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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Di&aacute;logos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Antropolog&iacute;as nacionales, antropolog&iacute;a propia y formaci&oacute;n antropol&oacute;gica. Comentarios desde Argentina</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mauricio Boivin* y Ana Rosato**</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor titular, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad de Buenos Aires. Pu&aacute;n 480, 1406, Ciudad de Buenos Aires, Argentina &lt;<a href="mailto:mboivin@fibertel.com.ar">mboivin@fibertel.com.ar</a>&gt;.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Profesora titular, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Pu&aacute;n 480, 1406, Ciudad de Buenos Aires, Argentina &lt;<a href="mailto:anarosato@fibertel.com.ar">anarosato@fibertel.com.ar</a>&gt;.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajos reunidos en el <i>dossier</i> de este n&uacute;mero de <i>Alteridades</i> muestran la preocupaci&oacute;n por la formaci&oacute;n antropol&oacute;gica "propia", recreando desde sus respectivas realidades hist&oacute;ricas e institucionales las formas particulares en que la ense&ntilde;anza y la investigaci&oacute;n antropol&oacute;gicas se llevan a cabo en Am&eacute;rica Latina. Espec&iacute;ficamente, tres art&iacute;culos remiten a la antropolog&iacute;a mexicana, mientras que otros tres hablan de las experiencias en Colombia, El Salvador y Ecuador. Por su parte, el de Esteban Krotz nos brinda un modo de cotejar o comparar las historias de la antropolog&iacute;a en nuestros pa&iacute;ses. De la lectura de estos trabajos surge una primera reflexi&oacute;n: la relaci&oacute;n que nosotros tenemos con esas experiencias de ense&ntilde;anza e investigaci&oacute;n son muy dis&iacute;miles. En lo personal, la "antropolog&iacute;a mexicana" ha sido una parte importante no s&oacute;lo de nuestra formaci&oacute;n sino tambi&eacute;n de nuestra actividad como antrop&oacute;logos; nos ha influenciado muy tempranamente por medio de autores emblem&aacute;ticos mencionados en estos textos, como Aguirre Beltr&aacute;n, Stavenhagen, Palerm y Warman, entre otros, as&iacute; como argentinos que han desarrollado su actividad en M&eacute;xico y que son recuperados por nosotros mediante esa antropolog&iacute;a, como Garc&iacute;a Canclini, Men&eacute;ndez, Barabas y Bartolom&eacute;. No nos ha ocurrido lo mismo con "otras" antropolog&iacute;as latinoamericanas, entre ellas las aqu&iacute; presentadas, con las cuales la antropolog&iacute;a argentina est&aacute; relacionada, pero muy recientemente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de la producci&oacute;n antropol&oacute;gica de los pa&iacute;ses centrales, que se realiz&oacute; en el contexto de imperios, la latinoamericana, como sostiene Krotz, se fue constituyendo con base en los Estados nacionales. La ense&ntilde;anza de la antropolog&iacute;a en Argentina ha seguido esa misma tendencia &#45;con sus singularidades&#45;y los contextos mencionados en todos los art&iacute;culos del <i>dossier</i> han sido los mismos. Lo que a continuaci&oacute;n resaltamos son ciertas particularidades para el caso argentino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ense&ntilde;anza de la antropolog&iacute;a la encontramos en nueve de las 47 universidades nacionales &#45;siendo las m&aacute;s antiguas la de C&oacute;rdoba, fundada en 1613; la de Buenos Aires, en 1821; y la de La Plata, en 1897&#45;. Estas universidades son, por ley, aut&oacute;nomas, gratuitas, laicas y libres. El acceso a los estudios universitarios de grado es irrestricto y gratuito. Las universidades se gobiernan por sus propios estatutos, y sus autoridades son elegidas por los representantes de los tres claustros: profesores, graduados y estudiantes, los que "discuten", hoy y desde 1984 (desde la democratizaci&oacute;n del pa&iacute;s y la normalizaci&oacute;n universitaria), los planes de estudios; &eacute;stos y sus modificaciones parciales tienen que ser aprobados por los consejos superiores de las universidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enfatizamos el "hoy" porque la historia institucional de las carreras de antropolog&iacute;a ha sido tan azarosa como la de Argentina.