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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Lecturas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Cr&iacute;tica de la antropolog&iacute;a perspectivista*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rese&ntilde;ado por Sa&uacute;l Mill&aacute;n**</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="3"><b>* Carlos Reynoso, <i>Cr&iacute;tica de la antropolog&iacute;a perspectivista (Viveiros de Castro &#45; Philippe Descola &#45; Bruno Latour),</i> Universidad de Buenos Aires, 2014, 279 pp. &lt;<a href="http://carlosreynoso.com.ar/archivos/articulos/Carlos-Reynoso-Critica-de-la-antropologia-perspectivista.pdf" target="_blank">http://carlosreynoso.com.ar/archivos/articulos/Carlos&#45;Reynoso&#45;Critica&#45;de&#45;la&#45;antropologia&#45;perspectivista.pdf</a>&gt;.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. Perif&eacute;rico Sur y Zapote s/n, col. Isidro Fabela, delegaci&oacute;n Tlalpan, 14030, M&eacute;xico, D. F.</i> &lt;<a href="mailto:smillan@prodigy.net.mx">smillan@prodigy.net.mx</a>&gt;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>A</i> ra&iacute;z de la conferencia de Carlos Reynoso en el Museo Nacional de Antropolog&iacute;a, diversos colegas tuvieron la amabilidad de circular el texto titulado <i>Cr&iacute;tica de la antropolog&iacute;a perspectivista,</i> cuya versi&oacute;n electr&oacute;nica anticipa, al parecer, su publicaci&oacute;n en las editoriales consabidas. Los que est&eacute;n familiarizados con sus textos, sin embargo, no hallar&aacute;n nada nuevo bajo el sol: una vez m&aacute;s, Reynoso desenfunda sus armas de largo alcance y se dispone a ejercer el papel de francotirador que lo ha vuelto tan c&eacute;lebre en las zonas marginales de la antropolog&iacute;a, donde los techos nunca son lo suficientemente altos para errar los disparos que por lo regular lanza contra sus v&iacute;ctimas. La &uacute;nica diferencia estriba en que sus presas no son en esta ocasi&oacute;n los antrop&oacute;logos posmodernos o los estudios culturales (Reynoso, 1991 y 2000), sino los que &eacute;l aglutina con el nombre de <i>perspectivistas</i> para evitar confundir al lector con matices innecesarios, bastante sutiles para los lentes que utiliza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las armas de Reynoso son en efecto instrumentos de escasa precisi&oacute;n, dotados de lentes demasiado oblicuos para distinguir diferencias significativas. Bajo un mismo t&iacute;tulo, su cr&iacute;tica arrastra autores y teor&iacute;as que dif&iacute;cilmente se reconocer&iacute;an a s&iacute; mismos como perspectivistas y que s&oacute;lo la mala fe, las ansias de celebridad o la ceguera anal&iacute;tica permitir&iacute;an colocar en la misma canasta. As&iacute; como Marcel Mauss no se convierte en estructuralista por haber inspirado la obra de L&eacute;vi&#45;Strauss, no hay razones para pensar que Marilyn Strathern, Roy Wagner o Bruno Latour ingresen en las filas de la antropolog&iacute;a perspectivista tan s&oacute;lo porque los nuevos estudios amaz&oacute;nicos han tenido a bien citarlos en diversas ocasiones. Nadie que conozca la obra de estos autores encontrar&aacute; en ella atisbos de un perspectivismo amerindio, basado en las ontolog&iacute;as locales, y cualquiera que lea con cuidado a Philippe Descola advertir&aacute; sus discrepancias con la "inversi&oacute;n cruzada de los puntos de vista, que caracteriza por derecho propio al perspectivismo" (Descola, 2012: 216).