<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-3058</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Nova tellus]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Nova tellus]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-3058</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-30582008000200020</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="pt"><![CDATA[A invençao do romance. Narrativa e mimese no romance grego]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cabrero]]></surname>
<given-names><![CDATA[María del Carmen]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<volume>26</volume>
<numero>2</numero>
<fpage>367</fpage>
<lpage>375</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-30582008000200020&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-30582008000200020&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-30582008000200020&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as y notas bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Brand&acirc;o, Jacyntho Lins, <i>A inven&ccedil;ao do romance. Narrativa e mimese no romance grego</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a del Carmen Cabrero</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Brasilia, Editora UnB&#45;Cole&ccedil;ao P&eacute;rgamo, 2005, 291 pags.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 1 de septiembre de 2008.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Aceptaci&oacute;n: 6 de octubre de 2008.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras Clave:</b> mimese, narrativa, romance grego.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Un comienzo de novela</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si a comienzos del siglo XXI se quiere decir algo <i>importante</i> a prop&oacute;sito de la novela griega, de su invenci&oacute;n y estatuto, es preciso poner las propias ideas e hip&oacute;tesis en di&aacute;logo con los primeros especialistas en el tema &#151;P. D. Huet, Erwin Rohde&#151;, con quienes a fines del siglo XX hab&iacute;an logrado el mayor grado de comprensi&oacute;n de la problem&aacute;tica &#151;Graham Anderson, Ewen Bowie, Massimo Fusillo, Pierre Grimal, J. R. Morgan, Ben Perry, Mar&iacute;lia Pinheiro, B. P. Reardon, Alex Scobie, Daniel Selden y James Tatum, entre otros&#151;; un paso m&aacute;s all&aacute;, con quienes han teorizado sobre la novela en general, como Tzvetan Todorov, George Luk&aacute;cs, Julia Kristeva, Umberto Eco, Walter Benjamin, Mijail Bakhtin o Erich Auerbach. Naturalmente, es preciso conocer bien el <i>corpus</i> de lo que se entiende por novela griega, incluyendo al menos una decena de autores, m&aacute;s los aportes de la po&eacute;tica cl&aacute;sica y medieval que, sin hablar propiamente de la novela &#151;categor&iacute;a moderna si las hay&#151;, giran en torno a ella. Que en semejante di&aacute;logo polif&oacute;nico las ideas propias se consoliden, y que el conjunto de una reflexi&oacute;n que se sostiene durante doscientas ochenta apretadas p&aacute;ginas resulte interesante &#151;por largos momentos m&aacute;s all&aacute; de su tema central&#151; es lo que ha logrado Jacyntho L. Brand&acirc;o en su nueva obra. Como todo trabajo alimentado &#151;tambi&eacute;n&#151; por hip&oacute;tesis personales, la validez de &eacute;stas se demostrar&aacute; en las aplicaciones que, es de esperar, sean realizadas sobre novelas griegas concretas; por ahora, lo que puede adelantarse es que parecen verdaderas, y lo parecen desde que no intentan probar algo asombroso o parad&oacute;jico, sino, m&aacute;s bien, una sucesiva acumulaci&oacute;n de elementos de buen sentido, de constataciones pr&aacute;cticas y concatenaciones l&oacute;gicas. Y aun cuando estas hip&oacute;tesis no resistieran demasiado airosamente el paso del tiempo y la llegada de nuevos estudios sobre el tema (y a