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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La comunidad sin límites: Estructura social y organización comunitaria en las regiones indígenas de México]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sa&uacute;l Mill&aacute;n y Julieta Valle (coords). <i>La comunidad sin l&iacute;mites. Estructura social y organizaci&oacute;n comunitaria en las regiones ind&iacute;genas de M&eacute;xico</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mario Humberto Ruz</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2003; 3 vols. 404 pp., 340 pp. y 341 pp. (Serie Etnograf&iacute;a de los Pueblos Ind&iacute;genas de M&eacute;xico).</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Estudios Mayas, IIFL, UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Avasallada acaso por la moda de los estudios en antropolog&iacute;a urbana o industrial, los fen&oacute;menos migratorios o los de g&eacute;nero, entre otros, la etnograf&iacute;a de los pueblos ind&iacute;genas pas&oacute; del plano protag&oacute;nico que ocup&oacute; durante d&eacute;cadas en la factura de la etnolog&iacute;a mexicana, al de desde&ntilde;ada cenicienta a la que no pocos colegas le endilgaron el pecado original de heredera de la tradici&oacute;n culturalista estadunidense, soslayando lo mucho que de desarrollo original contiene. No fue sino hasta hace ya casi una d&eacute;cada cuando, alertados por el levantamiento Zapatista, los antrop&oacute;logos mexicanos volvieron de nuevo la mirada a los pueblos indios, bajo nuevos postulados y diversas perspectivas. Pero si bien a partir de entonces han proliferado las aproximaciones a la realidad ind&iacute;gena contempor&aacute;nea del pa&iacute;s, resulta claro que muchas de ellas muestran afanes a menudo m&aacute;s sociol&oacute;gicos que etnol&oacute;gicos, y en ocasiones incluso matizados con tintes coyunturales, cuando no francamente partidistas y hasta oportunistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, cabe iniciar saludando con agradecimiento el que el INAH &#151;en una clara apuesta al retorno a la mejor tradici&oacute;n antropol&oacute;gica&#151; haya decidido alentar un magno proyecto de etnograf&iacute;a. Se trata, justo es destacarlo, de un esfuerzo in&eacute;dito y gigantesco alentado por Gloria Art&iacute;s y su equipo, que sirve, entre otras muchas cosas, como escaparate para mostrar las posibilidades que alberga una instituci&oacute;n como el INAH cuando se decide a trabajar en forma conjunta y arm&oacute;nica, aprovechando la riqueza acad&eacute;mica y el gran entramado nacional que la caracterizan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aspecto de particular relevancia es el que como punto de arranque del proyecto se haya retomado la tem&aacute;tica de la estructura social (descuidada de manera inexplicable en los estudios etnol&oacute;gicos mexicanos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas), enmarc&aacute;ndola en una perspectiva novedosa por hol&iacute;stica y regional que, al estar basada en una gu&iacute;a conceptual compartida, enriquece notablemente las posibilidades de su utilizaci&oacute;n con fines comparativos, al mostrar tanto patrones recurrentes como especificidades locales. Es loable, asimismo, el que para llevar a cabo tan ardua empresa los participantes hayan desde&ntilde;ado la salida f&aacute;cil (y por desgracia cada vez m&aacute;s com&uacute;n en nuestro medio) de limitarse a una mera revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica y que hayan emprendido en cambio &#151;acompa&ntilde;ados con numerosos estudiantes e investigadores biso&ntilde;os&#151; un exhaustivo "retorno al campo," que es sin duda una de las mayores virtudes del proyecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco es de desde&ntilde;ar el que en general los textos se encuentren redactados en forma clara y en ocasiones incluso elegante, a m&aacute;s de amena, lo cual asegura una mayor audiencia, sin