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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Eduardo Matos Moctezuma, <i>Arqueolog&iacute;a del M&eacute;xico antiguo</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Jaca Book/ Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2010, 384 p.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tanto disciplina cient&iacute;fica, es innegable que la arqueolog&iacute;a que practican actualmente nacionales y extranjeros en M&eacute;xico ha alcanzado la madurez plena. En unas cuantas d&eacute;cadas, la capacidad de nuestro gremio para comprender los fen&oacute;menos y los procesos sociales del pasado se ha revolucionado. Esto ha sido posible gracias a la existencia de un verdadero ej&eacute;rcito de investigadores armado de una tecnolog&iacute;a siempre en avance, pertrechado con el incesante mejoramiento metodol&oacute;gico y bien guarnecido en el refinamiento continuo de las perspectivas te&oacute;ricas. Esta feliz combinaci&oacute;n ha propiciado que, d&iacute;a a d&iacute;a, nuestros conocimientos sobre milenios de historia se ampl&iacute;en a la par de que se profundicen.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tales logros, empero, no pueden atribuirse solamente a los especialistas que hoy trabajan entreverados de mil maneras para reconstruir las antiguas formas de existencia humana en nuestro pa&iacute;s. Debemos reconocer que los avances que experimentamos son, en gran medida, el producto de una larga cadena de colectividades de las cuales nuestra generaci&oacute;n no es m&aacute;s que el &uacute;ltimo eslab&oacute;n. Por ello, no resulta vano que nos detengamos en forma peri&oacute;dica a reflexionar cu&aacute;les son los descubrimientos &#151;materiales e intelectuales, remotos y recientes&#151; que desde el presente resultan m&aacute;s significativos y c&oacute;mo han incidido en los sucesivos esquemas conceptuales del gremio. Este ejercicio retrospectivo nos permite, con nuestros juicios y nuestros prejuicios, reescribir el largo devenir de la profesi&oacute;n, entender su situaci&oacute;n actual y, sobre todo, construir estrategias de acci&oacute;n para el futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tales razones, recibimos con gran benepl&aacute;cito la <i>Arqueolog&iacute;a del M&eacute;xico antiguo,</i> obra erudita que nos ofrece Eduardo Matos Moctezuma y que es digna sucesora de la <i>Historia de la arqueolog&iacute;a en M&eacute;xico,</i> publicada &eacute;sta en el ya lejano a&ntilde;o de 1979 por don Ignacio Bernal. La antigua y la nueva, lo sabemos, son ambiciosas empresas historiogr&aacute;ficas que abordan un mismo objeto, a veces desde perspectivas muy semejantes y en ocasiones con puntos de vista dis&iacute;mbolos que son consecuencia l&oacute;gica del cambio generacional. Como es bien sabido, la <i>Historia</i> de Bernal era hasta el d&iacute;a de hoy la &uacute;nica visi&oacute;n general del quehacer arqueol&oacute;gico en M&eacute;xico, por lo que todos los especialistas de esta materia que estamos en funciones hemos abrevado en este bien documentado libro que edit&oacute; Porr&uacute;a. Bernal, vale agregar, lo public&oacute; cuando hab&iacute;a alcanzado los 69 a&ntilde;os de edad y gozaba de una s&oacute;lida reputaci&oacute;n a nivel internacional. No pod&iacute;a ser de otra manera, pues el componer el recuento cr&iacute;tico de cualquier disciplina, desde sus or&iacute;genes hasta el presente, es tarea s&oacute;lo apta para mentes maduras y de conocimientos profundos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que a Matos respecta, &eacute;l ha llegado a una etapa equivalente en su propia vida acad&eacute;mica. Todos sabemos, sin embargo, del inter&eacute;s temprano de Matos por el tema. Evoquemos aqu&iacute; sus precoces pesquisas en los a&ntilde;os sesenta