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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Secci&oacute;n tem&aacute;tica</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sobre el acantilado</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Michel Bertrand *, Thomas Calvo</b> **</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universit&eacute; de Toulouse&#45;le Mirail, Casa de Vel&aacute;zquez (Madrid).</i> Correo e: <a href="mailto:michel.bertrand@casadevelazquez.org">michel.bertrand@casadevelazquez.org</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** El Colegio de Michoac&aacute;n.</i> Correo e: <a href="mailto:calvoth@colmich.edu.mx">calvoth@colmich.edu.mx</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace unos cuarenta a&ntilde;os, el estudio de las sociedades dentro del espacio latinoamericano, sean estas coloniales o poscoloniales ha sido marcado por una renovaci&oacute;n tanto de los enfoques como de los m&eacute;todos o de las problem&aacute;ticas. En los a&ntilde;os sesenta y setenta del siglo XX era preponderante un enfoque de tipo estructural hacia este objeto hist&oacute;rico. La reconstrucci&oacute;n de lo social estaba influida o bien por el modelo que desarrollaron dentro de la historiograf&iacute;a francesa E. Labrousse y sus disc&iacute;pulos, o m&aacute;s directamente por el enfoque marxista de lo social. Las categor&iacute;as sociales utilizadas para lograr estos an&aacute;lisis se relacionaban fundamentalmente con las categor&iacute;as socioprofesionales. Cuando en Francia los historiadores estudiaban los "medios populares", urbanos o rurales, o bien los burgueses de Par&iacute;s, la historiograf&iacute;a americanista se interesaba en los mineros de Guanajuato, o trat&aacute;ndose de los grupos populares, en los indios de tal o cual comunidad, recortando o sobreponiendo categor&iacute;as socio&eacute;tnicas y socioprofesionales. Todo esto, como debe ser, en un marco geogr&aacute;fico preciso: en la materia, los trabajos de Charles Gibson, en los a&ntilde;os cincuenta, fueron pioneros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que los aportes de la etnohistoria y de la antropolog&iacute;a hist&oacute;rica hab&iacute;an contribuido a renovar el enfoque hacia las realidades sociales americanas, con m&aacute;s matices, y sobre todo un acercamiento m&aacute;s din&aacute;mico de los hechos sociales gracias, en particular, al recurso de los conceptos de aculturaci&oacute;n &#151;hoy se utilizar&iacute;a de preferencia el de transculturaci&oacute;n, menos unilateral&#151;, el de etnogenesis o, lo mismo, el de identidad, nociones que pon&iacute;an en tela de juicio las reconstrucciones sociales entonces predominantes... Poco importa: el balance historiogr&aacute;fico que hace F. Chevalier, en una obra que precisamente restituye el an&aacute;lisis de las sociedades latinoamericanas en los a&ntilde;os sesenta&#45;setenta, demuestra que la mirada dominante es aquella puesta en aplicaci&oacute;n a partir del modelo estructuralista. Trat&aacute;ndose de esas sociedades tradicionalistas vistas en el momento de la transici&oacute;n de la &eacute;poca colonial a la poscolonial, escribe Chevalier con firmeza "que estaban constituidas no por individuos o 'ciudadanos' pero esencialmente por actores colectivos. Se trataba de estamentos y de cuerpos socioprofesionales &#91;...&#93; muy jerarquizados".<sup><a href="#n">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es precisamente este enfoque preponderante quien ha sido progresivamente discutido en el marco de lo que se ha calificado como "la crisis de la historia", si retomamos el t&iacute;tulo de G. Noiriel. M&aacute;s que crisis se trataba del cuestionamiento de un modelo historiogr&aacute;fico hasta entonces dominante y hasta exclusivo. Ese "giro"<sup><a href="#n">2</a></sup> <i>(tournantt)</i> historiogr&aacute;fico entretej&iacute;a por lo menos tres innovaciones: la toma en cuenta de diversos niveles de an&aacute;lisis, en particular el micro, cuando &uacute;nicamente los acercamientos macrosociales eran hasta entonces considerados como pertinentes; la introducci&oacute;n de nuevas variables dentro del an&aacute;lisis de la estructuraci&oacute;n de lo social, permitiendo reconstituir los grupos sociales; la preocupaci&oacute;n de pasar de una simple reconstrucci&oacute;n de las estructuras sociales a la toma en cuenta de las din&aacute;micas que las mueven.