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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>De M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan a Acapulco en tiempos de Ahu&iacute;tzotl</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla</b>*</font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Mexicano. Doctor en filosof&iacute;a por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Investigador em&eacute;rito del Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de la misma universidad y miembro de El Colegio Nacional. De sus varios estudios se destacan: La filosof&iacute;a n&aacute;huatl estudiada en sus fuentes; Nezahualc&oacute;yotl, poes&iacute;a; C&oacute;dices. Los antiguos libros del Nuevo Mundo; Bernardino de Sahag&uacute;n, quinientos a&ntilde;os de presencia (coordinador); Antigua y nueva palabra, en colaboraci&oacute;n con Earl Shorris</i>.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el a&ntilde;o 7&#45;Ca&ntilde;a (1499) los guerreros de Ahu&iacute;tzotl, gran se&ntilde;or de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan, contemplaron, victoriosos y asombrados, la tan bella como inmensa bah&iacute;a de Acapulco. La noticia nos la da el <i>C&oacute;dice Mendoza.</i> En su folio 13 podemos ver muchos templos quemados, s&iacute;mbolo de los lugares conquistados por Ahu&iacute;tzotl. Entre ellos hay uno con el glifo de Acapulco: dos manos con sus antebrazos est&aacute;n destrozando una ca&ntilde;a; arriba, se ve el extremo inferior de una flecha. Al lado izquierdo de este y otros glifos, que acompa&ntilde;an a otros tantos templos quemados, aparece la fecha ya mencionada, <i>Chicome &Aacute;catl</i> (7&#45;Ca&ntilde;a: 1499).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Leer" el glifo de Acapulco equivale a enterarse de su significado y de la forma como los <i>tlahcuilos</i> lo representaban. La ca&ntilde;a se lee en n&aacute;huatl <i>aca(tl);</i> "destruir o destrozar", como lo representan las manos, es <i>pol(oa),</i> y la part&iacute;cula locativa es &#45;<i>co</i>. He puesto entre par&eacute;ntesis las terminaciones <i>&#45;tl</i> y &#45;oa porque ellas se pierden al entrar en combinaci&oacute;n los correspondientes vocablos. Fij&aacute;ndonos en el glifo, es posible dar dos traducciones de la palabra Acapulco: una literal, "Donde se destrozan las ca&ntilde;as"; otra, en la que la s&iacute;laba <i>pol&#45;,</i> que se pronuncia tambi&eacute;n <i>&#45;pul,</i> representada por las manos que destrozan la ca&ntilde;a, se interpreta como inscripci&oacute;n fon&eacute;tica de la s&iacute;laba <i>pol,</i> que equivale a "grande". Acapulco significar&iacute;a, en consecuencia, "Donde hay ca&ntilde;as grandes". Gomo lo ha notado Frances E. Berdan, la m&aacute;s reciente editora y comentarista del <i>C&oacute;dice Mendoza,</i> "los nahuas, en su gusto por los juegos de palabras, tal vez quisieron dar uno y otro significados a este lugar".<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no s&oacute;lo el <i>C&oacute;dice Mendoza</i> registra las conquistas de Ahu&iacute;tzotl, entre ellas la de Acapulco, a donde, abri&eacute;ndose camino, llegaron sus hombres. Pueden citarse asimismo como fuentes de informaci&oacute;n los <i>Anales de Tlatelolco</i> y los de <i>Cuauhtitl&aacute;n,</i> ambos en n&aacute;huatl, as&iacute; como otros c&oacute;dices y textos.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Entre ellos hay una curiosa carta en lat&iacute;n de un sobrino de Moctezuma II, Pablo Nazareo de Xaltocan, dirigida a Felipe II y fechada en M&eacute;xico el 17 de marzo de 1566.