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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Bibliograf&iacute;a</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sartori, Giovanni,&nbsp;<i>La democracia in trenta lezioni</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel Carbonell**</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Mil&aacute;n, Mondadori, 2008, IX&#45;110 pp.<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>**&nbsp;Investigador en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Giovanni Sartori ha dedicado muchas horas de su vida al estudio de la democracia, de los partidos pol&iacute;ticos, del m&eacute;todo en las ciencias sociales, de la opini&oacute;n p&uacute;blica y del pluralismo. En un libro reciente nos ofrece una s&iacute;ntesis bastante apretada de los principales temas alrededor del debate democr&aacute;tico contempor&aacute;neo, que engloba a todos los que se han mencionado. Se trata, en realidad, de la trascripci&oacute;n de los guiones utilizados por Sartori para breves comentarios televisivos que la televisi&oacute;n p&uacute;blica italiana le pidi&oacute; a fin de transmitirlos en horario de m&aacute;xima audiencia, con una duraci&oacute;n m&aacute;xima de cuatro minutos por comentario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La edici&oacute;n de los textos corri&oacute; a cargo de Lorenza Foschini, la productora de los programas, quien en la introducci&oacute;n del libro que estamos comentando apunta que es posible elevar el nivel de la programaci&oacute;n televisiva sin, por ello, tener que caer en programas in&uacute;tilmente doctos y aburridos. Es algo que deber&iacute;an advertir los encargos de los sistemas televisivos mexicanos, que m&aacute;s bien parecen sostener la tesis contraria: se puede siempre bajar el nivel de los programas, sin tomar en cuenta si son o no aburridos (ya no digamos formativos).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori comienza sus "p&iacute;ldoras democr&aacute;ticas" haciendo referencia a cuestiones conceptuales. Nos recuerda que la democracia es el gobierno del pueblo, pero se pregunta &iquest;qui&eacute;n es el pueblo? Puede parecer una pregunta obvia, o incluso ret&oacute;rica, pero me parece que tiene tanto un inter&eacute;s hist&oacute;rico como un inter&eacute;s estrictamente actual. Hist&oacute;ricamente lo que entendemos por pueblo, para efecto de la participaci&oacute;n democr&aacute;tica, no ha sido lo mismo que lo que entendemos hoy en d&iacute;a. La exclusi&oacute;n durante siglos de las mujeres, los pobres o las personas de color fue la regla y no la excepci&oacute;n. Hoy en d&iacute;a todav&iacute;a mantenemos inaceptables exclusiones para los inmigrantes, los cuales reciben &#151;en el mejor de los casos&#151; un trato como personas de segunda clase, pero que incluso llegan a ser considerados como "no per personas" en muchos sitios, para verg&uuml;enza de nuestras sociedades tan supuestamente liberales y abiertas. Basta mirar a la Constituci&oacute;n mexicana que en ninguna de sus m&aacute;s de 600 modificaciones ha podido sacudirse el tufo xenof&oacute;bico de muchos de sus art&iacute;culos.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Y si la discriminaci&oacute;n comienza por el texto de la carta magna, ya podr&aacute; imaginar el lector el estado en el que se encuentra el resto del ordenamiento jur&iacute;dico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori nos habla tambi&eacute;n del realismo y el idealismo como formas de acercarse a la comprensi&oacute;n de lo que es la democracia. La tradici&oacute;n realista, nos recuerda, se remonta a Nicol&aacute;s Maquiavelo, el pr&iacute;ncipe de los realistas. La tradici&oacute;n idealista cobra fuerza mucho despu&eacute;s y alcanza su m&aacute;ximo esplendor con el pensamiento de Carlos Marx, que se atreve a proponer la &uacute;ltima utop&iacute;a: la desaparici&oacute;n del Estado. Desde luego, no es que fuera una utop&iacute;a democr&aacute;tica, pero hay que aceptar que las consecuencias de su idealismo fueron inconmensurables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori, pese a su tendencia fuertemente realista, reconoce que los ideales son importantes para cualquier r&eacute;gimen democr&aacute;tico. Los ideales democr&aacute;ticos se expresan