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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Las disciplinas escolares y sus libros</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alicia Civera*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Luz Elena Galv&aacute;n y Luc&iacute;a Mart&iacute;nez Moctezuma (coordinadoras) M&eacute;xico, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS)/Universidad Aut&oacute;noma del Estado de Morelos/Juan Pablos Editor, 2011</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigadora de El Colegio Mexiquense, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II. CE:</i> <a href="mailto:acivera@cmq.edu.mx">acivera@cmq.edu.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro <i>Las disciplinas escolares y sus libros,</i> coordinado por Luz Elena Galv&aacute;n y Luc&iacute;a Mart&iacute;nez Moctezuma, constituye una edici&oacute;n cuidadosa, con una portada hermosa; y nos da entrada a la historia de los textos que se han utilizado en diferentes asignaturas en las escuelas mexicanas. El an&aacute;lisis de los libros escolares, libros de texto o manuales escolares ha estado en boga durante los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os. Como explican las coordinadoras, ha habido un importante n&uacute;mero de proyectos, o m&aacute;s bien, proyectos de magnitudes importantes a nivel internacional en los cuales ellas han participado directamente, as&iacute; como algunos de los autores del libro. La obra se desprende de los trabajos del Seminario de Historia de la Educaci&oacute;n, coordinado por Luz Elena Galv&aacute;n, que ha dado muchos aportes a este campo de estudio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro identificamos la influencia de autores franceses y espa&ntilde;oles como Roger Chartier, Anne Mary Chartier, Maria Magdalene Comp&eacute;re, Alan Choppin, Jean Louis Guere&ntilde;a y Agust&iacute;n Escolano, que tratan de comprender los libros desde el entramado de su escritura, edici&oacute;n, distribuci&oacute;n, difusi&oacute;n y lectura o uso, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente, de sus v&iacute;nculos con el desarrollo de la escuela. La mayor&iacute;a de los autores del libro tienen trabajos publicados en la tem&aacute;tica, pero en <i>Las disciplinas escolares y sus libros</i> los tenemos agrupados bajo un objetivo com&uacute;n, lo cual representa un gran acierto, y m&aacute;s a&uacute;n cuando su intenci&oacute;n es ligar el an&aacute;lisis de los textos escolares al desarrollo de las disciplinas escolares, un tema muy poco explorado como tal tanto en M&eacute;xico como en otros pa&iacute;ses, a pesar de su gran importancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada cap&iacute;tulo marca sus propios par&aacute;metros temporales; la historia comienza en 1790 y culmina en los a&ntilde;os setenta del siglo XX, si bien la mayor parte de los cap&iacute;tulos se detiene en la segunda mitad del siglo XIX, &eacute;poca de impulso a la educaci&oacute;n desde la pedagog&iacute;a moderna. La lectura conjunta permite al lector viajar por los cambios y continuidades en las escuelas y en los textos desde el ocaso de la Colonia, la construcci&oacute;n de M&eacute;xico como naci&oacute;n, la sacudida de la Revoluci&oacute;n de 1910 y la institucionalizaci&oacute;n de la revoluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor parte de los autores ubica al lector en la historiograf&iacute;a previamente existente de su tema de estudio espec&iacute;fico, siguiendo el recorrido general que se plantea en la introducci&oacute;n. Cada autor revisa los libros de alguna disciplina, asignatura o &aacute;rea espec&iacute;fica de conocimiento, analiza su contenido o estructura y ubica a los autores de los libros y a las casas editoriales; adem&aacute;s aborda el desarrollo de una disciplina cient&iacute;fica, la introducci&oacute;n de m&eacute;todos pedag&oacute;gicos, estructuras curriculares y asignaturas escolares, el avance de los procesos de escolarizaci&oacute;n, centralizaci&oacute;n y unificaci&oacute;n del sistema educativo, la dif&iacute;cil tarea de documentar la presencia de los textos en la escuela, y m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n, su utilizaci&oacute;n por parte de maestros y estudiantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tipo de acercamiento que realiza cada autor es diferente: puede tratarse del an&aacute;lisis de libros de autores representativos de una &eacute;poca, o de los libros que m&aacute;s se reeditaron, o el seguimiento de las im&aacute;genes de un tema espec&iacute;fico en