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</front><body><![CDATA[  	    <p align="left"><font face="verdana" size="4">Editorial</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Por qu&eacute; hablar de g&eacute;nero y salud mental?</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Why talk about gender and mental health?</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luciana Ramos&#45;Lira<sup>1</sup></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>1</i></sup> <i>Editora Invitada.</i> <i>Direcci&oacute;n de Investigaciones Epidemiol&oacute;gicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatr&iacute;a Ram&oacute;n de la Fuente Mu&ntilde;iz.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El inter&eacute;s por realizar un n&uacute;mero dedicado al g&eacute;nero y la salud mental parte de algunas inquietudes derivadas de las diferencias consistentes que existen entre mujeres y hombres en algunos trastornos mentales en diferentes pa&iacute;ses y culturas. &iquest;Las diferencias son resultado del sexo o del g&eacute;nero? &iquest;El g&eacute;nero es un factor de riesgo para la salud mental que opera de la misma manera en los hombres y en las mujeres?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es evidente, estas preguntas, m&aacute;s que hablar de la salud mental, hablan de problemas de salud mental en la medida en que no existen muchos indicadores que den cuenta de esta &uacute;ltima. Por ello vale la pena considerar algunos datos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro <i>The stressed sex: Uncovering the truth about men, women, and mental health,</i><sup>1</sup> los autores analizan 12 encuestas nacionales sobre trastornos mentales comparables entre s&iacute;, e incluyen encuestas realizadas en Gran Breta&ntilde;a, Alemania, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Chile y Sud&aacute;frica. Los autores concluyen que las mujeres presentan prevalencias m&aacute;s altas y tienen m&aacute;s probabilidad que los hombres de sufrir depresi&oacute;n y ansiedad. Estos &uacute;ltimos presentan mayores prevalencias de abuso y dependencia de alcohol y otras sustancias. A pesar de que no todas las encuestas cubren otros trastornos, Freeman y Freeman<sup>1</sup> reportan que, seg&uacute;n algunas de ellas, las mujeres tienen m&aacute;s probabilidad de desarrollar un trastorno lim&iacute;trofe de la personalidad y trastornos de la alimentaci&oacute;n, mientras que las prevalencias de trastorno de la conducta y de personalidad antisocial son m&aacute;s altas en los hombres. En general, destaca el hecho de que las mujeres no solamente presenten tasas m&aacute;s elevadas de trastornos mentales que los hombres, sino tambi&eacute;n s&iacute;ntomas m&aacute;s graves y discapacitantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a lo que ocurre en nuestro pa&iacute;s, la depresi&oacute;n, ya sea como sintomatolog&iacute;a o como trastorno mental, tambi&eacute;n es m&aacute;s prevalente en mujeres de la poblaci&oacute;n adulta<sup>2,3</sup> y adolescente.<sup>4</sup> La depresi&oacute;n mayor ocupa el cuarto lugar entre las cinco principales causas de a&ntilde;os de vida perdidos en salud en las mujeres mexicanas.<sup>5</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; factores se asocian con estos problemas de salud mental? Una revisi&oacute;n de Berenzon et al.<sup>6</sup> se&ntilde;ala que uno de los principales factores psicosociales asociados a la depresi&oacute;n en la poblaci&oacute;n mexicana es precisamente ser mujer, sobre todo si se es jefa de familia o si se dedica exclusivamente a las labores del hogar o a cuidar a alg&uacute;n enfermo. Otros factores psicosociales de riesgo tienen que ver con el bajo nivel socioecon&oacute;mico (por la mayor exposici&oacute;n a condiciones de precariedad pues, si bien no existen diferencias significativas entre estratos socioecon&oacute;micos, aqu&eacute;llos de nivel m&aacute;s bajo presentan depresi&oacute;n m&aacute;s grave), el desempleo (sobre todo en hombres), el aislamiento social, los problemas legales, las experiencias de violencia, el consumo de sustancias adictivas y la migraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, en general pareciera que las mujeres son m&aacute;s vulnerables a que su salud mental resulte afectada por ciertos factores sociales, aunque tambi&eacute;n cabe la posibilidad de que los hombres subreporten problemas de salud mental por su dificultad para buscar ayuda si los aqueja alg&uacute;n malestar emocional. Asimismo, se ha se&ntilde;alado que en ellos la depresi&oacute;n puede estar "escondida" detr&aacute;s de comportamientos adictivos y de riesgo, as&iacute; como detr&aacute;s de la irritabilidad e impulsividad.<sup>7</sup> As&iacute; como para la depresi&oacute;n ser mujer se configura como un factor de riesgo, ser hombre cumple el mismo papel para la violencia.<sup>8</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, cuando hablamos de este tipo de circunstancias y factores asociados con la condici&oacute;n de ser hombre o ser mujer, &iquest;a qu&eacute; nos estamos refiriendo?: &iquest;al sexo o al g&eacute;nero? Recordemos que el sexo se refiere a las diferencias biol&oacute;gicas entre hombres y mujeres, y que el g&eacute;nero, a su vez, alude al significado social construido en torno a dichas diferencias en contextos hist&oacute;ricos particulares. As&iacute; pues, el g&eacute;nero como categor&iacute;a hace referencia a una construcci&oacute;n simb&oacute;lica mediante la cual ciertas caracter&iacute;sticas son atribuidas como pertenecientes a uno u otro sexos, lo que la configura como un eje primario de la formaci&oacute;n de la identidad subjetiva y de la vida social que conlleva relaciones de desigualdad debido a la distribuci&oacute;n inequitativa (evitable e injusta) de poder y recursos.<sup>9</sup> Lo "masculino" se ha considerado hist&oacute;ricamente superior a lo "femenino", y las mujeres han sido ubicadas en una posici&oacute;n de vulnerabilidad (receptiva y pasiva) frente a los hombres (activos y agresivos). Esto ha propiciado una construcci&oacute;n de lo que podemos denominar una subjetividad "femenina" o "masculina", de manera tal que los comportamientos del sujeto mujer u hombre se perciben como atributos "naturales" que emanan de su fisiolog&iacute;a corporal.