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<journal-title><![CDATA[Estudios de historia moderna y contemporánea de México]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Rafael Velázquez Flores, La política exterior de México durante la Segunda Guerra Mundial y José Luis Ortiz Garza, Ideas en tormenta. La opinión pública en México en la Segunda Guerra Mundial]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,El Colegio Mexiquense  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Rafael Vel&aacute;zquez Flores, <i>La pol&iacute;tica exterior de M&eacute;xico durante la Segunda </i><i>Guerra Mundial</i>  y Jos&eacute; Luis Ortiz Garza, <i>Ideas en tormenta. La opini&oacute;n p&uacute;blica en M&eacute;xico en la Segunda Guerra Mundial</i> </b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Paolo Riguzzi*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Plaza y Vald&eacute;s/Universidad del Mar, 2007 y M&eacute;xico, Ruz, 2007</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* El Colegio Mexiquense</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Segunda Guerra, y su significado para M&eacute;xico, es el tema de estos dos estudios, publicados en 2007. Se trata, sin embargo, de libros cuya naturaleza, alcances y estructura difieren de manera significativa. El de Vel&aacute;zquez Flores concierne a la pol&iacute;tica exterior mexicana frente a la contienda, y el manejo de las relaciones diplom&aacute;ticas por parte de los gobiernos de L&aacute;zaro C&aacute;rdenas y Manuel &Aacute;vila Camacho; el de Ortiz Garza, en cambio, enfoca el impacto de la guerra sobre los medios de comunicaci&oacute;n y la opini&oacute;n p&uacute;blica, a trav&eacute;s de las campa&ntilde;as de informaci&oacute;n, contra&#150; y des&#150;informaci&oacute;n, que se gestaron en M&eacute;xico a partir de 1939. El primero es un estudio sint&eacute;tico (180 p&aacute;ginas de texto), llevado a cabo con algunas categor&iacute;as de la teor&iacute;a de las relaciones internacionales; que se dirige a examinar los determinantes internos y externos de la pol&iacute;tica exterior y los resultados de &eacute;sta, con el empleo de un pu&ntilde;ado de fuentes primarias y documentales mexicanas, y se estructura en tres cap&iacute;tulos. El segundo es un estudio amplio (alrededor de 300 p&aacute;ginas tupidas) de "comunicolog&iacute;a hist&oacute;rica", en el que se combinan aspectos culturales y diplom&aacute;ticos de las relaciones exteriores, fincado en una gama extensa y original de fuentes de archivo y hemerogr&aacute;ficas, mexicanas, estadounidenses y brit&aacute;nicas, y organizado en quince cap&iacute;tulos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de Vel&aacute;zquez Flores, que analizaremos en primer lugar, se presenta con una tesis a demostrar, eso es, que la capacidad negociadora de M&eacute;xico como actor internacional se elev&oacute; de manera considerable durante la guerra, y ello se debi&oacute; a la conjunci&oacute;n de elementos internos &#151;la estabilidad pol&iacute;tica y la presencia muy reducida de intereses econ&oacute;micos extranjeros&#151; con el escenario extraordinario de la situaci&oacute;n mundial, en el que la posici&oacute;n y los recursos mexicanos adquirieron un valor estrat&eacute;gico. El texto cumple s&oacute;lo en parte con el cometido, a ra&iacute;z del desnivel y la desigualdad entre sus partes. En el cap&iacute;tulo tercero, que es el m&aacute;s s&oacute;lido, fundamentado y original, el autor muestra en efecto el acrecentamiento de la capacidad negociadora mexicana, tanto en la esfera bilateral como en la multilateral, y sus logros. Desde las reuniones interamericanas (Panam&aacute;, La Habana, R&iacute;o de Janeiro), que prepararon la solidaridad continental frente a la guerra europea y las potencias del Eje, hasta