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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>
	    <p align="justify">&nbsp;</p>
	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Memorias, </i>Balthus</b></font></p>
    <p align="center">&nbsp;</p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Iv&aacute;n Ruiz</b></font></p>

    <p align="center">&nbsp;</p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Edici&oacute;n de Alain Vircondelet, trad. Juan Vivanco, Barcelona, Lumen, 2002 (Memorias), 252 pp., ils.</b></font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ejercicio de la pintura, as&iacute; como el de la escritura y el de otras disciplinas art&iacute;sticas, comporta, necesariamente, la puesta en marcha o la ejecuci&oacute;n de un proceso. &Eacute;ste se refiere tanto a la relaci&oacute;n externa que se establece entre el pintor y su obra, como a la relaci&oacute;n interna que se manifiesta entre los elementos que componen a la pintura en s&iacute; misma (cada una de estas articulaciones se encuentra ubicada en dimensiones distintas). Independientemente de las teor&iacute;as o metodolog&iacute;as con que se aborde cada una de estas relaciones (ll&aacute;mese fenomenolog&iacute;a de la percepci&oacute;n, historia del arte, semi&oacute;tica, hermen&eacute;utica, etc.) es innegable que, debido a su car&aacute;cter de proceso, tanto la relaci&oacute;n externa como la interna son el resultado de una tensi&oacute;n espacio&#45;temporal. Por una parte &#151;recurriendo a una reflexi&oacute;n de la fenomenolog&iacute;a del cuerpo&#151; se pone en escena la tensividad que se engendra entre la fuerza de la mano del pintor y el brochazo que &eacute;sta genera (lo que David Sylvester, a prop&oacute;sito de Picasso, denomin&oacute; <i>the brutality of fact</i>):<i><sup><a name="n1b"></a></sup></i><sup><a href="#n1a">1</a></sup> la distancia que se interpone entre la mano y el lienzo y el ritmo con que se ejecuta la acci&oacute;n &#151;una cuesti&oacute;n muy particular del <i>action painting.</i> Por otra parte, tenemos la significaci&oacute;n que se va estructurando a partir de la disposici&oacute;n espacial entre cada uno de los elementos pict&oacute;ricos y, por consecuencia, el ritmo temporal que deja a su paso esa misma espacialidad.</font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas especulaciones, que pueden ser caracter&iacute;sticas del ejercicio pl&aacute;stico de artistas como Pollock, Motherwell o el propio Picasso, son, curiosamente, el tema recurrente de las reflexiones personales de Balthus. Remarco este aspecto de asombro, ya que por todos es conocida tanto la negaci&oacute;n de este pintor franc&eacute;s por revelar detalles autobiogr&aacute;ficos, como el rechazo sistem&aacute;tico a cualquier tipo de interpretaci&oacute;n de sus cuadros; especialmente, a la serie de pinturas cuyo <i>leitmotiv</i> lo constituye una adolescente en estado de transici&oacute;n o, como &eacute;l mismo lo denomin&oacute;, en el momento de un <i>pasaje\</i> "Lo que yo quer&iacute;a pintar era el secreto del alma y la tensi&oacute;n oscura y a la vez luminosa de su capullo a&uacute;n sin abrir del todo. El pasaje, podr&iacute;a decirse, s&iacute;, eso es, el pasaje. Ese momento indeciso y turbio en el que la inocencia es total y enseguida dar&aacute; paso a otra edad m&aacute;s determinada, m&aacute;s social."