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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros/rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>David Alfaro Siqueiros. Pintura de caballete</i> de Xavier Moyss&eacute;n</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por</b> <b>Julieta Ortiz Gait&aacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Fondo Editorial de la Pl&aacute;stica Mexicana, 1994<a name="n1b"></a><a href="#n1a">*</a></b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancol&iacute;a", dec&iacute;a Jos&eacute; Vasconcelos. Para m&iacute;, este libro fue ese viaje inquietante que me dio, a la postre, tres razones fundamentales para aceptar con gusto la invitaci&oacute;n de presentarlo ante ustedes: primero porque el autor del texto es Xavier Moyss&eacute;n, mi maestro; tambi&eacute;n porque se trata de una edici&oacute;n del Fondo de la Pl&aacute;stica Mexicana que tiene una larga y rica trayectoria en la industria editorial del arte mexicano y, finalmente, porque el tema aborda la pintura de caballete de David Alfaro Siqueiros &#151;El Coronelazo&#151;, pintor sobre quien han corrido r&iacute;os de tinta y sin embargo todav&iacute;a ofrece filones de oro a quien se acerque a su obra con ojos escrutadores y &aacute;nimo dispuesto.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eso es lo que sucede con la versi&oacute;n tratada por Xavier Moyss&eacute;n en este libro que re&uacute;ne, cuidadosamente, una selecci&oacute;n de la obra de caballete del controvertido pintor. En dicha selecci&oacute;n, fotografiada y reproducida espl&eacute;ndidamente, figuran algunos cuadros que no eran conocidos y que ahora se publican gracias a la infatigable perseverancia y a las pacientes investigaciones del maestro Moyss&eacute;n en el fascinante mundo de las colecciones de arte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro conmemora el vig&eacute;simo aniversario de la muerte de Siqueiros y forma parte del pre&aacute;mbulo al gran homenaje nacional que se prepara por el centenario de su nacimiento, acaecido en Santa Rosal&iacute;a, Chihuahua, el a&ntilde;o de 1896. Cabe se&ntilde;alar aqu&iacute; que el Fondo Editorial de la Pl&aacute;stica Mexicana public&oacute;, en 1992, un texto de Antonio Rodr&iacute;guez (el &uacute;ltimo del maestro Rodr&iacute;guez) sobre la pintura mural de David Alfaro Siqueiros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estoy de acuerdo con Xavier Moyss&eacute;n cuando afirma que Siqueiros es m&aacute;s conocido como muralista que por su obra de caballete. Es indudable que la pintura mural significa una expresi&oacute;n pict&oacute;rica m&aacute;s impactante y grandiosa que la obra de menor formato, y por algo represent&oacute; cabalmente un momento espec&iacute;fico y estremecedor de nuestra historia. No es gratuito que la tr&iacute;ada m&iacute;tica &#151;Rivera, Orozco y Siqueiros&#151; sea punto de referencia obligado para el arte mexicano de la primera mitad de este siglo que agoniza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, como sucede con los grandes artistas, la producci&oacute;n pl&aacute;stica de Siqueiros no se restringe a determinadas t&eacute;cnicas y expresiones sino que, por el contrario, se manifiesta en una pluralidad rica y valiosa que la enriquece en su conjunto, y es en estos m&uacute;ltiples procesos creativos donde Siqueiros encuentra un lenguaje vigoroso, resultado de una actitud permanentemente cr&iacute;tica y experimental, tanto con los materiales y t&eacute;cnicas pict&oacute;ricas como ante la sociedad de su tiempo, actitud que le llev&oacute; a expresar cabalmente el esp&iacute;ritu del arte del siglo XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es de sobra sabido que las inquietudes del Coronelazo estuvieron indisolublemente ligadas al aspecto social y a la militancia pol&iacute;tica, por lo que, en este sentido, su pintura de caballete pareciera colocarse en una posici&oacute;n inc&oacute;moda, m&aacute;xime si recordamos los postulados radicales del legendario manifiesto de 1923 firmado por los que ser&iacute;an los principales exponentes del muralismo mexicano: "Repudiamos la pintura de caballete y cualquier otro arte salido de los c&iacute;rculos ultraintelectuales y aristocr&aacute;ticos. Nos proponemos socializar el arte y destruir el individualismo burgu&eacute;s...''