<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-1276</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[An. Inst. Investig. Estét]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-1276</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-12762012000200007</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Nuevo Soumaya: Percepciones alteradas de la arquitectura del espectáculo]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Landeros]]></surname>
<given-names><![CDATA[Isaac]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<volume>34</volume>
<numero>101</numero>
<fpage>183</fpage>
<lpage>192</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-12762012000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-12762012000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-12762012000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Obras, documentos, noticias</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Nuevo Soumaya. Percepciones alteradas de la arquitectura del espect&aacute;culo</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Isaac Landeros</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el sexto piso del nuevo museo Soumaya &#151;en la sala Juli&aacute;n y Linda Slim&#151;, despu&eacute;s de transcurrir entre un bosque de esculturas sembradas al azar, una cita de Auguste Rodin (1840&#45;1917) pasa casi inadvertida: "es feo en el arte lo que es falso, lo que es artificial, lo que pretende ser bonito y precioso, lo que sonr&iacute;e sin motivo, lo que amenaza sin raz&oacute;n, lo que se arquea o endereza sin causa, todo lo que carece de alma y verdad, todo lo que no es m&aacute;s que alarde de hermosura y de gracia, todo lo que miente". El reci&eacute;n inaugurado museo Soumaya alberga la segunda colecci&oacute;n m&aacute;s grande en el mundo del escultor franc&eacute;s Rodin, y, sin embargo, se arquea y se endereza sin raz&oacute;n aparente. Con frecuencia se olvida que la arquitectura tambi&eacute;n es arte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La nueva pieza del emporio Slim lleg&oacute; con el ruido medi&aacute;tico esperado. Desde que la arquitectura se ha convertido en un producto del espect&aacute;culo, resulta m&aacute;s importante el edificio publicado que su calidad espacial o su contribuci&oacute;n urbana. Todos queremos el efecto Bilbao; incluso sin haber cuestionado si sus beneficios &#151;sociales, econ&oacute;micos y urbanos&#151; han sido concretos o tan s&oacute;lo meras quimeras publicitarias. Y sucede con frecuencia que los medios justifican cualquier forma y cualquier funci&oacute;n arquitect&oacute;nica sin importar el precio &#151;ya sea monetario o social&#151; y crean, a la par, confusi&oacute;n y distorsi&oacute;n en las interpretaciones &#151;las lecturas&#151; que los usuarios y cr&iacute;ticos elaboramos de esta imagen urbana que, como espejismo, se materializa en medio de tiempos inestables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una primera lectura esto no es del todo evidente; las im&aacute;genes publicadas del museo &#151;y repetidas hasta el cansancio&#151; muestran un edificio digno de cualquier capital cultural que se precie de vanguardista: formas audaces, ingenier&iacute;a de primer orden, materiales de &uacute;ltima generaci&oacute;n. Recursos que son, las m&aacute;s de las veces, soluciones formales que siguen una tendencia, que ocupan un espacio temporal dentro de la historia de la experimentaci&oacute;n arquitect&oacute;nica y que, mediante la repetici&oacute;n de la f&oacute;rmula en auge, aspiran a alcanzar el &eacute;xito arquitect&oacute;nico de revista.