libros de distintas &eacute;pocas, o a partir del an&aacute;lisis de un reservorio en especial. Casi siempre se revisan libros de apoyo en la educaci&oacute;n elemental; as&iacute;, a una b&uacute;squeda com&uacute;n corresponden diversas estrategias metodol&oacute;gicas, elegidas en buena medida por el distinto grado de avance en la investigaci&oacute;n del tema, o en virtud de la magnitud de los textos. Por ejemplo, se hace evidente un mayor avance en los estudios acerca de los textos de historia y cultura c&iacute;vica, mientras las ciencias han tenido poca importancia en la historiograf&iacute;a. Ello muestra c&oacute;mo un proceso como el de la ense&ntilde;anza de las ciencias, que tuvo una atenci&oacute;n insuficiente en su momento, recibe tambi&eacute;n poca atenci&oacute;n de los historiadores a&ntilde;os despu&eacute;s. De ah&iacute; que en este libro se profundiza en &aacute;reas ya estudiadas y se abre la investigaci&oacute;n a nuevos terrenos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra est&aacute; dividida en tres partes: en la primera se estudian los textos de formaci&oacute;n c&iacute;vica y moral, derecho e historia; en la segunda, los libros para la ense&ntilde;anza de las matem&aacute;ticas, la f&iacute;sica, la geograf&iacute;a, el dibujo, las "lecciones de cosas" y la econom&iacute;a dom&eacute;stica. Una &uacute;ltima parte, m&aacute;s peque&ntilde;a, se dedica a los textos de apoyo a la ense&ntilde;anza de la lectura y la escritura. No es posible hablar de todos los textos en este espacio, por lo que retomar&eacute; algunos de los aportes m&aacute;s importantes para finalmente hacer una apreciaci&oacute;n general.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A principios de siglo XIX los ni&ntilde;os, dentro o fuera de la escuela, aprend&iacute;an con catecismos elaborados con base en preguntas y respuestas que buscaban propiciar la formaci&oacute;n moral y del nuevo ciudadano. Ambos aspectos, juntos en un inicio, se fueron separando, y ante la necesidad de crear una idea de naci&oacute;n, fue tomando una mayor fuerza la formaci&oacute;n c&iacute;vica. Lo importante, nos dice Jes&uacute;s M&aacute;rquez, es que tanto los textos coloniales como los del M&eacute;xico independiente colocaban en un lugar primordial la obediencia &#151;primero al Rey y luego al r&eacute;gimen pol&iacute;tico&#151; pero obediencia al fin y al cabo, mientras los manuales de derecho para la educaci&oacute;n secundaria concentraban sus ense&ntilde;anzas en las leyes civiles, resaltando, por ejemplo, la abolici&oacute;n de la esclavitud, como nos dice Gerardo Galindo. La formaci&oacute;n c&iacute;vica, seg&uacute;n el estudio de Rosal&iacute;a Men&iacute;ndez, se fortaleci&oacute; durante el porfiriato con textos expresamente elaborados para la escuela; incluso hubo libros especiales para ni&ntilde;as, que buscaban la fidelidad a la naci&oacute;n, pero tambi&eacute;n al r&eacute;gimen pol&iacute;tico, al igual que los libros de historia, elaborados bajo la idea de que la historia era una maestra para la vida, que buscaba crear en los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as la idea de naci&oacute;n soberana y pr&oacute;spera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como en las distintas disciplinas, los m&eacute;todos se modernizaron en las d&eacute;cadas de 1880 y 1890 a ra&iacute;z de los debates realizados en los congresos pedag&oacute;gicos. La elaboraci&oacute;n de los libros de texto fue sustituyendo a la traducci&oacute;n, aunque el modelo franc&eacute;s sigui&oacute; siendo importante; al mismo tiempo comenz&oacute; a darse una mayor importancia al uso de libros de texto en las escuelas, y &eacute;stos se fueron transformando para dejar atr&aacute;s el m&eacute;todo de preguntas y respuestas, que fue sustituido por la idea de la graduaci&oacute;n del conocimiento. De esta manera los libros se fueron haciendo m&aacute;s expositivos, apoyados por el uso de ilustraciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un principio la compa&ntilde;&iacute;a lancasteriana era la que recomendaba el uso de uno u otro texto; posteriormente los har&iacute;an organismos de los sistemas educativos de los estados. De esta manera los textos se fueron apegando cada vez m&aacute;s a los planes de estudio escolares. No obstante, tanto Blanca Garc&iacute;a cuando analiza varios libros de historia, como Luz Elena Galv&aacute;n respecto de las ilustraciones de la Independencia en libros de varias generaciones, muestran c&oacute;mo, a pesar de prevalecer una postura liberal, los autores ten&iacute;an diferencias entre s&iacute; que