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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Carlos Mart&iacute;nez Assad, <i>La patria en el Paseo de La Reforma</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Asunci&oacute;n Lavrin</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>(M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica/Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico), 2005.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Estudios Latinoamericanos, Arizona State University</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Historia cultural, historia urbana</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro m&aacute;s reciente de Carlos Mart&iacute;nez Assad representa un matrimonio ideal: el de la historia urbana y la historia cultural. Hice mis primeras lecturas de historia urbana con la conocida obra de Jorge Hardoy sobre las ciudades precolombinas. Hardoy y otros de su generaci&oacute;n ve&iacute;an la ciudad como un ente org&aacute;nico, pero sobre todo arquitect&oacute;nico, que crece y se transforma para servir los intereses de sus habitantes. En el caso de las ciudades precolombinas, sin embargo, la construcci&oacute;n de edificios y monumentos tomaba muy en cuenta su ubicaci&oacute;n f&iacute;sica dentro de la ciudad, ya que estaba cargada de una fuerza c&oacute;smica que trascend&iacute;a su propia materialidad. Tambi&eacute;n ten&iacute;an un mensaje de poder pol&iacute;tico que reafirmaba la autoridad de quien ordenaba su construcci&oacute;n. El significado c&oacute;smico de los monumentos de las ciudades precolombinas no es parte ya de la construcci&oacute;n ni del destino de la ciudad en el mundo occidental; empero, la construcci&oacute;n de monumentos y v&iacute;as de comunicaci&oacute;n s&iacute; retienen un simbolismo pol&iacute;tico que sirve los intereses de un partido, de una ideolog&iacute;a, y a veces de un individuo. El Tenochtitl&aacute;n de los mexicas fue sustituido por la urbe ib&eacute;rica, y un concepto de construcci&oacute;n y ubicaci&oacute;n romano&#45;renacentista. Ya esos elementos expresaban el cambio cultural que se impon&iacute;a desde Europa, y que eventualmente se comprender&iacute;an como la expresi&oacute;n de una dinast&iacute;a, de una voluntad imperial y, a veces, como el deseo de un rey, de un obispo, o de un mecenazgo secular. Aunque en esta particular&iacute;sima ciudad el elemento ecol&oacute;gico dict&oacute; el desarrollo urbano en sus comienzos, pronto la tecnolog&iacute;a humana se empe&ntilde;&oacute; en domar a la Naturaleza, para darnos terrenos pantanosos y movedizos en lugar de las aguas de sus lagos originales, y crear lo que ya sabemos fue un desastre ecol&oacute;gico de primera magnitud, pero que ha quedado como la prueba m&aacute;s fehaciente de que la ingenuidad de la ingenier&iacute;a humana a veces puede pervertir el orden natural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son tiempos ya lejanos. El Paseo de la Reforma s&oacute;lo se gest&oacute; despu&eacute;s de que Nueva Espa&ntilde;a se convirti&oacute; en M&eacute;xico y cuando la ciudad ya hab&iacute;a adquirido otro car&aacute;cter pol&iacute;tico. Sin embargo, no debemos desechar el uso de un an&aacute;lisis emblem&aacute;tico o simb&oacute;lico &#45;ya no c&oacute;smico&#45; en la concepci&oacute;n y construcci&oacute;n de un elemento urbano en esta ciudad que ha pasado por etapas renacentista&#45;colonial, barroca, neocl&aacute;sica, europeizante y moderna. De hecho, la obra de Carlos Mart&iacute;nez Assad tiene el prop&oacute;sito de encaminarnos a una interpretaci&oacute;n de la arquitectura urbana como representaci&oacute;n de todo un ideario al servicio de un grupo de conceptos que &#45;a su modo&#45; forman ese ente poroso e inefable que se llama <i>la patria.