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Edificios contempor&aacute;neos de los m&aacute;s dispares usos, funciones y or&iacute;genes comparten similitudes que van m&aacute;s all&aacute; de la casualidad. Y el Soumaya, al seguir lo que parece el final de una de esas tendencias, despierta relaciones inevitables con proyectos emblem&aacute;ticos realizados alrededor del mundo a lo largo de la &uacute;ltima d&eacute;cada. El BMW Welt de Coop Himmelb(l)au en M&uacute;nich (2001&#45;2007),<sup><a href="#nota">1</a></sup> la tienda Selfridges en Birmingham (<a href="/img/revistas/aiie/v34n101/html/a7f1.html" target="_blank">fig. 1</a>) dise&ntilde;ada por Future Systems (2003)<sup><a href="#nota">2</a></sup> o el museo Mercedes&#45;Benz de UNStudio en Stuttgart (2001&#45;2006)<sup><a href="#nota">3</a></sup> parecen empatar muy bien con algunas de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s representativas del edificio mexicano (forma, fachada y circulaciones).<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero adem&aacute;s de seguir la f&oacute;rmula a pie juntillas y de integrarse al espect&aacute;culo de la mediatizaci&oacute;n, el Soumaya participa de la misma ilusi&oacute;n a la que est&aacute; sometida la belleza publicitaria: perfecci&oacute;n &#151;&iquest;distorsi&oacute;n?&#151; a trav&eacute;s del retoque fotogr&aacute;fico (medi&aacute;tico). Las im&aacute;genes son editadas para mostrar una cuidadosa selecci&oacute;n de &aacute;ngulos fotog&eacute;nicos y de perfiles estudiados, que no permiten ver m&aacute;s que la majestuosidad de una piel de exquisita brillantez hexagonal (<a href="#f2">fig. 2</a>). Una vez que el museo es visitado, la percepci&oacute;n inicial &#151;construida a fuerza de imposici&oacute;n&#151; se transforma.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v34n101/a7f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al aproximarse al edificio por primera vez es imposible pasar por alto su situaci&oacute;n urbana. Localizado en una zona de especulaci&oacute;n inmobiliaria de r&aacute;pido crecimiento &#151;resultado de un antiguo sector industrial abandonado&#151;, el museo surge entre el desorden de v&iacute;as f&eacute;rreas, maquinaria para la construcci&oacute;n y nuevos complejos residenciales (<a href="#f3">fig. 3</a>). Se entiende como una condici&oacute;n transitoria, pero que contribuye, sin lugar a dudas, a desvanecer la presencia de su tan anhelado y caracter&iacute;stico contorno hiperb&oacute;lico.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v34n101/a7f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y no es el desorden en que est&aacute; sumergido lo que m&aacute;s sorprende, sino lo ajeno que parece ser al sitio. Desde antes de su conclusi&oacute;n, el Soumaya hab&iacute;a sido bautizado ya con ingeniosos sobrenombres alusivos a su peculiar silueta: el florero, el corpi&ntilde;o o el yunque; quiz&aacute; haya sido el intento de sus futuros usuarios por explicar de una manera m&aacute;s cercana aquello que parec&iacute;a (a&uacute;n lo hace) completamente fuera de lugar. Basta con visitar el museo un viernes cualquiera y transitar, vehicular o peatonalmente, de sur a norte por la avenida Ferrocarril de Cuernavaca, para percatarse de que el tianguis que se instala tradicionalmente ese d&iacute;a es m&aacute;s coherente con las condiciones sociales, culturales y econ&oacute;micas del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No por ello se quiere decir que no tengan cabida propuestas arquitect&oacute;nicas de vanguardia en una naci&oacute;n de tradiciones tan arraigadas como lo es M&eacute;xico &#151;a la larga, el tianguis terminar&aacute; sucumbiendo ante un <i>progreso inmobiliario</i> mal entendido&#151;, pero &iquest;no hubiera sido interesante, como reto arquitect&oacute;nico, procurar integrarse un poco m&aacute;s a su contexto inmediato en lugar de esperar a que sea &eacute;ste el que se adapte al agente extra&ntilde;o?