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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alfredo L&oacute;pez Austin y Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n, <i>Monte Sagrado&#45;Templo Mayor</i></b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eduardo Matos Moctezuma</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia/Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas, 2009.</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tenemos ante nosotros un libro singular: <i>Monte Sagrado&#45;Templo Mayor</i> de Alfredo L&oacute;pez Austin y Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n. el libro marca pautas metodol&oacute;gicas que llevan al lector, paso a paso, por los intrincados laberintos de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rico&#45;antropol&oacute;gica. Pero vayamos por partes. En primer lugar, quiero atender lo concerniente a la metodolog&iacute;a empleada por los autores para enseguida referirme a lo relativo al ejemplo que les sirve de aplicaci&oacute;n de la misma: el templo Mayor de Tenochtitlan.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Metodolog&iacute;a</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los primeros cap&iacute;tulos del libro est&aacute;n dedicados a la manera en que abordan desde perspectivas diferentes todo aquello que se refiere al tema a tratar. En primer lugar, habr&iacute;a que destacar las tres ramas del conocimiento de las que esencialmente parten para hacer acopio de informaci&oacute;n: la arqueolog&iacute;a, las fuentes hist&oacute;ricas y la etnograf&iacute;a actual. La feliz conjunci&oacute;n de estas disciplinas permite a los autores ahondar en distintos &aacute;mbitos del pensamiento mesoamericano. de todas ellas deviene el planteamiento de algunos postulados imprescindibles en el estudio como es el caso del "n&uacute;cleo duro", entendido &eacute;ste como un complejo sist&eacute;mico de elementos culturales articulados entre s&iacute;; que presenta una fuerte resistencia al cambio; est&aacute;n actuando como estructurantes del acervo tradicional; permiten que nuevos elementos se incorporen a este acervo dentro del contexto cultural con un sentido congruente y que no conforman una unidad discreta (p. 27). Lo anterior se plantea dentro de la concepci&oacute;n braudeliana de los ritmos hist&oacute;ricos y se aplica a la tradici&oacute;n mesoamericana vi&eacute;ndola como "un complejo compuesto por elementos muy heterog&eacute;neos en lo que toca a su vulnerabilidad al cambio: mientras algunos forman un sustrato resistente, pertinaz, frente al devenir hist&oacute;rico, otros son alterados radicalmente por los cambios sociales y pol&iacute;ticos, y otros m&aacute;s son tan d&eacute;biles que se pierden por completo al ritmo de la moda" (p. 27). Es precisamente el estudio etnol&oacute;gico el que permite ver la perdurabilidad de algunos de ellos a trav&eacute;s del tiempo y la manera en que pueden presentarse dentro de determinados grupos actuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro concepto importante dentro del estudio es el del paradigma y m&aacute;s concretamente el "paradigma cosmol&oacute;gico", el cual, aunque perfectible como lo asientan los autores, presenta cuatro caracter&iacute;sticas que le son propias: 1) es un recurso heur&iacute;stico que permite el estudio de la cosmovisi&oacute;n desde sus componentes, estructura y procesos de donde se derivan sus elementos fundamentales; 2) se le concibe como un modelo en cuanto a que es una representaci&oacute;n sint&eacute;tica de la realidad adem&aacute;s de ser una construcci&oacute;n l&oacute;gica operable, que explica un extenso acervo de concepciones complejas dif&iacute;cil de entender en su particularidad; 3) el paradigma trata de descubrir y exponer, "al menos en parte, una abstracci&oacute;n que resulta de la l&oacute;gica inherente a las concepciones que se estudian" (p. 36); 4) concebido como recurso, explica globalmente concepciones similares en sus variantes de manifestaci&oacute;n. Dicen L&oacute;pez Austin y L&oacute;pez Luj&aacute;n: "Pretende trascender las particularidades que se dan en el tiempo, en el espacio y en las culturas espec&iacute;ficas de una gran tradici&oacute;n, as&iacute; como esclarecer algunas de las formas de expresi&oacute;n opacas que son comunes en ritos, mitos, met&aacute;foras, im&aacute;genes visuales y otras v&iacute;as de transmisi&oacute;n de los principios cosmol&oacute;gicos fundamentales." (p. 36).