacute;n exactamente de esta manera y, para tratar de demostrarlo, har&eacute; una ultima observaci&oacute;n acerca del car&aacute;cter &#151;descriptivo o bien normativo&#151; de las tesis ferrajolianas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrajoli distingue, en modo neto, sus tesis acerca de los derechos fundamentales y la democracia, tesis que &eacute;l llama explicativas, pertenecientes a la teor&iacute;a del derecho, de tesis por el contrario normativas, de competencia de la filosof&iacute;a o de la teor&iacute;a de la justicia; tampoco, por otro lado, &eacute;l desea pronunciarse en modo absoluto acerca de las soluciones que se dan (o que se pueden dar) en un determinado contexto, cuesti&oacute;n que es de competencia de las disciplinas jur&iacute;dicas positivas. Para &eacute;l, en efecto, sus tesis se limitan "a dar cuenta de un hecho: que los derechos fundamentales establecidos por una constituci&oacute;n r&iacute;gida imponen, nos guste o no, l&iacute;mites y v&iacute;nculos sustanciales, m&aacute;s o menos determinantes seg&uacute;n el grado de rigidez, a la democracia pol&iacute;tica que se expresa mediante las decisiones de las mayor&iacute;as contingentes. Se trata, en suma, de tesis explicativas, no normativas, pues ofrecen &uacute;nicamente una explicaci&oacute;n de la estructura del Estado ("constitucional" y no meramente "legislativo") de derecho &#91;...&#93;".<sup><a href="#notas">50</a></sup> Quiz&aacute; la calificaci&oacute;n que Ferrajoli hace de sus tesis como meramente explicativas no rinde del todo justicia a un complejo edificio te&oacute;rico del que, a final de cuentas, no se ha puesto en duda la coherencia estructural ni el modo mediante el cual su autor concatena una tesis con la otra. En este sentido, me parece que a sus conclusiones en tema de derechos fundamentales y democracia sustancial conviene s&oacute;lo en manera reductiva la calificaci&oacute;n de meras descripciones. Pueden tambi&eacute;n considerarse como indicaciones de car&aacute;cter normativo, prescriptivo, si bien a condici&oacute;n de que se tome muy en serio lo que establecen las Constituciones y, adem&aacute;s, de que se posea la suficiente imaginaci&oacute;n jur&iacute;dica para no retroceder en el largo y sangriento recorrido que en Europa ha conducido al constitucionalismo r&iacute;gido y al Estado constitucional de derecho.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> <i>Principia Juris,</i> de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n en la editorial Laterza de Bari (Italia).</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Trabajada principalmente en el ensayo "Diritti fondamentali", en <i>Teor&iacute;a politica,</i> 1998, 2, pp. 3&#45;33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750930&pid=S1405-0218200300020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Todo el debate sobre el mencionado ensayo de Ferrajoli tuvo lugar, en diversos momentos, en la revista "Teoria politica". La r&eacute;plica de Ferrajoli a los comentarios y las cr&iacute;ticas se ha desarrollado en dos fases: "I diritti fondamentali nella teoria del diritto", en "Teoria politica", 1999, 1,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750932&pid=S1405-0218200300020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> que constituye una respuesta a Riccardo Guastini, Mario Jori, Danilo Zolo, Ermanno Vitale, Luigi Bonanate, y "I fondamenti dei diritti fondamentali", en "Teoria politica", 2000, 3,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750933&pid=S1405-0218200300020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> donde se examinan las obserevaciones de Anna Pintore, Luca Baccelli, Ermanno Vitale y Michelangelo Bovero, quienes toman como punto de partida el ensayo inicial de Ferrajoli junto con su primera r&eacute;plica. Este ensayo apareci&oacute; ya acompa&ntilde;ado, en el fasc&iacute;culo, con algunas observaciones (Guastini, Bonanate, Vitale), y en el No. 2 de 1999, junto con la primera r&eacute;plica ve&iacute;an la luz las cr&iacute;ticas de Zolo y Jori; el No. 2 de 2000 ve&iacute;a los art&iacute;culos de Pintore, Baccelli y, de nuevo, Vitale. Finalmente, en el No. 3 del mismo a&ntilde;o aparec&iacute;a el ensayo de Bovero y la segunda r&eacute;plica de Ferrajoli. Todo el debate aparece ahora en el volumen de Ferrajoli intitulado <i>Diritti fondamentali</i> (edici&oacute;n a cargo de E. Vitale), Laterza, Roma&#45;Bari, 2001,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750934&pid=S1405-0218200300020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> del que existe una versi&oacute;n en castellano <i>Derechos fundamentales,</i> Trotta, Madrid, 2001.