en valores importantes, que nos hacen cuestionar el estado actual de nuestros sistemas pol&iacute;ticos y que sirven como motor para su mejoramiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ideales democr&aacute;ticos se concretan en valores como la libertad, la igualdad, la tolerancia, el respeto por el pluralismo, los derechos humanos en general, la dignidad de las minor&iacute;as, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori se detiene en el tema de la opini&oacute;n p&uacute;blica, a la que califica como la base sobre la que se sostiene todo el edificio democr&aacute;tico. Las elecciones deben ser libres en una democracia, apunta nuestro autor, pero tambi&eacute;n debe ser libre la conformaci&oacute;n de las opiniones. El problema es que esa libertad exige una cierta dosis de compromiso por parte de la ciudadan&iacute;a. Y es probable que en muchas sociedades ese compromiso simplemente no exista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori se muestra pesimista (en esta y en otras partes de su libro) sobre la calidad de la ciudadan&iacute;a. No le ahorra cr&iacute;ticas al ciudadano que ni entiende ni quiere entender nada de la democracia, que no se preocupa por las elecciones y los partidos, que ni siquiera participa a trav&eacute;s de su voto. Quiz&aacute; no se trate de ideas pol&iacute;ticamente correctas, pero seguramente Sartori tiene buena parte de raz&oacute;n. Diversos estudios emp&iacute;ricos constatan una permanente disminuci&oacute;n del compromiso c&iacute;vico, en general, y del compromiso con las actitudes y valores democr&aacute;ticos, en particular.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, en el mundo del siglo XXI se ha producido un tr&aacute;nsito cuando menos parad&oacute;jico en los escenarios de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica: cuanto m&aacute;s se han ensanchado esos escenarios (a trav&eacute;s de la universalizaci&oacute;n del sufragio activo), tanto m&aacute;s se han multiplicado las actitudes displicentes o claramente abstencionistas por parte de los votantes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La participaci&oacute;n pol&iacute;tica no est&aacute; muy bien considerada: quien milita en un partido o en un sindicato es visto con sospecha por sus amigos y vecinos. No solamente la militancia, sino las instituciones mismas que caracterizan a la participaci&oacute;n pol&iacute;tica han sido puestas en cuesti&oacute;n. El caso de Estados Unidos es muy sintom&aacute;tico: a partir de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os sesenta, se ha producido un constante aumento de la abstenci&oacute;n electoral, tanto en las elecciones federales como en las locales. Menos del 50% de los posibles votantes decidieron en 1996 acudir a las urnas para votar por Bill Clinton, Ross Perot o Robert Dole.<sup><a href="#notas">2</a></sup> En M&eacute;xico, la participaci&oacute;n electoral no suele rebasar el 50% de los inscritos en el padr&oacute;n, sobre todo trat&aacute;ndose de elecciones locales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios sociol&oacute;gicos demuestran adem&aacute;s que las personas que se suelen abstener de votar en las elecciones, tambi&eacute;n tienen menor predisposici&oacute;n a cooperar con los dem&aacute;s en temas distintos de los electorales. Robert Putnam apunta lo siguiente: "Frente al sector demogr&aacute;ficamente equiparable a los no votantes, los votantes tienden m&aacute;s a interesarse por la pol&iacute;tica, hacer donativos de caridad, practicar el voluntariado, formar parte de los jurados, asistir a las reuniones del Consejo escolar, participar en manifestaciones p&uacute;blicas y cooperar con sus conciudadanos o en asuntos comunitarios".