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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sandra Gayol, <i>Honor y duelo en la Argentina moderna</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elisa Speckman Guerra<sup>*</sup>, Diego Pulido Esteva<sup>**</sup></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2008</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>*</i></sup><i> Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas&#150;UNAM</i></font><i>.</i></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>** </sup>El Colegio de M&eacute;xico.</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los historiadores han encontrado en el duelo una mirilla privilegiada para asomarse a los patrones de sociabilidad y las pr&aacute;cticas sociales, as&iacute; como para conocer ideas, valores y sensibilidades. Entre ellos se cuenta Sandra Gayol, quien tras una exhaustiva tarea de investigaci&oacute;n y armada de un amplio acervo te&oacute;rico e historiogr&aacute;fico, aprovech&oacute; esta ventana para analizar la sociedad y la cultura de Argentina a fines del siglo XIX y principios del XX.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concretamente, estudi&oacute; los significados del honor y la experiencia del duelo en Buenos Aires entre 1880 y 1920. Cuarenta a&ntilde;os. El periodo podr&iacute;a parecer corto si se piensa en los largos tiempos de la historia de las mentalidades y las pr&aacute;cticas sociales y, sin embargo, como muestra la autora, comprende a&ntilde;os de auge del duelo y a&ntilde;os de decadencia que anunciaban su inminente desaparici&oacute;n. No s&oacute;lo se registraron cambios en lo que toca al honor y al lance caballeresco, de hecho, estos reacomodos se dieron como resultado de transformaciones sociales, pol&iacute;ticas y culturales ocurridas en la capital argentina. Si en 1869 la ciudad ten&iacute;a 180 000 habitantes, en 1914 estaba habitada por 1 500 000 pobladores, que llegaron atra&iacute;dos por el auge comercial y las oportunidades de empleo. Por ocho se multiplic&oacute; el n&uacute;mero de individuos que poblaban Buenos Aires, operaci&oacute;n acompa&ntilde;ada por la multiplicaci&oacute;n de identidades, culturas, tradiciones, pr&aacute;cticas, valores, ideas, formas de resolver conflictos y sociabilizar. En este contexto, los ritmos se aceleran y los tiempos se acortan. Cuarenta a&ntilde;os, bastan as&iacute;, para conocer la trayectoria del duelo y, como muestra Gayol, tan interesante resulta explicar su proliferaci&oacute;n como su debilitamiento.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Honor y duelo en la Argentina moderna</i> se suma, entonces, a un grupo de estudios del duelo realizados para diversos escenarios, desde el ya cl&aacute;sico de V&iacute;ctor G. Kiernan sobre los lances de honor en Europa, a los m&aacute;s recientes: el de Ute Frevert y Kevin McAleer para el caso alem&aacute;n, y Robert A. Nye y Herv&eacute; Dr&eacute;villon para el franc&eacute;s. Sobra decir que ocupa un importante lugar dentro de los trabajos sobre Am&eacute;rica Latina, que hasta ahora han sido menos y entre los cuales se cuentan los realizados por David Parker para Uruguay o Pablo Piccato y Elisa Speckman para M&eacute;xico.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todas estas obras dialoga Sandra Gayol y a partir de este encuentro analiza las especificidades del duelo en Argentina. Con el fin de ahondar en el esfuerzo comparativo, en la rese&ntilde;a nos permitimos ampliar la participaci&oacute;n de uno de los interlocutores, la ciudad de M&eacute;xico.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para empezar, puede hablarse de los tres ejes de an&aacute;lisis que resaltan en la historiograf&iacute;a sobre el duelo: los cambios que las concepciones del honor y el lance caballeresco experimentaron en la etapa moderna (tras la extensi&oacute;n del liberalismo, el desarrollo econ&oacute;mico de tipo capitalista y la adopci&oacute;n del Estado liberal o de derecho); vinculado con lo anterior, el peso del duelo y del honor en la formaci&oacute;n o preservaci&oacute;n de identidades de grupo o de clase; el duelo y el honor en la concepci&oacute;n de g&eacute;nero y, concretamente, en la idea de la masculinidad.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tres preocupaciones est&aacute;n presentes en la obra que presentamos. Su autora muestra que el duelo tuvo gran importancia en la ciudad de Buenos Aires a fines del siglo XIX. Calcula que, tan s&oacute;lo en la capital argentina, entre 1880 y 1920 se libraron casi 2 500 lances, mientras que los autores que han estudiado el caso de Alemania registran 3 466 y, para M&eacute;xico, si partimos de la obra de &Aacute;ngel Escudero, principal cronista del duelo mexicano, tenemos la dudosa cifra de 78. Para realizar el c&oacute;mputo Sandra Gayol se apoy&oacute;, fundamentalmente, en libros, peri&oacute;dicos y cr&oacute;nicas. Este minucioso seguimiento revela su dedicaci&oacute;n. Gracias a ello logr&oacute; sortear un problema que los historiadores enfrentan al estudiar esa pr&aacute;ctica: al estar prohibido, los duelistas cuidaban que sus lances no se conocieran.