que ello signifique sacrificar la profundidad anal&iacute;tica o la contextualizaci&oacute;n de los aportes. De hecho, ya desde la presentaci&oacute;n y la introducci&oacute;n los coordinadores, am&eacute;n de abordar tanto los aspectos te&oacute;ricos generales como los etnogr&aacute;ficos particulares desprendidos de la investigaci&oacute;n de campo que sustenta los ensayos, los ubican en la perspectiva de los estudios realizados en nuestro pa&iacute;s sobre las estructuras sociales, proporcionando en ocasiones algunas reflexiones diacr&oacute;nicas que ayudan al lector a situar en su contexto espec&iacute;fico, entre otras cosas, los numerosos cambios que se advierten en las comunidades estudiadas hace algunas d&eacute;cadas (a menudo con perspectivas insidiosamente funcionalistas) con respecto a los datos que se derivan del trabajo que ahora se presenta, abordando las esferas de tales cambios, su direccionalidad y significado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es de esperar en un empe&ntilde;o de tal magnitud, los textos de que dan cuenta estos primeros vol&uacute;menes difieren en aspectos formales, de contenido y exposici&oacute;n. Resulta imposible dedicar aqu&iacute; a cada uno de ellos el espacio que merece, pero bien pueden apuntarse algunas ideas generales a fin de proporcionar al lector potencial ciertas pistas. Me limito a esbozar consideraciones globales acerca del primer tomo, dedicado a las regiones indias del sur y el sureste, y comienzo apuntando que si bien cada ensayo constituye en s&iacute; mismo un texto separado (lo cual provee al conjunto de un desarrollo propio con sistematizaciones en ocasiones distintas), cada uno de ellos posee su propia coherencia expositiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el denominado "Reciprocidad y parentesco en las culturas de Oaxaca", de Alicia Barabas y Miguel Bartolom&eacute;, exhibe una coherencia y calidad expositiva que revelan un profundo conocimiento del tema, producto no s&oacute;lo de una larga estad&iacute;a en la zona sino tambi&eacute;n de una envidiable capacidad de s&iacute;ntesis y an&aacute;lisis. Tras reafirmar la conocida pluralidad etnoling&uuml;&iacute;stica oaxaque&ntilde;a, los autores ubican geogr&aacute;ficamente a los grupos del estado, apuntan los datos demogr&aacute;ficos que dan cuenta de la mayor o menor vitalidad de sus idiomas y, punto de particular inter&eacute;s, se detienen en se&ntilde;alar c&oacute;mo los grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos est&aacute;n a su vez "integrados por numerosos grupos &eacute;tnicos organizacionales que se autodefinen primariamente en relaci&oacute;n con las adscripciones comunales o regionales y s&oacute;lo secundariamente en relaci&oacute;n con identidades etnoling&uuml;&iacute;sticas abarcativas", lo que les anima a clasificar tales grupos como "configuraciones etnoculturales" (p. 37). A fin de mostrar la validez de su postulado, los autores aventuran una clasificaci&oacute;n que toma en cuenta tres criterios: magnitud num&eacute;rica, espacialidad y origen, que les permite postular la existencia de macro, meso y microetnias; absolutas y relativas, aut&oacute;ctonas y al&oacute;ctonas. Est&eacute; uno de acuerdo o no con tales clasificaciones (en lo particular los t&eacute;rminos absoluto y relativo aplicados a la espacialidad no me parecen muy afortunados), es claro que su empleo como herramienta resulta de gran inter&eacute;s y nos permite atisbar en t&eacute;rminos comparativos la muy diversa situaci&oacute;n que enfrentan chochos, zapotecos, triquis, mixtecos, zoques, cuicatecos o el resto de la casi veintena de grupos &eacute;tnicos organizacionales que los autores listan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual inter&eacute;s es el eje anal&iacute;tico privilegiado por Barabas para su an&aacute;lisis de los sistemas de intercambio rec&iacute;proco en el &aacute;rea. En &eacute;l, partiendo de un concepto seminal en la etnolog&iacute;a como lo es la