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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Presentation</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Cristina M&uacute;gica</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este n&uacute;mero de <i>Acta Po&eacute;tica</i> comienza con un dossier en donde se presentan lecturas de textos diferentes <i>(exempla, un fabliau, nouvelles,</i> una tragicomedia, un poema &eacute;pico&#45;burlesco, una novela ejemplar, el productor&#45;producto cultural Shakespeare, el <i>Quijote</i> y una novela contempor&aacute;nea) a partir de su pertenencia a la tradici&oacute;n de lo c&oacute;mico&#45;serio. Seg&uacute;n ha se&ntilde;alado Mija&iacute;l Bajt&iacute;n, los "g&eacute;neros c&oacute;mico&#45;serios" surgen durante la &eacute;poca helen&iacute;stica en oposici&oacute;n a los g&eacute;neros serios, como la &eacute;pica, la tragedia y la historia. La novela moderna se origina precisamente en estos g&eacute;neros carnavalizados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cruce de fronteras, la subversi&oacute;n, la carnavalizaci&oacute;n, la desconstrucci&oacute;n y la disidencia constituyen diferentes formas mediante las cuales la comicidad irrumpe en la esfera de la seriedad (sea &eacute;sta la moralizaci&oacute;n, la tragedia, la &eacute;pica, la filosof&iacute;a, la Idea renacentista, la melancol&iacute;a, la historia) para socavarla, liberando significaciones, mostrando el reverso de las cosas, el mundo al rev&eacute;s. As&iacute;, como efecto de la dicotom&iacute;a entre la seriedad did&aacute;ctica y la comicidad se produce la risa disciplinaria; entre el espanto y la burla, la risa burlesca; entre la tragedia y la comedia, un efecto de liberaci&oacute;n; entre la &eacute;pica y los objetos de lo bajo material, la risa ambivalente; entre la murmuraci&oacute;n y la filosof&iacute;a, la s&aacute;tira; entre el "arriba" y el "abajo", la desmitificaci&oacute;n de la bardolatr&iacute;a; entre la melancol&iacute;a y la comicidad, la risa carnavalesca; entre la historia y la comicidad, la desmitificaci&oacute;n de la seriedad oficial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo "Personajes c&oacute;micos en la <i>Disciplina clericalis</i> y <i>El Conde Lucanor'",</i> escrito por Graciela C&aacute;ndano, presenta un an&aacute;lisis de los aspectos que en los relatos ejemplares medievales hacen re&iacute;r (enfatizando particularmente la comicidad de los personajes), en contrapunto con la seriedad de la funci&oacute;n moralizante que cumpl&iacute;an. Un <i>exemplum,</i> explica la autora, es un relato que ilustra o revela alg&uacute;n hecho; si &eacute;ste es saludable o edificante tiende a convencer, y si es malo tiende a ser repudiado.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este prop&oacute;sito, C&aacute;ndano elige las dos colecciones de <i>exempla</i> m&aacute;s representativas de los siglos XII y XIV: la <i>Disciplina clericalis</i> de Pedro Alonso y <i>El Conde Lucanor</i> de don Juan Manuel. La autora se&ntilde;ala diecis&eacute;is relatos del primer texto y diez del segundo en los cuales al adoctrinamiento se a&uacute;na la comicidad y donde, en consonancia con el mensaje de &iacute;ndole did&aacute;ctica, la risa tiene un valor sancionador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo a Bergson, la articulista plantea que el automatismo (ideas fijas, obsesiones, man&iacute;as, traumas, inconciencia, vanidad, ignorancia, ingenuidad, estupidez) y la excentricidad producen risa. M&aacute;s adelante cita a Huizinga, para quien la categor&iacute;a de lo c&oacute;mico est&aacute; vinculada con el desatino, el desvar&iacute;o, el frenes&iacute; y la "locura".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los seis relatos por ella analizados (tres de <i>Disciplina</i> y tres de <i>El Conde Lucanor),</i> advierte Graciela C&aacute;ndano que todos los personajes presentan una ceguera moment&aacute;nea, la cual les impide ver la realidad. Esto manifiesta una falla, una mancha que los hace lucir c&oacute;micos y por lo que tambi&eacute;n deben sufrir una correcci&oacute;n; de ah&iacute; surge la risa disciplinaria, "capaz de enmendar, por v&iacute;a del escarnio, conductas perniciosas producidas por automatismos f&iacute;sicos o ps&iacute;quicos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, en el art&iacute;culo "Del espanto a la hilaridad en el relato c&oacute;mico medieval", a partir de las indagaciones de Lecouteux, Binski, Russell, Le Goff y Schmitt sobre las nociones de la muerte, las costumbres funerarias y las creencias en el m&aacute;s all&aacute; de paganos y cristianos, Cristina Azuela trabaja en torno a un <i>fabliau</i> y a <i>nouvelles</i> italianas y francesas en las que el miedo a los muertos, a los aparecidos y a los fantasmas se convierte en objeto de burlas y risa. En el <i>fabliau</i> de <i>Estormi,</i> las malas intenciones de los diablos cristianos se atinan con los rasgos t&iacute;picos de los aparecidos vengativos pertenecientes a las tradiciones paganas; asimismo, se mezcla la idea del aparecido de carne y hueso &#151;el "doble" en el paganismo&#151; con la fuerza del demonio cristiano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A decir de la autora, el cristianismo medieval intentaba sustituir el culto pagano de los ancestros por los ritos funerarios cristianos y la veneraci&oacute;n de los santos, figuras &eacute;stas que transgreden la separaci&oacute;n entre los &aacute;mbitos de la vida y la muerte al actuar como intercesores entre ambos. Y si la Iglesia hab&iacute;a reutilizado las apariciones de los paganos para presentarlas como productos infernales y as&iacute; acrecentar el temor al pecado, los relatos c&oacute;micos reutilizan los mismos argumentos, bien sea para ridiculizarlos o para celebrar la astucia que los pecadores pon&iacute;an en juego con tal de satisfacer toda clase de placeres corporales y materiales. Estos textos presentan, pues, un cruce de fronteras entre lo serio y lo c&oacute;mico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "La tragic&oacute;mica 'grandeza de dios' en <i>La Celestina",</i> Gustavo Illades llama la atenci&oacute;n sobre la frase inicial de Calisto en la obra, que inicia a lo divino una f&aacute;bula de fuerte contenido er&oacute;tico, a partir de la cual la "grandeza de dios" y la lujuria del protagonista se funden en un mismo campo sem&aacute;ntico. Posteriormente, Illades habla del car&aacute;cter experimental de la tragicomedia, a la que inserta en los "g&eacute;neros c&oacute;mico&#45;serios" tal como los caracteriza Bajt&iacute;n. La obra, en cuanto tragicomedia &#151;explica&#151;, pone en contacto a dioses con hombres y al placer con la tristeza; comienza con el tema del amor divino&#45;humano (grandeza de Dios&#45;lujuria de Calisto), y constituye un mundo er&oacute;tico inseparable del Dios de los cristianos y de la Iglesia cat&oacute;lica. La superposici&oacute;n del campo sem&aacute;ntico religioso con el er&oacute;tico establece una trayectoria textual en la que Celestina aparece como mensajera de una deidad dual, c&oacute;mico&#45;seria: Dios y Cupido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La "grandeza de dios" que Calisto define al inicio de la obra aparece glosada por Pleberio en su lamento final, en el que denegando la equivalencia entre Dios y Amor, ante el cuerpo ex&aacute;nime de su hija, da cuenta del modo como Dios&#45;Amor trata a sus <i>subjectos.</i> Pleberio hablar&aacute; del cuerpo ardiente de los enamorados; y si Cupido no es otro que Dios, los ardientes cuerpos ser&aacute;n tambi&eacute;n los de los condenados a la hoguera por la Inquisici&oacute;n. De esta manera, las palabras de Pleberio y la biograf&iacute;a del autor (el padre de Rojas fue ejecutado en la hoguera en un auto de fe) entran en di&aacute;logo por mediaci&oacute;n del discurso m&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, Illades observa que, al decretar la universalidad del culto romano, los Reyes Cat&oacute;licos instituyeron la orfandad de los jud&iacute;os espa&ntilde;oles. De esta manera, el Dios de los cat&oacute;licos, Padre postizo o Padrastro del converso Rojas, tendr&iacute;a por atributo, en su dimensi&oacute;n arquet&iacute;pica, quemar con la llama del amor y de la pira a sus criaturas. Al contradecir la bondad intr&iacute;nseca de Dios, Rojas realiza un deicidio simb&oacute;lico. De esta manera, carnavaliza el amor divino&#45;humano convirtiendo a Pleberio en un hombre nuevo: "un hu&eacute;rfano de Dios, del Amor, de la honra y de la familia, un individuo inmerso en el nuevo mundo &#151;<i>'In hac lachrymarum valle'</i>&#151; que habitar&aacute;n el siglo siguiente los personajes de la novela moderna, los picaros". Y