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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Presentaci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El relativismo en las ciencias sociales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Her&oacute;n P&eacute;rez Mart&iacute;nez</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dedicado al tema del relativismo en las ciencias sociales, el n&uacute;mero 120 de <i>Relaciones</i> aborda un problema muy importante en los &aacute;mbitos epistemol&oacute;gicos abarcados por la revista, los de las ciencias sociales y las humanidades: afronta, en efecto, cuestiones que hoy siguen teniendo la apariencia de unas arenas movedizas, sin asideros firmes en el mundo acad&eacute;mico, y que tienen que ver con muchas cosas, quiz&aacute;s demasiadas. Desde luego, tiene que ver con el concepto de cultura y todo a lo que a ese tan polis&eacute;mico vocablo remite. Cada cultura, asumida, por los antropoling&uuml;istas de principios del siglo XX como aut&aacute;rquica, hoy puede ser vista como un magno sistema semi&oacute;tico, una semiosfera como la llam&oacute; Lotman, que administra tanto el bagaje de sentido de que vive un grupo humano como la jerarquizaci&oacute;n de sus textos o procesos de comunicaci&oacute;n. En el interior de ese sistema organiza cada grupo humano los distintos aspectos de su vida mediante una red muy variada y jerarquizada de lenguajes, con sus respectivos textos, que a su vez funcionan en y por una extensa gama de din&aacute;micas semiosferas que act&uacute;an como circunscripciones hermen&eacute;uticas con sus respectivos horizontes de espera y sus prejuicios axiol&oacute;gicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no es s&oacute;lo el vasto, variado y polis&eacute;mico concepto de cultura lo que est&aacute; en el horizonte del relativismo epistemol&oacute;gico de que se ocupa este n&uacute;mero. En &eacute;l est&aacute; implicado eso que solemos llamar "ciencia", "m&eacute;todo cient&iacute;fico", "verdad", "objetivo", "realidad" y acepta a&uacute;n los ecos de discusiones tenidas en este pa&iacute;s hace m&aacute;s de un siglo sobre posturas como los positivismos, tantas veces desenmascarados y puestos en evidencia, y a pesar de ello tan prepotentes como siempre en algunos reductos. Es el &aacute;mbito puro del discurso, del empleo de la lengua desde la perspectiva del hablante bajo el supuesto de que pasar cualquier cosa a trav&eacute;s de los c&oacute;digos de la lengua es convertirla en hecho ling&uuml;&iacute;stico, en composici&oacute;n subjetiva, sin importar el tipo de discurso de que se trate. Hoy se sabe, en efecto, que por eso cualquiera que sea su &iacute;ndole, los discursos no reflejan la 'realidad', sino que s&oacute;lo construyen, mantienen y refuerzan interpretaciones de esa 'realidad', representaciones de la sociedad, de las pr&aacute;cticas sociales, de los actores sociales y de las relaciones que entre ellos se establecen.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto pone de manifiesto una verdad que Pero Grullo conoce desde hace mucho: que el lenguaje juega el poderoso papel de condicionante hist&oacute;rico de nuestra percepci&oacute;n y conocimiento de todo. Porque como dice el Ludwig Wittgenstein del <i>Tractatus,</i> la armon&iacute;a entre pensamiento y realidad est&aacute; fundada en la gram&aacute;tica del lenguaje. Y desde este condicionante abrimos el mundo s&oacute;lo de una &eacute;poca. Y es que, como se sabe, cada &eacute;poca y cada lugar tienen su c&oacute;digo de saber desde el cual opera su lenguaje la respectiva reconstrucci&oacute;n de su mundo. Es como una especie de archivo de que echan mano los hablantes de esa &eacute;poca y de ese lugar para relacionarse con los "objetos" que conforman su "realidad". S&oacute;lo que esos "objetos" y esa "realidad", de que hablan las ciencias, son "objetos" formados en el discurso, ese hablar que siempre defiende sus propios intereses. Abre la secci&oacute;n tem&aacute;tica Philippe Schaffhauser con el art&iacute;culo "Reflexiones acerca de una paradoja: el relativismo etnoc&eacute;ntrico del pragmatismo" para quien el problema de la relaci&oacute;n entre relativismo y etnocentrismo es tan recurrente en el pensamiento antropol&oacute;gico que se ha vuelto un callej&oacute;n sin salida dado que la discusi&oacute;n que ha generado se empantana por un normativismo desmedido que establece hasta