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada teor&iacute;a, dec&iacute;a Geertz, termina por fundar a sus propios precursores. Reynoso lamenta sin embargo que la "antropolog&iacute;a perspectivista" haya rescatado de sus tumbas a Foucault, Derrida, Deleuze y Guattari, que a sus ojos no representan otra cosa que "una pandilla de fil&oacute;sofos aparatosamente narcisistas" (p. 7) cuyas obras deber&iacute;an quedar desterradas de nuestra disciplina. Es curioso que, para un autor que propaga los estudios "transdisciplinarios", las &uacute;nicas referencias que resultan plausibles se esconden en la literatura dedicada a los <i>grafos&#45;p</i> y los <i>enrejados de Galoise,</i> con los cuales Marilyn Strathern habr&iacute;a hecho cosas m&aacute;s grandes de las que en realidad hizo si no fuera, por simple distracci&oacute;n, que se le ocurri&oacute; consultar a Frazer, Malinowski y "otros t&oacute;picos de lejana antig&uuml;edad" (p. 135). Frente a esas preferencias personales, en efecto, nadie se salva. Mediante el terrorismo de la referencia bibliogr&aacute;fica, los antrop&oacute;logos pasamos a ser una pandilla de ignorantes que hablamos de la cultura antes de haber examinado los <i>modelos de Kaes</i> y los <i>grafos TIP,</i> sin los cuales ser&iacute;a pr&aacute;cticamente imposible decir algo serio sobre el don, la persona y el intercambio. En raz&oacute;n de estas lagunas imperdonables, Strathern termina por convertirse en una antrop&oacute;loga cuya "petulancia &#91;...&#93; la torna indirecta y potencialmente nociva" (p. 132) para cualquier ingenuo que tenga el mal tino de citarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Reynoso, lo m&aacute;s abominable del perspectivismo no estriba en la teor&iacute;a que le es inherente, sino en las fuentes bibliogr&aacute;ficas que consulta. De hecho, no es necesario ir m&aacute;s all&aacute; de las p&aacute;ginas introductorias para percatarse que a &eacute;l no le gustan. El perspectivismo, "una idea que quiz&aacute; no era tan mala al principio" (p. 41), cometi&oacute; el pecado de incorporar en sus argumentos la idea de una antropolog&iacute;a sim&eacute;trica, elaborada por un "predador cebado, sin frenos y sin comedimiento" (p. 150) que se llama Bruno Latour y que ha sido el responsable de dise&ntilde;ar la teor&iacute;a del actor&#45;red, conocida gen&eacute;ricamente como TAR. Reynoso reconoce, empero, que las relaciones entre este campo te&oacute;rico y las preocupaciones del perspectivismo han sido incidentales y epis&oacute;dicas:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">fuera de apropiarse del concepto de "colectivo", dudosamente original, y de hablar de una "simetr&iacute;a" que nunca se realiza &#91;...&#93;, los perspectivistas no han sido capaces de hacer con la TAR, antropol&oacute;gicamente hablando, nada digno de que sigamos perdiendo el tiempo con ella &#91;p. 152&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lector se pregunta entonces cu&aacute;l es la raz&oacute;n de colocar a Latour en el pared&oacute;n de fusilamiento, nombrarlo 67 veces a lo largo del libro y dedicar un extenso cap&iacute;tulo a alguien que, seg&uacute;n supone, "nunca ha dedicado un d&iacute;a completo en consultar la teor&iacute;a antropol&oacute;gica cl&aacute;sica y contempor&aacute;nea sobre redes sociales o sobre antropolog&iacute;a en general" (p. 147). La hip&oacute;tesis m&aacute;s factible, al parecer, es que sobraban municiones en la artiller&iacute;a. En lugar de economizar sus disparos para futuras ejecuciones, Reynoso dirige su punter&iacute;a hacia los errores tipogr&aacute;ficos de <i>Reassembling the Social: An Introduction to Actor&#45;Network&#45;Theory</i> para denunciar ante el mundo que su autor no sabe escribir correctamente el nombre de Julian PittRivers, dado que omite el gui&oacute;n reglamentario (Pitt Rivers) y comprueba con ello que lo confunde, o bien, que nunca lo ha le&iacute;do.