<sup><a href="#notas">3</a></sup> No se trata, por tanto, de que la abstenci&oacute;n afecte solamente a la tasa de votantes, sino que se proyecta en m&uacute;ltiples manifestaciones de la vida comunitaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero los problemas de la "esfera p&uacute;blica" a los que se refiere Sartori no se agotan en el tema de los instrumentos de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, sino que incluyen todas las formas de "activismo c&iacute;vico" y de colaboraci&oacute;n con extra&ntilde;os. En los pa&iacute;ses en los que se han realizado los estudios pertinentes para medir la participaci&oacute;n asociativa de las personas, se ha constatado una disminuci&oacute;n no solamente importante, sino constante a partir de la Segunda Guerra Mundial. Todo parece indicar que las personas prefieren privilegiar la experiencia privada, los quehaceres familiares y l&uacute;dicos, antes que el intercambio de esfuerzos y experiencias con personas que no pertenecen al n&uacute;cleo familiar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son muchas las causas de este "retorno a la privacidad", pero una de ellas &#151;identificada en otros pa&iacute;ses&#151; sin duda que existe y se manifiesta en M&eacute;xico: la menor confianza hacia los dem&aacute;s. En Estados Unidos, Robert Putnam ha documentado que, para 1996, solamente el 8% de los encuestados dec&iacute;a que la honradez y la integridad de sus compatriotas estaban mejorando, contra un 50% que pensaba que se estaban convirtiendo en personas menos dignas de confianza.<sup><a href="#notas">4</a></sup> &iquest;C&oacute;mo podemos participar en iniciativas comunitarias, en asociaciones c&iacute;vicas, si no confiamos en los dem&aacute;s?, &iquest;c&oacute;mo no vamos a preferir recluirnos en la esfera privada si vemos en nuestros vecinos a potenciales agresores contra nuestros derechos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veamos m&aacute;s datos e imaginemos qu&eacute; resultados obtendr&iacute;amos si los intent&aacute;ramos aplicar a pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina. En Estados Unidos el inter&eacute;s por lo pol&iacute;tico disminuy&oacute; en un 20% entre 1975 y 1996.<sup><a href="#notas">5</a></sup> El n&uacute;mero de lectores de diarios entre la gente de menos de 35 a&ntilde;os cay&oacute; de dos tercios en 1965 a un tercio en 1990 (y la proporci&oacute;n seguramente ha disminuido desde entonces, como efecto del Internet, los&nbsp;<i>chat</i>&nbsp;y los&nbsp;<i>blog</i>) y en ese grupo de edad solamente el 41% de los encuestados afirma ver noticieros televisivos.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Las personas que aspiran a un cargo p&uacute;blico en los distintos niveles del gobierno estadounidense se redujeron en un 15% en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, de modo que los ciudadanos de ese pa&iacute;s han perdido la posibilidad de elegir a 250,000 personas como sus representantes.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Entre 1973 y 1994 el n&uacute;mero de estadounidenses que asistieron a una asamblea p&uacute;blica sobre asuntos municipales disminuy&oacute; en un 40%.<sup><a href="#notas">8</a></sup> En ese mismo periodo de 20 a&ntilde;os, el n&uacute;mero de miembros de "alg&uacute;n club interesado en mejorar la administraci&oacute;n" se redujo en un 33%.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para un pa&iacute;s del tama&ntilde;o y de la importancia de los Estados Unidos estas cifras son apabullantes. Putnam lo sintetiza con un dato impresionante: cada punto porcentual de los aspectos que se han citado supone anualmente dos millones de ciudadanos menos que participan y est&aacute;n comprometidos con alg&uacute;n aspecto de la vida comunitaria, de tal suerte que se tienen 16 millones menos de personas participando en asambleas p&uacute;blicas sobre asuntos locales, 8 millones menos de personas participando en comit&eacute;s c&iacute;vicos y organizaciones de base, as&iacute; como 3 millones de personas menos trabajando en asociaciones para mejorar la administraci&oacute;n.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Una enorme sangr&iacute;a c&iacute;vica, sin duda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero hay una cifra, de entre las muchas que cita Putnam, que es muy reveladora: mientras que la participaci&oacute;n como votantes y como miembros de los partidos pol&iacute;ticos ha disminuido, ha aumentado de modo significativo el dinero recaudado y gastado en las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas. En 1964 se gastaron en las campa&ntilde;as electorales 35 millones de d&oacute;lares, pero esa cifra alcanz&oacute; los 600 millones de d&oacute;lares para 1996, y seguramente ha seguido subiendo desde entonces. &iquest;Por qu&eacute; se deja de participar personalmente en los partidos y sin embargo se les da m&aacute;s dinero?