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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La política en los bordes del liberalismo: Diferencia, populismo, revolución, emancipación]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ 
    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Benjam&iacute;n Arditi. <i>La pol&iacute;tica en los bordes del liberalismo.     <br>
Diferencia, populismo, revoluci&oacute;n, emancipaci&oacute;n</i></b></font></p> 
    <p align="center">&nbsp;</p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ra&uacute;l E. Cabrera A.</b></font></p>
        <p align="center">&nbsp;</p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>(Barcelona: Gedisa, 2011), 243 pp.</b></font></p>
    <p align="center">&nbsp;</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Xochimilco</i></font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Benjam&iacute;n Arditi es una construcci&oacute;n topogr&aacute;fica del universo que est&aacute; presente pero a la vez intangible en la pol&iacute;tica. Y digo "topogr&aacute;fica" porque describe y analiza con intuici&oacute;n y claridad sorprendentes la producci&oacute;n de lugares desde donde se enuncian y se llevan a cabo la acci&oacute;n pol&iacute;tica y el tipo de interrelaciones que se dan entre estos lugares de enunciaci&oacute;n, en un espacio que no los precede como forma ya dada, como <i>stasis,</i> sino que, por el contrario, dicho espacio se produce desde estos distintos lugares de enunciaci&oacute;n de la pol&iacute;tica.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arditi juega con estos lugares de enunciaci&oacute;n, los piensa como producciones relevantes y al mismo tiempo en pol&eacute;mica constante, lugares que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han formado parte sustantiva del debate en el escenario de la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. Entre ellos hace &eacute;nfasis en la relaci&oacute;n de tensi&oacute;n que ha existido entre centro y periferia o el dentro y el fuera de un sistema institucional orientado por la pol&iacute;tica liberal, y con ello contribuye de manera sustantiva a dar cuenta de modos de darse de la acci&oacute;n pol&iacute;tica en zonas grises, h&iacute;bridas entre uno y otro polo.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para abordar estos escenarios y sus relaciones, Arditi parte de postulados como los que hace Carl Schmitt, quien define la condici&oacute;n propia de la pol&iacute;tica en funci&oacute;n de la intensidad que cobran las relaciones de oposici&oacute;n amigo/enemigo. Pero Arditi no se queda ah&iacute;, desconf&iacute;a de esta dimensi&oacute;n de fuerza en la medida en que, una vez planteada la intensidad, es necesario saber c&oacute;mo medirla y, con ello, diferenciar relaciones que son pol&iacute;ticas de aquellas que no lo son.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta reflexi&oacute;n cr&iacute;tica le permite elaborar una propuesta de enorme utilidad para pensar esos m&uacute;ltiples escenarios y lugares que configuran la pol&iacute;tica en los bordes del liberalismo y el tipo de relaciones que se producen entre ellos. Tomando prestada de Sigmund Freud la conceptualizaci&oacute;n del s&iacute;ntoma como "tierra extranjera interior", es decir, del s&iacute;ntoma como una expresi&oacute;n de aquello reprimido, que en la experiencia del sujeto aparece como algo que le es ajeno, a la vez que constituye un resorte de lo que le es m&aacute;s propio, Arditi elabora la noci&oacute;n de periferia interna. &Eacute;sta ser&iacute;a un lugar o m&aacute;s bien un sin lugar, en el cual la distinci&oacute;n entre el dentro y el fuera, el n&uacute;cleo y la periferia de la pol&iacute;tica no son producto de perspectivas como la intensidad de las relaciones que 
  Schmitt privilegia al separar al amigo del enemigo, sino que, por el contrario, 
son motivo de disputa, se convierten en escenarios pol&eacute;micos constitutivos de la misma pol&iacute;tica.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este postulado, Arditi puede construir una hip&oacute;tesis para pensar las relaciones que ocurren en los diversos escenarios de la pol&iacute;tica y partir de una puesta en cuesti&oacute;n de nociones como centro y periferia, que han sido referentes conceptuales trascendentes de la reflexi&oacute;n sobre la estrategia y la acci&oacute;n pol&iacute;tica. De esta manera logra proponer una perspectiva m&aacute;s din&aacute;mica y menos bipolar. En ella la periferia interna, lo reprimido que reaparece, no est&aacute; al margen de un modo de constituci&oacute;n de la pol&iacute;tica como referente del gobierno, los partidos o la representaci&oacute;n territorial. M&aacute;s bien se conforma como un escenario negado en el interior de esa misma actividad pol&iacute;tica. Sobran ejemplos con los cuales mostrar este modo de denegaci&oacute;n, para usar un concepto propiamente freudiano.