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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Peter Mair, <i>Ruling the Void. The Hollowing of Western Democracy</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Hugo Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Londres, Verso, 2013, 160 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor en Ciencia Pol&iacute;tica por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO&#45;M&eacute;xico). Profesor&#45;Investigador de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los lectores de su copiosa y l&uacute;cida obra, descubrir el reciente libro de Peter Mair deviene en un homenaje para quien falleciera en 2011. En el balance de las investigaciones del autor, el libro ofrece adem&aacute;s un atractivo y madurado punto de quiebre. Desde 2004, con textos como <i>Democracy Beyond Parties,</i> Mair inici&oacute; un viraje en su evaluaci&oacute;n de los partidos; quien en publicaciones previas gan&oacute; la condici&oacute;n de cl&aacute;sico precoz por su defensa de la adaptaci&oacute;n y no crisis partidista a las sociedades posindustriales, culmina ahora su autocr&iacute;tico reexamen para lamentar que los partidos s&iacute; arrastran una crisis de legitimidad. Como el sombr&iacute;o t&iacute;tulo presagia, en <i>Ruling the Void,</i> Mair avanz&oacute; hasta un sitio sin retorno. Con Richard Katz, dejar&iacute;a incluso otro pendiente y &iquest;oscuro? libro: <i>Democracy and the Cartelization of Political Parties.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos antecedentes envuelven en un halo seductor la lectura de <i>Ruling the Void,</i> pero el nivel m&aacute;s poderoso son sus contenidos. Debo confesar que empec&eacute; las p&aacute;ginas con la expectativa de encontrar una reafirmaci&oacute;n de tesis conocidas, con lo que Mair dio a la ciencia pol&iacute;tica no me hubiera molestado encontrar una s&iacute;ntesis global. Dichosamente el libro es mucho m&aacute;s. El plano formal y de estilo, por ejemplo, es una sorpresa: el &uacute;ltimo Peter Mair es un autor m&aacute;s libre, con referencias literarias que acompa&ntilde;an, aunque no suavizan, la dureza de su diagn&oacute;stico. Como si estuviera consciente del desasosiego que su prosa iba a transmitir, Mair sit&uacute;a sus resultados en una perspectiva mayor, socioecon&oacute;mica y tambi&eacute;n sociocultural. En ese horizonte, ligado a las causas y efectos de la transformaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, Mair explica las impotencias y renuncias cr&iacute;ticas de los partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1987, cuando Mair public&oacute; su tesis doctoral (The <i>Changing Irish Party System),</i> la literatura llevaba tres d&eacute;cadas en la disputa de la crisis o no crisis partidista. Desde aquella publicaci&oacute;n, como en otros art&iacute;culos <i>(Myths of electoral change and the survival of traditional parties),</i> Mair propuso un crucial, pero ignorado, debate metodol&oacute;gico. El cambio electoral, sostuvo, no es una condici&oacute;n necesaria y suficiente para el cambio en los partidos. El indicador m&aacute;s preciado de los te&oacute;ricos de la crisis fue sometido as&iacute; a controles comparativos. La hip&oacute;tesis de la crisis, aqu&iacute; otro de los aportes de Mair, se ha olvidado de estudiar a los partidos como organizaciones complejas y variables independientes de an&aacute;lisis; el funcionalismo y la elecci&oacute;n racional, reclamaba Mair, disiparon la herencia de Ostrogorski, Michels o Duverger. Inconformes tambi&eacute;n con la conjetura del declive, otros autores como Wolinetz, Ware o Panebianco retomar&iacute;an el enfoque organizativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La edici&oacute;n en 1992 de <i>Party Organizations,</i> obra coordinada por Katz y Mair, comenzar&iacute;a a cubrir una gran ausencia en la literatura consistente en la falta de datos acumulativos, operacionalizados y comparables. La aparici&oacute;n en 1994 de <i>How Parties Organize</i> fue otro paso en esa trayectoria. Desde 1993, fruto de este impulso, Katz y Mair dieron a conocer su visi&oacute;n