<sup><a href="notas">1</a></sup> Por lo tanto, aqu&iacute; no haremos una historia sino que se&ntilde;alaremos algunos elementos necesarios para contextualizar las comparaciones a las cuales nos llev&oacute; la lectura de los ensayos que componen el <i>dossier.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, ocho de las nueve carreras de grado se denominan en forma gen&eacute;rica "antropolog&iacute;a" o "ciencias antropol&oacute;gicas", y en general tienen dos orientaciones: antropolog&iacute;a sociocultural y arqueolog&iacute;a. La carrera de la Universidad de Misiones es la &uacute;nica con el nombre de Antropolog&iacute;a Social. La primera carrera de grado se cre&oacute; en 1957, mientras que la &uacute;ltima comenz&oacute; a dictarse en 2010. Todas tienen una duraci&oacute;n estimada de cinco a&ntilde;os m&aacute;s tesis, y el egresado recibe el t&iacute;tulo de licenciado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, los estudios de posgrado &#45;maestr&iacute;as y doctorados&#45; han ido proliferando durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os y se tiene que pagar por ellos.<sup><a href="notas">2</a></sup> (No obstante, en ciertas universidades el t&iacute;tulo de doctor en Antropolog&iacute;a data de finales de los a&ntilde;os cincuenta.) Un elemento importante que tener en cuenta es que la mayor&iacute;a de los maestrandos y doctorandos no est&aacute;n financiados directamente por las universidades, aunque existen algunas que cuentan con programas de becas para estudios de posgrado de tiempo completo. Otra fuente de financiamiento para realizar estudios de posgrado es el Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas (CONICET), y, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha implementado un programa para becas a ciudadanos latinoamericanos mediante la Direcci&oacute;n Nacional de Cooperaci&oacute;n Internacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tercer lugar, en las universidades nacionales funcionan centros o institutos de investigaci&oacute;n con financiamientos propios; en algunos casos se complementan con financiamiento externo del CONICET y, en menor medida, de otras agencias de cooperaci&oacute;n educativa y de investigaci&oacute;n. Sin embargo, no todos los docentes son investigadores. A partir de finales de los a&ntilde;os ochenta, con la implantaci&oacute;n del Programa de Incentivos Docentes, creado por el Ministerio de Educaci&oacute;n, 34 por ciento de los docentes de las universidades nacionales son docentes&#45;investigadores y 80 por ciento de los investigadores del CONICET son investigadores&#45;docentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, desde 2000, las carreras de grado y los posgrados de algunas de las universidades nacionales cuentan con una creciente cantidad de alumnos extranjeros, la mayor&iacute;a proveniente de Am&eacute;rica Latina y, en menor medida, de Estados Unidos y Europa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este entorno, la ense&ntilde;anza de la antropolog&iacute;a en Argentina tuvo sus particularidades, y es desde ah&iacute;, en cuanto estudiantes, graduados y docentes&#45;investigadores, que nos llamaron la atenci&oacute;n algunos casos presentados en el <i>dossier.</i> Notamos que en la estructuraci&oacute;n de los programas de los casos mexicanos, la Universidad de Quintana Roo (UQROO); la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana Unidad&#45;Iztapalapa (UAM&#45;I); la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (ENAH), sobresalen dos elementos que, a pesar de las crisis, constituyen y han constituido un indicador importante en el desarrollo de la antropolog&iacute;a mexicana: por un lado, la existencia de una antropolog&iacute;a mexicana que se expresa no s&oacute;lo en materias con ese nombre sino tambi&eacute;n en aquellas que se denominan teor&iacute;as antropol&oacute;gicas y, por otro, la formaci&oacute;n temprana en el trabajo de campo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto al primer elemento, es justamente la existencia de esas materias las que sirvieron para provocar, estimular y consolidar debates que luego ser&iacute;an le&iacute;dos y reproducidos en el resto de Am&eacute;rica mediante revistas como <i>Nueva Antropolog&iacute;a</i> y, m&aacute;s tard&iacute;amente, <i>Alteridades.