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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>P&Aacute;GINAS    DE SALUD P&Uacute;BLICA</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="4"><b>&iquest;La vida    es enfermedad?</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v50n3/11f1.gif"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>Ray Moynihan,    Alan Cassels.</i> <b>Selling sickness. How the world&acute;s biggest pharmaceutical    companies are turning us all into patients.</b> <i>Vancouver/Toronto: Greystone    Books, 2005.</i></font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Hace 30 a&ntilde;os,    a punto de retirarse, Henry Gadsen, director de Merck, le confes&oacute; a <i>Fortune</i>    que su sue&ntilde;o siempre hab&iacute;a sido producir medicamentos para la    gente sana. El "Mundo Feliz" de Gadsen, que en los a&ntilde;os setenta parec&iacute;a    lejano, ya nos alcanz&oacute;. Hoy el blanco principal de las estrategias de    mercadotecnia de las grandes compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas son    ciertas poblaciones que hasta hace poco parec&iacute;an no sufrir de enfermedad    alguna. Ya hay medicamentos, y sofisticados t&eacute;rminos m&eacute;dicos,    para los ni&ntilde;os inquietos, los individuos t&iacute;midos, las mujeres    con peque&ntilde;os malestares premenstruales y los sujetos con apat&iacute;a    sexual. "Con campa&ntilde;as promocionales que ex-plotan nuestros m&aacute;s    profundos temores a la muerte, la decadencia y la enfermedad", se&ntilde;alan    Moynihan y Cassels, "la industria farmac&eacute;utica, con ventas por m&aacute;s    de 500 mil millones de d&oacute;lares al a&ntilde;o, est&aacute; literalmente    transformando lo que significa ser humano".</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Ya lo hab&iacute;a    anticipado Ivan Illich en los a&ntilde;os setenta, cuando se&ntilde;al&oacute;    que el <i>establishment</i> m&eacute;dico estaba medicalizando la vida, minando    la capacidad de los seres humanos para lidiar con la realidad del sufrimiento    y la muerte, y convirti&eacute;ndonos a todos en pacientes. Poco despu&eacute;s    Lynn Payer describi&oacute; un proceso al que denomin&oacute; "tr&aacute;fico    de enfermedad": m&eacute;dicos y compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas    ampliando innecesariamente los l&iacute;mites de la enfermedad con el fin de    atender m&aacute;s pacientes y vender m&aacute;s medicamentos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Los autores del    libro que aqu&iacute; se rese&ntilde;a reconocen que hay mucha gente que padece    enfermedades genuinas o corre un grave riesgo de sufrirlas. Estas personas se    benefician con la identificaci&oacute;n temprana de riesgos, los diagn&oacute;sticos    precisos y los ingeniosos medicamentos que se dise&ntilde;an en los laboratorios    de las universidades y la industria. Pero para una amplia gama de personas sanas,    una etiqueta y un medicamento mal aplicados pueden significar costos enormes,    grandes inconveniencias y en ocasiones hasta el peligro de graves efectos colaterales.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>Selling sickness</i>    no pretende ac-tualizar lo que dijeron Illich y Payer. Su objetivo m&aacute;s    bien es describir las estrategias que utiliza cierto sector de la industria    farmac&eacute;utica para ampliar el mercado de los medicamentos, desde las t&eacute;cnicas    promocionales m&aacute;s obvias hasta los trucos y las operaciones encubiertas.    Los autores eligieron para ilustrar sus argumentos 10 casos: colesterol, depresi&oacute;n,    menopausia, trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n, hipertensi&oacute;n,    trastorno disf&oacute;rico premenstrual, trastorno por ansiedad social, osteoporosis,    s&iacute;ndrome de colon irritable y disfunci&oacute;n sexual femenina. En todos    ellos la definici&oacute;n del "padecimiento" se ha tratado de flexibilizar    al extremo, a trav&eacute;s de ingeniosos cabildeos promovidos por la propia    industria, para incorporar a las filas de los enfermos a millones de personas    que con otros par&aacute;metros podr&iacute;an considerarse sanas, con resultados    sorprendentes en t&eacute;rminos de ventas de los f&aacute;rmacos respectivos.