ninguna hip&oacute;tesis, por cient&iacute;fica que sea, se le debiera interponer semejante requerimiento), el libro de J. L. Brand&acirc;o sobre la novela griega mantendr&aacute; vigente todo el inter&eacute;s que le otorga su contenida erudici&oacute;n, la vastedad de campos que abarca: de aqu&iacute; en m&aacute;s, contamos con una obra de inevitable referencia en este tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema, la novela griega, arrastra su vilipendio que a veces llega hasta la negaci&oacute;n total (es decir: parte de la cr&iacute;tica niega redondamente su existencia). Brand&acirc;o presenta una colecci&oacute;n de adjetivaciones negativas contundentes sobre la novela: productos de rutina, estereotipados, carentes de originalidad. Adoptando por principio la perspectiva de una "cr&iacute;tica generosa", cuyo criterio b&aacute;sico sea el juzgar una obra dentro de su tiempo y lugar, lo que Brand&acirc;o detecta &#151;aun en pioneros del estudio del tema como Rohde&#151; es una suplantaci&oacute;n de esas coordenadas espacio&#45;temporales de la realidad por el sistema de prejuicios propios del tiempo de producci&oacute;n cr&iacute;tica (Rohde, hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os, juzgaba a la novela como g&eacute;nero reciente, apenas apto para temas triviales como los de los sentimientos). Con esa impronta, los estudios sobre la novela griega &#151;de por s&iacute; un <i>corpus</i> material limitado&#151; han estado subordinados a los "grandes" g&eacute;neros: epopeya, tragedia, l&iacute;rica. La revaloraci&oacute;n que se produce en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX tiene que ver con los abordajes narratol&oacute;gicos, que despu&eacute;s de sostener la neutralidad de lo est&eacute;tico a los fines anal&iacute;ticos terminan por permitir apreciar que s&iacute;, efectivamente y despu&eacute;s de todo, las novelas griegas tambi&eacute;n eran por necesidad lo que se entiende como literatura de calidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, la categor&iacute;a "novela" es de preferencial aplicaci&oacute;n a productos posteriores al siglo XVI, y un amplio consenso atribuye a <i>El Quijote</i> la condici&oacute;n de primer gran libro del g&eacute;nero; sin embargo, ya Bakhtin advert&iacute;a que, siendo a&uacute;n un g&eacute;nero abierto, la novela debe incorporar a sus primeras expresiones griegas que ejemplifican, precisamente, el grado de esa apertura, la amplia posibilidad encerrada en la categor&iacute;a. El grado cero de la novela, por as&iacute; decirlo, ser&iacute;a el de una modalidad de g&eacute;nero narrativo ficcional, cuya finalidad b&aacute;sica fuese el entretenimiento; esta condici&oacute;n pasa de la novela griega a la latina, y sigue siendo su base &#151;narrativa de ficci&oacute;n&#151; cuando la novela medieval comience a producirse en lenguas vulgares. En todo caso, se trata de un g&eacute;nero no previsto por la po&eacute;tica cl&aacute;sica &#151;nada hay sobre &eacute;l en Arist&oacute;teles&#151; porque las novelas comenzaron a escribirse mucho despu&eacute;s que la <i>Po&eacute;tica,</i> y ni la po&eacute;tica latina ni la medieval la retomaron por ser &#151;en este y en otros sentidos&#151; serviles de la est&eacute;tica griega. De all&iacute; que cuando la cr&iacute;tica moderna comienza a independizarse, asume a la novela como producto de su propia era: si no se la ha estudiado cr&iacute;ticamente hasta entonces deb&iacute;a ser porque no exist&iacute;a. Paciente, did&aacute;ctico, Brand&acirc;o describe y comprende trabas l&oacute;gicas como &eacute;sta, y la situaci&oacute;n imprevista de la novela como g&eacute;nero inventado en la (pos)antig&uuml;edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al acotar el grado de apertura del g&eacute;nero &#151;so pena de que por tan abierto nada contenga&#151;, la