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La hip&oacute;tesis de Putnam es que se sustituye el tiempo por el dinero. Putnam lo explica con las siguientes palabras: "A medida que el dinero sustituye al tiempo, la participaci&oacute;n en pol&iacute;tica se basa cada vez m&aacute;s en el talonario de cheques. La afiliaci&oacute;n a clubes pol&iacute;ticos se redujo a la mitad entre 1967 y 1987, mientras que la proporci&oacute;n de p&uacute;blico que contribuy&oacute; econ&oacute;micamente a una campa&ntilde;a pol&iacute;tica lleg&oacute; casi a doblarse".<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y un dato final que nos deber&iacute;a poner a pensar: la disminuci&oacute;n m&aacute;s dr&aacute;stica en la participaci&oacute;n c&iacute;vica se produjo entre las personas con mayor formaci&oacute;n acad&eacute;mica.<sup><a href="#notas">12</a></sup> Esto puede resultar sorprendente, pues podr&iacute;a razonablemente suponerse que a mayor formaci&oacute;n acad&eacute;mica mayor disposici&oacute;n a integrarse en asuntos p&uacute;blicos y a asumir un punto de vista protag&oacute;nico y no el de un mero espectador. Los datos, sin embargo, demuestran lo contrario, y nos permiten aventurar la hip&oacute;tesis de que hace falta algo m&aacute;s que formaci&oacute;n acad&eacute;mica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El haber pasado por un aula universitaria no garantiza, en modo alguno, ciertos niveles de compromiso c&iacute;vico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De forma casi proporcional, la disminuci&oacute;n de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica y del compromiso c&iacute;vico se ha correspondido con un aumento del papel de consumidores de las personas. Las "necesidades" de consumo se han multiplicado hasta el infinito, y hoy en d&iacute;a abarcan no solamente una parte muy significativa del presupuesto individual y familiar, sino tambi&eacute;n nuestro tiempo y nuestros ideales de vida. Lipovetsky apunta que la fiebre de confort desatada por el consumismo "ha sustituido a las pasiones nacionalistas y las diversiones a la revoluci&oacute;n".<sup><a href="#notas">13</a></sup> La oferta de los productos a nuestro alcance se ha multiplicado hasta el infinito. Los responsables del&nbsp;<i>marketing</i>&nbsp;han sabido crear un escenario en el que todos somos consumidores y en el que lo ideal es que lo seamos durante la mayor parte de nuestro tiempo. Cada grupo de edad y cada experiencia vital pueden ser reconducidos hasta la l&oacute;gica consumista y encontrar una necesidad por satisfacer, de forma continua. El consumismo ha dejado de ser una fuente de satisfacci&oacute;n de necesidades vitales para pasar a formar parte de nuestra identidad psicol&oacute;gica y de nuestro estilo de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es imposible reflexionar sobre la democracia de nuestros d&iacute;as sin tomar en cuenta los datos que se acaban de apuntar y con los que Sartori seguramente coincidir&iacute;a. Hablamos de democracia teniendo en mente a una ciudadan&iacute;a informada, participativa, preocupada por los problemas comunes de la polis y dispuesta a aportar su parte de sacrificio y colaboraci&oacute;n para solucionarlos. Lo cierto es que esa ciudadan&iacute;a hoy en d&iacute;a no existe.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, Sartori nos advierte que los problemas sin duda importantes que afectan el funcionamiento cotidiano de las democracias no se deben de utilizar como pretexto para hacer una cr&iacute;tica a la idea misma de democracia. Sartori apunta que el peligro m&aacute;s fuerte al que se enfrentan hoy en d&iacute;a las democracias proviene de su interior y consiste en confundir la cr&iacute;tica al funcionamiento democr&aacute;tico con la cr&iacute;tica al sistema democr&aacute;tico como tal. En este sentido, apunta el autor, habr&aacute; que moderar las apelaciones a lo que puede ser la "verdadera democracia" oponi&eacute;ndola a la democracia que tenemos, pues de esa manera se mina el funcionamiento y las posibilidades de consolidaci&oacute;n democr&aacute;tica, pavimentando la ruta hacia regresiones autoritarias. Sartori nos exige, por tanto, un balance en las cr&iacute;ticas contra las democracias existentes y una distinci&oacute;n entre