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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Arturo Aguirre (comp.), <i>Filosof&iacute;a de la cultura. Reflexiones contempor&aacute;neas</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ana Mar&iacute;a Mart&iacute;nez de la Escalera</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Af&iacute;nita editorial, M&eacute;xico, 2007</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Facultad de Filosof&iacute;a y Letras/Colegio de Filosof&iacute;a. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. </i><a href="mailto:anamaria_martin@terra.com.mx" target="_blank">anamaria_martin@terra.com.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qui&eacute;n de nosotros no se ha referido alguna vez al t&eacute;rmino cultura en la conversaci&oacute;n? &iquest;Qui&eacute;n de nosotros duda, por otra parte, de que sabe, con seguridad, a lo que se refiere? Pese a esta &uacute;ltima certeza, los usos de la expresi&oacute;n en el discurso cotidiano suelen ser vagos y laxos. Tal parece que nos conformamos con vivir en la cultura a trav&eacute;s de una confortable uniformidad, en costumbres y en h&aacute;bitos, mientras que su definici&oacute;n precisa se nos disuelve en m&uacute;ltiples, heterog&eacute;neas e inexactas maneras de decirla. Y las cosas podr&iacute;an continuar de ese modo si no fuera por ciertas fuerzas disruptivas de la historia que hoy en d&iacute;a nos apremian a redefinirla, incluso a aquellos que no sienten deseos de volverse fil&oacute;sofos. Estas fuerzas de la disrupci&oacute;n nos atormentan con interrogantes de variado tipo: &iquest;d&oacute;nde vive hoy la cultura? &iquest;Acaso en los h&aacute;bitos alimenticios que se confunden con identidades culinarias, incluso regionales o nacionales? &iquest;Hay cultura fuera de los museos y las bibliotecas? O, m&aacute;s bien, &iquest;habita la cultura contempor&aacute;nea las pantallas, tanto de la computadora como de la televisi&oacute;n y el cine? Y as&iacute; podr&iacute;amos seguir registrando cuestiones que la actualidad suscita. Ante la reducci&oacute;n de la cultura al universo de los <i>mass media </i>y su l&oacute;gica aplastante de estandarizaci&oacute;n de la subjetividad que produce identidades <i>pr&ecirc;t&#150;a&#150;porter, </i>la urgencia por dar nuevos significados a la cultura es manifiesta. Para todos. Para los pensadores es tambi&eacute;n una necesidad te&oacute;rica y pol&iacute;tica, en ambos casos cr&iacute;tica. &Eacute;sta es la doble tarea te&oacute;rica y pol&iacute;tica que el joven libro <i>Filosof&iacute;a de la cultura. Reflexiones contempor&aacute;neas </i>encarna: una respuesta a la urgencia de vida (a la manera de Nietzsche) y una respuesta a la necesidad pol&iacute;tica (Benjamin) producto de la crisis cultural.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Quiz&aacute; Adorno nos entreg&oacute; una definici&oacute;n po&eacute;tica y muy oportuna de esa crisis mediante el sintagma "industria cultural".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hubo, sin embargo, antes del actual, otros momentos de crisis cuando s&oacute;lo los estetas se dieron a la tarea de refundar la noci&oacute;n de cultura en funci&oacute;n de los notables cambios que le hab&iacute;an sobrevenido en la Modernidad. Cambios tecnol&oacute;gicos &#151;nuevas maneras de reproducci&oacute;n, como la fotogr&aacute;fica&#151; y, por supuesto, pol&iacute;ticos, de terminolog&iacute;a en las humanidades y en las ciencias sociales; emergencia y muerte de sabidur&iacute;as sobre lo humano (desde el fin del mito y de la emblem&aacute;tica rom&aacute;nticos hasta el nacimiento de la antropolog&iacute;a en el seno de la colonizaci&oacute;n del XIX). Por citar s&oacute;lo un caso: un d&iacute;a la cultura dej&oacute; de ser pensada como alta cultura, como esp&iacute;ritu de un pueblo, y se seculariz&oacute;. Su nueva definici&oacute;n incluir&iacute;a objetos antes que procesos de maduraci&oacute;n de lo humano al modo kantiano. La antropolog&iacute;a, disciplina nov&iacute;sima hace dos siglos, nos instruy&oacute; para designar como culturales no las maneras humanas de