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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="Verdana" size="4">Rese&ntilde;a bibliogr&aacute;fica</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El sabio de la fiesta: m&uacute;sica y mitolog&iacute;a en la regi&oacute;n cahita&#45;tarahumara</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Lawrence Taylor Hansen*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Miguel Olmos Aguilera M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1999, 172 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador del Departamento de Estudios Culturales de El Colegio de la Frontera Norte.</i> Direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:Itaylor@colef.mx">Itaylor@colef.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios acad&eacute;micos en el campo particular de la etnom&uacute;sica mexicana se iniciaron esencialmente, como el autor de este libro nos se&ntilde;ala, a finales de la d&eacute;cada de los ochenta. Por lo tanto, constituyen un &aacute;rea de investigaci&oacute;n en gran parte inexplorada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El prop&oacute;sito fundamental del libro de Miguel Olmos consiste en analizar la m&uacute;sica ritual de tres grupos ind&iacute;genas del noroeste de M&eacute;xico &#151;los yaquis, mayos y tarahumaras&#151; que conjuntamente forman el subgrupo ling&uuml;&iacute;stico taracahita. Desde luego, no pretende ser, el autor nos aclara, un estudio exhaustivo sobre el tema, sino m&aacute;s bien de algunas de sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s notables o representativas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los aspectos m&aacute;s sobresalientes del trabajo consiste en su conceptualizaci&oacute;n y delineaci&oacute;n de la regi&oacute;n estudiada. Los grupos ind&iacute;genas que la habitan constituyen una misma familia ling&uuml;&iacute;stica. Si bien las &aacute;reas o zonas en que viven poseen diferentes caracter&iacute;sticas geogr&aacute;ficas, comparten similitudes hist&oacute;ricas y culturales, sobre todo con respecto a la m&uacute;sica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al se&ntilde;alar las peculiaridades de esta regi&oacute;n, Olmos nota la carencia de centros de poblaci&oacute;n espec&iacute;ficos. Esto era com&uacute;n durante la &eacute;poca prehisp&aacute;nica en M&eacute;xico. No exist&iacute;a una diferenciaci&oacute;n entre las &aacute;reas rurales y urbanas ni una jerarquizaci&oacute;n entre los centros poblacionales. Tales caracter&iacute;sticas surgieron a partir de la conquista y del establecimiento de un sistema de l&iacute;mites, centros administrativos y rutas de enlace entre ellos por parte de los colonizadores espa&ntilde;oles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor se&ntilde;ala la importancia que tuvo en la historia de estos grupos el "rompimiento" del proceso de evangelizaci&oacute;n regional, con la expulsi&oacute;n de la orden de los jesuitas en 1767 y el abandono subsecuente de las misiones. Destaca el factor del estado de aislamiento en que estos grupos viv&iacute;an. Frente a las agresiones de los blancos, los indios se refugiaron en la sierra. De esta manera, lograron conservar la mayor&iacute;a de sus pr&aacute;cticas religiosas y de los elementos musicales prehisp&aacute;nicos. Un ejemplo de estos &uacute;ltimos es el caso del instrumento musical conocido como el raspador o <i>jucha&#45;co</i>, como lo llaman en lengua cahita.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olmos indica que la estructura pol&iacute;tica de estos grupos no era tan monol&iacute;tica como la de los otros pueblos ind&iacute;genas, como en el caso de los mexicas o los incas. Un ejemplo que ilustra este hecho ocurri&oacute; en mayo de 1887, con la muerte del jefe rebelde yaqui Jos&eacute; Mar&iacute;a Leyva, o Cajeme. En tal ocasi&oacute;n los indios yaquis no se rindieron, sino que simplemente surgi&oacute; entre ellos otro jefe, Juan Maldonado, o Tetabiate, para encabezar nuevamente la lucha contra los blancos. Los pueblos tratados en el libro de Olmos eran particularmente b&eacute;licos. Los yaquis, por ejemplo, se encontraron en un estado de rebeli&oacute;n casi permanente desde tiempos del virreinato hasta su &uacute;ltimo enfrentamiento con los blancos durante la campa&ntilde;a que dur&oacute; de 1926 a 1929. En aquella ocasi&oacute;n, el gobierno federal tuvo que enviar contra los indios rebeldes una fuerza expedicionaria de aproximadamente 20 mil hombres, apoyados con algunos escuadrones de aviones bombarderos, antes de lograr la derrota y sumisi&oacute;n de la tribu.