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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Margarita M. Vald&eacute;s y Miguel &Aacute;ngel Fern&aacute;ndez (compiladores), <i>Normas, virtudes y valores epist&eacute;micos. Ensayos de epistemolog&iacute;a contempor&aacute;nea</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jes&uacute;s Vega Encabo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas&#45;UNAM, M&eacute;xico, 2011, 550 pp. (Filosof&iacute;a Contempor&aacute;nea).</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma de Madrid</i>. <a href="mailto:jesus.vega@uam.es">jesus.vega@uam.es</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la &uacute;ltima d&eacute;cada hemos asistido a un giro peculiar dentro de la epistemolog&iacute;a. La pregunta tradicional por la naturaleza del conocimiento y la obsesi&oacute;n por responder al esc&eacute;ptico (en cualquiera de sus versiones) se han visto de alg&uacute;n modo reconducidas a una pregunta &#151;desde mi punto de vista, m&aacute;s fundamental&#151; sobre el valor del conocimiento, sobre el estatus normativo que se ha de otorgar a los logros epist&eacute;micos y sobre nuestro derecho a tales reclamaciones. Tanto es as&iacute; que algunos epistem&oacute;logos se han atrevido a hablar de un "giro de valor" en el que la descripci&oacute;n del dominio normativo de lo epist&eacute;mico ha pasado a ser central, tanto desde el punto de vista metodol&oacute;gico (lo normativo ha transformado el modo en que se abordan las cuestiones epistemol&oacute;gicas tradicionales y ha proporcionado nuevas herramientas para encarar otros posibles temas) como desde el punto de vista te&oacute;rico (hay que definir y describir la estructura de valor en la que se desenvuelven nuestras pr&aacute;cticas epist&eacute;micas globalmente). No se trata s&oacute;lo de dejar constancia de que la epistemolog&iacute;a es una disciplina normativa, motivo ampliamente repetido y sobre cuyo sentido dif&iacute;cilmente ha habido un acuerdo; m&aacute;s bien es cuesti&oacute;n de situar en el centro de la discusi&oacute;n la dimensi&oacute;n normativa de los logros epist&eacute;micos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta l&iacute;nea se enmarca la excelente recopilaci&oacute;n de textos que nos ofrecen Margarita M. Vald&eacute;s y Miguel &Aacute;ngel Fern&aacute;ndez con el t&iacute;tulo <i>Normas, virtudes y valores epist&eacute;micos. Ensayos de epistemolog&iacute;a contempor&aacute;nea.</i> El libro est&aacute; organizado en tres amplias partes, cada una precedida por una introducci&oacute;n con una bibliograf&iacute;a selecta que da paso a la traducci&oacute;n de dieciocho art&iacute;culos, la mayor parte de los cuales corresponde a destacados epistem&oacute;logos de la actualidad. La parte I lleva por t&iacute;tulo "Valores epist&eacute;micos" y aborda cuestiones relacionadas con el valor del conocimiento y otros posibles logros epist&eacute;micos, como el entendimiento. La parte II est&aacute; dedicada a la epistemolog&iacute;a de virtudes y recoge s&oacute;lo cinco art&iacute;culos de los m&aacute;s conspicuos defensores de la idea de que las virtudes intelectuales deben desempe&ntilde;ar un papel central en la discusi&oacute;n epistemol&oacute;gica. Por &uacute;ltimo, la parte III, con el t&iacute;tulo "La normatividad de la creencia", se centra en cuestiones de &eacute;tica de la creencia, la verdad como meta de la creencia y el tipo de normatividad propio de las normas epist&eacute;micas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta parte III se abre con dos textos cl&aacute;sicos, "La &eacute;tica de la creencia" de William K. Clifford y "La voluntad de creer" de William