si los cristianos viejos, identificados con las l&aacute;grimas de Pleberio, leyeron el final de la obra como tragedia, tal vez la comunidad de conversos la habr&iacute;a le&iacute;do literalmente como tragi&#45;comedia. Esto es, con un inicio caracter&iacute;stico de la tragedia y un liberador holocausto ficticio del mundo cat&oacute;lico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "El 'cuerpo estropeado de mil modos' en el inframundo de <i>La Moschea"</i> Gabriela Nava trabaja sobre un poema burlesco de asunto animal&iacute;stico que resulta de la desconstrucci&oacute;n de lo &eacute;pico y en donde la risa transfiere a un plano distinto la visi&oacute;n y los valores de este mundo para examinarlos, cuestionarlos y revalorarlos libremente. <i>La Moschea</i> de Jos&eacute; de Villaviciosa cuenta en doce cantos la batalla de las moscas, los t&aacute;banos y los mosquitos contra las hormigas, las pulgas y los piojos. Se trata de un ejemplo del "columpio del realismo grotesco" (Bajt&iacute;n) en el que los personajes, los t&oacute;picos y escenarios de la &eacute;pica son sustituidos por elementos grotescos y escatol&oacute;gicos. De esta manera, los distintos aspectos del mundo &eacute;pico resultan desidealizados a trav&eacute;s de im&aacute;genes ambivalentes de lo bajo material, que los presenta como objetos risibles. Otra fuente de lo c&oacute;mico en el poema es la conjugaci&oacute;n y yuxtaposici&oacute;n de la &eacute;pica seria y la de burlas. El cuerpo del inframundo &eacute;pico, subvertido por el realismo grotesco, aparece deforme; se presenta adem&aacute;s una descripci&oacute;n de su parte inferior (el vientre, el trasero y los &oacute;rganos genitales) y los actos asociados con ella (el alumbramiento, el embarazo, la digesti&oacute;n, la defecaci&oacute;n y el coito).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villaviciosa desmitifica el t&oacute;pico de la inspiraci&oacute;n po&eacute;tica (agua y aire) al compararla con las deyecciones corporales. Ahora bien, en la concepci&oacute;n carnavalesca, lo inferior corporal fecunda y da a luz, de modo que las im&aacute;genes de la orina y los excrementos guardan un v&iacute;nculo sustancial con el nacimiento, la fecundidad, la renovaci&oacute;n y el bienestar (Bajt&iacute;n).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor del poema burlesco se sirve de dilog&iacute;as para hacer menci&oacute;n "velada" de lo escatol&oacute;gico. Seg&uacute;n la autora, en la concepci&oacute;n carnavalesca las secreciones corporales est&aacute;n despojadas de sentido negativo; "funcionan como un medio ambivalente (degradaci&oacute;n / regeneraci&oacute;n) del mundo que entra en contacto con &eacute;l". De la misma manera, el cad&aacute;ver descompuesto se transforma en tierra f&eacute;rtil, dando lugar al nacimiento. Hacia el final del poema se produce un desmembramiento corporal como resultado de la guerra. "El 'columpio del realismo grotesco' asciende en esta escena para trasladar el cuerpo despedazado al plano de&iacute;fico, coloc&aacute;ndolo entre las 'viandas' de la mesa beat&iacute;fica". De esta manera, el cuerpo del inframundo de <i>La Moschea</i> constituye un doble par&oacute;dico de los personajes y motivos de lo &eacute;pico, los cuales pueden ser enaltecidos y revalorizados tras estar en contacto con el ambivalente mundo de lo bajo material y corporal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "La filiaci&oacute;n gen&eacute;rica del <i>Coloquio de los perros",</i> ante la cuesti&oacute;n del habla de los canes, Jorge Alc&aacute;zar trata del problema de la verosimilitud que, planteado acorde con Arist&oacute;teles, establece que la maravilla y lo imposible no son incompatibles con &eacute;sta. Posteriormente, Alc&aacute;zar aborda el problema de la tendencia filos&oacute;fica del coloquio, que proviene de Di&oacute;genes el S&iacute;nope, apodado "el Perro", que Cervantes habr&iacute;a le&iacute;do &#151;si no en Di&oacute;genes Laercio, s&iacute; seguramente en <i>Silva de varia lecci&oacute;n,</i> de Pero Mex&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <i>Coloquio</i> aparece la impronta de Erasmo y los di&aacute;logos de Luciano de Samosata, asociados con la s&aacute;tira menipea. Una de las particularidades de la menipea es crear situaciones excepcionales, como es el caso del coloquio de los perros mismo. En el <i>Coloquio</i> se