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No deja de ser parad&oacute;jico que este tipo de observaciones, centradas en minucias insignificantes, provengan de un profesional de la cr&iacute;tica que hace a&ntilde;os se refer&iacute;a al autor de <i>Culturas h&iacute;bridas</i> mediante una confusi&oacute;n de sus apellidos, llam&aacute;ndolo a veces Garc&iacute;a Canclini y en otras simplemente Canclini (Reynoso, 2000: 232&#45;233). Para un cr&iacute;tico que exige un "m&iacute;nimo de atinencia y un pulso exacto" <i>(sic,</i> p. 148), sus omisiones nunca son tan graves como las que cometen los dem&aacute;s, en virtud de que sus juicios suelen estar basados en la revisi&oacute;n exhaustiva de los textos originarios y no, como en general acusa a sus adversarios, en fuentes secundarias y lecturas de segunda mano. A semejanza de los reproches que en esta ocasi&oacute;n dirige a los perspectivistas, Reynoso deploraba en efecto que "Canclini se base en lecturas de otros autores que siempre resultan tergiversadas, deformantes &#91;...&#93; y equivocadas en los juicios epistemol&oacute;gicos con que se las rodea" (Reynoso, 2000: 233), para concluir que su obra "exhibe una densidad de lapsus de lectura raras veces visto" (2000: 238). M&aacute;s all&aacute; de este monopolio de la lectura que Reynoso pretende profesar, llama la atenci&oacute;n que sus dardos se encaminen invariablemente en la misma direcci&oacute;n, como si se recurriera a una rutina consabida, digna de esos procesos inquisitorios en los que se formulan una y otra vez id&eacute;nticas acusaciones. Su propensi&oacute;n a quemar textos en la hoguera puede de hecho resumirse en el siguiente ejercicio, tomado de <i>Apogeo y decadencia de los estudios culturales,</i> donde el autor daba muestras de que la hermen&eacute;utica es una disciplina que le pertenece por derecho propio:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso tambi&eacute;n me atrevo a proponer un ejercicio infalible: tomen cualquier afirmaci&oacute;n m&aacute;s o menos radical que nuestros autores &#91;Marcus, Rosaldo, James Clifford y Garc&iacute;a Canclini&#93; atribuyan a otros, <i>recurran luego a los textos originales,</i> y encontrar&aacute;n all&iacute; colores y matices que <i>siempre difieren</i> de lo que se quiere hacerles significar &#91;Reynoso, 2000: 238; &eacute;nfasis nuestro&#93;.</font></p>  		 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien es cierto que ning&uacute;n texto puede defenderse a s&iacute; mismo de la interpretaci&oacute;n de sus lectores, como sospechaba Latour (1988), tambi&eacute;n lo es que no existen monopolios o recetas uniformes para sus posibles lecturas. Reynoso cree, sin embargo, que &eacute;l es el &uacute;nico lector sobre el planeta, o al menos el &uacute;nico investigador que posee la llave maestra para descifrar los textos originales. Esta petulancia lo lleva a inferir, entre otros juicios igualmente desmedidos, que las lecturas antropol&oacute;gicas de Deleuze son tan simplistas y err&oacute;neas que acaso resulten fraudulentas (p. 35), aun cuando &eacute;l s&oacute;lo distingue en la obra de Marshall Sahlins una "verborragia homuncular y abstrusa" que "se sale de madre" <i>(sic,</i> p. 36), como si este tipo de juicios fueran una prueba fehaciente de la mejor hermen&eacute;utica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hecha de insultos, majader&iacute;as y juicios sumarios, la cr&iacute;tica de Reynoso se alimenta casi siempre de la sospecha. Revisando ediciones y referencias bibliogr&aacute;ficas, su m&eacute;todo consiste en determinar si tal o cual antrop&oacute;logo ha consultado realmente a tal o cual escritor, si lo que aparece en los textos originales se cita con decoro y si los perspectivistas no son, a fin de cuentas, m&aacute;s