</i> Creemos que ha sido la temprana y fundante publicaci&oacute;n de material etnogr&aacute;fico y de debate te&oacute;rico lo que ha marcado la propagaci&oacute;n de la antropolog&iacute;a mexicana al resto de Am&eacute;rica. Adem&aacute;s, esos debates han sido tanto internos como externos y posibilitados por un trabajo de campo prolongado y profundo. Sin duda, los debates m&aacute;s conocidos han girado en torno al <i>indigenismo</i> o <i>etnicismo,</i> tema que los vincula de un modo fundante con otras antropolog&iacute;as latinoamericanas, como la de Ecuador y la de El Salvador. De manera particular, un "problema" en muchos casos subsidiario del anterior, y en el cual la antropolog&iacute;a mexicana combin&oacute; trabajo de campo con una discusi&oacute;n te&oacute;rica original ha sido el del <i>campesinado.</i> En una palabra, en los tres trabajos presentados se demuestra que la antropolog&iacute;a mexicana ha tenido, en su desarrollo, una influencia sobre las teor&iacute;as usadas y desarrolladas en las antropolog&iacute;as americanas del Sur. Esto ha sido posible tanto por la articulaci&oacute;n que ha realizado con otras teor&iacute;as surgidas en pa&iacute;ses centrales o perif&eacute;ricos, como por su difusi&oacute;n en el resto del mundo y especialmente en Am&eacute;rica Latina.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n apunta Fernando Garc&iacute;a S., el tema de la difusi&oacute;n y la posibilidad de conocer las producciones de cada pa&iacute;s est&aacute; vinculado con la creaci&oacute;n de espacios donde se debata y discuta. &Eacute;l menciona como de fundamental importancia la creaci&oacute;n, en 1990, de la Asociaci&oacute;n Latinoamericana de Antropolog&iacute;a (ALA), que llev&oacute; a cabo dos congresos, y de la Red Latinoamericana de Antropolog&iacute;a Jur&iacute;dica (Relaju), formada en 1997, la cual organiz&oacute; seis congresos regionales. El autor se&ntilde;ala tambi&eacute;n como encuentros significativos en cuanto al conocimiento mutuo la Reuni&oacute;n de Antropolog&iacute;a del Mercosur (RAM), que se celebra desde 1995, y los encuentros o congresos nacionales de varios pa&iacute;ses a los que, aunque son nacionales, asiste un importante n&uacute;mero de antrop&oacute;logos "internacionales". &Eacute;ste es el caso del Congreso Argentino de Antropolog&iacute;a Social (CAAS), que se realiza desde 1983, y en el cual participan antrop&oacute;logos de diversos pa&iacute;ses y estudiantes de grado. Su organizaci&oacute;n est&aacute; en manos de la universidad sede, y colabora con ella el Colegio de Graduados en Antropolog&iacute;a de Argentina. Mientras que la primera reuni&oacute;n, en 1983, organizada por la Universidad Nacional de Misiones, sirvi&oacute; para un reencuentro "nacional" de los sobrevivientes luego de los a&ntilde;os de la dictadura militar, la siguiente, que se celebr&oacute; en 1986 en Buenos Aires, cont&oacute; ya con delegaciones de M&eacute;xico y Brasil. De ah&iacute; en adelante, las relaciones entre las antropolog&iacute;as de Argentina y Brasil se han ido estrechando, a tal grado que, en el X Congreso Argentino de Antropolog&iacute;a Social, convocado con el lema "La antropolog&iacute;a interpelada: nuevas configuraciones pol&iacute;tico&#45;culturales en Am&eacute;rica Latina" &#45;a realizarse en Buenos Aires a finales de 2011&#45; participa una cantidad importante de grupos de trabajo coordinados por antrop&oacute;logos procedentes de otros pa&iacute;ses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, la asistencia a congresos y reuniones depende primordialmente de fuentes de financiamiento, algo con que los investigadores&#45;docentes no cuentan a menudo y que adem&aacute;s se encuentra desigualmente distribuido, situaci&oacute;n