acci&oacute;n, sino sus productos menos conspicuos. La cultura dej&oacute; de ser espiritual y se concret&oacute; en producci&oacute;n y producto, y tambi&eacute;n sugestivamente se la describi&oacute; como una estructura de transmisi&oacute;n de la experiencia y de la sabidur&iacute;a pr&aacute;ctica, m&aacute;s cercana a la vilipendiada <i>tecn&eacute; </i>que a la sobrevalorada cultura del libro. Esto es, se quiso entender por cultura tanto las reglas de selecci&oacute;n y conservaci&oacute;n t&eacute;cnicas del material cultural &#151;saberes pr&aacute;cticos (incluidas las mnemot&eacute;cnicas) y sabidur&iacute;as te&oacute;ricas, relatos diversos&#151; como las reglas que distribuyen individuos o formas de subjetividad generadas en y por la transmisi&oacute;n misma. Se trata por supuesto de un giro antropol&oacute;gico, incluso democr&aacute;tico, pues arrebataba la cultura de manos de las elites y las volv&iacute;a a su origen social, las comunidades de hombres y mujeres que dejaban huella de sus experiencias mediante objetos cotidianos. La transmisi&oacute;n de la experiencia daba cuenta del nacimiento de objetividades diferenciadas, asim&eacute;tricas, como las que relacionan al maestro con el disc&iacute;pulo, al abuelo con el nieto o a cualquiera que sabe con aquel que carece de cierta sabidur&iacute;a sobre algo. Se pens&oacute; entonces que la cultura tambi&eacute;n sab&iacute;a ser asim&eacute;trica como la pol&iacute;tica y comprend&iacute;a c&oacute;mo desafiar la igualdad que consagran nuestras constituciones modernas (Burke). Se la concibi&oacute;, por tanto, como un tejido de relaciones sociales y de poderes diferenciadores (seg&uacute;n M. Foucault, por ejemplo).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, por otro lado, y en la misma &eacute;poca, la cultura ser&iacute;a pensada como modo de edificar, de habitar, a la vez que habitaci&oacute;n o habit&aacute;culo de los seres humanos y sus sue&ntilde;os e ilusiones (a la manera de M. de Certeau, quien le&iacute;a por entonces a Heidegger). Es decir, mundo humano, imagen de lo humano y mundo donde construir m&aacute;s mundo. No hace mucho, entonces, la cultura as&iacute; entendida &#151;de una manera pol&iacute;tica, como en el caso de Benjamin o Foucault, o de un modo despolitizante, seg&uacute;n la postura de Certeau&#151;, fue el objeto y la invenci&oacute;n te&oacute;rica de fil&oacute;sofos, antrop&oacute;logos y soci&oacute;logos: una de las categor&iacute;as mediante las cuales el Otro (otros seres humanos, otras formas de hacer, de querer y de ver el mundo; en fin, otra posibilidad de entender lo sensible) pod&iacute;a ser enfrentado y reducido a lo conocido, familiar y cercano, o dejado a que hablara por s&iacute; mismo. La cultura antropol&oacute;gica, quiz&aacute; sin propon&eacute;rselo, redujo lo otro a algo manejable, describible mediante formas de enunciaci&oacute;n conocidas por la academia. La otra cultura se entendi&oacute; m&aacute;s bien como cr&iacute;tica de la cultura (Adorno, Benjamin, el propio Foucault). En breve: habr&iacute;a que establecer que al menos dos significados de cultura, uno pol&iacute;tico y otro despolitizador, acompa&ntilde;aron a la neocolonizaci&oacute;n cuando &eacute;sta se entendi&oacute; como extensi&oacute;n hacia el otro de la cultura euroc&eacute;ntrica (cuestion&aacute;ndola en su centro etnoc&eacute;ntrico o justific&aacute;ndola). As&iacute;, en el campo cultural se libraron batallas renombradas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la actualidad las cosas son diferentes o parecen serlo. Los estudios culturales globalizados est&aacute;n empe&ntilde;ados en incluir todo lo que la colonizaci&oacute;n hab&iacute;a previamente excluido: voces de mujeres o de lenguas olvidadas, costumbres, maneras de mirar, muchedumbres de seres y de objetos se integran hoy, en la c&aacute;tedra, a los objetos de an&aacute;lisis y a las formas de analizar o leer lo que es. A esto se le llama estudios culturales; sin embargo, no es seguro que la inclusi&oacute;n les haga justicia. Con todo, se cree responder a una demanda de los tiempos. La demanda, pese a todo, no parece