c&oacute;mo estudiar y respetar la diversidad cultural. El art&iacute;culo aborda esa relaci&oacute;n desde una perspectiva pragmatista que si bien permite aclarar ciertos aspectos confusos en torno a dicho problema, introduce un sesgo epistemol&oacute;gico y normativo que el autor denomina "centrismo cr&iacute;tico pluralista". El art&iacute;culo entabla una discusi&oacute;n con autores tan diversos como John Dewey, Clifford Geertz, Richard Rorty, Marvin Harris, Claude L&eacute;vi&#45;Strauss, Hans Joas, Donald Davidson o Ludwig Wittgenstein. Propone, por tanto, explorar posibles escapatorias a la sempiterna alternativa de que o bien <i>todo es relativo</i> o bien <i>solo hay ciencia en lo universal.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo empieza su reflexi&oacute;n sobre el etnocentrismo, en el entendido como un problema estructural en el quehacer de las ciencias sociales en el que el autor advierte un claro gui&ntilde;o a la sociolog&iacute;a de Pierre Bourdieu cuyo prop&oacute;sito es resaltar los mecanismos ocultos de la dominaci&oacute;n que se esconden detr&aacute;s de las estructuras sociales. Para ello, explora el art&iacute;culo las relaciones (en ciernes) entre ciencias sociales (sociolog&iacute;a y antropolog&iacute;a principalmente) y la tradici&oacute;n pragmatista impulsada en Estados Unidos por autores tan diversos como, hasta cierto punto, convergentes. El autor pone a dialogar el pensamiento pragmatista con ciertas voces antropol&oacute;gicas concluyendo que de las relaciones que explora entre relativismo, etnocentrismo y pragmatismo, la paradoja del pragmatista est&aacute; en su orientaci&oacute;n filos&oacute;fica como un centrismo cr&iacute;tico pluralista. Su conclusi&oacute;n final es que el pluralismo pragmatista como perspectivismo no s&oacute;lo es eficiente para dar cuenta de la diversidad cultural sino sobre todo es moralmente aceptable. Por tanto el pragmatismo, tal cual lo utilizan autores como Dewey o Mead (Joas 1997), no pretende solucionar el problema del relativismo frente al universalismo y sus variantes "etnocentradas" y viceversa, sino s&oacute;lo aspira a cambiar nuestra mirada y nuestra manera de atender ese problema para primero mostrarnos el enredo en que estamos e indicarnos luego por donde habremos de encontrar una salida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo art&iacute;culo "Formas de hablar, estilos de razonar. Sobre algunas variedades de la raz&oacute;n arrogante", Rodrigo D&iacute;az Cruz parte de que, agobiadas por las certezas que las animan, existe al menos un punto de encuentro de las posiciones absolutista y relativista, a pesar de sus diferencias: ambas est&aacute;n agobiadas. Mientras el absolutismo las postula a escala global y v&aacute;lidas para todo tiempo y lugar, la otra las aplica a terrenos locales, formas de vida o culturas espec&iacute;ficas y delimitadas con precisi&oacute;n. Mientras una le exige al sujeto cognoscente su exilio no s&oacute;lo de cualquier cultura y de la historia, sino de todo lenguaje, para transformarse en "el ojo de Dios", las certezas de la otra aprisionan inevitablemente a los sujetos en sus formas de vida, lenguajes y culturas, pedazos de mundo del que no pueden escapar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor concluye que conviene reconocer que la producci&oacute;n del conocimiento, y sus implicaciones pr&aacute;ctico&#45;morales, es un proceso enf&aacute;ticamente abierto, fr&aacute;gil e incierto, con sus posiciones alternativas que hay que discutir, sopesar y evaluar, caso por caso, aunque ello suponga siempre aventurarse a realizar paseos accidentados, limitados, nunca concluidos. Ello implicar&iacute;a asumir que los desacuerdos forman tambi&eacute;n una parte central de nuestra vida. Para el autor, en la producci&oacute;n del conocimiento antropol&oacute;gico, se ha de ser cuidadoso en particular con el concepto de cultura, puesto que con &eacute;l se ha desplegado ya una imagen intolerante de los otros, ya salv&iacute;fica, en todo caso actos impregnados por la raz&oacute;n arrogante que "no deja de desear m&aacute;s de lo mismo y nada de lo otro", una "forma del esp&iacute;ritu sectario". Esta clase de raz&oacute;n encuentra su principal vocaci&oacute;n en establecer fronteras r&iacute;gidas, demarcadas claramente, entre un nosotros y unos otros. Es una raz&oacute;n que, seg&uacute;n sea el caso, y en una relaci&oacute;n inversamente