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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Danna Levin y Federico Navarrete (coords.), <i>Indios, mestizos y espa&ntilde;oles. Interculturalidad e historiograf&iacute;a en la Nueva Espa&ntilde;a</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rogelio Jim&eacute;nez Marce*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>UAM&#45;Azcapotzalco/IIH&#45;UNAM, M&eacute;xico, 2007, 288 pp. (Colecci&oacute;n Humanidades, serie Estudios, Biblioteca de Ciencias Sociales y Humanidades).</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Ecolog&iacute;a.</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No existe duda de que la historiograf&iacute;a es una de las ramas de la historia que mayor desarrollo ha tenido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, debido, en buena medida, a su capacidad para incorporar las herramientas de an&aacute;lisis empleadas por otras disciplinas humanas (las ciencias del lenguaje, la filosof&iacute;a o la antropolog&iacute;a), lo que ha tra&iacute;do como consecuencia que los estudios historiogr&aacute;ficos tengan mayor profundidad y que se establezca un mayor intercambio entre las distintas comunidades acad&eacute;micas. Con el argumento anterior, se debe celebrar la aparici&oacute;n del libro colectivo intitulado <i>Indios, mestizos y espa&ntilde;oles,</i> pues, como lo mencionan Danna Levin y Federico Navarrete (coordinadores de la obra), su objetivo es presentar nuevas perspectivas de estudio de la historiograf&iacute;a novohispana de tradici&oacute;n ind&iacute;gena. Levin y Navarrete apuntan que en ninguna otra regi&oacute;n de Am&eacute;rica se produjeron tantas obras hist&oacute;ricas y de gran riqueza informativa, lo cual se explica por el hecho de que los ind&iacute;genas ten&iacute;an una importante tradici&oacute;n de producci&oacute;n de textos con contenidos hist&oacute;ricos y a que los espa&ntilde;oles fomentaron la producci&oacute;n historiogr&aacute;fica de los ind&iacute;genas pues estaban interesados en conocer sus "antig&uuml;edades", situaci&oacute;n que gener&oacute;, en &uacute;ltima instancia, un di&aacute;logo intercultural entre nativos y espa&ntilde;oles. La intenci&oacute;n de los autores reunidos en este libro es explorar la compleja din&aacute;mica de imposiciones, intercambios y di&aacute;logos entre las dos culturas. Aunque el libro no plantea una divisi&oacute;n tem&aacute;tica, se pueden identificar que los dos primeros textos, los de Danna Levin y Yukitaka Inoue, plantean una discusi&oacute;n te&oacute;rica acerca de la forma en la que se debe clasificar las fuentes documentales e historiogr&aacute;ficas del pasado colonial hispanoamericano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo bloque estar&iacute;a conformado por los trabajos que aplican el enfoque intercultural al estudio particular de algunos autores (Federico Navarrete y Berenice Alc&aacute;ntara) y un tercer grupo est&aacute; conformado por los que analizan la escritura pictogl&iacute;fica (Gordon Brotherson, Eduardo Natalito Santos y Diana Magaloni). Aunque el trabajo de Ethelia Ruiz Medrano no encaja en este conjunto de art&iacute;culos, resulta interesante porque muestra de qu&eacute; manera se le daban "malos usos" a los documentos de tradici&oacute;n ind&iacute;gena. Uno de los puntos m&aacute;s relevantes del libro colectivo es la discusi&oacute;n planteada por Levin e Inoue sobre la clasificaci&oacute;n de las fuentes coloniales. Levin considera que se debe abandonar la "taxonom&iacute;a binaria y artificial" que se ha aplicado a la historiograf&iacute;a novohispana de tradici&oacute;n colonial, pues esta ha reproducido el discurso colonialista que divide el mundo en dos bloques (lo ind&iacute;gena/lo espa&ntilde;ol; el conquistador/el conquistado), situaci&oacute;n que ha propiciado que se distingan a las fuentes de tradici&oacute;n ind&iacute;gena de