satisfecha. Hoy, cuando lo que llamamos cultura es englobada por la industria cultural y &eacute;sta se despliega por el orbe, parece que requerimos otra definici&oacute;n, otro pensamiento de lo cultural y por tanto, un nuevo significado del hacer humano definido no en su esencia, sino tomando en cuenta sus efectos perturbadores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos d&iacute;as, ante el d&eacute;ficit cultural (adem&aacute;s de pol&iacute;tico) se nos aparece como exigencia impostergable la elaboraci&oacute;n y puesta a discusi&oacute;n de una teor&iacute;a cr&iacute;tica de la cultura, o bien de un pensamiento de la cultura libre de la historia colonial que nos reduce a un invento europeo o un modelo en peque&ntilde;o de Europa y sus vicisitudes culturales, siempre lamentando el retraso, avergonz&aacute;ndonos de no estar a la moda. Frente a esto, la cr&iacute;tica de la cultura se propone describir otras opciones de transmitir la sabidur&iacute;a y la experiencia que ella, como saber, representa. &Eacute;ste es el caso, por citar un ejemplo del texto que nos ocupa, del ensayo de Francisco Javier Sig&uuml;enza "Filosof&iacute;a, arte y acci&oacute;n pol&iacute;tica". Muy bien escrito, el texto plantea la cr&iacute;tica de la cultura como una modalidad, quiz&aacute; la m&aacute;s refinada, de la acci&oacute;n pol&iacute;tica. Acci&oacute;n cuyo lugar puede ser notoriamente la Universidad, una vez que &eacute;sta es practicada como la necesidad de la incondicionalidad del pensamiento. As&iacute; tambi&eacute;n, el art&iacute;culo de Hugo Fern&aacute;ndez "Heidegger, Benjamin y los tojolabales" defiende que la cr&iacute;tica de la cultura es el camino contempor&aacute;neo de lo que llamamos acci&oacute;n cultural: pensamiento cr&iacute;tico elaborado desde la cosmovisi&oacute;n de una cultura excluida que consigue resignificar tanto la acci&oacute;n como sus productos culturales (empezando por la lengua misma de la cultura) y hacerla actuar a favor de un futuro menos injusto. Ahora bien, no s&oacute;lo estos dos textos, los que a mi parecer son los mejor logrados, producen cr&iacute;tica de la noci&oacute;n de cultura y cr&iacute;tica de los objetos culturales. El libro <i>Filosof&iacute;a de la cultura. Reflexiones contempor&aacute;neas, </i>compilado por Arturo Aguirre, parece cumplir o satisfacer ambas opciones. Hay teor&iacute;a de la cultura pensada desde la perspectiva de la cr&iacute;tica y hay, para quien quiera leerlos, ejercicios de pensamiento libre sobre los objetos de la cultura. Cabe citar el ensayo de &Aacute;ngel O. &Aacute;lvarez, cuyo t&iacute;tulo "Autobiograf&iacute;a y conciencia hist&oacute;rica" analiza ese objeto literario&#150;cultural llamado autobiograf&iacute;a como "uno de los mejores elementos interpretativos de los que disponemos para la comprensi&oacute;n del sistema cultural" (p. 101) dada su fuerza de desvelamiento. Resuena en este ensayo la idea de Dilthey de que en la autobiograf&iacute;a se hace presente la m&aacute;quina de enunciaci&oacute;n colectiva simult&aacute;neamente conjugada con el deseo subjetivo del autor, de su <i>querer decir. </i>Sin comprensi&oacute;n del sujeto de la enunciaci&oacute;n tampoco puede haber comprensi&oacute;n de lo que la cultura nos dice, y viceversa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro transcurre as&iacute; entre notas cr&iacute;ticas sobre la cultura y sus objetos privilegiados, como el caso de la autobiograf&iacute;a o el arte, &eacute;ste &uacute;ltimo explorado en el ensayo titulado "El Arte como lugar de la Utop&iacute;a" de Cristina R&iacute;os, quien nos conduce hacia la posibilidad de una teor&iacute;a filos&oacute;fica (ya no antropol&oacute;gica) de la cultura. Encontramos, entonces, que algunos de los autores exponen elementos para una teor&iacute;a cr&iacute;tica de la cultura de raigambre filos&oacute;fica (Marina Dimitrievna Okolova, Arturo Romero y Arturo Aguirre), pero tambi&eacute;n nos topamos con autores cuya tarea es proponer otro pensamiento sobre la cultura, pensamiento que no respeta las trabas disciplinares y las pone en cuesti&oacute;n, como el caso ya citado de Hugo Fern&aacute;ndez