proporcional, hace <i>opacos</i> a unos y vuelve <i>transparentes</i> a otros; tiene una inclinaci&oacute;n por hacer de las culturas totalidades; o, como en el caso de la homil&iacute;a y la enc&iacute;clica, obligar a todos, previa transformaci&oacute;n, a formar parte de una &uacute;nica totalidad donde no hay lugar para los disensos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer art&iacute;culo "'&iexcl;Eso no es teatro! ... Adem&aacute;s, as&iacute; no son los ind&iacute;genas' Notas acerca del relativismo en la interpretaci&oacute;n de las artes de la escena", Elizabeth Araiza Hern&aacute;ndez explora, a partir del teatro ind&iacute;gena, las razones por las cuales el relativismo no ha alcanzado un poder absoluto, pese a ser la ideolog&iacute;a dominante en la &eacute;poca moderna. Se revisan los argumentos que han servido para contrarrestar peso a la influencia del relativismo en las interpretaciones sobre el teatro y el arte. El art&iacute;culo, m&aacute;s que dar respuestas concluyentes, busca estimular la reflexi&oacute;n examinando tan s&oacute;lo algunos pasajes relevantes de la historia del teatro ind&iacute;gena contempor&aacute;neo, las categor&iacute;as que tanto acad&eacute;micos como gente del com&uacute;n han empleado para designarlo, los criterios con los cuales se le ha evaluado; se evocan experiencias significativas del teatro universal, haciendo ver c&oacute;mo la definici&oacute;n o la valoraci&oacute;n del teatro es intr&iacute;nseca a la concepci&oacute;n que se tiene del Otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Centrando su atenci&oacute;n en el teatro ind&iacute;gena en M&eacute;xico, la autora considera que el teatro ind&iacute;gena es un caso que puede ilustrar bien el debate entre universalismo y relativismo, sus certidumbres y sus contradicciones. En efecto, una vertiente de este teatro, en su etapa contempor&aacute;nea, fue impulsado, por programas gubernamentales de educaci&oacute;n y de cultura y m&aacute;s recientemente por ONG, inspirados por las ideas de progreso hist&oacute;rico tanto material, como intelectual, moral y est&eacute;tico; con la finalidad de integrar a los ind&iacute;genas a la naci&oacute;n. El art&iacute;culo termina concluyendo que los argumentos relativistas acerca tanto del car&aacute;cter irreductible de las creaciones art&iacute;sticas humanas, como de lo especial que son las artes de la escena de pueblos alejados, poseen un alto poder de personalizaci&oacute;n. Concluye, entonces, que el malentendido del universalismo se ha dado porque los argumentos en su favor muchas veces dan a entender que lo universal es un conocimiento ya alcanzado a partir de la puesta en perspectiva de todos los particulares, lo cual es imposible. No obstante, hay que tener en cuenta que lo universal es el horizonte de armon&iacute;a entre dos particulares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cierra la secci&oacute;n tem&aacute;tica el art&iacute;culo "El relativismo epistemol&oacute;gico visto a trav&eacute;s de la teor&iacute;a del cambio cient&iacute;fico de Thomas Kuhn", de Godfrey Guillaumin. El autor muestra en &eacute;l que el relativismo filos&oacute;fico radical ha estado asociado a la obra de Thomas Kuhn, espec&iacute;ficamente a <i>La estructura de las revoluciones cient&iacute;ficas.</i> No deja de ser parad&oacute;jica esta asociaci&oacute;n en la medida en que el propio Kuhn no se conceb&iacute;a a s&iacute; mismo como relativista radical. Este trabajo tiene una doble finalidad, por una parte, propone un an&aacute;lisis que muestra algunas razones por las cuales es incorrecto consignar el trabajo de Kuhn como relativista radical y, por otra parte, muestra que el propio Kuhn ofreci&oacute; t&aacute;citamente una salida en t&eacute;rminos de la idea de razonamiento cient&iacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conclusi&oacute;n relativista radical de que cualquier paradigma es tan bueno como cualquier otro, dif&iacute;cilmente dar&iacute;a cuenta de muchas de las controversias cient&iacute;ficas que se han suscitado a trav&eacute;s de la historia de la ciencia, en donde ha sido un hecho que cient&iacute;ficos de diferentes paradigmas han discutido unos con otros. Pues intentar explicar las controversias cient&iacute;ficas y sus resoluciones a trav&eacute;s de la teor&iacute;a de paradigmas inconmensurables no es una cuesti&oacute;n ni hist&oacute;ricamente viable ni