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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La crisis del pensamiento]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay has its origin in what Bajtin called the crisis of the ethical act, that is, the abyss that separates daily and historical life experiences from the human beings from their forms of knowledge. It is a reflection on thought separated from experience, from the world of culture and life. Therefore, concepts such as experience, reality and language will be the basis for an exploration of this crisis of thought from diverse perspectives.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La crisis del pensamiento</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Norma Garza Sald&iacute;var</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de lo que Bajt&iacute;n calificaba como la crisis del acto &eacute;tico, es decir, como el abismo que separa la vivencia cotidiana e hist&oacute;rica del ser humano de sus formas de conocimiento, surge este ensayo como reflexi&oacute;n sobre el pensamiento alejado de la experiencia, del mundo de la cultura y de la vida. Por ello, conceptos como experiencia, realidad y lenguaje ser&aacute;n la base para acercarse desde diversas perspectivas a esa crisis del pensamiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This essay has its origin in what Bajtin called the crisis of the ethical act, that is, the abyss that separates daily and historical life experiences from the human beings from their forms of knowledge. It is a reflection on thought separated from experience, from the world of culture and life. Therefore, concepts such as experience, reality and language will be the basis for an exploration of this crisis of thought from diverse perspectives.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	      <p align="right"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo es f&eacute;rtil la b&uacute;squeda que excava, se sumerge,     <br>       que es contracci&oacute;n del esp&iacute;ritu, descenso.</font></p> 	      <p align="right"><font face="verdana" size="2">Samuel Beckett.</font></p> 	      <p align="right">&nbsp;</p>   	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Cuando cre&iacute;amos haber llegado a puerto nos encontramos de nuevo en alta mar", escribe el fil&oacute;sofo alem&aacute;n Leibniz refiri&eacute;ndose al pensamiento; quiz&aacute; porque el acto de pensar no deja de a&ntilde;adir nuevas dimensiones a la realidad y as&iacute; jam&aacute;s llegamos a un puerto, jam&aacute;s nos detenemos, ya que al pensar se ejercen acciones sobre otras acciones, como un acto inagotable e inconcluso. Para retomar otra imagen del mar, qu&eacute; mejor que traer a un escritor como Herman Melville, autor de <i>Moby Dick,</i> quien escribi&oacute; alguna vez "me gustan los que se sumergen, cualquier pez puede nadar cerca de la superficie, pero s&oacute;lo las grandes ballenas son capaces de descender m&aacute;s de cinco millas &#91;...&#93;. Desde que el mundo es mundo los buceadores del pensamiento regresan a la superficie con los ojos inyectados en sangre". Y es que pensar parece estar m&aacute;s ligado a la aventura, a la p&eacute;rdida y al riesgo; por ello, el pensamiento bien puede remitirse al desamparo, al arrancarse de lo que ampara, de lo que protege, a salirse de aquella caverna de las sombras de la que hablaba Plat&oacute;n, en su di&aacute;logo de "La rep&uacute;blica o de lo justo". La analog&iacute;a de Melville nos hace descender a lo m&aacute;s subterr&aacute;neo y oscuro, nada m&aacute;s alejado del mundo tan iluminado en el que vivimos, el mundo que confunde la acci&oacute;n del pensamiento con la inercia de recoger lo ya establecido o de conformarse con las "verdades" que de tan transparentes se esfuman; verdades que niegan siempre el otro lado y muestran s&oacute;lo una perspectiva. La realidad no es &uacute;nicamente lo