sobre la obra de Galindo y Villa, la de Humboldt y, un poco m&aacute;s tarde, la de Gamio. Conocemos igualmente el embri&oacute;n del libro que aqu&iacute; se rese&ntilde;a, intitulado <i>Breve historia de la arqueolog&iacute;a en M&eacute;xico</i> y publicado en 1992 por la Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores. Al igual que Bernal en su tiempo, Matos cuenta hoy con todas las credenciales para acometer la empresa, pues es y se sabe protagonista de esa historia: profesor por m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas e iniciador de la c&aacute;tedra de historia de la arqueolog&iacute;a; investigador del Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia desde 1959 y coordinador de los proyectos m&aacute;s innovadores de su tiempo; participante de reuniones acad&eacute;micas que transformaron el rumbo de la profesi&oacute;n; funcionario a cargo de centros de investigaci&oacute;n, escuelas y museos; secretario de la Sociedad Mexicana de Antropolog&iacute;a y presidente del Consejo de Arqueolog&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero veamos m&aacute;s de cerca el libro. Desde las primeras p&aacute;ginas, Matos nos aclara su agenda:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">cada cap&iacute;tulo presta atenci&oacute;n a los momentos que considero parteaguas de nuestras disciplina. No s&oacute;lo se trata de relatar y analizar lo relativo a la parte cient&iacute;fica de la misma desde sus or&iacute;genes hasta el momento actual..., sino tambi&eacute;n ver a quienes protagonizaron cada etapa de la disciplina y el momento hist&oacute;rico, pol&iacute;tico y social en que vivieron. Adem&aacute;s, por qu&eacute; no, incluir&eacute; los datos curiosos, anecd&oacute;ticos y hasta jocosos que tambi&eacute;n forman parte de la arqueolog&iacute;a.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Matos estructura esta agenda con rigor cronol&oacute;gico. Sigue un plan de exposici&oacute;n dividido en nueve grandes periodos. Notamos que, a&ntilde;os m&aacute;s a&ntilde;os menos, sigue en mucho la periodizaci&oacute;n de Bernal y sus respectivas fechas de corte. Pero, a diferencia de &eacute;ste, Matos no bautiza los periodos con nombres alusivos a las visiones dominantes en la arqueolog&iacute;a de cada momento, sino con apelativos mucho m&aacute;s neutros que son eco de las grandes fases de nuestra historia patria. De esta manera, dedica un cap&iacute;tulo al M&eacute;xico prehisp&aacute;nico, tres al colonial, uno al decimon&oacute;nico previo al Porfiriato, otro al Porfiriato y tres m&aacute;s al siglo XX, referentes respectivamente a la Revoluci&oacute;n, la Posrevoluci&oacute;n y el M&eacute;xico contempor&aacute;neo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una lectura cuidadosa, nos revelar&aacute; que los &eacute;nfasis y los acentos en la historia de Matos son muy distintos a lo que encontramos en el libro de Bernal y, m&aacute;s a&uacute;n, a los de A <i>History of American Archaeology</i> publicada en 1974 por Gordon R. Willey y Jeremy A. Sabloff. En esta &uacute;ltima obra, por ejemplo, los autores norteamericanos segmentan su narraci&oacute;n en s&oacute;lo cinco periodos, definidos todos con base en las teor&iacute;as y los m&eacute;todos arqueol&oacute;gicos en boga. Matos, ciertamente, nos habla de redes de individuos y de instituciones, y aborda las principales corrientes de pensamiento y algunos de los grandes debates acad&eacute;micos. Sin embargo, es claro que prefiere enfocar su lente de otra forma. Opta por comenzar y concluir cada cap&iacute;tulo con breves cuadros del contexto hist&oacute;rico general y con la enumeraci&oacute;n de los logros espec&iacute;ficos de la disciplina. Pero dedica el mayor espacio a los grandes protagonistas del momento. En efecto, Matos pone en primer&iacute;simo plano de su