que un pu&ntilde;ado de lectores deficientes. "Al final del d&iacute;a &#45;sospecha Reynoso&#45;, no tengo constancia que Viveiros haya le&iacute;do con detenimiento los trabajos de Bateson, cuyo nombre nunca se muestra en las listas bibliogr&aacute;ficas antes que comiencen a aparecer los de Deleuze y Guattari, quienes lo leyeron mal pero lo leyeron ciertamente" (p. 44). Una vez m&aacute;s, como acostumbraba a ejercerla en trabajos anteriores, la cr&iacute;tica se convierte en un oficio de tinieblas que se sustenta en la mala fe, la injuria y la sospecha. La idea subyacente consiste en inferir que toda la teor&iacute;a perspectivista es dudosa en su conjunto, puesto que no existe "constancia" de la lectura directa de sus fuentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elevada al rango de m&eacute;todo hermen&eacute;utico, la sospecha pone en marcha un proceso inquisitorio que jam&aacute;s se detiene a escuchar lo que los acusados en verdad dicen, incluso al grado de mutilar, confundir y tergiversar sus argumentos m&aacute;s evidentes. Reynoso presupone, en efecto, que "el <i>multiculturalismo</i> de Viveiros ha sido considerado uno de sus conceptos m&aacute;s radicalmente revolucionarios" (p. 42; &eacute;nfasis nuestro), cuando cualquier estudiante de antropolog&iacute;a sabe que el fundador del perspectivismo introduce el concepto de <i>multinaturalismo,</i> diametralmente opuesto a la idea de culturas m&uacute;ltiples que se desprende de la noci&oacute;n anterior. &iquest;Errata, confusi&oacute;n o mala lectura? En realidad, no hay manera de saberlo. Pero si uno aplica el mismo m&eacute;todo hermen&eacute;utico con el que Reynoso enjuicia a sus v&iacute;ctimas, tiende a sospechar que esos errores no son simples deslices ingenuos, ya que m&aacute;s adelante insiste en hablar del "multiculturalismo" de Viveiros con la misma soltura con la que habla de la "antropolog&iacute;a perspectivista de Descola" (p. 74). Imaginando adem&aacute;s que todos los antrop&oacute;logos somos lectores igual de deficientes (la frase es suya), Reynoso concluye que lo &uacute;nico que hay a la vista es un cambio de vocabulario (p. 182), como si las categor&iacute;as centrales del perspectivismo (ontolog&iacute;a, multinaturalismo, alteridad constitutiva, etc&eacute;tera) fueran tan s&oacute;lo eufemismos trasnochados que no agregan nada a las teor&iacute;as antropol&oacute;gicas existentes. Desde esta &oacute;ptica, la teor&iacute;a del perspectivismo amaz&oacute;nico no ser&iacute;a m&aacute;s que un ejercicio de reciclaje, implementado 30 siglos m&aacute;s tarde, en raz&oacute;n de que el t&eacute;rmino se remonta a la filosof&iacute;a del jainismo que floreci&oacute; en la India 600 a&ntilde;os antes de Cristo, como podr&iacute;a comprobar el m&aacute;s ingenuo de los perspectivistas con tan s&oacute;lo echarle una ojeada a Wikipedia y, por supuesto, a las propias investigaciones de Reynoso (1978), que siempre resultan indispensables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s que calar hondo en el &aacute;rbol que intenta derribar, los juicios de Reynoso se deslizan hacia las ra&iacute;ces o, en el peor de los casos, suben por las ramas de un tronco que se mantiene intacto. La teor&iacute;a vigente permanece en efecto inmune ante una cr&iacute;tica que no logra precisar d&oacute;nde est&aacute; el error del perspectivismo, qu&eacute; es exactamente aquello que lo contradice y cu&aacute;les son, al margen de las fuentes utilizadas, las razones l&oacute;gicas para desecharlo. La cr&iacute;tica de Reynoso no s&oacute;lo omite cualquier dato emp&iacute;rico que ponga en duda la veracidad de sus afirmaciones, por lo com&uacute;n extra&iacute;da de las etnograf&iacute;as amaz&oacute;nicas, sino