observaci&oacute;n busca la identidad de la novela y comienza la acumulaci&oacute;n de caracter&iacute;sticas: es como la epopeya en cuanto a modo de representaci&oacute;n pero no en sus medios u objetos, y la escritura en prosa no ata&ntilde;e s&oacute;lo al productor sino a la recepci&oacute;n (escrito y en prosa = dirigido a un p&uacute;blico lector, no a un auditorio). Siguiendo a W. Benjamin, Brand&acirc;o sostiene que la novela es narrativa, y una narrativa presupone un narrador, una narraci&oacute;n y un narratario; est&aacute; escrita en prosa &#151;y no en verso&#151;, tiene una extensi&oacute;n m&iacute;nima y se trata de ficci&oacute;n. Como corresponde a toda definici&oacute;n de g&eacute;nero, contiene la tensi&oacute;n entre g&eacute;nero te&oacute;rico y g&eacute;nero hist&oacute;rico se&ntilde;alada por Todorov, pero m&aacute;s interesa trabajar sobre las diferencias entre conceptos fundamentales de la po&eacute;tica griega como el de m&iacute;mesis y el de narrativa (en este sentido, Brand&acirc;o aclara &#151;para tranquilidad de algunos justos injustamente perseguidos&#151; que la expulsi&oacute;n de la ciudad que Plat&oacute;n preconiza no alcanza "a todos los poetas", sino a los literatos que trabajan narrativas mim&eacute;ticas pedag&oacute;gicas, cuyo ejemplo m&aacute;s puro ser&iacute;a el teatro). Para Plat&oacute;n, la oposici&oacute;n es entre <i>m&iacute;mesis</i> y <i>di&eacute;gesis</i> (narrativa); esta &uacute;ltima puede ser simple <i>hapl&egrave; di&eacute;gesis</i> &#151;sin representaci&oacute;n de discursos y otros recursos&#151;, como la de los mitos (incluida la de los propios mitos plat&oacute;nicos).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema del que nos advierte Brand&acirc;o es que si para Plat&oacute;n lo que hacen prosadores y poetas es <i>di&eacute;gesis,</i> para Arist&oacute;teles estos productos, m&aacute;s la obra de pintores, escultores, m&uacute;sicos y actores, todo es <i>m&iacute;mesis.</i> Su "narrador" no cambia nunca, contra el ejemplo hom&eacute;rico (<i>Rep&uacute;blica,</i> III, 394 c) donde se transforma en "otra cosa" (desde que al lado del discurso del narrador se mimetizan los de los personajes). Antes que sobrevenga una confusi&oacute;n irremediable, Brand&acirc;o sostiene que en el fondo lo que est&aacute; en juego es la caracterizaci&oacute;n de ciertas diferencias entre g&eacute;neros relacionadas con la distancia: la representaci&oacute;n dram&aacute;tica tiene un efecto de presentizaci&oacute;n, mientras que la narrativa tiene uno de distanciamiento. Si la poes&iacute;a y la historia son g&eacute;neros narrativos, lo que los hace diferentes es el hecho de que uno narra lo que pudiera ser y otro lo que fue, y es all&iacute; que la poes&iacute;a se demuestra m&aacute;s "filos&oacute;fica" para Arist&oacute;teles, m&aacute;s universalista en su probabilismo. Y es esta diferencia la que deja afuera del arte po&eacute;tica a la historiograf&iacute;a: Emp&eacute;docles podr&aacute; escribir en verso, pero no es poeta. En un nuevo paso para simplificar la visi&oacute;n cr&iacute;tica de los antiguos, Brand&acirc;o sostiene que en Arist&oacute;teles la narrativa literaria poetiza, hace pasar los argumentos de lo particular a lo universal y los organiza seg&uacute;n reglas de verosimilitud y necesidad; el mito se estructura en torno a una "&uacute;nica acci&oacute;n entera y completa", y es como un ser "vivo uno y entero" que produce el placer que le es propio <i>(Po&eacute;tica,</i> 1459 a). Hasta all&iacute;, pues, la conceptualizaci&oacute;n te&oacute;rica cl&aacute;sica m&aacute;s comprensiva de un g&eacute;nero que emerger&iacute;a en la pr&aacute;ctica siglos despu&eacute;s; la reconstrucci&oacute;n a la que Brand&acirc;o se obliga es un intento de rastrear las fuentes de las futuras conceptualizaciones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cita