<sup>10</sup> Es decir, el g&eacute;nero es invisibilizado y el sexo se superpone como explicaci&oacute;n de pr&aacute;cticamente todos los fen&oacute;menos humanos; decimos por ejemplo, "as&iacute; son los hombres" o "&eacute;sas son cosas de mujeres", de modo que parecen inevitables su permanencia y la resistencia al cambio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el campo m&aacute;s espec&iacute;fico de la salud no queda muy claro qu&eacute; diferencias son resultado de diferencias sexuales y cu&aacute;les se deben al g&eacute;nero, excepto algunas relacionadas con la salud reproductiva.<sup>11</sup> En realidad, cada vez se hace m&aacute;s evidente que "nuestros cuerpos son demasiado complejos para proporcionarnos respuestas definidas sobre las diferencias sexuales".<sup>12</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al hablar de g&eacute;nero, en general se ha hecho referencia a las mujeres por la hist&oacute;rica situaci&oacute;n de desigualdad que han padecido por este motivo, lo que por mucho tiempo dej&oacute; fuera de la investigaci&oacute;n a los varones. Es por ello que no sorprende que, a pesar de que cada vez hay un mayor reconocimiento de que el g&eacute;nero es un factor sociocultural relevante en el comportamiento saludable o relacionado con la salud, la salud masculina rara vez se desconstruye a trav&eacute;s de los lentes del g&eacute;nero.<sup>13</sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo lo anterior confirma la importancia de la investigaci&oacute;n con perspectiva de g&eacute;nero, lo que otra vez deja en claro que el g&eacute;nero, como constructo social, y el sexo, como constructo biol&oacute;gico, son t&eacute;rminos distintos, no intercambiables. La literatura cient&iacute;fica, particularmente en campos como la psiquiatr&iacute;a y otras disciplinas m&eacute;dicas, as&iacute; como la psicolog&iacute;a, con frecuencia los confunden y utilizan de manera intercambiable. Como se&ntilde;ala Krieger: "La relevancia de las relaciones de g&eacute;nero y de la biolog&iacute;a ligada al sexo en un resultado dado de salud es una pregunta emp&iacute;rica y no un principio filos&oacute;fico; dependiendo del resultado bajo estudio, ninguno, ambos, o uno u otro pueden ser relevantes, ya sea independientemente o como determinantes sin&eacute;rgicos. Por ello es fundamental clarificar conceptos y atender al sexo y al g&eacute;nero para tener investigaciones v&aacute;lidas en salud".<sup>14</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los factores determinantes de car&aacute;cter social suelen exacerbar las vulnerabilidades biol&oacute;gicas, por lo que un enfoque de la salud relacionado con el g&eacute;nero debe considerar la manera en que la desigualdad influye en las experiencias de salud. Lo anterior puede servir para identificar las respuestas apropiadas del sistema de atenci&oacute;n de salud y de la pol&iacute;tica p&uacute;blica.<sup>15</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por los temas que abordan y las metodolog&iacute;as que utilizan, los art&iacute;culos que se presentan en este n&uacute;mero son una aportaci&oacute;n en diversos sentidos en esta compleja articulaci&oacute;n entre el g&eacute;nero y la salud mental. Los art&iacute;culos elaborados por investigadoras/es del Instituto Nacional de Psiquiatr&iacute;a Ram&oacute;n de la Fuente Mu&ntilde;iz conforman apenas una peque&ntilde;a muestra de la serie de l&iacute;neas de investigaci&oacute;n desarrolladas desde hace a&ntilde;os en esta instituci&oacute;n, cuyos resultados se han publicado en esta misma revista. Ejemplos de ello son los estudios cualitativos interpretativos de Martha Romero sobre las mujeres, las adicciones y la prisi&oacute;n, que se han convertido en un referente fundamental nacional e internacional;<sup>16,17</sup> los de Guillemina Natera y Marcela Tiburcio sobre la violencia conyugal,<sup>18,19</sup> los de Mar&iacute;a Teresa Saltijeral en la misma l&iacute;nea,<sup>20</sup> as&iacute; como los de Gabriela Sald&iacute;var sobre los mitos de violaci&oacute;n<sup>21</sup> y la coerci&oacute;n sexual.<sup>22</sup> Otro tema que se ha evidenciado es el de la carga que tienen las mujeres como las principales cuidadoras informales de pacientes psiqui&aacute;tricos, como lo muestra la investigaci&oacute;n de Mar&iacute;a Luisa Rasc&oacute;n.<sup>23</sup> Asimismo se ha empezado a investigar el malestar emocional y la depresi&oacute;n en hombres desde una perspectiva de g&eacute;nero,<sup>24</sup> entre otras l&iacute;neas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el presente n&uacute;mero se presentan art&iacute;culos muy valiosos y de gran diversidad tem&aacute;tica y metodol&oacute;gica. Los primeros dos abordan las repercusiones que pueden tener en la salud mental fen&oacute;menos asociados con la reproducci&oacute;n en las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Russo realiza una magn&iacute;fica revisi&oacute;n de la literatura sobre un tema controvertido y por ello necesario de abordar en t&eacute;rminos de investigaci&oacute;n: la interrupci&oacute;n del embarazo. El t&iacute;tulo es "Abortion, Unwanted Childbearing, and Mental Health" (Aborto, maternidad no deseada y salud mental). Russo plantea en &eacute;l que una de las consecuencias de no tener un acceso efectivo a la anticoncepci&oacute;n es el embarazo no deseado, cuyas implicaciones f&iacute;sicas y mentales incluyen los abortos inseguros o la maternidad no deseada. El art&iacute;culo sistematiza la literatura sobre la relaci&oacute;n de aborto y maternidad no deseada con los problemas en la salud mental, dando cuenta de los problemas metodol&oacute;gicos de buena parte de la investigaci&oacute;n realizada en este campo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que la mayor&iacute;a de los abortos se practican en pa&iacute;ses de &Aacute;frica y Am&eacute;rica Latina y el Caribe, en condiciones de inseguridad e ilegalidad, la investigaci&oacute;n en riesgos para la salud mental se ha realizado en mujeres que se practicaron abortos legales en pa&iacute;ses desarrollados, donde se presenta solamente uno de cada siete en el mundo. Pero existen adem&aacute;s otros problemas metodol&oacute;gicos, desarrollados en un largo apartado por la autora, donde tres aspectos destacan como los m&aacute;s importantes: sesgos sistem&aacute;ticos en la selecci&oacute;n de muestra y grupos de comparaci&oacute;n, aspectos conceptuales y de definici&oacute;n, y los relacionados con el deseo de embarazarse o no.