tambi&eacute;n pasa por alto argumentos y categor&iacute;as que son inevitables para comprender a Viveiros de Castro o a Philippe Descola. A lo largo de 200 p&aacute;ginas, no hay una sola referencia a la idea de un <i>cogito can&iacute;bal</i> o de una <i>alteridad constitutiva</i> en la que Viveros de Castro (1996 y 2010) hace descansar el edificio del perspectivismo, tampoco una sola menci&oacute;n a la <i>distribuci&oacute;n de existentes</i> con que Philippe Descola (2012) define sus ontolog&iacute;as. El lector aprende que las fuentes de ambos autores son inciertas, obsoletas e incluso aberrantes, pero nunca entiende cu&aacute;les son las objeciones hacia una antropolog&iacute;a basada en el principio de simetr&iacute;a, modelos ontol&oacute;gicos o perspectivas cruzadas. La cr&iacute;tica termina en el mismo punto que comienza, porque la estrategia recurrente consiste en denunciar que Viveiros de Castro comprendi&oacute; err&oacute;neamente las nociones de Deleuze, quien a su vez malinterpret&oacute; los conceptos de Riemann, un "portentoso matem&aacute;tico" del siglo XIX que tiene la &uacute;ltima palabra. En consecuencia, arguye Reynoso, el perspectivismo y los estudios etnogr&aacute;ficos que se derivan de sus filas est&aacute;n equivocados de principio a fin, simplemente porque uno de sus precursores no capt&oacute; la profundidad matem&aacute;tica del t&eacute;rmino <i>manifold</i> (p. 164) por recurrir a una traducci&oacute;n ineficiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es necesario ser un lince para advertir que la cr&iacute;tica de Reynoso sigue los pasos de Alan Sokal y Jean Bricmont en <i>Imposturas intelectuales,</i> cuyo principal argumento consisti&oacute; en demostrar que numerosos autores, dedicados a la filosof&iacute;a y a las ciencias sociales, emplean de manera abusiva diversos conceptos acu&ntilde;ados en las ciencias naturales, "utilizando ideas cient&iacute;ficas sacadas por completo de sus contexto" (1999: 14). Sokal y Bricmont encaminan parte de sus cr&iacute;ticas a los textos de Bruno Latour, Gilles Deleuze y F&eacute;lix Guattari, que curiosamente integran la galer&iacute;a de implicados en <i>Cr&iacute;tica de la antropolog&iacute;a perspectivista.</i> En ambos casos, en efecto, los reproches son en esencia semejantes y se dirigen casi siempre hacia los mismos blancos: la comprensi&oacute;n err&oacute;nea de los conceptos matem&aacute;ticos, la impostura intelectual, las astucias discursivas y los efectos nocivos que los acusados pueden tener en el &aacute;mbito pol&iacute;tico y en los programas de posgrado. A diferencia de Sokal y Bricmont, quienes no pretend&iacute;an "juzgar la filosof&iacute;a de Deleuze o los trabajos concretos de Latour en sociolog&iacute;a" (1999: 30), Reynoso se arroga la tarea de culminar esa misi&oacute;n redentora y echa por tierra cualquier posibilidad innovadora, cualquier indicio y cualquier reflexi&oacute;n que el perspectivismo pueda aportar. Es imposible, por supuesto, saber si Reynoso ley&oacute; <i>Imposturas intelectuales</i> desde la primera hasta la &uacute;ltima p&aacute;gina, si comprendi&oacute; bien los argumentos o si est&aacute; familiarizado con sus fuentes (la sospecha recorre hoy el mundo intelectual), pero en todo caso vale la pena reiterar las observaciones finales de sus autores, quienes distinguen su cr&iacute;tica del ejercicio que emprenden sus seguidores:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que distinguir con sumo cuidado entre dos tipos de cr&iacute;ticas de la ciencia: las que se oponen a una teor&iacute;a concreta en funci&oacute;n de argumentos espec&iacute;ficos y las que repiten, bajo una u otra forma, los argumentos tradicionales del escepticismo radical &#91;...