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores utilizan otros conceptos que dividen al cosmos en dos dimensiones espacio&#45;temporales que los ayudar&aacute;n en la empresa investigativa: el anec&uacute;meno y el ec&uacute;meno. El primero corresponde al tiempo&#45;espacio de los dioses y de los muertos al que son ajenas las criaturas. El segundo es propio de estas &uacute;ltimas aunque tambi&eacute;n suelen aparecer seres sobrenaturales en forma definitiva o s&oacute;lo transitoriamente. Los autores agregan que entre estas dos dimensiones los dioses transitan libremente por sitios peligrosos que sirven de comunicaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n tratan lo relativo al paradigma del Monte Sagrado y su aplicaci&oacute;n a un caso concreto: el Templo Mayor de Tenochtitlan entendido por ellos como Coat&eacute;petl. La raz&oacute;n de tomar este ejemplo entre otros muchos reside en "la multiplicidad simb&oacute;lica del edificio mexica, la abundante informaci&oacute;n arqueol&oacute;gica que a &eacute;l se refiere y el inter&eacute;s que ha despertado en los mesoamericanistas contempor&aacute;neos" (p. 38). Todo lo anterior podemos sintetizarlo en el orden metodol&oacute;gico que conduce a n&uacute;cleo duro&#45;monte sagrado&#45;Coat&eacute;petl/Templo Mayor de Tenochtitlan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Aplicaci&oacute;n del paradigma</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comienza esta parte medular del libro con lo que L&oacute;pez Austin y L&oacute;pez Luj&aacute;n entienden por "Coat&eacute;petl" y su an&aacute;lisis a trav&eacute;s del tiempo. As&iacute;, parten de la historia mexica y la construcci&oacute;n de su edificio principal, adem&aacute;s de analizar las diversas etapas constructivas del Templo Mayor. De inmediato atienden las primeras descripciones del recinto sagrado y aclaran y discuten, basados en diferentes autores, lo relativo al llamado coatepantli. Enseguida hablan del simbolismo presente en el Templo Mayor, de su valor mitol&oacute;gico y tratan un aspecto importante: la cueva y su problema iconogr&aacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Recorrido del Templo Mayor</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de este momento (p. 265), comienzan un detallado recorrido que nos lleva por los diversos componentes del edificio. No s&oacute;lo es una descripci&oacute;n de estos elementos, sino que lo acompa&ntilde;an de prolijas discusiones de los mismos a partir de las opiniones de quienes hemos hablado acerca de ellos y es as&iacute; como corroboran, niegan o hacen nuevas proposiciones a lo dicho. Inician el recorrido con la plataforma sobre la que se asienta el edificio y van detallando cada parte de ella. Las serpientes y los braseros tienen un papel fundamental y se acompa&ntilde;an de detalles que tiene que ver desde las clases de los ofidios, hasta sus formas y simbolismo. Las serpientes colocadas rematando las alfardas del lado de Tl&aacute;loc y las correspondientes al de Huitzilopochtli son diferentes tanto en forma como en colorido. Algo similar ocurre con los braseros que se encuentran sobre la plataforma del lado de Tl&aacute;loc, en sus lados norte y poniente, en donde se ve el rostro de este dios en los que predomina el color azul, en tanto que del lado de Huitzilopochtli se representan con un mo&ntilde;o rojo (que se relaciona con la deidad) y guardan un tono ocre o &iacute;gneo. Otros componentes son analizados como es el caso de lo que llaman Altar de las Serpientes Celestes y desde luego, la monumental figura de Coyolxauhqui, de la que hacen ver &#151;como producto de trabajos en el lugar&#45; que fue reubicada de un piso anterior y colocada sobre el que se encontr&oacute;, correspondiente a 1469 d.C., conforme a la cronolog&iacute;a hasta ahora