quedaban plasmadas en sus obras. El mercado de los libros de texto fue extendi&eacute;ndose. Si bien en un principio la mayor parte de los autores eran profesionistas, se fue incorporando un n&uacute;mero cada vez mayor de maestros a esa tarea. Aunque la producci&oacute;n estaba centralizada en las casas editoriales de la Ciudad de M&eacute;xico, y muchos de los escritores estaban bien relacionados con las autoridades educativas, lo cierto es que muchos maestros de diferentes partes del pa&iacute;s publicaron sus apuntes de clase, y algunos de ellos incluso tuvieron un impacto regional. A&uacute;n no se sabe mucho, nos dice Luc&iacute;a Mart&iacute;nez, de c&oacute;mo se manejaban los derechos de autor, tema que, como ella dice, resulta importante dilucidar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n, una vez que se fue afianzando la centralizaci&oacute;n educativa y los intentos de uniformar a los ciudadanos, los &oacute;rganos que decid&iacute;an qu&eacute; libros se autorizar&iacute;an para utilizar en las escuelas se concentraban en la Ciudad de M&eacute;xico. Pese a ello, persist&iacute;an diferentes visiones de la historia, incluso entre los autores marxistas de los a&ntilde;os treinta, las cuales se reflejaban en los libros. No obstante, como dice Guadalupe Mendoza, para los a&ntilde;os cincuenta del siglo XX hab&iacute;an perdido quienes ve&iacute;an "en la implementaci&oacute;n de una versi&oacute;n &uacute;nica de la historia, la se&ntilde;al de la instauraci&oacute;n de un r&eacute;gimen totalitario" (p. 161). La revoluci&oacute;n institucionalizada buscaba formar una idea de naci&oacute;n con estructuras s&oacute;lidas que se hab&iacute;an forjado pese a las constantes amenazas externas, exaltando a la vez la unidad de los mexicanos. Pese a las distancias establecidas entre los libros de historia patria del siglo XIX y aquellos elaborados durante la Revoluci&oacute;n, hubo continuidad en el uso de cierto tipo de s&iacute;mbolos, lo que lleva a Luz Elena Galv&aacute;n a afirmar que los libros contribuyeron a formar una memoria hist&oacute;rica. Esta autora resalta c&oacute;mo algunas publicaciones hechas para ni&ntilde;os en el siglo XIX, pero no para la escuela, mostraban un tipo de historia vinculada con la geograf&iacute;a, el arte y la literatura de una manera mucho m&aacute;s avanzada que los textos de historia patria. La idea de patria, por cierto, sobrevivi&oacute; a la Revoluci&oacute;n mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n la mujer tuvo un lugar importante en la construcci&oacute;n de la patria y el progreso. Dentro de la escuela de finales de siglo XIX y principios del siglo XX tuvo una gran importancia la materia de econom&iacute;a dom&eacute;stica, pensada para incrementar la influencia de la mujer en el mejor manejo de los recursos y en la organizaci&oacute;n del hogar cuando se incorporaba de manera m&aacute;s activa al medio laboral. Siguiendo los patrones europeos, los libros de las mexicanas llegaron a tener reconocimientos internacionales y por estos libros, nos dice Patricia Hurtado, se sabe que la materia en la escuela era m&aacute;s pr&aacute;ctica que te&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La difusi&oacute;n y apropiaci&oacute;n del m&eacute;todo intuitivo y de la ense&ntilde;anza objetiva dio un mayor peso en la escuela a la ense&ntilde;anza de las ciencias. A finales del siglo XIX se increment&oacute; de manera apreciable la publicaci&oacute;n de libros de geometr&iacute;a y sobre todo de &aacute;lgebra, y &eacute;stos se fueron apegando a la forma en que la escuela iba incrementando el grado de dificultad de su ense&ntilde;anza, como podemos apreciar en el texto de Guadalupe Alcar&aacute;z, quien destaca c&oacute;mo a principios de siglo XIX los libros de ense&ntilde;anza inicial no inclu&iacute;an los n&uacute;meros y los sistemas de contar que en cambio s&iacute; se incluyeron posteriormente, lo que le hace suponer que para la ense&ntilde;anza de dichos aspectos se utilizaba el &aacute;baco, el pizarr&oacute;n y la pizarra. Tambi&eacute;n la ense&ntilde;anza del dibujo se modific&oacute;, seg&uacute;n explica Leticia Moreno: en lugar de v&eacute;rsele ya como una actividad recreativa en la ense&ntilde;anza elemental, la pedagog&iacute;a moderna lo vio como una ense&ntilde;anza en t&eacute;rminos est&eacute;ticos, pero que tambi&eacute;n proporcionaba capacidad de observaci&oacute;n y de motricidad para el aprendizaje de la escritura. Si en los primeros a&ntilde;os el ni&ntilde;o deb&iacute;a dibujar libremente, en los posteriores no, ya que el dibujo era central para