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las consecuencias en la salud mental de la mujer que aborta son tambi&eacute;n controvertidas, en la medida en que los "da&ntilde;os por un aborto" han servido de justificaci&oacute;n para las restricciones en la realizaci&oacute;n de abortos sin considerar las razones de las mujeres. As&iacute;, se asume que tener un aborto es una amenaza mayor para la salud mental de las mujeres embarazadas en comparaci&oacute;n con tener y criar un hijo no deseado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe recordar que los embarazos no deseados suelen presentarse con m&aacute;s frecuencia en ciertos subgrupos de mujeres: pobres, muy j&oacute;venes y/o con historias de adversidad infantil y violencia basada en el g&eacute;nero, mujeres que adem&aacute;s suelen tener menos recursos para enfrentar situaciones de estr&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, si bien deja en claro que la experiencia del aborto no es <i>per se</i> un factor de riesgo significativo para desarrollar un trastorno mental, Russo no duda en se&ntilde;alar los estudios que muestran que algunas mujeres pueden tener respuestas emocionales negativas tras un embarazo no deseado que finaliza en un aborto. Estas respuestas se relacionan con la manera en que se eval&uacute;a la experiencia, en gran medida por la estigmatizaci&oacute;n existente alrededor de la interrupci&oacute;n del embarazo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro punto que es necesario destacar es el impacto del embarazo y la maternidad no deseada en la salud f&iacute;sica y mental de las mujeres y sus familias. Por ejemplo, la maternidad no planeada se relaciona con retardos en el desarrollo infantil temprano y con deficiencias en procesos cognitivos, emocionales y sociales que pueden manifestarse en diversas etapas de la vida y transmitirse de una generaci&oacute;n a otra.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, &eacute;ste es un art&iacute;culo fundamental que deja abierta la reflexi&oacute;n sobre el hecho de que las mujeres de escasos recursos sean siempre las m&aacute;s afectadas por la pr&aacute;ctica de abortos inseguros. En el caso de las mujeres con altos recursos econ&oacute;micos, sea que el aborto sea legal o ilegal, subsidiado o costoso, &eacute;stas pueden pagar m&eacute;dicos calificados que los realizan. Los impactos en la salud mental de un embarazo no deseado tambi&eacute;n ser&aacute;n mayores, entonces, en contextos de adversidad, por lo que se abre as&iacute; una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n necesaria en M&eacute;xico y Am&eacute;rica Latina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A su vez, el art&iacute;culo de Lara et al., denominado "Acceptability and Barriers to Treatment for Perinatal Depression. An Exploratory Study in Mexican Women" (Aceptaci&oacute;n y barreras al tratamiento para depresi&oacute;n perinatal. Estudio exploratorio en mexicanas), presenta los resultados de una investigaci&oacute;n realizada en un centro de salud y un hospital general para saber si estas mujeres reconocen la depresi&oacute;n perinatal y si aceptan diversas modalidades de atenci&oacute;n para ella, y cu&aacute;l es su percepci&oacute;n acerca de las barreras para acudir a un tratamiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque existe evidencia de que un porcentaje importante de las madres presentan depresi&oacute;n perinatal, se desconoce cu&aacute;ntas son detectadas y tratadas en realidad. Los resultados de este art&iacute;culo muestran que, si bien casi todas las participantes hab&iacute;an escuchado el t&eacute;rmino depresi&oacute;n posparto, una cuarta parte no conoc&iacute;a las causas del trastorno, el cual atribuyeron a no saber enfrentar los nuevos retos, los cambios emocionales y hormonales y la falta de apoyo social. La mayor&iacute;a consider&oacute; que no es f&aacute;cil hablar de tristeza o malestar en este periodo y que la gente tampoco lo entender&iacute;a, en gran medida por la imagen de "mala madre" que se les atribuir&iacute;a si lo comentaran. La psicoterapia individual fue el tratamiento con mayor aceptaci&oacute;n y los medicamentos, durante el embarazo o la lactancia, los menos aceptados. Las principales barreras al tratamiento fueron: la falta de tiempo, los tr&aacute;mites institucionales, la imposibilidad de costearlo y la dificultad de disponer de cuidado para los hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados son un primer paso hacia la definici&oacute;n de las necesidades que tienen las mujeres con respecto a los servicios perinatales para tratar la depresi&oacute;n durante este periodo. Lara et al. se&ntilde;alan que para poder brindar una atenci&oacute;n efectiva es necesario que las normas oficiales que regulan el cuidado de la salud de mujeres e infantes en este periodo incluyan una atenci&oacute;n a los trastornos mentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, estos dos art&iacute;culos configuran una importante aportaci&oacute;n acerca de las implicaciones del embarazo, la maternidad, deseada o no y la interrupci&oacute;n del mismo. Asimismo, dan cuenta de que es fundamental generar contextos de decisi&oacute;n en t&eacute;rminos sexuales y reproductivos basados en la informaci&oacute;n, el acceso a anticoncepci&oacute;n y la atenci&oacute;n a la salud mental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n, otros tres art&iacute;culos abordan aspectos relacionados con el malestar emocional y la atenci&oacute;n del mismo. El art&iacute;culo "Estigma estructural, g&eacute;nero e interseccionalidad. Implicaciones en la atenci&oacute;n en la salud mental", de Mora&#45;R&iacute;os et al., aborda el estigma estructural o estigma institucional como un conjunto de normas, pol&iacute;ticas y procedimientos de entidades p&uacute;blicas o privadas que restringen los derechos y las oportunidades de las personas con enfermedades mentales, legitiman las diferencias de poder y reproducen las inequidades y la exclusi&oacute;n social. Las autoras se&ntilde;alan su utilidad para el abordaje de los grupos sociales que presentan m&uacute;ltiples condiciones de vulnerabilidad. En &eacute;stas intervienen diversos determinantes sociales que se interrelacionan y se expresan en inequidades sociales en salud, incluyendo el g&eacute;nero como una variable transversal de car&aacute;cter estructural. De aqu&iacute; que las autoras retomen el enfoque de interseccionalidad que pretende dar cuenta de la complejidad de los fen&oacute;menos sociales como una propuesta para entender de qu&eacute; manera el sexo y el g&eacute;nero se interrelacionan con otras dimensiones de inequidad social, y en contextos hist&oacute;ricos y geogr&aacute;ficos espec&iacute;ficos, para crear experiencias &uacute;nicas en las &aacute;reas de salud. Este marco lo utilizan para exponer las formas y manifestaciones m&aacute;s comunes del estigma estructural sobre los trastornos