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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Milagros Le&oacute;n Vegas, <i>Dos siglos de calamidades p&uacute;blicas en Antequera: Crisis epid&eacute;micas y desastres naturales (1599&#45;1804)</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Manuel Esparza*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Antequera, Ayuntamiento de Antequera, Fundaci&oacute;n Municipal de Cultura, 2007, 366 p.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro INAH Oaxaca, Correo e:</i> <a href="mailto:esparzacamargo@hotmail.com">esparzacamargo@hotmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la literatura de la sociolog&iacute;a de los desastres se suele afirmar que no hay desastres naturales, todos se deben a causas humanas. La falta de medidas preventivas es el principal se&ntilde;alamiento que se nos ocurre para explicar las causas de los efectos de una inundaci&oacute;n o un temblor. Uno se pregunta, sin embargo, qu&eacute; tanto se pudo prevenir dentro de las posibilidades de desarrollo tecnol&oacute;gico y de recursos econ&oacute;micos el tsunami de 2011 en Jap&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra afirmaci&oacute;n complementaria a la anterior y de gran relevancia sociol&oacute;gica es la que sostiene que despu&eacute;s de un evento mayor la estructura de la sociedad afectada queda patente: el funcionamiento de las instituciones; el grado de autonom&iacute;a entre ellas; las pol&iacute;ticas de salud p&uacute;blica; la distribuci&oacute;n de recursos para la salud, para la prevenci&oacute;n de epidemias; la falta de transparencia en el gasto de los ingresos, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quisiera en una primera parte abundar un poco en algunas maneras de analizar los efectos de los desastres y sus causas con el fin de dar contexto, en una segunda parte, al tipo de an&aacute;lisis que la Dra. Le&oacute;n utiliza en el libro que hoy se presenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya se lleva tiempo en las ciencias sociales de tratar de investigar los efectos de los desastres y las respuestas humanas a los mismos. Cualquiera que sea el fin de cada investigaci&oacute;n, es necesario casi siempre tener alg&uacute;n criterio que mida el grado del impacto en una unidad humana que se escoja para la investigaci&oacute;n, &eacute;sta puede ser un pueblo aislado, una comarca y hasta una naci&oacute;n.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute;, en el medio de M&eacute;xico, y siguiendo la influencia francesa de la escuela econ&oacute;mica, se hizo &eacute;nfasis en la asociaci&oacute;n de las calamidades como el hambre, desnutrici&oacute;n, epidemias, causados por las crisis agr&iacute;colas de las regiones estudiadas. Si bien, la cr&iacute;tica a esta escuela por el determinismo geogr&aacute;fico que implicaba la hizo decaer en importancia, ha vuelto a tomar vuelo en un "redescubrimiento del ciclo agr&iacute;cola" en los estudios hist&oacute;ricos del &uacute;ltimo tercio del siglo pasado que ven en los siglos XVI al XVIII c&oacute;mo el ciclo econ&oacute;mico principal era el ciclo agr&iacute;cola. As&iacute;, las grandes crisis de subsistencia se ve&iacute;an precedidas de perturbaciones meteorol&oacute;gicas, hoy dir&iacute;amos generalizando "clim&aacute;ticas". Esas crisis se sucedieron en Europa y Mesoam&eacute;rica cada 10 a&ntilde;os en promedio durante el siglo XVIII y hasta el principio del XIX. Al sobrevenir el desastre que afectaba las cosechas ven&iacute;an otros efectos muchas veces relacionados entre s&iacute;: hambres, carest&iacute;a, epidemias, disminuci&oacute;n de matrimonios y nacimientos, emigraciones masivas, desempleo, conflictos pol&iacute;ticos, etc&eacute;tera. Un instrumento para medir esas crisis eran las fluctuaciones en los precios de los cereales, trigo en Europa, el ma&iacute;z en la Nueva Espa&ntilde;a.<sup><a href="#notas">2</a></sup> El v&iacute;nculo entre crisis agr&iacute;cola y epidemia, lo encuentra confirmado Florescano en 10 grandes pestes que asolaron la ciudad de M&eacute;xico en el XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estudios m&aacute;s recientes cuestionan esa causalidad entre crisis agr&iacute;cola y epidemias, pues documentan casos en que la desnutrici&oacute;n se dio sin que precediera una crisis en la agricultura.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Se opta m&aacute;s bien por un modelo en que intervienen varios factores. El caso del matlazahuatl (fiebre amarilla) en M&eacute;xico en la primera mitad del siglo XVIII se debi&oacute; a una crisis mixta, en la que convergieron "varios a&ntilde;os de escasez, carest&iacute;a, hambre, enfermedades y muertes".