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hablando del reinado de Ahu&iacute;tzotl (1486&#45;1502), refieren estos y otros testimonios &#151;como la <i>Cr&oacute;nica mexicana,</i> del tambi&eacute;n noble mexica Hernando Alvarado Tezoz&oacute;moc&#151; que volvi&oacute; &eacute;l a someter a varios pueblos ya de antiguo tributarios, cuyos se&ntilde;ores se hab&iacute;an rebelado en contra de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Describen asimismo la expansi&oacute;n de los mexicas en territorio de Oaxaca y Chiapas y tambi&eacute;n del sur y suroeste en el actual Guerrero, hasta llegar a las costas del Pac&iacute;fico. Gomo consecuencia de tales conquistas se fueron abriendo brechas que segu&iacute;an los ej&eacute;rcitos, los funcionarios de la administraci&oacute;n mexica, los mercaderes y los que trasportaban los tributos que pagaban peri&oacute;dicamente los pueblos vencidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Sometimiento de las provincias de Tepecuacuilco y Cihuatl&aacute;n, en donde se halla Acapulco</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consumada, gracias a la alianza de Itzc&oacute;atl y Nezahualc&oacute;yotl, la liberaci&oacute;n de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan, tras la derrota de los tecpanecas de Azcapotzalco entre 1428 y 1431, se inici&oacute; un nuevo proceso de expansi&oacute;n mexica a trav&eacute;s de sucesivas guerras de conquista. Los primeros se&ntilde;or&iacute;os sometidos fueron los de la regi&oacute;n central, cercana a M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan, Tezcoco y Tlacopan. M&aacute;s tarde, siguiendo los consejos del sabio Tlaca&eacute;lel, correspondi&oacute; a Moctezuma Ilhuicamina y a Axay&aacute;catl extenderse hacia Oaxaca y lo que hoy es Veracruz, hasta llegar a las costas del golfo de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tierras al sur, famosas desde tiempos antiguos por su feracidad y en las que hab&iacute;a cultivos tan preciados como los de algod&oacute;n y cacao, atrajeron tambi&eacute;n muy pronto el inter&eacute;s de los mexicas. Durante el reinado de Itzc&oacute;atl (1428&#45;1440), tras imponerse sobre los tlahuicas del actual Morelos, sus ej&eacute;rcitos llegaron a la regi&oacute;n donde habitaban, entre otros, los cuitlatecas, en la cuenca del r&iacute;o Balsas. Entre los se&ntilde;or&iacute;os que entonces fueron sometidos estuvieron Guetzala, Yohuallan (Iguala, "lugar de la noche"), Tetelan y, el muy importante, Tepecuacuilco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya en los reinados de Moctezuma Ilhuicamina (1440&#45;1468), Axay&aacute;catl (1469&#45;1481) y T&iacute;zoc (1481&#45;1486), los mexicas avanzaron mucho m&aacute;s hacia el occidente y el sur. Moctezuma se impuso en Taxco (Tlachco, "lugar del juego de pelota"), en Ghilapa y Quecholtenango, donde se construy&oacute; un fuerte. Sus aliados tezcocanos entraron victoriosos a su vez en poblaciones como Ichcateopan, Acapetlahuayan y Oztuma. El avance en la cuenca del Balsas se fue consolidando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Axay&aacute;catl conoci&oacute; triunfos y una gran derrota. &Eacute;sta, que mucho le doli&oacute;, fue la que tuvo al enfrentarse a los tarascos en Tlaximaloyan (Tajimaroa) en un a&ntilde;o 12&#45;Conejo (1478). En cambio, tras sojuzgar a los matlatzincas del valle de Toluca, opt&oacute; por reforzar la presencia mexica en los territorios al norte de Balsas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De su sucesor, T&iacute;zoc, poco cabe decir, ya que poco alcanz&oacute; a realizar. Sus tropas, que marcharon hacia territorio mixteco, consolidaron all&iacute; algunas conquistas. En cambio, en la regi&oacute;n meridional, morada de los tlahuicas y cuitlatecas, no hubo avances de importancia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A Ahu&iacute;tzotl, sus capitanes y guerreros, correspondi&oacute; luego la gloria de haber llevado las insignias y banderas de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan hasta las costas del oc&eacute;ano Pac&iacute;fico. Gracias sobre todo al esfuerzo de Motecuhzoma Ilhuicamina y Axay&aacute;catl exist&iacute;a ya comunicaci&oacute;n permanente con poblaciones sometidas y tributarias como Guernavaca (Guauhn&aacute;huac, "lugar rodeado de &aacute;rboles") y, m&aacute;s al sur, con Xiuhtepec, Miahuatl&aacute;n, Iztla, Goatlan, Amacuzac, Alpuyeca y Zacatepec, entre otros. Lo mismo ocurr&iacute;a respecto de lugares m&aacute;s al sur, que asimismo acataban ya las &oacute;rdenes de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan, entre ellos Taxco, Ichcateopan, Iguala y Tepecuacuilco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Exist&iacute;a as&iacute; una red de comunicaciones &#151;brechas