</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro que da a conocer la editorial Lumen en castellano &#151;del cual extrajimos la cita anterior&#151;, titulado <i>Memorias</i><sup><a name="n2b"></a><a href="#n2a">2</a></sup> es una exposici&oacute;n contundente del pensamiento y de la formaci&oacute;n pl&aacute;stica, literaria y filos&oacute;fica de Balthus y, a la vez, puede considerarse tambi&eacute;n un "tratado de pintura" que, a modo de meditaciones cortas, pone en escena y cuestiona a la pintura en su condici&oacute;n de proceso: por un lado, expone la relaci&oacute;n entre el pintor y su obra y, por otro, la correlaci&oacute;n que se establece entre cada uno de los elementos que componen a la pintura: la luz, el color, la figura, la sombra, el espacio, entre otros.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este singular tratado de pintura de Balthus, en tanto que expone una mirada cr&iacute;tica, enjuiciante, sobre el proceso pl&aacute;stico, revela al mismo tiempo la subjetividad de ese sujeto que mira, observa y medita frente al cuadro; en otras palabras, de un sujeto que, afectado ante la obra de arte, asume un estado de pasividad que no implica negatividad, sino, por el contrario, un acto positivo: la posibilidad de dialogar con el cuadro, de "entrar" en &eacute;l. Nos dice Balthus: "Hay que aprender a atisbar la luz. Sus inflexiones. Susfugas y sus filtraciones. Por la ma&ntilde;ana, despu&eacute;s del desayuno, despu&eacute;s de leer el correo, informarse sobre el estado de la luz. Saber si es posible pintar hoy, si el avance en el misterio del cuadro ser&aacute; profundo. Si la luz del estudio ser&aacute; buena para penetrar en &eacute;l."<sup><a name="n3b"></a><a href="#n3a">3</a></sup> El car&aacute;cter instructivo que se advierte en las memorias de Balthus (especialmente en este tipo de declaraciones), m&aacute;s que emparentarse con aquellas que Leonardo expone en su <i>Tratado de pintura,</i> intenta hacer evidente otro aspecto referido al v&iacute;nculo que se establece entre un sujeto (un observador, un pintor, un espectador) y una obra de arte: la experiencia est&eacute;tica, aquella que se refiere &#151;remiti&eacute;ndonos a la etimolog&iacute;a del vocablo "est&eacute;tica"&#151;<sup><a name="n4b"></a><a href="#n4a">4</a></sup> a la <i>estesia,</i> a lo sentido, al universo de la percepci&oacute;n y de los sentidos.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">He aqu&iacute;, entonces, una de las lecturas m&aacute;s complejas e interesantes que es posible hacer de estas memorias: considerar las meditaciones cortas de un pintor como un peque&ntilde;o tratado de est&eacute;tica. Veamos, <i>grosso modo,</i> c&oacute;mo Balthus, a la vez que puede reflexionar objetivamente sobre la creaci&oacute;n pl&aacute;stica (los juicios contundentes que emite sobre la pintura de Poussin, de Bacon, de Mondrian o acerca del trabajo escult&oacute;rico de Giacometti), tiene la capacidad de mostrarse como un sujeto pasional, afectado y desbordado por los efectos de sentido de la pintura misma.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la introducci&oacute;n a este "peque&ntilde;o tratado de est&eacute;tica", Vircondelet nos recuerda que, de acuerdo con el propio Balthus, estas memorias deb&iacute;an ser entendidas como "lecciones de vida". &iquest;Qu&eacute; nos quiere hacer comprender o hacer ver este artista solitario, recluido del universo de las vanguardias y del mundo mismo? El conjunto de estas memorias, en cuanto testimonio y testamento de un pintor que transit&oacute; por la mayor parte del siglo XX (de ascendencia polaca, naci&oacute; en Par&iacute;s en 1908 y muri&oacute; en Rossini&egrave;re en 2001), constituye, precisamente, la reflexi&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima y m&aacute;s madura de un pintor que experiment&oacute;, por decisi&oacute;n propia, el <i>exilio</i> y, por oposici&oacute;n al ritmo acelerado de las vanguardias, la <i>lentitud.</i> Estas dos cualidades &#151;aislamiento y lentitud&#151; constituyen la competencia de Balthus como pensador y como artista pl&aacute;stico. Por un lado, le permiten reflexionar sobre la pintura contempor&aacute;nea y revalorar a los cl&aacute;sicos ("&iexcl;Hay que volver a la lentitud de Giotto, a la exactitud de Masaccio, a la precisi&oacute;n de Poussin!")<sup><a name="n5b"></a><a href="#n5a">5</a></sup> y, por otro, plantearse a s&iacute; mismo en cuanto sujeto que acepta una determinada supremac&iacute;a de la pintura, pero que sabe trabajar con ella:</font></p>