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, sostiene la autora que partir de 1880, el duelo se convirti&oacute; en una "pr&aacute;ctica recurrente y necesaria para ingresar y permanecer en las elites" (p. 103). Sugiere que en una urbe creciente y plural, la posibilidad de perderse en el conglomerado social y devenir un desconocido resultaba intimidante, asimismo, conforme la riqueza se convert&iacute;a en el principal factor de estratificaci&oacute;n, las elites ve&iacute;an una amenaza real o imaginaria a su distinci&oacute;n, por lo que buscaron desesperadamente marcar diferencias respecto a los otros grupos. Encontraron la respuesta en la ret&oacute;rica del honor y la pr&aacute;ctica del duelo, estrategias que sirvieron para definir las fronteras sociales y pol&iacute;ticas en un momento de crecimiento y recomposici&oacute;n de la sociedad, pues se consideraba como signo de pertenencia a la elite.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, concluye que honor y duelo en la Buenos Aires finisecular no s&oacute;lo conservaba su importancia sino que viv&iacute;an a&ntilde;os de apogeo. Lejos de constituir valores y pr&aacute;cticas tradicionales y en desuso, eran asuntos vitales en el proceso de construcci&oacute;n de la modernidad argentina.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La periodicidad no resulta ajena al &aacute;mbito mexicano, pues para fines del siglo XIX y principios del XX el duelo conservaba su importancia. Peto resulta diferente a la que sugirieron, por muchos a&ntilde;os, los estudiosos del duelo en Europa. Si bien la idea se est&aacute; revisando, se dec&iacute;a que para las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX el duelo estaba en decadencia, lo que implica dos cuestiones: el "afilar del honor" hab&iacute;a sido desplazado por el <i>"ethos</i> del inter&eacute;s" y el Estado hab&iacute;a logrado, exitosamente, monopolizar el ejercicio de la violencia leg&iacute;tima.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, sostiene Sandra Gayol que el honor moderno no depend&iacute;a del linaje o del estatus hereditario, ya que la poblaci&oacute;n masculina pod&iacute;a sentir, esperar y reclamar este valor. Dicho de otro modo, menos que con la cuna o el abolengo, el honor burgu&eacute;s o republicano estaba vinculado con valores como laboriosidad, honestidad, destreza y valent&iacute;a. Por ende, los hombres, todos ellos, se ve&iacute;an compelidos a responder p&uacute;blicamente un agravio si quer&iacute;an preservar el respeto social y pol&iacute;tico. Incluso m&aacute;s all&aacute; de las elites y clases medias, defenderse p&uacute;blicamente de un agravio no era una opci&oacute;n, sino una obligaci&oacute;n que cada estrato social resolv&iacute;a seg&uacute;n sus h&aacute;bitos y bagaje cultural.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Buenos Aires las clases populares participaban de la cultura del honor. Gayol explota esta sugerente idea a trav&eacute;s de varios registros. En particular, refiere ejemplos de inserciones que se publicaron en las secciones "Solicitadas" o "Noticias" de los diarios <i>ha Prensa</i> y <i>La Naci&oacute;n,</i> y en las cuales los varones (pues no era asunto de mujeres) levantaban la voz para defenderse de rumores o para dejar en claro su honradez.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como tambi&eacute;n sugiere Gayol, si bien todos los sectores participaban de la cultura del honor, no participaban de la pr&aacute;ctica del duelo (que no lo hac&iacute;an, que no se los invitaba a hacerlo o que no se los consideraba como capaces de hacerlo, una de estas posibilidades o incluso las tres). Las ri&ntilde;as que sosten&iacute;an los individuos que proven&iacute;an de los grupos populares eran interpretados como ri&ntilde;as, s&oacute;lo los que sosten&iacute;an los miembros de la elite o los sectores medios segu&iacute;an las reglas del duelo o eran vistos como un duelo. La diferencia entre ri&ntilde;a y duelo implica muchas cosas, tanto en la forma como en las consecuencias (pues en la ley y la justicia, los duelos eran menos sancionados que las ri&ntilde;as).