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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Esther Cohen, <i>Los narradores de Auschwitz</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mateo Navia Hoyos*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Fineo, M&eacute;xico, 2006, 140 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*<i>Instituto de Filosof&iacute;a, Universidad de Antioquia. </i><a href="mailto:ultimaletra@gmail.com">ultimaletra@gmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2">vistos de cerca no tenemos peso,     <br> no tenemos influencia sobre las cosas<a href="#notas">*</a></font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las producciones de la industria editorial y cinematogr&aacute;fica reflejan el incremento en las investigaciones sobre el holocausto. La abundancia de perspectivas y opiniones enmara&ntilde;a lo correcto de lo incorrecto, incluso en cuanto a documentaci&oacute;n hist&oacute;rica se refiere. Con ello, la confianza del lector se confunde entre los testimonios de los cautivos y de los captores. En palabras de Primo Levi refiri&eacute;ndose a sus captores luego de su liberaci&oacute;n: "la gente dir&aacute; que los hechos que cont&aacute;is son demasiado monstruosos para ser cre&iacute;dos: dir&aacute; que son exageraciones de la propaganda aliada y nos creer&aacute; a nosotros, que lo negaremos todo, no a vosotros. <i>La historia del Lager,</i><sup><a href="#notas">1</a></sup><i> seremos nosotros quien la escriba" </i>(p. 52). Sin embargo, un paso en el proceso de esclarecimiento puede darse cuando preguntamos: &iquest;c&oacute;mo logra la voz de la v&iacute;ctima transmitir en su escritura la experiencia vivida, si al pasado lo habitan fantasmas, y la imaginaci&oacute;n puede colarse de modos diversos?, &iquest;c&oacute;mo comunicar las monstruosidades que parecen propiedad de la imaginaci&oacute;n? El reto de la escritura se traslada al lector que desconf&iacute;a. As&iacute;, si las vivencias son narradas de maneras diferentes, con alegr&iacute;a o con espanto, desde la evidencia de haber permanecido en cautiverio, o como la intuici&oacute;n de futuros despliegues asesinos, la &uacute;ltima palabra no ha sido pronunciada, y la desconfianza del lector puede continuar en aumento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creer o no creer s&oacute;lo puede derivar de un conocimiento de la situaci&oacute;n, el cual podr&aacute; acrecentarse con la lectura de <i>Los narradores de Auschwitz. </i>La compleja investigaci&oacute;n realizada por Esther Cohen retoma desde diversos narradores el fen&oacute;meno del holocausto, delimitando varias cuestiones importantes que deben ser analizadas. Las problem&aacute;ticas intervenciones de la imaginaci&oacute;n para la memoria y el recuerdo, la desaparici&oacute;n del nombre y la marca num&eacute;rica en el antebrazo, la tristeza, el espanto y el horror como motores de escritura, pero tambi&eacute;n la sonrisa y la inocencia. De este modo, presentar Los <i>narradores de Auschwitz </i>implica inclinarnos e ingresar en un sinn&uacute;mero de contenidos interesantes aunque espeluznantes, pues en la experiencia concentracionista,<sup><a href="#notas">2</a> </sup><i>habitar, </i>por ejemplo, es sumamente problem&aacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el libro contiene diez apartados, cada uno de los cuales podr&iacute;a abordarse de manera aislada, el t&iacute;tulo y algunos puntos de contacto logra reunirlos con un buen grado de consistencia. M&aacute;s all&aacute; del simple contacto que puede insinuarse con <i>narradores de Auschwitz </i>&#151;alusi&oacute;n que incluso resultar&iacute;a imprecisa si se tienen en cuenta las relevantes anotaciones sobre Walter Benjamin y Franz Kafka como avisadores&#151;, la investigaci&oacute;n est&aacute; enriquecida por la toma de posici&oacute;n, de