dan as&iacute; la mano g&eacute;neros cultos y populares, desde el di&aacute;logo erasmiano hasta la pragm&aacute;tica discursiva de los sub&#45;mundos criminales y los mataderos; coexisten asimismo diversos g&eacute;neros: las narrativas picaresca y pastoril, el entrem&eacute;s y distintos tipos de saberes tocantes a la ret&oacute;rica y la argumentaci&oacute;n l&oacute;gica. De esta manera, Berganza habla de las f&aacute;bulas de Esopo y reconoce la pr&eacute;dica moralizante. Por su parte, Cipi&oacute;n, familiarizado con los procesos de simbolizaci&oacute;n, puede identificar sentidos aleg&oacute;ricos y conoce etimolog&iacute;as griegas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Berganza es locuaz y parlanch&iacute;n. Cipi&oacute;n funciona como lector ideal y como censor de las digresiones e interpolaciones de la narraci&oacute;n realizadas por su compa&ntilde;ero. La capacidad cr&iacute;tica de Cipi&oacute;n adquiere cabal importancia cuando intenta interpretar la profec&iacute;a de la bruja Camacha sobre la posible mudanza de su naturaleza perruna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <i>Coloquio</i> se cuestiona la identidad de los seres que lo habitan, as&iacute; como de los signos y las acciones que representan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, los pastores se comportan cual si fueran lobos, los alguaciles como ladrones, los jiferos como asesinos y aun las brujas pueden fingir santidad. "Esta enigm&aacute;tica incertidumbre de hacia d&oacute;nde apuntan los signos hace que las cosas sean una y otra a la vez, o que el principio l&oacute;gico de identidad entre en una crisis referencial". As&iacute;, a Berganza se le llama Gavil&aacute;n jifero, despu&eacute;s Barcino, hasta llegar a ser "el perro sabio", y en la escena donde arrastra el cuerpo de la vieja Ca&ntilde;izares se le tacha de "demonio en figura de perro".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La novela ejemplar cervantina se mueve entre los polos activos del "murmurar", s&aacute;tira de las costumbres del momento, y el "filosofar", prop&oacute;sito edificante impl&iacute;cito en cualquier texto literario, polos naturales de los g&eacute;neros c&oacute;mico&#45;serios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ascendencia de los protagonistas del di&aacute;logo se remonta al personaje Di&aacute;logo, presente en el texto <i>Dos veces acusado o acerca de los tribunales,</i> escrito por Luciano de Samosata, en donde da cuenta de su ca&iacute;da de las cumbres, de la sustituci&oacute;n de su m&aacute;scara tr&aacute;gica por una perteneciente a c&oacute;micos y sat&iacute;ricos, adem&aacute;s de c&oacute;mo fue cubierto de burla mordaz, del yambo y de la libertad de los c&iacute;nicos; el relato junta a Eup&oacute;lides con Arist&oacute;fanes y con el c&iacute;nico Menipo, que muerde al tiempo que r&iacute;e.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su art&iacute;culo "Humor en disidencia: Correlatos para abordar a Shakespeare de 'arriba' a 'abajo'", Alfredo Michel Modenessi se propone explorar puntos de correlaci&oacute;n "para abordar la presencia del humor en Shakespeare a partir y a trav&eacute;s de iron&iacute;as que permean su entorno cultural". De esta manera, resulta posible pensar la est&eacute;tica de la compilaci&oacute;n de los 154 sonetos shakesperianos junto con el cuadro del Veron&eacute;s <i>La cena en casa de Levi</i> (originalmente una <i>&Uacute;ltima Cena).</i> La primera, dice Michel, pareciera preconizar un programa ideol&oacute;gico, pero termina asentando voces, experiencias cr&iacute;ticas, dramas de la interioridad e ironizando sobre s&iacute;, hacia "arriba" y hacia "abajo". En el segundo, bufones, borrachos, alemanes, enanos, personajes que no debieran figurar en el cuadro, a decir de la Santa Inquisici&oacute;n, convierten la obra en un teatro de energ&iacute;as e im&aacute;genes del tiempo y los cuerpos, produciendo en quien mira un efecto inquietante, desestabilizador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alfredo Michel sit&uacute;a al "productor&#45;producto cultural Shakespeare" entre una est&eacute;tica de la Idea renacentista y una est&eacute;tica de la experiencia cr&iacute;tica, que es la del teatro popular de la modernidad incipiente. El autor apunta una diferencia entre el efecto art&iacute;stico provocado por los modos del carnaval descritos por Bajt&iacute;n y los productos de artistas y pensadores de la temprana modernidad: en el primer caso se trata de subversi&oacute;n; en el segundo, de disidencia. El autor caracteriza a esta &uacute;ltima, la disidencia, como una energ&iacute;a que desde el interior de la composici&oacute;n socava su programa ideol&oacute;gico, inscribiendo en &eacute;sta la iron&iacute;a y un gran sentido del humor.