y su lectura tojolabal de Benjamin. En efecto, a diferencia de la lectura en clave euroc&eacute;ntrica, este texto novedoso invierte el proceder del lector y lee desde el pensamiento excluido &#151;esto es, desde el cuerpo del excluido&#151; la noci&oacute;n de tradici&oacute;n. As&iacute; se arriba al concepto de tradici&oacute;n de los oprimidos, noci&oacute;n cr&iacute;tica que se enfrenta sobre todo a la idea moderna de cultura. Desde este texto y desde el ensayo producto del trabajo cr&iacute;tico de Francisco Javier Sig&uuml;enza, la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica sobre la cultura se transforma en acci&oacute;n pol&iacute;tica. Acci&oacute;n en su m&aacute;s pura acepci&oacute;n: acci&oacute;n social, colectiva, que atraviesa las fronteras entre lo individual y lo general, entre la filosof&iacute;a y las ciencias del hombre como la sociolog&iacute;a, la teor&iacute;a del arte, la historia, la teor&iacute;a literaria, que entrecruzan en este libro sus maneras de relatar lo que el ser humano es y espera ser en un futuro mejor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lector advertir&aacute; que el libro es asimismo un c&uacute;mulo de esfuerzos de resignificaci&oacute;n del concepto de cultura. Por ejemplo, se politiza &eacute;ste (en el caso del texto de Francisco Javier Sig&uuml;enza), seg&uacute;n dec&iacute;amos, al grado de confundir productivamente sus significados. Pero tambi&eacute;n se vuelve este t&eacute;rmino de cultura un objeto historizable (sobre el que construir historias &#151;autobiogr&aacute;ficas, entre otras&#151; y mediante el cual decodificar el tiempo de la vida como en el texto de Arturo Romero). O bien, seg&uacute;n se&ntilde;alamos, se intenta integrar a la noci&oacute;n de cultura aquello que ha sido excluido por la academia o el poder (el caso del texto de Hugo Fern&aacute;ndez), aunque igualmente se intenta reintegrar a un cierto origen las formas de narrar lo que somos en cuanto seres humanos (texto de Edith Guti&eacute;rrez). Otros art&iacute;culos abordan la necesidad de reexaminar la noci&oacute;n buscando maneras m&aacute;s ajustadas para determinar ese dominio llamado cultural (tal es el caso de los ensayos de Josu Landa, de Edith Guti&eacute;rrez y el ya citado de Marina Dimitrievna Okolova).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute;, pese a las notorias diferencias de intereses y deseos expresados, es posible decir que para todos los autores hay en el libro algo en com&uacute;n: la cultura es ante todo un modo de habitar el mundo (en Arturo Aguirre y en &Aacute;ngel &Aacute;lvarez &eacute;ste ser&aacute; el <i>leitmotiv </i>del ensayo); o bien ser&aacute; un modo secular de construirlo (en Arturo Romero); aunque tambi&eacute;n sea, por qu&eacute; no, el juego como modalidad de construcci&oacute;n de mundos que s&oacute;lo se refiere a s&iacute; misma y, por ende, la ra&iacute;z de toda creaci&oacute;n (seg&uacute;n lo argumenta el texto de Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez y el de Mar&iacute;a Cristina R&iacute;os).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, le&iacute;do desde una distancia prudente e incondicional, como creo que deber&iacute;a ser cualquier lectura llevada a cabo con &aacute;nimo amistoso, este libro es lo que <i>da lugar a y da ha lugar; </i>es decir, autoriza bajo el rostro acad&eacute;mico de la pol&eacute;mica bien argumentada, y vuelve pertinente a la vez, la pluralidad de interpretaciones sobre la cultura; esto es un problema filos&oacute;fico sobre la cultura. En consecuencia, este peque&ntilde;o libro es precisamente el lugar donde se escenifica el conflicto de interpretaciones (filos&oacute;fico, &eacute;tico y pol&iacute;tico) sobre lo que somos y hacemos, y sobre lo que esperamos ser y hacer ma&ntilde;ana. &iquest;Acaso es posible imaginar algo m&aacute;s <i>democr&aacute;ticamente cultural </i>que un conflicto de interpretaciones sobre la cultura?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ambos autores aparecen debidamente citados en el libro de referencia.</font></p>      ]]></body>
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