visible, la superficie de las cosas, de ah&iacute; que el pensamiento apele tambi&eacute;n al lado m&aacute;s oscuro y soterrado, a aqu&eacute;l que el poder dominante intenta siempre excluir y ocultar, negar y olvidar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Foucault, el pensamiento no es una cuesti&oacute;n te&oacute;rica sino un problema vital; como dice otro pensador franc&eacute;s, Gilles Deleuze, pensar "es afrontar la l&iacute;nea en la que necesariamente se juegan la muerte y la vida, la raz&oacute;n y la locura, una l&iacute;nea en la que uno se halla implicado" (1996: 145). Una l&iacute;nea que fascina por su oscilaci&oacute;n, por la zozobra perpetua entre lo pr&oacute;ximo y lo lejano. El pensamiento como la memoria se forjan sobre la experiencia, y parte de esa experiencia es la recepci&oacute;n, la receptividad del mundo; la experiencia del pensamiento es as&iacute; apertura, no puede permanecer encerrado, de hecho, para Plat&oacute;n el pensamiento es di&aacute;logo. Por ello, pensar no es leer letras y atarse a los significados de lo dicho, sino provocar un discurso interior en el que se plasme la continuidad de la conciencia como memoria y pensamiento; es, en todo caso, una lectura como ex&eacute;gesis e interpretaci&oacute;n. Pensar es as&iacute; una experiencia, un acontecimiento. Si Melville dice que el buceador del pensamiento regresa con los ojos inyectados en sangre, quiere decir que pensar es un acto, que el sujeto pensante es afectado por la exterioridad; el pensador al que Melville se refiere, aquel que se parece a las ballenas, es afectado por la oscuridad, la presi&oacute;n y el silencio al penetrar hacia lo m&aacute;s profundo; y cuando hablamos de profundidad podr&iacute;amos tambi&eacute;n recordar aquella imagen de Paul Val&eacute;ry de que "lo m&aacute;s profundo es la piel".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, pensar es una acci&oacute;n que afecta, pero que tambi&eacute;n ejerce una afecci&oacute;n en el otro, en lo Otro. Porque cuando pensamos, los signos se fracturan, hay un quebrantamiento de la unidad de lo dado, pues se introducen diversas perspectivas que llevan a reconstruir las cosas desde otro sitio. Para pensar es necesario ser afectados por lo que nos rodea y quebrantarlo; es la exterioridad la que nos fuerza a pensar, a expresar mundos posibles e introducirlos nuevamente en la experiencia. Pensar no es saber ni ignorar sino buscar, y no se busca sino cuando nos dejamos afectar por algo o alguien, por un otro que arrastra al pensamiento a una b&uacute;squeda perpetua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; ah&iacute; radica el problema al que quiero llegar: hasta d&oacute;nde nos hemos quedado con el pensamiento como una facultad y no como un acto emocional y volitivo; es decir como un acto &eacute;tico, como lo entiende Mija&iacute;l Bajt&iacute;n. Fil&oacute;sofo ruso, que a principios de los a&ntilde;os veinte calificaba la crisis del acto &eacute;tico como la crisis de la palabra, es decir, como la cancelaci&oacute;n de la responsabilidad, consideraba que "se ha creado un abismo entre el motivo del acto &eacute;tico y su producto" (Bajt&iacute;n, 1997:8); esto es, una separaci&oacute;n entre la vivencia cotidiana e hist&oacute;rica del hombre y su proceso cognitivo, sus formas de conocimiento. En efecto, la idea de crisis remite no s&oacute;lo a una idea de quebrantamiento sino tambi&eacute;n al abismo al que se refiere Bajt&iacute;n, a la separaci&oacute;n entre una cosa y la otra; y, por otro lado, crisis como momento cr&iacute;tico y decisivo que permite una transformaci&oacute;n, un cambio, una metamorfosis. En todo caso, parecer&iacute;a que la singularidad de una vida, ubicados en un lugar y un tiempo determinados, se aleja cada vez m&aacute;s del mundo te&oacute;rico de la ciencia, pero tambi&eacute;n de la totalidad de la cultura. Porque quiz&aacute; el problema que se enfrenta en una