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Un esfuerzo parcial en ese sentido lo ha ya realizado E. Vitale ("Nota del curatore", en L. Ferrajoli, <i>Diritti fondamentali,</i> cit., pp. V&#45;X).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit. p. 19. Todas las notas relativas a este ensayo provienen del volumen que resume todo el debate: L. Ferrajoli, <i>Diritti fondamentali,</i> cit.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> "Diritti fondamentali", cit, p. 5.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., pp. 10&#45;11, 12&#45;33.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., p. 33.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit. p. 33. Cursivas de Ferrajoli.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., p. 33.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., p. 34.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., p. 18.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., p. 18.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., p. 27.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., p. 28. Cursivas de Ferrajoli.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., p. 29.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Sin necesidad de retroceder m&aacute;s en el tiempo hasta Plat&oacute;n y al Consejo nocturno evocado en el libro XII de Las Leyes y en el Aeropago aristot&eacute;lico y sus reflexiones sobre el papel de los guardianes de las leyes. Al respecto P. P. Portinaro, "Il grande legislatore e il custode della costituzione", en G. Zagrebelsky &#151;P. P. Portinaro&#151; J. Luther (coords.), <i>Il futuro della costituzione,</i> Einaudi, Turin, 1996, pp. 5&#45;34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750949&pid=S1405-0218200300020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> De Siey&egrave;s v&eacute;ase E.&#45;J. Siey&egrave;s, <i>Opinion sur les attributions et l'organisation du juri constitutionnaire</i> (1795),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750950&pid=S1405-0218200300020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> trad. it. <i>Opinione sulle attribuzioni e l'organizzazione del giuri costituzionale,</i> en <i>Oper e testimonianze politiche,</i> Giuffr&egrave;, Mil&aacute;n, 1993, vol. II.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750951&pid=S1405-0218200300020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> El pensamiento de Siey&egrave;s siempre cada vez m&aacute;s viene considerado como un "paradigma de la teoria juridica continental de la constituci&oacute;n" (P. P. Portinaro, "Il grande legislatore legislatore.", cit., p. 19). En este sentido v&eacute;anse tambi&eacute;n F. Furet (coord.), <i>L'eredit&agrave; della rivoluzione francese. E.&#45;J. Siey&egrave;s,</i> Laterza, Bari, 1980,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750952&pid=S1405-0218200300020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y P. Pasquino, "Le r&eacute;publicanisme constitutionnel de E. Siey&egrave;s", en "Droits", 1993, IX.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750953&pid=S1405-0218200300020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> "sein geliebstiges Kind". Cfr. H. Kelsen, <i>Wiedergabe einer Sendung des &ouml;sterreichischen Rundfunks, 8 Mai 1973,</i> en Hans Kelsen zum Gedenken (*** faltan los datos). Al respecto cfr. G. Bongiovanni, Reine Rechtslehre <i>e dottrina giuridica dello stato. Kelsen e la costituzione austriaca del 1920,</i> Giuffr&egrave;, Mil&aacute;n, 1998, pp. 174 y sigs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750955&pid=S1405-0218200300020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->, y G. Volpe, <i>Il costituzionalismo del Novecento,</i> Laterza, Roma&#45;Bari, 2000, p. 170.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750956&pid=S1405-0218200300020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Volpe si riferisce in tal senso a R. von Marcie, <i>Verfassungserichtsbarkeit als Sinn der Reinen Rechtslehre,</i> en <i>Die moderne Demokratie und ihr Recht,</i> II, Mohr, T&uuml;bingen, 1966, p. 481.