unas veces y, otras, caminos que eran objeto de atenci&oacute;n permanente&#151; que facilitaban el intercambio de productos y el traslado de gentes, entre otras de los ej&eacute;rcitos mexicas. Tales v&iacute;as de comunicaci&oacute;n &#151;suena a redundancia decirlo&#151; converg&iacute;an en &uacute;ltima instancia en M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan. Y puede pensarse que eran las poblaciones de mayor importancia y mejor ubicadas las que constitu&iacute;an puntos de tr&aacute;nsito casi obligado. Varias son las mismas que cruza, o a las que se aproxima, el moderno camino a Acapulco, como Guauhn&aacute;huac, Amacuzac, Taxco e Iguala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su avance hacia el sur en tiempos de Ahu&iacute;tzotl, los mexicas, despu&eacute;s de pasar por Tetela y Tlacotepec se dirigieron hacia el sureste y llegaron a Otatlan, m&aacute;s all&aacute; del r&iacute;o Balsas.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Gonquistado ese lugar y otros cercanos, reanudaron su marcha con rumbo al suroeste hasta alcanzar a Xolochiuhyan que &#151;seg&uacute;n Jaime Litvak que estudi&oacute; ampliamente esa regi&oacute;n&#151; se conoce hoy como Jolochuca.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Estaban all&iacute; muy cerca del oc&eacute;ano. La penetraci&oacute;n continu&oacute; entonces hacia el oeste, dentro de la que hoy se conoce como regi&oacute;n de la Gosta Grande y constitu&iacute;a entonces la provincia de Gihuatl&aacute;n. Se llam&oacute; as&iacute; debido a la creencia de los pueblos nahuas de que era el sector occidental del mundo donde las mujeres <i>(cihua)</i> que hab&iacute;a muerto de parto &#151;con un guerrero en su vientre&#151; acompa&ntilde;aban al sol en su curso desde el cenit hasta el ocaso. Entre los sitios que fueron conquistados en esta provincia estuvieron Petatl&aacute;n, Zihuatanejo, Iztapa y Apancalecan, hasta llegar a Zacatula en la desembocadura del Balsas, l&iacute;mite con los tarascos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Probablemente, estando el ej&eacute;rcito mexica en Xolochiuhyan o quiz&aacute; desde antes, bajando de Otatlan, una parte del mismo se dirigi&oacute; hacia Goy&uacute;cac y avanz&oacute; luego hacia Acapulco. Esto lo asientan el <i>C&oacute;dice Mendoza</i> y los referidos anales. Atendiendo en particular al c&oacute;dice, encontramos que, en su folio 13 recto, registra las conquistas de Ahu&iacute;tzotl en esta regi&oacute;n del actual Guerrero, con los glifos que acompa&ntilde;an entre otros a los templos quemados de Xolochiuhyan, Goyucac, Apancalecan y Acapulco. La conquista del peque&ntilde;o pueblo de Acapulco tuvo una particular significaci&oacute;n. Es cierto que en esa &eacute;poca Acapulco, incluyendo su gran bah&iacute;a, no ten&iacute;a ni remotamente la importancia que adquiri&oacute; en el periodo colonial con el arribo del gale&oacute;n de Manila. En tal sentido, para los mexicas, Acapulco no era un destino en s&iacute; mismo. La significaci&oacute;n particular que lleg&oacute; a tener su conquista provino de su ubicaci&oacute;n en los l&iacute;mites de la que se conoci&oacute; como "provincia" o se&ntilde;or&iacute;o de Tlapa y, m&aacute;s al oriente, la gran zona mixteca, incluida la parte que se sit&uacute;a actualmente en territorio de Guerrero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mexicas nunca llegaron a someter a todos los pueblos tlapanecos, mencionados tambi&eacute;n como yopis, seg&uacute;n lo not&oacute; fray Bernardino de Sahag&uacute;n.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En tanto que una parte de la zona costera de la tierra de los yopis se mantuvo insumisa a los mexicas, el establecimiento de &eacute;stos en Acapulco constituy&oacute;, en el extremo sur, una especie de "marca" o circunscripci&oacute;n fronteriza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acapulco, por lo dem&aacute;s, aunque seg&uacute;n ya vimos, aparece entre las conquistas de Ahu&iacute;tzotl en el <i>C&oacute;dice Mendoza,</i> no est&aacute; luego incluido en la lista de los pueblos de la provincia de Gihuatl&aacute;n que pagaban tributos a M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan. Esto ha sido interpretado por algunos, entre ellos Robert H. Barlow, como indicio de la escasa importancia que ten&iacute;a Acapulco.