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho de otra forma: era necesario pasar de las "corporaciones", por presentes y &uacute;tiles que sean dentro del tejido hist&oacute;rico, a los lazos que ligan los individuos a estas instituciones, o bien entre ellos mismos. No cabe duda que las sociedades hispanoamericanas han tejido, de forma m&aacute;s duradera y con m&aacute;s firmeza que otras, lazos m&uacute;ltiples que se han tratado de poner en evidencia de varias maneras, por medio de las redes &#151;aqu&iacute; la Am&eacute;rica hispana ofrece perspectivas de an&aacute;lisis particularmente ricas&#151;. Y esto desde las primeras huellas documentales mismas: la justicia fue la fuente de legitimaci&oacute;n mayor de la Monarqu&iacute;a &#151;y sus yacimientos archiv&iacute;sticos son de una extremada elocuencia&#151;; los archivos de la Inquisici&oacute;n, o los de Bienes de Difuntos permiten un acercamiento sin igual al individuo; y nada diremos de huellas m&aacute;s cl&aacute;sicas como los pleitos judiciales, las correspondencias privadas o comerciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque le cueste a veces al historiador comentar algunos de sus instrumentos m&aacute;s t&eacute;cnicos, se debe aqu&iacute; recalcar que la utilizaci&oacute;n de la inform&aacute;tica, de las bases de datos desde los a&ntilde;os 1990&#45;2000, son aportes esenciales. Las sociedades del Imperio espa&ntilde;ol (la Monarqu&iacute;a cat&oacute;lica), despu&eacute;s las de los siglos XIX&#45;XX, est&aacute;n cabalgando sobre varios continentes o, por lo menos, lo que es hoy una veintena de Estados latinoamericanos. El movimiento browniano de las migraciones, las situaciones familiares transoce&aacute;nicas, las transferencias pol&iacute;ticas, ideol&oacute;gicas, requieren perspectivas documentales dilatadas en ese amplio marco geogr&aacute;fico. Es lo que la globalizaci&oacute;n de lo virtual&#151;puede tener lados positivos&#151; pone por fin al alcance del historiador americanista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay otra realidad material que ha favorecido desde hace algunas d&eacute;cadas una renovaci&oacute;n de la historiograf&iacute;a latinoamericana: la apertura o, por lo menos, la puesta a disposici&oacute;n efectiva de los historiadores de fondos de archivos hasta entonces poco o nada accesibles, los de la Iglesia en particular. De tal modo que las investigaciones sobre los cabildos catedralicios se han llevado a cabo o se est&aacute;n desarrollando (el de Valladolid de Michoac&aacute;n, actual Morelia, el de la ciudad de M&eacute;xico). La simple transferencia de los archivos judiciales de la alcald&iacute;a mayor de Villa Alta, desde la sierra zapoteca hasta la ciudad de Oaxaca ha favorecido la publicaci&oacute;n, estos diez &uacute;ltimos a&ntilde;os, de por lo menos cinco libros, en M&eacute;xico, en los Estados Unidos, en Francia, donde sociedad pol&iacute;tica, antropolog&iacute;a religiosa y <i>microhistoria</i> a la italiana hacen un feliz maridaje. Resultar&iacute;a dif&iacute;cil encontrar algo equivalente en las latitudes europeas ya muy trilladas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto es una visi&oacute;n m&aacute;s flexible, m&aacute;s fluida, m&aacute;s compleja, que nos ofrecen estas perspectivas renovadas; y esto por ser enfoques m&aacute;s individualizados y a veces m&aacute;s desligados de los espacios, de las identidades y de las adscripciones sociales, hasta entonces apoyadas fundamentalmente sobre la dimensi&oacute;n socioecon&oacute;mica y socioprofesional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es acerca de esas nuevas perspectivas de lo social que se quiere testimoniar en este dossier concebido y publicado conjuntamente por las revistas <i>Caravelle</i> y <i>Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad.</i> La renovaci&oacute;n historiogr&aacute;fica ha sido tan profunda y tan amplia que con un dossier en un solo n&uacute;mero de revista no hubiese sido suficiente. Por lo tanto, y para ampliar el campo del an&aacute;lisis propuesto nos pareci&oacute; pertinente asociar, en la elaboraci&oacute;n de este proyecto ambicioso, estas dos revistas americanistas, una francesa, la otra mexicana. Las secciones que se publican simult&aacute;neamente nos permiten ofrecer una visi&oacute;n, lo m&aacute;s extensa posible, de ese giro historiogr&aacute;fico que ha transformado la historia social americanista, sin que podamos tener aqu&iacute; alguna forma de exhaustividad, a la cual, por lo dem&aacute;s, no se pretende.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dossier conjunto, al asociar dos secciones que publican las dos revistas y que son complementarias, propone m&aacute;s bien un panel representativo de los campos de investigaci&oacute;n desbrozados estos &uacute;ltimos a&ntilde;os por parte de los historiadores americanistas interesados por la cuesti&oacute;n social en toda su amplitud y su diversidad. Dentro de esa perspectiva <i>Caravelle</i> &#151;en su n&uacute;mero 101&#151; escogi&oacute; dar a conocer trabajos que ilustran las renovaciones dentro de la historia de las sociabilidades. Por su lado, <i>Relaciones</i> (n&uacute;mero 139) se centr&oacute; sobre textos que ilustran las transferencias desde la antropolog&iacute;a o la sociolog&iacute;a hacia la historia en t&eacute;rminos de relatos de vida, explorando desplazamientos de centros de gravedad hacia perspectivas m&aacute;s abiertas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dossier que propone <i>Caravelle</i> sobre las sociabilidades vuelve a explorar una tem&aacute;tica que tuvo su reconocimiento a partir de los a&ntilde;os sesenta. Su despunte reflejaba entonces una evoluci&oacute;n importante dentro de las problem&aacute;ticas desarrolladas en aquel tiempo por la historia social preponderante. Por lo dem&aacute;s, durante mucho tiempo el t&eacute;rmino mismo de "sociabilidad" no fue utilizado, los historiadores tuvieron una preferencia por el de "relaciones sociales". Dicha categor&iacute;a de an&aacute;lisis era m&aacute;s utilizada por los soci&oacute;logos, quienes desde Georg Simmel hasta Norbert Elias, y de paso Georges Gurvitch, la manejaban con el fin com&uacute;n de entender, ya desde Durkheim y Weber, las modalidades de construcci&oacute;n y de estructuraci&oacute;n de los lazos sociales. Trat&aacute;ndose de los historiadores, la convergencia que constitu&iacute;an las supremac&iacute;as de la escuela de los <i>Annales</i> y de la teor&iacute;a marxista foment&oacute; de hecho la dominaci&oacute;n de un enfoque amplio de las relaciones entre individuos, esencialmente a trav&eacute;s del marco que constituyen los "grupos sociales", estos &uacute;ltimos fueron sobre todo definidos con base en criterios socioecon&oacute;micos. Con este contexto historiogr&aacute;fico, el an&aacute;lisis de las relaciones sociales desarrollado durante d&eacute;cadas remit&iacute;a con toda claridad a un acercamiento estructural de lo social.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por medio de la historia social de lo pol&iacute;tico y de sus representaciones que la categor&iacute;a "sociabilidad" entra en el campo hist&oacute;rico franc&eacute;s, por lo menos. En este descubrimiento por parte de la corporaci&oacute;n de Cl&iacute;o, dos historiadores tuvieron un papel importante: M. Agulhon y Y. Castan.<sup><a href="#n">3</a></sup> Sin haber probablemente le&iacute;do entonces a Norbert Elias &#151;la traducci&oacute;n de sus dos principales obras en franc&eacute;s es contempor&aacute;nea o posterior&#151;<sup><a href="#n">4</a></sup> sus reflexiones, su uso amplio de la sociabilidad, van por el mismo camino que las del soci&oacute;logo alem&aacute;n. Para Elias, los lazos sociales funcionan en primer lugar como relaciones de poder, y de este concepto emerge la importante interdependencia de los actores sociales y la concepci&oacute;n "de configuraci&oacute;n" del juego social que se demuestra con la met&aacute;fora de los jugadores de naipes.