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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Prometeo. El mito del héroe y del progreso. Estudio de literatura comparada]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as y notas bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Garc&iacute;a P&eacute;rez, David, <i>Prometeo. El mito del h&eacute;roe y del progreso. Estudio de literatura comparada</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gerardo Ram&iacute;rez Vidal*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><i><b>M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas (Cuadernos del Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas, 30), Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2006, 317 p&aacute;gs.</b></i></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Doctor en letras (cl&aacute;sicas) por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, es profesor de griego, y estudioso y traductor de antifonte y de Pseudo Jenofonte. </i>Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:grvidal@servidor.unam.mx">grvidal@servidor.unam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 22 de abril de 2008.    <br>    Aceptaci&oacute;n: 21 de mayo de 2008.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave</b>: Camus, Esquilo, Gide, Hes&iacute;odo, Literatuta Comparada, Luciano de Samosata, Mitocr&iacute;tica, Plat&oacute;n, Prometeo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio <i>Prometeo. El mito del h&eacute;roe y del progreso </i>es fruto de la tesis de doctorado que su autor, David Garc&iacute;a P&eacute;rez, present&oacute; en septiembre de 2003 y que realiz&oacute; durante cuatro o cinco a&ntilde;os bajo la direcci&oacute;n de la doctora Paola Vianello, recientemente fallecida, y que luego continu&oacute; puliendo y actualizando. Este largo trabajo de investigaci&oacute;n se refleja en la diversidad de fuentes antiguas y estudios modernos especializados &#151;como puede observarse en la bibliograf&iacute;a y en las notas&#151; que el autor maneja con rigor. Se trata, pues, de una obra de an&aacute;lisis literario elaborada con seriedad y bien documentada. Pero es tambi&eacute;n un ensayo, esto es, un escrito que presenta caracter&iacute;sticas que lo hacen muy atractivo al lector, no s&oacute;lo por la novedad de un viejo tema &#151;como lo es el mito del progreso&#151;, sino tambi&eacute;n por el estilo claro, preciso y elegante, y por la presentaci&oacute;n de interpretaciones novedosas y provocadoras. En resumen, el libro es una aportaci&oacute;n de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico de gran inter&eacute;s y utilidad para los especialistas en el campo de estudios de literatura comparada y de interpretaci&oacute;n mitol&oacute;gica, y, en general, para el p&uacute;blico culto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema del libro es Prometeo y el mito del progreso desde sus or&iacute;genes en el mundo cl&aacute;sico hasta nuestros d&iacute;as, pero la intenci&oacute;n del autor no es revisar el desarrollo de los elementos de ese mito a lo largo de los siglos, como uno puede darse cuenta con s&oacute;lo leer el &iacute;ndice, sino de un estudio de literatura comparada en tres momentos diferentes: la Antig&uuml;edad cl&aacute;sica, que resume en cien p&aacute;ginas (65&#150;166, Cap. II) y su doble recepci&oacute;n, moderna y posmoderna, en el siglo XX, en 110 p&aacute;ginas (pp. 167&#150;279, Cap. III), antecedido todo ello de una exposici&oacute;n sobre cuestiones te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas de literatura comparada y mitolog&iacute;a, en 50 p&aacute;ginas (pp. 23&#150;63, Cap. I). Est&aacute; ausente el largo periodo que va de la Edad Media al siglo XIX, esto es, mil 400 a&ntilde;os en t&eacute;rminos generales. Lo anterior no quiere decir que el mito de Prometeo se limite a los periodos estudiados. Muy por el contrario, pues se trata del mito m&aacute;s persistente en su esencia a lo largo de la historia de Occidente, como el autor expresa en varios pasajes (cf. pp. 181&#150;182).<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo se centra en la comparaci&oacute;n entre los mitos antiguo, moderno y posmoderno; sus partes cumplen una funci&oacute;n espec&iacute;fica dentro del conjunto de la obra. Comentemos ahora cada una de las partes indicadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera &#151;como hemos dicho&#151;, el autor inicia analizando los aspectos te&oacute;ricos, metodol&oacute;gicos e ideol&oacute;gicos. En el caso de los primeros, define, entre otros conceptos, el de literatura comparada y el de di&aacute;logo intercultural. En el caso de los &uacute;ltimos, subraya la visi&oacute;n que cada autor estudiado tiene del progreso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a los aspectos metodol&oacute;gicos, adem&aacute;s de referirse a la comparaci&oacute;n entre culturas y lenguas diferentes, el autor del libro hace algunos ajustes y adecuaciones