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La patria en el Paseo de la Reforma</i> es una obra de historia urbana que sigue el inusitado desarrollo de una avenida en el transcurso de casi 200 a&ntilde;os de vida. Sin embargo, es precisamente la presencia de esa <i>patria</i> del t&iacute;tulo la que nos lleva de la mano al contenido cultural que se&ntilde;orea en ella. Carlos Mart&iacute;nez Assad nos regala en este libro, una avenida que trasciende su ente f&iacute;sico de v&iacute;a de comunicaci&oacute;n para convertirse en un s&iacute;mbolo de la visi&oacute;n pol&iacute;tica de lo que iba a ser el M&eacute;xico republicano e independiente. La Independencia y la Reforma (los dos hitos de la empresa de construcci&oacute;n de una naci&oacute;n y una nacionalidad en el siglo XIX) ser&aacute;n los dos pilares fundamentales en la conceptualizaci&oacute;n y realizaci&oacute;n de esta calzada&#45;avenida&#45;paseo, como un camino entre varios destinos simb&oacute;licos que reemplazan los del mundo precolombino. La modernidad no ha podido despojarse de esa necesidad humana de orientar el intelecto y la memoria del ciudadano hacia s&iacute;mbolos materiales que identifiquen y definan su pasado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ir&oacute;nicamente, fue el empe&ntilde;o del segundo emperador de M&eacute;xico: el extranjero austriaco con sus sue&ntilde;os de gloria, el que realmente puso en marcha este proyecto. Quien trataba de echar los cimientos de un nuevo orden pol&iacute;tico era tambi&eacute;n partidario de subir al poder sobre los hombros de los pr&oacute;ceres nacionales, preservando su memoria en bronce o en piedra, y unir puntos clave de la ciudad con una traza gentil de &aacute;rboles y recreo urbano. Si bien sus sue&ntilde;os pol&iacute;ticos duraron bien poco, all&iacute; qued&oacute; el proyecto para los verdaderos due&ntilde;os de la patria, esa deidad que ya iba tomando forma definitiva en su papel de diosa omnipotente y omnipresente. Como bien se&ntilde;ala Carlos Mart&iacute;nez Assad, el Paseo de la Reforma es el hijo h&iacute;brido del "culto a lo europeo y el orgullo del pasado ind&iacute;gena" (p. 34); precisamente ese mestizaje simb&oacute;lico tan adecuado a la fibra de la mexicanidad, es lo que ha hecho de esta avenida el coraz&oacute;n patri&oacute;tico de la ciudad. &iquest;Qu&eacute; otra denominaci&oacute;n cabe a una avenida que acoge a un virrey espa&ntilde;ol, un marino genov&eacute;s, dos l&iacute;deres aztecas y un sinf&iacute;n de ilustres mexicanos decimononos junto a una columna que sostiene un llamado <i>&aacute;ngel</i> que es realmente una victoria alada? Entre par&eacute;ntesis, &iquest;cu&aacute;ndo y por qu&eacute; se cambia el sexo de este s&iacute;mbolo? Aunque se puede arg&uuml;ir que los &aacute;ngeles no tienen sexo, es obvio que se trata de una figura femenina, y aun as&iacute; se ha convertido en <i>El &aacute;ngel,</i> nominalmente masculino. Se trata de un cap&iacute;tulo m&aacute;s en las sugestivas evoluciones en la vida de este mimado Paseo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El verdadero nacimiento del Paseo de la Reforma tuvo lugar a finales del siglo XIX, como producto del proyecto de construcci&oacute;n de la identidad nacional. Es tanto un cat&aacute;logo de h&eacute;roes como un &aacute;lbum de recuerdos detr&aacute;s de los cuales se detecta la ambici&oacute;n pol&iacute;tica de quienes decid&iacute;an cu&aacute;l ser&iacute;a la trayectoria de ese proceso de formaci&oacute;n de la personalidad mexicana. Los nuevos <i>santos</i> del culto a la patria quedaron asentados en sus estatuas de tama&ntilde;o natural... para humanizarlos; asimismo, quedaron proporcionados y asequibles al ciudadano com&uacute;n y corriente. No se conceb&iacute;a el recuerdo de modo abstracto sino con una corporeidad tan realista como fuera posible, para que de veras la <i>humanidad</i> de los h&eacute;roes se hiciera palpable a quienes les rendir&iacute;an honor. Los socios de D&iacute;az tambi&eacute;n tuvieron sus ganancias en este proyecto que produjo, en su impulso generatriz, docenas de obras distribuidas en la Rep&uacute;blica. Nada como el positivismo para lograr sostener ideas sobre una base