    <blockquote>
          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">pintar es un estado de gracia. No entras impunemente en la pintura. Tienes que ser digno de ella. Tienes que aceptar el mandato sagrado, que te obliga. Tienes que olvidarte de ti mismo. Limitarte a o&iacute;r el ruido sordo, seco y suave a la vez del pincel en el lienzo tenso como un tambor, y darle luz. La exigencia es &uacute;nica, insaciable, tir&aacute;nica.<sup><a name="n6b"></a><a href="#n6a">6</a></sup></font></p>
</blockquote>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; sean estos dos aspectos tan inusuales en el mundo del arte contempor&aacute;neo (la reclusi&oacute;n, la lentitud) los que, al pensar y tratar de comprender la po&eacute;tica de la pintura de Balthus, relacionan estas lecciones con otro proyecto de vida que, si bien no est&aacute; inscrito en el terreno de las artes pl&aacute;sticas, se plantea desde los mismos par&aacute;metros est&eacute;ticos. Un a&ntilde;o despu&eacute;s de que se publicaron en Espa&ntilde;a las <i>Memorias</i> de Balthus, en Argentina se emprendi&oacute; el proyecto de traducir los tres cursos que Roland Barthes dict&oacute; en el Coll&egrave;ge de France (1977&#45;1980), precisamente antes de su muerte. El primer curso, titulado <i>C&oacute;mo vivir juntos,<sup><a name="n7b"></a><a href="#n7a">7</a></sup></i> se dedica a explorar los distintos modos de la vida comunitaria, destacando el aislamiento, el exilio y la soledad.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amante de los neologismos, en este curso Barthes se dedica a explicar, con extraordinaria precisi&oacute;n filol&oacute;gica, lo que &eacute;l considera su propio fantasma: la <i>idiorritmia,</i> palabra formada a partir del griego <i>idios</i> (propio, particular) y <i>rhythm&oacute;s</i> (ritmo). La idiorritmia ser&iacute;a, entonces, el "ritmo propio" que se opone al ritmo de los dem&aacute;s. Barthes lo explica con una an&eacute;cdota personal:</font></p>

	    <blockquote>
	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde mi ventana (1&deg; de diciembre de 1976), veo a una madre llevando a su hijo de la mano y empujando el cochecito vac&iacute;o delante de ella. Iba imperturbable, a su paso, el chico estaba tironeado, sacudido, obligado a correr todo el tiempo, como un animal o una v&iacute;ctima sadiana a la que castigan. Ella va a su ritmo, sin saber que el ritmo del chico es otro &#91;Precisi&oacute;n oral: Al poner juntos dos ritmos diferentes se crean profundas perturbaciones&#93;.<sup><a name="n8b"></a><a href="#n8a">8</a></sup></font></p>
</blockquote>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es evidente que la idiorritmia que defiende Barthes consiste en una desaceleraci&oacute;n de la velocidad temporal; el tiempo es visto en su car&aacute;cter de <i>tempo.</i> Por su parte, la po&eacute;tica de vida de Balthus tambi&eacute;n exige, frente a una aceleraci&oacute;n de la experiencia est&eacute;tica en el arte contempor&aacute;neo (el ritmo vertiginoso de las novedades, la premeditaci&oacute;n de los juicios est&eacute;ticos, el esnobismo,<sup><a name="n9b"></a><a href="#n9a">9</a></sup> etc.), una <i>desaceleraci&oacute;n;</i> de ah&iacute; que &eacute;l mismo considere que el acto de meditaci&oacute;n frente a sus pinturas constituye un verdadero avance en el cuadro: "a veces aqu&iacute;, en la Rossini&egrave;re, en mi estudio, me basta con meditar delante del cuadro sin terminar, pasar la mano, a&ntilde;adir una simple pincelada para que me sienta satisfecho del avance, del progreso del lienzo. Arte de la lentitud, en la que sin embargo la obra avanza".