a la teor&iacute;a comparada de la literatura. As&iacute;, no lleva a cabo una comparaci&oacute;n entre autores estudiados de la Grecia antigua, puesto que pertenecen a la misma cultura, y tampoco entre los autores franceses o estadounidenses, por el mismo motivo. M&aacute;s bien, utiliza el mito griego como arquetipo que manifiesta las pautas preeminentes y unitarias, mientras que los mitos modernos y posmodernos constituyen las dos continuidades singulares en la cultura contempor&aacute;nea; dos visiones contrapuestas entre s&iacute; que tienen como referente, como arquetipo, el mito cl&aacute;sico. De cualquier modo, para establecer el arquetipo, el autor emplea de manera consistente el m&eacute;todo comparativo en los autores antiguos, indicando sus semejanzas y subrayando sus diferencias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, se analizan tres bloques de textos en secuencia, en la cual el &uacute;ltimo de ellos adquiere una importancia singular y da pie a varias reflexiones, en primer lugar, sobre la finalidad del mito posmoderno. Sobre este punto nos interesa resaltar una idea que el autor tiene al respecto y que constituye un punto medular del ensayo:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mitos actuales resultan imposiciones de los medios, en la mayor&iacute;a de los casos, y se enfocan a subsanar determinadas cuestiones de consumo producidas por las industrias de la comunicaci&oacute;n, es decir, necesidades inventadas o artificiales que conducen a una representaci&oacute;n ilusoria de la vida (p. 37).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una segunda reflexi&oacute;n, que refuerza la anterior observaci&oacute;n del autor, se refiere a la naturaleza oral del mito. El mito es de naturaleza oral, es narraci&oacute;n y, como la palabra, tambi&eacute;n los mitos son flexibles: "el discurso mitol&oacute;gico es de los m&aacute;s maleables y cambiantes" (p. 13). Sin embargo, en la actualidad, los medios audiovisuales, que mec&aacute;nicamente construyen los nuevos Prometeos, han ido destruyendo "la sustancia viva del mito: la palabra oral", sustituy&eacute;ndola por los signos visuales, de manera que los mitos son fundamentalmente ic&oacute;nicos, mientras que la palabra adquiere un papel secundario, decorativo. As&iacute;, la repetici&oacute;n mecanizada del mito en esta era tecnol&oacute;gica no es creaci&oacute;n, sino destrucci&oacute;n del mito. Se trata, entonces, de una s&iacute;ntesis apocal&iacute;ptica, que termina con la historia y la idea misma de progreso (pp. 37&#150;38).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sentido y la funci&oacute;n mercadot&eacute;cnica de los mitos actuales son temas recurrentes de este libro. En este tenor, el estudio se configura como una advertencia de lo que se ha perdido o, tal vez, como premonici&oacute;n de lo que podr&iacute;a venir despu&eacute;s. As&iacute; el autor observa (p. 44): "el mito contempor&aacute;neo ya no s&oacute;lo es espejo de las necesidades primarias de la humanidad, como los mitos de las culturas arcaicas y tradicionales, sino tambi&eacute;n de aquellas que son creadas en las relaciones de cambio y uso".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para entender con propiedad lo que est&aacute; sucediendo o tal vez suceda, Garc&iacute;a P&eacute;rez contin&uacute;a, en el cap&iacute;tulo I &#151;referido a los fundamentos generales&#151;, con la exposici&oacute;n de los problemas terminol&oacute;gicos, esto es, con la definici&oacute;n de mito o, mejor, con la elaboraci&oacute;n de su modelo del mismo mediante una serie de componentes caracter&iacute;sticos, retomando y discutiendo algunos de los m&uacute;ltiples elementos que los estudiosos le atribuyen.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un punto inevitable es la concepci&oacute;n del mito como narraci&oacute;n fant&aacute;stica, con escasa argumentaci&oacute;n l&oacute;gica. Dir&iacute;amos &#151;yendo a&uacute;n m&aacute;s lejos&#151; que el mito podr&iacute;a presentarse como enga&ntilde;o, retomando la cita que el propio autor hace de Hes&iacute;odo, seg&uacute;n el cual las Musas le hab&iacute;an dicho a &eacute;l, cuando pastaba sus ovejas en las faldas del Helic&oacute;n: "Sabemos decir muchas mentiras a verdad parecidas, / mas sabemos tambi&eacute;n, si queremos, cantar la verdad". Las diosas, hijas de Mnemosine, se jactan o por lo menos confiesan que dicen mentiras como si fueran verdades, actitud que no parecer&iacute;a hoy digno de esas deidades. El autor aborda el problema y concluye que "el mito debe considerarse como una manifestaci&oacute;n de la verdad, como una entidad epistemol&oacute;gica del desarrollo humano, que se legitima porque el hombre no tiene o no encuentra otra forma de explicarse su entorno" (p. 59). Y, al referirse al mito de Prometeo en espec&iacute;fico, observa: "La leyenda de Prometeo en torno al fuego presenta, al respecto, una doble cualidad: se trata de una narraci&oacute;n fant&aacute;stica, pero, al mismo tiempo, la idea de progreso que contiene lo convierte en un mito heroico y cultural" (p. 60).