James, sobre cuya inclusi&oacute;n en la antolog&iacute;a dir&eacute; algo m&aacute;s adelante. Veli Mitova, autora de la introducci&oacute;n a la secci&oacute;n "La normatividad de la creencia", propone que hay al menos tres formas de ver la normatividad epist&eacute;mica: 1) como un dominio normativo aut&oacute;nomo; 2) como una subespecie de las normas morales, y 3) como una subespecie de las normas de la racionalidad pr&aacute;ctica. Clifford y James ser&iacute;an, respectivamente, conspicuos representantes de estas dos &uacute;ltimas posturas. A pesar de que nos asaltan las dudas sobre si realmente la idea de que una evaluaci&oacute;n epist&eacute;mica evidencialista como la que propone Clifford tiene fuerza normativa en virtud de ciertos rasgos morales &#151;especialmente por el tono inflamado y pol&eacute;mico de su texto, donde poco se preocupa por cuestiones de fundamentaci&oacute;n normativa&#151;, es decir, sobre si el imperativo universal de su &eacute;tica de la creencia ("Es err&oacute;neo creer bas&aacute;ndose en evidencia insuficiente siempre, en cualquier lugar y para todo el mundo") tiene la fuerza prescriptiva de una norma moral; menos dudas quedan sobre el hecho de que hab&iacute;a otras alternativas en la epistemolog&iacute;a del siglo XX en las que se habr&iacute;a hecho tambi&eacute;n expl&iacute;cita la conexi&oacute;n de las normas epist&eacute;micas con la evaluaci&oacute;n moral, como podr&iacute;an ser las conocidas obras de Roderick Chisholm (apenas mencionadas en la recopilaci&oacute;n).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n sorprende la elecci&oacute;n de los representantes de la posici&oacute;n 3, especialmente por el hecho de que forman un grupo heterog&eacute;neo. La idea de que "la respuesta pragm&aacute;tica es que debemos cumplir con las normas epist&eacute;micas porque hacerlo es un requisito de la racionalidad pr&aacute;ctica" (p. 328) esconde varias formas de lectura. Por eso, es ciertamente discutible vincular la estrategia de respuesta a Clifford que ofrece James (a quien se atribuyen ideas con toda seguridad err&oacute;neas como que "estamos <i>obligados</i> a creer sobre la base de pruebas insuficientes", p. 328) con los intereses y las posiciones de Stich (una parte de cuyo cl&aacute;sico <i>The Fragmentation of Reason: Preface to a Pragmatic Theory of Cognitive Evaluation</i> se traduce) y, sobre todo, con la concepci&oacute;n instrumentalista de la normatividad epist&eacute;mica que propuso Hilary Kornblith en su art&iacute;culo "Epistemic Normativity" (1993). Y es discutible no tanto porque no se pueda decir de todos ellos que ven en las normas epist&eacute;micas normas de racionalidad pr&aacute;ctica, sino porque, al decirlo, se olvidan las distintas formas en que se puede entender la racionalidad pr&aacute;ctica y los distintos modos en que la evaluaci&oacute;n epist&eacute;mica se arraiga en nuestra naturaleza de seres pr&aacute;cticos. Otra de las ausencias de la recopilaci&oacute;n, Christopher Hookway, ha proporcionado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas elementos para elaborar con mayor detalle y precisi&oacute;n una concepci&oacute;n pragmatista de la normatividad epist&eacute;mica, y alguno de sus trabajos podr&iacute;a haber encontrado lugar aqu&iacute;, o bien en la segunda parte, pues su concepci&oacute;n pragmatista representa tambi&eacute;n una alternativa en la rica y variada panoplia de propuestas en la epistemolog&iacute;a de virtudes. Tremendamente acertada, por otro lado, es la inclusi&oacute;n de sendas contribuciones de Nishi Shah ("Un nuevo argumento a favor del evidencialismo") y de Ralph Wedgwood ("La meta de la creencia"), relacionadas con la verdad como norma de la creencia, a las cuales precede el ya cl&aacute;sico de Bernard Williams, "Decidir creer".