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750957&pid=S1405-0218200300020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> En efecto sobre este punto existe una literatura muy amplia, desde el cl&aacute;sico Ch. Eisenmann, <i>La justice constitutionnelle et la Haute Cour constitutionnelle d'Autriche,</i> (1928), Economica&#45;Presses Universitaires d'Aix&#45;Marseille, Paris, 1986,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750959&pid=S1405-0218200300020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> con un prefacio del mismo Kelsen, a G. Bongiovanni, Reine Rechtslehre <i>e dottrina giuridica dello Stato....,</i> cit., y el &oacute;ptimo trabajo de G. Volpe, <i>Il costituzionalismo del Novecento,</i> cit., espec. cap. 5.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Cfr. G. Bongiovanni, Reine Rechtslehre <i>e dottrina giuridica dello Stato...,</i> cit., p. 192.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Cfr. M. Fioravanti, <i>Costituzione,</i> Il Mulino, Bolonia, 1999, p. 159.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750962&pid=S1405-0218200300020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Cfr. H. Kelsen, "La garantie jurisdictionnelle de la Constitution (La justice constitutionnelle)", en "Rev. Dr. Publ. et sc. pol.", 1928, XXXV, pp. 197&#45;257.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750964&pid=S1405-0218200300020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> trad. it. "La garanzie giurisdizionale della costituzione (La giustizia costituzionale), en H. Kelsen, <i>La giustizia costituzionale, </i>Giuffr&egrave;, Mil&aacute;n, 1981, pp. 143&#45;228,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750965&pid=S1405-0218200300020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> a p. 154. La cita precedente se encuentra en las pp. 153&#45;154. Hay trad. al espa&ntilde;ol por Rolando Tamayo y Salmor&aacute;n, <i>La garant&iacute;a constitucional de la constituci&oacute;n (La justicia constitucional),</i> Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas&#45;UNAM, M&eacute;xico, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750966&pid=S1405-0218200300020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., pp. 34&#45;35.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> <i>Cfr.</i> M. Fioravanti, <i>Costituzione,</i> cit., p. 159.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> H. Kelsen,. "La garanzie giurisdizionale della costituzione (La giustizia costituzionale)", en H. Kelsen, <i>La giustizia costituzionale,</i> cit., p. 147.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> H. Kelsen,. "La garanzie giurisdizionale della costituzione (La giustizia costituzionale)", en H. Kelsen, <i>La giustizia costituzionale,</i> cit., p. 148.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> V&eacute;ase para todos M. Fioravanti, <i>Costuituzione e popolo sovrano,</i> Einaudi, Tur&iacute;n, 1998, p. 104.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750972&pid=S1405-0218200300020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Como se sabe, la justicia constitucional estadounidense se desarrolla a partir del principio afirmado por el Chief Justice Marshall en la famosa sentencia de la Suprema Corte <i>Marbury v. Madison,</i> de 1803.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Cfr. M. Fioravanti, <i>Costituzione e popolo sovrano,</i> cit., p. 104. Juicio que, en parte, se atenua en una obra sucesiva: v&eacute;ase Id., <i>Costituzione,</i> cit., pp. 159&#45;160.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> Sobre ello cfr. C. Mezzanote, <i>Il giudizio sulle leggi,</i> I, <i>Le ideologie del Costituente,</i> Giuffr&egrave;, Mil&aacute;n, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750975&pid=S1405-0218200300020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> Para todos cfr. G. Zagrebelsky, <i>La giustizia costituzionale,</i> Il Mulino, Bolonia, 1977, pp. 147&#45;150.