mentales desde la perspectiva del personal de salud y de los usuarios en tratamiento ambulatorio en cuatro centros de atenci&oacute;n psiqui&aacute;trica ubicados en la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido destacan los resultados de las percepciones de los usuarios sobre el motivo de su padecimiento, la vulnerabilidad social: precarias condiciones de vida, violencia y consumo de sustancias, y la falta de una red de apoyo. Sus hallazgos muestran tambi&eacute;n que el g&eacute;nero incide en estas experiencias de malestar y enfermedad mental: las mujeres son m&aacute;s v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero y los hombres consumen m&aacute;s alcohol. Las principales fuentes de estigma desde su punto de vista son la familia y el personal de salud. &Eacute;ste &uacute;ltimo les otorga poca credibilidad y las descalifican si reportan alguna experiencia, incluso de violencia o de abuso sexual, como si no fueran dignas de confianza y como si su padecimiento las llevara a mentir o a falsear informaci&oacute;n. Por otro lado, el estigma hacia la enfermedad mental afecta a los usuarios, pero tambi&eacute;n al personal de salud, como se abunda en el art&iacute;culo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pobreza y la falta de recursos para poder recibir una adecuada atenci&oacute;n constituyen variables estructurales que inciden, al igual que el g&eacute;nero, en la manifestaci&oacute;n de los padecimientos psiqui&aacute;tricos. Es as&iacute; comprensible, mas no justificable, que el personal de salud experimente impotencia e incertidumbre ante la gran cantidad de problemas que les plantean los usuarios, lo que puede llevar a la desatenci&oacute;n o a la indiferencia, manifestaciones de desgaste profesional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, muchas son las barreras institucionales que este personal observa para el ejercicio de su actividad laboral, desde aspectos f&iacute;sicos, hasta en t&eacute;rminos de recursos humanos y capacitaci&oacute;n. El papel del estado es tambi&eacute;n cuestionado por lo que se percibe del mismo en la salud mental, as&iacute; como que se reconocen las condiciones de inequidad social en su poblaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, este trabajo representa una gran aportaci&oacute;n sobre la gran cantidad de factores que interact&uacute;an con el g&eacute;nero y que se reproducen estructuralmente en las propias pr&aacute;cticas y procedimientos de atenci&oacute;n. Lo anterior provoca que siga operando la estigmatizaci&oacute;n hacia las personas con trastornos mentales, pero tambi&eacute;n hacia los prestadores de servicios que atienden una poblaci&oacute;n muy discriminada con m&uacute;ltiples condiciones de vulnerabilidad concomitantes con su padecimiento.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos art&iacute;culos siguientes exploran el malestar emocional: uno en mujeres que acuden al primer nivel de atenci&oacute;n y el otro en hombres que ejercen violencia familiar. Ambos son de gran inter&eacute;s en la medida en que hablar de salud mental no se circunscribe s&oacute;lo a los pacientes aquejados por una patolog&iacute;a espec&iacute;fica, sino que tambi&eacute;n toca al conjunto global de la poblaci&oacute;n. "Es una realidad que las consultas de atenci&oacute;n primaria reciben cada vez m&aacute;s visitas de pacientes que acuden con una sintomatolog&iacute;a m&aacute;s o menos difusa de malestar emocional. Se trata, en la mayor&iacute;a de los casos, de alteraciones leves o trastornos adaptativos relacionados con la psicobiograf&iacute;a de cada persona y con la realidad social, econ&oacute;mica, familiar y geogr&aacute;fica que nos ha tocado vivir. Este <i>discomfort</i> no supone necesariamente una patolog&iacute;a, aunque, sin embargo, conlleva un grado de desaz&oacute;n importante para las personas que lo padecen que hace muy conveniente su atenci&oacute;n y tratamiento".<sup>25</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Berenzon Gorn, Galv&aacute;n Reyes, Saavedra Solano, Bernal P&eacute;rez et al., "Exploraci&oacute;n del malestar emocional expresado por mujeres que acuden a centros de atenci&oacute;n primaria de la Ciudad de M&eacute;xico. Un estudio cualitativo", plantea que existe una tendencia en las mujeres a acudir a los centros de salud, por ciertas sensaciones y quejas, que muchas veces no detecta o que minimiza el personal. Esta clase de desatenci&oacute;n tambi&eacute;n se aborda desde un punto de vista estructural e institucional, y se plantea que dicha desatenci&oacute;n lleva a lo que se denomina "hiperfrecuentaci&oacute;n de los servicios". &Eacute;sta genera sufrimiento en las pacientes, frustraci&oacute;n entre el personal de salud y un importante impacto econ&oacute;mico en el sistema sanitario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los hallazgos de este art&iacute;culo muestran que los principales detonantes de los malestares emocionales de las participantes se asocian con las preocupaciones cotidianas (como falta de dinero, problemas con los hijos y violencia intrafamiliar) y, en otros casos, con la vivencia de experiencias traum&aacute;ticas de violencia y abuso sexual, pasadas y presentes, lo que concuerda con los estudios sobre el tema. Dichos malestares se expresan como intranquilidad, nerviosismo, irritabilidad, desesperaci&oacute;n y cambios constantes de humor, as&iacute; como con algunas dolencias f&iacute;sicas. Las participantes no consideran que la consulta m&eacute;dica sea el espacio id&oacute;neo para hablar de lo que les preocupa en su d&iacute;a a d&iacute;a, ya que los tiempos de consulta son muy cortos y muchas veces los m&eacute;dicos carecen de las habilidades y los conocimientos necesarios para otorgar una adecuada atenci&oacute;n. Aunado a lo anterior, estas mujeres tienden a no hablar de sus preocupaciones y sufrimientos por verg&uuml;enza o miedo a que las rega&ntilde;en o juzguen. Cabe destacar, como deja en claro el art&iacute;culo, que tampoco se les pregunta al respecto. As&iacute;, en los discursos de las usuarias resulta evidente la necesidad de recibir una escucha m&aacute;s sensible y emp&aacute;tica por parte del personal, en especial el m&eacute;dico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta misma tem&aacute;tica, Bola&ntilde;os Ceballos desarrolla el art&iacute;culo "Malestar psicol&oacute;gico determinado socialmente y abuso expresivo en varones", en que aborda el caso de hombres que asisten a un programa de reeducaci&oacute;n por haber ejercido violencia familiar. Para conceptualizar dicha