</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, como bien sabemos, no s&oacute;lo no se dejaron de producir cuadros sino que &eacute;stos fueron colgados en las casas de los nuevos ricos formados entre las turbulencias de la Revoluci&oacute;n, quienes se convirtieron en los principales compradores del incipiente mercado de arte mexicano. Al retratar a esta nueva burgues&iacute;a, Siqueiros logra, desde mi punto de vista, la expresi&oacute;n m&aacute;s cabal de su pintura de caballete, testimonio fiel de un aspecto importante de la sociedad de su &eacute;poca. De la amplia galer&iacute;a de retratos hay que ver, por ejemplo, los de Jer&oacute;nimo Bertran Cusin&eacute; y su esposa Adela, para no mencionar los muy conocidos de Ang&eacute;lica Arenal, "compa&ntilde;era de tempestades", retratos que se insertan en la m&aacute;s rica tradici&oacute;n retrat&iacute;stica de la pintura occidental. Ello nos muestra c&oacute;mo un pintor con talento puede colocarse m&aacute;s all&aacute; de aparentes contradicciones y pintar extraordinarios retratos por encargo sin abandonar un &aacute;pice sus convicciones pol&iacute;ticas y sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seis son los temas en los que el maestro Moyss&eacute;n agrupa la pintura de caballete de David Alfaro Siqueiros: lo pol&iacute;tico y social, lo er&oacute;tico, el paisaje, las naturalezas muertas, los "ejercicios pl&aacute;sticos" y los retratos. Hay un trasfondo unificador en estos temas que, asevera Moyss&eacute;n, pone en evidencia el esp&iacute;ritu combativo y vigente, rebelde e innovador, que le da, finalmente, una congruencia total a su obra. Tambi&eacute;n en los temas aparentemente "neutros" podemos apreciar el car&aacute;cter revolucionario de Siqueiros; su constante inquietud que lo llev&oacute; a experimentar con los medios y el espacio y a crear innovaciones que, a&uacute;n hoy, nos impactan y son de sobra conocidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero <i>Siqueiros antes de Siqueiros,</i> parafraseando al maestro Moyss&eacute;n, se form&oacute; en las complejidades del contexto cultural del fin de siglo y, aunque muy joven, no dej&oacute; de impregnarse de las exuberancias modernistas y de los rigores acad&eacute;micos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; lo apreciamos en <i>Campesinos</i> (paste, 1911) y en <i>La danza de la lluvia</i> (tinta y acuarela, 1918, retrato de Anna Pavlova) ambos publicados en el libro que nos ocupa y que nos muestran un Siqueiros de trazo sutil, refinado, preocupado por las tonalidades suaves del simbolismo y la l&iacute;nea ondulante. &Eacute;sta es una etapa menos conocida del artista en la que podemos encontrar paralelismo con los m&aacute;s destacados pintores finiseculares: Herr&aacute;n, Gedovius, Z&aacute;rraga, Montenegro y el mismo Rivera, quienes denotaban en su obra influencias de la pintura europea y de las m&uacute;ltiples facetas del <i>art nouveau.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de entonces, el joven Siqueiros se entrega de lleno a la consecuci&oacute;n de un objetivo grandioso, trazado de antemano con una claridad casi vidente. Abandona la Academia para unirse a las Escuelas de Pintura al Aire Libre que significaban la innovaci&oacute;n y el triunfo sobre los anquilosamientos acad&eacute;micos y, cuando estalla la lucha armada, no duda en unirse a las fuerzas rebeldes enlist&aacute;ndose en el ej&eacute;rcito revolucionario. Desde entonces, Siqueiros estar&aacute; en todas las trincheras y en todas las causas desde su lucha por el mejoramiento de la vida de los hombres; en los campos de batalla del Baj&iacute;o y en las planicies espa&ntilde;olas de la Guerra Civil; con los mineros, con los trabajadores; en las calles de su ciudad; en la c&aacute;rcel y en el exilio... Y su pintura no daba, como recordatorio perenne del compromiso inherente a la condici&oacute;n humana, de la responsabilidad como seres sociales, de la imposibilidad de permanecer al margen.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun en sus retratos, aun en las turgencias de sus naturalezas muertas, en las ricas texturas de sus paisajes, la pintura de Siqueiros grita, gesticula, hace discurso pol&iacute;tico, nos recuerda que somos parte de una organizaci&oacute;n social y no espectadores indiferentes y lejanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y el libro que hoy comentamos nos entrega parte de este legado, de esta hora en pie de lucha que es la obra de Siqueiros, el justiciero. Para que no decaiga nunca su presencia es conveniente mantener vivo el mito, renovar los rituales de la pervivencia. Para ello, vienen al caso las palabras de Nicolas Guill&eacute;n a prop&oacute;sito de mantener viva la memoria de los grandes:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No olvides a Siqueiros. Su pintura, Oh pueblo amigo, pueblo mexicano, hecha est&aacute; por tu mano, y es como t&uacute;: violenta, enorme y pura.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><a href="#n1b">*</a> Texto le&iacute;do en la presentaci&oacute;n del libro que se llev&oacute; a cabo en el Museo Carrillo Gil, el 13 de diciembre de 1994.</font></p>      ]]></body>
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