parte de la autora, ante diversas posturas filos&oacute;ficas e hist&oacute;ricas. Las abundantes referencias bibliogr&aacute;ficas, antes que entorpecer el complejo fen&oacute;meno del holocausto &#151;o el Hecho, como dir&iacute;a Elie Wiesel&#151;, se articulan de manera sustanciosa en beneficio de la presentaci&oacute;n de dicho acontecimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto a los autores en los cuales Cohen pone &eacute;nfasis, pueden mencionarse a Kafka y Benjamin como los vaticinadores del horror que se extender&iacute;a por toda Europa;<sup><a href="#notas">3</a></sup> Primo Levi como el intr&eacute;pido qu&iacute;mico que, con fuerza e inmediatez, plasm&oacute; la experiencia de los campos cuando muchos ansiaban callarlos; el fil&oacute;logo jud&iacute;o Victor Klemperer, quien, desde su vivencia fuera de los campos de concentraci&oacute;n, adem&aacute;s de relatar el progresivo arrinconamiento al que fueron conducidos los jud&iacute;os en su cotidianidad, realiza estudios sobre las transformaciones del lenguaje implementadas por los conductores del nacionalsocialismo;<sup><a href="#notas">4</a></sup> Hans Mayer alias Jean Am&egrave;ry, el intelectual que, luego de atravesar los campos de la muerte, emerge con un resentimiento motor de expiaci&oacute;n y expresi&oacute;n; Imre Kert&eacute;sz, el adolescente que sale de los campos para relatar, de manera asombrosa con una sonrisa en los labios, la experiencia de quien sobrevive, de quien le dice s&iacute; a la vida; Etty Hillesun, quien, en principio desde una candidez especial vive los campos de un modo natural y hasta feliz, pero luego, al ofrec&eacute;rsele el cargo como colaboradora de los <i>Judenr&auml;te </i>(Consejos Jud&iacute;os) se niega a participar en el tr&aacute;fico y negociaci&oacute;n del n&uacute;mero de jud&iacute;os que eran transportados hacia las c&aacute;maras de aniquilaci&oacute;n; y el Albert Camus de <i>La peste </i>(1947), quien, desde una simulada situaci&oacute;n de peste filtra las atrocidades llevadas a cabo por la barbarie que ha herido y lacerado a Europa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los temas desarrollados por Esther Cohen son tantos que una breve presentaci&oacute;n no puede abarcarlos; sin embargo, considero que la enunciaci&oacute;n de algunas tem&aacute;ticas sobresalientes puede dar una idea de esta investigaci&oacute;n en la que han sido utilizados diarios, testimonios, relatos, cuentos y novelas, y tambi&eacute;n textos filos&oacute;ficos, est&eacute;ticos, hist&oacute;ricos, antropol&oacute;gicos, e incluso, ling&uuml;&iacute;sticos y filol&oacute;gicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se invocan los narradores, y particularmente los "sobrevivientes"<sup><a href="#notas">5</a> </sup>de Auschwitz, surge la cuesti&oacute;n ya presentada sobre el valor de los testimonios. Sobre los textos escritos por testigos de Auschwitz, del holocausto, o inclusive, del gulag, Cohen alude a diversas posiciones que se han pronunciado frente a la construcci&oacute;n del testimonio o la escritura como tal del relato. Si bien el acto de memoria y recuerdo no est&aacute; exento de la imaginaci&oacute;n que se filtra, la escritura para volverse literaria requiere, en la traducci&oacute;n de las emociones y vivencias, de cierto artificio. Esta posici&oacute;n, tomada de Jorge Sempr&uacute;n, alude al requerimiento est&eacute;tico que el arte le impone al testigo que ha de relatar su historia. En el mismo contexto, mientras existe el riesgo del abuso en la escritura, y la emergencia, para algunos desenfrenada, de publicaciones de testigos, autores como Hayim Yerushalmi proclaman mayor terror por olvidar que por tener demasiado que recordar <i>(cfr. </i>p. 18).