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Una hip&oacute;tesis muy distinta ser&iacute;a pensar que, precisamente por su ubicaci&oacute;n estrat&eacute;gica frente a los yopis, los habitantes de Acapulco estaban exentos, sin otra obligaci&oacute;n que proveer al sustento de los guerreros mexicas all&iacute; estacionados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Una ruta permanente entre Acapulco y los se&ntilde;or&iacute;os de Taxco e Iguala?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Importa notar que en las que se han descrito como provincias de Cihuatl&aacute;n y Tepecuacuilco, as&iacute; como en las colindantes por el norte, las de Guauhn&aacute;huac, Huaxtepec, Tlachco (Taxco) e Iguala, los arque&oacute;logos han descubierto numerosos vestigios de asentamientos prehisp&aacute;nicos, mont&iacute;culos, ruinas de templos y diversas estructuras arquitect&oacute;nicas, algunas que denotan haber sido fortificaciones. Revelan ellas los prop&oacute;sitos mexicas de consolidar all&iacute; su dominaci&oacute;n y, en los l&iacute;mites con el territorio de Michoac&aacute;n, de hacer frente a intentos pur&eacute;pechas de penetraci&oacute;n. Entre tales sitios fortificados hasta ahora localizados est&aacute;n los de Temazcaltepec, Tlatlaya, Oztuma, Tetela, Acapetlahuapan, Ixcateopan, Teloloapan, Axohitlan y Otatlan.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hab&iacute;a tambi&eacute;n otro sistema de fortificaciones en la regi&oacute;n oriental colindante con el territorio de los yopis o tlapenecos no sometidos. Adem&aacute;s de sitios defendidos como Zumpango y Quecholtenango que controlaban el acceso por el septentri&oacute;n, estaban los que conten&iacute;an a los yopis por el oriente, desde Tlacotepec al norte hasta Anecuilco y Acapulco en el extremo sur. Jaime Litvak resume cu&aacute;l era la situaci&oacute;n prevalente: "Gihuatl&aacute;n ten&iacute;a similares problemas de frontera &#91;...&#93; Al Este, la provincia ten&iacute;a frontera con los yopis, defendida m&aacute;s ligeramente que la tarasca, con puntos como Anexuilco. Acapulco anclaba su l&iacute;mite con el Oc&eacute;ano".<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Corrobora esto lo expresado acerca de la existencia de una red de comunicaciones que facilitaba, en amplio territorio, el tr&aacute;nsito de tropas, funcionarios, mercaderes y <i>tamemes</i> que se remit&iacute;an a M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan. De modo particular deja ver que existi&oacute; una ruta, brecha o camino, que hac&iacute;a posible la comunicaci&oacute;n entre la metr&oacute;poli mexica y el punto m&aacute;s meridional de la provincia de Gihuatl&aacute;n, Acapulco, frontera con los levantiscos yopis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos visto ya que, partiendo de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan, la ruta de comunicaci&oacute;n hacia el sur tocaba en unos casos, o se acercaba mucho en otros, a Guauhn&aacute;huac, Alpuyeca, Iztla, Amacuzac, Taxco e Iguala, como ocurre con la moderna carretera M&eacute;xico&#45;Acapulco. Pero queda por esclarecer qu&eacute; ruta segu&iacute;an en su marcha m&aacute;s al sur quienes, sobre todo por razones defensivas, ten&iacute;an que abastecer lugares como Tlacotepec, Zumpango, Anexuilco y Acapulco. Dar una respuesta precisa no es f&aacute;cil. Sin embargo, hay dos elementos que deben tomarse en cuenta. Uno es que el moderno camino cruza por Zumpango en la que era provincia de Tepecuacuilco, de donde contin&uacute;a siguiendo relativamente cerca de lo que era la frontera con los yopis. En tiempos mexicas, sus guerreros deb&iacute;an hacer otro tanto y, si bien ten&iacute;an que desviarse hacia el poniente para alcanzar lugares como Tlacotepec y Otatlan, retomaban luego la direcci&oacute;n de Acapulco para pasar por la entonces importante poblaci&oacute;n fortificada de Anecuilco.