la cr&iacute;tica a su funcionamiento y la cr&iacute;tica de su fundamento y de su valor. Tiene raz&oacute;n, si bien es cierto que alcanzar ese equilibrio en escenarios de democracias tan mediocres como algunas de Am&eacute;rica Latina no parece una tarea f&aacute;cil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori emprende en su libro una consistente defensa de la idea del pluralismo. Las dictaduras y los sistemas autoritarios, indica, son monocolores. Las democracias son plurales, multicolores. El pluralismo como valor nos exige poner en el centro del debate democr&aacute;tico la noci&oacute;n de la tolerancia y nos obliga a mantener separados a la Iglesia y el Estado. No puede haber pluralismo ni tolerancia cuando se acepta que la cosa p&uacute;blica est&eacute; gobernada por verdades reveladas, cuya interpretaci&oacute;n corre a cargo de las c&uacute;pulas religiosas. La religi&oacute;n debe tener su lugar y su respeto en toda democracia, pero no puede ser un instrumento para gobernar.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori critica en su libro las posturas irreductibles ideol&oacute;gicas, desacreditando a quien se esconde tras una ideolog&iacute;a para evitar pensar, confrontar ideas, formarse opiniones propias de manera libre. Y critica tambi&eacute;n el pensamiento pol&iacute;ticamente correcto, que empobrece y reduce el debate democr&aacute;tico. Lamentablemente, parece que lo pol&iacute;ticamente correcto se ha convertido en la l&iacute;nea de acci&oacute;n y de pensamiento de la pol&iacute;tica de nuestros d&iacute;as, y tambi&eacute;n de la teor&iacute;a democr&aacute;tica que se hace en muchos pa&iacute;ses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori se refiere tambi&eacute;n a los conceptos de izquierda y derecha, y vuelve a una tesis que hab&iacute;a anunciado luego de la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n, cuando le preguntaron &iquest;qu&eacute; es la izquierda? La izquierda, dice Sartori, es la &eacute;tica y el rechazo de la injusticia.<sup><a href="#notas">15</a></sup> La izquierda son los valores de todos, frente al ego&iacute;smo que caracteriza a la derecha. Tiene raz&oacute;n Sartori, aunque en el mundo contempor&aacute;neo habr&aacute; que preguntarse qu&eacute; es lo justo.<sup><a href="#notas">16</a></sup> Si observamos muchos debates en nuestros d&iacute;as veremos que hay profundos desacuerdos en temas b&aacute;sicos: los alcances de la libertad de expresi&oacute;n, los derechos de las personas homosexuales, las pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa, el ejercicio de la libertad de la mujer sobre su propio cuerpo y el tema del aborto, la disposici&oacute;n de la propia vida a trav&eacute;s de la eutanasia, los alcances de la clonaci&oacute;n, la forma de combatir el cambio clim&aacute;tico y de relacionarnos con la naturaleza, etc&eacute;tera.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Lo que parece justo a unos es calificado como el peor de los mundos por otros. Hay quien se&ntilde;ala que la definici&oacute;n de justicia no puede hacerse de forma te&oacute;rica, ofreciendo un concepto o una construcci&oacute;n en forma de m&aacute;ximas o principios, sino que se debe atender a la "experiencia de la injusticia" para darnos cuesta de lo que debemos evitar y de lo que debemos promover.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Al respecto Gustavo Zagrebelsky advierte que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toda la historia de la humanidad es la de la lucha por afirmar concepciones diferentes e, incluso, antit&eacute;ticas de la justicia; `verdaderas' s&oacute;lo para aquellos que las profesan.... Detr&aacute;s de la apelaci&oacute;n a los valores m&aacute;s elevados y universales es f&aacute;cil que se oculte la m&aacute;s despiadada lucha pol&iacute;tica, el m&aacute;s material de los intereses... La historia ense&ntilde;a que, precisamente, los grandes proyectos de justicia son los que han dado lugar a las mayores discriminaciones, persecuciones, masacres y mistificaciones, haciendo aparecer a los oprimidos como opresores y viceversa.