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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Traza española, ropaje indiano. El Cristo de Telde y la imaginería en caña de maíz / Imaginería michoacana en caña de maíz]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Traza espa&ntilde;ola, ropaje indiano. El Cristo de Telde y la imaginer&iacute;a en ca&ntilde;a de ma&iacute;z    <br> 	</i>Pablo F. Amador Marrero</b></font>    <br> 	<font face="verdana" size="3"><b>Ayuntamiento de Telde, 2002</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b><i>Imaginer&iacute;a michoacana en ca&ntilde;a de ma&iacute;z    <br> </i>Sof&iacute;a Irene Velarde Cruz    <br> </b></font><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Conaculta, 2003</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><font face="verdana" size="4"><b><i>Traza espa&ntilde;ola, ropaje indiano. El Cristo de Telde y la imaginer&iacute;a en ca&ntilde;a de ma&iacute;z</i></b></font> / <font face="verdana" size="4"><b><i>Imaginer&iacute;a michoacana en ca&ntilde;a de ma&iacute;z</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Mar&iacute;a del Consuelo Maqu&iacute;var</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pur&eacute;pechas o tarascos de Michoac&aacute;n legaron al mundo del arte una t&eacute;cnica extraordinaria, que fue muy apreciada y demandada por los europeos, no s&oacute;lo en la Nueva Espa&ntilde;a, sino m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras, hasta la misma sede del rey; me refiero a la escultura en pasta de ca&ntilde;a de ma&iacute;z. A pesar de la importancia que estos trabajos tuvieron, no s&oacute;lo desde el punto de vista art&iacute;stico, sino de la trascendencia que signific&oacute; su extensa exportaci&oacute;n durante los tres siglos del virreinato, poco, muy poco se ha escrito sobre estas im&aacute;genes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores, Sof&iacute;a Irene Velarde, mexicana de Michoac&aacute;n, y Pablo Amador, espa&ntilde;ol de las Islas Canarias, abordan este asunto bajo su particular visi&oacute;n y, sobre todo, bajo su personal formaci&oacute;n acad&eacute;mica: la historia y la restauraci&oacute;n. Como es de suponerse, ambos investigadores tienen puntos de vista coincidentes, ya que trabajan sobre las im&aacute;genes mexicanas, tanto las que se localizan en nuestro pa&iacute;s como las que salieron para Espa&ntilde;a durante el virreinato; tambi&eacute;n, los dos aportan noticias que contribuyen al mejor conocimiento de este arte escult&oacute;rico tan peculiar y desconocido todav&iacute;a para algunos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n asientan las cr&oacute;nicas novohispanas, fueron los misioneros que evangelizaron la regi&oacute;n los primeros que impulsaron a los ind&iacute;genas a continuar utilizando la t&eacute;cnica heredada de sus antepasados. De esta manera, mientras los naturales les ense&ntilde;aban a los espa&ntilde;oles una nueva t&eacute;cnica escult&oacute;rica, &eacute;stos inculcaban la nueva religi&oacute;n y con ella una nueva iconograf&iacute;a religiosa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pronto estos trabajos despertaron la admiraci&oacute;n de los mismos europeos, tal como lo menciona el agustino fray Mat&iacute;as de Escobar en la <i>Americana Thebaida</i> : "Se paga tanto el Se&ntilde;or de ver consagradas aquellas ca&ntilde;as en im&aacute;genes suyas, que quiere obrar por ellas las mayores maravillas, en prueba de lo mucho que le agradan aquellos soberanos bultos fabricados de las ca&ntilde;as."<sup><a name="n1b"></a><a href="#n1a">1</a></sup> Tambi&eacute;n un franciscano, fray Jer&oacute;nimo de Mendieta, alab&oacute; la factura de estas im&aacute;genes que fueron tan cotizadas en la pen&iacute;nsula: "Como llevan tambi&eacute;n &#91;se refiere a Espa&ntilde;a&#93; los crucifijos huecos de ca&ntilde;a, que siendo de la corpulencia de un hombre muy grande, pesan tan poco, que los puede llevar un ni&ntilde;o y tan perfectos, proporcionados y devotos &#91;...