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los narradores que soportaron un determinado periodo en los campos del exterminio y la desintegraci&oacute;n de la dignidad, la cuesti&oacute;n sobre el nombre propio sufri&oacute; importantes transformaciones con la liberaci&oacute;n. A los reclusos se les asignaba un n&uacute;mero que les era marcado, como a las reses, en sus antebrazos, y estas marcas acentuaban la desaparici&oacute;n del nombre propio. As&iacute;, despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n, los "sobrevivientes" m&aacute;s que preocuparse por el retorno a sus casas, deb&iacute;an retornar a s&iacute; mismos. Retorno sobre s&iacute; que difiere de la identidad que se conforma con el crecimiento o la educaci&oacute;n, vuelta sobre s&iacute; pero dislocada y culpable. La culpa y la verg&uuml;enza de permanecer en un mundo habitado por fantasmas, por recuerdos que se cuelan en la memoria y los sue&ntilde;os. Temor de la noche y del d&iacute;a, de la luna y del sol. Miedo de la vida que ya no promete nada para el plano social.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La decisi&oacute;n por escribir se encuentra en una encrucijada. Pues, &iquest;c&oacute;mo describir con la escritura aquello que no se puede decir? &iquest;C&oacute;mo decir lo imposible con palabras? &iquest;C&oacute;mo decir lo indecible? Pues la vivencia de los campos de concentraci&oacute;n, la experiencia del horror y de la absoluta negaci&oacute;n de la vida humana, hab&iacute;a abolido cualquier posibilidad de lenguaje, hab&iacute;a asesinado la posibilidad del di&aacute;logo, de la palabra. Con todo, la proeza consistir&iacute;a en levantar una escritura desde el lodo al cual hab&iacute;an sido arrojados, avivando las palabras con calor humano para narrar con ellas lo imposible, hasta asegurarle a la posterioridad una escritura que emerge de los campos de concentraci&oacute;n, y confiesa lo inenarrable.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tratamiento de cada uno de los hombres y mujeres aludidos en la investigaci&oacute;n, Cohen despliega sus an&aacute;lisis con destacados fil&oacute;sofos e int&eacute;rpretes del holocausto nazi. Hannah Arendt, Jacques Derrida, Roland Barthes, Vladimir Jank&eacute;l&eacute;vitch, Martin Heidegger, Tzvetan Todorov, Yehuda Bauer, Paul Celan, Ian Kershaw, Raul Hilberg. Incluso referencias pict&oacute;ricas como George Grosz, o f&iacute;lmicas como Claude Lanzmann, encuadran esta investigaci&oacute;n que parece dirigirse a todos aquellos que llegaron en silencio, carentes de peso, fantasmas y ya no hombres que regresaban a casa. &iquest;Sobrevivieron, o simplemente se les aplaz&oacute; el tiempo de su muerte? Tal vez s&oacute;lo les quedaban algunas letras sueltas porque incluso el nombre hab&iacute;a sido descoyuntado. Una letra o un signo, sus cuerpos ausentes de presencia, se&ntilde;alaban la nulidad de no tener relaci&oacute;n ni con las cosas que los rodeaban. La investigaci&oacute;n de Esther Cohen tributa a todos ellos, los nombra por sus nombres, les conf&iacute;a el descubrimiento y el padecimiento de la barbarie que desde aquel terrible acontecimiento habita el mundo, les otorga la palabra que dice: &iexcl;Alerta, hombres del mundo, el germen de la barbarie ya es parte de nosotros!<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posici&oacute;n manifestada por Esther Cohen logra instalarse en una respetable e importante ecuanimidad por su tratamiento de los hechos. Por ejemplo, si bien el contexto del holocausto est&aacute; relacionado, como guerra, con las guerras que se hab&iacute;an producido en la Antig&uuml;edad &#151;en las cuales el horizonte consist&iacute;a en retornar para narrar sus aventuras&#151;, a los hombres que retornan de los campos s&oacute;lo los espera el silencio y la verg&uuml;enza, la culpa, incluso, de haber sobrevivido. Del mismo modo, aun con la apreciaci&oacute;n de la inhumana conducta de los nazis, Cohen le da relevancia al papel desempe&ntilde;ado por