aceptada. Se mencionan las diferentes figuras de la diosa que han sido encontradas y sus atributos, adem&aacute;s de las c&aacute;maras y sus contenidos en la mitad de las escalinatas que conducen hacia los adoratorios de las deidades que presiden el Templo Mayor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n analizan la pir&aacute;mide y sus diferentes etapas constructivas, en donde atienden a manera de pregunta lo relativo a si se trata de una pir&aacute;mide unitaria o doble. Los autores se inclinan por considerar que "la pir&aacute;mide es una y son dos a la vez. Por una parte &#151;nos dicen&#151; la pir&aacute;mide es la proyecci&oacute;n del cuerpo c&oacute;smico que funciona como motor de los ciclos de vida/muerte, como repositorio de las riquezas vegetal y acu&aacute;tica, como destino transitorio de cada criatura que ha sido destruida sobre la superficie de la tierra &#91;...&#93;". M&aacute;s adelante agregan: "Pero, por otra parte, en el juego simb&oacute;lico hay distinci&oacute;n de las dos mitades. Claramente marca en los taludes oriental y occidental la l&iacute;nea divisoria, y en forma m&aacute;s conspicua, en su parte frontal, las dos escalinatas que conducen a las capillas de los dioses opuestos y complementarios resaltan por sus correspondientes pares de alfardas. Otras marcas son el delantal y, al nivel de la plataforma, la distinci&oacute;n del predominio del azul o del ocre en las serpientes, las diferencias de los braseros y la presencia del Altar de las Serpientes Celestes por un lado y el Altar de las Ranas por el otro" (p. 370). A lo anterior habr&iacute;a mucho m&aacute;s que agregar. Conforme al dato arqueol&oacute;gico que proporcionaron las excavaciones y que son considerados por los autores con gran detalle, tenemos la diferencia entre los dos pares de serpientes que rematan las alfardas; la presencia frente al adoratorio de Tl&aacute;loc de un chacmool en tanto que frontero al de Huitzilopochtli se encuentra una piedra de sacrificios; en el &uacute;ltimo escal&oacute;n del lado de Huitzilopochtli vemos empotrado un rostro que no aparece del lado de Tl&aacute;loc; los motivos pintados en la parte posterior del adoratorio de Tl&aacute;loc muestra la figura de Cent&eacute;otl, acorde con lo que significa este lado. Un dato interesante es el hallazgo de entierros de infantes colocados en el interior de una cista en el lado que corresponde a Tl&aacute;loc, y que fueron degollados en honor de la deidad asoci&aacute;ndolos a los a&ntilde;os de sequ&iacute;a que azotaron a Tenochtitlan durante el gobierno de Moctezuma I. Por otra parte, las fuentes hist&oacute;ricas nos proporcionan otras tantas diferencias entre uno y otro lado: cada uno estaba dedicado a deidades diferentes, atendidas por sacerdotes que practicaban cultos y rituales igualmente diferentes, entre ellos el sacrificio humano. Los adoratorios estuvieron decorados con colores espec&iacute;ficos y a&uacute;n las almenas que remataban en la parte alta eran diferentes para cada lado. &iquest;Por que, me pregunto, tanta insistencia en los antiguos mexicas por dejar claramente establecidas las diferencias entre un lado y otro? Como conclusi&oacute;n de todo esto no es de extra&ntilde;ar que me incline a pensar que se trata de dos montes sagrados, uno que corresponde al dios Tl&aacute;loc, que representa la monta&ntilde;a en la que se le rend&iacute;a culto y que sirve como dep&oacute;sito vegetal y acu&aacute;tico adem&aacute;s de otras funciones, mientras que el otro lado la presencia de la guerra es evidente, no solo por el numen al cual est&aacute; dedicada, sino por el mito en &eacute;l representado del combate entre Huitzilopochtli y Coyolxauhqui. Esto se manifestaba en las festividades que se celebraban en uno y otro lado. Del lado del dios de la guerra tenemos la fiesta de Panquetzaliztli en la que, entre otras cosas, se rememoraba el triunfo de Huitzilopochtli sobre sus enemigos, acompa&ntilde;ado al final del sacrificio de cautivos y esclavos. Del lado de Tl&aacute;loc tenemos el relato de Dur&aacute;n en donde se&ntilde;ala c&oacute;mo se celebraba la fiesta en el mes de Huey Tozoztli: "Todos estos juegos y fiestas se hac&iacute;an a un bosque que se hac&iacute;a en el patio del templo, delante de la imagen del &iacute;dolo Tl&aacute;loc, en medio del cual bosque hincaban un &aacute;rbol alt&iacute;simo, el m&aacute;s alto que en el bosque pod&iacute;an hallar, al cual pon&iacute;an por nombre "Tota", que quiere decir "Nuestro Padre". Y agrega: "&#91;...