las espa&ntilde;olas. Levin indica que las formas de registro, los conceptos b&aacute;sicos, las estrategias narrativas y las preferencias tem&aacute;ticas variaban de acuerdo con los prop&oacute;sitos y ra&iacute;ces culturales de los autores, por lo que no se deb&iacute;a tomar en cuenta el origen &eacute;tnico de los autores, sino los espacios sociales y los &aacute;mbitos discursivos en que se inscribe su producci&oacute;n, pues de esa manera se pod&iacute;a percibir la compleja relaci&oacute;n epistemol&oacute;gica que se estableci&oacute; entre los conquistadores y los conquistados. La autora menciona que la comparaci&oacute;n de las fuentes ind&iacute;genas y espa&ntilde;olas permite entender los procesos de pr&eacute;stamo cultural e hibridaci&oacute;n que se dieron en la primera etapa de la historia novohispana, pues los hispanos tuvieron la capacidad de percibir la realidad ind&iacute;gena lo que ocasion&oacute; que se transformara su forma de entender.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con el anterior argumento, Levin advierte que no se puede sostener que la penetraci&oacute;n espa&ntilde;ola estuviera determinada por el imaginario medieval, pues, como lo muestra en su trabajo, algunos de los conquistadores aceptaron la autoridad de las voces ind&iacute;genas y llegaron a intuir los principios pol&iacute;tico&#45;simb&oacute;licos que organizaban la vida de los pueblos mesoamericanos. Para concluir, la autora menciona que se generan tres problem&aacute;ticas cuando se parte del supuesto de que en los encuentros culturales predomina la unilateralidad: se cae en el anacronismo, se excluye la posibilidad de entender los procesos de interacci&oacute;n social y se concibe a los dominados como objetos carentes de la capacidad de ejercer influencia en los dominantes. A diferencia de Levin, Inoue identifica tres criterios bajo los que se han dividido las "cr&oacute;nicas ind&iacute;genas": los que enfatizan las razones geogr&aacute;fico&#45;&eacute;tnicas para explicar sus divergencias; los que identifican lo "ind&iacute;gena" con lo "prehisp&aacute;nico" y que consideran que la presencia de elementos culturales espa&ntilde;oles constituye una incursi&oacute;n destructiva de las antiguas normas ind&iacute;genas; y los que proponen el concepto de "cr&oacute;nicas mestizas" que busca trascender las polarizaciones y se enfatiza la occidentalizaci&oacute;n de los autores, pero que tiene el problema de establecer una divisi&oacute;n entre escritores ind&iacute;genas y mestizos basada en criterios biol&oacute;gicos, divisi&oacute;n que no se puede sustentar debido a que la identidad &eacute;tnica no era &uacute;nica sino plural y variable. Inoue considera que como los ind&iacute;genas y los mestizos utilizaban las ideas occidentales con el fin de alcanzar objetos espec&iacute;ficos, lo m&aacute;s apropiado ser&iacute;a hablar de "discurso transcultural" en vez de "cr&oacute;nica mestiza", idea propuesta por Salvador Velasco y que permite apreciar las circunstancias hist&oacute;ricas en que cada uno de los cronistas escribi&oacute; su obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo anterior se debe agregar el hecho de que las obras de los autores espa&ntilde;oles e ind&iacute;genas no se pueden separar, debido a que no s&oacute;lo compart&iacute;an las fuentes de informaci&oacute;n, sino que tambi&eacute;n transcrib&iacute;an los datos contenidos en sus obras, es decir, las obras ind&iacute;genas, espa&ntilde;olas o mestizas no exist&iacute;an de manera aislada sino que se interrelacionaban entre ellas. Dado lo anterior, Inoue concluye que la historiograf&iacute;a novohispana debe tener una perspectiva incluyente y no considerar a cada uno de los autores de manera aislada. Por su parte, Federico Navarrete plantea que los autores ind&iacute;genas establecieron un doble di&aacute;logo cultural, tanto con los otros grupos nativos como con los espa&ntilde;oles, en