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay algunas afirmaciones en el libro de Sartori que resultan desconcertantes y que, al menos en el caso de una de ellas, es probable que sean falsas. Me refiero a la idea que sostiene, cuando estudia la relaci&oacute;n entre democracia y crecimiento econ&oacute;mico, al afirmar que la democracia puede generar un empobrecimiento econ&oacute;mico de los pa&iacute;ses y pone como ejemplo a Am&eacute;rica Latina. Dicha afirmaci&oacute;n, como digo, no tiene base emp&iacute;rica. Por al contrario, Am&eacute;rica Latina nunca hab&iacute;a visto tanta riqueza como la que se ha generado a partir de las transiciones democr&aacute;ticas de los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado. Otra cosa es que esa riqueza est&eacute; mal distribuida (que lo est&aacute; sin duda), pero afirmar que la regi&oacute;n es m&aacute;s pobre desde entonces no es verdad. Las libertades democr&aacute;ticas han tra&iacute;do a Am&eacute;rica Latina mayor prosperidad y mayor crecimiento econ&oacute;mico, sin que esto signifique que las crisis econ&oacute;micas recurrentes no hayan afectado el poder adquisitivo de millones de personas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa afectaci&oacute;n desde luego existe, pero el conjunto de las econom&iacute;as de Am&eacute;rica Latina nunca hab&iacute;a tenido desempe&ntilde;os tan buenos como los que se observan en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Simplemente en M&eacute;xico, el PIB&nbsp;<i>per capita</i>&nbsp;lleg&oacute; a situarse en 2007 levemente por debajo de los 10,000 d&oacute;lares, algo impensable unos cuantos a&ntilde;os antes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n resultan pol&eacute;micas las afirmaciones de Sartori sobre el multiculturalismo y sobre la senda suicida del crecimiento demogr&aacute;fico. El multiculturalismo es pintado por Sartori como incompatible con la democracia, por oponerse al pluralismo. El exceso de poblaci&oacute;n nos conduce hacia el agotamiento de los recursos naturales y hacia una crisis ecol&oacute;gica de enormes dimensiones, nos dice.<sup><a href="#notas">21</a></sup> Ambas afirmaciones son, cuando menos, discutibles. Para empezar, habr&iacute;a que pedirle a Sartori que sea m&aacute;s claro al explicar lo que entiende por multiculturalismo. Esa explicaci&oacute;n no aparece ni en el libro que estamos comentando ni en el que el propio autor le dedic&oacute; al tema hace unos a&ntilde;os.<sup><a href="#notas">22</a></sup> Respecto del potencial de da&ntilde;o ecol&oacute;gico que comporta el crecimiento demogr&aacute;fico, desde luego que es imposible negarlo, pero algunos cient&iacute;ficos han se&ntilde;alado que la tierra pueden perfectamente acomodar una poblaci&oacute;n de m&aacute;s de 12 mil millones de personas (poco menos que el doble de la poblaci&oacute;n actual) sin caer en un cataclisma que ponga en riesgo la supervivencia de la especie humana. Es decir, hay que escuchar la advertencia de Sartori, pero dejando a un lado su tono apocal&iacute;ptico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* &nbsp;La democracia en treinta p&iacute;ldoras.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Carbonell, Miguel, "La xenofobia constitucionalizada",&nbsp;<i>Revista de la Facultad de Derecho de M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, n&uacute;m. 246, julio&#45;diciembre de 2006, pp. 189&#45;204.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665088&pid=S0041-8633200900030001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&nbsp;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Putnam, Robert D.,&nbsp;<i>Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana</i>, Madrid, Galaxia Gutemberg/C&iacute;rculo de lectores, 2002, p. 34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665090&pid=S0041-8633200900030001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Habr&aacute; que ver si el fen&oacute;meno de movilizaci&oacute;n que se produjo en la campa&ntilde;a y en la toma de posesi&oacute;n del presidente Barack Obama se sostiene a largo plazo, y es capaz de modificar el patr&oacute;n de conducta que acabamos de apuntar.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> <i>Ibidem</i>, p. 38.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> <i>Ibidem</i>, p. 24.&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> <i>Ibidem</i>, p. 40.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> <i>Ibidem</i>, p. 41.