capitalista. Sin embargo &#45;visto desde otro &aacute;ngulo&#45;, el impulso urban&iacute;stico de los mandatarios cre&oacute; una preocupaci&oacute;n por el embellecimiento ambiental que fue generosa en sus frutos y est&eacute;tica en sus medios. Obviamente, estas caracter&iacute;sticas protegieron las especulaciones y los favores personales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante corroborar c&oacute;mo al cincelar la piedra se determina qui&eacute;n ha de ser recordado: la ideolog&iacute;a pol&iacute;tica de quienes recuerdan el pasado, determina la memoria futura. Se trata de un percance bien conocido para quienes practicamos la disciplina de la Historia. En el monumento a la independencia, ya simbolizada por el cura Hidalgo, se anula la presencia de Agust&iacute;n de Iturbide. El &eacute;xtasis patri&oacute;tico no pod&iacute;a permitir que en la construcci&oacute;n de su fachada monumental se inmiscuyeran personajes de "ambas aguas". Lo ir&oacute;nico es que, si el plan era de ra&iacute;z mexicana, la construcci&oacute;n f&iacute;sica de la memoria patri&oacute;tica fue casi toda extranjera. D&iacute;az y sus positivistas (como amantes de las fachadas deslumbrantes que har&iacute;an salir a M&eacute;xico de su "plebeya realidad" criolla para acceder a la de la exquisita imitaci&oacute;n de modelos extranjeros) escogieron dise&ntilde;os y dise&ntilde;adores europeos. Sin embargo &#45;y para ser justos&#45;, de esa &eacute;poca ansiosa de <i>civilizaci&oacute;n</i> surgen los proyectos de la Universidad Nacional, as&iacute; como la exhumaci&oacute;n arqueol&oacute;gica de Teotihuac&aacute;n. Ambos impulsos han servido muy bien a M&eacute;xico, a la naci&oacute;n, y a su identidad hist&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las fotograf&iacute;as que el autor inserta en esta secci&oacute;n decimonona y de principios del siglo XX, son todo un poema al pasado: cielos despejados; ni traza de edificios comerciales; la paz de las arboledas; la distinci&oacute;n del ropaje de los ciudadanos. Nada que insin&uacute;e la posibilidad de otra realidad de tr&aacute;fico ruidoso, premuras de tax&iacute;metros, o las ansiedades de empresarios comerciales de la segunda mitad del siglo XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de las celebraciones de las fiestas de 1910 y sus instalaciones desmedidas no deja de sugerirme el fasto que en la actualidad reina tambi&eacute;n en las celebraciones oficiales y personales de este querido M&eacute;xico: el mismo amor a la ostentaci&oacute;n y la misma ansia de impresionar al mundo. Como se acerca el 2010 y toda una decena de conmemoraciones patri&oacute;ticas, quiz&aacute; tengamos la oportunidad de hacer comparaciones muy precisas en unos pocos a&ntilde;os.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siglo XX s&oacute;lo pod&iacute;a seguir el impulso notable del positivismo. Los a&ntilde;os de revoluci&oacute;n pol&iacute;tica no pudieron revocar lo que se hered&oacute; como historia patria: s&oacute;lo a&ntilde;adirle su propia idiosincrasia y ponerle el cu&ntilde;o de las ideas de moda. El autor nos regala vi&ntilde;etas muy sugerentes de los a&ntilde;os veinte a los cuarenta: la creaci&oacute;n de toda una cultura citadina alrededor de los ejes viales, la celebraci&oacute;n del centenario de la verdadera independencia en 1921 que &#45;como nos apunta Mart&iacute;nez Assad&#45; aun&oacute; lo patri&oacute;tico con la comercializaci&oacute;n que &eacute;l define como "la libertad de lucrar, comprar, vender, exponer y acuciar" (p. 101), la cual se palpa en esos a&ntilde;os. Se trata de tiempos muy distintos de las <i>soir&eacute;es</i> porfirianas y &#45;siguiendo esa corriente de modernismo intelectual&#45; el autor recrea en las siguientes p&aacute;ginas toda la efervescencia teatral, cinem&aacute;tica y social de las d&eacute;cadas entre 1910 y 1940. Dos puntos interesantes en el cap&iacute;tulo que cubre esos a&ntilde;os son la definitiva relegaci&oacute;n de Iturbide al papel de