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fen&oacute;meno Shakespeare se produce, por una parte, en un entorno relativamente alejado de los espacios "oficiales", esto es, en lo popular medieval y en fen&oacute;menos parateatrales como el carnaval, y por otra en el influjo humanista y cultivado inscrito en la herencia latina y trasminado en las influencias continentales. La "hibridaci&oacute;n" de los productos del drama isabelino combina elementos estrictamente populares con otros m&aacute;s "altos", pero &eacute;sta no puede comprenderse como un resultado conciliador o estable: es un producto inestable y err&aacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, en palabras de Michel, Shakespeare se sit&uacute;a entre el mundo de "arriba" y un teatro cuyo origen est&aacute; en el extremo opuesto, y en medio de ambos inscribe una est&eacute;tica moderna, propia de la clase media, que diluye ir&oacute;nicamente el "arriba" y el "abajo", traduciendo la ansiedad en humor disidente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi art&iacute;culo "Locuras en contrapunto: don Quijote y Enrique IV" presenta lo c&oacute;mico y lo dram&aacute;tico en relaci&oacute;n con la locura de los personajes (cervantino y pirandelliano) objeto de estudio. En ambas obras se establece un v&iacute;nculo entre locura y teatralidad. De esta manera cito a Carmen Le&ntilde;ero, quien habla de la locura como recurso de composici&oacute;n de la est&eacute;tica pirandelliana, particularmente en la farsa de la locura en <i>Enrique IV</i> (en el doble sentido de la modalidad de representaci&oacute;n y del fingimiento de la locura), cuyo protagonista y director es el loco. Por otra parte cito a Aurelio Gonz&aacute;lez, quien encuentra en la novela cervantina que la palabra del protagonista crea &aacute;mbitos de ficci&oacute;n, como si se tratara de una comedia. De esta manera, cuando a don Quijote se le representa la venta como castillo, opera asimismo la transformaci&oacute;n de los personajes que ah&iacute; transitan en int&eacute;rpretes del papel que les asigna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puestas una al lado de la otra, las locuras de ambos personajes establecen un contrapunto. La de don Quijote es una locura l&uacute;dica, que incorpora a otros personajes a la representaci&oacute;n que produce y protagoniza; la de Enrique IV, en la medida en que constituye una defensa contra el atentado sufrido, est&aacute; marcada por la persecuci&oacute;n, la amargura y el ritual f&aacute;rsico con que la propia locura se finge. Y si ambas locuras se gestan a partir de una ca&iacute;da del afectado (que en el caso de Enrique IV aparece marcada por la ca&iacute;da del caballo), el delirio quijotesco se yergue en af&aacute;n de conquista y de fama, por cuanto se siente llamado a actuar el deseo del hidalgo Quijano; en el caso de <i>Enrique IV,</i> el protagonista pierde su cuerpo y queda fijado a la imagen del soberano medieval.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo "Elementos de lo c&oacute;mico&#45;serio en <i>Maten al le&oacute;n</i> de Jorge Ibarg&uuml;engoitia" de Juan Campesino explica en un primer apartado, referente al eje sintagm&aacute;tico, el surgimiento de lo c&oacute;mico a partir de cierta disposici&oacute;n y hechos del mundo: siguiendo a Emil Staiger, lo ubica en el &aacute;mbito de lo dram&aacute;tico. Originalmente, <i>Maten al le&oacute;n</i> se proyect&oacute; como gui&oacute;n cinematogr&aacute;fico. El estilo dram&aacute;tico privilegia el presente inmediato, y los acontecimientos se desarrollan en un presente continuo. En la comedia, el presente da significado al pasado y al futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la novela se presenta la "nueva actitud hacia la realidad" que constituye para Bajt&iacute;n el primer rasgo de los g&eacute;neros c&oacute;mico&#45;serios, esto es, la actualidad como punto de partida para la comprensi&oacute;n, valoraci&oacute;n