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las comunicaciones con Acapulco desde la ciudad de M&eacute;xico reci&eacute;n conquistada por los espa&ntilde;oles</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro elemento digno de atenci&oacute;n lo proporcionan el temprano conocimiento y comunicaci&oacute;n que los espa&ntilde;oles tuvieron respecto de Acapulco. Desde mucho antes de que los galeones de Manila arribaran a su gran bah&iacute;a, ya Hern&aacute;n Cort&eacute;s y poco m&aacute;s tarde otros muchos bajaron hasta ese puerto siguiendo un derrotero, seg&uacute;n parece como el que se ha descrito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cort&eacute;s en la <i>Instrucci&oacute;n</i> que dio, en junio de 1532 a Diego Hurtado de Mendoza antes de que &eacute;ste zarpara en busca de lo que result&oacute; ser California, hace referencia a Acapulco.<sup><a href="#notas">12</a></sup> De este puerto sali&oacute; Hurtado de Mendoza, de quien no se volvi&oacute; a tener noticia. En cambio, a Acapulco retorn&oacute; Diego Becerra meses m&aacute;s tarde, tras haber descubierto las islas Revillagigedo.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Prueba de la creciente importancia que fue adquiriendo Acapulco la tenemos en que el mismo don Hernando, despu&eacute;s de pasar casi un a&ntilde;o en la bah&iacute;a de Santa Cruz (hoy la Paz), escogi&oacute; a Acapulco como punto de regreso.<sup><a href="#notas">14</a></sup> De all&iacute; mismo partieron, desde 1536, varias naves con rumbo a Paita en el Per&uacute;.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/ecn/v42/html/a3mapa.html" target="_blank">Mapa</a></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; tanto o m&aacute;s revelador que todo lo anterior son dos cartas de Diego Pardo que ten&iacute;a encomienda en Ayutla, tambi&eacute;n en el actual Guerrero pero al oriente del enclave de los yopis no sometidos. En la primera comunicaci&oacute;n, dirigida a Pablo Lozano que se hallaba en la ciudad de M&eacute;xico, de fecha 3 de marzo de 1531, le pide intervenga para que se le preste auxilio ante el alzamiento de los yopis que han puesto la regi&oacute;n en grave peligro. Despu&eacute;s de hablar de la muerte de Diego de Gallegos a manos de los yopis, menciona a un tal Jorgico al que dice haber enviado para poner a salvo a sus encomendados y esclavos: "As&iacute; como supe de la muerte de Diego de Gallegos &#151;le dice&#151; envi&eacute; a Jorgico por ellos &#91;los esclavos negros&#93; que indios ningunos quer&iacute;an ir, y por la parte de Acapulco los sac&oacute; &#91;...&#93;" <sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cosa coherente parece que, si el Jorgico pudo sacar de peligro a los esclavos por Acapulco, &eacute;ste segu&iacute;a siendo considerado no s&oacute;lo como frontera o "marca" con el territorio yopi, como en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica, sino tambi&eacute;n que era lugar por donde pod&iacute;a recibirse auxilio de M&eacute;xico. Solicit&oacute; adem&aacute;s el encomendero Diego Pardo se le enviaran de la misma capital "tres o cuatro carreteras y veinte almocafres"<sup><a href="#notas">17</a></sup> (instrumento para excavar y limpiar la tierra de malas hierbas). Ello naturalmente supone la existencia de un camino, por malo que fuera, entre Acapulco y M&eacute;xico. Gomo, en otros casos, por ejemplo en el que iba a Chalchicueyecan, donde se edific&oacute; Veracruz, casi siempre los espa&ntilde;oles siguieron las brechas o caminos ind&iacute;genas ensanch&aacute;ndolos o mejor&aacute;ndolos hasta donde les fue posible.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra carta del mismo Pardo al contador Rodrigo de Albornoz, del 18 de marzo de 1531, es tambi&eacute;n elocuente pues muestra que tanto interesaba Acapulco en tan temprana fecha que exist&iacute;a all&iacute; la encomienda de Juan Rodr&iacute;guez de Villafuerte. Este fue padre de Francisco de Villafuerte que en 1580 actu&oacute; como escribano al redactarse la <i>Relaci&oacute;n geogr&aacute;fica de Citlaltomahua y Anecuilco.