el que se desarrollaron complejas estrategias discursivas. Como las obras hist&oacute;ricas coloniales ten&iacute;an un car&aacute;cter "estrat&eacute;gico", es decir, se buscaba una merced espec&iacute;fica, participar en un proceso judicial particular o ser le&iacute;da por un grupo de lectores determinados, las soluciones adoptadas depend&iacute;an de la relaci&oacute;n que se manten&iacute;a con su propia tradici&oacute;n y a su conocimiento de la tradici&oacute;n occidental. A fin de entender las estrategias de "traducci&oacute;n cultural", Navarrete analiza los textos de Chimalpain y de Fernando de Alva Ixtlilx&oacute;chitl. En el primero se aprecia una polifon&iacute;a que suma y yuxtapone las tradiciones hist&oacute;ricas sin que la voz del autor las subordine, mientras que en el segundo se despliega una historia monol&oacute;gica que integra las tradiciones en un discurso unitario cuya veracidad es resultado de la funci&oacute;n autoral; esto es, Chimalpain se adscrib&iacute;a a la tradici&oacute;n hist&oacute;rica ind&iacute;gena que asum&iacute;a que la verdad del relato era resultado de su car&aacute;cter colectivo y transgeneracional, en tanto que Ixtlilx&oacute;chitl asumi&oacute; el modelo europeo que enfatizaba la voz autoral como productora de verdad. Esta diferencia provoc&oacute; que los escritos del segundo tuvieran mayor &eacute;xito que los del primero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Considero que uno de los grandes aciertos del libro es la manera en la que se busca hacer complementarios los estudios, situaci&oacute;n que se puede apreciar con los textos de Navarrete y Berenice Alc&aacute;ntara, pues el primero retoma algunos textos ind&iacute;genas para enfatizar el di&aacute;logo cultural mientras que la segunda plantea que en la <i>Historia general o universal de las cosas de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> de Bernardino de Sahag&uacute;n, se puede apreciar el complejo proceso de interacci&oacute;n y negociaci&oacute;n que existi&oacute; entre el fraile y los nahuas. Con la intenci&oacute;n primordial de salvar a los ind&iacute;genas, Sahag&uacute;n estableci&oacute; cuatro estrategias: educar al "otro", indagar sobre el "otro", escribir sobre el "otro" y la escritura para el "otro". Al emprender su tarea Sahag&uacute;n se enfrent&oacute; con una paradoja pues aunque su intenci&oacute;n era contribuir a la desaparici&oacute;n de la "antigua costumbre", tambi&eacute;n se percibe su deseo de conservar lo m&aacute;s que se pudiera de ese pasado. La decisi&oacute;n del religioso de involucrar a los nahuas en su proyecto evangelizador ocasion&oacute; que en su obra se aprecie una amalgama de discursos de distintos or&iacute;genes, pues todo lo que averigu&oacute; del pasado y presente ind&iacute;gena pas&oacute; por los o&iacute;dos, ojos y manos de sus ayudantes y lo que &eacute;l compuso para difundir el mensaje cristiano fue traducido, o revisado, por ellos. Como la obra de Sahag&uacute;n ten&iacute;a el objetivo de ayudar a propagar el catolicismo entre los ind&iacute;genas, se observa una intensa interrelaci&oacute;n entre dos o m&aacute;s voces que disputan el sentido, es decir, la "voz nativa" no fue silenciada sino que se percibe en la fuente, situaci&oacute;n que provoc&oacute; una nahuatlizaci&oacute;n del cristianismo. Alc&aacute;ntara concluye que los letrados nahuas no estuvieron a la sombra del religioso sino que tuvieron ciertos m&aacute;rgenes para utilizar su legado tradicional, lo que les permiti&oacute; recuperar la "costumbre" de sus abuelos, reafirmar su etnicidad, hacer reclamos pol&iacute;ticos y practicar el cristianismo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los aportes centrales del libro es el debate que se realiza sobre la importancia de la escritura pictogl&iacute;fica. As&iacute;, Gordon Brotherson plantea que a los c&oacute;dices s&oacute;lo se les ha reconocido el valor