<sup><a href="#notas">4</a></sup> En el caso de Espa&ntilde;a, P&eacute;rez Moreda halla que "lo frecuente no ser&aacute; el hallazgo de una crisis de mortalidad puramente epid&eacute;mica o de subsistencia, sino la presencia de la crisis mixta, en que combinan los dos tipos de factores b&aacute;sicos".<sup><a href="#notas">5</a></sup> Este autor propone, m&aacute;s que la relaci&oacute;n causal entre crisis agr&iacute;cola y epidemia, estudiar el mecanismo por el que se da el proceso de crisis de subsistencia&#45;epidemia&#45;crisis de subsistencia. En este modelo, las epidemias disminuyen a la poblaci&oacute;n afectando el n&uacute;mero de mano de obra en el campo y aumentando as&iacute; la posibilidad de una nueva hambruna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y ya puestos a hablar de procesos de los efectos que se desencadenan por los desastres y las fallas o aciertos de las respuestas humanas ante esos eventos, hay que tener en cuenta las aportaciones al tema de parte de los ge&oacute;grafos y dem&aacute;s profesionales neoevolucionistas. Despu&eacute;s de todo, las enfermedades y epidemias que sufren los humanos provinieron en su mayor&iacute;a de los animales dom&eacute;sticos. En el largo peregrinar de la evoluci&oacute;n humana lo que hizo posible la enfermedad fue precisamente la abundancia de plantas domesticadas y especies de animales. As&iacute;, la devastadora viruela, sarampi&oacute;n, paperas, la influenza, la tuberculosis, que vuelve por sus fueros &uacute;ltimamente por ejemplo en Per&uacute;, la malaria, el c&oacute;lera, la peste, son enfermedades infecciosas de enorme poder destructor que se desarrollaron primero de enfermedades en los animales y que ahora son en gran parte s&oacute;lo enfermedades de los hombres. Hay que recordar que para que sigan activos y se puedan propagar los microbios necesitan de una poblaci&oacute;n humana suficientemente numerosa y distribuida densamente, y para que eso fuera posible se necesit&oacute; que se inventara la agricultura y la domesticaci&oacute;n de animales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, la flora y la fauna tienen l&iacute;mites geogr&aacute;ficos que tienden en su desarrollo natural a estar confinados en ciertas latitudes. Jared Diamond ve como el continente americano y el africano est&aacute;n orientados en sus ejes en direcci&oacute;n norte&#45;sur, en cambio el eje mayor, el de Eurasia es oriente&#45;poniente. Es en este eje donde se da la agricultura y de donde se extiende la producci&oacute;n de comida a otras partes hasta alcanzar el lejano oriente y por el lado contrario hasta Europa. Es en ese eje donde se avanza primero en las t&eacute;cnicas agr&iacute;colas y t&eacute;cnicas de guerra. La raz&oacute;n de esa r&aacute;pida distribuci&oacute;n inicial de los cultivos se debi&oacute; a la posici&oacute;n de las localidades a lo largo del eje en la misma latitud, los cuales comparten la misma duraci&oacute;n del d&iacute;a y sus variaciones estacionales. Pero tambi&eacute;n, aunque en menor escala, tienden a compartir enfermedades semejantes, cambios de temperatura, de precipitaci&oacute;n pluvial y los tipos de vegetaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora toca ver de qu&eacute; trata el libro que se rese&ntilde;a, en qu&eacute; corriente historiogr&aacute;fica cabe. El mismo t&iacute;tulo indica ya que es un estudio hist&oacute;rico de una regi&oacute;n concreta de Andaluc&iacute;a, Antequera de la provincia de M&aacute;laga. El periodo que cubre es de dos siglos, el del XVII y XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando hay que dar cuenta de las respuestas de las poblaciones humanas a los efectos de los desastres, es cuando se introducen otras variables en los modelos te&oacute;ricos. As&iacute;, la falta de prevenci&oacute;n higi&eacute;nica, del acopio de semillas, de fondos extraordinarios de recursos para hacer frente a las eventualidades, pueden ser causas del agravamiento del desastre y de facilitadores de las condiciones para que aquel se repita. Este modelo multicausal, que se menciona en el texto que comentamos como "mixto", es el que integra los ejes de la investigaci&oacute;n de la Dra. Le&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se hacen dos apartados: uno que haga &eacute;nfasis en las causas que originaron los desastres, y otro que estudie las respuestas humanas a esos desastres, se ve que los apartados con los que se van