econom&iacute;a del don &#151;ese "hecho total social"&#151; planteada por Mauss hace ya casi 80 a&ntilde;os, la autora entreteje h&aacute;bilmente los contextos hist&oacute;ricos y sociales que enmarcan el intercambio (etnograf&iacute;a e historia) y logra ofrecernos un estimulante panorama de los tipos y formas de reciprocidad que advierte en la regi&oacute;n en estudio, mismas que niegan la pretendida existencia de comunidades corporativas cerradas &#151;tan caras a los estudios antropol&oacute;gicos de hace algunas d&eacute;cadas&#151; ofreci&eacute;ndonos a cambio una realidad multiarticulada en muy diversos niveles tanto con otros grupos indios como con la sociedad no ind&iacute;gena, igualmente diversa. Tipos, campos, &aacute;mbitos y temporalidades desfilan por el texto, ofreci&eacute;ndonos nuevas perspectivas anal&iacute;ticas para comprender reciprocidades equilibradas y agon&iacute;sticas en el trabajo, la vida cotidiana, el &aacute;mbito festivo, el pol&iacute;tico y el sagrado; perspectivas entre cuyas virtudes no es una de las menores la de estimular la reflexi&oacute;n y discusi&oacute;n acad&eacute;micas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bartolom&eacute;, por su parte, se aboca a los sistemas y l&oacute;gicas parentales en un acucioso y esclarecedor texto que recupera, con una claridad expositiva envidiable, tecnonimias, diadas, fraternidades, esquemas residenciales, patrones de herencia, normas conductuales, grupos de edad y alianzas, para con base en ellos abordar las l&oacute;gicas que subyacen en las configuraciones parentales del extenso y muy diverso territorio oaxaque&ntilde;o, y se expresan con fuerza inusitada en la cotidianeidad. Como ocurre siempre con textos propositivos, uno se queda con ganas de m&aacute;s. A alguno le gustar&iacute;a mayor detalle en lo que respecta a los cruces planteados entre el parentesco bilateral y el modelo hawaiano; a otro, un an&aacute;lisis m&aacute;s puntual sobre c&oacute;mo el reemplazo del c&oacute;nyuge masculino por la figura materna pueda paliar lo "incompleto" de una familia; alguien hubiese deseado cierto hincapi&eacute; en el paso de adopciones fraternales a relaciones de parentesco ritual como el compadrazgo; compadrazgo que, seg&uacute;n apunta el autor, se puede registrar tambi&eacute;n entre comunidades, y a varios nos hubiese sido de enorme inter&eacute;s que el autor reflexionase con mayor detenimiento en la manera en que la conversi&oacute;n religiosa a credos distintos al cat&oacute;lico afecta (o no) este rasgo supuestamente "indisoluble".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sea como fuere, es claro que si, como &eacute;l mismo se&ntilde;ala al final de su ensayo, incluso "en un tema aparentemente tan &aacute;rido como el parentesco, apelar a la tradici&oacute;n antropol&oacute;gica es siempre un llamado a la imaginaci&oacute;n y la creaci&oacute;n", el texto que hoy nos ofrece Bartolom&eacute; lo reafirma como un estudioso dotado con ambas cualidades, lo que no es poco decir en una &eacute;poca donde el acartonamiento, la falta de imaginaci&oacute;n y la repetici&oacute;n monotem&aacute;tica parecen campear en nuestras disciplinas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, el segundo ensayo. "Las formas del intercambio: jerarqu&iacute;a y reciprocidad en el istmo de Tehuantepec", debido a la pluma de Sa&uacute;l Mill&aacute;n, quien coordin&oacute; a otros dos investigadores, muestra numerosas virtudes. Imposible detenerse en todas ellas, pero no puedo dejar de se&ntilde;alar lo que de sugerente y novedoso muestra la organizaci&oacute;n del material, aunada a la claridad de la exposici&oacute;n, y, sobre todo, la aguda y brillante articulaci&oacute;n entre los aspectos te&oacute;ricos y la etnograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Territorio que alberga a chontales, huaves, mixes. zapotecos y zoques, la fragmentaci&oacute;n "a un tiempo sim&eacute;trica y horizontal" del Istmo es h&aacute;bilmente integrada en el ensayo (en particular en el caso de los huaves) a trav&eacute;s del eje que constituye el sistema de rotaci&oacute;n de cargos civiles y religiosos que caracteriza a los barrios; sistema que se equipara a la circulaci&oacute;n de mujeres levistraussiana, ya que al igual que &eacute;stas, se apunta, "los cargos viajan entre las distintas secciones distribuyendo valores limitados de acuerdo con un principio temporal que obliga a recibir el cargo al iniciar el a&ntilde;o y a entregarlo al finalizar" (p. 127).