crisis es la de dejarse representar por una fuerza, por un poder central, por una instituci&oacute;n; ya que, &iquest;acaso la deficiencia mayor de una sociedad moderna no consiste precisamente en dejarse representar demasiado, por una teor&iacute;a, por un gobierno, por un partido, por una pol&iacute;tica cultural manipulada desde los medios de comunicaci&oacute;n y, finalmente, por el incesante bombardeo de lo actual? Representados, nombrados, saturados por la excesiva informaci&oacute;n a la que estamos expuestos; viviendo en una relaci&oacute;n agon&iacute;stica entre el mundo y la conciencia que quiere dar sentido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestra experiencia del mundo es quiz&aacute; muy reducida; no vemos ni sentimos a partir de la experiencia del pensamiento sino que percibimos a trav&eacute;s de un lenguaje que llega filtrado y codificado por instituciones, organizaciones o sistemas que administran nuestro saber: el de lo inmediato. Por eso mismo, crisis que ha dejado un vac&iacute;o que, parad&oacute;jicamente, se ha saturado con noticias, informaci&oacute;n, intercambios, mensajes, mercanc&iacute;as, im&aacute;genes, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera; y en ese aceleramiento, donde el tiempo y el espacio se trastocan, la historia, el sentido y la idea de progreso se perciben, desde la saturaci&oacute;n y la falta, como una "atrofia de la experiencia", que tambi&eacute;n es un empobrecimiento de la percepci&oacute;n y la imaginaci&oacute;n. Ahora que los medios de comunicaci&oacute;n se empe&ntilde;an en colmar todos los intersticios, lo que genera informaci&oacute;n ya no son los acontecimientos sino el "psicodrama visual" de una actualidad vac&iacute;a, como dir&iacute;a Jean Baudrillard.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajt&iacute;n entiende la vida como el devenir del acto &eacute;tico, un acto responsable, lleno de riesgos y abierto a la experiencia. El pensamiento no puede divorciarse del cuerpo. Sin la creatividad, la emoci&oacute;n, la sensaci&oacute;n, el deseo, no puede darse el pensamiento, ya que est&aacute; anclado en la pasi&oacute;n de lo que sucede, le pasan cosas, le afectan. El pensamiento es un acto emocional y volitivo, posee una entonaci&oacute;n y una voluntad, posee autor&iacute;a, es decir, responsabilidad. De ah&iacute; que, para Bajt&iacute;n, lo que une a esos dos mundos (el de la vida y el de la cultura) es la responsabilidad: n&uacute;cleo del acto &eacute;tico. Pero no entendamos responsabilidad como un t&eacute;rmino jur&iacute;dico, ni como una obligaci&oacute;n normativa derivada de alg&uacute;n c&oacute;digo de conducta, sino como la capacidad de dar respuesta, como responsividad; esto es como el impulso por el que cada acto concreto vincula al ser humano con el mundo, con su entorno, con su experiencia. Para Bajt&iacute;n: "da miedo todo lo que es t&eacute;cnico si se separa de la unidad &uacute;nica y si se abandona a la voluntad de la ley inmanente de su desarrollo; de vez en cuando puede irrumpir en esta unidad de la vida como una fuerza irresponsable, terrible, destructiva" (Bajt&iacute;n, 1997: 229). Habr&iacute;a que preguntarse si no est&aacute; separado tambi&eacute;n de esa "unidad &uacute;nica" la pol&iacute;tica, la cultura, la tecnolog&iacute;a o la ciencia y, si no es para dar un poco de miedo, "la ley" que pueda irrumpir en cualquier momento en esa unidad, como poder o fuerza irresponsable, terrible y destructiva como tem&iacute;a Bajt&iacute;n a principios del siglo pasado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo lo que concierne a la experiencia posee una entonaci&oacute;n de la singularidad de lo que somos. De ah&iacute; que el pensamiento verdaderamente abierto y creador significa, asimismo, la posibilidad de reaccionar, de recibir aquello que no soy "yo" en un abandono incesante a lo otro. La emoci&oacute;n y la voluntad ti&ntilde;en a la realidad