<sup><a href="#n">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese nuevo concepto de los lazos sociales es el que queda asociado a la categor&iacute;a de sociabilidad. &Eacute;sta abre la posibilidad de concebir a los grupos sociales como actores colectivos constituidos por individuos relacionados entre ellos; permite sobre todo aprehender las "cadenas de interdependencia" que dan origen a nuevas configuraciones sociales, diferentes de los grupos sociales tradicionales, y para las cuales las "redes de sociabilidad" son la expresi&oacute;n m&aacute;s frecuentemente usada como categor&iacute;a de an&aacute;lisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dossier de <i>Caravelle</i> sobre sociabilidades propone tratar tres dimensiones. La primera las estudia a trav&eacute;s del prisma del contexto familiar. A partir de un proceder que viene de la antropolog&iacute;a hist&oacute;rica, Juan Pablo Ferreiro y Federico Fern&aacute;ndez exploran, para la primera mitad del siglo XIX, los principales dispositivos de construcci&oacute;n del parentesco, lo mismo real que simb&oacute;lico, en el Valle Grande de la provincia de Jujuy. En esta regi&oacute;n marginal de los Andes argentinos, conocida desde tiempo atr&aacute;s por su alto grado de alianzas endog&aacute;micas, los autores ponen en evidencia otra forma de construcci&oacute;n relacional: la interacci&oacute;n entre estrategias matrimoniales y de compadrazgo entre individuos o grupos familiares identificados por sus apellidos y asidos dentro de relaciones secuenciales. El procedimiento de los autores pone en evidencia modalidades de relaci&oacute;n y la creaci&oacute;n de lazos de sociabilidad, que sin &eacute;l quedar&iacute;an poco visibles por estar ausentes de todas las fuentes disponibles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Laura Machuca se refiere al devenir de una de las familias m&aacute;s pudientes de la pen&iacute;nsula yucateca al final del siglo XVIII. Este amplio clan familiar ofrece un excelente ejemplo de la importancia decisiva, para estas familias, de la creaci&oacute;n y de la movilizaci&oacute;n de un capital relacional, sobre todo en el momento cuando es acusado de ser el instigador moral del asesinato del gobernador. L. Machuca reconstituye de esa forma el conjunto de los lazos sociales &#151;en primer lugar profesionales y, sobre todo, comerciales, ya que el fundador de la dinast&iacute;a fue un comerciante exitoso&#151;, pero sobre todo matrimoniales; de estos &uacute;ltimos se recalca su papel en el proceso de ascensi&oacute;n social del grupo. Es cierto que con 15 v&aacute;stagos que se deben de situar en el mercado matrimonial, entre ellos 7 mujeres, las posibilidades eran numerosas. Dentro de la puesta en obra de verdaderas estrategias paternales con el fin de reforzar la situaci&oacute;n adquirida se observa la b&uacute;squeda de alianzas relativamente diversificadas hacia componentes sociales variados. Se puede pensar que esta apertura de esp&iacute;ritu paterno &#151;sin ser excepcional, como lo demuestran otros estudios sobre estrategias matrimoniales de miembros de la elite en este fin del siglo XVIII&#151; fue concluyente. Al final del siglo, dos hermanos son a la vez miembros del cabildo de M&eacute;rida, lo que es un signo manifiesto de la integraci&oacute;n del clan familiar dentro de la elite local.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Eduardo Madrigal est&aacute; en continuidad de dos maneras: refiri&eacute;ndose al espacio urbano de Cartago en Costa Rica, trata tambi&eacute;n de las estrategias relacionales de la elite urbana, pero para el periodo posterior que se refiere a la crisis pol&iacute;tica de las independencias. Dentro del inter&eacute;s renovado hacia lo pol&iacute;tico, E. Madrigal construye su reflexi&oacute;n sobre planteamientos relativos al papel y al funcionamiento social de las elites urbanas en un contexto que desemboca sobre la ruptura del orden colonial. &iquest;Cu&aacute;l fue la actitud de esas elites frente al colapso de un sistema del cual hab&iacute;an sido las beneficiarias durante m&aacute;s de 300 a&ntilde;os? M&aacute;s all&aacute; de la cuesti&oacute;n, esencial, de la renovaci&oacute;n social interna del grupo en relaci&oacute;n con esa crisis pol&iacute;tica, es tambi&eacute;n una pregunta sobre la movilizaci&oacute;n del capital material y relacional de esas familias, puesta al servicio de su capacidad para franquear el obst&aacute;culo que queda aqu&iacute; planteado. Lo que tambi&eacute;n demuestra E. Madrigal es como esas estrategias