</i> Reaparecen por cierto en dicha <i>Relaci&oacute;n</i> las noticias acerca de la comunicaci&oacute;n que hab&iacute;a entre Acapulco y M&eacute;xico. De Anecuilco, el sitio fortificado por los mexicas, dice que su nombre significa lugar de la "vuelta que hace el r&iacute;o", refiri&eacute;ndose al llamado Xiquipila, hoy "de la Sabana" que recib&iacute;a como afluente al N&eacute;xatl (agua cenicienta), antes de llegar a su desembocadura conocida como Nagualan. Estaba ella en la laguna de Tres Palos, al sureste de Acapulco y cercana a las bocas del r&iacute;o Papagayo en los l&iacute;mites del territorio de los yopis. Y a&ntilde;ade que Anecuilco se encuentra cerca de Gitlaltomahua y que, de all&iacute; "al puerto de Acapulco hacia el sudeste, hay diecisiete leguas grandes, de muy malos caminos de cuestas y cerros y malos pasos".<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volviendo ahora a la carta de 1531 en la que el encomendero Pardo menciona al padre del escribano Francisco de Villafuerte, como aquel en cuya jurisdicci&oacute;n estaba Acapulco, nos enteramos de que algunos ind&iacute;genas del lugar se hab&iacute;an aliado con los yopis alzados. Una urgente petici&oacute;n hace en consecuencia al presidente y miembros de la Segunda Audiencia de M&eacute;xico:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">que se ponga remedio en ello antes que hagan m&aacute;s mal porque dicen que traen un diablo consigo que les dice que es tiempo que no paren hasta M&eacute;xico, que de esto soy informado de ciertos indios que yo les envi&eacute; desde el pueblo de Nespa que es la raya de los dichos yopes &#91;en la frontera, no del lado de Acapulco sino del de Ayutla, en el oriente&#93;.<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto esta carta como la antes citada, ambas de marzo de 1531, est&aacute;n reiterando lo que por la arqueolog&iacute;a, los anales en n&aacute;huatl y el testimonio de c&oacute;dices como el <i>Mendoza</i> y la <i>Matr&iacute;cula de Tributos</i> ya conoc&iacute;amos: la existencia de comunicaciones entre M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan y Acapulco. "Caminos muy malos de cuestas y cerros y malos pasos" eran los que hab&iacute;a, como lo expres&oacute; el escribano Villafuerte, y peores seguramente en tiempos m&aacute;s antiguos, pero que, no obstante, hab&iacute;an hecho posible el intercambio de productos y el tr&aacute;nsito de personas, entre ellos los soldados de Ahu&iacute;tzotl y luego de Moctezuma Xocoyotzin.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Los paisajes y los nombres de lugar</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La recordaci&oacute;n de todo esto ayudar&aacute; a enriquecer la experiencia de quien en la actualidad atraviesa en unas cuantas horas, en moderna autopista, las mismas regiones que por malos caminos andaban los mexicas a lo largo de varios d&iacute;as de extenuante marcha. Los tiempos cambian pero mucho del paisaje perdura: los mismos montes, r&iacute;os, ca&ntilde;adas y barrancos. Y ojal&aacute; que los bosques que hasta hoy se han salvado puedan ser contemplados por quienes vendr&aacute;n despu&eacute;s de nosotros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay algo m&aacute;s todav&iacute;a. Quien hoy recorre velozmente los trescientos kil&oacute;metros y poco m&aacute;s que separan a Acapulco de la gran metr&oacute;poli podr&aacute; interesarse en saber que muchos de los nombres de lugar que le salen al paso o los de pueblos y ciudades cercanas a la autopista, son los mismos que desde hace siglos les dieron las gentes de lengua n&aacute;huatl. Ya he mencionado aqu&iacute; algunos. Y, adem&aacute;s, tenemos la buena fortuna de que no pocos de sus correspondientes glifos topon&iacute;micos han llegado hasta nosotros. Me refiero a los de poblaciones de esas antiguas provincias de Cuauhn&aacute;huac, Huaxtepec, Taxco, Tepecuacuilco y Cihuatlan, en la llamada Costa Grande. Aqu&iacute; se reproducen con la belleza de su trazo y la fuerza de sus colores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una &uacute;ltima palabra. Si el pa&iacute;s de los yopis o tlapanecos, colindante con Acapulco hacia el oriente provoca tambi&eacute;n inter&eacute;s o curiosidad, a&ntilde;adir&eacute; que hay varios c&oacute;dices que dan testimonio acerca de &eacute;l. Entre esos manuscritos recordar&eacute; a los dos <i>C&oacute;dices de Azoy&uacute;,</i><sup><a href="#notas">21</a></sup> as&iacute; como a los <i>Lienzos de Tlapa, Chiepetlan, Totomixtlahuaca, Aztatepec</i> y <i>Citlalt&eacute;petl.