violencia, el autor alude a las vertientes instrumental y expresiva, en la medida en que considera la instrumentalidad como una estrategia de intimidaci&oacute;n al servicio de la dominaci&oacute;n que el hombre "elige" conscientemente desde su posici&oacute;n social. En su otro sentido, el expresivo, la violencia puede entenderse como una experiencia regresiva, relacionada con la historia de vida y experimentada como un sentimiento de "perderse", que se produce de forma paralela al sentido instrumental. La violencia expresiva se caracteriza por conductas violentas, realizadas impulsivamente y motivadas por sentimientos de ira y rabia, que por lo regular se dirige hacia quienes tienen menos poder, es decir, hacia quienes se juzga como inferiores por razones de g&eacute;nero o edad. Asimismo, a partir del modelo ecol&oacute;gico, el autor considera los actos violentos en las relaciones familiares como una manifestaci&oacute;n sintom&aacute;tica que sintetiza dos tensiones relacionadas con el malestar: una cultural&#45;social y otra personal&#45;psicol&oacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bola&ntilde;os Ceballos plantea que se hable de "abuso expresivo", en la medida en que &eacute;ste hace referencia a los actos de violencia expresiva que surgen en un v&iacute;nculo de confianza, motivo por el que precisamente son abusivos, pues no se dar&iacute;an en otras relaciones. Estos actos son sintom&aacute;ticos de una serie de variables sociales filtradas, negociadas y reelaboradas por la experiencia personal de los sujetos y manifestada en su salud y sus pr&aacute;cticas sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su abordaje de corte cualitativo, los resultados de este autor revelan que el malestar emocional de estos hombres que ejercen violencia se expresa en dolores musculares, insomnio, pesadillas y cambio en las conductas habituales como manifestaciones de estr&eacute;s. Todos los hombres de los que habla el art&iacute;culo presentan antecedentes de violencia, ya sea porque fueron testigos de la violencia entre sus padres, o porque sufrieron violencia directa, que fue mayoritariamente de tipo emocional. El empleo, la falta de &eacute;l o una mala remuneraci&oacute;n se encuentran entre los factores que mencionan como asociados con su malestar. Por otro lado, estos hombres perciben que el sistema de salud no cubre sus necesidades, lo que les genera enojo, impotencia y estr&eacute;s, pues consideran que la situaci&oacute;n no va a cambiar. Asimismo, tienen una opini&oacute;n negativa sobre los programas y los funcionarios gubernamentales. Dicen sentirse enga&ntilde;ados en este sentido y que estos aspectos macrosociales afectan directamente sus ingresos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al abuso expresivo, Bola&ntilde;os Ceballos destaca que todos los estresores sociales y las frustraciones ambientales mencionadas en su art&iacute;culo se convierten en un malestar latente &#45;la sensaci&oacute;n de ser una olla de presi&oacute;n&#45; ante el que se "busca el detonante" para ejercer violencia. El autor destaca que en estos casos hay una expresi&oacute;n de violencia dirigida hacia alguien "inferior" en la relaci&oacute;n de poder y que &eacute;ste suele ser un miembro de la familia. Las creencias que dan pie a los abusos expresivos tienen que ver con la superioridad de los hombres, la inferioridad f&iacute;sica de las mujeres y de los hijos y las hijas, la propiedad de la esposa y la obligaci&oacute;n de que una relaci&oacute;n sea "para toda la vida", as&iacute; como con creencias sobre el uso de la violencia en las relaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este trabajo aporta sin duda algunas pistas sobre la manera en que operan los determinantes sociales del malestar psicol&oacute;gico provenientes del nivel macrosocial. Habla tambi&eacute;n de que la reeducaci&oacute;n de g&eacute;nero es fundamental para hacer frente a la injusticia social y las necesidad b&aacute;sicas insatisfechas. El art&iacute;culo lleva a reflexionar adem&aacute;s sobre la importancia de explorar si estos malestares y comportamientos violentos enmascaran un trasfondo depresivo, como plantea la literatura mencionada.<sup>7</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos art&iacute;culos siguientes son valiosos en la medida en que presentan metodolog&iacute;as cualitativas estrechamente relacionadas con el campo de la antropolog&iacute;a social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Roy Gigengack, "La banda y sus choros. Un grupo de ni&ntilde;os de la calle hilando historias de edad, g&eacute;nero y liderazgo", es producto de un trabajo de campo realizado hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. Sin embargo, no ha perdido vigencia por la problem&aacute;tica que aborda y porque representa un excelente ejemplo de lo que es el trabajo etnogr&aacute;fico. La descripci&oacute;n usada en este art&iacute;culo se puede considerar como "densa", en la medida en que da cuenta de las tramas de significado del liderazgo y del papel que cumplen el g&eacute;nero y la edad para organizar una banda callejera tras la observaci&oacute;n que Gigengack realiz&oacute; por tres a&ntilde;os con un grupo de ni&ntilde;os de la calle de la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n este autor, la falta de vivienda genera un mundo de paradojas y contradicciones, que asimismo posibilita una diferenciaci&oacute;n de poder entre personas que carecen relativamente de &eacute;l. Gigengack plantea que las historias narradas por los ni&ntilde;os y j&oacute;venes de esta banda, en torno al liderazgo, el g&eacute;nero y la edad, esconden su fragilidad, porque en ellas los ni&ntilde;os de la calle se atribuyen un poder del cual carecen en realidad. Esto, dice &eacute;l, no es un s&iacute;ntoma de locura o de una personalidad manipuladora, lo que ser&iacute;a una interpretaci&oacute;n psicologizante. Este fen&oacute;meno da m&aacute;s bien cuenta de la creatividad y resiliencia de estos ni&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contradicci&oacute;n entre fortaleza y vulnerabilidad, que se manifiesta en ellos se ejemplifica por medio de los cambios que muestran la estructura de liderazgo y la originaria exclusi&oacute;n de mujeres de sus filas, lo que lleva a construir una nueva historia de la banda. Buena parte de las historias de liderazgo incluidas en el art&iacute;culo se centraron en la capacidad de un jefe para protegerlos y contener sus inclinaciones autodestructivas. En el caso de las mujeres, destaca tambi&eacute;n la vulnerabilidad que pueden experimentar