relacionales, ligadas a los intereses econ&oacute;micos, contribuyen a asentar las bases de la sociedad costarricense actual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reflexi&oacute;n de E. Madrigal en relaci&oacute;n con las estrategias familiares en un contexto ligado al orden pol&iacute;tico sirve tambi&eacute;n de transici&oacute;n a la segunda parte del dossier, dedicada precisamente al estudio del poder, tomado en cuenta desde el prisma de las sociabilidades. La contribuci&oacute;n de Z. Moutoukias propone una aportaci&oacute;n en una doble medida, a la vez te&oacute;rica y como estudio de caso, trat&aacute;ndose de un acercamiento relacional a las instituciones. Apoy&aacute;ndose sobre algunos trabajos que han utilizado este tipo de an&aacute;lisis, plantea dos preguntas esenciales a nuestra comprensi&oacute;n del proceso de la crisis pol&iacute;tica del imperio espa&ntilde;ol de finales del siglo XVIII, a saber: &iquest;sobre qu&eacute; descansan los imperios?, &iquest;qu&eacute; din&aacute;micas, sobre todo relacionales, contribuyen a la transformaci&oacute;n de los ordenamientos pol&iacute;ticos e institucionales dentro de esos marcos imperiales? Tomando su terru&ntilde;o platense como punto de partida, Moutoukias pone en evidencia la importancia, para los mercaderes porte&ntilde;os, de la circulaci&oacute;n atl&aacute;ntica de los servicios y de los favores. Esto se enmarca dentro de tramas relacionales particularmente complejas: sin verdadera sorpresa estos intercambios se juntan con el parentesco, la amistad y las relaciones de negocio. La crisis del virreinato del R&iacute;o de la Plata, abierta con las tentativas de ocupaci&oacute;n militar de Buenos Aires por los ingleses en 1806 y 1807, pone en evidencia, con una intensidad particular, el papel pol&iacute;tico de esas configuraciones mercantiles egocentradas. Los ejemplos estudiados atestiguan los encajonamientos de esta circulaci&oacute;n de los favores: el an&aacute;lisis de las redes personales de actores que act&uacute;an en varios niveles, locales lo mismo que imperiales, permite a Moutoukias entender la reproducci&oacute;n y la articulaci&oacute;n del orden institucional con el mosaico de los compromisos personales que atraviesan dicho orden.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para un periodo m&aacute;s retirado, y haciendo una apuesta contraria a la de la proximidad relacional, D. Barriera reflexiona sobre la cuesti&oacute;n de la distancia social aplicada a los jueces de las audiencias americanas. Se propone estudiar, en t&eacute;rminos de tensiones funcionales sobre la distancia social en las formas de funcionamiento de la administraci&oacute;n judicial en Am&eacute;rica. Su prop&oacute;sito consiste en localizar el lugar que se da a esa distancia dentro de la pr&aacute;ctica del gobierno de esas provincias alejadas del centro imperial, y para el periodo de los Habsburgo. En esa &eacute;poca, la b&uacute;squeda de "una buena justicia" exige una verdadera construcci&oacute;n de la distancia entre jueces y litigantes. Y est&aacute; ligada a la edificaci&oacute;n de una legislaci&oacute;n que la materialice prohibiendo toda proximidad relacional entre los unos y los otros. Dentro del dominio judicial hace prevalecer el valor del secreto como garant&iacute;a de la distancia necesaria. Por fin, dentro del campo cultural, s&iacute;mbolos, lenguajes y c&oacute;digos contribuyen tambi&eacute;n a construir tal distancia como la garant&iacute;a de la imparcialidad judicial. D. Barriera saca de su an&aacute;lisis una conclusi&oacute;n importante relacionada con la concepci&oacute;n misma de la justicia para los siglos XVI y XVII y su ejercicio que va sin duda m&aacute;s all&aacute; del &uacute;nico caso americano: la distancia f&iacute;sica entre el juez y el litigante es inversamente proporcional a la elaboraci&oacute;n de la distancia social que los separa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el art&iacute;culo de E. Sanchez, dejamos el universo pol&iacute;tico colonial para tratar el de la Revoluci&oacute;n mexicana. A partir del estudio de las relaciones heredadas y tejidas por un l&iacute;der agrario procedente de una comunidad mestiza del Mexico central, se cuestiona la irrupci&oacute;n de la