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo, y de manera similar a la situaci&oacute;n del tianguis, el museo se encuentra en cercan&iacute;a un tanto alarmante a un par de tiendas de autoservicio &#151;una nacional y una estadounidense&#151; y al centro comercial que forma parte del mismo conjunto; a la distancia se puede percibir la esbelta figura del edificio custodiada por los logotipos de las tiendas. Al parecer, la exhibici&oacute;n de arte &#151;al convertirse tambi&eacute;n en un producto del espect&aacute;culo&#151; ha superado cualquier conflicto pasado en su relaci&oacute;n con los objetos de consumo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La decisi&oacute;n fue entonces la de ignorar el contexto, y como alguna estrategia se tiene que seguir, result&oacute; m&aacute;s sencillo seguir la de la imposici&oacute;n. As&iacute;, el recinto se ubica en la esquina m&aacute;s visible del conjunto CARSO y, tal como lo har&iacute;a cualquier pieza interior del museo, sube a un pedestal para convertirse en la incuestionable referencia. Sin embargo, ni su escala ni la de los edificios aleda&ntilde;os le hacen justicia: el Soumaya, a la distancia &#151;y debido a la proximidad con las otras edificaciones del conjunto&#151; pierde presencia y jerarqu&iacute;a. Elemento absorbido por la saturaci&oacute;n ambiental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya atra&iacute;dos al objeto destellante &#151;al pie de la escalinata que conduce a su &uacute;nica entrada&#151;, es inevitable voltear la mirada hacia arriba y sorprenderse con una fachada que se arquea, se endereza, se tuerce y flexiona (&iquest;sin causa?) en una proeza que involucra la deformaci&oacute;n individual de 16 000 hex&aacute;gonos de aluminio. La piel refleja y matiza los cambios de la luz natural a lo largo del d&iacute;a y preserva en su interior &#151;lejos de esa misma luz, lejos de su contexto&#151; una de las colecciones privadas de arte m&aacute;s grandes de Am&eacute;rica Latina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es as&iacute;: el edificio se cierra sobre s&iacute; mismo en un acto de completa indiferencia, mientras que los hex&aacute;gonos exteriores se limitan a reflejar de forma a&uacute;n m&aacute;s distorsionada el entorno descompuesto al que han decidido oponerse. "En el juego angustioso de un espejo frente a otro"<sup><a href="#nota">5</a></sup> se olvida cu&aacute;l de los dos tiene la raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ingreso ocurre sin mayor tr&aacute;mite. Un peque&ntilde;o orificio en la piel hexagonal &#151;quiz&aacute; tambi&eacute;n fuera de escala&#151;, una puerta giratoria, la revisi&oacute;n pertinente de seguridad y sin m&aacute;s, de s&uacute;bito, el visitante es empujado de nuevo al &uacute;tero materno; salvo que esta ocasi&oacute;n es de un blanco as&eacute;ptico y se encuentra ocupado ya por una de las versiones de <i>El pensador</i> de Rodin. A la inversa de lo que pasa en el exterior, el agente extra&ntilde;o, aqu&iacute;, es el visitante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de la estrechez del ingreso, el vest&iacute;bulo se abre en un espacio de alturas m&uacute;ltiples. A lo lejos, entre una rampa y una escalera, yace inerte su habitante uterino flotando en el blanco lechoso del contenedor casi vac&iacute;o. El &uacute;nico elemento que rompe la continuidad es una columna diagonal &#151;inclinada de izquierda a derecha al ingresar&#151; que atraviesa todas las alturas en un gesto de contrapeso compositivo (&iquest;equilibrio de g&eacute;nero?).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las opciones para realizar el recorrido son tres: o se procede a subir al siguiente nivel por las escaleras, o por la rampa o bien, como se recomienda, se toma el elevador hasta el pen&uacute;ltimo nivel, se asciende por otra rampa hasta el sexto &#151;a la sala emblema&#151; y despu&eacute;s se inicia el descenso por una serie de pendientes hasta llegar nuevamente al vest&iacute;bulo. Las circulaciones y su recorrido son inspiraci&oacute;n directa del paradigm&aacute;tico Guggenheim de Nueva York (1943&#45;1959)<sup><a href="#nota">6</a></sup> de Frank Lloyd