que restringe al mismo tiempo la apropiaci&oacute;n de conocimientos producidos en otros pa&iacute;ses y la difusi&oacute;n de los propios. Afecta, en los t&eacute;rminos propuestos en el trabajo de Krotz, el "control" sobre nuestras producciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, y de modo paralelo al creciente n&uacute;mero de reuniones de antrop&oacute;logos de Am&eacute;rica Latina, ha surgido la posibilidad de aumentar la difusi&oacute;n y el conocimiento mutuo a partir de la generalizaci&oacute;n del uso de internet, donde cada vez m&aacute;s se "suben" producciones, noticias, eventos y discusiones entre antrop&oacute;logos. Consideramos relevantes los beneficios de esa nueva tecnolog&iacute;a, pero hay elementos cuyos alcances pueden ser negativos: el tema de la autor&iacute;a, del tipo de informaci&oacute;n que se brinda y de su control, de las desiguales condiciones de la apropiaci&oacute;n, del costo del acceso a cierta informaci&oacute;n, etc&eacute;tera. La negatividad de esos elementos se expresa hoy en cierto temor de usar la red por parte de algunos de nosotros y, sobre todo, en no explorar a fondo sus virtudes para, por ejemplo, la ense&ntilde;anza de la disciplina. En este aspecto, sin embargo, las universidades nacionales han incentivado a los docentes a usar la red a fin de lograr un mayor acercamiento con los alumnos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo elemento que queremos resaltar, y que surge de los programas mexicanos analizados en el <i>dossier,</i> es la inclusi&oacute;n temprana en la formaci&oacute;n en trabajo de campo, lo que tambi&eacute;n est&aacute; presente en los art&iacute;culos sobre Colombia, Ecuador y El Salvador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso mexicano, Ram&iacute;rez S&aacute;nchez, quien aborda el desarrollo hist&oacute;rico de la antropolog&iacute;a en la ENAH, comenta que las "pr&aacute;cticas de campo" ya se encontraban incluidas en los programas; as&iacute;, por ejemplo, "los estudiantes de las diversas disciplinas deb&iacute;an salir juntos al campo, coordinados a trav&eacute;s de un proyecto de investigaci&oacute;n general en el que cada uno de ellos aplicar&iacute;a sus conocimientos a un mismo problema y en un &aacute;rea delimitada". Del mismo modo, pero en la experiencia m&aacute;s reciente del programa de la UQROO, Xochitl Ballesteros P&eacute;rez, Ligia A. Sierra Sosa y Julio T. Garc&iacute;a Miranda sostienen que "la &uacute;nica certeza que tenemos al elaborar un plan de estudios es que el trabajo de campo debe ser una de las m&aacute;ximas que gu&iacute;en al estudiante".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A su vez, en el caso analizado por Jimeno y Arias para Colombia, los autores indican que los pioneros de la antropolog&iacute;a en ese pa&iacute;s conceb&iacute;an al trabajo de campo "como medular en la formaci&oacute;n, hasta el punto en que en la Nacional se exig&iacute;an dos temporadas de terreno, una a la mitad de la carrera y otra al final, con productos distintos". En El Salvador, Lara Mart&iacute;nez se&ntilde;ala que: "La otra columna vertebral del programa de licenciatura en Antropolog&iacute;a Sociocultural de la Universidad de El Salvador, la constituye la investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica". En Ecuador, Fernando Garc&iacute;a S. comenta que, retomando la tradici&oacute;n mexicana, se introduce "la pr&aacute;ctica investigativa basada en largas temporadas de trabajo de campo, y que, desde el inicio de la ense&ntilde;anza de la antropolog&iacute;a, se trata del acento puesto en la realizaci&oacute;n del trabajo de campo como pilar fundamental de la formaci&oacute;n de los estudiantes".