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un n&iacute;tido recorrido que incluye los modelos de organizaci&oacute;n territorial, la l&oacute;gica de las corporaciones y las estructuras jer&aacute;rquicas (con su secuela de autoridades y formas de intercambio), para venir a rematar con las unidades de parentesco por consanguinidad y alianza, los patrones de endo y exogamia y los intercambios rituales, los autores nos ofrecen una exposici&oacute;n realmente fascinante gracias a la cual podemos apreciar c&oacute;mo los tiempos y espacios que repercuten en la definici&oacute;n comunitaria surgida desde la administraci&oacute;n novohispana, fueron inteligentemente adoptadas y adaptadas por las poblaciones indias, resignific&aacute;ndola una y otra vez, en especial en el marco de las cofrad&iacute;as, las cuales dieron cobijo al mantenimiento de antiguas formas de unidad territorial como el <i>siqui,</i> con independencia de que los antiguos lares hayan cedido su espacio a los santos patronos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Normas de filiaci&oacute;n, alianza, residencia, herencia y otras muchas, seg&uacute;n nos muestra el ensayo, han permitido, gracias a su continua modificaci&oacute;n, el que no pocas prestaciones rituales construyan solidaridades entre n&uacute;cleos dom&eacute;sticos y formaciones sociales intermedias, en ocasiones sumando a las relaciones de parentesco v&iacute;nculos de naturaleza ritual, am&eacute;n de otras numerosas e interesant&iacute;simas readecuaciones de que da cuenta este ensayo y que si bien no nos autorizan a suscribir la postura extrema planteada por L&eacute;vi&#45;Strauss cuando afirmaba que "los modelos son la realidad y podr&iacute;a decir incluso, la &uacute;nica realidad", parecer&iacute;an sustentar sin ambages la aseveraci&oacute;n de Fran&ccedil;oise Heritier, para quien "un sistema de parentesco no existe m&aacute;s que en la conciencia de los hombres y no es m&aacute;s que un sistema arbitrario de representaciones".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ello da tambi&eacute;n cuenta el texto "Ser zoque, nombrar lo zoque: las dificultades de la clasificaci&oacute;n social", de Miguel Lisbona; una contribuci&oacute;n clara, inteligente y con un excelente nivel de exposici&oacute;n, cuyo autor nos alerta desde un inicio acerca del riesgo que conlleva la b&uacute;squeda de organizaciones comunitarias y estructuras sociales un&iacute;vocas; b&uacute;squeda que ha dado origen a "posiciones est&aacute;ticas que imposibilitan un acercamiento m&aacute;s plural a la realidad contempor&aacute;nea de los zoques". A fin de evitar la repetici&oacute;n del error, recurre a una somera pero muy ilustrativa revisi&oacute;n de los trabajos realizados sobre las poblaciones zoques asentadas en Chiapas y Oaxaca, que entreteje con su propia experiencia etnogr&aacute;fica y con un breve pero interesante bosquejo hist&oacute;rico que facilita al lector comprender y ubicar mejor los cambios registrados en las estructuras sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lisbona inicia su recorrido por las transformaciones coloniales y decimon&oacute;nicas alusivas a la tierra y el acomodo territorial, pasa a analizar el papel de las instituciones (cacicazgos, jefaturas o centros rectores, calpules, barrios, <i>cowin&aacute;s,</i> etc.) y el del parentesco en la organizaci&oacute;n comunitaria, y remata con lo que denomina "encuentros y desencuentros entre los zoques de