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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Building the borderlands: a transnational history of irrigated cotton along the Mexico-Texas Border]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Building the borderlands: a transnational history of irrigated cotton along the Mexico&#150;Texas Border</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Maria&#150;Aparecida Lopes*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Walsh, C. (2008), Texas A &amp; M University Press, College Station, ISBN 13: 9781603440134, ISBN 10: 1603440135</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* California State University, Fresno.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los vaivenes de la econom&iacute;a pol&iacute;tica del algod&oacute;n y sus actores en la regi&oacute;n del Valle Bajo del R&iacute;o Bravo es el tema central del minucioso trabajo de Casey Walsh.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Pero esta introducci&oacute;n ligera no hace justicia a una investigaci&oacute;n que rastrea el Valle y sus personajes, no s&oacute;lo en el contexto binacional, sino tambi&eacute;n en el mercado internacional de la fibra en una larga perspectiva hist&oacute;rica. Es, adem&aacute;s, un estudio sobre la construcci&oacute;n de la frontera M&eacute;xico/Estados Unidos, en el cual Walsh tuvo la sensibilidad de abordar sus temas explotando las diversas dimensiones del poroso terreno fronterizo. De la primera, indica sobre su propia composici&oacute;n, la investigaci&oacute;n es resultado de un esfuerzo hist&oacute;rico&#150;antropol&oacute;gico que necesita ser valorado precisamente por los retos que se propone, y que no son peque&ntilde;os, tal como el autor reconoce:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... me vi obligado a tomar decisiones y hacer compromisos que no resultaron f&aacute;ciles, a sabiendas de que es probable que el libro no satisfaga las expectativas de ninguno de los p&uacute;blicos a los que est&aacute; destinado (Walsh, 2008:14).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, debido al acercamiento geogr&aacute;fico&#150;metodol&oacute;gico, Walsh tuvo que navegar por diversas fronteras: historiogr&aacute;ficas, estil&iacute;sticas (en lo que a lenguaje se refiere), en la exposici&oacute;n de los problemas examinados, y en el hecho de que dialoga con dos p&uacute;blicos nacionales distintos, el mexicano y el estadounidense, con perspectivas y expectativas diferentes. El libro es en s&iacute; mismo transnacional y el resultado es una invitaci&oacute;n al di&aacute;logo entre disciplinas, pueblos, experiencias y culturas pol&iacute;ticas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resaltando de entrada su opci&oacute;n por los m&eacute;todos hist&oacute;ricos, el autor se preocupa por trazar, como queda evidente en el &iacute;ndice del libro, una historia estructural de la producci&oacute;n de algod&oacute;n, y luego una coyuntural. Aqu&iacute; la combinaci&oacute;n de los dos recursos metodol&oacute;gicos est&aacute; bien lograda. Por un lado, se presentan las condiciones regionales y transnacionales, en las cuales el autor localiza el lugar de la fibra en el mercado mundial, por el otro sit&uacute;a en este panorama, que muchas veces puede ser &aacute;rido e impresionista, a los protagonistas de su an&aacute;lisis &#151;personas, pr&aacute;cticas y discursos&#151; como parte de un "campo social hist&oacute;ricamente cambiante".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera parte, dedicada a la estructura, Walsh describe la trayectoria internacional de la producci&oacute;n algodonera a lo largo del siglo XIX, destacando el papel del norte de M&eacute;xico en este mercado. Por ejemplo, el noreste mexicano experiment&oacute; un auge sin precedentes durante la Guerra Civil estadounidense, a ra&iacute;z del bloqueo naval de los puertos del Golfo de M&eacute;xico, impuesto por las fuerzas de la Uni&oacute;n. En este contexto, Matamoros funcion&oacute; como un punto privilegiado a partir del cual se enviaba el algod&oacute;n producido en el sur estadounidense hacia los principales mercados europeos y por donde entraba toda suerte de aprovisionamientos que supl&iacute;a a las filas confederadas. Pese a que esta prosperidad econ&oacute;mica fue coyuntural, ello no s&oacute;lo incentiv&oacute; el desarrollo de peque&ntilde;as manufacturas textiles que operaban con el