y al pensamiento de claroscuros; por ello no podemos hablar de verdades absolutas, ya que la experiencia del pensamiento nos remite no a lo que debe existir de una vez por todas y con validez universal sino a una renovaci&oacute;n constante, a un cuestionamiento a partir de las preguntas y respuestas del momento, de afecciones y b&uacute;squedas. No se trata de insistir en la dualidad entre el acto pensante y la praxis, pues sin pensamiento, la praxis degenera en ejercicio carente de concepto. Pero tampoco marcha mucho mejor el pensamiento entendido como esfera particular, delimitada, ajena a una praxis posible, como pensaba Theodor Adorno. Me refiero as&iacute; a un pensamiento participativo, aquel que no separa su acto de su producto, y que s&oacute;lo puede concebirse en el ejercicio de la responsabilidad.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interacci&oacute;n entre el mundo de la cultura y el mundo de la vida se encuentra precisamente en el "entre", que vincula a modo de puente, y que apunta a la concepci&oacute;n de este puente como experiencia del lenguaje y del pensamiento; finalmente, cuando hablamos, cuando pensamos, estamos participando en una relaci&oacute;n dial&oacute;gica con lo otro, con el mundo. La pregunta ser&iacute;a si el pensamiento contempor&aacute;neo vincula la singularidad de la vida, la experiencia con su producto, con su resultado, con su obra creada, con su palabra. Del discurso del conocimiento, de la pol&iacute;tica o la ciencia habr&iacute;a que lograr un pasaje hacia la unidad de la experiencia, hacia la "unidad &uacute;nica", como la llama Bajt&iacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si hablamos del pensamiento como experiencia, tendr&iacute;amos que detenernos para preguntarnos justamente sobre el valor de &eacute;sta. Una experiencia que, a decir de Walter Benjam&iacute;n, se ha empobrecido. En el siglo pasado, en la d&eacute;cada de los treintas, Benjamin, fil&oacute;sofo y cr&iacute;tico judeoalem&aacute;n, escribi&oacute; que "la cotizaci&oacute;n de la experiencia ha bajado", se refer&iacute;a a la generaci&oacute;n que de 1914 a 1918, su generaci&oacute;n, aquella que vivi&oacute; la primera guerra mundial, hab&iacute;a tenido una de las experiencias m&aacute;s terribles de la historia universal; despu&eacute;s vendr&iacute;a la segunda guerra mundial, de la que Benjamin huy&oacute; de los nazis hasta que finalmente se suicid&oacute; en los Pirineos, en la frontera franco&#45;espa&ntilde;ola. En suma, un siglo caracterizado por la barbarie y el horror. En su ensayo "El narrador", Benjamin explica que la cotizaci&oacute;n de la experiencia ha bajado, que los que regresaban del campo de batalla regresaban mudos, no enriquecidos sino m&aacute;s pobres en experiencias comunicables. Supo ver en esa crisis de la experiencia el empobrecimiento, es decir, el desprendimiento de una porci&oacute;n tras otra de la herencia de la humanidad: "frecuentemente teniendo que darla en una casa de empe&ntilde;o por cien veces menos de lo que vale a cambio de que nos adelanten la peque&ntilde;a moneda de lo actual".</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Y no estamos, justamente, saturados, bombardeados, mantenidos por esa moneda de lo actual?, &iquest;por la de lo inmediato?, &iquest;por lo que s&oacute;lo nos llega a trav&eacute;s de la informaci&oacute;n? Esto, la informaci&oacute;n, es precisamente lo que Benjamin contrapon&iacute;a a la narraci&oacute;n (un g&eacute;nero que consideraba como el arte de transmitir experiencias y que estaba tocando a su fin). Si decimos que el pensamiento es experiencia, y nuestra experiencia se ha empobrecido, entonces &iquest;nuestro pensamiento tambi&eacute;n se habr&aacute; empobrecido?:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada ma&ntilde;ana, escribe Benjamin, nos instruyen sobre las novedades del orbe. A pesar de ello somos pobres en historias memorables. Esto se debe a que ya no nos alcanza acontecimiento alguno que no est&eacute; cargado de explicaciones. Con otras palabras: casi nada de lo que acontece beneficia a la narraci&oacute;n, y casi todo a la informaci&oacute;n. Es que la mitad del arte de narrar radica precisamente, en referir una historia libre de explicaciones (1999: 113).