la vida pr&aacute;ctica y para la ense&ntilde;anza de otras disciplinas como la geometr&iacute;a, la geograf&iacute;a y las "lecciones de cosas". En estas &uacute;ltimas, nos explica Luc&iacute;a Mart&iacute;nez, se buscaba que los ni&ntilde;os aprendieran a observar a la naturaleza y los avances de la modernidad, que aprendieran cosas &uacute;tiles, cient&iacute;ficas, aunque aportaban tambi&eacute;n moralejas. Si la observaci&oacute;n no pod&iacute;a ser directa, &eacute;sta se har&iacute;a por medio de los libros escolares y artefactos o carteles realizados por cient&iacute;ficos&#45;maestros&#45;inventores tan creativos como Luis L. Le&oacute;n, siguiendo y adaptando las ideas de los textos y programas franceses. Textos como el de Lucio Tapia de 1907, que</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... develaba las riquezas naturales del pa&iacute;s, los obst&aacute;culos para enfrentarlos, tales como la falta de capital y de las v&iacute;as interiores de comunicaci&oacute;n, que aislaban al pa&iacute;s del comercio y de la inmigraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n subrayaba el papel que desempe&ntilde;aba un actor cuyos defectos eran adversos a este progreso, la oposici&oacute;n del ind&iacute;gena frente a los proyectos empresariales, pues "la ignorancia y la mala fe de los pueblos luchaban sistem&aacute;ticamente contra la novedad de una empresa &uacute;til" (p. 208).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La forma en que los conocimientos generados por un campo de conocimiento llegan a la escuela para convertirse en disciplinas escolares y formar parte del curr&iacute;culo, como afirman Guadalupe Alcaraz y Mar&iacute;a Esther Aguirre, no es nada sencilla ni directa. Esta &uacute;ltima autora explica c&oacute;mo durante el siglo XIX la Geograf&iacute;a transita de ser "un saber estrat&eacute;gico para las &eacute;lites comprometidas con el conocimiento del territorio nacional... a un saber dirigido a la escuela popular, necesario para fomentar, a trav&eacute;s del conocimiento de lo propio, el orgullo e identificaci&oacute;n con el ser nacional" (p. 276) ya que, como cita de Gabriel Compayr&eacute;: "Si la historia es el alma de la Patria, la geograf&iacute;a es el cuerpo" (p. 251). Si Maria Esther Aguirre pone atenci&oacute;n a los usos sociales del saber en la comprensi&oacute;n de esta transici&oacute;n, Federico Lazar&iacute;n recurre a la historia de la ciencia para comprender el desarrollo de la F&iacute;sica como campo de conocimiento, as&iacute; como el crecimiento del sistema educativo para analizar la evoluci&oacute;n de los libros escolares que se hicieron para la ense&ntilde;anza media (o segunda ense&ntilde;anza) desde 1853 hasta 1975, abriendo un tema muy poco estudiado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la &uacute;ltima parte del libro, Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles Rodr&iacute;guez trata sobre un tema muy pol&eacute;mico: los m&eacute;todos de ense&ntilde;anza de la lectura y la escritura. Desde los propios libros, revisa la manera como a finales del siglo XIX, se entabla un importante debate entre el desarrollo de las escuelas normales y la prensa pedag&oacute;gica, por un lado, y la presencia de pedagogos extranjeros en el pa&iacute;s, por el otro, cuyos efectos se dejar&aacute;n sentir muchos a&ntilde;os despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n. Los debates se centraron en si la ense&ntilde;anza de la escritura deb&iacute;a ser sucesiva a la de la lectura o si ambas deb&iacute;an ser simult&aacute;neas; si deb&iacute;a basarse en el deletreo, silabeo o fonetismo, y si deb&iacute;a iniciarse en la letra para ir a la palabra o al rev&eacute;s, mientras que al avanzar el siglo XX se us&oacute; mucho m&aacute;s el sistema global.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de los aportes de este libro yo quisiera resaltar algunos que me parecieron especialmente interesantes: el primero de ellos es el compromiso de analizar los textos en relaci&oacute;n a las disciplinas escolares. La historiograf&iacute;a de la educaci&oacute;n en M&eacute;xico muchas veces ha sido poco cuidadosa de los aspectos pedag&oacute;gicos de la escuela, y se ha preocupado m&aacute;s por los asuntos ideol&oacute;gicos relacionados a los anhelos de las &eacute;lites de educar y de los contenidos a transmitir. Sin embargo, el an&aacute;lisis del curr&iacute;culo, de las asignaturas y de la transmisi&oacute;n del conocimiento en s&iacute;, no ha tenido la relevancia que se merece. Por otro lado, la historiograf&iacute;a mexicana de la educaci&oacute;n