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe quiz&aacute; se&ntilde;alar al respecto que cada vez es m&aacute;s frecuente observar reacciones a esta negaci&oacute;n de los actores y de su acci&oacute;n pol&iacute;tica en los bordes, a trav&eacute;s de manifestaciones que no s&oacute;lo reaparecen como puesta en cuesti&oacute;n de las decisiones pol&iacute;ticas de quienes ocupan cargos de representaci&oacute;n o de gobierno, sino tambi&eacute;n y sobre todo son manifestaciones de rechazo a la manera de concebir y practicar la pol&iacute;tica.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en un planteamiento de esta naturaleza, Arditi examina, en primer lugar, identidades constitutivas del escenario p&uacute;blico con una mirada cr&iacute;tica, que parte del supuesto de que dichas identidades no son producto de una propiedad intr&iacute;nseca a un grupo, sino resultado de relaciones. Estas identidades entran en la escena pol&iacute;tica cuando los grupos que las conforman (mujeres feministas por la igualdad de los g&eacute;neros, j&oacute;venes sin acceso a la educaci&oacute;n, movimientos de defensa del agua, tierra y territorio, por nombrar algunos de ellos) defienden intereses particulares y exigen su reconocimiento en el espacio p&uacute;blico. Ello propici&oacute;, seg&uacute;n Arditi, un desplazamiento de la pol&iacute;tica a un escenario cultural marcado por la presencia de los particularismos, creando a la vez una desconfianza de las grandes narrativas como las que estuvieron en boga en el siglo pasado a trav&eacute;s de nociones como la lucha de clases.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arditi plantea que la liberalizaci&oacute;n de las diferencias en una pol&iacute;tica del reconocimiento de los particulares coincide entonces con el ascenso y la visibilidad de las identidades que aparecen en la periferia interna, ofreciendo en las diferencias entre grupos homosexuales, ind&iacute;genas y migrantes, entre otros, la oportunidad de conformar una comunidad de iguales. Si bien este postulado permite pensar en una perspectiva de emancipaci&oacute;n de los grupos minoritarios que buscan su reconocimiento y equidad en los intercambios con otros, tambi&eacute;n desacredita, desde la mirada de Arditi, la construcci&oacute;n de un nosotros m&aacute;s amplio y basto, capaz de configurar una perspectiva m&aacute;s universal, como puede ser la noci&oacute;n de ciudadano. La diferencia que encuentra en la lengua guaran&iacute; para pensar el nosotros y distinguir un nosotros <i>or&eacute;</i>, de car&aacute;cter exclusivo, de un nosotros <i>&ntilde;and&eacute;</i>, m&aacute;s bien inclusivo, resulta un hallazgo fundamental a trav&eacute;s del cual Arditi examina tambi&eacute;n la noci&oacute;n de universalidad y las repercusiones que ha tenido en la constituci&oacute;n de un pensamiento sobre la pol&iacute;tica.</font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte del libro Arditi introduce otro campo de reflexi&oacute;n u otro borde interno en la relaci&oacute;n que existe entre populismo y democracia. A trav&eacute;s de una lectura en filigrana de autores como Canovas, Laclau, Worsley o Manin, s&oacute;lo por mencionar algunos, Arditi construye una relaci&oacute;n directa entre la crisis de la representaci&oacute;n en las democracias liberales y la emergencia del populismo. Para el autor, la desacreditaci&oacute;n de la primera en el imaginario social es equivalente a la movilizaci&oacute;n de un imaginario simb&oacute;lico en el que cobran fuerza la figura del l&iacute;der y la relaci&oacute;n directa del pueblo con &eacute;l.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo esta reflexi&oacute;n, Arditi propone pensar el populismo como un fen&oacute;meno que si bien se establece al margen, en el borde, implanta una relaci&oacute;n particular con la pol&iacute;tica democr&aacute;tica en tanto que retorna cada vez a ella como s&iacute;ntoma de la democracia. Es decir, el populismo, en tanto periferia interna, es expulsado o mal visto como pr&aacute;ctica pol&iacute;tica en las democracias procedimentales, pero configura una parte fundamental de la pol&iacute;tica, que retorna a ella, a trav&eacute;s de su emergencia en aquellas zonas de 