Chiapas". El an&aacute;lisis sobre la manera en que las diversas pol&iacute;ticas influyeron en la configuraci&oacute;n de una "regi&oacute;n zoque", en continua reelaboraci&oacute;n, es a todas luces un aporte valioso, si bien se extra&ntilde;an mayores consideraciones sobre aquellas poblaciones asentadas en Tabasco y Veracruz, cuya dif&iacute;cil y muy diversa situaci&oacute;n hubiera permitido consideraciones comparativas de gran inter&eacute;s. Con independencia de que dicha configuraci&oacute;n sigue estando, como apunta el autor, sujeta a revisi&oacute;n, del texto surge clara la importancia que estructuras como los barrios, cofrad&iacute;as y <i>cowin&aacute;s</i> &#151;equiparables a los guachibales mayas guatemaltecos&#151;, jugaron en el mantenimiento de "una organizaci&oacute;n social basada en la ermita con santos patrones y regidores por barrios", a la vez que en la emergencia de estructuras p&uacute;blicas y privadas, que el autor (bas&aacute;ndose en estudios previos) vincula "con la organizaci&oacute;n familiar extensa que controlar&iacute;a y organizar&iacute;a el trabajo y la producci&oacute;n agr&iacute;cola" (p. 189).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe destacar que Lisbona no se limita a una mera revisi&oacute;n de autores que le precedieron en la zona, sino que confronta sus afirmaciones, empleando a menudo en su apoyo textos de corte hist&oacute;rico (como el surgido tras la visita del oidor Scals hacia 1690), lo que le permite sugerir nuevas interpretaciones sobre el desarrollo de las estructuras sociales zoques, dejando claras las diferencias susceptibles de detectar entre uno y otro poblado, as&iacute; como con los sistemas de cargos vigentes en Los Altos de Chiapas, que han sido err&oacute;neamente considerados arquet&iacute;picos para el mundo chiapaneco. Tras describir y analizar los cambios en tal sistema, Lisbona enfoca su atenci&oacute;n en aquellos sufridos por las estructuras de parentesco consangu&iacute;neo, por alianza y ritual, en un breve pero muy interesante recorrido que le permite dar cuenta de su vigencia, gracias a la continua actualizaci&oacute;n de reciprocidades e intercambios, con independencia incluso de la mayor o menor fortaleza del idioma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Una visi&oacute;n de lo heterog&eacute;neo. Nuevas formas de estructura social de los indios de Los Altos, de la selva de Chiapas y de los refugiados guatemaltecos de la frontera sur", que constituye el cuarto cap&iacute;tulo monogr&aacute;fico, resulta de particular inter&eacute;s dada la relevancia que adquiri&oacute; la regi&oacute;n en el contexto nacional a ra&iacute;z del levantamiento zapatista. A esta peculiaridad se agregan otras dos: el hecho de que los autores (coordinados por Margarita Nolasco) hayan optado por presentar una visi&oacute;n global de buena parte de la frontera y no un ensayo enmarcado por una entidad federativa o una regi&oacute;n &eacute;tnica y el que, incluso desde antes del levantamiento, la zona hubiese sido campo privilegiado de antrop&oacute;logos sociales y etn&oacute;logos, en particular en sus porciones chiapanecas, lo que se traduce en una bibliograf&iacute;a tan abundante como desigual. El reto era pues particularmente agudo: combinar la s&iacute;ntesis de los datos publicados con aportaciones anal&iacute;ticas sucintas para una amplia y desigual regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto parte de un concepto valioso para abordar la indianidad fronteriza al guiarse por lo "heterog&eacute;neo" de la misma, mostrando &#151;de paso&#151; cu&aacute;n dif&iacute;cil resulta seguir considerando como unidad a nuestra frontera sur, habitada no s&oacute;lo por grupos &eacute;tnicos muy diversos, sino tambi&eacute;n por numerosos pobladores no indios que contribuyen de manera continua y creciente en dicha heterogeneidad. No es por tanto extra&ntilde;o que una de las consideraciones factibles de obtener tras su lectura sea la urgente necesidad