ha insistido en que es menester acercarse lo m&aacute;s posible a los trabajos diarios de las escuelas sin conformarse con el an&aacute;lisis de los discursos. Este libro es una contribuci&oacute;n importante a dicho objetivo: el de analizar los contenidos de los libros pero desde su ubicaci&oacute;n en el campo pedag&oacute;gico y la did&aacute;ctica, sin perder de vista, claro est&aacute;, su &iacute;ntima relaci&oacute;n tanto con los procesos de modernizaci&oacute;n internacional, como con los de formaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de los Estados nacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo aporte a resaltar es que el seguimiento de las ediciones y tirajes de los libros, su existencia en las bibliotecas escolares, su aprobaci&oacute;n en los &oacute;rganos encargados de definir los textos a utilizar en las escuelas, su costo, o su menci&oacute;n en los debates pedag&oacute;gicos o informes escolares, proporcionan datos sumamente interesantes que relativizan sus efectos como &oacute;rganos de transmisi&oacute;n educativa, cultural, cient&iacute;fica o ideol&oacute;gica. As&iacute; tenemos los textos de derecho can&oacute;nigo que se le&iacute;an en las escuelas en el M&eacute;xico independiente; los libros de historia positivista en las escuelas durante la Revoluci&oacute;n; los textos de orientaci&oacute;n marxista elaborados en la d&eacute;cada de 1930 bajo la educaci&oacute;n socialista, que se usaban en las escuelas despu&eacute;s de la segunda guerra mundial, ya sea por ser exitosos y reeditarse varias veces, o porque las escuelas no pod&iacute;an comprar otros. Podemos imaginar las implicaciones de estos desfases o continuidades en el logro de los objetivos ideol&oacute;gicos del r&eacute;gimen pol&iacute;tico del momento, pero tambi&eacute;n los rezagos en el aprendizaje de las ciencias que parecen end&eacute;micos en buena parte de las escuelas en M&eacute;xico. Un mapa de la continuidad en el uso de los libros seguramente empalmar&iacute;a con el del rezago educativo en general.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos desfases o continuidades que han trascendido cambios de la envergadura de la independencia o la revoluci&oacute;n mexicana contrastan fuertemente con la diversidad de los textos utilizados en las escuelas en casi en todas las &eacute;pocas. Como dec&iacute;amos, se trata de diferencias que responden a la existencia de distintos enfoques de los propios autores, pese a la creciente tendencia a la uniformidad en la formaci&oacute;n de los estudiantes y a la centralizaci&oacute;n en la toma de decisiones de los libros a utilizar. Esta riqueza y complejidad muestran un panorama mucho m&aacute;s complejo y rico que el que defiende la premisa de la reproducci&oacute;n: los estudiantes no s&oacute;lo reciben mensajes y saberes distintos e incluso contradictorios en sus libros, sino que &eacute;stos suelen ser sumamente contrastantes con la realidad que viven. Hidalgo es el padre de la Patria, pero para algunos autores los primeros levantados s&oacute;lo hicieron atrocidades, como nos muestra Blanca Garc&iacute;a; y el verdadero h&eacute;roe independentista fue Morelos, como puede verse en el art&iacute;culo de Luz Elena Galv&aacute;n acerca de las im&aacute;genes de la independencia a lo largo del tiempo. Pero adem&aacute;s, los contenidos de los libros contrastan con las realidades que viven los alumnos: la idea de igualdad que se sostiene en la formaci&oacute;n c&iacute;vica a principios del siglo XIX, como afirma Jes&uacute;s M&aacute;rquez, contradice la composici&oacute;n de la poblaci&oacute;n que puede verse en la calle y en la misma escuela, as&iacute; como aquellas realidades que la propia escuela les hac&iacute;a observar a los alumnos en las excursiones escolares, como el caso que relata Luc&iacute;a Mart&iacute;nez en el cual el camino al progreso enarbolado por los liberales y positivistas en los libros a finales del siglo XIX se pon&iacute;a en duda con las visitas a zonas con fuertes desequilibrios econ&oacute;micos y ecol&oacute;gicos provocados por los sistemas de producci&oacute;n modernos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegar a las imbricaciones de la forma en que los estudiantes hacen suyos estos mensajes entre los distintos libros a los que tienen acceso, su uso en las escuelas y las experiencias propias de sus vidas queda como un reto de la historia de la educaci&oacute;n. <i>Las disciplinas escolares y sus libros</i> nos da mucho que reflexionar al respecto.</font></p>      ]]></body>
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