hist&oacute;rico de algunos de sus contenidos, pero en raras ocasiones se les concede la categor&iacute;a de historia propiamente dicha, pues se piensa que el pensamiento ind&iacute;gena era c&iacute;clico y de car&aacute;cter m&iacute;tico. La discusi&oacute;n sobre las cualidades historiogr&aacute;ficas de los c&oacute;dices se ha enriquecido al incorporar nociones de la cr&iacute;tica literaria (forma y g&eacute;nero de los textos) y al entender sus determinaciones culturales. Estudiar los c&oacute;dices a partir de evidencias locales permite tener una idea m&aacute;s apropiada del tiempo y espacio que estos emplean, los horizontes que definen y su articulaci&oacute;n cronol&oacute;gica. Aunque no se ha dudado del car&aacute;cter narrativo de los textos, s&iacute; se ha considerado que ciertos pasajes, como la migraci&oacute;n, no son historia sino ficci&oacute;n, pero lo que no se ha observado es que las variaciones de detalle y el &eacute;nfasis tem&aacute;tico confirman la preexistencia de una historia compartida por todos. El autor considera que uno de los principales problemas de la historiograf&iacute;a moderna es que no se reconoce la filiaci&oacute;n cultural com&uacute;n que tienen los textos que provienen de distintas &aacute;reas de Mesoam&eacute;rica. Bajo esta misma l&iacute;nea de pensamiento, Eduardo Natalino Santos afirma que una caracter&iacute;stica de los pueblos mesoamericanos fue la utilizaci&oacute;n de escrituras pictogl&iacute;ficas, pero estas no han sido analizadas con propiedad debido a que se han partido de cuatro presuposiciones te&oacute;ricas inadecuadas: la creencia de que el sistema pictogl&iacute;fico es una escritura, la aplicaci&oacute;n de criterios occidentales en su valoraci&oacute;n est&eacute;tica, la convicci&oacute;n de que las im&aacute;genes tienen sentidos universales o inmanentes y la perpetuaci&oacute;n de ideas provenientes del siglo XVI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir del estudio que el calendario ten&iacute;a en los c&oacute;dices, tanto ind&iacute;genas como coloniales, y en las obras de los cronistas religiosos, el autor busca mostrar que este constitu&iacute;a una base gnoseol&oacute;gica activa sobre la que se organizaban las acciones de los dioses y de los hombres. Natalito considera que los usos estructurales de los ciclos calend&aacute;ricos en los textos alfab&eacute;ticos comprueban su estrecha relaci&oacute;n con los escritos pictogl&iacute;ficos tradicionales y con formas mentales t&iacute;picas del pensamiento nahua para organizar el pasado, por lo que es inadecuado presuponer que los c&oacute;dices coloniales son m&aacute;s cercanos a las tradiciones de pensamiento y escritura prehisp&aacute;nica que los textos alfab&eacute;ticos de origen nativo. La fecha de producci&oacute;n de los manuscritos coloniales, alfab&eacute;ticos o pictogl&iacute;ficos, no determina la funci&oacute;n del sistema calend&aacute;rico. Los frailes no incluyeron en sus historias la cuenta de los a&ntilde;os y las fechas de las cuentas de los d&iacute;as, elementos que daban a los relatos una cronolog&iacute;a interna precisa que establec&iacute;a una distancia diacr&oacute;nica entre pasado y presente. Para los nahuas y mesoamericanos en general, narrar el origen del mundo o del hombre era parte de una acci&oacute;n que comprend&iacute;a localizar el suceso en un sistema con marcaciones sincr&oacute;nicas y diacr&oacute;nicas. La doble dimensi&oacute;n del calendario nahua y mesoamericano, diacronia y sincron&iacute;a, se encuentra presente en algunos textos alfab&eacute;ticos nahuas que tratan de la cosmogon&iacute;a. La constante preocupaci&oacute;n por fechar es un acto revelador de la forma en que los nahuas y otras culturas mesoamericanas conceb&iacute;an su pasado, por lo que se debe tomar en cuenta la funci&oacute;n gnoseol&oacute;gica del sistema calend&aacute;rico cuando se caractericen sus narrativas