y tratamiento de la realidad. Siguiendo a Iser, Campesino se refiere al proceso de lectura que implica la dial&eacute;ctica entre dos horizontes: el de las retensiones (recuerdos) y el de las protensiones (expectativas). En su opini&oacute;n, los espacios vac&iacute;os que se desplazan en el eje sintagm&aacute;tico implican al lector en la constituci&oacute;n del sentido y hacen posible que experimente la lectura como acontecimiento. El lector de la obra permanece constantemente en el v&eacute;rtice de ambos horizontes, en una tensi&oacute;n entre el recuerdo y la expectativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al eje paradigm&aacute;tico de lo serio, afirma Campesino que "la risa inaugura un nuevo g&eacute;nero de seriedad, no ya anquilosado en el discurso ideol&oacute;gico o autoritario, sino renovado y din&aacute;mico". <i>Maten al le&oacute;n</i> recrea los atentados sufridos por Alvaro Obreg&oacute;n entre 1927 y 1928 durante la campa&ntilde;a pol&iacute;tica y el triunfo en su segunda elecci&oacute;n presidencial. Ibarg&uuml;engoitia funde en el personaje de Belauzar&aacute;n a Alvaro Obreg&oacute;n y Plutarco Elias Calles. La relaci&oacute;n entre Belauzar&aacute;n y sus fuentes hist&oacute;ricas opera como contorno sem&aacute;ntico a lo largo de la lectura. El mundo real pasa, pues, a la ficci&oacute;n en un proceso que tiene mucho de esperpentismo; afirma el autor que, pese a todas sus diferencias, tanto el tirano Banderas como Belauzar&aacute;n son resultantes del mundo vuelto al rev&eacute;s del que tanto habla Bajt&iacute;n. En este eje, el lector se sit&uacute;a entre el texto y el mundo, lugar donde descubre un significado que tiende el puente entre el plano vivencial y el existencial, y por tanto lo transforma. De esta manera, el lector "se transporta al mundo de la ficci&oacute;n, para regresar al mundo hist&oacute;rico, del que es parte, provisto de nuevos elementos para su comprensi&oacute;n". La novela otorga de esta manera realidad y actualidad al discurso anquilosado de la historia oficial de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la secci&oacute;n de art&iacute;culos, el trabajo "J. J. Bachofen y el retorno de las Madres", de Annunziata Rossi, se refiere a la obra monumental <i>Matriarcado. Investigaci&oacute;n sobre la ginecocracia</i> <i>del mundo antiguo en sus aspectos religiosos y jur&iacute;dicos</i> (1861) escrito por Johann Jakob Bachofen como resultado de una impresionante investigaci&oacute;n interdisciplinaria y comparativa sobre s&iacute;mbolos y mitos, documentos hist&oacute;ricos, literarios y art&iacute;sticos. Esta interpretaci&oacute;n de la prehistoria, que pone en primer plano las fuerzas irracionales de la sociedad, result&oacute; interesante para el marxismo, el psicoan&aacute;lisis y el movimiento feminista; influy&oacute; asimismo en los "te&oacute;ricos fascistas" alemanes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una carta, Bachofen explica que el derecho materno no hab&iacute;a sido un fen&oacute;meno privativo de algunos pueblos, sino propio de un determinado estadio de la civilizaci&oacute;n humana. Esta afirmaci&oacute;n fue recibida con rechazo, ya que la tesis de un reino de las Madres en los albores de la historia de la humanidad pon&iacute;a en crisis los presupuestos hist&oacute;rico&#45;ideol&oacute;gicos de la familia, la propiedad privada y el patriarcado. La supremac&iacute;a del matriarcado dur&oacute; milenios, pero tuvo que ceder frente al patriarcado despu&eacute;s de un largo proceso de interiorizaci&oacute;n de la imagen paterna, que termin&oacute; desplazando al principio materno. El art&iacute;culo explora las resonancias del matriarcado en la historia de la cultura y la beligerancia del patriarcado; la p&eacute;rdida del rol protag&oacute;nico de la mujer, quien queda bajo la tutela del hombre; la misoginia del mundo occidental teorizada por Arist&oacute;teles y la satanizaci&oacute;n de la mujer por parte de la Iglesia cat&oacute;lica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su art&iacute;culo "Acerca de la inferencia en el intercambio verbal habitual y en la dilog&iacute;a, el doble mensaje y la alusi&oacute;n", Elisabeth Beniers plantea interrogantes sobre la cooperaci&oacute;n entre el emisor y el receptor de la comunicaci&oacute;n verbal. Puesto que nuestra capacidad perceptiva no nos permite