algod&oacute;n estadounidense, como tambi&eacute;n promovi&oacute; el cultivo comercial del algod&oacute;n en otros puntos del norte de M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal como ocurri&oacute; en La Laguna, adonde los efectos inmediatos y a mediano plazo del conflicto estadounidense impulsaron: primero, el fomento a la producci&oacute;n aunado a cuantiosas inversiones en proyectos de irrigaci&oacute;n y de mejor&iacute;a en los transportes; en segundo lugar, el cultivo comercial del algod&oacute;n atrajo a un n&uacute;mero considerable de trabajadores transitorios, generalmente del centro y sur de M&eacute;xico, que migraban hacia all&aacute; para pizcar algod&oacute;n. Con ello, tal como lo aclara el autor, se atend&iacute;a al antiguo problema del poblamiento y control del norte de M&eacute;xico. Aqu&iacute;, Walsh hace referencia a un tipo de trabajador recurrentemente seleccionado en otros estudios sobre la regi&oacute;n, es decir, una mano de obra transitoria que se empleaba temporalmente en la agricultura, en los ferrocarriles, en la miner&iacute;a y que incluso cruzaba la frontera cuando era necesario. As&iacute;, desde 1880 hasta 1920, la producci&oacute;n algodonera en La Laguna sirvi&oacute; de modelo para otras regiones del pa&iacute;s. A partir de esta &uacute;ltima fecha, sin embargo, aunque los l&iacute;deres posrevolucionarios reflejaron sus proyectos desarrollistas para el norte de M&eacute;xico, en La Laguna, las lecciones de 1910 hab&iacute;an impuesto la necesidad de repensar el patr&oacute;n de asentamiento de estos colonos. Reubicar esta mano de obra "vol&aacute;til" ser&iacute;a uno de los retos de la nueva &eacute;lite mexicana, en las d&eacute;cadas siguientes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Walsh dedica al tema del desarrollismo buena parte del cap&iacute;tulo tercero, mostrando que el concepto de desarrollo predominante en el M&eacute;xico posrevolucionario, en muchos aspectos similar al que auspiciaron los porfiristas, sufri&oacute; un cambio radical durante la presidencia de Plutarco El&iacute;as Calles. Mientras los primeros creyeron que la propia evoluci&oacute;n de las sociedades agr&iacute;colas en sistemas de riego se encargar&iacute;a de promover la movilidad social, Calles abord&oacute; al problema de forma diferente, fundando en 1936 la Comisi&oacute;n Nacional de Irrigaci&oacute;n, una agencia estatal que deber&iacute;a impulsar el desarrollo "regional integral". El dilema era que el modelo de La Laguna no hab&iacute;a producido peque&ntilde;os y medianos rancheros, por el contrario, hab&iacute;a fomentado la existencia de un grupo de trabajadores transitorios que, desde la perspectiva del Estado, podr&iacute;a convertirse en una seria amenaza al <i>status quo, </i>tal como hab&iacute;a ocurrido en la Revoluci&oacute;n. As&iacute;, pese a que el nuevo desarrollismo callista todav&iacute;a se vali&oacute; de la antigua convicci&oacute;n de que los norte&ntilde;os, precisamente por sus caracter&iacute;sticas raciales, ser&iacute;an agentes ideales para la formaci&oacute;n de una sociedad liberal, compuesta por peque&ntilde;os y medianos rancheros independientes, el &eacute;nfasis ahora estaba en la perspectiva de que el Estado deber&iacute;a intervenir para promover estos cambios sociales. En concreto, con la creaci&oacute;n de Don Mart&iacute;n, una zona agr&iacute;cola productora de algod&oacute;n en los estados de Coahuila y Nuevo Le&oacute;n, se combinaban la realizaci&oacute;n de diversos proyectos: establecimiento de asentamientos con repatriados mexicanos, o bien con los tradicionales rancheros independientes, estos &uacute;ltimos en la zona fronteriza podr&iacute;an mayor presi&oacute;n sobre el uso de aguas internacionales, y finalmente con ello se aprovechaban las condiciones favorables en el mercado algodonero externo, lo que en &uacute;ltima instancia vendr&iacute;a a fomentar el desarrollo nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte del trabajo, Walsh centra la atenci&oacute;n en el delta del R&iacute;o Bravo mostrando, por medio del an&aacute;lisis de diversos planes de colonizaci&oacute;n, las transformaciones que la zona y sus habitantes sufrieron, desde las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVIII hasta los a&ntilde;os sesenta. En este largo proceso, el autor demuestra que el esfuerzo por colonizar y luego volver viable al norte algodonero iba de la mano de otra convicci&oacute;n, la de que los