del cambio en los partidos. La propuesta, difundida despu&eacute;s en el primer n&uacute;mero de la revista <i>Party Politics,</i> fue la del concepto de "partido cartel" como reflejo del giro en los partidos hacia una nueva forma, en la que si bien la organizaci&oacute;n voluntaria, clasista y cuantiosa de militantes (el tipo ideal de masas) se hallaba en contracci&oacute;n, esta "crisis" era compensada por la fortaleza del partido en &oacute;rganos ejecutivos y legislativos de gobierno. Tal ensayo sobre el partido cartel cont&oacute; con varias revisitaciones que refinaron su contrahip&oacute;tesis adversa a la del declive. Influidos por la lectura de Mair, autores como Str&#248;m y Sv&#229;sand <i>(Challenges to Political Parties)</i> asimilaron a la literatura de crisis con "tratados catastrofistas", o sugirieron (el caso de Aldrich en <i>Why Parties?)</i> remplazar el malgastado uso del "decaimiento" de los partidos por el de "revitalizaci&oacute;n". En ese ambiente, Mair produjo <i>Party System Change</i> (1997), as&iacute; como <i>Identity, Competition and Electoral Availability</i> (1990), en el que junto con Bartolini demostraba que la tesis del congelamiento de los clivajes sociales y partidistas conservaba vigencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo explicar el viraje que Peter Mair toma y concreta en su &uacute;ltima obra? Un veloz resumen de su libro basta para entrever el porqu&eacute; de su cambio. En "The Passing of Popular Involvement", primer cap&iacute;tulo, Mair reporta c&oacute;mo los datos entre 1990 y 2011 contradicen el patr&oacute;n emp&iacute;rico de cuatro d&eacute;cadas anteriores. P&eacute;rdida de votos, volatilidad, identificaci&oacute;n partidaria y militancia, son indicadores que hasta fines de los a&ntilde;os ochenta ostentaban una relativa normalidad. La ca&iacute;da de estos indicadores, constata Mair, escapa de aquella parsimonia, la rompe, y su descenso contin&uacute;a en picada en la primera d&eacute;cada del siglo XXI. Los indicadores de salud de los partidos est&aacute;n todos en la misma ruta decadente, y en todos los casos tambi&eacute;n son observados. Esta infrecuente uniformidad del cambio convence a Mair de que entre partidos y ciudadanos emergi&oacute; un vac&iacute;o no circunstancial. En promedio, los partidos dejaron de sumar militancias del orden del 10 por ciento de miembros para desplomarse a cifras del dos o menos por ciento. Esas exiguas militancias est&aacute;n adem&aacute;s caracterizadas por un rasgo poco venturoso: los miembros partidistas son cada vez m&aacute;s viejos y en su mayor&iacute;a varones. Con el voto y el sentido social de identificaci&oacute;n partidista sucede algo similar: no es que los clivajes de clase social o de adscripci&oacute;n religiosa hayan desaparecido del todo, sino que entre las nuevas generaciones de ciudadanos son menos los que tienen una preferencia electoral condicionada por el tipo de fracturas socioecon&oacute;micas y socioculturales que estabilizaron a los partidos en la primera mitad del siglo XX. Resultado de ello es un votante desleal, contingente, desestructurado y vol&aacute;til. Forzado por la pauta emp&iacute;rica de estos datos, Mair valida as&iacute; las hip&oacute;tesis de un cambio cultural posmaterialista y una revoluci&oacute;n cognitiva sugeridas, respectivamente, por Inglehart <i>(The Silent Revolution,</i> 1977) y Dalton <i>(Citizen Politics,</i> 1988). Para los ciudadanos desafectos a la pol&iacute;tica convencional, burocr&aacute;tica o jer&aacute;rquica de la que partidos, sindicatos o iglesias son actores representativos, los partidos resultan irrelevantes y extra&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desanclaje social de los partidos posee un correlato y una p&eacute;sima secuencia en lo que Mair denomina "the withdrawal of the elites". El encapsulamiento de la clase pol&iacute;tica en el interior del Estado es una tendencia que los partidos parecen seguir para contrarrestar su hemorragia de militantes, la evaporaci&oacute;n de los clivajes que los enraizaban socialmente o la anchura de electorados interesados en formas de participaci&oacute;n extrapartidaria. La financiaci&oacute;n estatal a los partidos sirve, en efecto, como contrapeso a las &iacute;nfimas cuotas de militantes y dirigentes. Como un grupo aut&oacute;nomo de miembros dispuestos a sostenerlo, el partido asemeja el vestigio hist&oacute;rico del que hablara Katz <i>(Party and linkage: a vestigial function?).