historia a aquellos individuos que con sus aportaciones personales transformaron la arqueolog&iacute;a. Sigue para ello la misma f&oacute;rmula que &eacute;l mismo hab&iacute;a desarrollado para la exposici&oacute;n <i>Descubridores del pasado en Mesoam&eacute;rica,</i> la cual tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Ildefonso en 2001. All&iacute; estableci&oacute; un tri&aacute;ngulo fundamental entre la persona, sus hallazgos arqueol&oacute;gicos y sus contribuciones al conocimiento expresadas principalmente a trav&eacute;s de publicaciones. Desde la perspectiva de Matos, en cada periodo existe una pl&eacute;yade de figuras, entre las cuales una suele dominar la escena, generalmente por sus extraordinarias cualidades acad&eacute;micas, aunque tambi&eacute;n por su posici&oacute;n pol&iacute;tica en el &aacute;mbito de la profesi&oacute;n. Al menos, esto suceder&iacute;a en cinco periodos, en los que pudi&eacute;ramos hablar de la sucesiva hegemon&iacute;a de Carlos de Sig&uuml;enza y G&oacute;ngora, Antonio de Le&oacute;n y Gama, Leopoldo Batres, Manuel Gamio y Alfonso Caso. Para los dos &uacute;ltimos periodos y ante el crecimiento exponencial de arque&oacute;logos, Matos cambia de estrategia y vertebra el recuento de manera distinta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo de <i>Arqueolog&iacute;a del M&eacute;xico antiguo</i> est&aacute; dedicado a tres formas de concebir el pasado remoto de M&eacute;xico. Por un lado, tenemos la de los propios ind&iacute;genas, quienes explicaban su existencia y legitimaban su posici&oacute;n erigi&eacute;ndose como seres creados por la divinidad en los tiempos del mito. Esta visi&oacute;n motiv&oacute; a las sociedades del Cl&aacute;sico y del Poscl&aacute;sico a recuperar su pasado material a trav&eacute;s de una doble estrategia: reutilizando como reliquias las antig&uuml;edades que ellos mismos excavaban en sitios arqueol&oacute;gicos e imitando viejos estilos escult&oacute;ricos, pict&oacute;ricos y arquitect&oacute;nicos para evocar e invocar a sus ancestros reales o ficticios. Una &oacute;ptica muy diferente es la de los europeos de los siglos XVI y XVII, quienes entendieron b&iacute;blicamente la presencia humana en el Nuevo Mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tronco de Ad&aacute;n, la Torre de Babel, el diluvio universal y la migraci&oacute;n de las tribus de Israel se encuentran una y otra vez como fundamentos interpretativos de tan inesperada presencia. Finalmente, Matos nos habla de la visi&oacute;n de los prehistoriadores, quienes se dedicaron a estudiar las evidencias tangibles de la presencia temprana del hombre en M&eacute;xico. En los inciertos comienzos de esta subdisciplina, tales evidencias eran sobre todo esqueletos que, ante las cambiantes metodolog&iacute;as, cambiaban una y otra vez de sexo, estatura, edad y antig&uuml;edad. Sonado es el caso del llamado "Hombre de Tepexpan", osamenta de un supuesto var&oacute;n de edad avanzada, altura considerable y con una antig&uuml;edad de 11 milenios, el cual s&uacute;bitamente se convirti&oacute; en una mujer joven de complexi&oacute;n mediana y tan s&oacute;lo 5 milenios. Mejores tiempos se vivir&iacute;an con la aparici&oacute;n de figuras como Mart&iacute;nez del R&iacute;o, Lorenzo, MacNeish y Flannery, quienes se dieron a la tarea de volver m&aacute;s rigurosas las t&eacute;cnicas de excavaci&oacute;n y las metodolog&iacute;as de an&aacute;lisis. Seg&uacute;n Matos, la mejor &eacute;poca de la subdisciplina concluy&oacute; con el desmantelamiento del Departamento de Prehistoria del INAH en 1988.