vecinos del norte de M&eacute;xico eran biol&oacute;gicamente superiores a los dem&aacute;s habitantes del pa&iacute;s. Compart&iacute;an esta perspectiva los administradores nacionales y regionales, ingenieros y cient&iacute;ficos sociales que participaron de la idealizaci&oacute;n de estos proyectos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde las reformas borb&oacute;nicas, las pol&iacute;ticas de colonizaci&oacute;n y control del norte de M&eacute;xico se basaron en la dotaci&oacute;n de "porciones" de tierra, con posesi&oacute;n familiar y uso comunal del agua y de los terrenos de pastoreo: formas que aunque con altibajos notables sobrevivieron, por lo menos hasta las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. El agente de cambio radical en este caso fue el advenimiento de la agricultura comercial del algod&oacute;n y con ello otros dos agentes aqu&iacute; ya mencionados: las obras de irrigaci&oacute;n y la introducci&oacute;n de los ferrocarriles. El avance de la agricultura comercial fue detenido por la instabilidad a causa de la Revoluci&oacute;n y s&oacute;lo fue retomado durante la presidencia de L&aacute;zaro C&aacute;rdenas. El agrarismo ejidal cardenista, aunado a la necesidad de hacer frente a los efectos de la crisis de los a&ntilde;os 1930, especialmente impactante en el valle puesto que &eacute;ste se encontraba directamente vinculado a los vaivenes del mercado fronterizo, incentiv&oacute; al gobierno a resucitar proyectos de desarrollo, en moldes ya conocidos en el norte de M&eacute;xico. Esto se justificaba porque los problemas todav&iacute;a eran similares, hab&iacute;a que reubicar miles de trabajadores mexicanos deportados de Estados Unidos y enfrentar a los recurrentes problemas impuestos por las inclemencias naturales, la aridez y las inundaciones. Desarrollar una zona algodonera de riego en el Valle Bajo del R&iacute;o Bravo fue la soluci&oacute;n de la administraci&oacute;n federal, pero en esta ocasi&oacute;n el plan, asentado en el binomio: irrigar y colonizar, cont&oacute; con el apoyo de la &eacute;lite, de los sectores populares y de los gobernantes locales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los dos cap&iacute;tulos que siguen (5 y 6), Walsh presenta el proceso de idealizaci&oacute;n y desarrollo de los proyectos de colonizaci&oacute;n e irrigaci&oacute;n en el Valle Bajo del R&iacute;o Bravo, durante la presidencia de C&aacute;rdenas, como un entramado de negociaciones, disputas entre el Estado, sus agentes y los vecinos locales. De acuerdo con esta perspectiva, fundamentada en la historiograf&iacute;a estadounidense sobre la formaci&oacute;n del Estado, el proyecto y su ejecuci&oacute;n misma son vistos como resultado de un juego en el cual los actores sociales son parte integrante y no meros receptores de ideas elaboradas en el centro del pa&iacute;s. Tal como observ&oacute; el autor en las propuestas cardenistas de cultivo del algod&oacute;n en el Valle Bajo del R&iacute;o Bravo. Despu&eacute;s de las expropiaciones en 1936 y 1937, en las regiones de La Laguna y Mexicali, ansioso por expandir el cultivo de la fibra en el pa&iacute;s, C&aacute;rdenas opt&oacute; por negociar con la <i>Anderson Clayton Company </i>el financiamiento de la producci&oacute;n en Matamoros, en cambio la compa&ntilde;&iacute;a estadounidense recibir&iacute;a parte de las ganancias proveniente de los negocios. Pese a que esta relaci&oacute;n, como lo se&ntilde;ala Walsh, pone en jaque el radicalismo nacionalista del presidente, los cambios en el paisaje regional producidos a partir de ella permitieron expandir la producci&oacute;n de algod&oacute;n mediante el di&aacute;logo con los colonos y a la vez imprimieron un car&aacute;cter espec&iacute;fico al agrarismo cardenista en el norte.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este &uacute;ltimo, en la regi&oacute;n del Valle Bajo R&iacute;o Bravo no se concret&oacute; en la forma de ejidos colectivos, sino m&aacute;s bien en la implementaci&oacute;n de parcelas individuales privadas, de acuerdo con los anhelos de los colonos mexicanos y mexico&#150;estadounidenses repatriados, muchos de ellos originarios de los ranchos del noreste de M&eacute;xico. Los conflictos entre &eacute;stos, recientemente instaurados en las colonias agr&iacute;colas An&aacute;huac, 18 de Marzo y Magueyes y el director del proyecto de obras p&uacute;blicas Valle Bajo R&iacute;o Bravo, Eduardo Ch&aacute;vez, muestra c&oacute;mo