por su condici&oacute;n de g&eacute;nero, pero que tambi&eacute;n puede reconfigurarse d&aacute;ndoles poder frente a los hombres, en el ejercicio del papel de seudomadre que pueden llegar a desempe&ntilde;ar o bien, establecer un v&iacute;nculo er&oacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo lo anterior permite apreciar que las coordenadas espaciotemporales del g&eacute;nero, de la edad y del liderazgo posibilitan otras maneras de organizaci&oacute;n, maneras de detentar poder cuando se carece socialmente de &eacute;l y la creaci&oacute;n de historias que permiten narrar las vicisitudes cotidianas de formas que, en efecto, no son precisamente fantasiosas, sino formas de sobrevivir creativamente en un mundo que perciben como injusto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, el art&iacute;culo, "La violencia simb&oacute;lica de la explotaci&oacute;n sexual de mujeres en una celebraci&oacute;n estudiantil", de Guti&eacute;rrez y Vega, es una excelente muestra de c&oacute;mo la violencia contra las mujeres se reproduce no s&oacute;lo en las formas m&aacute;s evidentes. A partir del an&aacute;lisis de una representaci&oacute;n histri&oacute;nica de la trata con fines de explotaci&oacute;n sexual que se realiza en una celebraci&oacute;n estudiantil tradicional, los autores la describen como un ritual que rompe la rutina escolar y la cotidianidad, aunque, como bien se&ntilde;alan, desplaza de su contexto cotidiano los elementos y sentidos dis&iacute;miles. Si bien la celebraci&oacute;n inicia de una manera tribal donde se comparte la emoci&oacute;n, el gusto y el aspecto l&uacute;dico de "vibrar juntos", Guti&eacute;rrez y Vega muestran c&oacute;mo, conforme va desarroll&aacute;ndose, esta representaci&oacute;n se transforma en una afirmaci&oacute;n complaciente de las creencias y pr&aacute;cticas machistas que legitiman la explotaci&oacute;n sexual, as&iacute; como en una aceptaci&oacute;n t&aacute;cita de los abusos, los cuales no son reconocidos como tales sino como una tradici&oacute;n venerable. Los abusos de poder y el rol de mercanc&iacute;a sexual que se atribuye a las mujeres, que resultan evidentes en la dramatizaci&oacute;n de la explotaci&oacute;n sexual sufrida por las "esclavas", se consideran efectivamente como un "juego inofensivo", y las propias mujeres que participan ponen en duda la realidad de lo ocurrido. Es decir, les parece ininteligible el significado de la pr&aacute;ctica violenta a la que estuvieron sometidas, aunque la vivencia haya sido de malestar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, Guti&eacute;rrez y Vega subrayan que la violencia simb&oacute;lica que retrata la representaci&oacute;n de la trata enmascara la realidad de las violencias directa y estructural, en el contexto de esta celebraci&oacute;n como pr&aacute;ctica machista. Como bien se&ntilde;ala Bordieu,<sup>26</sup> las mujeres han incorporado en su identidad las estructuras mediante las cuales se materializa la dominaci&oacute;n que sufren, por lo que la sumisi&oacute;n no es el efecto de un acto de la conciencia y la voluntad. En este sentido, el mismo Bordieu apunta: "Es el caso de la dominaci&oacute;n sexual, forma de dominaci&oacute;n simb&oacute;lica que se ejerce con la complicidad de aquella que la sufre o, m&aacute;s precisamente, con la complicidad de las estructuras incorporadas que el dominado ha adquirido en la confrontaci&oacute;n prolongada con las estructuras objetivas de dominaci&oacute;n."<sup>26</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, dos art&iacute;culos abordan una poblaci&oacute;n altamente vulnerable y pr&aacute;cticamente no investigada en nuestro pa&iacute;s: las trabajadoras sexuales. Ambos muestran resultados de una misma investigaci&oacute;n realizada en el Estado de Hidalgo, y a pesar de limitaciones metodol&oacute;gicas, derivadas de la propia dificultad para acceder a estas mujeres, se trata de esfuerzos por visibilizar los problemas de salud mental que pueden afectar a estas mujeres, m&aacute;s all&aacute; de que se les considere exclusivamente como portadoras de enfermedades de transmisi&oacute;n sexual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero de estos dos art&iacute;culos, "Correlatos psicosociales de depresi&oacute;n y riesgo de suicidio en trabajadoras sexuales mexicanas", de Gonz&aacute;lez&#45;Forteza, Rodr&iacute;guez, Fuentes, Vega y Jim&eacute;nez, refleja la gravedad de estas problem&aacute;ticas. De acuerdo con el art&iacute;culo, dos de cada cinco mujeres de &eacute;stas sufren depresi&oacute;n, porcentaje muy superior a la prevalencia de cualquier otro trastorno afectivo en las mujeres de poblaci&oacute;n general, que llega a ser de alrededor del 3%. Una proporci&oacute;n similar report&oacute; riesgo de suicidio &#45;que incluye la ideaci&oacute;n, la planeaci&oacute;n y el intento&#45;, en un grado tambi&eacute;n m&aacute;s elevado que el de las mujeres de poblaci&oacute;n general de nuestro pa&iacute;s. Asimismo, una de cada cuatro mujeres presenta simult&aacute;neamente ambas problem&aacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el mismo art&iacute;culo, la violencia es un factor fundamental que incide en la depresi&oacute;n y el riesgo de suicidio en estas mujeres. Este factor se reporta como rechazo emocional y negligencia por parte de la madre, como abuso sexual infantil y como maltrato emocional por parte de la pareja. A su vez, el consumo de alcohol y la violencia sexual son factores que predicen espec&iacute;ficamente el riesgo suicida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas distintas formas de violencia y sus efectos en la presencia de depresi&oacute;n, no son las &uacute;nicas que experimentan estas mujeres, como lo expone el art&iacute;culo "Violencia en el entorno laboral del trabajo sexual y consumo de sustancias en mujeres mexicanas", de Rodr&iacute;guez, Fuentes, Ramos&#45;Lira, Guti&eacute;rrez y Ruiz. Como muestra la revisi&oacute;n de la literatura, alrededor del mundo las trabajadoras sexuales, en particular las que laboran en las calles, presentan tasas de mortalidad seis veces m&aacute;s altas que las de la poblaci&oacute;n general y enfrentan una gama de problemas sociales que se entrecruzan: la pobreza, el encarcelamiento, el abuso de sustancias, el riesgo de infecci&oacute;n del virus de inmunodeficiencia humana y la violencia de pareja. Estas mujeres tambi&eacute;n corren un riesgo mayor de sufrir asaltos, violaciones y otras formas de violencia f&iacute;sica. Asimismo, en ellas se reporta un alto consumo de alcohol, al igual que el uso de drogas como coca&iacute;na, <i>crack,</i> mariguana y hero&iacute;na.