&#93; Es evidente que siempre se puede dudar de una teor&iacute;a concreta, pero los argumentos esc&eacute;pticos generales propuestos para apoyar esas dudas son absolutamente irrelevantes, debido precisamente a su generalidad &#91;Sokal y Bricmont, 1999: 208&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esta observaci&oacute;n profunda, que deja en claro por d&oacute;nde se dividen los caminos, habr&iacute;a que agregar la antigua acotaci&oacute;n de Jos&eacute; Mart&iacute;, en el sentido de que la cr&iacute;tica no es una aprobaci&oacute;n bondadosa pero tampoco una ira insultante. No se justifica, por lo tanto, ni la generalidad de los juicios ni la violencia de un lenguaje que en todo momento es insolente, al grado de caricaturizar a Philippe Descola como el "contacto en Francia" del perspectivismo (p. 21) y a Bruno Latour como el "&uacute;ltimo avatar pos&#45;estructuralista de Viveiros" (p. 142). Si la ofensa denigra a quien la infiere, la sospecha se revierte en aquel que la confiere. Las razones ocultas de la cr&iacute;tica pueden por lo tanto descifrarse en una expresi&oacute;n aislada pero elocuente: "Envidio a Viveiros, y lo digo de coraz&oacute;n" (p. 159). A la luz de estas confesiones, el lector tiene derecho a sospechar motivos poco aparentes que no siempre residen en la honestidad intelectual, el an&aacute;lisis riguroso y el juicio imparcial. Cuando esos motivos vienen de alguien que ha hecho de las "sospechas plausibles" (p. 176) una estrategia de la cr&iacute;tica constante, los antrop&oacute;logos tenemos razones para suponer que otras v&iacute;ctimas habr&aacute;n de perfilarse y que las armas de Reynoso, siempre dispuestas a disparar, habr&aacute;n de asomarse por encima del horizonte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Descola, Philippe 2012 <i>M&aacute;s all&aacute; de naturaleza y cultura,</i> Amorrortu Editores, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=655878&pid=S0188-7017201500010001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Latour, Bruno 1988 <i>The Pasteurizationof France,</i> Harvard University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=655880&pid=S0188-7017201500010001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reynoso, Carlos 1978 <i>Aspectos del Jainismo,</i> trabajo monogr&aacute;fico para Lengua y Cultura de la India, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=655882&pid=S0188-7017201500010001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; 2000 <i>Apogeo y decadencia de los estudios culturales,</i> Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=655884&pid=S0188-7017201500010001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reynoso, Carlos (ed.) 1991 <i>El surgimiento de la antropolog&iacute;a posmoderna,</i> Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=655886&pid=S0188-7017201500010001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sokal, Alan y Jean Bricmont 1999 <i>Imposturas intelectuales,</i> Paid&oacute;s, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=655888&pid=S0188-7017201500010001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viveiros de Castro, Eduardo 1996 "Cosmological deixis and Amerindian Perspectivism", en <i>Journal of the Royal Anthropological Institute,</i> n&uacute;m. 4, pp. 469&#45;488.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=655890&pid=S0188-7017201500010001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; 2010 <i>Metaf&iacute;sicas can&iacute;bales. L&iacute;neas de antropolog&iacute;a postes</i><i>tructural,</i> Katz Editores, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=655892&pid=S0188-7017201500010001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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