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Tomemos el caso    del colesterol. De acuerdo con la definici&oacute;n de hipercolesterolemia dise&ntilde;ada    por un panel de expertos convocado por los Institutos Nacionales de Salud de    Estados Unidos (EUA) en los a&ntilde;os noventa y v&aacute;lida hasta 2001,    13 millones de personas en ese pa&iacute;s requer&iacute;an de estatinas, los    medicamentos de primera elecci&oacute;n para el tratamiento de esta condici&oacute;n.    En 2001 un nuevo panel modific&oacute; esta definici&oacute;n, reduciendo el    umbral necesario para calificar como hipercolesterol&eacute;mico, lo que increment&oacute;    a 36 millones el n&uacute;mero de usuarios potenciales de estos f&aacute;rmacos.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El asunto central    aqu&iacute; es qui&eacute;n puede realmente beneficiarse con estos medicamentos.    Las evidencias apuntan hacia un grupo de poblaci&oacute;n mucho m&aacute;s reducido    que el identificado por el &uacute;ltimo panel de expertos. De acuerdo con an&aacute;lisis    independientes, en mujeres cardi&oacute;patas, las estatinas pueden reducir    el riesgo de sufrir otro evento cardiaco de 18 a 14 por ciento. En hombres con    problemas cardiovasculares pueden reducir de 25 a 20% el riesgo de futuros ataques    cardiacos o accidentes vasculares cerebrales. En el resto de la poblaci&oacute;n    la utilidad de estos medicamentos no ha podido comprobarse y los efectos colaterales    que pueden generar no son precisamente menospreciables. Sin embargo, la venta    de las estatinas se ha multiplicado de manera asombrosa, al grado de convertir    al Lipitor, con ventas por 10000 millones de d&oacute;lares al a&ntilde;o, en    el medicamento m&aacute;s vendido del mundo.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Con la osteoporosis    sucedi&oacute; algo similar. En 1994 la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud    public&oacute; una nueva definici&oacute;n de osteoporosis que de la noche a    la ma&ntilde;ana convirti&oacute; a 30% de las mujeres postmenop&aacute;usicas    en enfermas por el simple hecho de que sus huesos no presentan la densidad considerada    como "normal", &iexcl;que es la densidad de los huesos de una mujer de 30 a&ntilde;os    de edad!</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Aqu&iacute; de    nueva cuenta hay grupos de investigadores que aseguran que las pruebas de densidad    &oacute;sea deben limitarse porque su utilidad no ha sido demostrada. Lo mismo    piensan de los tratamientos medicamentosos: s&oacute;lo las personas con muy    alto riesgo de sufrir fracturas pueden beneficiarse de ellos. Los medicamentos    no le ayudan a la mayor&iacute;a de las mujeres que los est&aacute;n recibiendo    y pueden llegar a producir m&aacute;s da&ntilde;o que bien, como lo demostr&oacute;    el tratamiento hormonal sustitutivo o THS, que durante a&ntilde;os se utiliz&oacute;    para prevenir y tratar la osteoporosis, y que ahora sabemos se asocia con un    mayor riesgo de sufrir infartos, accidentes vasculares y c&aacute;ncer de mama.    Por cierto, diversos investigadores sugieren que la reciente ca&iacute;da en    el n&uacute;mero de casos nuevos de c&aacute;ncer de mama que se produjo en    EUA puede deberse a una disminuci&oacute;n en la utilizaci&oacute;n del THS    que se present&oacute; poco tiempo despu&eacute;s de que se publicara el estudio    que demostr&oacute; la relaci&oacute;n entre la THS y el c&aacute;ncer de mama    y diversas enfermedades cardiovasculares.