las conferencias de Bretton Woods, Chapultepec y San Francisco, que esbozaron el orden internacional de la posguerra, es posible reconocer un papel mexicano propositivo e incisivo, capaz de conseguir ciertos objetivos o de influir en los resultados. Lo mismo se aplica al marco de las relaciones bilaterales, con Francia, Gran Breta&ntilde;a, Alemania, la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y los Estados Unidos. Aqu&iacute; el problema reside en la excesiva horizontalidad del an&aacute;lisis, que no reconoce la jerarqu&iacute;a de tales relaciones en cuanto a importancia, y donde se desdibuja la centralidad de la interacci&oacute;n con los Estados Unidos, que en realidad determina las dem&aacute;s. De hecho, en la agenda binacional la cooperaci&oacute;n econ&oacute;mica desplaz&oacute; todos los dem&aacute;s asuntos, y sobre todo los que hab&iacute;an alimentado el contencioso y la tensi&oacute;n diplom&aacute;tica. Ello deriv&oacute; en un flujo sin precedentes de acuerdos ventajosos para M&eacute;xico, suscritos entre 1941 y 1943, que desde la venta de minerales llegaron a abarcar la gran mayor&iacute;a de las relaciones de intercambio entre los dos pa&iacute;ses (deuda, petr&oacute;leo, ventas de plata, migraci&oacute;n de braceros, tratado comercial).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, debido a los problemas de los cap&iacute;tulos uno y dos, no hay una explicaci&oacute;n convincente de las razones que explican esta capacidad negociadora, m&aacute;s all&aacute; de las reiteradas condiciones extraordinarias (y por lo tanto dif&iacute;ciles de repetirse) provocadas por la guerra. Dichos cap&iacute;tulos ofrecen una versi&oacute;n estilizada en exceso e imprecisa del contexto dom&eacute;stico, de la pol&iacute;tica estadounidense y del escenario internacional. De esta forma, las primeras dos partes, en las que se asientan las bases y los fundamentos de la pol&iacute;tica exterior mexicana, adolecen de las siguientes fallas: un uso del discurso pol&iacute;tico que lo toma a valor nominal, y que en algunas secciones se reduce al ensamble de citas de documentos oficiales; argumentos no sustentados, como el de que la pol&iacute;tica de la buena vecindad (tratada sin citar el Memor&aacute;ndum Clark y la revisi&oacute;n de la Doctrina Monroe) no era sino la defensa de los intereses econ&oacute;micos norteamericanos, con otros medios; procedimientos d&eacute;biles, como el de emplear cifras de producci&oacute;n en cortes decenales, para indicar el crecimiento econ&oacute;mico, sin descontar la inflaci&oacute;n, que fue muy elevada en la segunda mitad de los a&ntilde;os treinta; partes desligadas, como la radiograf&iacute;a de las clases sociales en M&eacute;xico, que no empalma con ning&uacute;n aspecto de la pol&iacute;tica exterior; o errores f&aacute;cticos, como el de afirmar que la pol&iacute;tica de Mussolini se dirig&iacute;a a recuperar los territorios perdidos en la Primera Guerra. En cierta medida, tales problemas se deben tambi&eacute;n a que la bibliograf&iacute;a del trabajo es muy escueta y no actualizada, como demuestra el hecho de que la monograf&iacute;a citada m&aacute;s reciente data de 1989. As&iacute;, ni siquiera se toman en cuenta los dos estudios m&aacute;s importantes sobre M&eacute;xico y la guerra como los de Stephen Niblo, <i>War, diplomacy and </i><i>development. The United States and Mexico, 1938&#150;1954 </i>(1995), y Emilia Paz Salinas, <i>Strategy, security and spies. Mexico and the US as allies in the II World War </i>(1997).