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esta conclusi&oacute;n podr&iacute;amos agregar la idea de que la realidad o la idea de verdad o sus contrarios no son conceptos pertinentes o funcionales en el &aacute;mbito del mito. La Bas&iacute;lica de Guadalupe atrae a millones de creyentes la mayor&iacute;a de los cuales no dudan de la existencia de la Virgen y no piensan que se trate de un mito, por m&aacute;s que los racionalistas les expliquen que es pura invenci&oacute;n. As&iacute;, la realidad de la Virgen es indiscutible para quienes creen en su existencia. La caracterizaci&oacute;n de una pr&aacute;ctica cultural como m&iacute;tica se hace a menudo con la intenci&oacute;n de quitarle validez a esa pr&aacute;ctica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de muchos de los mitos actuales m&aacute;s vistosos, en cambio, podr&iacute;amos argumentar que no son mitos reales, si tomamos en consideraci&oacute;n que &eacute;stos tienen una funci&oacute;n end&oacute;gena en las sociedades. Los mitos que transmiten las grandes cadenas televisivas o el cine no son, en su mayor&iacute;a, end&oacute;genos, sino ex&oacute;genos para los mexicanos, puesto que no los crea la propia sociedad mexicana, sino que provienen del exterior. Nos parece que esta caracter&iacute;stica hace tambi&eacute;n que los mitos actuales sean ef&iacute;meros, que no haya trascendencia y que, por ello, como dice el autor, haya "necesidad de renovaci&oacute;n constante (las modas)" (p. 57).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enseguida, el autor se&ntilde;ala que "A falta de un mito que unifique e identifique a la sociedad, se tiene la historia <i>del d&iacute;a </i>que ser&aacute; comentada <i>al d&iacute;a </i>siguiente para desaparecer de inmediato de la memoria colectiva" (p. 57). Este fen&oacute;meno de la transitoriedad de los mitos actuales, indicado de manera contundente por el autor, nos parece de enorme importancia. Se entiende, entonces, desde nuestro punto de vista, cu&aacute;l es la funci&oacute;n o una de las funciones del mito: dar identidad a los grupos sociales, cohesionarlos. Si el f&uacute;tbol, en principio ex&oacute;geno, ha sido asimilado por amplios sectores de la poblaci&oacute;n, de modo que se ha transformado en una pr&aacute;ctica end&oacute;gena, constituye un mito de primer orden para dar cohesi&oacute;n a una amplia franja de mexicanos, aunque un amplio n&uacute;mero no nos identifiquemos con esos mitos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior tiene que ver con otro aspecto del mito analizado por el autor: la sacralidad, esto es, la vinculaci&oacute;n del mito con el rito, en relaci&oacute;n con lo cual se&ntilde;ala: "la modernidad ha desacralizado el aspecto ritual de <i>las actividades cotidianas </i>y ha reducido enormemente su n&uacute;mero al catalogarlas como profanas" (p. 54, subrayado m&iacute;o). El autor no profundiza en este tema, pues evidentemente su prop&oacute;sito no ha sido elaborar un tratado sobre el mito. Nos permitimos hacer dos observaciones al respecto. Por una parte, es probable que s&oacute;lo una franja de personas desacraliza esas actividades. Podemos notar que, en la vida cotidiana, muchos mexicanos realizan una infinidad de pr&aacute;cticas culturales que podr&iacute;an considerarse sagradas o rituales, como el matrimonio, el festejo del d&iacute;a de muertos, los honores a la bandera, etc&eacute;tera, adem&aacute;s de las pr&aacute;cticas de la religi&oacute;n popular. Habr&aacute; que pensar tambi&eacute;n en que la mayor parte de los estadounidenses cree m&aacute;s en lo que dice la Biblia que en las teor&iacute;as modernas sobre la evoluci&oacute;n. Por otra parte, y en sentido contrario, podemos ver que por lo menos dos de los autores griegos estudiados (Plat&oacute;n y Luciano) desacralizan el mito, al transformarlo en un artificio literario. En este sentido, tal vez habr&iacute;a que distinguir los mitos populares y los mitos literarios, pues no necesariamente coinciden. El mito literario de Plat&oacute;n no se vincula con el ritual, e incluso es probable que el mito en Esquilo no correspondiera con las pr&aacute;cticas populares religiosas. Por lo menos no habr&iacute;a que confundir entre la pr&aacute;ctica popular o colectiva del mito con la elaboraci&oacute;n literaria del mismo, s&oacute;lo que se quisiera llegar a una mitologizaci&oacute;n de toda actividad cotidiana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos observar, el tema de investigaci&oacute;n ha llevado al autor a tocar temas o problemas sobre el mito que de otra manera podr&iacute;an haber pasado desapercibidos. La ritualidad, el car&aacute;cter colectivo, la realidad y el car&aacute;cter oral aparecen trastocados en los mitos posmodernos, de manera que nos encontramos con otra recreaci&oacute;n del mito. Nos parece del mayor inter&eacute;s, cuando