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para que un enfrentamiento fuera considerado como un duelo deb&iacute;an seguirse ciertos pasos y cumplirse diversos requisitos, entre ellos, contar con padrinos. Tener padrinos no resultaba f&aacute;cil; en palabras de la autora:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">conocer la existencia del duelo, aprender sus elaboradas reglas y disponer de capital social para conseguir padrinos que, a su vez, conocieran el c&oacute;digo de honor, constitu&iacute;an una frontera dif&iacute;cil de franquear para muchos hombres de la ciudad. La posibilidad de apelar al duelo se convirti&oacute; as&iacute; en una pr&aacute;ctica de vinculaci&oacute;n y, al mismo tiempo, de demarcaci&oacute;n (p. 21).</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dif&iacute;cil e inasequible para las mayor&iacute;as, el duelo fue accesible para algunos grupos, como abogados, militares y, aunque en menor medida, periodistas. Les fue accesible por diversos motivos. En primer lugar, se multiplicaron espacios institucionales y &aacute;mbitos de sociabilidad que, como el Jockey Club o el C&iacute;rculo de Armas, permit&iacute;an a sus selectos socios perfeccionarse en el uso de las armas. En segundo t&eacute;rmino, proliferaron manuales y c&oacute;digos que describ&iacute;an las injurias, posibles respuestas y condiciones que deb&iacute;an respetar los duelos. Por &uacute;ltimo, los medios de comunicaci&oacute;n, como la prensa metropolitana moderna, permit&iacute;an a la comunidad de duelistas enterarse de lances concertados en otras latitudes, alimentando su deseo de ser cosmopolita. Al auge del duelo pudo contribuir otro factor importante: su baja letalidad. En Argentina los duelistas rara vez corr&iacute;an peligro de muerte, pues los enfrentamientos sol&iacute;an pactarse "a primera sangre" y se utilizaban sables, esto es, bastaba una peque&ntilde;a lesi&oacute;n para que los padrinos pusieran el alto. "Lo importante &#8212;asegura Gayol&#150; era la disposici&oacute;n a batirse" (p. 225). En M&eacute;xico hubo varios duelos librados con pistola, que costaron la vida de figuras p&uacute;blicas notables, como la muerte de Santiago Sierra, hermano de don Justo, en manos de Ireneo Paz o en el que Francisco Romero mat&oacute; a Jos&eacute; Ver&aacute;stegui.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Retomando, s&oacute;lo algunos sectores de la sociedad argentina tuvieron la formaci&oacute;n, los v&iacute;nculos y los recursos que les permit&iacute;an gestionar y participar en un duelo. Sin embargo, la diferencia con la ri&ntilde;a no se explic&oacute; como mero desequilibrio de recursos y formaciones, sino como un asunto de calidades morales. Los duelistas eran vistos como caballeros, capaces de controlar sus actos, respetar reglas, as&iacute; como terminar y poner fin a los agravios sin pensar en venganzas posteriores. Estas virtudes no se atribu&iacute;an a los miembros de otros sectores sociales. Como resultado, el duelo devino en s&iacute;mbolo de distinci&oacute;n entre "superiores" e "inferiores" o "coloc&oacute; a quienes lo practicaban por encima de la mayor&iacute;a de las personas" (p. 138).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las similitudes con el caso mexicano saltan a la vista. Primero, las ri&ntilde;as que sosten&iacute;an individuos provenientes de los grupos populares no eran en la ley, en la justicia o en la piensa vistos como duelo. Francisco Bulnes, importante pol&iacute;tico, intelectual e ide&oacute;logo porfirista, lo expuso claramente en el Congreso con motivo del debate sobre el posible desafuero de Francisco Romero, quien en duelo hab&iacute;a quitado la vida a Jos&eacute; Ver&aacute;stegui. Sin titubeos, advirti&oacute; una violaci&oacute;n al principio de igualdad jur&iacute;dica o a la premisa de que al mismo delito correspond&iacute;a la misma pena, pues por un acto igual los "descamisados" recib&iacute;an una sanci&oacute;n mayor. Segundo, se otorgaba mucha importancia a la honra femenina y se pensaba que la deshonra afectaba al honor masculino, pero las ri&ntilde;as entre mujeres nunca fueron consideradas como duelos &#8212;aun cuando ellas argumentaran haber peleado en defensa de su honor&#8212; y, en Buenos Aires, no recurrieron a la prensa para defender su honor. Y tercero, los grupos populares ten&iacute;an una cultura del honor y explicaban sus enfrentamientos como resultado de la defensa del honor, sin embargo, aqu&iacute; s&iacute; hay una diferencia: en Buenos Aires la participaci&oacute;n era m&aacute;s expl&iacute;cita y m&aacute;s clara (en M&eacute;xico, para la misma &eacute;poca, no exist&iacute;an secciones en la prensa que permitieran a los grupos medios defender su honor).