cosmog&oacute;nicas o hist&oacute;ricas, sus deidades y su pensamiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con las herramientas de la est&eacute;tica, Diana Magaloni muestra que la <i>Historia de la conquista de M&eacute;xico</i> constituye uno de los documentos hist&oacute;ricos ind&iacute;genas m&aacute;s complejos de la visi&oacute;n ind&iacute;gena, en espec&iacute;fico de la tlatelolca, sobre la guerra de conquista. A partir del an&aacute;lisis del frontispicio de la <i>Historia,</i> la autora muestra que en las im&aacute;genes se puede apreciar la confluencia de elementos ind&iacute;genas con c&aacute;nones europeos. En el imaginario ind&iacute;gena, las pinturas ten&iacute;an doble funci&oacute;n: registros y precedentes que explican el presente. Al registrar el acontecer en im&aacute;genes, los pintores siguen la tradici&oacute;n de inscribir en el libro del tiempo aquello que representa lo sucedido con base en el conocimiento establecido en otras im&aacute;genes precedentes, mismas que representan hechos ya conceptualizados que muestran lo sucedido en relaci&oacute;n con sus causas c&oacute;smicas o divinas. Aunque el frontispicio no muestra a primera vista ninguna caracter&iacute;stica formal o iconogr&aacute;fica que la identifique con la tradici&oacute;n pictogr&aacute;fica mexicana, su estructura y funci&oacute;n es similar a la representaci&oacute;n de la fundaci&oacute;n de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan en el C&oacute;dice Mendoza. Magaloni menciona que la composici&oacute;n del frontispicio muestra la voluntad art&iacute;stica de ver hacia el futuro, por lo que no hay signos de nostalgia del pasado; pese a lo anterior, los tlacuiloque nahuas fueron fieles a su propia manera de concebir la historia y su registro en im&aacute;genes, de tal modo que le dieron ra&iacute;ces profundas a la nueva tradici&oacute;n de pintar y escribir. Como he mencionado antes, el &uacute;nico trabajo que no responde al objetivo primario del texto es el de Ethelia Ruiz Medrano, quien analiza la forma en que un par de espa&ntilde;oles asentados en Tlaxcala utilizaron t&iacute;tulos primordiales falsos para tratar de legitimar u obtener determinados derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los t&iacute;tulos primordiales demostraban el esfuerzo de los pueblos para conservar sus tierras, pero se ha detectado la existencia de un gran n&uacute;mero de t&iacute;tulos falsos, situaci&oacute;n que, de acuerdo con la autora, supone un amplio mercado para esta clase de documentos en el siglo XVIII. Lo interesante de estos escritos es que eran utilizados tanto por ind&iacute;genas como por espa&ntilde;oles, unos para narrar las historias de origen de sus pueblos y describir los derechos antiguos o "inmemoriales" sobre sus tierras, mientras que los otros trataban de establecer una relaci&oacute;n entre sus tierras compradas y los ind&iacute;genas como due&ntilde;os originales. Para finalizar, y como los coordinadores de la obra lo apuntan, la mayor&iacute;a de los estudios reunidos en el libro evidencian tres aspectos de la producci&oacute;n historiogr&aacute;fica colonial: su din&aacute;mica porque las tradiciones hist&oacute;ricas cambian y se adaptan en el tiempo; su car&aacute;cter dial&oacute;gico porque una obra es resultado de una interacci&oacute;n particular en un momento espec&iacute;fico; y su interculturalidad porque los textos son resultado de la interacci&oacute;n entre distintas tradiciones. Por lo antes expuesto, no me queda la menor duda de que esta obra colectiva se convertir&aacute; no s&oacute;lo en un referente obligado para todos aquellos que se acerquen a la historiograf&iacute;a colonial, sino tambi&eacute;n en una invitaci&oacute;n para seguir explorando esa historiograf&iacute;a con nuevos ojos y con el apoyo de nuevas herramientas te&oacute;ricas.</font></p>     ]]></body>
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