se afirma que la palabra es "la herramienta primordial del mito" (p. 50), cosa que ya no sucede con los nuevos mitos actuales por su car&aacute;cter ic&oacute;nico. La palabra, m&aacute;s que herramienta del mito, es una condici&oacute;n del mito; &eacute;ste depende de ella; sin ella no puede existir. El mito es discurso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se hab&iacute;a se&ntilde;alado al inicio, el an&aacute;lisis del mito de Prometeo se distribuye en tres bloques. El primero contiene el estudio del mito en cuatro autores de la Grecia antigua. Inicia con la versi&oacute;n de Hes&iacute;odo, el gran poeta did&aacute;ctico del siglo VIII a. C., con su visi&oacute;n etiol&oacute;gica, tr&aacute;gica y moral; prosigue con la imagen tr&aacute;gica en Esquilo (siglo V a. C.) y con el mito de car&aacute;cter filos&oacute;fico que Plat&oacute;n (siglo IV a. C.) pone en boca de Prot&aacute;goras, y concluye con la adaptaci&oacute;n neosof&iacute;stica de Luciano de Samosata (siglo II d. C.).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo bloque de textos incluye las versiones francesas de la primera mitad del siglo XX: Andr&eacute; Gide (1869&#150;1951), quien presenta una visi&oacute;n moral del progreso europeo anterior a las guerras mundiales, y Albert Camus (1913&#150;1960), representativo del existencialismo de posguerra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer y &uacute;ltimo bloque, se pasa revista a tres obras de autores posmodernos: el <i>Superman </i>de Max Fleischer (1883&#150;1972), el <i>Batman </i>de Robert Kane (1915&#150;1998) y concluye con los dos <i>Terminator </i>de James Cameron (1954&#150;).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor va elaborando una serie de modelos con base en caracter&iacute;sticas que &eacute;l ha establecido a partir de un n&uacute;mero muy amplio de datos que son seleccionados y clasificados. En el caso de la cultura griega antigua, trabaja los cuatro modelos ya mencionados, aunque habr&aacute; que decir que no agota a los autores, y transforma los cuatro modelos en un arquetipo, con sus caracter&iacute;sticas generales (por ejemplo, car&aacute;cter rebelde del h&eacute;roe). Este arquetipo sirve como base de comparaci&oacute;n de los dem&aacute;s modelos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta rese&ntilde;a nos limitamos a analizar de cerca el arquetipo content&aacute;ndonos con hacer una reflexi&oacute;n general sobre los dem&aacute;s autores. Se trata, como dec&iacute;amos, de cuatro ejemplos: el hes&iacute;odico, el esquileo, el plat&oacute;nico y el lucianeo. Aun cuando no sea su prop&oacute;sito expreso, el autor basa su estudio en analog&iacute;as y diferencias entre estos paradigmas, e inclusive, en el caso de Hes&iacute;odo, observa las diferencias entre el Prometeo de la <i>Teogon&iacute;a </i>y el de <i>Los trabajos y los d&iacute;as, </i>todo ello con el fin de establecer el modelo griego antiguo. As&iacute;, por ejemplo, en el primer caso se destaca la omnipotencia de Zeus y en el segundo las consecuencias nefastas para el ser humano de la rivalidad entre Zeus y el Tit&aacute;n. La comparaci&oacute;n es un mecanismo del conocimiento y de la expresi&oacute;n del conocimiento. As&iacute;, gracias a esa comparaci&oacute;n se establece el arquetipo del arquetipo, pues el Prometeo de Hes&iacute;odo es el mito fundacional, establece los elementos esenciales sobre los que se fundar&aacute; el arquetipo del Tit&aacute;n en la civilizaci&oacute;n griega de la Antig&uuml;edad y que servir&aacute;n de referencia en la cultura occidental.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es interesante la forma en que el autor explica las particularidades del mito en cada uno de los autores. En el caso de Hes&iacute;odo se llama la atenci&oacute;n sobre el marco social, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico: "Los poemas hes&iacute;odicos fueron, en gran medida, una respuesta a la crisis que vivi&oacute; Beocia", etc&eacute;tera. Adem&aacute;s del marco, tambi&eacute;n interviene una explicaci&oacute;n basada en la finalidad del autor, que en el caso de Hes&iacute;odo se trata de una voluntad moralizante, de someterse a la voluntad del gran Zeus, es decir, de respetar la justicia, que es el mecanismo que puede controlar la <i>hybris, </i>el desenfreno, el exceso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La versi&oacute;n de Esquilo es la mejor conocida y la que m&aacute;s ha influido en la idea que actualmente tenemos del mito. En este caso, el estudioso procede de la misma manera. Luego de una breve discusi&oacute;n sobre la autenticidad del <i>Prometeo encadenado, </i>se&ntilde;ala la finalidad de la obra: "servir de paradigma mitol&oacute;gico para determinar c&oacute;mo un nuevo orden teog&oacute;nico establece reglas de convivencia dif&iacute;ciles de aceptar, sobre todo si esto se enmarca dentro de la democracia para hablar del concepto de la tiran&iacute;a" (p. 105), refiri&eacute;ndose