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro <i>Ideas en tormenta </i>se inscribe en una secuencia de contribuciones que Ortiz Garza ha hecho en relaci&oacute;n con los medios de comunicaci&oacute;n y la Segunda Guerra, de la que son ejemplo los valiosos estudios <i>M&eacute;xico en guerra. La historia secreta de los negocios </i><i>entre empresarios mexicanos de la comunicaci&oacute;n, los nazis y los EUA </i>(M&eacute;xico, 1989), y <i>La guerra de las ondas </i>(M&eacute;xico, 1992). Este autor ha sido pionero en introducir en M&eacute;xico la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica de los estudios sobre la industria de la informaci&oacute;n, en particular la radio, como veh&iacute;culo de relaciones internacionales. En este caso, su objetivo es reconstruir el impacto de las guerras informativas, emanadas de las potencias rivales, sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica mexicana, c&oacute;mo esto fue evolucionando y c&oacute;mo se ajust&oacute; a las decisiones oficiales en el tr&aacute;nsito de la neutralidad a la declaraci&oacute;n de guerra y el estado de beligerancia. Tanto el tema como el acercamiento metodol&oacute;gico y las fuentes relativas resultan innovadores y originales, y proporcionan informaci&oacute;n muy novedosa, entre la que destaca la relativa al surgimiento de los estudios cient&iacute;ficos sobre opini&oacute;n p&uacute;blica en M&eacute;xico, que se gestan en los a&ntilde;os de la guerra por iniciativa estadounidense.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La atenci&oacute;n de Ortiz Garza se enfoca en la dial&eacute;ctica entre opini&oacute;n p&uacute;blica y opini&oacute;n publicada en los a&ntilde;os de la guerra; y a tal fin se utilizan las categor&iacute;as de estado an&iacute;mico, ligado a reacciones emocionales y humores pasajeros entre los consumidores de noticias, y actitud, reflejo de esquemas mentales y percepciones m&aacute;s profundas. En este sentido, en la l&uacute;cida introducci&oacute;n del libro el autor define cuatro etapas en el impacto de la guerra sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica: observaci&oacute;n vigilante, alerta, emergencia y displicencia, cada una de ellas relacionada con una coyuntura de la guerra y su representaci&oacute;n medi&aacute;tica. La estructura del libro, sin embargo, dificulta la apreciaci&oacute;n de las categor&iacute;as interpretativas y el significado de las etapas. La raz&oacute;n es que el n&uacute;mero de etapas se ampl&iacute;a hasta coincidir casi con los quince cap&iacute;tulos, y la distinci&oacute;n entre estados an&iacute;micos y actitudes tiende a perderse en la sucesi&oacute;n de informes &#151;consulares o de otros observadores&#151; sobre el aumento de la popularidad de los aliados o del eje tras de cada evento b&eacute;lico. El bar&oacute;metro del clima informativo, por lo que se refiere al desenvolvimiento de la guerra, se convierte en un fin m&aacute;s que en un instrumento del an&aacute;lisis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este marco, la importancia de los elementos constantes resulta intermitente y poco valorizada, porque &eacute;stos no se plantean de forma consistente como gu&iacute;as o ejes del an&aacute;lisis. El hecho de que un estudio tan amplio no cuente con conclusiones o con una recapitulaci&oacute;n de los resultados acent&uacute;a este problema. El libro identifica bien los elementos que defin&iacute;an la cancha de los juegos informativos, pero no les da un seguimiento puntual. Una poblaci&oacute;n escasamente alfabetizada, una opini&oacute;n p&uacute;blica interesada en asuntos internacionales peque&ntilde;a y concentrada en unas cuantas ciudades, que las estimaciones evaluaban entre 400 000 y un mill&oacute;n de personas; un gobierno que controla los medios de comunicaci&oacute;n; un antiamericanismo difuso; una gran parte de la sociedad recalcitrante ante el involucramiento en el conflicto, como demuestra la resistencia al servicio militar obligatorio; simpat&iacute;as para los pa&iacute;ses fascistas y la causa del Eje, concentradas