</i><sup><a href="#notas">22</a></sup> Tambi&eacute;n en ellos hay muchos glifos de los nombres de lugar y escenas de los enfrentamientos entre tlapanecos o yopis con los guerreros mexicas. Un mundo de maravillas nos revelan esos viejos manuscritos, de un modo u otro relacionados con algo de lo que contempla el que hoy se adentra por el actual Guerrero y sus bellas y feraces tierras.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v42/a3f1.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v42/a3f2.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v42/a3f3.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/ecn/v42/a3f4.jpg" target="_blank">Figura 4.</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> <i>The Codex Mendoza,</i> edici&oacute;n de Frances E. Berdan y Patricia Rieff Anawalt, 4 v., Berkeley, The University of California Press, 1992, v. 1, Apprendix E: The Place &Ntilde;ames, p. 168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432868&pid=S0071-1675201100010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Los <i>Anales de Tlatelolco,</i> conocidos tambi&eacute;n como <i>Anales de la naci&oacute;n mexicana,</i> manuscritos 22 y 22&#45;bis de la Biblioteca Nacional de Par&iacute;s, han sido publicados con paleograf&iacute;a, versi&oacute;n al alem&aacute;n y notas por Ernst Mengin, Berl&iacute;n, Verlag von Dietrich Reimer, 1939. Se menciona a Acapulco en el fol. 12. <i>Anales de Cuauhtitlan</i> en <i>C&oacute;dice Chimalpopoca,</i> versi&oacute;n castellana de Primo Feliciano Vel&aacute;squez, 3a. edici&oacute;n, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 1992, p. 241.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432870&pid=S0071-1675201100010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> "Carta en lat&iacute;n al Rey don Felipe II, de don Pablo Nazareo de Xaltocan...", en <i>Epistolario de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> editado por Francisco del Paso y Troncoso, 16 v., M&eacute;xico, Antigua Librer&iacute;a de Robredo, 1940, t. X, p. 119.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432872&pid=S0071-1675201100010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Hernando Alvarado Tezoz&oacute;moc, <i>Cr&oacute;nica mexicana,</i> anotada por Manuel Orozco y Berra, edici&oacute;n facsimilar de la primera &#91;1878&#93;, M&eacute;xico, Editorial Porr&uacute;a, 1975, p. 521&#45;536.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432874&pid=S0071-1675201100010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> <i>C&oacute;dice Telleriano&#45;Remense</i>, en <i>Antig&uuml;edades de M&eacute;xico,</i> basada en la recopilaci&oacute;n de Lord Kingsborough, 4 v., M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Hacienda y Cr&eacute;dito P&uacute;blico, 1964, t. I, p. 300, (l&aacute;mina XXI del c&oacute;dice).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432876&pid=S0071-1675201100010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Jaime Litvak King, <i>Cihuatl&aacute;n y Tepecoacuilco, provincias tributarias de M&eacute;xico en el siglo</i> <i>XVI,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 1971, p. 70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432878&pid=S0071-1675201100010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Bernardino de Sahag&uacute;n, <i>Historia general de las cosas de Nueva Espa&ntilde;a,</i> introducci&oacute;n, paleograf&iacute;a, glosario y notas de Alfredo L&oacute;pez Austin y Josefina Garc&iacute;a Quintana, 2 v., M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana, 1989, t. II, p. 688.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432880&pid=S0071-1675201100010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Se reproduce aqu&iacute; una parte del mapa que incluy&oacute; Robert H. Barlow al final de <i>The Extent of the Empire of the Culhua Mexica,</i> Berkeley, University of California Press, 1949.