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al discutir las relaciones entre la mitolog&iacute;a y la m&uacute;sica, Olmos hace hincapi&eacute; en el car&aacute;cter unitivo de la cultura ind&iacute;gena. La danza y la m&uacute;sica se encuentran ligadas al pensamiento m&iacute;tico y cosmog&oacute;nico. Existen, por ejemplo, los estruendos de los cohetes que se lanzan para espantar al Diablo; el arpa y el viol&iacute;n, que tienen un origen celeste; la flauta y el tambor, que indican una ascendencia terrestre, etc. Asimismo, entre la m&uacute;sica y la letra de los cantos existen ciertos s&iacute;mbolos centrales, tales como la Virgen, Dios, el venado, el pascola (quien es el sabio de la fiesta) y el matach&iacute;n, que tambi&eacute;n se encuentran relacionados los unos con los otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor revela que el sistema musical cahita&#45;tarahumara tambi&eacute;n constituye un complejo de s&iacute;mbolos y referencias con respecto al mundo natural. Esto no es sorprendente, dado que la cultura de la cual forma parte estaba antiguamente vinculada a la veneraci&oacute;n de animales &#151;por ejemplo, el venado, el guajolote, el oso&#151; , as&iacute; como a ciertas plantas propias de la regi&oacute;n, entre las cuales se destaca el peyote. Esta complejidad se refleja con una gran diversidad de tonalidades y afinaciones musicales. Las diferentes tonalidades se relacionan con la hora del d&iacute;a en que se est&eacute; tocando, y con ciertos animales y plantas. Algunos sones y voces musicales, por ejemplo, corresponden a aquellos animales que se manifiestan a determinada hora de la noche, as&iacute; como al ciclo vital del venado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olmos tambi&eacute;n analiza las maneras en que la m&uacute;sica ind&iacute;gena se diferencia de la m&uacute;sica occidental. Un rasgo principal es el hecho de que la primera constituye un factor directo y determinante en la reproducci&oacute;n o continuidad de su sociedad. Tocar un instrumento musical es hacerlo hablar. Tanto la m&uacute;sica como la danza son partes integrales de las fiestas religiosas, las de la siembra, de la cosecha, del trabajo colectivo, etc. De all&iacute; se deriva la importancia de la m&uacute;sica para el registro y preservaci&oacute;n de la historia de estos pueblos. Como el historiador ingl&eacute;s Moses I. Finlay coment&oacute; en su libro <i>El uso y abuso de la historia:</i> "La evidente dificultad de descubrir el pasado de las sociedades &aacute;grafas no constituye una excusa para suponer que las tales <i>&#91;sic.: </i>mismas&#93; no tengan pret&eacute;rito o que &eacute;ste carezca de inter&eacute;s".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La m&uacute;sica ind&iacute;gena tambi&eacute;n se diferencia de la m&uacute;sica occidental en que su comercializaci&oacute;n no se manifiesta de manera lucrativa. El autor indica que si bien existe un intercambio de pagos efectuados a los m&uacute;sicos con dinero o bienes de un tipo u otro, y que pueden adquirir cierta fama o prestigio con el tiempo, sus fines o metas no son puramente comerciales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s interesantes descritos en el libro es el de los cambios en la m&uacute;sica de estos grupos ind&iacute;genas a trav&eacute;s del tiempo. El autor muestra que el mismo factor del regionalismo a menudo influye en las modificaciones que ocurren en la m&uacute;sica. En la regi&oacute;n tarahumara, por ejemplo, es evidente la influencia musical de yaquis y mayos. Tambi&eacute;n revela la manera en la cual, con el tiempo, se pierde el car&aacute;cter regional o local de la m&uacute;sica. La danza del pascola, por ejemplo, que se bailaba en ciertos lugares de la regi&oacute;n tarahumara, se encuentra cada vez m&aacute;s generalizada en la regi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A veces ocurre, como indica Olmos, que se adopten las costumbres o usanzas