en algunos sectores, como los estudiantes universitarios o los mandos militares medianos. &Eacute;stos eran los t&eacute;rminos de la ecuaci&oacute;n informativa a la que se enfrentaban los aparatos de propaganda de Estados Unidos y &#151;en menor medida&#151; Gran Breta&ntilde;a, as&iacute; como Alemania, interesados en establecer un frente informativo en M&eacute;xico. De aqu&iacute; que la pol&iacute;tica del rumor, que ya Alan Knight hab&iacute;a se&ntilde;alado como un mecanismo de poder a finales de los a&ntilde;os treinta, resulte una pauta de la acci&oacute;n de propaganda pero tambi&eacute;n de los medios mexicanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tratamiento de Ortiz Garza hace hincapi&eacute; en las actividades de los intereses informativos extranjeros, en la batalla que libraron en M&eacute;xico, y en c&oacute;mo ello sirvi&oacute; para confeccionar una agenda de la informaci&oacute;n, mediante el soborno a periodistas y comunicadores, denunciado de forma reiterada en el texto. En este esquema, el contexto mexicano se reduce a un teatro en el que act&uacute;an fuerzas externas poderosas, que lo usan para "representaciones" ajenas a sus exigencias. &Eacute;sta es la parte que quien esto escribe encuentra m&aacute;s cuestionable, por descuidar la l&oacute;gica y los intereses subyacentes que determinaron la posici&oacute;n oficial de M&eacute;xico y sus cambios, desde la neutralidad aislacionista a una "panamericana", del rompimiento diplom&aacute;tico con los pa&iacute;ses del Eje a formas limitadas de participaci&oacute;n en el conflicto. Los dilemas, las ambig&uuml;edades y las divergencias en el seno del gobierno (por ejemplo, las que se evidencian en las posturas del secretario de Relaciones, Ezequiel Padilla, y el de Hacienda, Eduardo Su&aacute;rez) se convierten en an&eacute;cdotas de escaso significado. De esta forma, el poderoso movimiento de convergencia de intereses geopol&iacute;ticos y econ&oacute;micos entre M&eacute;xico y Estados Unidos a ra&iacute;z de la guerra (y que es objeto del estudio del primer libro de esta rese&ntilde;a) no figura en el mapa. De aqu&iacute; tambi&eacute;n que, a lo largo del libro, el autor vaya progresivamente apuntando a la creciente capacidad de control y manipulaci&oacute;n estadounidense sobre la agenda informativa hasta transformarse en un mecanismo unilateral. Ello descuida no s&oacute;lo a los actores dom&eacute;sticos sino la gran extensi&oacute;n e influencia de la red informativa nazi en M&eacute;xico: desde las actividades de Arthur Dietrich, quien ten&iacute;a en la n&oacute;mina varios diputados y funcionarios federales; a las de esp&iacute;as &#151;reconocidas&#151; como Hilda Kruger, quien ten&iacute;a acceso personal a los v&eacute;rtices del gabinete de &Aacute;vila Camacho; o la militancia pro nazis de intelectuales prestigiosos como Jos&eacute; Vasconcelos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, buena parte del libro parece tener como tel&oacute;n de fondo la inquietud contempor&aacute;nea por lo que ocurri&oacute; en Estados Unidos con la invasi&oacute;n de Irak: la posibilidad de que en un pa&iacute;s democr&aacute;tico el poder ejecutivo fabrique noticias (las armas de Saddam) y tenga la capacidad de manipular a tal punto las agendas informativas nacional e internacional como para legitimar una guerra injusta. Pero esta analog&iacute;a y su eco padecen de anacronismo, si se quieren relacionar con la Segunda Guerra Mundial. La guerra se combati&oacute; tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la propaganda, pero ten&iacute;a fundamento: tristemente para la humanidad, en aquel caso el arma de destrucci&oacute;n masiva s&iacute; exist&iacute;a, y era el nazismo.</font></p>      ]]></body>
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