Judas de la Revoluci&oacute;n, y la aparici&oacute;n de la celebraci&oacute;n de la Semana del Ni&ntilde;o y la maternidad, inspiradas por nuevas concepciones de puericultura y eugenismo social. Aqu&iacute; veo un significado muy importante: la admisi&oacute;n de cierta feminizaci&oacute;n en el mensaje simb&oacute;lico. Claro que no se trata de un homenaje gratuito a la mujer y al ni&ntilde;o. Obviamente, un M&eacute;xico que hab&iacute;a sufrido el desgaste de vidas a causa de la Revoluci&oacute;n, tendr&iacute;a que fijar sus ojos en el futuro y el papel desempe&ntilde;ado por la mujer en la gestaci&oacute;n. Aun as&iacute;, la inserci&oacute;n de la mujer y el ni&ntilde;o en la historia del Paseo, refleja nuevas aperturas en la definici&oacute;n propia de la <i>naci&oacute;n.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro hito importante en el proceso de cambio del Paseo fue la beatificaci&oacute;n patri&oacute;tica que signific&oacute; el traslado de los restos de los h&eacute;roes bajo las miradas escrutadoras de Obreg&oacute;n y Calles, finalmente iluminados por la peque&ntilde;a pero altamente simb&oacute;lica llama de una l&aacute;mpara votiva. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s quedar&iacute;a por hacer? Quiz&aacute; despu&eacute;s de esta &uacute;ltima ofrenda, lo que restaba ser&iacute;a ya m&aacute;s maquillaje que expresi&oacute;n patri&oacute;tica, aunque a&uacute;n se enfrentaron toda clase de opiniones sobre la a&ntilde;adidura de una Diana cazadora o el traslado del monumento a Cuauht&eacute;moc a una posici&oacute;n m&aacute;s urban&iacute;sticamente ventajosa. No obstante, la inserci&oacute;n de otros monumentos como la Fuente de Petr&oacute;leos y la extensi&oacute;n de la avenida (paralelamente a la construcci&oacute;n de nuevos barrios habitacionales nunca imaginados), nos hablan del crecimiento pujante de la ciudad m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites no s&oacute;lo imaginados por sus creadores, sino inimaginables desde su punto de vista urban&iacute;stico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Habr&aacute; alg&uacute;n coto al crecimiento y al cambio?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, volvamos al &aacute;ngel, porque es a fin de cuentas esa figura de la diosa alada de la libertad, la que sigue descollando en el Paseo y anuda todos los elementos dispares en desarrollo como v&iacute;a urbana. El &aacute;ngel se cae, se rompe, se vuelve a poner en su lugar y se convierte en centro de todas las expresiones pol&iacute;ticas de la ciudadan&iacute;a y los mandatarios. De hecho, se apropia de la esencia de la sacralidad patri&oacute;tica de todo el paseo. Parece ya que sin ese &aacute;ngel los mismos padres de la patria se sentir&iacute;an un poco faltos de su carisma personal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Historia no es asunto de papel solamente, aunque hay en esta obra un magn&iacute;fico apoyo de lecturas y notas de archivo. Por medio de las muchas fotos y dibujos que articulan la informaci&oacute;n proporcionada por la investigaci&oacute;n, Carlos Mart&iacute;nez Assad demanda que apreciemos la importancia de la visualidad del recuerdo. El investigador reafirma el concepto de la Historia como expresi&oacute;n arquitect&oacute;nica y de planeamiento urbano. Nos recuerda que un monumento incorpora, en su materia muerta, la vida de los pensamientos y las emociones de quienes lo desearon como expresi&oacute;n de su ideolog&iacute;a o de su ego. No puede ser m&aacute;s notable el contraste entre la inmaterialidad e inefabilidad de nuestra psique y su expresi&oacute;n en piedra y cemento; pero la aparente inmutabilidad del monumento habla elocuentemente cuando le prestamos atenci&oacute;n y nos dice mucho m&aacute;s que el estilo art&iacute;stico en el cual fue plasmado. Nos habla de conceptos pol&iacute;ticos y de identidades ya en formaci&oacute;n, ya en pleno florecimiento de expresi&oacute;n. El libro asume la posici&oacute;n de que una avenida