a las nuevas condiciones sociales, esto es, el establecimiento del r&eacute;gimen democr&aacute;tico y, en particular, el papel que cumple el Are&oacute;pago como mecanismo regulador de la justicia en las <i>poleis </i>griegas" (p. 108), elementos que explican las profundas diferencias entre el mito de Hes&iacute;odo y el de Esquilo. Si en el primero Zeus constituye el garante del orden, en el segundo el hijo de Cronos es un tirano reci&eacute;n llegado al trono que ha cometido graves injusticias con el fin de conservar el poder mediante la fuerza y la violencia. Ahora Prometeo no es el desmedido, sino Zeus. El Tit&aacute;n es, en cierta forma, el creador del hombre, al haberles otorgado el fuego robado a Hefesto, permiti&eacute;ndoles su preservaci&oacute;n como raza humana. El autor plantea el problema de la explicaci&oacute;n del sentido del fuego otorgado a los hombres y de la esperanza que qued&oacute; en los bordes de la olla. La esperanza es uno de los males, no un bien. La esperanza vana tal vez sea la esperanza de la inmortalidad o la imposibilidad del progreso. A ambas podr&iacute;amos a&ntilde;adir una tercera explicaci&oacute;n: la imposibilidad de la libertad. Lo que estar&iacute;a manifestando Esquilo podr&iacute;a ser, tal vez, que la esperanza del pueblo ateniense en su libertad es una quimera. Al final de cuentas, Prometeo resulta perdedor y, con &eacute;l, el g&eacute;nero humano. Sin embargo, es dif&iacute;cil todav&iacute;a entender el sentido que tiene el que la esperanza vana se haya quedado en el borde de la jarra. &iquest;Significa esto que no sali&oacute; pero tampoco qued&oacute; dentro? Ahora, el hecho de haber quedado dentro significa que ese mal no se desat&oacute;, como el hambre, el trabajo y la enfermedad. As&iacute;, &iquest;el ser humano est&aacute; protegido de esa vana esperanza, por haber quedado dentro? Como normalmente sucede, las investigaciones solucionan viejos problemas y plantean nuevas preguntas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a P&eacute;rez pasa revista muy cuidadosamente a las diferentes divinidades involucradas en el caso de Prometeo, cuyo car&aacute;cter queda claramente establecido gracias a las comparaciones. Las diversas divinidades cumplen diferentes papeles en la obra. Un personaje interesante sobre el que el autor llama la atenci&oacute;n es Hefesto, cuyo car&aacute;cter aparece claramente dise&ntilde;ado. Pero es posible preguntarse ahora acerca del papel de esta divinidad en el conjunto del problema del progreso, por la simple raz&oacute;n de que &eacute;l es el depositario del fuego, no Zeus ni Prometeo. Sin duda un personaje interesante, aunque no tan atractivo como &Iacute;o, injustamente castigada por el Cronida.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el fuego es el fuego de la rebeli&oacute;n, si Prometeo es el h&eacute;roe del progreso del hombre, si el progreso depende de la libertad, y si a final de cuentas el rebelde y soberbio Prometeo es derrotado por el poder absoluto; si toda la historia resulta as&iacute;, entonces, el Prometeo encadenado es una expresi&oacute;n tr&aacute;gica del destino fatal del hombre y, en particular, de las esperanzas de la libertad del pueblo griego ante el poder absoluto del tirano. Es la tragedia de la lucha por la democracia. A final de cuentas es la tiran&iacute;a la que triunfa. &Eacute;se es, tal vez, el sino del pueblo ateniense. Habr&iacute;a que preguntarse a qui&eacute;n representa la tiran&iacute;a de Zeus, sabiendo que no se refiere a los pisistr&aacute;tidas, cuyo r&eacute;gimen hab&iacute;a quedado aniquilado varias d&eacute;cadas antes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera versi&oacute;n del mito es la explicaci&oacute;n del progreso de la humanidad puesta por Plat&oacute;n en boca de Prot&aacute;goras en el di&aacute;logo hom&oacute;nimo. Sobre la autenticidad de esa explicaci&oacute;n, se han planteado diversas hip&oacute;tesis que podr&iacute;amos reducir a tres: a) fue elaborado por el propio sofista con una finalidad pedag&oacute;gica y recogido por Plat&oacute;n respetando el fondo y la forma; b) fue elaborado por Plat&oacute;n, pero reformulando o manipulando ideas, conceptos y t&eacute;rminos de aqu&eacute;l; c) fue creado por el fil&oacute;sofo, ficcionalizando el mito, esto es, presentando un mito inventado por &eacute;l mismo, pero atribuy&eacute;ndoselo al sofista.