de redefinir tales espacios, desbordando la mera pluralidad de las culturas ind&iacute;genas para dar un peso distinto al tratamiento de las subregiones que la conforman. Conscientes de la magnitud del tema en estudio, los autores centran en gran medida sus apreciaciones en torno a la realidad chiapaneca, abordando con particular empe&ntilde;o el deterioro y la recomposici&oacute;n del tejido social, sobre todo de la regi&oacute;n de las ca&ntilde;adas de la Lacandona y los n&uacute;cleos tzotzil y tzeltal, a los cuales a&ntilde;aden una serie de reflexiones acerca del papel desempe&ntilde;ado por la presencia de refugiados guatemaltecos en la frontera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La elecci&oacute;n podr&iacute;a antojarse discutible para alguien interesado en obtener una visi&oacute;n total de la realidad fronteriza &#151;pues por desgracia signific&oacute; tocar apenas tangencialmente a tojolabales, chujes, moch&oacute;s, jacaltecos, cakchiqueles y otros grupos asentados en la Selva, la porci&oacute;n del Soconusco y la Sierra Madre de Chiapas (en ocasiones mucho m&aacute;s pr&oacute;ximos a la l&iacute;nea divisoria), dejar de lado a las &aacute;reas fronterizas de Tabasco y Campeche, y mencionar muy a vuelapluma las de Othon P. Blanco en Quintana Roo&#151;, pero pese a ello el texto ofrece valiosos puntos de referencia para atisbar la complejidad de esta regi&oacute;n de regiones cuya continua recreaci&oacute;n identitaria salta a la vista desde los primeros p&aacute;rrafos y se exhibe de manera gr&aacute;fica ya en el primer mapa, donde vemos c&oacute;mo choles y tzeltales se han constituido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en las presencias mayoritarias en vastas franjas del territorio en estudio, desbordando con mucho sus asientos tradicionales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, como bien se asienta desde un inicio, el concepto mismo de frontera (si lo enfocamos trascendiendo la chata visi&oacute;n de l&iacute;nea divisoria) es sujeto de una continua resignificaci&oacute;n. Es acaso en este sentido donde la elecci&oacute;n de casos que se consideran representativos (pp. 217 y 232) nos ofrece su mayor riqueza: las regiones ind&iacute;genas seleccionadas, socialmente imbricadas, variadas y conflictivas, muestran el amplio abanico de relaciones de cooperaci&oacute;n y oposici&oacute;n factibles de encontrar en &aacute;reas tan extensas como dis&iacute;miles cuyo punto de articulaci&oacute;n gravita en buena medida en torno a su diversidad ecol&oacute;gica, demogr&aacute;fica, ling&uuml;&iacute;stica, religiosa, cultural y en formas de organizaci&oacute;n pol&iacute;tico&#45;administrativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo del estudio el lector podr&aacute; observar "c&oacute;mo en muchos casos la comunidad deja de ser el centro referencial focal para ceder su lugar al ejido, y los puestos tradicionales en el sistema de cargos son sustituidos por comisiones" (p. 232); contrastar el papel creciente que juegan ciertas &eacute;lites intelectuales ind&iacute;genas chiapanecas con el analfabetismo a&uacute;n agudo en la zona; ver c&oacute;mo mientras en varios poblados de Los Altos se registran acciones de "limpieza &eacute;tnica" y religiosa (m&aacute;s de 60 mil ind&iacute;genas, se apunta, viven fuera de su lugar de origen expulsados por motivos religiosos), la composici&oacute;n pluri&eacute;tnica propia de los asentamientos selv&aacute;ticos obliga a mayor tolerancia (p. 255), o visualizar la manera en que a&ntilde;ejas estructuras de poder y organizaci&oacute;n como las cofrad&iacute;as y los cuerpos de principales vigentes en los Altos ceden espacios y funciones a las asambleas de la Selva, al mismo tiempo que el catolicismo retrocede ante el embate de un mercado de bienes simb&oacute;licos cada vez m&aacute;s amplio. Actores igualmente novedosos en la realidad local, por el texto se asoman guerrilleros, militares y paramilitares, contrabandistas, narcotraficantes, ecologistas y miembros de partidos. No es gratuito, como se apunta en el ensayo, que de ser considerada un "problema" de integraci&oacute;n social, la realidad ind&iacute;gena de la zona haya pasado a concebirse como de seguridad nacional (p. 229).