</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a esa pobreza que usurpa cada vez m&aacute;s la vida, Benjamin vislumbra al mismo tiempo un enorme progreso de la t&eacute;cnica; as&iacute;, en su ensayo "Experiencia y pobreza" aclara: "S&iacute;, confes&eacute;moslo: la pobreza de nuestra experiencia no es s&oacute;lo pobre de experiencias personales, sino de la generalidad de la humanidad. Se trata de una forma de nueva barbarie" (Benjamin, 1982: 135) y &iquest;a d&oacute;nde, se pregunta, conduce al b&aacute;rbaro esa pobreza de experiencias?; por una parte, s&iacute; a la destrucci&oacute;n, pero por otra, es ah&iacute;, en ese concepto de "barbarie", donde Benjamin recupera un lado digamos "positivo": ahonda en su sentido y aclara que esa barbarie lleva a la humanidad a comenzar desde el principio, como tabula rasa, a empezar de nuevo, a construir sin casi nada, sin mirar ni a izquierda ni a derecha. "Entre los grandes creadores siempre hubo aquellos implacables que lo primero que hicieron fue arrasar con todo. &#91;...&#93; porque fueron constructores" (Benjamin, 1982: 136). Una pobreza de la experiencia, as&iacute; como un enorme desarrollo t&eacute;cnico y una sobresaturaci&oacute;n informativa. Una barbarie que arrasa al mismo tiempo que construye, pero que no deja huellas, que lo ha devorado todo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cualquier crisis siempre conlleva s&iacute;ntomas que se manifiestan en la descomposici&oacute;n o destrucci&oacute;n de ciertos valores, pero al mismo tiempo en la transformaci&oacute;n de los mismos o en la proyecci&oacute;n de otros. Del mismo modo, el pensamiento no es algo a lo que hay que adecuarse, sino la tensi&oacute;n permanente entre las singulares y humanas condiciones de posibilidades que lo alimentan, y la historia o sus obras. Un pensamiento, entonces, que se proyecte sobre las relaciones te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas en las que se expresa cada momento de la historia y la cultura del presente. La acci&oacute;n del pensamiento consiste en la recreaci&oacute;n de alternativas culturales o te&oacute;ricas que interroguen a la subjetividad. No basta con mirar retrospectivamente a un pasado pr&oacute;ximo o a un pensamiento m&aacute;s representativo para vislumbrar la realidad del presente; es preciso confrontar, detenernos en la fase del camino, porque el pensamiento supone una extraposici&oacute;n: no una p&eacute;rdida del propio lugar, sino una comprensi&oacute;n y valoraci&oacute;n desde <i>otro</i> lugar. Pensar es responder, encontrar consecuencias, introducirnos en la experiencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, el mundo existe no como una colecci&oacute;n de datos que nuestros sentidos pueden captar y almacenar, haciendo de &eacute;l una suma de objetos determinados, sino como un horizonte siempre latente de nuestra experiencia. El pensamiento, entonces, m&aacute;s que acumular o abarcar, busca, abre camino, deteni&eacute;ndose en las grietas de este mundo inestable y olvidadizo, para provocar en cada instante un gesto inquisitivo e interrogativo. Se tratar&iacute;a, m&aacute;s bien, de una experiencia que remita a contenidos que est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; del dato, quiz&aacute; ausentes del campo limitado de la percepci&oacute;n, pero, parad&oacute;jicamente, esos contenidos ausentes confieren significaci&oacute;n al dato, a los objetos. &iquest;Por qu&eacute; no imaginar que ese sumergirse en las profundidades de las aguas de las que hablaba Melville, es un sumergirse en la realidad para captar