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432882&pid=S0071-1675201100010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> En dicho mapa puede verse c&oacute;mo el se&ntilde;or&iacute;o de Yopitzingo estaba rodeado por provincias sometidas a los mexicas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Barlow, <i>op. cit.,</i> p. 9.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> V&eacute;ase Litvak, <i>op. cit.,</i> p. 75&#45;77.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> <i>Ibid,</i> p. 78.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Hern&aacute;n Cort&eacute;s, "Instrucci&oacute;n que dio en 1532 a Diego Hurtado de Mendoza, su lugarteniente... para el viaje que deb&iacute;a hacer... al descubrimiento de la tierra nueva del mar del Sur", en <i>Colecci&oacute;n de documentos in&eacute;ditos para la historia de Espa&ntilde;a,</i> editados por Mart&iacute;n Fern&aacute;ndez de Navarrete <i>et al.,</i> Madrid, 1884, t. IV, p. 167&#45;175.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432887&pid=S0071-1675201100010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> V&eacute;ase acerca de esto: M. Le&oacute;n&#45;Portilla, <i>Hern&aacute;n Cort&eacute;s y la Mar del Sur,</i> Madrid, Ediciones Cultura Hisp&aacute;nica, 1985, p. 93&#45;100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432889&pid=S0071-1675201100010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Ibid., p. 109.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Ibid., p. 117&#45;121.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> "Carta de Diego a Pedro Lozano d&aacute;ndole aviso del alzamiento de los indios yopes... del pueblo de Ayutla, a 3 de marzo de 1531", en <i>Epistolario de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> t. II, p. 30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432893&pid=S0071-1675201100010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Ibid., p. 31</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Bernardino de Sahag&uacute;n en el texto en n&aacute;huatl del <i>C&oacute;dice florentino</i> describe los diversos g&eacute;neros de caminos que hab&iacute;a en el M&eacute;xico prehisp&aacute;nico. V&eacute;ase edici&oacute;n facsimilar publicada por el Archivo General de la Naci&oacute;n, 3 v., M&eacute;xico, 1979, t. III, libro XI, fol. 237r.&#45;239 r.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432896&pid=S0071-1675201100010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> "Relaci&oacute;n de Citlatomahua y Anecuilco", en <i>Relaciones geogr&aacute;ficas de M&eacute;xico, siglo</i> <i>XVI,</i> t. I, edici&oacute;n de Ren&eacute; Acu&ntilde;a, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas, 1985, p. 113.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432898&pid=S0071-1675201100010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> "Carta de Diego Pardo al contador de M&eacute;xico, Rodrigo de Albornoz, d&aacute;ndole cuenta del alzamiento de los indios yopis, y suplic&aacute;ndole le d&eacute; parte a la Audiencia para que lo remedie, 18 de marzo de 1531", en <i>Epistolario de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> t. I, p. 32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432900&pid=S0071-1675201100010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> V&eacute;ase: <i>C&oacute;dice Azoy&uacute; I,</i> reproducci&oacute;n facsimilar y edici&oacute;n de Contanza Vega, 2 v., M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432902&pid=S0071-1675201100010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> V&eacute;ase, como muestra, la edici&oacute;n de los <i>Lienzos de Chiepetlan, Manuscripts pictographiques et manuscripts en caracteres latins de San Miguel Chiepetlan, Guerrero, Mexique,</i> edici&oacute;n y estudio de Joaqu&iacute;n Galarza, M&eacute;xico, Misi&oacute;n Archaelogique et Ethnologique Fran&ccedil;aise au Mexique, 1972.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3432904&pid=S0071-1675201100010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Carta de Diego Pardo al contador de México, Rodrigo de Albornoz, dándole cuenta del alzamiento de los indios yopis, y suplicándole le dé parte a la Audiencia para que lo remedie, 18 de marzo de 1531]]></article-title>
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