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Novedades dignas de destacar son tambi&eacute;n, entre otras, el bosquejo hist&oacute;rico acerca de las estructuras sociales en la zona, la insistencia en el papel que juegan las l&oacute;gicas del parentesco en los asentamientos m&aacute;s recientes (p. 253), el detenimiento con que se abordan los cambios en la esfera de lo femenino, la atenci&oacute;n que se presta a los municipios aut&oacute;nomos Zapatistas y a la remunicipalizaci&oacute;n alentada por el gobierno local buscando minar las expectativas y el impacto de los que se desean aut&oacute;nomos, al papel de los catequistas en la zona o a fen&oacute;menos de amplia difusi&oacute;n espacial como la peregrinaci&oacute;n de las v&iacute;rgenes. Fen&oacute;meno este &uacute;ltimo, por cierto, que alerta sobre la necesidad de matizar aseveraciones como aquella de que "la existencia de protestantes y paracristianos o evang&eacute;licos niega la posibilidad de reproducci&oacute;n social del grupo y de su mundo m&iacute;tico" (p. 225), pues am&eacute;n de que estudios recientes muestran c&oacute;mo a menudo los conversos resemantizan los contenidos tanto b&iacute;blicos como de la tradici&oacute;n oral a fin de "apropi&aacute;rselos" adapt&aacute;ndolos a viejos esquemas, del propio texto se desprenden actitudes similares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras abordar la situaci&oacute;n de los refugiados guatemaltecos en las &aacute;reas fronterizas (centr&aacute;ndose en los ubicados en antiguos campamentos), el texto dedica algunas reflexiones sobre los que identifica como "los nuevos agentes sociales": las organizaciones campesinas, las no gubernamentales, di&aacute;conos, predi&aacute;conos y catequistas; los agentes b&eacute;licos y los desplazados por la violencia regional. Las breves referencias sobre cada uno de ellos se antojan suficientes para proveer al lector de una perspectiva global, si bien el an&aacute;lisis apenas se esboza y sin duda requiere de una aproximaci&oacute;n fina y cr&iacute;tica. Tal es el caso, por mencionar uno, del papel desempe&ntilde;ado por las m&uacute;ltiples organizaciones no gubernamentales de todo cu&ntilde;o que laboran en la zona, pues si bien se alude a los "beneficios" que aporta su presencia, se soslayan las consecuencias negativas que en muchos casos trae aparejada la imposici&oacute;n de formas y normas espec&iacute;ficas, aunque se se&ntilde;ala, ciertamente, que no buscan la transformaci&oacute;n estructural de la sociedad y que su impacto directo a menudo cesa al ausentarse, dada su incapacidad para introducir cambios duraderos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sea como fuere, es claro que las reestructuraciones del tejido social, que dan origen a nuevas formas de convivencia basadas en la tolerancia en la Selva o vinculadas a menudo por el contrario con la intolerancia en la zona de Los Altos, se nutren del pasado pero sin anclarse en &eacute;l. La recurrencia a art&iacute;culos constitucionales (v.g. el 39) y acuerdos internacionales (OIT, 169), al mismo tiempo que se readecuan antiguos saberes y actitudes (como en el caso del derecho consuetudinario), muestra a las claras c&oacute;mo los pueblos mayances siguen apostando, como lo han hecho al menos desde la &eacute;poca colonial (para no hablar de lo prehisp&aacute;nico), por insertarse en la modernidad, sin que ello signifique, en modo alguno, la renuncia a una identidad peculiar. Identidad, en este caso, profundamente permeada por la situaci&oacute;n fronteriza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo "Solares, rumbos y pueblos. Organizaci&oacute;n social de los mayas peninsulares", bajo la coordinaci&oacute;n de Ella Fanny Quintal, cierra