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, con m&uacute;ltiples e interesantes ejemplos y fuentes, Sandra Gayol muestra la importancia del duelo y del honor en Buenos Aires, as&iacute; como el auge a partir de 1880. Y en este auge, se&ntilde;ala momentos clave. Vincul&aacute;ndose de manera original con la "nueva historia pol&iacute;tica" que, desde la &uacute;ltima d&eacute;cada, se ha volcado al an&aacute;lisis de lenguajes y valores, mostr&oacute; un nexo entre honor, duelo y pol&iacute;tica. Advierte que se libraron m&aacute;s lances durante las contiendas electorales (1892, 1898 y 1904) y que cerca de 25% se vincularon con cuestiones pol&iacute;ticas. Concluye que "los duelos eran la versi&oacute;n extrema de la gram&aacute;tica del combate pol&iacute;tico" (p. 177). En ellos los contendientes reclamaban satisfacci&oacute;n tras ser tachados de corruptos, traidores o ineptos. Al mismo tiempo, mostraban valores que la opini&oacute;n p&uacute;blica apreciaba en sus dirigentes, como coraje, resoluci&oacute;n, probidad y contacto mesurado con las armas. Todo ello, en un r&eacute;gimen pol&iacute;tico marcado m&aacute;s por el estilo personal que por una institucionalidad arraigada.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dimensi&oacute;n pol&iacute;tica del duelo era subsidiaria de la cultura del honor moderno. Ambos decayeron en la d&eacute;cada de 1920, llegando pr&aacute;cticamente a extinguirse. As&iacute; lo sugiere Sandra Gayol, quien considera que al igual que su auge, la decadencia del honor y el duelo en Argentina no fue resultado de una ley, sino de cambios pol&iacute;ticos, sociales y culturales que,</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">privaron al honor y al duelo de su base cultural y le quitaron as&iacute; el rol crucial que hab&iacute;a desempe&ntilde;ado en la construcci&oacute;n de la distinci&oacute;n y el ordenamiento, tanto social como pol&iacute;tico, para la cual hab&iacute;an sido convocados en la Argentina moderna.</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lectores, nos hubiera gustado un desarrollo de los cambios a los que la autora se refiere y que explicar&iacute;an por qu&eacute; el duelo perdi&oacute; importancia como estrategia pol&iacute;tica y como criterio de diferenciaci&oacute;n social. Lo que resulta importante, y est&aacute; bien mostrado en la obra, es que el honor se estrechaba mientras que el duelo era criticado por un amplio sector de la sociedad, acostumbrado a nuevas reglas del juego. Crecieron as&iacute; las opiniones que se opon&iacute;an al duelo, sobre todo esgrimidas por juristas que reclamaban el derecho exclusivo del Estado para solucionar conflictos, pero robustecidas por la voz de cat&oacute;licos que desaprobaban la violencia, lo mismo que discursos progresistas que lo consideraban retardatario. Irremediablemente, el duelo pas&oacute; de la "publicidad al secreto" y "de la gloria al derrumbe". Con el cambio generacional, antiguas injurias dejaron de ofender y emergieron nuevos c&oacute;digos de etiqueta que le asignaron un car&aacute;cter anacr&oacute;nico.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que la periodicidad, coinciden con M&eacute;xico los argumentos que se esgrimieron en contra del duelo. B&aacute;sicamente, se dijo que los duelos no siempre eran resultado de causas honorables, que no se trataba de enfrentamientos entre pares pues siempre hab&iacute;a alguno superior en la causa y era quien resultaba triunfador, aunque no representara la causa honorable. Pes&oacute; tambi&eacute;n al argumento de la igualdad ante la ley y el rechazo a la justicia por propia mano. Y, a semejanza de lo que sucedi&oacute; en Europa con la primera guerra mundial, quiz&aacute; la violencia revolucionaria hizo que el duelo palideciera. A partir de 1929 la legislaci&oacute;n penal mexicana contempl&oacute; la misma pena para los duelistas que para los individuos que her&iacute;an o mataban en ri&ntilde;a.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, resulta importante referirse a otro m&aacute;s de los numerosos m&eacute;ritos que presenta <i>Honor y duelo en la Argentina moderna.</i> Su autora demuestra que el estudio del duelo permite cuestionar o matizar ideas que por muchos a&ntilde;os se dieron por ciertas: como la tajante distancia entre el <i>ethos</i> aristocr&aacute;tico y burgu&eacute;s, o entre las sociedades corporativas e individuales. Con ello permite elaborar cuadros m&aacute;s complejos de interacci&oacute;n, apropiaci&oacute;n y asimilaci&oacute;n de valores y enriquece la comprensi&oacute;n de las sociedades en su tr&aacute;nsito a la modernidad; asimismo, sugiere agendas para posibles estudios que relacionen el honor y el duelo con culturas de clase y masculinidades.</font></p>      ]]></body>
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