es un libro de Historia. Dicha Historia nos dice que hubo una voluntad determinante en la construcci&oacute;n de esa v&iacute;a de comunicaci&oacute;n: a pesar de las variaciones en la pol&iacute;tica de sus constructores, expresar &#45;de un modo tangible&#45; el destino nacional. El autor nos hace descubrir c&oacute;mo hubo una disciplina detr&aacute;s de ese proyecto educativo y creativo que es el Paseo de la Reforma; adem&aacute;s, nos hace comprender cu&aacute;l es el mensaje de una avenida en varias &eacute;pocas hist&oacute;ricas. El Paseo es un texto alrededor del cual se han tejido las ideolog&iacute;as de quienes comprendieron &#45;quiz&aacute;s intuitivamente&#45; que una calle es m&aacute;s que un medio para trasladarse de un punto a otro. Cada esquina, cada &aacute;rbol, cada estatua, tiene un significado que legitima su mensaje en un <i>discurso</i> que puede ser <i>oficialista,</i> pero que es tambi&eacute;n una realidad constantemente re&#45;pensada y re&#45;imaginada por cada peat&oacute;n, cada carruaje, cada autom&oacute;vil, y cada <i>cami&oacute;n</i> que transporta su carga humana de tramo en tramo. La realidad de piedra, adoquines (y ahora asfalto y concreto), s&oacute;lo puede ser aprehendida mediante un esfuerzo intelectual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin necesidad de asumir una posici&oacute;n de disecci&oacute;n cultural sobre cu&aacute;l elemento de an&aacute;lisis resulta m&aacute;s importante en el conocimiento de nuestra realidad, es importante reconocer que hay un lenguaje visual, gestual y aun escrito, en el Paseo de la Reforma. Tengo algo de constructivista en cuanto a creer que s&oacute;lo mediante la reflexi&oacute;n sobre la realidad, logramos entender el imaginario que se encuentra detr&aacute;s de ella. Es patente que hay un texto en cada edificio y cada monumento; as&iacute; lo ha considerado el autor cuando nos habla de la emblem&aacute;tica nacional modernista en la creaci&oacute;n de un nuevo Paseo de la Reforma en la segunda mitad del siglo XX. Lo apoyan los comentarios de todos los que en un momento dado han expresado su firme creencia en que la ubicaci&oacute;n de cada componente material de dicho Paseo tiene un significado tan trascendente que cualquier alteraci&oacute;n rompe ese hilo conductor con el pasado y, por ende, con un significado que ha dejado de ser particular para volverse nacional. De hecho, en un momento hist&oacute;rico se arguy&oacute; en un peri&oacute;dico citadino que mover a Cuauht&eacute;moc era <i>desnaturalizar</i> la glorieta y el espacio dedicado a la escultura. Cabe preguntarse: &iquest;Desde cu&aacute;ndo fue <i>natural</i> esa ubicaci&oacute;n? Tal comentario nos ofrece una prueba de c&oacute;mo el proceso de asimilaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos los hace pronto formas naturales de pensar para la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. En la construcci&oacute;n de un pasado nacional, este Paseo de la Reforma ha acunado diversas <i>narrativas</i> hist&oacute;ricas con el proceso de escogimiento de quienes habr&iacute;an de ser los verdaderos representantes de esa identidad nacional. Se trata de un proceso a&uacute;n en desarrollo. Si atestiguamos la lucha entre Hidalgo, Morelos, y Ju&aacute;rez, en la visi&oacute;n que predomin&oacute; entre 1830 y 1950 &#45;as&iacute; como su eventual acomodo en la aceptaci&oacute;n de esa trinidad patri&oacute;tica&#45;, tambi&eacute;n vemos c&oacute;mo se a&ntilde;adieron algunas figuras de acuerdo con intereses regionales, mientras las fobias se ensa&ntilde;aban contra otras (pobre Agust&iacute;n de Iturbide; afortunado Guill&eacute;n de L&aacute;mport). &iquest;Y qu&eacute; decir del destino de Cort&eacute;s y Moctezuma? Los <i>tlatoanis</i> heroicos se emblematizaron mediante el deseo de ser diferentes de Europa; pero a&uacute;n quedaron rastros emotivos o culturales sin explicaci&oacute;n racional en la afici&oacute;n a Crist&oacute;bal Col&oacute;n y la reina Isabel <i>la Cat&oacute;lica.