Wright (1867&#45;1959) y quiz&aacute; tambi&eacute;n del mucho m&aacute;s reciente museo Mercedes&#45;Benz de UNStudio, pero el resultado &#151;al no ser una rampa continua&#151; es una especie de laberinto en espiral que proyecta flujos indirectos de circulaci&oacute;n sobre las galer&iacute;as de exhibici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el exterior no es posible adivinar la distribuci&oacute;n interior del Soumaya. Por su forma de hiperboloide hiperb&oacute;lico se intuye que las salas estar&aacute;n envueltas por las circulaciones verticales o, por el contrario, que las galer&iacute;as envolver&aacute;n un n&uacute;cleo vertical de circulaciones. No se trata de ninguno de los dos casos. Una rampa conecta con un extremo de cualquiera de las galer&iacute;as para que, en el extremo opuesto, otra contin&uacute;e el ascenso. De esta forma, es imposible ir de la sala 2 a la 4 sin tener que pasar por la exposici&oacute;n de la galer&iacute;a 3 (salvo que se tome el elevador). Esta distribuci&oacute;n de flujos genera esquinas sin uso, circulaciones cruzadas, andadores sin salida y galer&iacute;as fraccionadas a causa de la prolongaci&oacute;n virtual, a trav&eacute;s de ellas, de las circulaciones verticales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es m&aacute;s f&aacute;cil entender la arquitectura cuando &eacute;sta procura una narraci&oacute;n que otorgue coherencia a las decisiones espaciales, formales y funcionales realizadas. Si lo hace, la manera en que se resuelvan las circulaciones &#151;y otras tantas consideraciones&#151; pudiera (en ciertas circunstancias) pasar a un segundo plano; sin embargo, el museo Soumaya no relata nada. Sea la museograf&iacute;a &#151;o su ausencia&#151;, la elecci&oacute;n de piezas o la procesi&oacute;n espacial, no existe claridad en la historia que hila el escenario que antecede con el que precede.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;nico atisbo de sucesi&oacute;n l&oacute;gica espacial interior ocurre en los &uacute;ltimos dos niveles del recinto. En el extremo opuesto al ingreso de la sala 5, una &uacute;ltima rampa en semiespiral dirige al visitante &#151;en peregrinaci&oacute;n pausada&#151; a la galer&iacute;a principal: joya de la corona que m&aacute;s tarda en revelarse que en perder su brillo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sexta sala, bautizada Juli&aacute;n y Linda Slim &#151;en homenaje p&oacute;stumo a los padres del magnate&#151;, es de planta libre ocupada por un bosque de esculturas sembradas al azar y protegidas por una b&oacute;veda met&aacute;lica, por una cubierta industrial. La intenci&oacute;n final &#151;si es que alguna vez se puede hablar de una &uacute;nica intenci&oacute;n final en la arquitectura&#151; era crear un espacio radiante de luz natural filtrada por una cubierta en filigrana que servir&iacute;a como conclusi&oacute;n espacial o como deslumbrante inicio (seg&uacute;n se decida realizar el recorrido). Los &uacute;nicos testigos remanentes de estas intenciones son las im&aacute;genes conceptuales iniciales del proyecto y un modelo a escala del museo, realizado por la casa joyera Bvlgari, que se conserva en exposici&oacute;n en la sala 1 del edificio (<a href="#f4">fig. 4</a>). Museo que exhibe las aspiraciones reprimidas del mismo museo. Al llegar a este punto, no queda m&aacute;s que descender.