&#93;."<sup><a name="n2b"></a><a href="#n2a">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a los artistas que ejecutaron estas obras, es muy posible que, conforme llegaron los escultores europeos a estas tierras, algunos debieron entusiasmarse con la nueva t&eacute;cnica y se dieran a la tarea de aprenderla de los propios ind&iacute;genas. As&iacute; fue que elaboraron im&aacute;genes en las que se combin&oacute; la manufactura ind&iacute;gena, especialmente en cuanto al soporte y el modelado, y la tradici&oacute;n europea, con respecto a los modelos y la t&eacute;cnica de la policrom&iacute;a. Por otra parte, resulta interesante comentar que este material no aparece mencionado en ninguna de las ordenanzas novohispanas expedidas para los escultores,<sup><a name="n3b"></a><a href="#n3a">3</a></sup> lo cual hace pensar en la posibilidad de que, especialmente durante el siglo XVI, estas im&aacute;genes se hayan trabajado en los talleres conventuales dirigidos por los frailes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A prop&oacute;sito de los artistas, tanto Pablo Amador como Sof&iacute;a Velarde mencionan &#151;como ya lo hab&iacute;an hecho los investigadores que les antecedieron&#151; a los de La Cerda como los primeros que hicieron Cristos de ca&ntilde;a; sin embargo, especialmente Velarde aporta nueva y valiosa informaci&oacute;n. Dedica un apartado al origen de Mat&iacute;as, el primero de la dinast&iacute;a, y recuerda que tradicionalmente se ha dicho que Vasco de Quiroga lo mand&oacute; traer de Espa&ntilde;a: "Sabemos que Mat&iacute;as contrajo matrimonio con una ind&iacute;gena del lugar y que ambos procrearon un hijo mestizo de nombre Luis." Utiliza las fuentes tradicionales de los cronistas, as&iacute; como los estudios contempor&aacute;neos, para hablar de la descendencia del escultor y explica las diversas confusiones que se han suscitado entre los escultores y dos pintores del mismo apellido, Juan y Manuel. Tambi&eacute;n se refiere a los caciques ind&iacute;genas que aparecen retratados en un lienzo del siglo XVII, Mateo y Antonio de la Cerda, fundadores de la iglesia de Cozamaluapan. Lo cierto es, como la autora bien dice, que faltan por aclararse muchas dudas con respecto a estos artistas, e incluso piensa en la posibilidad de que se trate de dos familias diferentes; reflexiones que nos invitan a continuar investigando sobre el tema.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muy cotizadas fueron estas esculturas por los conquistadores y religiosos, de tal forma que, desde el siglo XVI, salieron para Espa&ntilde;a cantidad de ellas y, como dice Pablo Amador Marrero: "se encuentran repartidas por toda su geograf&iacute;a".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a las ventajas que ten&iacute;a la novedosa t&eacute;cnica prehisp&aacute;nica sobre la acostumbrada talla en madera que practicaban los espa&ntilde;oles, bien sabemos que lo m&aacute;s atractivo para ellos fue el poco peso de las esculturas. La pasta de ca&ntilde;a les permit&iacute;a ejecutar im&aacute;genes de grandes dimensiones cuya ligereza facilitaba su traslado en las procesiones. Prueba de lo anterior es la tradici&oacute;n que se&ntilde;ala Amador respecto a las "bajadas" del Cristo de Telde: consisten en descender la imagen de su retablo barroco y sacarla en procesi&oacute;n para llevar a cabo ciertas rogativas o para celebrar anualmente su fiesta el mes de septiembre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este investigador inicia su libro con una interesante relaci&oacute;n de las obras que atravesaron el Atl&aacute;ntico, de la Nueva Espa&ntilde;a a las Islas Canarias. Dice que "Fue la devoci&oacute;n de los emigrantes canarios la causante de que la arribada de la mayor&iacute;a de las piezas americanas conservadas en las Islas sean de car&aacute;cter sacro." Afirma tambi&eacute;n que las primeras importaciones art&iacute;sticas fueron precisamente los Cristos de ca&ntilde;a y entre ellos destaca la imagen del altar mayor de la iglesia de San Juan en Telde, sobre la que basa su estudio. Comenta que, por lo que se ha investigado en los archivos espa&ntilde;oles, esta escultura lleg&oacute; alrededor de 1555 y desde entonces recibe el culto de los piadosos canarios.