</i> Y, en este proceso, se fueron creando s&iacute;mbolos que &#45;a&uacute;n sin ra&iacute;ces&#45; pronto crecieron frondosamente en la imaginaci&oacute;n popular, como la Diana cazadora y el famoso &aacute;ngel. Hay continuidades y transformaciones muy significativas en el sentido que se ha otorgado a estos emblemas en piedra, y sobre todo en el modo como han ido cambiando en cuanto a su jerarqu&iacute;a: todos sujetos a las veleidades no ya pol&iacute;ticas sino afectivas, tanto de la imaginaci&oacute;n popular como de los pol&iacute;ticos de turno. Aun as&iacute;, hay que dejar sentado que si de algo sirven las piedras, los adoquines, el asfalto, los monumentos y los edificios, es para hacer tangibles los deseos humanos. El Paseo de la Reforma parece haber hecho tangible, en sus m&uacute;ltiples evoluciones, el deseo de todos los que han manipulado su destino simb&oacute;lico y material de ver en esta avenida "la arteria consentida" de la capital, en palabras del autor (p. 91).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La publicaci&oacute;n del libro objeto de este an&aacute;lisis, nos enfrenta a un modo distinto de ver un s&iacute;mbolo hist&oacute;rico. Carlos Mart&iacute;nez Assad ve el Paseo de la Reforma como un emblema en constante flujo de una realidad hist&oacute;rica que tambi&eacute;n es mutante. Ahora bien, nos preguntamos si esos s&iacute;mbolos son aceptados por todos los componentes de la sociedad nacional o si son creados desde arriba e impuestos de modo hegem&oacute;nico. En mi opini&oacute;n &#45;que espero el autor corrobore&#45;, no hay en su interpretaci&oacute;n una toma de posici&oacute;n irrevocable frente a estas dos posiciones. Es cierto que la discusi&oacute;n del significado emblem&aacute;tico del Paseo se ha llevado a cabo por las elites pol&iacute;ticas y sociales, pero entre ellas hubo suficientes divergencias como para confirmar que no hubo un proyecto hegem&oacute;nico ni homogeneizador que se perfilara claramente como representante del deseo de un grupo dominante. Desde luego, algunos de esos s&iacute;mbolos han pasado a ser inmutables en su categor&iacute;a despu&eacute;s de un enjambre de posibilidades; a&uacute;n despu&eacute;s de convertirse en parte del patrimonio nacional, quedan propensos a una reinterpretaci&oacute;n para servir ciertos objetivos consecuentes con la voluntad de quienes tienen el poder de cambiarlos. O sea que priva cierta tensi&oacute;n intr&iacute;nseca entre el s&iacute;mbolo y su uso pr&aacute;ctico, a veces sin intencionalidad alguna. &iquest;C&oacute;mo &#45;de otro modo&#45; explicar que una victoria alada se convierta en s&iacute;mbolo p&uacute;blico para toda clase de emociones sociales: protestas, reuniones pol&iacute;ticas, y reafirmaci&oacute;n ciudadana? No creo que &eacute;sta fuera una de las posibilidades en la mente de quienes dispusieron su erecci&oacute;n; empero, en el lenguaje simb&oacute;lico de dicha figura alada, hay una serie de significados que con el transcurso del tiempo se ha ido adhiriendo a su epidermis p&eacute;trea. En todos los s&iacute;mbolos nacionales hay cierto hermetismo, pero tambi&eacute;n cierta libertad para cambiar de voz, y ello explica su diferente uso interpretativo por parte de las generaciones sucesivas. Si hubo alguna intenci&oacute;n de proporcionar en un camino vial una f&oacute;rmula &uacute;nica de interpretaci&oacute;n cultural de <i>la patria,</i> el intento &#45;como lo demuestra su historia&#45; no ha producido un resultado un&iacute;voco y menos aun hegem&oacute;nico. El libro de Carlos Mart&iacute;nez Assad nos convence de que cualquiera que haya sido el deseo de inyectar ideas o ideolog&iacute;as en los elementos materiales del Paseo de la Reforma, el resultado ha sido ver en el mismo un espejo de los cambios experimentados en una cultura urbana que trasciende la pol&iacute;tica e incorpora importantes elementos econ&oacute;micos y sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final de la lectura del libro de Carlos Mart&iacute;nez