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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Silvia Dutr&eacute;nit Bielous, </b></font><font face="verdana" size="4"><i><b>La embajada indoblegable: asilo mexicano en Montevideo durante la dictadura</b></i></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ana Buriano C.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b> Fin de Siglo/Instituto de Ciencia Pol&iacute;tica&#45;UdelaR, Montevideo, 2011.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto Mora</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Silvia Dutr&eacute;nit, <i>La embajada indoblegable</i> es una obra simple, en apariencia. De lectura f&aacute;cil, accesible a todo p&uacute;blico, ni siquiera exige un orden de abordaje. El lector puede ingresar a ella por cualquier cap&iacute;tulo y cualquier entrada. Por donde lo haga no tendr&aacute; problema para compenetrarse del tema central, porque cada cap&iacute;tulo en su singularidad condensa el universo tratado, es decir, la Embajada de M&eacute;xico en Uruguay entre 1975&#45;1976, sus ocupantes ocasionales o permanentes, la pol&iacute;tica exterior mexicana en materia de asilo que vertebraba el funcionamiento de la sede, las complicadas relaciones con las autoridades dictatoriales y la figura protag&oacute;nica del drama que ah&iacute; se dilucidaba: el embajador mexicano en Uruguay, don Vicente Mu&ntilde;iz Arroyo. Como una sombra oscura sobrevuela detr&aacute;s del relato la dictadura c&iacute;vico&#45;militar uruguaya, con su secuela de represi&oacute;n y muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer acierto es esta estructura circular, donde 17 m&uacute;ltiples entradas, que corresponden a otros tantos cap&iacute;tulos, confluyen sobre un centro y focalizan la atenci&oacute;n en la trama. Y lo es por varias razones, entre ellas la virtud de abrir el libro al gran p&uacute;blico. Publicado en Montevideo, el lector puede sortear los tres cap&iacute;tulos te&oacute;rico&#45;metodol&oacute;gicos sin desmedro de comprender la esencia de la propuesta. Esto es un gran m&eacute;rito para un espacio p&uacute;blico como el uruguayo afectado por pol&iacute;ticas estatales que durante d&eacute;cadas han tratado de sofocar no s&oacute;lo la justicia, sino las memorias. Pol&iacute;ticas que, si bien fueron combatidas desde m&uacute;ltiples campos, tambi&eacute;n el disciplinario, no siempre sus oponentes pudieron dar la atenci&oacute;n requerida a la historia del asilo, comprimida en la gran vor&aacute;gine de la tem&aacute;tica dictatorial. <i>La embajada indoblegable</i> est&aacute; al alcance de cualquier lector, incluso de las j&oacute;venes generaciones que se formulan preguntas sobre su pasado silenciado. Es tambi&eacute;n un aporte para M&eacute;xico ya que la obra se distribuye en el medio nacional. Abona a la historia de las relaciones internacionales del pa&iacute;s en el siglo XX, al examen de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas del pasado reciente en la materia y al reconocimiento de figuras diplom&aacute;ticas se&ntilde;eras que conformaron la mejor tradici&oacute;n nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Simult&aacute;neamente, frente al especialista se despliega una obra que no es una mera recapitulaci&oacute;n memor&iacute;stica sino un fresco &#151;como lo define Dutr&eacute;nit&#151; que exhibe experiencias m&uacute;ltiples, individuales y colectivas, con miradas desde distintos &aacute;ngulos sociales y culturales, cotejadas entre s&iacute; en un espacio comparativo y soportadas por los tres cap&iacute;tulos metodol&oacute;gicos mencionados. Cap&iacute;tulos que apuntan a la presentaci&oacute;n del sujeto de estudio: el fen&oacute;meno asilar; que dilucidan los problemas y limitaciones de los instrumentos de protecci&oacute;n generados en el &aacute;mbito interamericano y que finalmente exhiben los entretelones, "los andamios" del libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en este &uacute;ltimo momento donde la autora despliega el sustento &uacute;ltimo de la propuesta y devela la estructura elegida, fincada en la metodolog&iacute;a espec&iacute;fica de la <i>historia del tiempo presente.