<sup><a name="n10b"></a><a href="#n10a">10</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;No es entonces una "pintura idiorr&iacute;tmica" la de Balthus, una obra en la que el artista no le impone su ritmo, sino que deja que la obra manifieste el que le es propio?</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; tambi&eacute;n este v&iacute;nculo Balthus&#45;Barthes est&eacute; afianzado, adem&aacute;s de una pasi&oacute;n por la idiorritmia y por la presencia inminente de la muerte que se advierte tanto en las <i>Memorias</i> como en los tres cursos del Coll&egrave;ge de France y en <i>La c&aacute;mara l&uacute;cida</i> (1980), en esa necesidad por percibirse como <i>sujetos est&eacute;ticos,</i> apasionados; de ah&iacute; que el gran proyecto de Barthes sea el de una "semiolog&iacute;a pasional", capaz de estudiar c&oacute;mo los afectos se manifiestan y provocan transformaciones sustanciales en la lengua, en el discurso y en la vida cotidiana. Por su parte, Balthus lo precisa de modo contundente: "En el fondo s&oacute;lo he tenido esa vida. Quienes pensaban que me dedicaba a crear leyendas estar&aacute;n decepcionados. Lo &uacute;nico que hay es una vida, la historia de un pintor frente a su cuadro, su lucha y su esfuerzo diario por dilucidar las cosas, por entender m&aacute;s." <sup><a name="n11b"></a><a href="#n11a">11</a></sup> Ante esta lecci&oacute;n est&eacute;tica, Barthes responder&iacute;a, en el umbral de su muerte, que, en efecto, "la vida est&aacute; hecha as&iacute;, a base de peque&ntilde;as soledades".<sup><a name="n12b"></a><a href="#n12a">12</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las <i>Memorias</i> de Balthus, por lo tanto, no s&oacute;lo constituyen un excelente testimonio acerca de uno de los pintores m&aacute;s complejos del siglo XX y del contexto cultural en el que se desarroll&oacute;, sino tambi&eacute;n, como &eacute;l mismo lo destac&oacute;, un testamento, una serie de lecciones de vida que, a pesar de todas las referencias cristianas que las circundan (Balthus nos dice: "Tienes que superar tu abatimiento, tu sufrimiento, tus dudas, para dedicarte a la tarea inmensa, al bautismo que es la pintura, esa inmersi&oacute;n en la belleza de Dios"),<sup><a name="n13b"></a><a href="#n13a">13</a></sup> pueden ser consideradas como las revelaciones est&eacute;ticas de un pintor apasionado, aprisionado y cr&iacute;tico ac&eacute;rrimo de su pintura, de <i>la</i> pintura.</font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. "La brutalidad del hecho" es la concepci&oacute;n con la cual Michel Leiris, a partir de una apropiaci&oacute;n de la fenomenolog&iacute;a de la percepci&oacute;n, reflexiona sobre la obra pl&aacute;stica de Bacon. <i>Cf. Francis Bacon ou la brutalit&eacute; du fait,</i> Par&iacute;s, Seuil (L'Ecole des lettres), 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=762087&pid=S0185-1276200400010001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2a"></a><a href="#n2b">2</a>. Traducci&oacute;n del libro en franc&eacute;s: <i>M&eacute;moires de Balthus,</i> Par&iacute;s, Editions du Rocher, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=762089&pid=S0185-1276200400010001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Estas memorias son el resultado de diversas conversaciones que, en el transcurso de dos a&ntilde;os, Alain Vircondelet mantuvo con Balthus en su chalet de Rossini&egrave;re, en Suiza. Desafortunadamente y a pesar de que el pintor deseaba que sus memorias se publicasen antes de su muerte (acontecida en febrero de 2001), &eacute;stas aparecieron despu&eacute;s del suceso, motivo por el cual Vircondelet asumi&oacute; la tarea de edici&oacute;n del texto final. Tenemos que considerar, por lo tanto, que estas memorias, aunque se exponen como "composiciones fieles" de los dictados de Balthus, se encuentran mediadas por la mirada de Vircondelet.