&#93; antes del d&iacute;a propio de la fiesta de este &iacute;dolo hac&iacute;an un bosque peque&ntilde;o en el patio del templo, delante del oratorio de este &iacute;dolo Tl&aacute;loc, donde pon&iacute;an muchos matorrales y montecillos y ramas y pe&ntilde;asquillos que parec&iacute;an cosa natural y no compuesta y fingida". Trataban, pues, de revestir este lado para dar la apariencia de vegetaci&oacute;n y resulta muy significativo la colocaci&oacute;n de "Tota", el &aacute;rbol posiblemente relacionado con el &aacute;rbol c&oacute;smico a que aluden los autores, s&oacute;lo que esto se hac&iacute;a, si creemos a Dur&aacute;n, del lado de Tl&aacute;loc exclusivamente. Es posible que la representaci&oacute;n pict&oacute;rica que vemos en el mural de Tepantitla conocida como Tlalocan, pudiera corresponder a lo que observamos en la parte del dios del agua narrada por Dur&aacute;n: el edificio como dep&oacute;sito de los granos que habr&aacute;n de alimentar al hombre y sobre &eacute;l la imagen del dios y su relaci&oacute;n con el &aacute;rbol c&oacute;smico representado en la figura de "Tota". Por cierto, el predominio del lado del dios de la guerra sobre el de la lluvia (que se denota en diversos relatos, pictograf&iacute;as y a&uacute;n en el dato arqueol&oacute;gico), prevaleci&oacute; a grado tal que se atribuye al edificio el nombre gen&eacute;rico de Coat&eacute;petl. En varias fuentes hist&oacute;ricas leemos c&oacute;mo se alude a Huitzilopochtli en las primeras andanzas de los mexicas y la manera en que en Tenochtitlan se erige su templo sin que se mencione la presencia de Tl&aacute;loc. Esto me lleva a pensar que el predominio del dios solar y guerrero tuvo preeminencia pero que la importancia de Tl&aacute;loc como se&ntilde;or que preside la monta&ntilde;a que guarda el agua y los granos no pod&iacute;a quedar a un lado, por lo que el mexica incorpora todo lo que &eacute;ste representa y de esa manera quedan juntos pero bien diferenciados en la imagen del Templo Mayor. &Eacute;sta podr&iacute;a ser, quiz&aacute;, una explicaci&oacute;n al plano de los <i>Primeros memoriales</i> de Sahag&uacute;n, cuando vemos que un peque&ntilde;o templo dedicado solo a Huitzilopochtli se encuentra exactamente detr&aacute;s del Templo Mayor, indicando posiblemente que primero se estableci&oacute; el edificio solamente al dios guerrero y despu&eacute;s se incorpor&oacute; todo lo relativo al monte que contiene los dones alimenticios para el hombre. Ahora bien, la imagen de los dos cerros o monta&ntilde;as dentro de la concepci&oacute;n de este pueblo est&aacute; presente, por ejemplo, en la <i>Historia de los mexicanos por sus pinturas,</i> que dice c&oacute;mo se a    sentaron entre dos sierras donde colocaron el templo a Huitzilopochtli y tambi&eacute;n en lo que relatan los cronistas acerca de las dos monta&ntilde;as que chocan entre s&iacute; que deben salvar aquellos a quienes correspond&iacute;a ir al Mictlan.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de este libro abre horizontes a la investigaci&oacute;n. El orden metodol&oacute;gico, la documentaci&oacute;n tanto de fuentes antiguas como la minuciosidad de la descripci&oacute;n del dato arqueol&oacute;gico, unido a un profundo conocimiento del pensamiento ind&iacute;gena actual, lo hace indispensable para conocer los proleg&oacute;menos de lo que en &eacute;l se trata. Los autores dedicaron a&ntilde;os y a&ntilde;os para ir penetrando en los pormenores del Monte Sagrado y todo lo que conlleva su presencia en un mundo lleno de dioses, s&iacute;mbolos, fuerzas antag&oacute;nicas, opuestos complementarios, en fin, todo aquello que el hombre antiguo cre&oacute; y que, al fin y al cabo, explica su propia presencia en la tierra.</font></p>      ]]></body>
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