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, al mismo tiempo, los problemas tambi&eacute;n son comunes. Dos sobresalen: uno respecto al presupuesto con que cuentan las carreras de antropolog&iacute;a (por ejemplo, para Ram&iacute;rez S&aacute;nchez, en la ENAH, el trabajo de campo se ha visto en alg&uacute;n momento "obstaculizado por el crecimiento de la matr&iacute;cula y la escasez de presupuesto. As&iacute;, la organizaci&oacute;n del trabajo de campo como parte central de la formaci&oacute;n de los antrop&oacute;logos devino en uno de los principales problemas que se enfrentar&iacute;an en los futuros a&ntilde;os"), y otro sobre el modo de llevar a cabo tal actividad (para Colombia, Jimeno y Arias presentan algunas controversias: "al convertir el semestre de 'trabajo de campo' en los laboratorios de investigaci&oacute;n social, se termin&oacute; reduciendo el trabajo de campo sobremanera").</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la ense&ntilde;anza de la antropolog&iacute;a en la Argentina, el trabajo de campo tambi&eacute;n ha sido considerado un elemento cardinal de la formaci&oacute;n de grado y posgrado, pero, salvo excepciones (como la carrera de la Universidad de Misiones, en la cual tempranamente los alumnos hac&iacute;an trabajo de campo (v&eacute;ase Bartolom&eacute;, 2007), en la mayor&iacute;a de los programas de las carreras el entrenamiento pasaba por las materias metodol&oacute;gicas o los seminarios de tesis (como en la carrera de la Universidad de Buenos Aires, donde "el trabajo de campo etnogr&aacute;fico emerge en el consenso, m&aacute;s que en el requisito formal").</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos parece que estamos muy lejos de poder incluir en la formaci&oacute;n la relaci&oacute;n que plantea Krotz entre "la reflexi&oacute;n te&oacute;rica y la organizaci&oacute;n pr&aacute;ctica del <i>trabajo de campo</i> como signo distintivo de la antropolog&iacute;a sociocultural" o social. La paradoja es interesante, ya que de la mano de ausencias en la formaci&oacute;n del "hacer etnograf&iacute;a", en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, han aumentado los partidarios de disolver el quehacer antropol&oacute;gico a "hacer etnograf&iacute;a". Tal vez, las antropolog&iacute;as nacionales, al igual que la nuestra, pueden resolver la paradoja en favor de una articulaci&oacute;n entre teor&iacute;a y trabajo de campo, al incluir la etnograf&iacute;a en la ense&ntilde;anza de las teor&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bartolom&eacute;, Leopoldo J. (coord.), 2007. <i>Argentina: la ense&ntilde;anza de la antropolog&iacute;a social en el contexto de las ciencias antropol&oacute;gicas</i> &lt;<a href="http://www.ram-wan.net/documents/06_documents/informe-argentina.pdf" target="_blank">http://www.ram&#45;wan.net/documents/06_documents/informe&#45;argentina.pdf</a>&gt; &#91;junio de 2011&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=637567&pid=S0188-7017201100010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Secretar&iacute;a de Pol&iacute;ticas Universitarias, s.f. <i>Autoridades universitarias. Listado de universidades nacionales,</i> Secretar&iacute;a de Pol&iacute;ticas Universitarias, Ministerio de Educaci&oacute;n &lt;<a href="http://www.me.gov.ar/spu/Servicios/Autoridades_Universitarias/au____listado_de_universidades.html" target="_blank">www.me.gov.ar/spu/Servicios/Autoridades_Universitarias/au____listado_de_universidades.html</a>&gt;&#91;junio de 2011&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=637569&pid=S0188-7017201100010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, s.f.  <i>Programa de Incentivos a Docentes&#45;Investigadores,</i> Secretar&iacute;a de Pol&iacute;ticas Universitarias, Ministerio de Educaci&oacute;n &lt;<a href="http://www.me.gov.ar/spu/guia_tematica/incentivos/incentivo.html" target="_blank">http://www.me.gov.ar/spu/guia_tematica/incentivos/incentivo.html</a>&gt; &#91;junio de 2011&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=637571&pid=S0188-7017201100010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Para una historia sint&eacute;tica y reciente de la antropolog&iacute;a argentina, v&eacute;ase Bartolom&eacute; (2007).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Las universidades nacionales que cuentan con licenciatura, maestr&iacute;a y doctorado en Antropolog&iacute;a son la de Buenos Aires (UBA), C&oacute;rdoba, Misiones y San Mart&iacute;n.</font></p>      ]]></body><back>
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