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v34n101/a7f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute;, las relaciones espaciales y las elecciones formales pueden ser analizadas desde diferentes perspectivas y desde las tendencias m&aacute;s diversas. Resulta superfluo emitir un juicio de valor en momentos en los que tanto la opini&oacute;n especializada como la emp&iacute;rica encuentran resonancia discursiva, ya sea en los medios o en la calle. Sin embargo, hay otras consideraciones que con dificultad pueden pasar inadvertidas y que est&aacute;n vinculadas de forma directa con lo m&aacute;s elemental de la ejecuci&oacute;n de la obra. M&aacute;s all&aacute; del discurso formal, es conveniente tambi&eacute;n dirigir los reflectores a la maestr&iacute;a en el uso de la t&eacute;cnica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; dos de los aforismos m&aacute;s recurrentes en arquitectura sean "menos es m&aacute;s" <i>(less is more)</i> y "Dios est&aacute; en los detalles" (<i>God</i> <i>is in the details)</i><sup><a href="#nota">7</a></sup> En cualquiera de los casos, la sentencia se utiliza para referirse a la atenci&oacute;n que se debe procurar en todos los procesos que ocupan el arte. En el correcto cuidado y en la meticulosa dosificaci&oacute;n de los detalles es donde se refleja la calidad final de una obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y&nbsp;si bien "Dios est&aacute; en los detalles", el Soumaya parece que los olvid&oacute;. Desde antes de ingresar al museo es evidente la falta de atenci&oacute;n a los elementos que gu&iacute;an el camino: la escalinata de ingreso ha sido pobremente terminada, los barandales son endebles y la jardiner&iacute;a da la impresi&oacute;n de improvisaci&oacute;n. Esa delicada piel hexagonal, despu&eacute;s de ser examinada con mayor detenimiento, revela irregularidades propias de una instalaci&oacute;n apresurada. No es necesario ser experto ni aproximarse con lupa para percatarse de que los hex&aacute;gonos fueron colocados de manera desigual, peque&ntilde;as variantes que, en su suma, inhiben la posibilidad de alcanzar la espectacularidad de la perfecci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este caso, el m&aacute;ximo valor est&eacute;tico podr&iacute;a haberse obtenido mediante esa perfecci&oacute;n en su ejecuci&oacute;n; sin embargo, el museo sufre desde el inicio de la incapacidad de lograr precisi&oacute;n, regularidad y fineza. Por la elecci&oacute;n de sus materiales, acabados y colores es un edificio condenado a no envejecer, y, con todo, ya se pueden percibir los estragos de una edad que le ha sido heredada desde su confecci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y&nbsp;si en el exterior la complejidad del contexto llega a distraer de los problemas de ejecuci&oacute;n, en el interior la albura espacial los evidencia a&uacute;n m&aacute;s. Y otra vez en el vest&iacute;bulo, al subir por la rampa, es notorio c&oacute;mo la curvatura de pisos, muros y barandales sigue un trazo sinuoso, una l&iacute;nea intermitente que se revela por el contraste de la luz artificial que ba&ntilde;a los muros. La disposici&oacute;n de luces directas e indirectas sufre de la misma suerte y su sinuosidad se acent&uacute;a en los largos pasillos que con tr&aacute;nsito mon&oacute;tono &#151;al ser negada la vista al exterior&#151; conducen de una sala a la otra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero independientemente de que los muros est&eacute;n inacabados en su desplante o que en algunos casos se arqueen tanto que dificulten el libre paso y creen, a la par, espacios sin utilidad, existen cuatro faltas evidentes que saltan a la vista y que obedecen a diferentes factores. La primera se encuentra en relaci&oacute;n directa con el descuido de los detalles constructivos en obra: las columnas de acero, de todas las salas, exhiben los cortes y las costuras de la soldadura con que fueron unidas. Cada una muestra el rompecabezas que fue antes de su armado, piezas inconclusas apresuradas por la premura de la inauguraci&oacute;n, por la econom&iacute;a de la supervisi&oacute;n o por ambas. La segunda es una omisi&oacute;n de los detalles museogr&aacute;ficos y del cuidado y respeto que se debe procurar con cada obra: en la sala 4, la pintura <i>Pareja y ramo delante de una ventana</i> del franc&eacute;s Marc Chagall (1887&#45;1985) est&aacute; ubicada de forma contigua a un elevador; &iquest;es que la pieza &#151;cualquiera que