modernidad de los lazos dentro del contexto de la reafirmaci&oacute;n de los pueblos y su reconocimiento jur&iacute;dico como ser colectivo durante y despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n mexicana. La reconstrucci&oacute;n del recorrido de Marcelo Portillo le permite interrogarse sobre el papel de la red de clientes <i>(oblig&eacute;s)</i> que construy&oacute; dentro del marco de sus funciones locales de responsable de la distribuci&oacute;n de las tierras de varias haciendas. Por ese medio emprendi&oacute; una carrera dentro de un partido pol&iacute;tico que lo llev&oacute;, en los a&ntilde;os 1920, a ser diputado federal. Denunciado por numerosos abusos, entre ellos tres cr&iacute;menes, logr&oacute; de forma sistem&aacute;tica escapar de la justicia gracias a la movilizaci&oacute;n de sus apoyos pol&iacute;ticos dentro de la direcci&oacute;n de su partido en la ciudad de M&eacute;xico. Las solidaridades paralelas creadas entre los miembros del partido desplazan as&iacute; aquellas que las estructuras tradicionales &oacute;la asamblea de comunidad en particular&oacute;manten&iacute;an con dificultad. A la vista de este enfoque relacional del ejercicio del poder procedente de la Revoluci&oacute;n se plantea la cuesti&oacute;n de la modernidad de esta misma: muy lejos de erradicar el poder caciquil tradicional, parece que los partidos pol&iacute;ticos procedentes de la Revoluci&oacute;n se acomodan con &eacute;l y hasta lo reintroducen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;ltima parte del expediente trata, por fin, de la cuesti&oacute;n de las sociabilidades bajo el &aacute;ngulo de los lazos &eacute;tnicos. Las dos contribuciones de E. Caula y B. Hausberger lo estudian para un mismo componente "&eacute;tnico" de la elite colonial, el universo vasco. Estos textos subrayan a la vez la importancia del discurso de identidad en relaci&oacute;n con pr&aacute;cticas relacionales destinadas a la vez a construir y a mantener esa dimensi&oacute;n de identidad. E. Caula se interesa, en particular, por la casa comercial de Mart&iacute;n de Alzaga, aquel mismo que estudi&oacute; Moutoukias en cuanto a la movilizaci&oacute;n de sus redes en el marco de la crisis pol&iacute;tica posterior a 1806. E. Caula analiza los mecanismos relacionales movilizados al servicio de una actividad comercial que le permite articular esta casa de comercio del R&iacute;o de la Plata con los circuitos mercantiles integrados dentro de la econom&iacute;a colonial y atl&aacute;ntica. Por su lado B. Hausberger enfrenta una crisis local que en el principio del siglo XVII vio confrontarse en Potos&iacute; a los mineros de origen vasco con los dem&aacute;s, sean criollos o espa&ntilde;oles no vascos. Ese conflicto, conocido en la historiograf&iacute;a andina bajo el nombre de guerra de "vascongados y vicu&ntilde;as", le sirve de pretexto para explorar los mecanismos de poder usados por esos pobladores que compart&iacute;an los mismos or&iacute;genes vascos. Con esa finalidad asocia la dimensi&oacute;n &eacute;tnica, en su sentido weberiano, con la dimensi&oacute;n relacional a trav&eacute;s del papel de la cofrad&iacute;a dedicada al culto de N. S. de Ar&aacute;nzazu. Los dos casos estudiados subrayan la importancia en esas configuraciones relacionales del rol del "paisanaje" asociado a un discurso que asimila la "naci&oacute;n" vasca con un linaje. Tanto el uno como el otro permiten a los miembros del grupo encontrarse en posiciones de dominaci&oacute;n dentro de los sectores econ&oacute;micos m&aacute;s din&aacute;micos de las regiones donde se encuentran: la mina en Potos&iacute; para los siglos XVI y XVII, el comercio en Buenos Aires para el siglo XVIII. En ambas circunstancias y en contextos y &eacute;pocas totalmente diferentes, la fuerza de los lazos construidos sobre bases &eacute;tnicas garantiza una presencia mayor a lo que su peso num&eacute;rico les pod&iacute;a ofrecer. En este sentido, pr&aacute;cticas econ&oacute;micas, discurso de identidad y sociabilidades &eacute;tnicas se entretejen al servicio de recorridos individuales y apoyados con solidez sobre alianzas matrimoniales y solidaridades de paisanaje. El conjunto hace posible la construcci&oacute;n de fuertes y duraderas configuraciones