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Considero que la mayor aportaci&oacute;n de este autor es el minucioso an&aacute;lisis que presenta sobre la manufactura de estas esculturas y reconoce los estudios de tres investigadores mexicanos: Abelardo Carrillo y Gariel, quien en 1949 public&oacute; sus hallazgos sobre la restauraci&oacute;n del Cristo de Mexicalzingo, as&iacute; como los trabajos m&aacute;s recientes de Andr&eacute;s Estrada Jasso y Rolando Araujo. Lo anterior lo lleva a decir que "las restauraciones, tanto europeas como americanas, son las que arrojan mayor cantidad de datos fehacientes sobre las diferentes t&eacute;cnicas en las que se realizaron durante varias centurias esta tipolog&iacute;a de im&aacute;genes". Efectivamente, ha sido a trav&eacute;s de este tipo de estudios que se ha conocido realmente c&oacute;mo se ejecutaban estas obras; de otra manera, a simple vista, no se hubieran logrado desentra&ntilde;ar los "secretos" constructivos de estas esculturas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor espa&ntilde;ol presenta las diversas formas de utilizar los materiales que constitu&iacute;an los soportes de las im&aacute;genes, as&iacute; como tambi&eacute;n menciona los adhesivos m&aacute;s frecuentes. Corrobora el uso de moldes para los Cristos, como ya lo hab&iacute;a narrado el cronista agustino Mat&iacute;as de Escobar, y dice que este fraile seguramente fue testigo de la ejecuci&oacute;n de alguna de estas im&aacute;genes; de ah&iacute; que Amador sostenga, con justa raz&oacute;n, que lo que se ten&iacute;a como hip&oacute;tesis, ya se pudo confirmar sin duda alguna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dibujos y las fotograf&iacute;as del libro de Pablo Amador son esenciales para comprender mejor los trabajos realizados y los importantes hallazgos que se dieron en la imagen de Telde. Cabe destacar que, adem&aacute;s de los an&aacute;lisis qu&iacute;micos que se hacen com&uacute;nmente de la policrom&iacute;a, este investigador tambi&eacute;n utiliz&oacute; otros m&eacute;todos modernos, como la endoscopia cl&iacute;nica y los rayos X, los cuales aportaron importante informaci&oacute;n sobre la manufactura, los materiales utilizados y las anteriores intervenciones que hab&iacute;a sufrido la imagen. Gracias a estos m&eacute;todos, se pudo corroborar el empleo de diversos tipos de papel, entre los que hay que destacar algunos fragmentos de c&oacute;dices, los que, seg&uacute;n explica el investigador hispano, pertenecen al centro de M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Sof&iacute;a Velarde principia su libro con una acuciosa revisi&oacute;n hist&oacute;rica sobre la regi&oacute;n de Michoac&aacute;n, desde la &eacute;poca prehisp&aacute;nica hasta la evangelizaci&oacute;n. Vali&eacute;ndose tambi&eacute;n de las aportaciones de sus colegas mexicanos que la antecedieron, habla de la fabricaci&oacute;n de estas obras y especialmente dedica unas l&iacute;neas al problema de los aglutinantes. Seg&uacute;n ella, a trav&eacute;s de los an&aacute;lisis que se han hecho, se han detectado de variados tipos, como los extra&iacute;dos de bulbos de orqu&iacute;deas, de cola de conejo y de baba de nopal; sin embargo, opina: "hay que seguir indagando, mediante estudios formales y multidisciplinarios, la composici&oacute;n org&aacute;nica de las im&aacute;genes realizadas con esta t&eacute;cnica".