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750977&pid=S1405-0218200300020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> 'Disposici&oacute;n' y 'norma' forman parte de la terminolog&iacute;a iusrealista en el tema de argumentaci&oacute;n. Esta terminolog&iacute;a se puede "rastrear" ya en los estudios de V. Crisafulli ("Disposizione (e norma), en "Enciclopedia del diritto", Giuffr&egrave;, Mil&aacute;n, 1964, vol. XIII),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750978&pid=S1405-0218200300020001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y es utilizada ampliamente, por citar algunos ejemplos, por autores como Giovanni Tarello y Riccardo Guastini (si bien parece acogida tambi&eacute;n por otros autores, de matriz normativista, como Mario Jori: M. Jori, "Interpretazione", voz en M. Jori &#45; A. Pintore, <i>Manuale di teoria generale del diritto,</i> Giappichelli, Tur&iacute;n, 1995, 2a. ed., p. 205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750979&pid=S1405-0218200300020001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> No creo que haya necesidad de entrar en los detallse t&eacute;cnico&#45;jur&iacute;dicos conectados con esta cuesti&oacute;n, como por ejemplo la irretroactividad de los efectos de una sentencia de inconstitucionalidad. Omito tambi&eacute;n cualquier observaci&oacute;n relativa a las modalidades de publicaci&oacute;n de la sentencias de este tipo.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> H. Kelsen, "La garanzia giurisdizionale della costituzione (La giustizia costituzionale)", cit., pp. 190&#45;191.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Por ejemplo en "La garanzia giurisdizionale della costituzione (La giustizia costituzionale)", cit. p. 175. Algunos Tribunales constitucionales incorporan en su pr&aacute;ctica las as&iacute; llamadas "sentencias bilaterales", mediante las cuales la sentencia de inconstitucionalidad no comporta la nulidad sino m&aacute;s bien una orden dirigida al legislador para que sea &eacute;l quien resuelva la cuesti&oacute;n. Sobre esto, E. Aja&#45;M. Gonz&aacute;lez Beilfuss, "Conclusiones generales", en E. Aja (coord), <i>Las tensiones entre el Tribunal Constitucional y el legislador en la Europa actual,</i> Ariel, Barcelona, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750983&pid=S1405-0218200300020001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> En un cuadro m&aacute;s general, v&eacute;ase G. Pisarello, "Los derechos sociales en el constitucionalismo moderno: por una articulaci&oacute;n compleja de las relaciones entre pol&iacute;tica y derecho", en M. Carbonell &#45;J. A. Cruz Parcero&#45; R. V&aacute;zquez (coords), <i>Derechos sociales y derechos de las minor&iacute;as,</i> UNAM&#45;Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, M&eacute;xico, 2000, pp. 111&#45;135.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750984&pid=S1405-0218200300020001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> Cfr. G. Zagrebelsy, <i>La giustizia costituzionale,</i> cit., p. 145.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> G. Zagrebelsy, <i>La giustizia costituzionale,</i> cit., p. 145.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> Al respecto se debe notar como, para tratar de resolver el problema, es habitual indicar el momento preciso en que una medida legislativa entra en vigor.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> Cfr. G. Zagrebelsy, <i>La giustizia costituzionale,</i> cit., pp. 145&#45;146.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> H. Kelsen, "La garanzia giurisdizionale della costituzione (La giustizia costituzionale)", cit., p. 173. Si bien en otros puntos se genera la sensaci&oacute;n de que Kelsen cambia de idea, v&eacute;ase <i>Ibidem,</i> p. 174, cuando evidencia la libertad que caracteriza la actividad legislativa y al c&iacute;rculo impl&iacute;cito en la actividad de anulamiento de una ley.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup><i> Cfr.</i> L. Ferrajoli, "Diritti fondamentali", cit., pp. 10&#45;11. Ferrajoli polemiza con D. Zolo ("La strategia della cittadinanza", en Id., (coord.), <i>La cittadinanza. Appartenenza, identit&agrave;, diritti,</i> Laterza, Roma&#45;Bari, 1994, pp. 29&#45;35) y R.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750991&pid=S1405-0218200300020001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Guastini ("Diritti", en <i>Analisi e Diritti 1994,</i> a cargo de P. Comanducci e R. Guastini, Giappichelli, Tur&iacute;n, 1994, pp. 163&#45;174) quienes,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750992&pid=S1405-0218200300020001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> con modalidades diferentes, sostienen que la no efectividad de un derecho determina de alg&uacute;n modo la inexistencia del derecho mismo. La pol&eacute;mica se puede extender, con toda raz&oacute;n, a pensadores como F. A. von Hayek <i>(Law, Legislation and Liberty</i> (1982),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750993&pid=S1405-0218200300020001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> trad. it. di P. G. Monateri, <i>Legge, legislazione e libert&agrave;,</i> Il Saggiatore, Mil&aacute;n, 1994,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750994&pid=S1405-0218200300020001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> espec. en el ap&eacute;ndice al cap&iacute;tulo 9, intitulado "giustizia e diritti individuali").