</i> Es entonces cuando la estructura novedosa encuentra sus fundamentos metodol&oacute;gicos. Supone que Dutr&eacute;nit logr&oacute; romper un esquema caro para los historiadores: la sucesi&oacute;n temporal, la jerarqu&iacute;a de los hechos y el encadenamiento de las circunstancias. Ello le permiti&oacute; vencer la linealidad del tratamiento y formular, no s&oacute;lo los c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos con los que fue rodeando el tema, sino plantearse de frente al desaf&iacute;o &eacute;tico que encara el profesional de la historia cuando aborda la "historia del tiempo vivido", aquel con el que est&aacute; afectiva y subjetivamente involucrado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y sorte&oacute; este desaf&iacute;o con gran profesionalismo. Si bien dec&iacute;a al inicio que <i>La embajada</i> era un libro sencillo en apariencia, no se me ocultaba la enorme investigaci&oacute;n que lo sustenta. M&uacute;ltiples archivos consultados y generados a lo largo de d&eacute;cadas permitieron este feliz producto, resultado final y distinto de otras muchas obras relativas al asilo latinoamericano emanadas de la autora. Dutr&eacute;nit inici&oacute; la investigaci&oacute;n cuando la documentaci&oacute;n escrita estaba negada en Uruguay y se abr&iacute;an los archivos diplom&aacute;ticos mexicanos, particularmente el Genaro Estrada del Acervo Hist&oacute;rico Diplom&aacute;tico de la Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores. Recurri&oacute; entonces a la memoria de los actores y, a lo largo del tiempo, gener&oacute; un archivo oral extenso, dosificado y representativo. Gradualmente pudo confrontar sus fuentes orales con la documentaci&oacute;n diplom&aacute;tica, migratoria y de seguridad, especialmente cuando el Archivo General de la Naci&oacute;n de M&eacute;xico abri&oacute; para su consulta los fondos de la Direcci&oacute;n Federal en el ramo. Se agreg&oacute; luego la emanada del Instituto Nacional de Migraci&oacute;n. Cabe decir que los archivos mexicanos fueron siempre m&aacute;s nutridos en documentos y abiertos que los del Estado territorial responsable de crear las circunstancias de persecuci&oacute;n que provocaron el asilo de casi cuatro centenares de uruguayos, acosados por el Estado que debi&oacute; protegerlos. M&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s, y bajo un nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico en Uruguay, fue posible que lograra acceder a algunos, muy pocos, archivos nacionales como el muy expurgado de la canciller&iacute;a uruguaya y el de la Direcci&oacute;n Nacional de Informaci&oacute;n e Inteligencia (DNII), dependiente del Ministerio del Interior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dutr&eacute;nit pudo entonces tener el inmenso placer intelectual que siente el historiador cuando sus hip&oacute;tesis resisten con &eacute;xito el cotejo con distintas fuentes. Logr&oacute; cumplir con las exigencias de la metodolog&iacute;a de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica y confront&oacute; sus testimonios con las fuentes escritas. Su olfato de historiadora no estaba errado. M&eacute;xico hab&iacute;a sustentado hist&oacute;ricamente una pol&iacute;tica de protecci&oacute;n de los perseguidos del mundo s&oacute;lida y con suficiente tradici&oacute;n para enfrentar y torear con solvencia a las dictaduras de Seguridad Nacional del Cono Sur. La hab&iacute;a adquirido en las d&eacute;cadas de los treinta y cuarenta del siglo XX, en el caso de los espa&ntilde;oles; de esa manera hab&iacute;a recibido a Le&oacute;n Trotsky; as&iacute; hab&iacute;a amparado a la familia brasile&ntilde;a de Lu&iacute;s Carlos Prestes; as&iacute; se hab&iacute;a comportado con los guatemaltecos del gobierno de Jacobo Arbenz. Junto a esta pol&iacute;tica, estaba el hombre concreto que la aplicaba y la retroalimentaba. El exilio antifascista hab&iacute;a tenido su Gilberto Bosques, el Chile pinochetista tuvo su Mart&iacute;nez Corval&aacute;. El diplom&aacute;tico in situ, su sensibilidad, condici&oacute;n humana, los elementos formativos y constitutivos de su personalidad, el largo contacto con el medio social y cultural del pa&iacute;s donde se produc&iacute;a la persecuci&oacute;n y los atentados contra la vida humana fueron elementos determinantes para el &eacute;xito de la pol&iacute;tica mexicana de asilo diplom&aacute;tico. Estos hombres, nombrados generalmente en primera persona aunque rodeados del entorno de los funcionarios del servicio exterior mexicano, por ejemplo en Uruguay, hicieron de Mu&ntilde;iz Arroyo el art&iacute;fice y ejecutor de una pol&iacute;tica con sustento estatal pero con una impronta personal que ha sido calificada por alguno de sus asilados como superadora de la normativa, como de "m&aacute;s all&aacute; del reglamento".