se exponga&#151; debe ser disfrutada en los momentos que el ascensor permanezca cerrado? La tercera falta es program&aacute;tica y de soluci&oacute;n espacial: al igual que la anterior, en la sala 4, los sanitarios de mujeres tienen el acceso a pie de sala. Esto quiere decir que, al mismo tiempo que se aprecia cualquier pieza exhibida, se puede echar un vistazo al interior del tocador de damas. La cuarta, y &uacute;ltima, est&aacute; en relaci&oacute;n con lo que aparenta ser descuido en los detalles presupuestales: mientras que el sorprendente esqueleto que mostraba el Soumaya antes de su conclusi&oacute;n qued&oacute; sepultado en anodinas curvas blancas &#151;que hasta ahora han demostrado ser dif&iacute;ciles de mantener&#151; en el sexto y &uacute;ltimo piso, en la sala insignia, donde las esculturas de Rodin comparten protagonismo con las de Salvador Dal&iacute; (1904&#45;1989) &#151;&iquest;qu&eacute; justifica la uni&oacute;n Dal&iacute;&#45;Rodin?&#151;, la cubierta del museo Soumaya, una pieza que pudo ser elemento emblem&aacute;tico, se resolvi&oacute; con la misma t&eacute;cnica y calidad que una nave industrial com&uacute;n, con la salvedad de que en su centro un haz de luz lucha por esquivar toneladas de acero para tocar con timidez <i>Las tres sombras</i> de Rodin (1880), pieza central de la sala. M&aacute;s val&iacute;a haber dejado desnudo el torso acinturado del edificio, huesos expuestos mirando a la ciudad y la cabeza protegida, oculta, en se&ntilde;al de reflexiva contrici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin lugar a dudas, todo lo anterior son trivialidades, peque&ntilde;os errores que pierden importancia si se considera lo mucho que ofrece el recinto. Lo interesante es que estas faltas no se podr&iacute;an justificar en una escultura, en una pintura o incluso en la ejecuci&oacute;n de una pieza musical. Sin importar el arte, su escala o su medio de expresi&oacute;n: "Dios est&aacute; en los detalles".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es as&iacute; como, en una naci&oacute;n donde los s&iacute;mbolos de bienestar, estabilidad y excelencia son cada vez m&aacute;s ilusiones precarias, el museo Soumaya aparece como un destello de cruda realidad que pone en evidencia todas las carencias, anhelos y pretensiones de una poblaci&oacute;n inmersa en los procesos de creciente desigualdad global. Y no hay forma de apuntar culpas &#151;ni de eso se trata&#151;, pero de un museo de la talla que el espect&aacute;culo publicitario est&aacute; vendiendo se espera m&aacute;s. Es corto e imprudente asumir que el arquitecto Fernando Romero y su equipo &#151;autores de la obra&#151; son los &uacute;nicos responsables de los aciertos y los errores que el edificio pueda tener; as&iacute; como es inocente pensar que la gratuidad para los visitantes compensa las faltas en la calidad arquitect&oacute;nica. Al fin y al cabo, el museo Soumaya pertenece a la red empresarial del magnate m&aacute;s acaudalado del mundo y en su interior, al ofertar sus productos, lo hace patente (recuerdo constante del consumo al que los usuarios &#151;y ahora la colecci&oacute;n Slim&#151; est&aacute;n sometidos).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; el mayor error de todos: en que el propietario, el arquitecto, los medios y el p&uacute;blico sigamos considerando esta franquicia un museo. Un museo se preocupa por la calidad de su colecci&oacute;n y de su espacio, por la narraci&oacute;n y la secuencia expositivas, por la conservaci&oacute;n, la difusi&oacute;n y la educaci&oacute;n y, sobre todas las cosas, por el respeto dial&eacute;ctico entre exhibici&oacute;n y exhibidor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Nuevo Soumaya es una pieza arquitect&oacute;nica digna de colecci&oacute;n, es un reto y una provocaci&oacute;n para la arquitectura mexicana, es incluso una buena forma de acercar el arte al p&uacute;blico que no est&aacute; acostumbrado