analizando una media docena de crisis epid&eacute;micas tienen m&aacute;s informaci&oacute;n sobre las medidas que se tomaron para hacer frente a los efectos: lazaretos, higiene p&uacute;blica, cuarentenas, prohibir la entrada y salida de los l&iacute;mites amurallados de la ciudad, prohibici&oacute;n de entierros en las iglesias, quema de ropa, respuestas religiosas, procesiones, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n hist&oacute;rica que tuvo la autora es privilegiada: fuentes primarias tanto civiles como registros parroquiales, varios documentos, si no es que muchos, in&eacute;ditos: adem&aacute;s una amplia literatura especializada en desastres de la regi&oacute;n, en gran parte de investigadores espa&ntilde;oles. Y de regalo una pintura del XVII que ilustra lo que la autora documenta. &Eacute;se era su material para comenzar, pero ella con su talento debi&oacute; seleccionar lo relevante para armar la informaci&oacute;n de media docena de crisis epid&eacute;micas mayores bajo caracter&iacute;sticas que les fueran comunes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De todos modos, las fluctuaciones clim&aacute;ticas que afectaban la producci&oacute;n de trigo y propiciaban el hambre y la infecci&oacute;n viral est&aacute;n presentes en cada uno de los desastres que la autora analiza.</font></p>  	 		    <blockquote> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; En el caso de la peste atl&aacute;ntica (1596&#45;1603), ella se&ntilde;ala la fuerte sequ&iacute;a que la precedi&oacute;.</font></p> 		      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Para el problema epid&eacute;mico de 1637 se indica como origen de la carest&iacute;a de cereal una "climatolog&iacute;a adversa".</font></p> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; En 1649: las malas cosechas, sequ&iacute;a y grandes precipitaciones.</font></p> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Para 1679 (la "Peste de Cartagena"): la carest&iacute;a, gran precipitaci&oacute;n.</font></p> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Otros desastres de este periodo son debidos de nuevo a las sequ&iacute;as e inundaciones, a las plagas de gorriones y langostas que hallaban el r&eacute;gimen de estaciones propicio para la incubaci&oacute;n, fecundaci&oacute;n y diseminaci&oacute;n sobre todo en el mes de agosto.</font></p> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Para el periodo 1700&#45;1804 se mencionan: "depresiones agrarias c&iacute;clicas". Aqu&iacute; la autora se refiere a la crisis de 1709 en que se juntaron la guerra de sucesi&oacute;n, tabardillos y hambrunas adem&aacute;s de sequ&iacute;a y la plaga de langostas: "la explicaci&oacute;n a una coyuntura agr&iacute;cola tan adversa la encontramos en las acusadas oscilaciones clim&aacute;ticas del siglo, caracterizado por estaciones muy c&aacute;lidas y otras de intenso fr&iacute;o".<sup><a href="#notas">7</a></sup> Las p&eacute;simas cosechas se dieron en toda Europa y por eso se le llam&oacute; la primera "crisis universal" de la centuria.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una comparaci&oacute;n superficial entre las epidemias que Florescano asocia a las crisis agr&iacute;colas en el Valle de M&eacute;xico y las que se mencionan en el libro, no menos de seis coinciden en fechas con las sufridas en Antequera. Florescano halla semejanzas en las curvas de fluctuaciones de los precios del trigo en Europa, Francia y del ma&iacute;z en M&eacute;xico, sin embargo, acepta que en casos particulares como el de Espa&ntilde;a "cuyas crisis y movimientos c&iacute;clicos difieren sensiblemente de los del resto de Europa muestran que puede haber otras explicaciones".<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente algunas observaciones:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>a) </i>Se echa de menos una introducci&oacute;n geogr&aacute;fica que d&eacute; cuenta de la localizaci&oacute;n privilegiada de la vega de Antequera irrigada por dos r&iacute;os, uno el r&iacute;o Guadalhorce, que la hace en la actualidad tener el primer lugar en la producci&oacute;n de papas, al menos un mapa hubiera ayudado mucho sobre todo para entender la relaci&oacute;n con el puerto de M&aacute;laga a escasos 50 km y que tanto signific&oacute; esa relaci&oacute;n del litoral con el interior por la introducci&oacute;n de semillas contaminadas, por las medidas contra el desabasto de semillas, a veces violentas como cuando se rompieron las puertas del almac&eacute;n de semillas de los diezmos eclesi&aacute;sticos de la sede episcopal, precisamente en M&aacute;laga.