relacionales que tienen como baza su adaptabilidad a coyunturas pol&iacute;ticas movedizas y a menudo conflictivas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Relaciones</i> se acuerda de su fundador, Luis Gonz&aacute;lez, quien fue tambi&eacute;n uno de los inventores del t&eacute;rmino "microhistoria" y, por lo tanto, se volc&oacute; m&aacute;s en esa direcci&oacute;n. Es cierto que desde 1968, fecha de <i>Pueblo en vilo,</i> mucha agua pas&oacute; por debajo de los puentes, en particular con la <i>microhistoria</i> italiana. Sin olvidar la renovaci&oacute;n de la historia (y sociolog&iacute;a) pol&iacute;tica &#151;aqu&iacute; Francois&#45;Xavier Guerra ocupa un lugar privilegiado&#151;, y una derivaci&oacute;n de la demograf&iacute;a hist&oacute;rica; el conjunto lleg&oacute; a favorecer las historias&#151;&iquest;y por qu&eacute; no los relatos?&#151;y dem&aacute;s prosopograf&iacute;as, biograf&iacute;as y recorridos existenciales <i>(parcours de vie).</i><sup><a href="#n">6</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este proceder encuentra en su camino, por supuesto, las l&iacute;neas de tensi&oacute;n tradicionales dentro de la sociedad &#151;&iquest;qui&eacute;n lo dudar&iacute;a?&#151;, que ya expuso la historiograf&iacute;a estructuralista, para este espacio hispanoamericano, pero vividas de forma m&aacute;s directa. Es el caso, por ejemplo, de la sempiterna alianza del sable (el Estado) y del hisopo, como se dice en Francia. Lo aclara el art&iacute;culo de Juvenal Jaramillo dedicado al can&oacute;nigo Luis Zerpa, quien fue tambi&eacute;n oficial de finanzas del Rey, a finales del siglo XVIII. Hay que tomar en cuenta, de una forma general, la omnipresencia de la Iglesia y con ella de la religi&oacute;n. Zerpa, por supuesto, pero tambi&eacute;n las religiosas que viven enclaustradas, que logran escaparse en pensamiento y tambi&eacute;n a trav&eacute;s de sus autobiograf&iacute;as: "quiera Dios que yo pueda escribir todo lo que me falta" escribe una de ellas en el siglo XVII. Remitimos al art&iacute;culo de Doris Bie&ntilde;ko de Peralta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, los tejidos se desgarran por todos los lados, y si la Iglesia sigue siendo (a&uacute;n) el camino real, hacia 1800, para lograr una carrera exitosa, garantiza cada vez menos una existencia tranquila y pensamientos ortodoxos.<sup><a href="#n">7</a></sup> As&iacute; nos lo cuenta la vida del joven eclesi&aacute;stico criollo Juan Antonio Montenegro y del cirujano franc&eacute;s Jean Durrey estudiadas por Gabriel Torres Puga. La Inquisici&oacute;n sigue presente, como la estatua del Comendador, y tiene el suficiente alcance para poner la mano sobre Juan Antonio "hereje formal, indiferentista, tolerante, imbuido en las pestilencias m&aacute;ximas de la furiosa Convenci&oacute;n francesa". Estamos en 1794, tenemos que paladear cada palabra, darle su sentido y su peso entonces: ameritan un trabajo con navaja fina, puntiaguda. Es el que permite el proceder actual, que busca los sentidos (hasta en lo fisiol&oacute;gico) dentro de los t&eacute;rminos, detr&aacute;s de ellos, y hasta en los silencios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay destinos a&uacute;n m&aacute;s modestos, pero encerrados tambi&eacute;n dentro de la ideolog&iacute;a y los comportamientos dominantes, como es el caso de la Madre Chepa, del puerto de Veracruz, hacia 1720. Supo construirse un espacio visible dentro de su sociedad, multiplicando los signos externos de notoriedad y una actividad intensa como comadrona, curandera, casamentera (ya la <i>Celestina</i> en el XVI...). &Eacute;stos son destinos comunes de los cuales tenemos que medir la ejemplaridad en el marco de esta sociedad de Antiguo R&eacute;gimen, flexible m&aacute;s all&aacute; de los esquemas preestablecidos. Y esto inclusive en el siglo XVIII, cuando, probablemente &#151;es una hip&oacute;tesis&#151; se instale cierta rigidez o, por lo menos, su apariencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como siempre, voluntad de enmarcar o no, quedan intersticios por donde logran pasar personalidades m&aacute;s avispadas que otras, y es lo que nos comparte Raffaele Moro, relatando los destinos m&uacute;ltiples de Jos&eacute; Agust&iacute;n Saucedo, entre etnias &#151;&iquest;indios, espa&ntilde;ol o mulato?