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La extensa investigaci&oacute;n de Dutr&eacute;nit le permiti&oacute; corroborar que Mu&ntilde;iz cumpli&oacute; al extremo las normas de la Convenci&oacute;n de Caracas sobre asilo diplom&aacute;tico de 1954. Confirm&oacute; en todos los casos la condici&oacute;n de perseguido de su candidato al asilo, pero no se atuvo a las formalidades burocr&aacute;ticas que configuran una de las limitantes principales de esta convenci&oacute;n, que la autora se&ntilde;ala en el cap&iacute;tulo relativo a los instrumentos. Salvaguard&oacute; la vida de sus protegidos en tanto investig&oacute;, pero no les exigi&oacute; que presentaran una petici&oacute;n escrita y luego regresaran. Mu&ntilde;iz conoc&iacute;a el medio en que se mov&iacute;a, sab&iacute;a de la capacidad asesina de esa dictadura, de la vigilancia y hostigamiento que se ejerc&iacute;a sobre la embajada y por lo tanto no ten&iacute;a duda que el cumplimiento burocr&aacute;tico del reglamento era una sentencia de muerte para aquellos que deb&iacute;a proteger. Su profunda compenetraci&oacute;n con la sociedad uruguaya lo puso a salvo del error. Basta confrontar la lista de asilados con los archivos de la DNII uruguaya &#151;como lo hizo la autora&#151; para comprender que Mu&ntilde;iz no se equivoc&oacute;. Todos y cada uno de sus asilados eran perseguidos pol&iacute;ticos, hubieran sido requeridos o no. Mu&ntilde;iz no dio "pases autom&aacute;ticos" como se lleg&oacute; a calificar de manera cr&iacute;tica su actuaci&oacute;n. Su pol&iacute;tica de asilo estuvo basada en la normativa. Claro que la excedi&oacute;. No en el aspecto formal, sino en el plano humano y a costa de su persona. Salv&oacute; la vida de sus asilados no s&oacute;lo en el plano de la protecci&oacute;n diplom&aacute;tica, sino que garantiz&oacute; los servicios m&eacute;dicos a quienes enfermaban, incluso a un beb&eacute; nacido bajo la bandera de M&eacute;xico en Uruguay. Puso lo m&aacute;s &iacute;ntimamente suyo, su ropa, su propio dormitorio, los espacios diplom&aacute;ticos y consulares al servicio de la protecci&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, expuso su vida frente a lo m&aacute;s agresivo del aparato represivo del estado territorial. Todo su mundo se vio trastocado, tambi&eacute;n el de su sede diplom&aacute;tica y la misi&oacute;n comercial. Fue un ejemplo pr&iacute;stino de humanismo, solidaridad e integridad en la defensa de los derechos humanos. As&iacute;, logr&oacute; situar a su pa&iacute;s, a M&eacute;xico, en un alt&iacute;simo pedestal en la consideraci&oacute;n nacional y latinoamericana. Observaci&oacute;n oportuna de la obra en la que no est&aacute; dem&aacute;s insistir en el presente cuando la pol&iacute;tica de asilo parece un art&iacute;culo extraviado en la mara&ntilde;a del mundo global, pese a la alta incidencia que registra en el presente. Y no est&aacute; dem&aacute;s, por cierto, ponerlo en la agenda p&uacute;blica del pa&iacute;s, el de la mejor tradici&oacute;n latinoamericana en la materia, que sufre hoy un fen&oacute;meno de inversi&oacute;n de la tendencia cuando de Estado asilante se convierte en generador de asilos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trece cap&iacute;tulos describen la aventura de un colectivo humano perseguido en sus m&uacute;ltiples facetas, conviviendo en su diversidad dentro de los muros de las sedes diplom&aacute;ticas: los periodistas, los militares, la gente de teatro, la segunda generaci&oacute;n, los que proven&iacute;an de agrupamientos pol&iacute;ticos minoritarios, los que nac&iacute;an en territorio mexicano dentro de Uruguay, los que fueron arrancados de las manos de la represi&oacute;n para salvar la vida y los