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La parte II, "Epistemolog&iacute;a de virtudes", tiene una introducci&oacute;n de Margarita M. Vald&eacute;s, quien ofrece un r&aacute;pido recorrido por las posiciones originarias de esta tendencia, desde uno de los art&iacute;culos seminales de Ernesto Sosa ("Conocimiento y virtud intelectual"), que ya hab&iacute;a sido traducido para la recopilaci&oacute;n en espa&ntilde;ol de la obra de Sosa en el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica (1992), hasta una selecci&oacute;n de pasajes del cl&aacute;sico de Linda Zagzebski, <i>Virtues of the Mind: An Inquiry into the Nature of Virtue and the Ethical Foundations of Knowledge</i> (1996). A &eacute;stos se a&ntilde;aden un art&iacute;culo de John Greco ("Vicios y virtudes de la epistemolog&iacute;a de virtudes"), otro de James A. Montmarquet ("Virtud epist&eacute;mica") y una selecci&oacute;n del libro de Lorraine Code titulado <i>Epistemic Responsibility.</i> El panorama est&aacute; trazado siguiendo dos principios rectores: que no existe una tesis com&uacute;n que todos los epistem&oacute;logos de virtudes compartan y que las posiciones de los distintos autores se agrupan en dos grandes bloques: los que podr&iacute;amos llamar fiabilistas y los responsabilistas, es decir, aquellos que fundan la naturaleza de una virtud en un proceso fiable de obtenci&oacute;n de verdades y aquellos que fundamentan la actividad virtuosa del sujeto en un ejercicio responsable. Otra de las diferencias, quiz&aacute; m&aacute;s explicativa de las distintas tendencias en la epistemolog&iacute;a de virtudes, reside m&aacute;s bien en el compromiso con la continuaci&oacute;n del programa tradicional de la epistemolog&iacute;a (elucidar la noci&oacute;n de conocimiento, etc.) o en un abandono, m&aacute;s o menos radical, de esos problemas. &Eacute;ste es un aspecto que ya se pod&iacute;a ver en los primeros proponentes de epistemolog&iacute;as de virtudes y que Jason Baehr ha sistematizado en un excelente libro, <i>The Inquiring Mind. On Intellectual Virtues and Virtue Epistemology</i> (Oxford University Press, 2011). Pero hay un aspecto en el que parecen confluir las varias l&iacute;neas que inspiraron el tratamiento de la epistemolog&iacute;a a partir de la noci&oacute;n de virtud: las discrepancias entre ellos parecen matizarse una vez que se resit&uacute;an las virtudes en los agentes virtuosos, que devienen as&iacute; la medida del buen proceder epist&eacute;mico. Lo que est&aacute; en juego es c&oacute;mo se constituye genuinamente un agente epist&eacute;mico; sin ello, nos faltar&iacute;an las claves para delimitar el dominio normativo propio de los logros que caracterizamos como conocimiento y quiz&aacute; tambi&eacute;n de otros posibles logros intelectuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La introducci&oacute;n a la primera secci&oacute;n, "Valores epist&eacute;micos", escrita por Miguel &Aacute;ngel Fern&aacute;ndez, deja en alg&uacute;n momento constancia de este giro que se podr&iacute;a denominar "agencial" en la epistemolog&iacute;a contempor&aacute;nea, especialmente al reconstruir el enfrentamiento entre las posiciones de Sosa y Zagzebski con respecto al valor propio del conocimiento y explicar c&oacute;mo se relacionan la evaluaci&oacute;n epist&eacute;mica y la evaluaci&oacute;n moral. No pod&iacute;a ser de otra forma, ya que la noci&oacute;n de conocimiento se liga a un logro por el que el agente epist&eacute;mico merece cierto cr&eacute;dito. No obstante, el foco de atenci&oacute;n de la excelente selecci&oacute;n de art&iacute;culos en