</i> El subsidio del Estado aparece as&iacute; como una medida necesaria, aunque no exenta de problemas que redefinen la naturaleza de los partidos. Este ajuste por motivos ex&oacute;genos no se agota en el tema del financiamiento. La regulaci&oacute;n estatal de y sobre los partidos va m&aacute;s all&aacute; e incluye aspectos que d&eacute;cadas atr&aacute;s hubieran sido impensables: la fijaci&oacute;n de m&eacute;todos democr&aacute;ticos para la selecci&oacute;n de candidatos y dirigentes, la introducci&oacute;n de cuotas de g&eacute;nero, el cuidado legislativo de participaci&oacute;n para las minor&iacute;as o cierto dise&ntilde;o constitucional que constri&ntilde;e las opciones de pol&iacute;tica partidista, destacan entre estos desaf&iacute;os que van en aumento. Pero que la clase pol&iacute;tica partidista est&eacute; en retirada de la sociedad, apunta Mair, obedece tambi&eacute;n a causas end&oacute;genas, pues son los partidos quienes se han asignado estos rentables deberes y derechos institucionales. Los partidos expresan el dilema del equilibrio end&oacute;geno de las instituciones, resaltado por Mair en su contribuci&oacute;n al <i>Nuevo Manual de Ciencia Pol&iacute;tica</i> coordinado por Goodin y Klingemann. Con esta autocreaci&oacute;n de leyes que garantizan sus privilegios, los partidos, plantea Mair, han tenido &eacute;xito en aislarse de las perturbaciones del sistema social y en desempe&ntilde;arse como una clase pol&iacute;tica autorreferente (justamente una de sus cr&iacute;ticas tempranas al modelo cartel).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"The Withdrawal of the Elites", cap&iacute;tulo tercero del libro, vuelve, asimismo, sobre un par de t&oacute;picos familiares a Mair: 1) el de la evacuaci&oacute;n de los partidos del territorio de la sociedad civil con miras a penetrar el Estado, y 2) el del radical re&#45;equilibrio en las funciones de los partidos que la distancia con la sociedad civil permite. Este &uacute;ltimo tema es desarrollado puntual y pausadamente para vigorizar la conclusi&oacute;n de que los partidos estar&iacute;an ahora, con mayor eficacia que nunca, cumpliendo con imprescindibles tareas gubernativas, a cambio, sin embargo, de descuidar sus labores de representaci&oacute;n social. La tensi&oacute;n cong&eacute;nita entre estos objetivos, representar&#45;gobernar, que Kirchheimer detectara como nadie, se habr&iacute;a aliviado al costo de que los partidos evolucionaran "downsianamente" hacia equipos de l&iacute;deres profesionales, verdaderos office&#45;seekers comprometidos de modo excesivo con el rol de mantener la estabilidad del r&eacute;gimen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al ser el r&eacute;gimen democr&aacute;tico la forma pol&iacute;tica hoy dominante, en los cap&iacute;tulos dos ("The Challenge to Party Government") y cuatro ("Popular Democracy and the European Union Polity") la mirada del autor enfoca alarmantes se&ntilde;ales del retroceso de la democracia a partir de la misma metamorfosis de la pol&iacute;tica. Estos cap&iacute;tulos son ricos en su vastedad de indicadores emp&iacute;ricos. El decreciente reclutamiento de candidatos de entre los militantes activos o la progresiva expulsi&oacute;n de los programas partidistas de una serie de ret&oacute;ricas ideol&oacute;gicas y polarizantes, son, por ejemplo, recabados con sumo detalle para mostrar c&oacute;mo el gobierno partidario (party government) acusa sendos declives. Do Parties Matter?, despu&eacute;s de ser en los setentas&#45;ochentas una pregunta de respuesta clara y afirmativa, estar&iacute;a mutando hacia una interrogante con despejes negativos. Para el caso de la democracia de la Uni&oacute;n Europea (UE), los contenidos ofrecen no s&oacute;lo una rese&ntilde;a hist&oacute;rica, sino algo m&aacute;s perspicaz e incitante: la hip&oacute;tesis