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>b) </i>Sin embargo, al principio del texto se hace una descripci&oacute;n hist&oacute;rica de la situaci&oacute;n higi&eacute;nica de la ciudad que ayuda mucho a entender la propagaci&oacute;n de las epidemias. Por cierto se describen los "arroyones" o canales que corr&iacute;an a lo largo de las calles y donde se arrojaban las aguas negras. Estos canales, primero zanjas, se convert&iacute;an en lodazales o tolvaneras seg&uacute;n las estaciones. Se mandaron recubrir despu&eacute;s de piedra y se orden&oacute; que las casas tuvieran ca&ntilde;os que desembocaran en el ca&ntilde;o madre de la mitad de la calle, pues antes, al grito de "agua va", se vaciaban bacinicas y cubetas desde las ventanas y puertas. Aqu&iacute; en la Verde Antequera tambi&eacute;n se hicieron esos ca&ntilde;os s&oacute;lo que han pasado a la tradici&oacute;n inventada como receptores de aguas limpias pluviales...</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>c) </i>No se da ninguna explicaci&oacute;n, entre las medidas preventivas que se tomaron a fines del XVIII, por la falta de menci&oacute;n de la vacuna contra la viruela que ya estaba siendo usada en lugares distantes como aqu&iacute; en Oaxaca aun antes de 1800.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A todos los interesados en la historia de los desastres les ser&aacute; muy &uacute;til la informaci&oacute;n aqu&iacute; recogida para fines comparativos, y el an&aacute;lisis de esa informaci&oacute;n como modelo que pueda ayudar a la selecci&oacute;n de informaci&oacute;n documental en los archivos sobre alg&uacute;n estado de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> F. Bates y W. Peacock, <i>Living Conditions, Disasters, and Development,</i> The University of Georgia Press, 1993,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6535749&pid=S0185-3929201400020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 1. Estudio que propone una escala que mida cuantitativamente el precio de los da&ntilde;os causados por un evento a las posesiones de los afectados.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> E. Florescano, <i>Precios del ma&iacute;z y crisis agr&iacute;colas en M&eacute;xico (1708&#45;1810),</i> M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 1969,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6535751&pid=S0185-3929201400020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> <i>passim.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> D. Brading, <i>Haciendas y ranchos del Baj&iacute;o. Le&oacute;n 1700&#45;1860,</i> M&eacute;xico, Grijalvo, 1989;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6535753&pid=S0185-3929201400020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Cecilia Rabell, <i>La poblaci&oacute;n novohispana a la luz de los registros parroquiales: avances y perspectivas de investigaci&oacute;n,</i> M&eacute;xico, UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6535754&pid=S0185-3929201400020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Am&eacute;rica Molina del Villar, <i>La Nueva Espa&ntilde;a y el matlazahuatl 1736&#45;1739,</i> M&eacute;xico, Ciesas, El Colegio de Michoac&aacute;n, 2001, 179.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6535756&pid=S0185-3929201400020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> V. P&eacute;rez Moreda, <i>Las crisis de mortalidad en la Espa&ntilde;a interior, siglos XVI&#45;XIX,</i> Madrid, Siglo XXI, 1980, 82,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6535758&pid=S0185-3929201400020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> citado en Molina del Villar, <i>Ibid.,</i> n. 17.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> J. Diamond, <i>Guns, Germs, and Steel, The Fates of Human Societies,</i> W. W Norton &amp; Company, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6535760&pid=S0185-3929201400020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Florescano, <i>Precios del ma&iacute;z</i>... p. 275.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6535762&pid=S0185-3929201400020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> <i>Ibid.</i> p. 127.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Edward Jenner, ingl&eacute;s que descubri&oacute; la vacuna contra la viruela y se empez&oacute; a aplicar en Europa en 1796. Se debe a Carlos IV el lanzar la Expedici&oacute;n Filantr&oacute;pica de la vacuna para todo el Imperio (1803&#45;1814).</font></p>      ]]></body><back>
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