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo se consagra a la conquista espa&ntilde;ola y a los numerosos soldados, religiosos, civiles e ind&iacute;genas que consignaron las formas de vida de las sociedades reci&eacute;n sometidas. M&aacute;s relevante al tema general del libro es la aparici&oacute;n espor&aacute;dica de textos donde se hacen las primeras alusiones a monumentos arqueol&oacute;gicos. Buen ejemplo son las sorprendentemente precisas descripciones de las ruinas de Izamal y Chich&eacute;n Itz&aacute; por parte de fray Diego de Landa, y las m&aacute;s tard&iacute;as de Uxmal y Chich&eacute;n de fray Diego L&oacute;pez de Cogolludo. Extra&ntilde;amos aqu&iacute; la menci&oacute;n de la <i>Recordaci&oacute;n Florida,</i> donde el capit&aacute;n Fuentes y Guzm&aacute;n describe m&aacute;s de veinte sitios arqueol&oacute;gicos mayas e incluye los planos m&aacute;s antiguos de Iximch&eacute;, Zaculeu y Uspant&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su tercer cap&iacute;tulo, Matos nos habla de un momento seminal, en el que resplandece la figura de Sig&uuml;enza y G&oacute;ngora. Este sabio novohispano, heredero de la biblioteca de Alva Ixtlilx&oacute;chitl y autor de numerosas obras alusivas al pasado prehisp&aacute;nico, fue pionero a nivel continental en lo que toca a la pr&aacute;ctica arqueol&oacute;gica. De todos es conocida su exploraci&oacute;n de la Pir&aacute;mide del Sol, la cual puede fecharse alrededor de 1675 y que persegu&iacute;a un prop&oacute;sito intelectual: saber si esa mole era totalmente artificial, y si estaba hueca y en su interior encerraba alguna tumba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Matos nos explica en su siguiente cap&iacute;tulo c&oacute;mo las cr&iacute;ticas emanadas de la Leyenda Negra y el determinismo geogr&aacute;fico incitaron a los criollos novohispanos a revalorar el pasado prehisp&aacute;nico. Esto acontece a lo largo del siglo XVIII, cuando se dan a conocer las primeras publicaciones de arqueolog&iacute;a. Curiosamente &eacute;stas no son acerca de los vestigios de las civilizaciones prehisp&aacute;nicas, sino sobre las excavaciones borb&oacute;nicas en el sur de Italia. Pero no pasar&aacute; mucho tiempo para que se impriman los primeros reportes sobre El Taj&iacute;n y Xochicalco, y en 1792 la <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica de las dos piedras...</i> de Le&oacute;n y Gama, considerada por Matos como el hito que marca el nacimiento de la arqueolog&iacute;a en nuestro pa&iacute;s. Polemiza en este punto con Carlos Navarrete, quien prefiere marcar la inflexi&oacute;n en las expediciones a Palenque. Matos afirma que &eacute;stas tuvieron nulo impacto en su &eacute;poca y que, por el contrario, la erudita disertaci&oacute;n de Gama no solo ser&iacute;a influyente por m&aacute;s de un siglo, sino que suscitar&iacute;a en su momento pol&eacute;micas que se ventilaron en las gacetas cient&iacute;ficas, traer&iacute;a consigo un cambio en la percepci&oacute;n del patrimonio arqueol&oacute;gico, significar&iacute;a el surgimiento de una suerte de arqueolog&iacute;a de rescate y pondr&iacute;a de moda el tan poderoso empleo combinado de las evidencias materiales y las documentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los primeros cincuenta a&ntilde;os del M&eacute;xico independiente son discutidos en el quinto cap&iacute;tulo. Matos pone en relieve, como acontecimientos m&aacute;s significativos, la idealizaci&oacute;n del pasado ind&iacute;gena y su uso en una estrategia de estado encaminada a crear una identidad nacional; la exposici&oacute;n de arte prehisp&aacute;nico organizada por Bullock en Londres; el establecimiento del Museo Nacional; la promulgaci&oacute;n a partir de 1827 de leyes consecutivas que prohib&iacute;an la exportaci&oacute;n de las antig&uuml;edades; la presencia de la <i>Commission Scientifique</i> durante el segundo imperio, y la introducci&oacute;n de la fotograf&iacute;a como registro de campo. Es importante notar que, en contraste con lo que sucede en Guatemala, el gobierno de la joven