asilados en Uruguay de las dictaduras vecinas que debieron buscar refugio en M&eacute;xico. Un cap&iacute;tulo se desplanta de estos tratamientos y funge como presentaci&oacute;n del actor principal de la pol&iacute;tica de protecci&oacute;n: el embajador Vicente Mu&ntilde;iz Arroyo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos hemos referido ya a la definici&oacute;n metodol&oacute;gica lograda por la autora en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo y a su particular abordaje de las peculiaridades que conlleva el historiar esta ruta espec&iacute;fica de hu&iacute;da hacia el exilio que tuvo particular relevancia en el caso estudiado. Los cap&iacute;tulos te&oacute;ricos insertos en el relato abordan dos tem&aacute;ticas centrales del fen&oacute;meno asilar. El primero de estos apartados presenta el asilo como derecho humano que se pierde en el origen de los tiempos pero que adquiere sus caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas en el siglo XX, cuando la inestabilidad pol&iacute;tica del continente le otorg&oacute; un sello muy propio expresado en la elaboraci&oacute;n de instrumentos ad hoc que impactaron el derecho interamericano. Un segundo cap&iacute;tulo se encarga de estudiar espec&iacute;ficamente los instrumentos de protecci&oacute;n generados al abrigo de la pr&aacute;ctica y de confrontarlos con la misma. De esta confrontaci&oacute;n emana un nuevo contexto hist&oacute;rico regional ausente en el momento de la elaboraci&oacute;n de las normativas y las propias particularidades de las dictaduras de Seguridad Nacional en sus distintas fases de establecimiento que la autora analiza para se&ntilde;alar cuatro grandes limitantes y otras consiguientes lecciones que los organismos responsables de otorgar las garant&iacute;as deber&iacute;an tener presente. La Operaci&oacute;n C&oacute;ndor con su desleimiento de fronteras se encarg&oacute; de marcar la obsolescencia de aquellas normativas que exigen identidad entre el Estado territorial que persigue y el sujeto de la persecuci&oacute;n. Los preludios dictatoriales marcaron la presencia de grupos criminales "no oficiales" que se institucionalizar&iacute;an luego de consumados los golpes de Estado, hecho que dificult&oacute; la calificaci&oacute;n del asilo cuando era a&uacute;n impreciso el "sujeto" persecutor. La ausencia de t&eacute;rminos temporales y exigencias expl&iacute;citas del tipo de documentaci&oacute;n que est&aacute; obligado a expedir el Estado territorial dio pie a la "eternizaci&oacute;n" de ciertos asilos o al encubrimiento cosm&eacute;tico de algunas salidas. Finalmente, las exigencias formales al solicitante en plenas condiciones de terror de Estado, afortunadamente dejadas de lados en muchos casos pero cumplidas en otros, se presentan al an&aacute;lisis de Dutr&eacute;nit como impropias para el ejercicio efectivo de la protecci&oacute;n a la luz de la realidad hist&oacute;rica de estos reg&iacute;menes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra est&aacute; profusamente ilustrada con 48 im&aacute;genes que reproducen fotos, art&iacute;culos period&iacute;sticos y documentos mexicanos y uruguayos existentes en distintos repositorios. Muchos son confidenciales y de muy dif&iacute;cil obtenci&oacute;n, por lo menos en este momento. Desafortunadamente las im&aacute;genes no siempre son de buena calidad, defecto atribuible no s&oacute;lo a la reproducci&oacute;n sino al estado de los documentos. En compensaci&oacute;n est&aacute; precedido de un magn&iacute;fico pr&oacute;logo del historiador uruguayo Gerardo Caetano que presenta la "peripecia de una historia cargada de historias", excelente caracterizaci&oacute;n del libro de Silvia Dutr&eacute;nit.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La embajada indoblegable: asilo mexicano en Montevideo durante la dictadura,</i> es decir, M&eacute;xico en Uruguay en la hora m&aacute;s cr&iacute;tica de su historia, es un aporte para ambos pa&iacute;ses, una obra uruguaya pero mexicana en su esencia, en muchos de sus protagonistas, en el sentimiento de la autora y en el de muchos que hemos hecho de este pa&iacute;s nuestra patria de adopci&oacute;n.</font></p>      ]]></body>
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