se impone; para Brand&acirc;o:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">en ese contexto, el estatuto de lo narrado ser&aacute; percibido desde un doble &aacute;ngulo: el de la utilidad <i>(oph&eacute;leia/khr&eacute;simon) versus</i> la no utilidad (o el placer y la diversi&oacute;n) y, en consecuencia, el de la verdad (<i>al&eacute;theia</i>) <i>versus</i> la ficci&oacute;n (<i>pse&ucirc;dos</i>). La cuesti&oacute;n de la verdad, que marca el di&aacute;logo de la filosof&iacute;a y de la historiograf&iacute;a con la literatura desde el siglo VI a.C., llegar&aacute; a su c&uacute;lmine en los primeros doscientos a&ntilde;os de nuestra era. Creo que eso se debe al hecho de que s&oacute;lo entonces se impone, como g&eacute;nero literario, la <i>narrativa de ficci&oacute;n en prosa,</i> confundiendo los l&iacute;mites que, incluso desde la &eacute;poca de Arist&oacute;teles y por lo menos durante los tres siglos siguientes, pr&aacute;cticamente circunscribiera la literatura a las formas versificadas (p. 56).<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siendo la novela una narrativa mim&eacute;tica en prosa, formalmente es lo mismo que la historiograf&iacute;a; lo que las diferencia es la antigua complacencia de los hombres con la ficci&oacute;n, motivada en parte por la necesidad &#151;Ulises mintiendo para salvar a sus compa&ntilde;eros&#151;, pero tambi&eacute;n por puro gusto, lo que deja de lado todo juicio &#151;justificaci&oacute;n&#151; moral. Aqu&iacute; estamos ya en un plano donde la teor&iacute;a aristot&eacute;lica se ve superada por el aporte <i>poscl&aacute;sico</i> de Luciano de Sam&oacute;sata, que en sus <i>Narrativas Verdaderas</i> &#151;espec&iacute;ficamente en el Proemio&#151; otorga un estatuto po&eacute;tico a la ficci&oacute;n, liber&aacute;ndola del cors&eacute; de la verosimilitud y poni&eacute;ndola bajo la exigencia exclusiva del placer. El producto que inspira esta nueva po&eacute;tica son las novelas griegas, que fundaran tradici&oacute;n como g&eacute;nero y metag&eacute;nero en la obra de Rabelais, Voltaire, Goethe, Machado de Assis o Cervantes, todos inspirados en Luciano, o el mismo Cervantes confesando haber sido inspirado por Heliodoro en el pr&oacute;logo de las <i>Novelas ejemplares.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente paso cr&iacute;tico es el que da el patriarca bizantino Focio, para quien Antonio Di&oacute;genes y su perdida obra ejerc&iacute;an la paternidad sobre el conjunto del g&eacute;nero, que bien pudo circular bajo el concepto de <i>pl&aacute;sma</i> (con el que finalmente se quedaron las artes visuales). Cuando a&uacute;n el <i>corpus</i> de la novela griega &#151;de por s&iacute; mayormente fragmentario&#151; ni se hab&iacute;a comenzado a reunir, a fines del siglo XVII Pierre Daniel Huet sostuvo que era all&iacute; &#151;y no en Francia o Espa&ntilde;a&#151; que la moderna novela se nutr&iacute;a. Aportaba las claves: ficci&oacute;n (en cuanto no&#45;verdad), aventuras amorosas como asunto principal (no excluyente), escritura en prosa con pretensi&oacute;n de belleza y un mecanismo seg&uacute;n el cual lo instructivo viniera suficientemente recubierto de entretenimiento (dada la debilidad de la naturaleza humana). Al otorgarle esta dimensi&oacute;n educativa, lo pone a cubierto de los ataques de los que la novela era objeto. Huet no tiene reparos en reconocer eventuales influencias egipcias, &aacute;rabes, persas o sirias sobre la novela griega; &eacute;sta se habr&iacute;a limitado a poner sobre otra dimensi&oacute;n a sus supuestas antecesoras. Tan amplios eran sus criterios que, aunque consideraba como las novelas m&aacute;s representativas a las que segu&iacute;an las reglas de la epopeya, en su juventud tradujo la m&aacute;s rom&aacute;ntica, <i>Dafnis y Cloe.