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> <i>Ibidem</i>, p. 48.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> <i>Ibidem</i>, p. 49.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> <i>Ibidem</i>, p. 50.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> <i>Idem</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> <i>Ibidem</i>, p. 46.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 54&#45;55.&nbsp;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Lipovetsky, Pilles,&nbsp;<i>La felicidad parad&oacute;jica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo,&nbsp;</i>Barcelona, Anagrama, 2007, p. 7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665102&pid=S0041-8633200900030001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> V&eacute;ase, al respecto, el interesante argumento de Rodot&aacute;, Stefano,&nbsp;<i>Perch&eacute; laico</i>, Roma, Laterza, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665104&pid=S0041-8633200900030001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&nbsp;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Sartori, Giovanni, "&iquest;La izquierda? Es la &eacute;tica", en Bosetti, Giancarlo (comp.),&nbsp;<i>Izquierda punto cero</i>, Barcelona, Paidos, 1996, pp. 99 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665106&pid=S0041-8633200900030001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&nbsp;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Zagrebelsky, Gustavo y Martini, Carlo Maria,&nbsp;<i>La exigencia de justicia</i>, Madrid, Trotta, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665108&pid=S0041-8633200900030001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&nbsp;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Gustavo Zagrebelsky completa este listado con los siguientes temas: "la pena de muerte, la edad o el estado ps&iacute;quico de los condenados, las modalidades incluso temporales de las ejecuciones; los derechos de los homosexuales; las 'acciones afirmativas' a favor de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de las mujeres o contra discriminaciones raciales hist&oacute;ricas, por ejemplo en el acceso al trabajo y a la educaci&oacute;n; la limitaci&oacute;n de los derechos por motivos de seguridad nacional; la regulaci&oacute;n del aborto y, en general, los problemas suscitados por las aplicaciones t&eacute;cnicas de las ciencias biol&oacute;gicas a numerosos aspectos de la existencia humana; la libertad de conciencia respecto a las religiones dominantes y a las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en las relaciones entre escuelas y confesiones religiosas; los derechos de los individuos dentro de las relaciones familiares y as&iacute; por el estilo", Zagrebelsky, Gustavo, "Jueces constitucionales", en Carbonell, Miguel (ed.),&nbsp;<i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo. Ensayos escogidos</i>, Madrid, Trotta, 2007, p. 93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665110&pid=S0041-8633200900030001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Zagrebelsky, Gustavo y Martini, Carlo Maria,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 16.&nbsp;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Zagrebelsky, Gustavo, "La justicia como 'sentimiento de injusticia'", trad. de Roberto P&eacute;rez Gallego,&nbsp;<i>Jueces para la democracia</i>, Madrid, n&uacute;m. 53, julio de 2005, p. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665113&pid=S0041-8633200900030001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Los datos correspondientes pueden verse en&nbsp;<a href="http://www.eclac.org/estadisticas/bases/" target="_blank">http://www.eclac.org/estadisticas/bases/</a>.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> La tesis es ampliamente en Sartori, Giovanni y Mazzeoleni, Gianni,&nbsp;<i>La tierra explota</i>, Madrid, Taurus, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665116&pid=S0041-8633200900030001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Sartori, Giovanni,&nbsp;<i>La sociedad multi&eacute;tnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros</i>, Madrid, Taurus, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1665118&pid=S0041-8633200900030001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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