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, la gran cantidad de adversidades y de formas de violencia que encaran las trabajadoras sexuales lleva a pensar que el uso de sustancias bien podr&iacute;a ser un mecanismo atenuante para ayudarse a enfrentar el trabajo sexual cotidiano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados de este art&iacute;culo muestran que estas mujeres laboran, efectivamente, en condiciones de violencia que las vuelven muy vulnerables. Seg&uacute;n estos mismos datos, la mitad de ellas ha estado expuesta a la violencia, en particular de tipo f&iacute;sico, pero tambi&eacute;n a la sexual. Las mujeres entrevistadas mencionan que estas formas de violencia las han ejercido en su contra clientes, due&ntilde;os de bares y polic&iacute;as, aunque tambi&eacute;n se&ntilde;alan a sus compa&ntilde;eras sexoservidoras como las principales fuentes de violencia, precisamente por competir por los clientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casi todas las trabajadoras sexuales entrevistadas reportaron haber consumido alcohol en el &uacute;ltimo mes, consumo que parece ser promovido por su alta disponibilidad y la fuerte presi&oacute;n que ejercen tanto clientes como due&ntilde;os de bares para que lo ingieran mientras trabajan. En cuanto al consumo de otras drogas, este trabajo concuerda con que las m&aacute;s utilizadas son la coca&iacute;na y la mariguana. Adem&aacute;s, el tabaco destac&oacute; como un problema importante, el que tambi&eacute;n podr&iacute;a fungir como un mecanismo para enfrentar la ansiedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos estos hallazgos reflejan la gravedad de la situaci&oacute;n que viven estas mujeres, circunstancia que habr&iacute;a que considerar para mejorar los servicios de salud a los que deber&iacute;an tener derecho y acceso. Estos servicios deben incluir la atenci&oacute;n a problemas de salud mental, como la depresi&oacute;n y el abuso de alcohol, drogas y tabaco, e incorporar intervenciones especializadas en abusos en la infancia y en la violencia de pareja y laboral. Tendr&iacute;a que pensarse, adem&aacute;s, en maneras de proteger a las trabajadoras sexuales en estos contextos de alta violencia, lo que implicar&iacute;a cambios mayores en t&eacute;rminos de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que consideren a estas mujeres como ciudadanas merecedoras de todos los derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se desprende de todo lo anterior, hay mucho por hacer en los campos de la investigaci&oacute;n y la intervenci&oacute;n, y &eacute;sta es s&oacute;lo una muestra de lo que es posible y necesario abordar, incluyendo la discusi&oacute;n conceptual sobre el sexo y el g&eacute;nero, los v&iacute;nculos de &eacute;stos con la salud mental y los diversos factores que influyen en ella. En todo ello destaca que la violencia de g&eacute;nero es un tema muy grave asociado con diversas problem&aacute;ticas y que, por lo tanto, es necesario seguir visibiliz&aacute;ndolo y dise&ntilde;ar estudios espec&iacute;ficos cuyos resultados incidan, a su vez, en su disminuci&oacute;n. Por desgracia, gran parte del trasfondo de esta violencia se encuentra en lo sociocultural, en las creencias estereotipadas sobre lo que son y deben ser las mujeres y los hombres, de manera tal que la violencia simb&oacute;lica opera de manera invisible y es reproducida por toda la sociedad, y no s&oacute;lo por quienes la ejercen y la sufren directamente. La inequidad de g&eacute;nero, que conlleva discriminaci&oacute;n y violencia, tambi&eacute;n permea las instituciones dedicadas a atender la salud mental. Como se ve, ante todo ello tenemos un gran reto por delante. Nuestro desaf&iacute;o debe incluir abordar tambi&eacute;n a los hombres en su condici&oacute;n de g&eacute;nero y proponer recomendaciones para la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;Freeman D, Freeman J. The stressed sex: Uncovering the truth about men, women, and mental health. Oxford: Oxford University Press; 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104359&pid=S0185-3325201400040000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Bautista CF, Vel&aacute;zquez JV, Icaza MEMM, L&oacute;pez MM, L&oacute;pez MDLG, Robles NO. (2012). Sociodemographic and personal factors related to depressive symptomatology in the Mexican population aged 12 to 65. Revista Brasileira de Psiquiatria 2012; 34(4):395&#45;404.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104361&pid=S0185-3325201400040000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;Rafful C, Medina&#45;Mora ME, Borges G, Benjet C, Orozco R. Depression, gender, and the treatment gap in Mexico. Journal of affective disorders 2012; 138(1):165&#45;169.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104363&pid=S0185-3325201400040000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.&nbsp;Benjet C, Borges G, Medina&#45;Mora ME, M&eacute;ndez E, Fleiz C, Rojas E, Cruz C. Diferencias de sexo en la prevalencia y severidad de trastornos psiqui&aacute;tricos en adolescentes de la Ciudad de M&eacute;xico. Salud Mental 2009; 32(2):155&#45;163.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104365&pid=S0185-3325201400040000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.&nbsp;Lozano R, G&oacute;mez&#45;Dant&eacute;s H, Garrido&#45;Latorre F, Jim&eacute;nez&#45;Corona A, Campuzano&#45;Rinc&oacute;n JC, Franco&#45;Marina F, Medina&#45;Mora ME, Borges G, Nagavi M, Wang H, Vos T, L&oacute;pez AD, Murray CJL. La carga de enfermedad, lesiones, factores de riesgo y desaf&iacute;os para el sistema de salud en M&eacute;xico. Salud Publica Mex 2013; 55:580&#45;594.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104367&pid=S0185-3325201400040000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.&nbsp;Berenzon S, Lara MA, Robles R, Medina&#45;Mora ME. Depresi&oacute;n: estado del conocimiento y la necesidad de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y planes de acci&oacute;n en M&eacute;xico. Salud P&uacute;blica de M&eacute;xico 2013; 55(1):74&#45;80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104369&pid=S0185-3325201400040000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7.&nbsp;Dumais A, Lesage AD, Alda M, Rouleau G, Dumont M, Chawky, N, Turecki G. Risk factors for suicide completion in major depression: a case&#45;control study of impulsive and aggressive behaviors in men. American Journal of Psychiatry 2005; 162(11):2116&#45;2124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104371&pid=S0185-3325201400040000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">8.