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, el problema que afront&oacute; Huet es que la novela griega se nos presenta como un g&eacute;nero sin origen, al menos desde la perspectiva rom&aacute;ntica y su muy persistente ideal de originalidad. Este prejuicio conspira contra la competencia que &#151;Cervantes, por ejemplo&#151; tiene que plantearse ante el modelo cl&aacute;sico. Rohde, en 1876, preserva la supuesta originalidad de la novela griega atribuy&eacute;ndola a un entrecruce fortuito entre la eleg&iacute;a amorosa helenista y las narrativas de viaje; el resultado ser&iacute;a "impuro", sin su Homero, sin sus claras reglas &#151;&iquest;previas?&#151;, sin equilibrio ni buen gusto, pero "original". Brand&acirc;o supone que es ese tipo de prejuicios de &eacute;poca lo que conduce a Rohde a confundir escandalosamente la cronolog&iacute;a del g&eacute;nero, llev&aacute;ndola hasta el siglo VI de nuestra era en la que ubica la obra de Carit&oacute;n (quien en realidad vivi&oacute; durante el siglo primero); para el autor, incluso, "la novela fue <i>inventada.</i> Por qui&eacute;n, d&oacute;nde y cu&aacute;ndo, s&oacute;lo podemos conjeturar: muy probablemente, en lengua y forma griega, entre los siglos i y &#1085; de nuestra era; eventualmente, como sostienen algunos estudiosos, por Carit&oacute;n de Afrod&iacute;sias o Xenofonte de Efeso" (p. 82). En su propia cronolog&iacute;a &#151;tomada en lo fundamental de E. Bowie&#151;, Brand&acirc;o extiende el tiempo de la novela griega desde el siglo I (antes o despu&eacute;s de Cristo) con el <i>Romance de Nino,</i> hasta el siglo III, con <i>Las eti&oacute;picas</i> de Heliodoro. El n&uacute;cleo temporal ser&iacute;a coincidente con el llamado Renacimiento Griego o Segunda Sof&iacute;stica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un primer intento de clasificaci&oacute;n lleva a diferenciar entre las novelas er&oacute;ticas y las de <i>par&aacute;doxa</i> (narrativas extraordinarias), a las que se sumar&iacute;an las especies mixtas. Esa gama de variedades es la que hace al g&eacute;nero "en que los elementos b&aacute;sicos son combinados en diferentes proporciones y con finalidades diferentes" (p. 8889). Para la novela es indispensable el narrador, pues es lo que la diferencia del mito (en esencia, una narrativa sin narrador). El narrador no tiene s&oacute;lo una vaga responsabilidad por lo narrado, sino que es quien establece el efecto de distanciamiento con respecto a la recepci&oacute;n al transmitir, en palabras de W. Benjamin, "la experiencia que pasa de persona a persona". Esto ya est&aacute; en Plat&oacute;n, para quien, seg&uacute;n Brand&acirc;o, "uno de los papeles m&aacute;s destacados de S&oacute;crates en los di&aacute;logos es el de representar la funci&oacute;n de narrador" (p. 108). Esto ya marcaba una distancia respecto de Homero o Hes&iacute;odo, donde no se pod&iacute;a distinguir al autor del narrador. La novela consumar&aacute; esta separaci&oacute;n; el narrador, puesto en di&aacute;logo con g&eacute;neros previos, puede desplazar elementos asign&aacute;ndoles un sentido nuevo. As&iacute; ocurre, por ejemplo, con la apelaci&oacute;n a proemios o ep&iacute;logos, tomados de la historiograf&iacute;a y puestos en nueva funci&oacute;n (en <i>Narrativas Verdaderas</i> o en <i>Dafnis y Cloe,</i> por ejemplo): al narrador no le importa romper alguna expectativa con tal de establecer una relaci&oacute;n narrativa con la recepci&oacute;n. Puede narrar un personaje, puede el narrador estar representado en un juego de piezas que deben encajar tambi&eacute;n en un plano simb&oacute;lico, superior al de las aventuras que se narren, de modo que el lector logre captar el juego de la propia representaci&oacute;n, que transcurre ante sus ojos como un proceso. As&iacute;, para Brand&acirc;o, la obra de Aquiles Tacio, por ejemplo, dialoga con la de