turbulencia donde se mueven a la vez el espacio institucionalizado de la pol&iacute;tica y la presencia o convocatoria que se hace del pueblo.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor lleva todav&iacute;a m&aacute;s lejos esta formulaci&oacute;n del populismo como retorno de lo reprimido de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica. Al final de la segunda parte del libro propone la idea de que el populismo opera como un "otro" de la democracia, como una sombra que la sigue continuamente, como un espectro o m&aacute;s bien como el fantasma del pueblo que se erige como unidad, cuando la representaci&oacute;n que se constituye como proceso cardinal en las democracias procedimentales ha entrado en crisis.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tercera y &uacute;ltima parte del libro, Arditi identifica un conjunto de pr&aacute;cticas que se producen en los intersticios de la pol&iacute;tica y que constituyen tambi&eacute;n un borde interno. Estas pr&aacute;cticas van desde la agitaci&oacute;n pol&iacute;tica como resultado de una desidentificaci&oacute;n de los espacios preconstituidos 
de su ejercicio, hasta la puesta en juego de sus l&iacute;mites. &Eacute;stos, seg&uacute;n Arditi, est&aacute;n presentes en la idea misma de revoluci&oacute;n, como interrupci&oacute;n radical de la relaci&oacute;n que existe entre el n&uacute;cleo y el borde de la pol&iacute;tica. La revoluci&oacute;n es la transformaci&oacute;n de este &aacute;mbito relacional para dar lugar a una refundaci&oacute;n del todo, a una "reinstituci&oacute;n", como Arditi lo llama, de la sociedad. El autor, sin embargo, llega a la conclusi&oacute;n de que la revoluci&oacute;n es un t&eacute;rmino equ&iacute;voco en la medida en que est&aacute; nombrando tanto "la invocaci&oacute;n mesi&aacute;nica de un cambio radical" (p. 201), la constituci&oacute;n de un paradigma cultural de un cambio generacional y la emergencia de un punto de inflexi&oacute;n que puede revertirse sobre quienes han luchado por ella. As&iacute;, se&ntilde;ala Arditi, no se puede establecer <i>a priori</i> una herencia del concepto, ya que asumir esta herencia implica necesariamente deshacerse del significado otorgado previamente, transformarlo en la medida en que se es fiel a &eacute;l.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, Arditi cierra esta traves&iacute;a te&oacute;rica con una reflexi&oacute;n sobre el giro a la izquierda en Am&eacute;rica Latina. Se pregunta c&oacute;mo evaluar las experiencias y manifestaciones pol&iacute;ticas tanto fuera como dentro de la democracia representativa en pa&iacute;ses como Bolivia, Brasil, Ecuador, Argentina, Uruguay y Venezuela. Se&ntilde;ala que los triunfos electorales no constituyen elementos suficientes para dar cuenta de las transformaciones sociales y abre una perspectiva de reflexi&oacute;n que pone sobre la mesa una pregunta fundamental: &#191;es posible pensar a partir de estas experiencias en un escenario posliberal, es decir, un escenario que d&eacute; lugar a una pol&iacute;tica por venir? No hay una respuesta a esta pregunta; sin embargo, la experiencia pol&iacute;tica que se agita al margen del Estado, lo reprimido que reaparece como s&iacute;ntoma, brinda orientaciones que hoy muestran, al menos en nuestro pa&iacute;s, un lugar de enunciaci&oacute;n pol&iacute;tica muy distinto a aquel que supone la participaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en la exigibilidad y el cumplimiento de los derechos fundamentales. Las actuales manifestaciones tienden m&aacute;s a<a id="x.67150"></a> reconocer el agotamiento del modelo liberal y a dar lugar a experiencias de autogesti&oacute;n en la defensa de los sectores m&aacute;s afectados por la constante descomposici&oacute;n de las instituciones p&uacute;blicas. As&iacute;, vemos por ejemplo el nacimiento de las autodefensas y las polic&iacute;as comunitarias, la emergencia de pr&aacute;cticas de colectivizaci&oacute;n y autocuidado de defensoras y defensores de derechos humanos, como ocurre en particular en el caso de las mujeres enfrentadas a los constantes feminicidios, las estrategias de producci&oacute;n y consumo de informaci&oacute;n a trav&eacute;s de diversos medios independientes, capaces de escapar al dominio y la tergiversaci&oacute;n de la informaci&oacute;n ejercida por los grandes monopolios; en s&iacute;ntesis, la construcci&oacute;n de alternativas pol&iacute;ticas al margen de los partidos y de las estructuras formales de representaci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico instituido.</font></p>
     ]]></body>
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