&#151;y espacios (de M&eacute;xico a las fronteras del Norte), siempre un poco mentiroso y p&iacute;caro, "y sin embargo el mejor hijo del mundo", como escrib&iacute;a Cl&eacute;ment Marot.<sup><a href="#n">8</a></sup> Otra vez, fluidez y flexibilidad nos saltan a la mente. Ya Cervantes escrib&iacute;a que las Indias eran a la vez "com&uacute;n refugio de los pobres generosos" y "enga&ntilde;o com&uacute;n de muchos y remedio particular de pocos". Aqu&iacute; se nos dice lo mismo, pero con el apoyo de otra literatura, la que procede de las p&aacute;ginas ennegrecidas de los archivos, por donde corre a la par tinta y sangre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conjunto del dossier presentado por <i>Relaciones</i> se localiza en Nueva Espa&ntilde;a ya que ah&iacute; est&aacute; su <i>matria</i> como dir&iacute;a Luis Gonz&aacute;lez y se extiende esencialmente sobre el siglo XVIII. Son circunstancias que debemos tener presentes, y que llaman a trabajos comparatistas. Ya lo hemos escrito: no pretendemos en ninguna manera alumbrar todo el edificio colonial. Simplemente estas incursiones en el coraz&oacute;n de una sociedad la desvelan sobre ciertas de sus vertientes, las m&aacute;s libres, las menos esperadas. M&aacute;s adelante se tendr&aacute;n que enlazar con la otra perspectiva, de la otra secci&oacute;n: &iquest;est&aacute;n estos electrones libres verdaderamente fuera de toda red? No por supuesto en el caso de las religiosas, cuyos lazos familiares atraviesan la clausura, no por supuesto en el del can&oacute;nigo Zerpa; hasta Jos&eacute; Agust&iacute;n Saucedo mismo. Deberemos de ligar, en un tiempo ulterior, sus hilos con los engranajes corporativos y asociativos, sean civiles, religiosos, o simplemente privados: as&iacute; el individuo lograr&aacute; su verdadera dimensi&oacute;n, en su lugar propio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="n"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Bien pensado este t&iacute;tulo es menos pesimista que el de Roger Chartier, <i>Au bordde la falaise. L'histoire entre certitudes et inqui&eacute;tude,</i> Par&iacute;s, Albin Michel, 1998 &#91;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6536780&pid=S0185-3929201400030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->En <i>el borde del acantilado. La historia entre certidumbres e inquietud&#93;</i>.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;<i>L'Am&eacute;rique latine de l'Ind&eacute;pendance a nos jours,</i> Par&iacute;s, PUF, 1993, 284.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6536782&pid=S0185-3929201400030000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Con el sentido que dio B. Lepetit a esta expresi&oacute;n. V&eacute;ase "Histoire et sciences sociales: un tournant critique?", <i>Annales ESC,</i> n&uacute;m. 6, 1989, 1317&#45;1323.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6536784&pid=S0185-3929201400030000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Maurice Agulhon, <i>La R&eacute;publique au village,</i> Par&iacute;s, Plon, 1970.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6536786&pid=S0185-3929201400030000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Yves Castan, <i>Honn&ecirc;tet&ecirc;et relations sociales en Languedoc, 1715&#45;1780,</i> Par&iacute;s, Plon, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6536787&pid=S0185-3929201400030000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;1973 y 1974.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Norbert Elias, <i>Qu'est&#45;ce que la sociologie?,</i> Par&iacute;s, Pandora, 1981, 157.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6536790&pid=S0185-3929201400030000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> La secci&oacute;n de <i>Relaciones</i> fue coordinada por Gabriel Torres Puga.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Aunque bajo ciertas constelaciones esto no sea nuevo; recordemos el caso del cura Meslier en la Francia del XVII: ateo y comunista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8 </sup>"Au demeurant le meilleur fils du monde".</font></p>      ]]></body><back>
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