Longo. Si se quiere, la narrativa asume una forma dial&oacute;gica en los moldes plat&oacute;nicos, al menos hasta el punto en que escapa totalmente de los paradigmas aceptados para la historiograf&iacute;a (que le oficia de l&iacute;mite). En ese di&aacute;logo, el narrador se representa a s&iacute; mismo tanto como representa a otros; en cuanto narrativa b&aacute;sicamente referencial &#151;o de segundo grado&#151;, la novela griega expone, simult&aacute;neamente a lo que narra, los engranajes mismos del proceso narrativo. En ese sentido, Brand&acirc;o cree que se est&aacute; ante la <i>invenci&oacute;n</i> de un g&eacute;nero radicalmente nuevo, es decir, que el sincretismo que practica &#151;y que est&aacute; en su &eacute;poca de producci&oacute;n&#151; es s&oacute;lo base para que la novela, puesta en acci&oacute;n, se transforme a s&iacute; misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La novela griega trata contenidos que ya est&aacute;n en Homero; lo que distingue a esta nueva forma de ficci&oacute;n es la escritura en prosa. Ya Reardon hab&iacute;a sostenido que esta caracter&iacute;stica es esencial para comprender a la novela griega, incluida la revoluci&oacute;n en los h&aacute;bitos de lectura que probablemente indujo. En esto Brand&acirc;o aconseja prudencia, pues no hay pruebas de que fuera le&iacute;da como literatura menor &#151;cosa de mujeres, por as&iacute; decirlo&#151;; hay una simplificaci&oacute;n al creer que la presencia de gente com&uacute;n, mujeres y adolescentes apasionados como personajes, se condice necesariamente con un p&uacute;blico de esas caracter&iacute;sticas. El prejuicio ha llevado a descalificar a la novela griega como producci&oacute;n de segunda categor&iacute;a que crea su propio p&uacute;blico vulgar, algo no confirmado por otras aproximaciones al tema (cantidad de alfabetizados, mecanismos de circulaci&oacute;n literaria recompuestos, etc.). Nada indica que las novelas griegas constituyeran una literatura popular, con un p&uacute;blico diverso al de los cl&aacute;sicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto g&eacute;nero &#151;es decir, b&aacute;sicamente, en cuanto forma&#151;, la novela como prosa se liga a los antiguos relatos de viaje y a la historiograf&iacute;a; casi podr&iacute;a ser pensado como una historiograf&iacute;a donde "la ficci&oacute;n habr&iacute;a contaminado la prosa" y, por lo tanto, algo as&iacute; como una semi &#151;o medio&#151; historiograf&iacute;a. No es casual que Herodoto, Xenofonte y otros historiadores tengan trechos claramente novel&iacute;sticos en sus obras, ni que ellos como tantos otros autores cl&aacute;sicos sean citados o parodiados en las novelas, lo que implicaba un p&uacute;blico culto. Lo que la novela hace es introducir una creaci&oacute;n de sentidos propia, absorbida por su p&uacute;blico lector pero para la que la cr&iacute;tica &#151;especialmente la decimon&oacute;nica&#151; parece haber estado poco preparada para comprender; para Brand&acirc;o:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">as&iacute; se pierde el dato principal que, a mi modo de entender, identifica a la novela ante otras formas de narrativa. A saber: el <i>di&eacute;gema</i> de la novela se construye en la diferencia, sea en relaci&oacute;n a otros g&eacute;neros, sea en relaci&oacute;n a la propia novela, debiendo ser entendido b&aacute;sicamente como <i>antigraf&iacute;a.</i> Los esquemas generales que la aproximan al mito nos dicen muy poco sobre la novela (p. 202).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos ante una narrativa de funci&oacute;n est&eacute;tica y dirigida a provocar placer en el lector que, si bien se ubica con relaci&oacute;n a otros g&eacute;neros y esquemas narrativos, encuentra su propio espacio &#151;se dir&iacute;a que por oposici&oacute;n a ellos&#151; en una actitud que Brand&acirc;o encuentra bien descrita bajo el t&eacute;rmino de la <i>antigraf&iacute;a.