identificar la estructura segmental de las palabras que se nos dirigen, la comprensi&oacute;n de lo que escuchamos se produce por otras v&iacute;as, como la elecci&oacute;n de la palabra que mejor cuadra a un tramo de un flujo sonoro determinado y el establecimiento de comparaciones entre lo escuchado y el l&eacute;xico memorizado. Almacenamos palabras completas de dos maneras, de acuerdo con la doble articulaci&oacute;n del signo ling&uuml;&iacute;stico: como entidades sem&aacute;ntico&#45;sint&aacute;cticas y como figuras sonoras o im&aacute;genes ac&uacute;sticas. Se establecen, de esta manera, extensas redes de intercomunicaci&oacute;n entre las unidades en el cerebro.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Beniers, para hablar se parte de la intenci&oacute;n comunicativa hacia la estructura sint&aacute;ctica y los significados l&eacute;xicos m&aacute;s apropiados, y de ah&iacute; a los significantes; para interpretar, se procesa el material sonoro haci&eacute;ndolo coincidir con las im&aacute;genes ac&uacute;sticas almacenadas m&aacute;s cercanas e identificando los valores sem&aacute;nticos asociados. Ahora bien, ninguno de estos procesos es directo ni inequ&iacute;voco, pues existen varios significados l&eacute;xicos capaces de expresar una misma intenci&oacute;n y tambi&eacute;n diversas estructuras sint&aacute;cticas para hacerlo. Por otra parte, es necesario desechar las secuencias sonoras no compatibles sem&aacute;ntica o sint&aacute;cticamente con el enunciado o contexto situacional. Tenemos un dominio inconsciente de las secuencias fonol&oacute;gicas permitidas en nuestra lengua; recordamos sobre todo los elementos iniciales y finales de las palabras; en general tenemos una buena conciencia intuitiva de la estructura sil&aacute;bica de las unidades l&eacute;xicas y sobre todo del ritmo inconsciente. "De esta manera, las unidades l&eacute;xicas adquieren un contorno m&aacute;s relevante que los segmentos fonol&oacute;gicos individuales en la memoria".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para explicar c&oacute;mo pueden identificarse las palabras aun antes de que se pronuncien, Beniers se&ntilde;ala la importancia del contexto del di&aacute;logo y la previsibilidad del intercambio verbal, adem&aacute;s de la redundancia propia de la lengua. El interlocutor va construyendo mentalmente el enunciado y conoce tambi&eacute;n ciertas convenciones comunicativas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, acorde con la autora, entender algo implica mucho m&aacute;s que reconocer se&ntilde;ales ling&uuml;&iacute;sticas: requiere de un proceso de inferencia en donde se construye una interpretaci&oacute;n. Este proceso se lleva a cabo en varios niveles, tanto de orden ling&uuml;&iacute;stico como cultural y de conocimiento del mundo. As&iacute;, en la comunicaci&oacute;n verbal cotidiana se trata de ir resolviendo ambig&uuml;edades, desactivando opciones d&eacute;biles y optando por una versi&oacute;n definitiva en el proceso de construcci&oacute;n de la interpretaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s adelante Beniers se pregunta por las dilog&iacute;as; esto es, por la posibilidad de mantener activa una doble o m&uacute;ltiple versi&oacute;n de un mismo texto, pese a que esto resulta contrario al proceso natural de comprensi&oacute;n. Analiza varios ejemplos period&iacute;sticos y concluye que son muchos los recursos posibles para obligar al receptor a manejar dos o m&aacute;s elementos en un mismo discurso, y que para descifrar simult&aacute;neamente dos mensajes paralelos, &eacute;ste debe aportar sus conocimientos ling&uuml;&iacute;sticos y del mundo. Finalmente, se refiere al lenguaje alburero, territorio del doble mensaje en donde intervienen los recursos de la alusi&oacute;n y del impl&iacute;cito, adem&aacute;s de la dilog&iacute;a misma que se construye por homonimia, paronomasias o reconfiguraci&oacute;n de partes de significantes de cualquier expresi&oacute;n. "El lenguaje alburero ejemplifica la vastedad de conexiones existentes dentro del l&eacute;xico mental y la opci&oacute;n de mantener encendidas todas las ramificaciones formales y sem&aacute;nticas respecto de alg&uacute;n tema y de hacer un uso creativo de ellas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el art&iacute;culo "El sujeto discursivo: la construcci&oacute;n social de subjetividades en