aquellos jud&iacute;os que estuvieron detr&aacute;s de los cr&iacute;menes,<sup><a href="#notas">7</a></sup> propiciando que acontezca en el lector una disminuci&oacute;n en la emotividad intr&iacute;nseca a los testimonios, permiti&eacute;ndole, a su vez, que construya su propio criterio. As&iacute;, con el libro <i>Los narradores de Auschwitz </i>de Esther Cohen, estamos ante una investigaci&oacute;n que plasma un an&aacute;lisis imparcial del fat&iacute;dico acontecimiento del holocausto nazi, y que aporta a las discusiones sobre este fen&oacute;meno entrelazamientos relevantes que deben ser atendidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Robert Antelme, <i>La especie humana, </i>trad. Trinidad Richelet, Arena Libros, Madrid, 2001, p. 77.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2780059&pid=S0185-2450200800020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La palabra alemana <i>Lager </i>alude como sustantivo al "campo", y como verbo <i>lagern </i>a "almacenar" (concentraci&oacute;n).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;T&eacute;rmino acu&ntilde;ado para aquellos y aquellas que vivieron y experimentaron los campos de concentraci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;"Ya no habr&aacute; m&aacute;s lenguaje capaz de dar cuenta de estos muertos despojados de su propia muerte. Y Benjamin parece haberlo vislumbrado en el mutismo de los soldados que vuelven, desde 1918, sin experiencias que relatar, sin historias que contar" (p. 46).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;"El terror absoluto del totalitarismo nazi, pues, no s&oacute;lo se dio a trav&eacute;s de la mutilaci&oacute;n y la muerte f&iacute;sicas, sino de manera singular, por medio del control de todo un alambrado ling&uuml;&iacute;stico que vino a amputar cualquier ejercicio de pensamiento y, por supuesto, de cr&iacute;tica" (p. 77).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> "Aprender a habitar es, para el fil&oacute;sofo, el imperativo de todo ser en el mundo. Y habitar quiere decir, para Heidegger, construir, hacer habitable, edificar un lugar a partir de la reuni&oacute;n de espacios. Pero, &iquest;c&oacute;mo construir cualquier cosa, incluso una palabra, cuando los campos, y en este sentido el fil&oacute;sofo alem&aacute;n guard&oacute; silencio, hab&iacute;an sido edificados para cancelar cualquier expresi&oacute;n de humanidad?" (pp. 31&#150;32). Estas palabras sobre el "habitar" interfieren de manera directa con cualquier acercamiento a la comprensi&oacute;n sobre el, la o los "sobrevivientes". Pues, &iquest;quedaron los sobrevivientes en capacidad de construir, de edificar o hacer habitable alg&uacute;n otro espacio, luego de que se les hab&iacute;a aniquilado <i>cualquier expresi&oacute;n de humanidad? </i>El sobreviviente, en esta perspectiva, tendr&aacute; que conformarse o dedicarse a intentar habitar lo inhabitable, a construir lo imposible de construir. Ya lejano, ya perdido, su voz se golpea con el pasado que se interpone en su presente y su futuro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Las dos citas siguientes tejen la red de la presencia de la barbarie: por un lado, "Quien carece de la dimensi&oacute;n de la memoria queda excluido de la capacidad de olvidar y quien no olvida est&aacute; condenado a vivir siempre la misma historia en una especie de espiral eterna" (p. 30); y por el otro, las palabras literales al final del libro dicen: "habr&aacute; que estar alertas a la barbarie de la peste que desde ya nos habita" (p. 131).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> En este punto puede mencionarse que Esther Cohen no evade aquella famosa discusi&oacute;n, ya memorable, sobre la <i>banalidad del mal, </i>provocada por Hannah Arendt y el caso de Adolf Eichmann.</font></p>      ]]></body><back>
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