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta <i>antigraf&iacute;a</i> s&oacute;lo puede ser producto de un narrador "gramatof&aacute;gico", capaz de circular libremente por los otros g&eacute;neros, absorbiendo y sobre todo contrastando sus caracter&iacute;sticas, y practicando una suerte de <i>m&iacute;mesis</i> de la <i>m&iacute;mesis.</i> Esto s&oacute;lo es posible en un tiempo de crisis, cuando el antiguo sentido se ha perdido y hay espacio para una "libre experimentaci&oacute;n de sentidos concomitantemente polivalentes" (p. 209). Brand&acirc;o sostiene como clave de comprensi&oacute;n el situar a la novela griega como g&eacute;nero pos&#45;antiguo (no antiguo, no nuevo, fundamentalmente <i>pos</i>). La idea de lo <i>pos</i> ser&iacute;a m&aacute;s topogr&aacute;fica que de contenidos, por lo que la estrategia de la narrativa novel&iacute;stica consiste, precisamente, en los desplazamientos de contenidos pero tambi&eacute;n de formas, en diferentes direcciones. Naturalmente, seg&uacute;n la cl&aacute;sica observaci&oacute;n de Bakhtin, los antiguos griegos no sab&iacute;an que eran antiguos y ni siquiera que eran griegos: son conciencias posteriores, adosadas. Esta situaci&oacute;n de producci&oacute;n del g&eacute;nero novela debe ser vista en la continuidad de un proceso hist&oacute;rico, por mucho que pertenezca a un momento de crisis en que se hace necesario representar el propio lenguaje y la propia narrativa. Es entonces que la novela se nos aparece, en la expresi&oacute;n de Massimo Fusillo, "como una enciclopedia de todos los g&eacute;neros literarios de la Antig&uuml;edad", bajo la forma de la "escritura desatada" de la que hablaba Cervantes (p. 216).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al estar en todos y en ninguno de los g&eacute;neros anteriores, la novela no s&oacute;lo aparece como historiograf&iacute;a ficcional, sino como una epopeya en prosa, epopeya que por las caracter&iacute;sticas del nuevo proceso social se ve en la necesidad de prosificarse. El elemento trastocador es la <i>T&yacute;khe,</i> que preside la l&oacute;gica de la novela y busca introducir lo nuevo, lo distinto; es divinidad que act&uacute;a por encima de los deseos humanos, pero sin llegar a configurar un Destino ineludible. Muchas novelas salen al encuentro de <i>T&yacute;khe</i> con esp&iacute;ritu aventurero, por mucho que <i>Fortuna</i> no siempre les sonr&iacute;a; mueve a sus personajes un sentido nuevo, el de la curiosidad. Se percibe la apariencia del acontecimiento como si fuera su realidad, su realizaci&oacute;n; propiamente, el de las novelas es un mundo de apariencias y de espect&aacute;culo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final de su libro, Brand&acirc;o sostiene que con la novela griega estamos ante "Un g&eacute;nero: varias especies", t&iacute;tulo del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo. El g&eacute;nero puede ser bien definido, siendo al mismo tiempo muy variado; g&eacute;nero de apelaci&oacute;n b&aacute;rbara y anacr&oacute;nica, termin&oacute; por marcar lo griego hasta en el nombre (el <i>t&ograve; Romaiikon).</i> Esta falta de nombre propio del g&eacute;nero es imperfecci&oacute;n en el mejor de los sentidos, el de su apertura, el de su estado de formaci&oacute;n que Bakhtin prolongaba hasta nuestros d&iacute;as. Como reflexiona Brand&acirc;o, esta incompletitud es lo propio de los griegos y su herencia: si lo hubiesen pensado y resuelto todo como creen las almas c&aacute;ndidas, habr&iacute;an simult&aacute;neamente abrogado la raz&oacute;n de existir, la aventura humana.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Las traducciones de las citas de <i>A inven&ccedil;ao do romance</i> son nuestras.</font></p>      ]]></body>
</article>