ah&iacute; las posibilidades de la experiencia? Habr&iacute;a que reconocer que cuando experimentamos algo estimulamos no s&oacute;lo nuestro propio ser sino la exterioridad sobre la cual actuamos. El ejercicio de la responsabilidad del pensamiento ser&iacute;a una forma de tender puentes por encima del abismo que separa al discurso del conocimiento y la pol&iacute;tica, del acto &eacute;tico y la acci&oacute;n, franqueando as&iacute; un pasaje hacia la unidad de la experiencia. &iquest;Ser&aacute; acaso, como pensaba Nietzsche, que lo que nos queda es la construcci&oacute;n de sentidos, y que eso es un asunto humano, demasiado humano, o tal vez la &uacute;nica acci&oacute;n posible en el momento actual? Como escribe Adorno sobre Nietzsche: "en el fondo, su consigna 'vivir peligrosamente' &#91;...&#93; se expresar&iacute;a mejor as&iacute;: 'pensar peligrosamente', espolear el pensamiento, no retroceder por nada ante la experiencia de la cosa, no dejarse atar por ning&uacute;n consenso de lo previamente pensado" (Adorno, 1993: 14).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se trata, entonces, de sanar una crisis, de "restablecer el orden", como &uacute;ltimamente escuchamos tanto, sino de sumergirnos en la realidad, de ser buceadores del pensamiento, de descender y regresar a la superficie con los ojos inyectados en sangre; es decir, marcados, tatuados, afectados por la experiencia del pensamiento. Una experiencia que nos lleve nuevamente no a tierra firme sino a la incertidumbre de sabernos siempre en alta mar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adorno, Theodor, <i>Consignas,</i> trad. Ram&oacute;n Bilbao, Buenos Aires, Amorrortu, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=210011&pid=S0185-3082200700010001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajt&iacute;n, Mija&iacute;l, <i>Hacia una filosof&iacute;a del acto &eacute;tico. De los borradores y otros escritos,</i> trad. Tatiana Bubnova, Barcelona, Anthropos/Universidad de Puerto Rico, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=210013&pid=S0185-3082200700010001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font> </p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benjam&iacute;n, Walter, "El narrador", en <i>Para una cr&iacute;tica de la violencia y otros ensayos, Iluminaciones IV,</i> trad. Roberto Blatt, Madrid, Taurus, 1999, pp. 111&#45;134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=210015&pid=S0185-3082200700010001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Experiencia y pobreza", en <i>Para una cr&iacute;tica de la violencia y otros ensayos,</i> M&eacute;xico, Premi&aacute;, 1982, pp. 133&#45;142 (La nave de los locos).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=210017&pid=S0185-3082200700010001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gilles, Deleuze, <i>Conversaciones 1972&#45;1990,</i> trad. Jos&eacute; Luis Pardo, Valencia, Pre&#45;textos, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=210019&pid=S0185-3082200700010001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Norma Garza Sald&iacute;var</b>. Es doctora en Letras por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. En 1997 obtuvo el "Premio Nacional de Ensayo Literario Jos&eacute; Revueltas"; en el 2000 el "Premio Literario Sa&uacute;l Rosales", con el libro <i>Borges: La huella del Minotauro</i>, M&eacute;xico, Aldus, 1999. Tuvo el reconocimiento de "Artes Por Todas Partes", del Gobierno del Distrito Federal, Secretar&iacute;a de Cultura (Emisi&oacute;n 2&#45;2002). Ha escrito diversos art&iacute;culos, rese&ntilde;as y ensayos. Fue coordinadora y autora del n&uacute;mero especial de la revista Metapol&iacute;tica (47, mayo&#45;junio, 2006) dedicada a Jorge Luis Borges. Es profesora&#45;investigadora de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico desde el 2004.</font></p>     ]]></body>
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