</font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3a"></a><a href="#n3b">3</a>. Balthus, <i>Memorias,</i> edici&oacute;n de Alain Vircondelet, trad. Juan Vivanco, Barcelona, Lumen, 2002, p. 17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=762091&pid=S0185-1276200400010001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n4a"></a><a href="#n4b">4</a>. Del griego <i>aisth&#45;tik&#45;,</i> femenino de <i>aisth&#45;tik&oacute;s,</i> "de las percepciones de los sentidos; de las cosas perceptibles". Guido G&oacute;mez de Silva, <i>Breve diccionario etimol&oacute;gico de la lengua espa&ntilde;ola,</i> 2a edici&oacute;n, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico/Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1998, p. 279 (entrada: "est&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=762093&pid=S0185-1276200400010001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->tica").</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n5a"></a><a href="#n5b">5</a>. <i>Ibid.,</i> p. 85.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n6a"></a><a href="#n6b">6</a>. <i>Ibid.,</i> p. 188.</font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n7a"></a><a href="#n7b">7</a>. Roland Barthes, <i>C&oacute;mo vivir juntos: simulaciones novelescas de algunos espacios cotidianos (notas de cursos y seminarios en el Coll&egrave;ge de France, 1976&#45;1977),</i> trad. Patricia Wilson, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=762097&pid=S0185-1276200400010001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n8a"></a><a href="#n8b">8</a>. <i>Ibid.,</i> p. 52.</font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n9a"></a><a href="#n9b">9</a>. Al respecto, Balthus recuerda el inter&eacute;s que Picasso ten&iacute;a tanto por su figura como por su obra pl&aacute;stica: "Mi vida empez&oacute; con la pobreza absoluta. Con la exigencia con uno mismo. Con ese af&aacute;n. Recuerdo mis d&iacute;as solitarios en el estudio de la calle Furstenberg. Conoc&iacute; a Picasso, a Braque, les ve&iacute;a a menudo. Sent&iacute;an mucha simpat&iacute;a hacia m&iacute;. Hacia el hombre peculiar que era yo, diferente, bohemio e ind&oacute;mito. Picasso ven&iacute;a a verme. Me dec&iacute;a: 'Eres el &uacute;nico de los pintores de tu generaci&oacute;n que me interesa. Los dem&aacute;s quieren ser como Picasso. T&uacute; no'. El estudio estaba encaramado en un quinto piso. Hab&iacute;a que tener ganas para ir a verme. Era un lugar extra&ntilde;o, yo viv&iacute;a apartado del mundo, enfrascado en mi pintura." Balthus, <i>op. cit.,</i> pp. 23&#45;24.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n10a"></a><a href="#n10b">10</a>. <i>Ibid</i>., p. 103.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n11a"></a><a href="#n11b">11</a>. <i>Ibid.,</i> p. 228.</font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n12a"></a><a href="#n12b">12</a>. Roland Barthes, <i>La c&aacute;mara l&uacute;cida: nota sobre la fotograf&iacute;a,</i> trad. Joaquim Sala&#45;Sanahuja, Barcelona, Paid&oacute;s, 1989, p. 29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=762103&pid=S0185-1276200400010001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n13a"></a><a href="#n13b">13</a>. Balthus, <i>op. cit.,</i> p. 144.</font></p>
     ]]></body><back>
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