musicales de la cultura occidental, con cambios en el significado. Tal es el caso de la danza de matachines, de evidente origen europeo. Este baile tradicional, que se practica en muchas regiones de M&eacute;xico, lo practican dos filas de danzantes intercambi&aacute;ndose de un lado a otro, de tal forma que los movimientos asemejan los de un combate. Simboliza, en la tradici&oacute;n europea, la guerra entre cristianos y moros &#151;la lucha entre el bien y el mal&#151;, con el triunfo de aquellos. Aunque fue introducida al noroeste de M&eacute;xico a trav&eacute;s de los jesuitas, para los pueblos ind&iacute;genas no tiene este mismo significado. Con toda probabilidad, este tipo de danzas se deriva de los bailes moriscos, en los que no se manifiesta esta lucha entre el bien y el mal. Tales diferencias entre la m&uacute;sica y la danza europea y la ind&iacute;gena tambi&eacute;n representan dos maneras distintas de ver el mundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con una mirada hacia el futuro, ser&iacute;a interesante, con base en estas observaciones de Olmos, llevar a cabo otras investigaciones con el objeto de ver c&oacute;mo las costumbres y usanzas musicales se transforman de una generaci&oacute;n a otra. De especial importancia es hacer notar hasta qu&eacute; punto y de qu&eacute; manera llegan las influencias de afuera. Un an&aacute;lisis particularmente significativo en este sentido incluir&iacute;a la medici&oacute;n del efecto de los cambios sobre los j&oacute;venes, dado que en otras regiones de M&eacute;xico es precisamente en este grupo donde se reflejan los cambios referentes a los estilos de baile, los instrumentos musicales tocados, etc. tambi&eacute;n se podr&iacute;a plantear el problema, as&iacute; como las posibles soluciones incluso, respecto a la conservaci&oacute;n de la esencia de la m&uacute;sica y las danzas ind&iacute;genas originales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio tambi&eacute;n tiene la utilidad pr&aacute;ctica de llenar un hueco importante en lo referente a la investigaci&oacute;n y difusi&oacute;n de la m&uacute;sica ind&iacute;gena. En M&eacute;xico existe una insuficiente difusi&oacute;n de las culturas ind&iacute;genas y de sus manifestaciones art&iacute;sticas. Esta desvalorizaci&oacute;n cultural tiene una larga historia, que data desde tiempos de la colonia y que sigue vigente en muchos sentidos en el presente. El libro de Olmos nos recuerda que la m&uacute;sica ind&iacute;gena forma parte integral de la propia cultura mexicana y, por lo tanto, tiene un papel potencial como parte de la ense&ntilde;anza de las artes en las instituciones acad&eacute;micas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio tambi&eacute;n nos hace conscientes de la necesidad no s&oacute;lo de estudiar y aprender de la herencia musical ind&iacute;gena, sino tambi&eacute;n de preservarla. Existe un gran n&uacute;mero de archivos y bibliotecas con material musical en forma escrita o publicada en M&eacute;xico y el extranjero que ha sido poco consultado por los historiadores y otros investigadores. Como el autor indica, esta labor de rescate no s&oacute;lo consiste en consultar las fuentes escritas, sino tambi&eacute;n en el trabajo de campo. El trabajo de campo del etnomusic&oacute;logo es, adem&aacute;s, bastante agotador, con una serie de complejidades propias del oficio. El investigador tiene que superar primero la desconfianza de los habitantes de las comunidades y establecer contactos con aquellas personas que tienen conocimiento sobre lo que uno busca, para luego aplicar las t&eacute;cnicas adecuadas y con ello conseguir e interpretar los datos. Existen, como el autor comenta, casos de personas que conservan la m&uacute;sica en forma de una tradici&oacute;n oral, pero quienes no saben escribir una sola nota de m&uacute;sica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, el libro de Miguel Olmos constituye una valiosa aportaci&oacute;n a nuestra comprensi&oacute;n de la historia y la cultura del noroeste de M&eacute;xico. Los especialistas en la materia encontrar&aacute;n &uacute;tiles los resultados de su investigaci&oacute;n, as&iacute; como valiosas las sugerencias para futuras indagaciones en este campo.</font></p>      ]]></body>
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