</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup> Cfr. R. Guastini, "Diritti", cit., p. 171.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup> Algo semejante se puede ver en R. Alexy, <i>Teor&iacute;a de los derechos fundamentales,</i> (trad. de Ernesto Garz&oacute;n Valdez), Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1993, pp. 482&#45;501.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750997&pid=S1405-0218200300020001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Estas p&aacute;ginas aparecen en forma de art&iacute;culo en R. Alexy, "Derechos sociales fundamentales", en M. Carbonell &#45; J. A. Cruz Parcero &#45; R. V&aacute;zquez (coords.), <i>Derechos sociales y derechos de las minor&iacute;as,</i> cit., pp&#45; 67&#45;85, espec. p. 81.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup> Al respecto v&eacute;anse las sentencias 295 de 1991, 88 de 1992 y 243 de 1993 de la corte constitucional italiana, y G. Bongiovanni, "Diritti sociali e giurisprudenza della Corte costituzionale: il rapporto Corte&#45;potere legislativo nel mutamento costituzionale", en G. Gozzi (coord.), <i>Democrazia, diritti, costituzione. I fondamenti costituzionali delle democrazie contemporanee,</i> Il Mulino, Bolonia, 1997, pp. 341&#45;369.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750999&pid=S1405-0218200300020001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup> Para un examen de las dificultades v&eacute;ase, para todos, G. Zagrebelsky <i>(La giustizia costituzionale,</i> cit., pp. 147 e ss.), sobre todo cuando &eacute;l, refiri&eacute;ndose al caso italiano, habla "de la funci&oacute;n meramente negativa del control de constitucionalidad de la ley y analiza el caso de las sentencias aditivas <i>(aggiuntive)</i> y sustitutivas.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup> <i>Cfr.</i> G. Zagrebelsky, <i>La giustizia costituzionale,</i> cit., p. 156.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup> Zagrebelsky menciona varios ejemplos al respecto en el &aacute;mbito italiano, entre ellos las sentencias Nos. 190 de 1970 y 64 de 1972, con las que se establec&iacute;a la inconstitucionalidad del art. 304 bis (cod. proc. pen. entonces vigente), en la parte donde se preve&iacute;a que los defensores presenciaran la realizaci&oacute;n de algunos actos preparatorios del proceso, con base en el derecho a la defensa, previsto en el art. 24 de la Constituci&oacute;n. <i>Cfr. La giustizia costituzionale,</i> cit., p. 157.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup> <i>Cfr.</i> G. Zagrebelsky, <i>La giust&igrave;zia costitutizionale,</i> cit., p. 158.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup>  Cfr. V. Crisafulli, "Relazione generale", en <i>La Corte costituzionale tra norma giuridica e realt&agrave; sociale: bilancio di vent'anni di attivit&agrave;,</i> a cargo de N. Occhiocupo, Il Mulino, Bolonia, 1978,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751005&pid=S1405-0218200300020001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y V. Crisafulli, <i>Lezioni di diritto costituzionale. II,</i> Cedam, Padua, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751006&pid=S1405-0218200300020001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup> <i>Cfr.</i> G. Bongiovanni, "Diritti sociali e giurisprudenza della Corte costituzionale: il rapporto Corte&#45;potere legislativo nel mutamento costituzionale", cit.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup> A. Pintore, "Diritti insaziabili", en L. Ferrajoli, <i>Diritti fondamentali,</i> (a cargo de E. Vitale), cit., pp. 179&#45;200, a pp. 181&#45;182.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup><i> Cfr.</i> L. Ferrajoli, "I fondamenti dei diritti fondamentali", cit., p. 320. </font></p>     ]]></body>
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