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me atrevo a decir que la importancia de la investigaci&oacute;n de Velarde radica sobre todo en el rescate que hace de las obras que ha localizado en su estado: "en las iglesias y capillas que se encuentran en Michoac&aacute;n, ya que hemos podido constatar que a&uacute;n las m&aacute;s peque&ntilde;as comunidades, conservan una o varias im&aacute;genes realizadas en ca&ntilde;a de ma&iacute;z" y, por lo visto, todas ellas reciben a&uacute;n el culto de sus fieles habitantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante la imposibilidad de referirse a todas las obras, Sof&iacute;a Irene Velarde presenta una relaci&oacute;n de las im&aacute;genes que localiz&oacute; en las poblaciones de Morelia, Tup&aacute;taro, P&aacute;tzcuaro, Tzintzuntzan, Quiroga y Santa Fe de la Laguna. Puedo imaginar que muchas de estas esculturas hayan pasado inadvertidas a nuestros ojos, ya que muchas veces suele confundirse a simple vista la talla en madera con el trabajo de pasta de ca&ntilde;a de ma&iacute;z.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de la revisi&oacute;n que hace esta autora, se puede confirmar una vez m&aacute;s que, adem&aacute;s de la figura de Jesucristo, se trabajaron otro tipo de devociones, como las diversas advocaciones marianas. En las fichas que presenta de cada imagen, aporta interesantes comentarios rescatados de diversos escritos, tal es el caso de la famosa Virgen de la Salud atribuida a un encargo espec&iacute;fico de Vasco de Quiroga y que originalmente estaba toda trabajada con la pasta de la ca&ntilde;a; sobre ella narra los curiosos sucesos que se suscitaron cuando mutilaron su cuerpo en el siglo XVII, con el fin de colocarle las diversas vestimentas que desde entonces suele llevar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varias esculturas llaman la atenci&oacute;n en el cat&aacute;logo que nos brinda, como el relieve del <i>Descendimiento de la cruz,</i> que se encuentra en el que fuera convento de San Francisco en Tzintzuntzan. La autora afirma con pesar que este relieve "se encuentra totalmente carcomido por diversos microorganismos y se ha perdido totalmente una de sus partes inferiores, en donde se puede apreciar la ca&ntilde;a de ma&iacute;z". Ser&iacute;a de suma importancia que, as&iacute; como se rescat&oacute; el maravilloso frontal del altar de la peque&ntilde;a iglesia de Tup&aacute;taro, que hoy puede admirarse nuevamente en su lugar y que ciertamente, como dice la investigadora, es una obra "&uacute;nica en su g&eacute;nero", tambi&eacute;n se restauren otras obras, como el relieve de Tzintzuntzan; de lo contrario se perder&aacute;n irremediablemente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de estas dos investigaciones, se recupera un poco m&aacute;s de la historia y procesos de manufactura de las im&aacute;genes fabricadas con pasta de ca&ntilde;a de ma&iacute;z. Los textos de Pablo Amador y de Sof&iacute;a Irene Velarde ponen de manifiesto que esta t&eacute;cnica escult&oacute;rica, que ha prevalecido a lo largo de cuatro siglos, ofrece a&uacute;n muchas inc&oacute;gnitas que hay que resolver mediante una labor interdisciplinaria. Por lo anterior que se ha comentado y mucho m&aacute;s que no es posible puntualizar aqu&iacute;, pienso que estos dos libros vienen a enriquecer la bibliograf&iacute;a del arte colonial mexicano.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. Fray Mat&iacute;as de Escobar, <i>Americana Thebaida,</i> M&eacute;xico, Imprenta Victoria, 1924, p. 148.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=761987&pid=S0185-1276200400010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2a"></a><a href="#n2b">2</a>. Fray Jer&oacute;nimo de Mendieta, <i>Historia eclesi&aacute;tica indiana,</i> M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1971, p. 404.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=761989&pid=S0185-1276200400010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3a"></a><a href="#n3b">3</a>. Las ordenanzas para escultores obligaban a trabajar la madera, el hueso y la piedra, y se expidieron en 1568, 1589 y 1703.</font></p>     ]]></body>
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