Assad, no me queda claro todav&iacute;a si alcanzo el significado total de <i>la patria;</i> pero siempre he cre&iacute;do ver en ese concepto algo resbaladizo, inasible, y quiz&aacute;s inefable en su capacidad de eludir definiciones concluyentes. Lo que s&iacute; me interesa es comentar sobre la posici&oacute;n que adopta Carlos Mart&iacute;nez Assad en sus conclusiones. En el apartado "Entre la memoria y su porvenir", el autor expresa su angustia como mexicano y como historiador ante el destino de esta v&iacute;a arterial. La tensi&oacute;n entre la modernizaci&oacute;n y el pasado se acrecienta debido a las actividades <i>reformadoras</i> de emergentes realidades empresariales. El autor cree en la validez del Paseo de la Reforma como un texto de la naci&oacute;n en el cual est&aacute;n inscritas las voluntades de varias generaciones. Sean o no contradictorias entre s&iacute;, se hallan escritas en un conjunto de monumentos y edificios imponentes en su presencia f&iacute;sica e innegables como realidad. Para cambiarlos se requiere m&aacute;s que una fuerza material de demolici&oacute;n y reconstrucci&oacute;n: se requiere un plan que ponga en ejecuci&oacute;n un proceso intelectual coherente y que exprese una visi&oacute;n de un momento hist&oacute;rico, sea cual fuere ese momento. Por eso reclama una inteligencia comunitaria, representada por comisiones de especialistas en cualquier proyecto de cambio. Reclama una democratizaci&oacute;n en las decisiones que sea coherente con la democratizaci&oacute;n del espacio urbano; se apoya en el uso consuetudinario de una calle por un gent&iacute;o de los usuarios m&aacute;s diversos para proclamar la necesidad de reconocer su derecho a reclamar la propiedad de una avenida que est&aacute; hecha para ser vivida. Le preocupa retener el aspecto testimonial de las vivencias y actividades de generaciones pasadas, y preservar la integridad de la s&iacute;ntesis de voluntades y actitudes de quienes han contribuido a hacer de esta avenida la carta de visita de la ciudad. Sus propuestas hablan de un alto civismo de la m&aacute;s fina calidad. Personalmente, no estoy segura de que una comisi&oacute;n rectifique todos los problemas de los que hoy adolece el Paseo de la Reforma como unidad vial y como s&iacute;mbolo, ya que esa comisi&oacute;n &#45;al igual que en el pasado&#45; reflejar&iacute;a acciones adecuadas a nuestro momento, pero quiz&aacute; ya no conducentes para generaciones futuras. Sin embargo, ello no quiere decir que su propuesta carezca de m&eacute;rito. Al contrario, creo que la investigaci&oacute;n rigurosa de su pasado, la perseverancia y el amor innegable a la historia de esta avenida y lo que significa para la Ciudad de M&eacute;xico, es la mejor recomendaci&oacute;n para que se le preste atenci&oacute;n. Carlos Mart&iacute;nez Assad nos hace cobrar conciencia sobre una realidad: el Paseo de la Reforma, en estos albores del sigo XXI, es ya m&aacute;s que deseo de ostentaci&oacute;n de modernidad y capitalismo: es tambi&eacute;n presagio de pesadilla ecol&oacute;gica, si las predicciones de las consecuencias de nuevas instalaciones de rascacielos llegaran a realizarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada generaci&oacute;n que ha pensado y obrado en la construcci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n del Paseo de la Reforma, ha visto en &eacute;l un pante&oacute;n digno de recuerdo y, al acogerlo en su afectividad e imaginario, ha cumplido su deber hist&oacute;rico. Carlos Mart&iacute;nez Assad nos ha ense&ntilde;ado en este libro cu&aacute;les han sido las aspiraciones emotivas de otros ciudadanos en el pasado, y nos revela cu&aacute;les son las suyas; adem&aacute;s, nos se&ntilde;ala que debemos acogerlas como nuestras, porque es tambi&eacute;n nuestro deber pensar el Paseo de la Reforma como parte de nuestra vida diaria, pues nos ha hecho recordar y &#45;al mismo tiempo&#45; pensar en el futuro.</font></p>      ]]></body>
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