&nbsp;Ramos Lira, L. G&eacute;nero y violencia. En: de la Fuente JR, Heinze G. (eds.) Salud Mental y medicina psicol&oacute;gica. M&eacute;xico: McGrawHill/UNAM; 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104373&pid=S0185-3325201400040000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">9.&nbsp;G&oacute;mez EG. Equidad, g&eacute;nero y salud: retos para la acci&oacute;n1. Rev Panam Salud P&uacute;blica 2002; 11(5/6):455&#45;461.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104375&pid=S0185-3325201400040000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">10.&nbsp;Ramos L, Saucedo I. La agresi&oacute;n y la violencia de g&eacute;nero en seres humanos. En: Mu&ntilde;&oacute;z&#45;Delgado J, D&iacute;az JL y Moreno BC (coords.) Agresi&oacute;n y Violencia. Cerebro, comportamiento y bio&eacute;tica. INPRF/HERDER: M&eacute;xico; 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104377&pid=S0185-3325201400040000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">11.&nbsp;Lohan M. How might we understand men's health better? Integrating explanations from critical studies on men and inequalities in health. Social science &amp; medicine 2007; 65(3):493&#45;504.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104379&pid=S0185-3325201400040000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">12.&nbsp;Fausto&#45;Sterling, A. Cuerpos sexuados: La pol&iacute;tica de g&eacute;nero y la construcci&oacute;n de la sexualidad. Barcelona: Editorial Melusina; 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104381&pid=S0185-3325201400040000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">13.&nbsp;Evans J, Frank B, Oliffe JL, Gregory D. Health, illness, men and masculinities (HIMM): a theoretical framework for understanding men and their health. Journal of Men's Health 2011; 8(1):7&#45;15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104383&pid=S0185-3325201400040000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">14.&nbsp;Krieger, N. Genders, sexes, and health: What are the connections &#151; and why does it matter?. International Journal of Epidemiology 2003; 32(4):652&#45;657.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104385&pid=S0185-3325201400040000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">15.&nbsp;Sen G, George A, &Ouml;stlin P. Incorporar la perspectiva de g&eacute;nero en la equidad en salud: un an&aacute;lisis de la investigaci&oacute;n y las pol&iacute;ticas. No. 14. Pan American Health Org, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104387&pid=S0185-3325201400040000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">16.&nbsp;Berm&uacute;dez EC, Mendoza MPR, Ruiz EMR, Durand&#45;Smith AL, Hern&aacute;ndez GJS. Female depression and substance dependence in the Mexico City penitentiary system. Salud Mental 2007; 30(6):53&#45;61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104389&pid=S0185-3325201400040000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">17.&nbsp;Romero Mendoza M., Sald&iacute;var G, Loyola L, Rodr&iacute;guez E, Galv&aacute;n J. Inequidades de g&eacute;nero, abuso de sustancias y barreras al tratamiento en mujeres en prisi&oacute;n. Salud mental 2010; 33(6):499&#45;506.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104391&pid=S0185-3325201400040000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">18.&nbsp;Rey GN, Garc&iacute;a FJ, Sainz, MT. Validez factorial de una escala de violencia hacia la pareja en una muestra nacional mexicana. Salud mental 2004; 27(2):31&#45;38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104393&pid=S0185-3325201400040000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">19.&nbsp;Tiburcio Sainz M, Natera Rey G, Berenzon Gorn, S. Utilizaci&oacute;n de servicios de atenci&oacute;n a la salud mental en mujeres v&iacute;ctimas de violencia conyugal. Salud mental 2010; 33(3):243&#45;248.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104395&pid=S0185-3325201400040000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">20.&nbsp;Saltijeral MT, Ramos LL, Caballero MA. Las mujeres que han sido v&iacute;ctimas de maltrato conyugal: tipos de violencia experimentada y algunos efectos en la salud mental. Salud Mental 1998; 21(2):10&#45;18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104397&pid=S0185-3325201400040000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">21.&nbsp;Hern&aacute;ndez GS, Lira LR, M&eacute;ndez MTS. Validaci&oacute;n de las escalas de aceptaci&oacute;n de la violencia y de los mitos de violaci&oacute;n en estudiantes universitarios. Salud mental 2004; 27(6):41&#45;49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104399&pid=S0185-3325201400040000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">22.&nbsp;Hern&aacute;ndez GS, Lira LR, Mendoza, MR. &iquest;Qu&eacute; es la coerci&oacute;n sexual? significado, t&aacute;cticas e interpretaci&oacute;n en j&oacute;venes universitarios de la ciudad de M&eacute;xico. Salud Mental 2008; 31(1):45&#45;51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104401&pid=S0185-3325201400040000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">23.&nbsp;Rasc&oacute;n GML, Guti&eacute;rrez LML., Valencia CM, Murow TE. Relaci&oacute;n entre la emoci&oacute;n expresada por el familiar responsable y la conducta sintom&aacute;tica de pacientes con esquizofrenia, incluido el funcionamiento social. Salud mental 2008; 31(3):205&#45;212.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104403&pid=S0185-3325201400040000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">24.&nbsp;Fleiz Bautista C, Ito Sugiyama M, Medina&#45;Mora Icaza M, Ramos Lira L. Los malestares masculinos: Narraciones de un grupo de varones adultos de la Ciudad de M&eacute;xico. Salud mental 2008; 31(5):381&#45;390.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104405&pid=S0185-3325201400040000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">25.&nbsp;Fraile JS, Sampere VE. Malestar emocional: Manual pr&aacute;ctico para una respuesta en atenci&oacute;n primaria. Generalitat Valenciana: Conselleria de Sanitat; 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104407&pid=S0185-3325201400040000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">26.&nbsp;Bourdieu, P. Symbolic violence. Revista Latina de Sociolog&iacute;a 2012; 2:1&#45;4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9104409&pid=S0185-3325201400040000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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