o que no tiene f&aacute;cil acceso a &eacute;l; pero, con todo, el Nuevo Soumaya no es un museo. El tan publicitado edificio es, en el mejor de los casos, una galer&iacute;a privada con las puertas abiertas; s&oacute;lo as&iacute; es como se justifica el capricho de su exhibici&oacute;n, de su forma, de su funci&oacute;n y de su ejecuci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, la falta sustancial yace en el t&iacute;tulo y no en el medio. Como museo, el Soumaya tendr&iacute;a que comprometerse mucho m&aacute;s en la satisfacci&oacute;n de los est&aacute;ndares que otros museos, en la misma ciudad de M&eacute;xico, ya han establecido; pero como galer&iacute;a privada, es una magn&iacute;fica aportaci&oacute;n arquitect&oacute;nica que, sin mayor tr&aacute;mite, se incorpora a los m&uacute;ltiples iconos edilicios de la ciudad y que, sobre todo, no necesita justificaci&oacute;n ante sus decisiones. S&oacute;lo as&iacute;, al desmitificar el mote impuesto y al tratar de resarcir la inflaci&oacute;n medi&aacute;tica del proyecto, el Nuevo Soumaya &#151;galer&iacute;a&#151; ni pretende ni amenaza ni miente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;<a href="http://www.coop-himmelblau.at/" target="_blank">http://www.coop&#45;himmelblau.at/</a> (consultado en marzo de 2012).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;<a href="http://amandalevetearchitects.com/portfolio/selfridges/" target="_blank">http://amandalevetearchitects.com/portfolio/selfridges/</a> (consultado en marzo de 2012).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;<a href="http://www.unstudio.com/projects/mercedes-benz-museum/" target="_blank">http://www.unstudio.com/projects/mercedes&#45;benz&#45;museum/</a> (consultado en marzo de 2012).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.&nbsp;Sin incluir la semejanza, por dem&aacute;s evidente, que el arquitecto del museo Soumaya, Fernando Romero, propuso para el proyecto Hito Hiperb&oacute;lico para las Olimpiadas de Pek&iacute;n 2008.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. Xavier Villaurrutia, "Nocturno en que nada se oye", fragmento en <i>Nostalgia de la muerte. Poemas y teatro,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica (Tezontle), 2006, p. 53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=796759&pid=S0185-1276201200020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. Periodo de 16 a&ntilde;os que incluye los procesos de dise&ntilde;o y construcci&oacute;n. <i>Keeping Faith with an Idea. A Time Line of the Guggenheim Museum (1943&#45;59),</i> sitio oficial del Museo Guggenheim de Nueva York: <a href="http://web.guggenheim.org/timeline/index.html" target="_blank">http://web.guggenheim.org/timeline/index.html</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=796761&pid=S0185-1276201200020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Aunque ambos se atribuyen con frecuencia al arquitecto alem&aacute;n Ludwig Mies van der Rohe (1886&#45;1969), sus or&iacute;genes pueden ser rastreados tiempo atr&aacute;s. En el caso del segundo, el escritor franc&eacute;s Gustave Flaubert (1821&#45;1880) acu&ntilde;&oacute; la frase "le bon Dieu est dans le d&eacute;tail", mientras que el historiador de arte Aby Warburg (Hamburgo, 1866&#45;1929) hac&iacute;a uso de la versi&oacute;n germana "Der liebe Gott steckt im Detail".</font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Villaurrutia]]></surname>
<given-names><![CDATA[Xavier]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Nocturno en que nada se oye]]></article-title>
<source><![CDATA[Nostalgia de la muerte. Poemas y teatro]]></source>
<year>2006</year>
<page-range>53</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[Keeping Faith with an Idea. A Time Line of the Guggenheim Museum (1943-59)]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Museo Guggenheim]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