epistemol&oacute;gicamente coherente, ya que en todas ellas encontramos que hay comunicaci&oacute;n, comparaci&oacute;n y discusi&oacute;n racional en t&eacute;rminos, por ejemplo, de la evaluaci&oacute;n de evidencia emp&iacute;rica o de los diferentes m&eacute;todos de prueba, a pesar de que cada bando tenga concepciones diferentes acerca de tales elementos. El art&iacute;culo muestra como Kuhn pas&oacute; el resto de su vida intentando desarrollar una imagen evolutiva de la ciencia principalmente para contrarrestar las acusaciones de relativismo radical. Tal como Kuhn lo vislumbraba tenuemente, el razonamiento cient&iacute;fico es el medio principal de interrelaci&oacute;n entre paradigmas diferentes. Agradecemos las colaboraciones de Philippe Schaffhauser y de Yanga Villa&#45;G&oacute;mez Vel&aacute;zquez en la conformaci&oacute;n de este n&uacute;mero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secci&oacute;n documental est&aacute; conformada por la <i>Descripci&oacute;n de Chalchihuites,</i> como se conoce familiar y abreviadamente a la <i>Descripci&oacute;n topogr&aacute;fica del Real de Minas del Se&ntilde;or San Pedro de los Chalchihuites</i> presentada por Tom&aacute;s Dimas Arenas. La <i>Descripci&oacute;n de Chalchihuites,</i> suscrita por Bartholom&eacute; S&aacute;enz de Ontiveros en 1777, es sin duda un hallazgo de primer orden para la historia del norte de M&eacute;xico. Aunque concisa, se trata de una descripci&oacute;n de primera mano elaborada por un vecino del lugar y no por un emisario de la Corona originario de otra regi&oacute;n o de la pen&iacute;nsula. Esta descripci&oacute;n viene a complementar la elaborada por el obispo Alonso de la Mota y Escobar, escrita tras su visita a esta regi&oacute;n a principios del siglo XVII. Comparando una con otra, podemos ver las transformaciones que sufri&oacute; Chalchihuites a lo largo de la &eacute;poca colonial. La descripci&oacute;n de S&aacute;enz de Ontiveros ha sido citada en numerosas ocasiones por los historiadores, pero no se encuentra editada en ninguna obra hist&oacute;rica <i>in extenso.</i> Hoy la ofrecemos aqu&iacute;, cuidadosamente paleograf&iacute;ada y actualizada la ortograf&iacute;a del texto. La acompa&ntilde;amos con un mapa del pueblo y tierras de ese real de minas, que data de 1782, cuyo original se encuentra en el Archivo Hist&oacute;rico del Estado de Zacatecas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inaugura la secci&oacute;n general el art&iacute;culo de Yanga Villag&oacute;mez Vel&aacute;zquez y Mar&iacute;a Rosa Nu&ntilde;o Guti&eacute;rrez "La educaci&oacute;n ind&iacute;gena en M&eacute;xico y Canad&aacute;. Estrategias de integraci&oacute;n social, etnocentrismo y derechos ind&iacute;genas" donde abordan el lugar que la educaci&oacute;n ocupa en la cultura dominante en sus diversos y variados aspectos. Para los autores, la educaci&oacute;n destinada a los pueblos aut&oacute;ctonos ha estado vinculada con un aspecto muy importante cual ha sido la constituci&oacute;n de los Estados naci&oacute;n, as&iacute; como con la idea de ciudadano que cada pa&iacute;s ha instrumentado para consolidar a una poblaci&oacute;n alrededor de un proyecto pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social compartido. Sin embargo, los or&iacute;genes &eacute;tnico&#45;culturales de quienes habitan actualmente en los territorios colonizados por los europeos provienen de horizontes dis&iacute;mbolos y el Estado, en su objetivo por uniformizar a la naci&oacute;n, ha venido aplicando planes educativos basados en modelos que han ido desde la asimilaci&oacute;n hasta la aceptaci&oacute;n ret&oacute;rica de la diferenciaci&oacute;n cultural y ling&uuml;&iacute;stica que es la que tratamos en este texto. La pregunta central puede formularse en el sentido de indagar c&oacute;mo en pa&iacute;ses tan diferentes como Canad&aacute;, y en concreto, la provincia de Qu&eacute;bec y en Michoac&aacute;n, M&eacute;xico, se asume el reto cultural de proponer un modelo educativo para las culturas aut&oacute;ctonas y en qu&eacute; consiste la problem&aacute;tica asociada a aspectos como el financiamiento a la educaci&oacute;n, la profesionalizaci&oacute;n docente y la pertinencia de programas administrados por el Estado, en un contexto donde los objetivos en principio obedecen a un modelo de educaci&oacute;n intercultural biling&uuml;e.