los actores locales se apropiaron del discurso desarrollista del Estado, en sus propios t&eacute;rminos, para atender a sus tradiciones y necesidades espec&iacute;ficas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las d&eacute;cadas de 1940 y 1950, a&ntilde;os del auge algodonero, estuvieron marcadas por nuevos conflictos entre el gobierno federal y los industriales, no s&oacute;lo por el control de los beneficios de la producci&oacute;n, sino tambi&eacute;n por el tipo de desarrollo social que pretend&iacute;an llevar a cabo en la regi&oacute;n. Para los colonos, sobre todo despu&eacute;s de 1945, hab&iacute;a quedado evidente que esta prosperidad econ&oacute;mica no se hab&iacute;a traducido en acciones concretas en lo que se refiere al desarrollo de infraestructuras de la regi&oacute;n, todav&iacute;a carente de servicios b&aacute;sicos como tel&eacute;fonos, electricidad, correos, escuelas y carreteras. En 1953, con la instauraci&oacute;n del municipio de Valle Hermoso, los colonos y ejidatarios pretendieron corregir estos problemas, y tambi&eacute;n dar cauce pol&iacute;tico&#150;institucional a una identidad com&uacute;n de repatriados, apoyados en el proyecto cardenista de desarrollo, en oposici&oacute;n a los industriales del algod&oacute;n. Estos conflictos entre los distintos sectores sociales en la regi&oacute;n, no era tan s&oacute;lo, como lo demuestra Walsh, una lucha por los beneficios econ&oacute;micos de la producci&oacute;n del algod&oacute;n, en este proceso de formaci&oacute;n del Estado en la frontera norte de M&eacute;xico, tambi&eacute;n estaba en juego la construcci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica. Es decir, qu&eacute; actores ganar&iacute;an hegemon&iacute;a y legitimidad para protagonizar la versi&oacute;n oficial de la historia del penoso desarrollo regional del Valle Bajo R&iacute;o Bravo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al inicio de la d&eacute;cada de 1960, cuando la producci&oacute;n algodonera fue seriamente afectada por las pol&iacute;ticas estadounidenses de subsidio a sus excedentes, estos actores locales recurrieron a antiguas estrategias de supervivencia: los que no vendieron sus tierras si las mantuvieron fue porque complementaron la labor agr&iacute;cola con el trabajo en la industria maquiladora, con el comercio, con el contrabando y con parte de los ingresos de parientes emigrados en Estados Unidos. En la narrativa de Casey Walsh pareciera que un ciclo hist&oacute;rico (desde la elaboraci&oacute;n de los proyectos de desarrollo, hasta el auge y decadencia de la producci&oacute;n) se hab&iacute;a completado. Actualmente, para responder a las nuevas demandas, nuevos conceptos de desarrollo se encuentran en gesti&oacute;n y &eacute;stos, como lo sugiere el autor, deben tener en cuenta las experiencias de quienes concretamente se encargan de su ejecuci&oacute;n en el &aacute;mbito regional: los actores transfronterizos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al inicio de esta exposici&oacute;n se reprodujo un cuestionamiento que Casey Walsh hizo, en la introducci&oacute;n de su libro, acerca de los riesgos en que incurri&oacute; y de las expectativas que cre&oacute; al traspasar la frontera entre historia y antropolog&iacute;a. Una forma de reflejar sobre este cuestionamiento consiste en preguntarse si a lo largo de su investigaci&oacute;n el autor logr&oacute; presentar interrogantes al conocimiento establecido sobre el tema, contestar a las preguntas elaboradas de acuerdo con la orientaci&oacute;n te&oacute;rico&#150;metodol&oacute;gica elegida y, finalmente, si sus hallazgos muestran al objeto con una nueva mirada, y si &eacute;sta incita nuevas investigaciones sobre el tema. Como en el caso del libro de Casey Walsh estos tres elementos fueron plenamente atendidos, resulta ocioso discutir si los riesgos intelectuales valieron la pena.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Nota</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El autor es profesor asistente del Departamento de Antropolog&iacute;a de la Universidad de California, en Santa Barbara, y trabaj&oacute; anteriormente en el Programa de Antropolog&iacute;a Social de la Universidad Iberoamericana. El libro aqu&iacute; rese&ntilde;ado es resultado de su tesis doctoral presentada en la <i>New School for Social Research </i>de la ciudad de Nueva York.</font></p>      ]]></body>
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