rep&uacute;blica mexicana, no financi&oacute; en este periodo proyectos arqueol&oacute;gicos de excavaci&oacute;n. Por otra parte, Matos es muy claro al distinguir los verdaderos exploradores (como Waldeck, Nebel, Stephens y Catherwood), quienes penetran en las ruinas, excavan, elaboran planos e inquieren sobre los antiguos constructores, de los simples viajeros (como la marquesa Calder&oacute;n de la Barca y de Fossey), quienes hacen narraciones impresionistas de los pocos sitios que visitan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la llegada de Porfirio D&iacute;az a la presidencia comienza un nuevo periodo que se aborda en el cap&iacute;tulo seis. Es la &eacute;poca en la que domina la filosof&iacute;a positivista y se crea la Inspecci&oacute;n de Monumentos Arqueol&oacute;gicos. Sin embargo, tal y como nos lo indica Matos, el principal acontecimiento es la refundaci&oacute;n del Museo Nacional, ahora como centro de investigaci&oacute;n que agrupa a las principales mentes de su tiempo, publica los <i>Anales</i> y financia expediciones arqueol&oacute;gicas. Con profundo conocimiento, Matos dedica el mayor espacio del cap&iacute;tulo a Batres, figura pol&eacute;mica y omnipresente que hizo significativas aportaciones y m&uacute;ltiples publicaciones, pero que a la vez obstaculiz&oacute; a cualquier esp&iacute;ritu creativo que le signific&oacute; competencia. Tambi&eacute;n hace r&aacute;pida relaci&oacute;n de instituciones como el Smithsonian y la Carnegie, y de investigadores como Seler, Maudslay y Maler, cuyas ense&ntilde;anzas a&uacute;n repercuten en la actualidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el siguiente cap&iacute;tulo, Matos pasa a uno de los periodos que mejor conoce: el de la Revoluci&oacute;n. Y centra de inmediato la discusi&oacute;n en dos hitos: la Escuela Internacional de Arqueolog&iacute;a y Etnolog&iacute;a, y la presencia dominante de Gamio. Matos argumenta de manera convincente que <i>La poblaci&oacute;n del Valle de Teotihuacan</i> se erige como la m&aacute;s fruct&iacute;fera empresa acad&eacute;mica de la antropolog&iacute;a mexicana del siglo XX. Para llevarla a cabo, Gamio inst&oacute; a los integrantes de la Direcci&oacute;n de Antropolog&iacute;a a realizar una colaboraci&oacute;n multidisciplinaria y de car&aacute;cter integral, en la que estudiar&iacute;an la liga entre poblaci&oacute;n y territorio a lo largo del tiempo. Esto los llevo a comprender las transformaciones hist&oacute;ricas en la regi&oacute;n, proceso que se documenta exhaustivamente en la colecci&oacute;n de tres gruesos vol&uacute;menes que fue celebrada a nivel internacional. Lo interesante es que este estudio colectivo tuvo una repercusi&oacute;n pr&aacute;ctica, pues Gamio y su equipo hicieron lo imposible para mejorar la situaci&oacute;n social imperante. Como bien dice Matos, "Se trajeron los ojos hacia el pasado, sin olvidar el presente". Agreguemos que en este cap&iacute;tulo, Eduardo polemiza con Metchild Rutsch en torno a una supuesta actitud mis&oacute;gina por parte de Gamio y los dem&aacute;s antrop&oacute;logos del periodo revolucionario, y sobre el papel que jug&oacute; Isabel Ram&iacute;rez Casta&ntilde;eda como primera personalidad femenina de la arqueolog&iacute;a mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Matos cambia su estrategia narrativa en el octavo cap&iacute;tulo. Ciertamente nos habla del dominio de Caso en la escena arqueol&oacute;gica. Pero dedica ahora el mayor espacio a otros t&oacute;picos. Por ejemplo, nos habla de la creaci&oacute;n de la Sociedad Mexicana de Antropolog&iacute;a y sus famosas mesas redondas. Adem&aacute;s, aborda como acontecimientos clave la fundaci&oacute;n del INAH y de la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, la aparici&oacute;n de nuevas publicaciones peri&oacute;dicas como la <i>Revista Mexicana de Estudios Antropol&oacute;gicos</i> y la acu&ntilde;aci&oacute;n del concepto Mesoam&eacute;rica. Posteriormente hace una revisi&oacute;n sistem&aacute;tica de los principales trabajos arqueol&oacute;gicos del periodo, donde los protagonistas son agrupados por &aacute;rea y sitio arqueol&oacute;gico. En este contexto, Matos observa el dominio absoluto de los cient&iacute;ficos norteamericanos en el &aacute;rea maya, principalmente en la porci&oacute;n correspondiente a los actuales pa&iacute;ses centroamericanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, Matos sucumbe ante una tentaci&oacute;n que Bernal evit&oacute; a toda costa: hacer un recuento de las contribuciones de sus contempor&aacute;neos. Esta tarea, lo preven&iacute;a Bernal, es un arma de dos filos: por un lado, se conoce con detalle el quehacer de colegas y amigos que viven en la &eacute;poca propia; pero por el otro, se carece de la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica para distinguir cu&aacute;les ser&aacute;n a la postre las aportaciones m&aacute;s significativas. Debo confesar, empero, que tras la lectura cuidadosa del cap&iacute;tulo encontr&eacute; una revisi&oacute;n bien sistematizada, as&iacute; como un cuadro final bastante equilibrado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Matos nos habla aqu&iacute; de la consolidaci&oacute;n de la disciplina y de c&oacute;mo se ha logrado un conocimiento m&aacute;s integral de las sociedades antiguas, al dejar de privilegiar el estudio de las elites y los centros de poder. Como logros individuales, destaca la publicaci&oacute;n de la <i>Arquitectura prehisp&aacute;nica</i> de Marquina, el descubrimiento de la tumba de Pakal por parte de Ruz y las propuestas revolucionarias sobre ecolog&iacute;a cultural de Sanders. Y entre los institucionales celebra la creaci&oacute;n del Consejo de Arqueolog&iacute;a y su archivo t&eacute;cnico, de la Coordinaci&oacute;n Nacional de Conservaci&oacute;n, de la Direcci&oacute;n de Salvamento Arqueol&oacute;gico y de la Subdirecci&oacute;n de Arqueolog&iacute;a Subacu&aacute;tica. Enfatiza asimismo avances t&eacute;cnicos como la prospecci&oacute;n y el fechamiento, pero ve con ojo cr&iacute;tico la llegada de nuevas corrientes te&oacute;ricas:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la mayor&iacute;a de los casos, estas corrientes que en su momento se consideran novedosas ll&aacute;mense nueva arqueolog&iacute;a, arqueolog&iacute;a marxista, arqueolog&iacute;a estructuralista, arqueolog&iacute;a posprocesual, la teor&iacute;a del caos aplicada a la arqueolog&iacute;a y otras m&aacute;s, no s&eacute; si para bien o para mal, apenas rozaron la epidermis de la arqueolog&iacute;a mexicana.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Matos, son tres las corrientes que han predominado en M&eacute;xico: la de reconstrucci&oacute;n monumental, una tecnicista ate&oacute;rica y la marxista, siendo la segunda la que m&aacute;s adeptos tiene y m&aacute;s logros ha alcanzado en el plano del conocimiento, pues la tercera, salvo contadas excepciones, siempre ha soslayado la praxis. Matos concluye su libro pasando revista al medio, pr&aacute;cticamente sin hacer omisiones: las misiones extranjeras, las instituciones nacionales donde se practica la arqueolog&iacute;a y los principales proyectos de investigaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, el lector encontrar&aacute; en este libro ricas descripciones redactadas en una prosa fluida y amena, acalorados debates y sabrosas an&eacute;cdotas. Legos y versados apreciar&aacute;n tambi&eacute;n el cuidadoso trabajo editorial de Jaca Book y la excelente investigaci&oacute;n iconogr&aacute;fica de la historiadora del arte Lourdes Cu&eacute;.</font></p>      ]]></body>
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