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo art&iacute;culo de la secci&oacute;n general "Pames, franciscanos y estancieros en Rioverde, Valles y sur de Nuevo Santander, 1600&#45; 1800", de Jos&eacute; Alfredo Rangel Silva, analiza las relaciones entre los ind&iacute;genas pames, los misioneros franciscanos, y los estancieros en un territorio novohispano de frontera, en pueblos y reales de minas en San Luis Potos&iacute; y en Guadalcazar, en el altiplano. Los franciscanos convirtieron a los pames en mano de obra de estancias y haciendas. En el proceso los estancieros y sus trabajadores sometieron a los "ne&oacute;fitos" a abusos y vejaciones, mientras sus propiedades rodearon a las misiones. As&iacute; que la violencia marc&oacute; las relaciones entre estancieros e ind&iacute;genas, con los franciscanos como intermediarios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo muestra como el oriente de San Luis como frontera hab&iacute;a cambiado con lentitud entre 1617 y 1748, mientras la conquista "espiritual" y la aculturaci&oacute;n experimentaron periodos de avance, retroceso y estancamiento. La empresa colonizadora en el Nuevo Santander, entonces, fue un punto de ruptura en la historia de los pames que, a diferencia de otros grupos que desaparecieron, hab&iacute;an logrado sortear siglo y medio de violenta irrupci&oacute;n novohispana sin perder espacios de autonom&iacute;a y de escape. En la segunda mitad del siglo XVIII las presiones territoriales sobre las misiones y los pueblos de indios llegaron a su punto m&aacute;ximo en ambas custodias, con lo que se redujeron al m&iacute;nimo los espacios de escape para los ind&iacute;genas que hu&iacute;an de abusos y vejaciones. Pero los pames lograron sobrevivir a las violentas formas en que fueron subordinados dentro del nuevo estado de cosas; se adaptaron y aun consiguieron mantener sus identidades &eacute;tnicas, aunque reducidas al espacio de cada misi&oacute;n. Ello muestra que la violencia tuvo un rol significativo en la conformaci&oacute;n y el funcionamiento de la frontera: fue la forma usual de establecer la propiedad reconocida por las mercedes reales, a&uacute;n entre los mismos estancieros o sus pastores y trabajadores; tambi&eacute;n fue una de las formas que definieron las relaciones laborales en las unidades econ&oacute;micas. La violencia f&iacute;sica, sobre todo, fue aplicada contra los pames: los castigos brutales, las humillaciones a individuos y familias, las colleras que les sacaban de las misiones, fueron utilizados de forma selectiva, porque con unos ejemplos bastaban para establecer la pol&iacute;tica del miedo entre los sujetos subalternos, la desigualdad como el orden natural (en lo social y en lo &eacute;tnico), y la superioridad de los grupos dominadores. Es posible que esto tuviese que ver con la ausencia de grandes rebeliones o tumultos en la zona de estudio durante el periodo colonial. Puede decirse que la violencia no fue solo un resultado de la colonizaci&oacute;n de una frontera sino su realizaci&oacute;n, su concreci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cierra el volumen el art&iacute;culo de B. Georgina Flores Mercado "'Nuestro sonido tradicional lo estamos distorsionando'. Pasado y presente de la m&uacute;sica tradicional y las bandas de viento en Tingambato, Michoac&aacute;n" en que ofrece los resultados de una investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica sobre memoria colectiva, identidad cultural y m&uacute;sica tradicional en m&uacute;sicos de bandas de viento de la meseta pur&eacute;pecha. La base de sus observaciones fue trabajo de campo realizado principalmente en el pueblo de Tingambato, Michoac&aacute;n donde la autora entrevist&oacute; tanto a m&uacute;sicos de bandas de viento, como a maestros, estudiantes y locutores de radio de otras poblaciones de la meseta. En el art&iacute;culo plantea, desde la perspectiva de la psicolog&iacute;a cultural, como a trav&eacute;s de la ejecuci&oacute;n y pr&aacute;ctica de la m&uacute;sica tradicional, se crean narrativas sobre la identidad cultural y local as&iacute; como sobre el pasado y presente de los pueblos pur&eacute;pechas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Luisa Mart&iacute;n Rojo, "El orden social de los discursos", en <i>Discurso. Teor&iacute;a y an&aacute;lisis,</i> Nueva &Eacute;poca, oto&ntilde;o 1996&#45;primavera 1997, M&eacute;xico, UNAM, pp. 1&#45;37.</font></p>      ]]></body>
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