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pero el caso m&aacute;s    extremo de "venta de enfermedades" es el de aquellos patrones de conducta y    peque&ntilde;os malestares que ciertos sectores de la industria est&aacute;n    convirtiendo en patolog&iacute;as que requieren de tratamiento farmacol&oacute;gico    prolongado. Los ni&ntilde;os inquietos y/o distra&iacute;dos ahora sufren de    "trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n" y se les prescribe Ritalin,    un estimulante del sistema nervioso central no precisamente inocuo. Las mujeres    con cambios premenstruales del humor padecen de "trastorno disf&oacute;rico    premenstrual", que debe tratarse con Paxil, un novedoso antidepresivo. La timidez    ahora se denomina "trastorno por ansiedad social" y requiere Paxil CR. Las mujeres    con dolores abdominales acompa&ntilde;ados de episodios ocasionales de diarrea    o constipaci&oacute;n sufren de "s&iacute;ndrome de colon irritable", que se    sugiere tratar con Lotronex. Y a la apat&iacute;a sexual en las mujeres se le    denomina ahora "disfunci&oacute;n sexual femenina", para la cual se est&aacute;    promocionando agresivamente un parche de testosterona. Si esto est&aacute; sucediendo    en la era pregen&oacute;mica, imaginen lo que suceder&aacute; con nuestras vidas    cuando empiece a generalizarse el uso de los marcadores gen&eacute;ticos.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Las consecuencias    de estas es-trategias que pretenden convertirnos a todos en usuarios cotidianos    de productos farmacol&oacute;gicos son enormes. El principal riesgo es que estos    nuevos medicamentos, como ya se se&ntilde;alaba, le produzcan a sus millones    de usuarios m&aacute;s trastornos que beneficios. En segundo lugar est&aacute;    el impacto econ&oacute;mico de su consumo en los hogares. En M&eacute;xico se    ha de-mostrado que en las familias m&aacute;s pobres, cerca de 40% de los gastos    catastr&oacute;ficos por motivos de salud se deben a gastos en medicamentos.    Finalmente, est&aacute; el efecto de la compra masiva de productos que podr&iacute;amos    calificar de innecesarios en la salud financiera de nuestros sistemas de salud.    En los pa&iacute;ses de la Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y    el Desarrollo Econ&oacute;mico, los gastos en medicamentos concentran, en promedio,    15% del gasto total en salud, porcentaje que est&aacute; creciendo desde principios    de los a&ntilde;os noventa.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En 1962, la Food    and Drug Administration de EUA empez&oacute; a revisar los 4 300 medicamentos    que hab&iacute;an aparecido despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. Encontr&oacute;    que s&oacute;lo dos de cada cinco eran verdaderamente efectivos y que muchos    eran peligrosos. As&iacute; como invertimos miles de millones de d&oacute;lares    en mapear el genoma humano, podr&iacute;amos invertir una fracci&oacute;n de    esa fortuna en hacer revisiones exhaustivas de las definiciones de las enfermedades    que consumen el grueso de nuestros presupuestos de salud, y de los medicamentos    y patrones de prescripci&oacute;n que se utilizan para combatirlas. Las sorpresas    que arrojar&iacute;an esas revisiones ser&iacute;an enormes y los ahorros potenciales    en t&eacute;rminos de sufrimientos y gastos innecesarios, en caso de tomarse    las medidas correctivas requeridas, lo ser&iacute;an todav&iacute;a m&aacute;s.    Acotada su capacidad de cabildeo por el poder de la regulaci&oacute;n p&uacute;blica,    la industria farmac&eacute;utica tal vez se convencer&iacute;a de trasladar    el grueso de su presupuesto de los departamentos de mercadotecnia a los laboratorios    de investigaci&oacute;n, dando inicio con ello a una nueva era en su desarrollo,    una era de mayor responsabilidad social.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>Octavio    G&oacute;mez Dant&eacute;s    <br>   <a href="mailto:ocogomez@yahoo.com">ocogomez@yahoo.com</a></i></font></p>      ]]></body>
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