con broche de oro etnogr&aacute;fico el volumen, por tratarse de un texto particularmente valioso, bien redactado, ameno y muy rico ya desde la descripci&oacute;n. A tales bondades se a&uacute;na un particular hincapi&eacute; en aspectos ling&uuml;&iacute;sticos, de que carecen los otros ensayos, y que permite a los autores plantear una regionalizaci&oacute;n novedosa, con la cual se puede o no estar de acuerdo, pero que sin duda provee de nuevos elementos anal&iacute;ticos para aproximarse de forma m&aacute;s comprehensiva a la compleja realidad peninsular contempor&aacute;nea, por lo com&uacute;n percibida de manera homog&eacute;nea, cuando no francamente amorfa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estructurado en forma tal que recuerda a las etnograf&iacute;as cl&aacute;sicas (en aquello que de positivo conllevan), el texto ofrece de entrada una caracterizaci&oacute;n de las regiones y comunidades mayas, para de all&iacute; pasar a la exposici&oacute;n y an&aacute;lisis de la tecnonimia, las reglas y pautas de residencia y las variantes del parentesco por alianza y el ritual, antes de abordar con detenimiento lo que considera la unidad dom&eacute;stica maya, las formaciones sociales intermedias y el papel del ejido como instancia comunitaria de organizaci&oacute;n y representaci&oacute;n. El &uacute;ltimo aspecto tratado con detalle (aunque en partes con una orientaci&oacute;n m&aacute;s de revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica que etnogr&aacute;fica) es el relativo a las organizaciones religioso&#45;ceremoniales, que ejemplifican con tres casos: la cofrad&iacute;a, el sistema de guardias y los gremios. Coda a este rubro es la relativa a las organizaciones ind&iacute;genas mayas de otra naturaleza, donde se da cabida tanto a aquellas de corte gubernamental (cuando no francamente partidista) como el Consejo Supremo Maya, como a otras que a primera vista parecer&iacute;an gozar de mayor independencia como son la Organizaci&oacute;n de M&eacute;dicos Ind&iacute;genas y la de Escritores Mayas de la Pen&iacute;nsula.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El amplio texto se ve atravesado, ya desde su t&iacute;tulo, por tres ejes rectores: los solares, los rumbos y los pueblos, que sirven a cabalidad a sus autores para dar cuenta de las diversas y cambiantes pero siempre imaginativas y continuas maneras en que los pueblos mayas de la Pen&iacute;nsula luchan por su reproducci&oacute;n ideol&oacute;gica, aunque lamentablemente la elecci&oacute;n dej&oacute; fuera el an&aacute;lisis de las decenas de miles de mayas en grandes ciudades como M&eacute;rida, Canc&uacute;n y Valladolid.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No abuso; dejo al lector el placer de descubrir la enorme y muy diversa riqueza que despliegan los textos que conforman el volumen. Sin duda, obvio es, no todo est&aacute; all&iacute; ni siempre la calidad es uniforme, pero a m&aacute;s de que es de suponer que buena parte de los puntos en apariencia soslayados podr&aacute;n encontrarse en los siguientes tomos (muestra de ello es el que lleva por t&iacute;tulo <i>Di&aacute;logos con el territorio,</i> ya editado), no creo equivocarme al asentar que gracias al esfuerzo entusiasta de los colegas del INAH, quienes a trav&eacute;s de una inteligente labor cuestionan y destruyen paradigmas y prototipos, este magno proyecto nos permitir&aacute; avanzar en una nueva y m&aacute;s profunda reflexi&oacute;n sobre la realidad contempor&aacute;nea de los pueblos ind&iacute;genas de M&eacute;xico y, desde ella, contribuir en el establecimiento de una relaci&oacute;n m&aacute;s equitativa por respetuosa, y m&aacute;s digna de las ciencias sociales por comprometida en la consecuci&oacute;n de la &uacute;nica comunidad sin l&iacute;mites deseable: aquella donde las expresiones humanas, por dis&iacute;miles que sean, no sepan de cortapisas ni fronteras.</font></p>      ]]></body>
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