el pensamiento de Bajt&iacute;n y su C&iacute;rculo" de Erika Lindig explica el movimiento de las "Feministas Misrahi" (israel&iacute;es universitarias y jud&iacute;as de origen oriental doblemente excluidas por su origen &eacute;tnico y su g&eacute;nero) como ejemplo de pr&aacute;cticas de subjetivaci&oacute;n alternativas a partir de los planteamientos de Voloshinov / Bajt&iacute;n tocantes a la conciencia como "verbalmente estructurada" y al lenguaje como fen&oacute;meno ideol&oacute;gico y social. "Las pr&aacute;cticas de subjetivaci&oacute;n mediante las cuales estas mujeres elaboran estrategias de resistencia son pr&aacute;cticas discursivas". Siguiendo a la soci&oacute;loga Sigal Nagar&#45;Ron, estas nuevas formas de conciencia se construyen en dos tiempos; en el primero, las mujeres interiorizan las percepciones hegem&oacute;nicas reinantes en la sociedad y pretenden desarrollar una identidad que se ajuste a las demandas ideol&oacute;gicas de la hegemon&iacute;a; en la segunda, gracias a un "agente de conocimiento" (en este caso representado por una profesora universitaria) se percatan de su oposici&oacute;n como parte de un grupo &eacute;tnico excluido, lo que produce cambios en su autocon&#45;ciencia e identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la interesante nota de investigaci&oacute;n "La locura artificial de Roberto Calasso. El discurso irracionalista frente a las ciencias", Jos&eacute; Eduardo Serrato C&oacute;rdova argumenta, en contra de Roberto Calasso, que la inspiraci&oacute;n de algunos poetas, artistas y creadores aquejados de enfermedades mentales, lejos de deberse a su locura, tiene que ver con momentos de lucidez en los que tienen la capacidad creativa. Serrato contrapone a las tesis irracionalistas de Calasso el racionalismo del pensamiento cient&iacute;fico, para concluir que en las ciencias humanas ha imperado una falta de reflexi&oacute;n sobre los aportes de las ciencias duras, a las que se trata como si todav&iacute;a fueran manifestaciones del positivismo decimon&oacute;nico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su nota "La <i>'Lucinda''</i> de Schlegel", Jos&eacute; Ricardo Chaves se&ntilde;ala que esta obra cumple con el anhelo del autor por escribir una teor&iacute;a novel&iacute;stica escrita como novela. En opini&oacute;n de Chaves, la <i>Lucinda</i> funciona como una especie de crisol narrativo de la est&eacute;tica de Schlegel. En palabras de uno de sus estudiosos, el escritor alem&aacute;n busca una "experiencia parad&oacute;jica de la verdad abierta a la dimensi&oacute;n imaginaria de lo posible". Schlegel entiende la diferencia sexual a partir de un esencialismo y de un constructivismo; presenta una visi&oacute;n de los sexos como complementarios basada en la teor&iacute;a del andr&oacute;gino. Habla de una mujer compa&ntilde;era del hombre, situada a la misma altura que &eacute;ste como sujeto intelectual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;mero concluye con rese&ntilde;as de los libros <i>El Quijote desde Am&eacute;rica; Menippean Satire Reconsidered: From Antiquity to the Eighteenth Century</i> y <i>Why Mrs. Blake Cried: William Blake and the Sexual Basis for Spiritual Vision.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Agradecemos afectuosamente a los becarios Yoshiro Tanaka, Ivonne S&aacute;nchez Becerril, Eduardo Silva Chac&oacute;n y Karen Briano Veloz por su trabajo comprometido y cuidadoso.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cristina M&uacute;gica</b>. Es maestra en Letras espa&ntilde;olas por la UNAM, investigadora del Centro de Po&eacute;tica del Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas y profesora de los Colegios de Letras Modernas y Letras Hisp&aacute;nicas de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM. Dentro de la l&iacute;nea "Aplicaci&oacute;n de las disciplinas semiol&oacute;gicas en distintas &eacute;pocas literarias", su investigaci&oacute;n principal se intitula "La locura en la novela galdosiana". Es autora del libro <i>Ensayos en torno a la locura de don Quijote</i> y, recientemente, de los art&iacute;culos "El <i>Quijote</i> y encantadores", "Escritura y melancol&iacute;a en el <i>Quijote</i> de 1605", "La escritura de la memoria" y "El <i>Quijote</i> y la reversibilidad carnavalesca".</font></p>      ]]></body>
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