esta secci&oacute;n se sit&uacute;a en dos puntos: en primer lugar, en la defensa de cierto pluralismo en relaci&oacute;n con los que yo denominar&iacute;a logros cognitivos (a los que subyace, por otro lado, cierta atribuci&oacute;n de valor propio) y, en segundo lugar, en el problema de la especificidad valorativa de cada logro, especialmente del conocimiento (en contraste con la creencia verdadera) y del entendimiento. Se incluye la traducci&oacute;n de una de las contribuciones recientes de mayor inter&eacute;s sobre el problema del valor en epistemolog&iacute;a: la propuesta de Duncan Pritchard ("El problema del valor del conocimiento"), quien sistematiza las distintas preguntas relacionadas con el valor distintivo del conocimiento frente a la mera creencia verdadera (el tradicional problema del <i>Men&oacute;n).</i> Sin duda, es el mejor modo de encarar el debate sobre la autonom&iacute;a de la normatividad epist&eacute;mica y el valor del conocimiento que est&aacute; detr&aacute;s de las contribuciones de Sosa ("Normatividad epist&eacute;mica", cap&iacute;tulo cuarto de <i>A Virtue Epistemology,</i> 2007) y de Zagzebski ("La b&uacute;squeda de la fuente de valor epist&eacute;mico"). Esta subsecci&oacute;n de art&iacute;culos sobre el problema del valor del conocimiento, es decir, sobre el car&aacute;cter distintivo del conocimiento como logro cognitivo se cierra con una contribuci&oacute;n de Miranda Fricker ("El valor del conocimiento y la prueba del tiempo"), quien pone en suspenso algunos de los presupuestos que han enmarcado el problema: la suposici&oacute;n de que la pregunta sobre el valor del conocimiento est&aacute; ligada necesariamente con la de su an&aacute;lisis y la suposici&oacute;n de que la comparaci&oacute;n entre el conocimiento y la creencia verdadera se hace en un instante y no tiene dimensi&oacute;n temporal. Esta selecci&oacute;n, desde mi punto de vista, ofrece al lector todo lo que podr&iacute;a desear para trazar las l&iacute;neas maestras del problema del valor. A ella se a&ntilde;aden, adem&aacute;s, dos art&iacute;culos donde el foco pasa a estar en otro posible <i>logro</i> valioso en nuestra vida cognitiva, el entendimiento. No cabe duda de que la posici&oacute;n de Jonathan Kvanvig engarza perfectamente la discusi&oacute;n sobre el valor del conocimiento con el entendimiento como logro cognitivo; de este autor se ofrece una parte de su excelente libro <i>The Value of Knowledge and the Pursuit of Understanding</i> (2004). Quiz&aacute; esta idea de que existen otros logros cognitivos que no son conocimiento y que ni siquiera dependen necesariamente de &eacute;ste habr&iacute;a requerido una mayor atenci&oacute;n y una discusi&oacute;n independiente, pues queda la impresi&oacute;n de que habr&iacute;an merecido un lugar otros posibles logros de larga tradici&oacute;n, como es el caso de la sabidur&iacute;a. De cualquier modo, la inclusi&oacute;n de un art&iacute;culo de Catherine Z. Elgin, quien en numerosas ocasiones ha insistido en esta amplitud y variedad de la vida cognitiva (en especial, aplicada a la ciencia), cubre un aspecto esencial de tal defensa pluralista. Me permitir&iacute;a, no obstante, matizar algunas de las reflexiones vertidas en la introducci&oacute;n de esta secci&oacute;n. A partir del modo en que Elgin aborda el uso de las ficciones en distintos &aacute;mbitos se sugiere en alg&uacute;n momento que la falsedad puede ser <i>"fundamental</i> para entender algo" (p. 22). La expresi&oacute;n es, sin duda, ambigua, y creo que est&aacute; lejos de recoger el sentido &uacute;ltimo del modo en que el avance en nuestro entendimiento o comprensi&oacute;n procede, a diferencia de la acumulaci&oacute;n de conocimiento (como verdades justificadamente sostenidas por un sujeto). Lo que les da valor a las ficciones es el hecho de que no se "preocupan", por as&iacute; decir, de la verdad; decir de ellas que son o podr&iacute;an ser "falsas" es confundir el modo en que funcionan. El valor cognitivo de la ficci&oacute;n puede venir dado por su contribuci&oacute;n al entendimiento, pero eso no hace de la falsedad nada fundamental, pues es extra&ntilde;o decir de las ficciones que son verdaderas o falsas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, uno de los retos de cualquier volumen con las ambiciones de &eacute;ste es lograr que la ingente bibliograf&iacute;a filos&oacute;fica se vea reflejada en lo esencial y que los debates se perfilen en todas sus aristas. Una de las virtudes de la recopilaci&oacute;n de Margarita M. Vald&eacute;s y de Miguel &Aacute;ngel Fern&aacute;ndez es que logra plenamente su objetivo; sin duda, se convertir&aacute; en la antolog&iacute;a de referencia sobre normatividad y epistemolog&iacute;a en nuestro idioma. La selecci&oacute;n de art&iacute;culos en cada secci&oacute;n proporcionar&aacute; a un lector ya avisado &#151;o incluso a un estudiante avanzado&#151; los recursos conceptuales y te&oacute;ricos suficientes para reconstruir los problemas centrales y las distintas posiciones en liza. Esto no quiere decir que alguien, personalmente, no hubiera podido eliminar algunos de ellos para dar cabida a otros quiz&aacute; m&aacute;s informativos o menos accesibles. &Eacute;ste habr&iacute;a sido mi caso con "La &eacute;tica de la creencia" de Clifford y "La voluntad de creer" de James. Sin duda, desentonan en la recopilaci&oacute;n, en primer lugar, por ser obras escritas en el siglo xix y, ante todo, porque ya se han publicado en castellano. En el primer caso, se reproduce la traducci&oacute;n de Lorena Villamil para la edici&oacute;n del debate entre estos dos fil&oacute;sofos en la editorial Tecnos; en el segundo, se trata de una nueva traducci&oacute;n, que se suma a las varias ya existentes (algunas de ellas recientes).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una &uacute;ltima cuesti&oacute;n. Quiz&aacute; yo habr&iacute;a recomendado a&ntilde;adir una introducci&oacute;n general en la que se ofreciera una especie de gu&iacute;a de problemas o de mapa de posiciones sobre la epistemolog&iacute;a y la normatividad. Ah&iacute; se podr&iacute;an haber hecho visibles muchos hilos conductores que, en la presentaci&oacute;n actual, se hacen m&aacute;s dif&iacute;ciles de seguir, sobre todo para el lector que no est&aacute; familiarizado con la bibliograf&iacute;a sobre este tema. La decisi&oacute;n contraria, acumular las referencias en una bibliograf&iacute;a &uacute;nica, no me parece, sin embargo, el mejor modo de proceder, pues el lector pierde el marco en que se formularon las propuestas originales; adem&aacute;s, tampoco puede decirse que esta bibliograf&iacute;a sea exhaustiva o recoja siquiera todas las contribuciones relevantes en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, &eacute;stas y otras observaciones que se podr&iacute;an hacer no merman el valor de esta antolog&iacute;a. Debemos felicitar la iniciativa, el buen criterio en la selecci&oacute;n de art&iacute;culos y la calidad de las traducciones que se ponen a disposici&oacute;n de aquellos interesados en los problemas m&aacute;s debatidos de la epistemolog&iacute;a contempor&aacute;nea. En pocas ocasiones tenemos la oportunidad de disponer de una obra en nuestro idioma que responda con tanto rigor y seriedad a la actualidad de la investigaci&oacute;n como lo hace &eacute;sta.</font></p>     ]]></body>
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