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tres posibilidades se relacionan con el car&aacute;cter del di&aacute;logo plat&oacute;nico: el <i>Prot&aacute;goras </i>registra un acontecimiento realmente sucedido y conservado de memoria; es una versi&oacute;n de Plat&oacute;n de un acontecimiento real, y es una pura invenci&oacute;n del fil&oacute;sofo ateniense de algo que nunca sucedi&oacute;. El autor del libro no desconoce el problema, pero muestra incertidumbre, pues primero afirma: "esta idea acerca del progreso fue propiamente desarrollada a trav&eacute;s del mito prometeico por Prot&aacute;goras y que Plat&oacute;n, <i>casi con seguridad, </i>la transmiti&oacute; de manera fiel en el di&aacute;logo" (p. 127, subrayado m&iacute;o), aunque tres p&aacute;ginas despu&eacute;s se&ntilde;ala que el fil&oacute;sofo recuper&oacute; ese mito "en los t&eacute;rminos que <i>quiz&aacute;s </i>utiliz&oacute; Prot&aacute;goras" (p. 130, subrayado m&iacute;o), y despu&eacute;s indica que "no puede determinarse hasta que punto &#91;el mito&#93; sea obra propiamente de &eacute;l &#91;Prot&aacute;goras&#93;, o bien sea un recurso plat&oacute;nico puesto en boca del pensador de Abdera" (p. 136). En realidad, el estudioso se apega a las dos primeras posibilidades. A menudo se refiere al mito como si fuera de Protagoras y a veces habla de "las palabras de Prot&aacute;goras en Plat&oacute;n" (p. 140).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos parece claro que el mito es una invenci&oacute;n plat&oacute;nica y que no es aut&eacute;ntico. En primer lugar habr&iacute;a que arg&uuml;ir que la famosa "Asamblea de los sofistas" es una genial fantas&iacute;a del fil&oacute;sofo ateniense, pero que nunca existi&oacute; ni podr&iacute;a haber existido. Se trata de un cuadro magn&iacute;fico, cuya fecha dram&aacute;tica se acostumbra poner hacia el 433, pero que en realidad no es posible definir, pues en cierta medida es atemporal. En esa imagen aparecen los mayores sofistas de la &eacute;poca cuidadosamente dibujados y dise&ntilde;ados: Prot&aacute;goras de pie, ense&ntilde;ando; Hipias sentado, dando lecciones a sus disc&iacute;pulos; Pr&oacute;dico durmiendo, con sus disc&iacute;pulos esper&aacute;ndolo en derredor, cuyo sentido tal vez indica que el primero estaba ya en su apogeo; el segundo se sent&iacute;a ya famoso (est&aacute; sentado en un asiento alto) y el &uacute;ltimo a&uacute;n no inicia su carrera. El asunto es que los tres aparecen como en un estupendo mural renacentista. En el 433, Hipias ser&iacute;a un muchacho imberbe de 10 a&ntilde;os, si creemos a Mario Untersteiner, quien piensa que ese personaje naci&oacute; hacia el 443; en todo caso, no sobrepasar&iacute;a los 30 a&ntilde;os de edad, si hubiera nacido hacia el 460, y consecuentemente no podr&iacute;a aparecer todav&iacute;a como un sabio respetado. Seg&uacute;n Havelock, "El Prot&aacute;goras, un ejemplo iluminante, reproduce de cerca la <i>mise en sc&egrave;ne </i>de <i>Los aduladores </i>de Eupolis".<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El propio mito parece una invenci&oacute;n de Plat&oacute;n cuyo prop&oacute;sito era burlarse de la ense&ntilde;anza del sofista. En principio habr&aacute; que se&ntilde;alar que el h&eacute;roe no ser&iacute;a Prometeo, sino el propio Zeus, pues es &eacute;ste quien otorga el arte pol&iacute;tico a los seres humanos (Plat&oacute;n, <i>Prot&aacute;|goras, </i>322b&#150;c), mientras que el Tit&aacute;n s&oacute;lo les entrega a los hombres la capacidad t&eacute;cnica. De esta manera, la narraci&oacute;n expuesta por el pseudo Prot&aacute;goras presenta varias paradojas y llega a la conclusi&oacute;n contraria de lo que se esperaba. Por ejemplo, Zeus ordena a Hermes distribuir el respeto y la justicia (esto es, el arte pol&iacute;tica) no a unos s&iacute; y a otros no, sino a todos los seres humanos, "pues no podr&iacute;an generarse ciudades si s&oacute;lo algunos participaran de ellos" (ibid., 322d), pero inmediatamente despu&eacute;s dice que quien no sea capaz de participar de la justicia, fuera muerto. En consecuencia, el respeto y la justicia no ser&iacute;an distribuidos a todos por igual, pues de otro modo no se entiende por qu&eacute; los seres humanos ser&iacute;an diferentes en este aspecto. En cuanto a la finalidad, habr&aacute; que subrayar que el pseudo Prot&aacute;goras presenta el mito de Prometeo para demostrar que la virtud pol&iacute;tica es ense&ntilde;able y que &eacute;l la puede ense&ntilde;ar mejor que otros. Pero el problema es que, si se hubiera distribuido respeto y justicia a todos por igual, el supuesto sofista se quedar&iacute;a sin materia de ense&ntilde;anza: Zeus distribuy&oacute; la virtud pol&iacute;tica a todos por igual, de manera que los hombres est&aacute;n en posesi&oacute;n de ella por naturaleza. En consecuencia, Prot&aacute;goras no puede ense&ntilde;ar lo que ya todos saben. Plat&oacute;n gui&ntilde;a a sus destinatarios: "&iexcl;Miren a este hombre que quiere ense&ntilde;ar lo que ya todos saben!" Poco despu&eacute;s, el ficticio sofista se contradice al tratar de demostrar que la virtud pol&iacute;tica no es un don natural ni de la fortuna, sino que se adquiere mediante la ense&ntilde;anza (323c). El mito de Prometeo del pseudo Prot&aacute;goras est&aacute; demostrando en realidad que el arte pol&iacute;tica no es ense&ntilde;able.