de que la UE fue concebida como un mecanismo ex profeso para contener y hacer recular la democracia. Protegida contra el impacto de las elecciones populares, la UE, a decir de Mair, expresa el avance neoconservador del gobierno tecnocr&aacute;tico apoyado en instituciones contramayoritarias (organismos econ&oacute;micos, cortes, banco central). Una vez confinada la democracia a elecciones sin mayores consecuencias sobre las piezas esenciales del sistema, el brote de ciertos populismos antisist&eacute;micos (de derechas o de izquierdas) apenas s&iacute; merece asombro o justificaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al objetar el estrechamiento de la democracia popular, aparece el m&aacute;s nuevo y mejor Peter Mair. Gracias a este novedoso punto de quiebre, Mair tienta una discusi&oacute;n en el orden de la historia de las ideas, concretamente, en la propia transfiguraci&oacute;n de las teor&iacute;as democr&aacute;ticas. Cuando Schattschneider escrib&iacute;a en 1942 que la democracia era imposible sin partidos, el significado del concepto implicaba tanto el sentido de la representaci&oacute;n social como el de la ejecuci&oacute;n del gobierno. Las elecciones dispon&iacute;an as&iacute; del espacio y las opciones de regir y marcar la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Fue &eacute;sa la llamada "&eacute;poca de oro de los partidos", asegura Mair. Sin embargo, ese significado y esa pr&aacute;ctica han cedido a las teor&iacute;as y reglas de determinado enfoque "madisoniano o constitucionalista" de la democracia, que redefine a &eacute;sta como el trazado de acuerdos generales, repartici&oacute;n multipartidista del gobierno, austeridad de gasto p&uacute;blico, la estabilidad antes que cambio. La ola neoliberal, que Mair impugna en la derecha (Thatcher) y en la izquierda (Blair), ha terminado por "sujetar" la democracia a este imaginario. Como si hubi&eacute;semos llegado ya a la mejor concreci&oacute;n de la democracia, esta ideolog&iacute;a encubierta abstrae a &eacute;sta de su propio debate. Si O'Donnell discut&iacute;a para Am&eacute;rica Latina la urgencia de una "cr&iacute;tica democr&aacute;tica a la democracia", Mair dirige el mismo reclamo a los te&oacute;ricos de la new governance, las instituciones no&#45;mayoritarias o el gobierno de los expertos, pero tambi&eacute;n a los cr&iacute;ticos antisist&eacute;micos y extremistas que parad&oacute;jicamente refuncionalizan la legitimidad posdemocr&aacute;tica del r&eacute;gimen.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esos t&eacute;rminos de legitimidad m&aacute;s all&aacute; de la democracia, Roger Bartra denunciaba en <i>Las redes imaginarias del poder pol&iacute;tico</i> el peligro de un consenso posmoderno que robara a la democracia su potencia y sustancia. Con la misma originalidad, partiendo de d&eacute;cadas de estudiar a los partidos, Mair concluye que el tiempo de la pol&iacute;tica partidaria ha sido sustituido por la regresiva politics of depoliticization. La democracia, sin partidos o con partidos intrascendentes y remotos de los ciudadanos, completar&iacute;a la sombra que Mair anuncia sobre la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. Llegado este colof&oacute;n, el placer de descubrir al &uacute;ltimo Mair empieza a perturbarse por la sacudida de haber le&iacute;do una s&oacute;lida investigaci&oacute;n cuyos datos, an&aacute;lisis y desenlaces son todav&iacute;a m&aacute;s l&oacute;bregos que el nombre y subt&iacute;tulo del libro. Y no hay una ventana por la que corra un poco de aire, porque Mair no prometi&oacute; soluciones. Su cometido era mostrar que "los partidos gobiernan el vac&iacute;o". Lo consigue, tanto que al final ese mismo desamparo sobresalta al lector.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor:</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Hugo Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico Dr. Garciadiego 168 Del. Cuauht&eacute;moc CP 06720 M&eacute;xico D.F. Tel. 1107 0280 <a href="mailto:vicohmg@gmail.com" target="_blank">vicohmg@gmail.com</a></font></p>      ]]></body>
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