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que se analice no un mito sino un remedo de mito, sin duda, comporta consecuencias de primer orden. Es cierto que Esquilo tambi&eacute;n toma el mito hesi&oacute;dico y lo transforma mediante estrategias ret&oacute;rico&#150;literarias, pero esta versi&oacute;n se adapta a las condiciones culturales de la &eacute;poca; es una reproducci&oacute;n end&oacute;gena. Esto no sucede con el mito plat&oacute;nico, que s&oacute;lo es una iron&iacute;a, un instrumento de burla, como lo es tambi&eacute;n en Andr&eacute; Gide. Sin embargo, el autor del libro que ahora comentamos rechaza esta interpretaci&oacute;n, a la que alude (p. 136).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este problema del car&aacute;cter ficticio del mito (de un mito literario) no s&oacute;lo incumbe al Prot&aacute;goras de Plat&oacute;n, sino tambi&eacute;n al mito en Luciano de Samosata, que es el &uacute;ltimo autor griego antiguo analizado, pues se trata de un mito literario, o para decirlo con las palabras del autor: "Se tratar&iacute;a en todo caso de un ejercicio ret&oacute;rico, como se acostumbraba en las escuelas de oratoria, cuyo fin era adiestrar a los alumnos en la defensa de tesis antag&oacute;nicas, las llamadas <i>antilog&iacute;ai". </i>Por tanto, en este autor deber&iacute;a hablarse del mito de Prometeo como motivo literario o ret&oacute;rico, pues en la &eacute;poca de Luciano (siglo II d. C.) el mito como pr&aacute;ctica ritual hab&iacute;a desaparecido o, por lo menos, el mito representado por Luciano no se corresponde con el rito contempor&aacute;neo del autor. El escritor antiguo recoge una tradici&oacute;n del pasado, la reelabora y la presenta en un g&eacute;nero dram&aacute;tico, pero no para reproducir una creencia, sino para burlarse de ella; es decir desmitifica el mito, como ya lo hab&iacute;a hecho Plat&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor establece el arquetipo antiguo que culmina con Luciano, a partir de las semejanzas y las diferencias. Luego pasa a establecer dos grandes modelos: los h&eacute;roes modernos y los posmodernos, tambi&eacute;n mediante la analog&iacute;a y el contraste con el modelo antiguo. Pero los h&eacute;roes modernos representados en el <i>Prometeo mal encadenado </i>(1899) de Andr&eacute; Gide y en <i>El hombre rebelde </i>(1955) de Albert Camus parecen m&aacute;s bien otra etapa en la transfiguraci&oacute;n del mito iniciada por Plat&oacute;n y continuada por Luciano, si no pensamos que todos los mitos, desde Hes&iacute;odo hasta el <i>Terminatior 2 </i>de James Cameron (1991), no son sino adaptaciones y recreaciones literarias de los sentimientos y deseos profundos del ser humano por la libertad. Si esto fuera as&iacute;, m&aacute;s que privilegiar una <i>interpretaci&oacute;n gen&eacute;tica </i>del mito originado en un determinado momento y retomado por las generaciones subsecuentes, deber&iacute;a pensarse en la primac&iacute;a de una <i>explicaci&oacute;n cong&eacute;nita, </i>donde el mito prometeico constituye una manifestaci&oacute;n del anhelo libertario innato del ser humano en diferentes momentos de la historia y en diferentes culturas, tamizadas por las condiciones pol&iacute;ticas y sociales y moldeadas por la tradici&oacute;n. De ah&iacute; su car&aacute;cter proteico, s&oacute;lo que en Occidente, las expresiones literarias del mito se encontrar&iacute;an adaptadas a o determinadas por un complejo conceptual propio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La recreaci&oacute;n del mito no es ignorada por el autor, quien afirma: "los poetas, los fil&oacute;sofos y los escritores, en general, abstraen aquellos elementos que est&aacute;n determinados por las preocupaciones socioculturales de su tiempo y reciclan el modelo heroico del mismo" (p. 288), s&oacute;lo que la relaci&oacute;n entre las dos interpretaciones que presenta el libro parece ser diferente, pues el motor de las versiones prometeicas es el arquetipo hel&eacute;nico que se va conformando a las condiciones y al car&aacute;cter de los autores estudiados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>Prometeo mal encadenado </i>de Andr&eacute; Gide constituye una nueva transgresi&oacute;n del mito cl&aacute;sico (si adoptamos la interpretaci&oacute;n gen&eacute;tica). Pensemos en Zeus convertido en un millonario gordo: "Al igual que Luciano, este escritor se burla de las cualidades f&iacute;sicas y morales de la divinidad con el fin de mostrar que no son m&aacute;s que creaciones del mismo hombre y que responden a una conducta similar a la humana" (p. 181). La vinculaci&oacute;n con lo sagrado se deshace. No existe el mito, sino su ridiculizaci&oacute;n; sin embargo, esa versi&oacute;n tiene como mira la moral de la &eacute;poca sustentada en la religi&oacute;n cristiana. En cambio, en <i>El hombre rebelde, </i>Prometeo adquiere de nuevo el esp&iacute;ritu de lucha por la libertad, recupera el sentido pol&iacute;tico y social del mito, aunque aderezado con otros ingredientes, como el concepto de solidaridad y como rechazo a los totalitarismos que el propio autor sufri&oacute;, en particular, durante el r&eacute;gimen nazi.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los superh&eacute;roes posmodernos son otra cosa. La transgresi&oacute;n llega a sus l&iacute;mites, pues nuevas condiciones entran en juego, fundamentalmente los <i>mass media </i>y la mercadotecnia. Los mitos surg&iacute;an como respuestas a las adversidades o a los obst&aacute;culos del hombre; ahora son alimentados por necesidades artificiales como si fueran primarias. Las condiciones de producci&oacute;n, de circulaci&oacute;n y de recepci&oacute;n cambian radicalmente: los h&eacute;roes se produc&iacute;an de un modo artesanal; ahora los medios de comunicaci&oacute;n los generan al instante: "una sola campa&ntilde;a publicitaria es suficiente para que en poco tiempo se invente un h&eacute;roe" (p. 253). Todo ello gracias a que el p&uacute;blico, en general, es pasivo, se convierte &#151;por lo com&uacute;n&#151; en un simple receptor de historias, despojado ya de su actividad creativa. "Los h&eacute;roes de la cultura posmoderna son un reciclaje de la tradici&oacute;n cl&aacute;sica, s&oacute;lo que esta forma de reciclar desech&oacute; la parte humana del h&eacute;roe y se qued&oacute; s&oacute;lo con aquella c&aacute;scara que resulta ef&iacute;mera porque carece de sustancia" (p. 257). Tambi&eacute;n la funci&oacute;n del h&eacute;roe cambia. Su rebeld&iacute;a en contra del estado de cosas, en contra del tirano, en contra del poder, en contra del totalitarismo, sucumbe ahora ante el r&eacute;gimen establecido: "su objetivo no es llevar al hombre a la libertad, ya que en su contexto &eacute;sta se encuentra garantizada por el simple hecho de estar inmersos en el sistema democr&aacute;tico de los Estados Unidos &#91;...&#93; Su misi&oacute;n es resguardar la libertad institucional...". Nos encontramos entonces frente al h&eacute;roe al rev&eacute;s; no ante un remedo, sino frente a un superhombre que, sin embargo, ha perdido su esencia, entre otras, cosas, al ser un anclaje y un reflejo del sistema dominante. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de todo, David Garc&iacute;a presenta una visi&oacute;n no apocal&iacute;ptica del Prometeo del futuro, que tal vez no sea sino la expresi&oacute;n de su anhelo interior ante las adversidades del M&eacute;xico actual tan necesitado de un h&eacute;roe rebelde enfrentado al poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico establecido a favor de las clases desprotegidas, a semejanza del de Albert Camus, como se desprende del &uacute;ltimo p&aacute;rrafo de la obra:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para nosotros, hombres que inauguramos un nuevo siglo, &#91;...&#93; Prometeo resulta una figura enraizada profundamente en la tradici&oacute;n mitol&oacute;gica de Occidente, porque sigue siendo el signo que nos acoraza ante la imposibilidad de ser y conocer lo divino, cualquiera que sea su definici&oacute;n, pero que tambi&eacute;n nos permite seguir la b&uacute;squeda de la libertad y de la justicia incendiando nuevos fuegos que amparen y hagan perseverar nuestro esp&iacute;ritu en la decadencia que no cesa. Este desciframiento se encuentra en la posibilidad libertaria de encender el fuego como &uacute;nica esperanza ante los o&iacute;dos sordos y los ojos ciegos de los dioses.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Una exposici&oacute;n hist&oacute;rica puede encontrarse en J. Duchemin, <i>Prom&eacute;th&eacute;e. Histoire du mythe, de ses origines orientales &agrave; ses incarnations modernes, </i>1995, utilizado por el autor. Para subrayar la importancia de este mito, ser&iacute;a suficiente con agregar que durante el Romanticismo aparecieron 170 obras inspiradas por el mito de Prometeo. Entre el n&uacute;mero may&uacute;sculo de obras se piensa de inmediato en el c&eacute;lebre libro de Mary Sheley: <i>Frankenstein; or, The Modern Prometheus, </i>de 1818, cuyo segundo t&iacute;tulo es a menudo omitido. El texto de Percy Bysshe Shelley, <i>Prometeo liberado, </i>publicado en 1820, es menos conocido pero muy interesante, por las modificaciones que introduce el autor: Prometeo, s&iacute;mbolo del bien, es liberado luego de que Zeus, s&iacute;mbolo del mal, es destronado por uno de sus hijos; se instaura as&iacute; el reino del bien y del amor en la tierra. Un final feliz. Habr&aacute; que agregar que, en la portada del libro, se reproduce un cuadro del pintor holand&eacute;s del siglo XVII, Dirck van Baburen, intitulado <i>Prometeo siendo encadenado por Vulcano, </i>de 1622, que es una muestra de la importancia que el tema ha tenido tambi&eacute;n en la pintura.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Apud G. Reale, "Il mito in Platone con particolare riguardo al mito nel 'Protagora' ", en G. Casertano, Il <i>Protagora di Platone: struttura e problematiche, </i>Napoli, Lofredo Editore, 2004, p. 132.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5515063&pid=S0185-3058200800010001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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